Todo tiene un principio, ¿verdad?


Podría decirse que todo empezó cuando él entró por primera vez en la tienda, pero sería mentira. Todo empezó meses atrás, cuando ella estaba moliendo la carne en el sótano. Era un frío y nublado día de primavera. La espesa niebla llenaba las calles. En conclusión, un día sin clientes que alimentar.

Se sentía terriblemente cansada, pero no podía pedirle a Toby que la ayudase. Se acercó al recipiente con la carne. No había más que para una docena de empanadas, y con eso no llenaba el horno.

Suspiró, llevaba 5 horas allí, y aún no había terminado. Volvió detrás de la máquina para darle más vueltas a la manivela.

En ese momento, escuchó el sonido de la puerta al abrirse.

-Toby, ¿Cuántas veces te he dicho que no quiero que entres aquí? –se levanto y miró hacia la puerta-.

-Ya. Pero se equivoca de persona –respondió una voz que no tenía nada que ver con la de un niño-.

-Ah, es usted, Sr. T. Creí que era el muchacho –dijo aliviada-.

-Claro.

-¿Qué desea? –preguntó, deseando que se fuera cuanto antes y la dejase un rato a solas con sus pensamientos. Normalmente, cuando lo tenía delante, no pensaba con claridad, y acababa teniendo ideas tan geniales como la que estaba llevando a cabo momentos antes, provocándole un fuerte dolor de brazos y espalda.

-Venía a preguntarle por el aceite.

-¿Y para que necesita usted aceite? –le resultaba curioso. ¿Es que piensa cocinar? Quiso preguntar, pero se contuvo-.

-Para engrasar la maquinaria de la silla –dijo con tono seco. ¿Desde cuándo tenía él que dar explicaciones?-.

-En la cocina. Segundo armario, balda inferior –respondió con el mismo

tono que él-.

-Bien –fue su última palabra antes de darse la vuelta hacia la puerta. Pero antes de irse, hizo algo que la sorprendió-. Parece cansada, ¿necesita ayuda? –se dio la vuelta-.

-¿P-perdón? –fue lo único que salió de su boca-.

-Nada, déjelo –se dio por vencido-.

-No, no. Le he oído. Es solo que… Sí, sí. Necesito ayuda. Estoy… cansada -¿Qué se supone que se ha de hacer en estos casos? se pregunto a si misma. Igual alguien se lo decía-.

-¿Qué tiene que hacer? –pregunto. Parecía dispuesto a ayudarla.

-Moler la carne… -se preguntaba porqué de repente era tan… ¿amable?-.

-Cuando termine arriba bajo a ayudarla –y entonces sí. Se dio la vuelta y subió a su barbería.

Se encontró con Toby, que estaba dando de comer a los pájaros.

-¿Entonces, señor? –preguntó con una sonrisa-.

-Tenías razón –fue lo único que dijo antes de ir a subir las escaleras con su típica cara de enfado.

Cuando estaba arriba se sentó en la silla. Apenas momentos antes de bajar, había estado hablando con el niño acerca de la Sra. Lovett.


-¿Qué le pasa? –dijo al ver que se iba malhumorada al sótano.

-¿No se ha dado cuenta? –preguntó asombrado-.

-¿De qué debería de haberme dado cuenta? –no entendía-.

-¡Está enamorada! –exclamó-.

-¿Qué? –siseó-.

-Que está enamorada. ¿No es obvio? Se pasa el día en las nubes. Pensando en algo o alguien. Pero por sus continuos suspiros, supongo que será alguien –resolvió-.

-¿Qué vas tú a saber? ¡Tan solo eres un mocoso! –gruñó-.

-Puedo demostrarlo -aseguró-.

-¿Cómo?

-Baje al sótano con alguna excusa, y compruébelo usted mismo. Observe su cara. Seguramente le responderá con alguna evasiva. Como siempre. "¿Perdón? ¿Cómo? ¿Qué?" –la imitó-. Le espero aquí.

-Tonterías –y se fue a la barbería.

Pero llegado un momento, la curiosidad le podía. ¿Y si el chaval tenía razón

-Toby –le llamó-. ¿Sabes tú de quién?

-No, señor -mintió. Si lo sabía. Por supuesto que lo sabía. Lo había venido notando desde que llegó a la casa. Pero no se lo iba a decir. Bastante que ya le había puesto sobre la pista.


Después lo había comprobado. Había dado una respuesta evasiva, tal como había predicho Toby. Pero… la Sra. Lovett enamorada… ¿De quién podía ser? ¿¡Y como no se había dado cuenta él mismo!? Estaba decidido a averiguarlo. Con inocentes preguntas se lo sonsacaría. Y después averiguaría si era correspondido ese amor. Y si lo era, acabaría con él. No podía permitir que nada ni nadie se entrometiera en sus planes de vengar a Lucy.

Se había ofrecido a ayudarla, y ella había respondido con una evasiva. "¿Perdón?" ¡Ja! Cuando bajase, la acorralaría. Luego la interrogaría. Sí, un buen plan.