¿Alguien adivinada quién soy? owo… Es muy obvio (?)
3: "Diagnóstico"
Definitivamente, nada peor que un lunes por la mañana. El cerebro adormilado, el sabor de las tardes libres aún hormigueando en la lengua y el panorama oscuro de un amanecer frío. No, no podía haber nada más terrible que un lunes a primera hora; salvo, claro está, clases un lunes en la mañana. Aunque, obviamente, eso dependía netamente de las circunstancias…
El aire a alboroto que manaba desde el salón de música esa mañana daba a entender la mayor alegría que un alumno puede tener en sus años de escuela: "El profesor no ha venido". Todos los jóvenes hablaban de tonterías al azar, paseándose por todo el lugar, incluso por encima de los pupitres. Disfrutar de una hora y media de libertad en la escuela era un lujo que podían darse, todo gracias a que su antigua profesora – una vieja amargada, soltera y con los ovarios secos – había muerto la semana pasada, atorada con un pedazo de pollo en un restaurant a las afueras de la ciudad.
Lo que se tramaba dentro de aquellas cuatro paredes podía ser definido como el sueño escolar. Pero, de todas formas, un suave atisbo de melancolía se dejaba observar entre todo aquel caos adolescente.
Kirino Ranmaru volteó sobre su silla, poniendo cada pierna a un costado del respaldo, mientras observaba como Shindou Takuto – su mejor amigo desde que tenía uso de razón – mantenía su vista perdida en algún punto difuso en la distancia. Suspiró con pesadez, tamborileando los dedos contra la chapada caoba del pupitre, cuyo sonido se mezclaba sutilmente entre los gritos, hasta finalmente desaparecer en un segundo efímero e insignificante.
– ¿No piensas decirme qué te pasa? – la pregunta afloró de sus labios como un ruego forjado en frustración y preocupación, sentimientos que venía albergando desde el inicio de la semana anterior.
El joven pianista había estado comportándose extraño durante todo aquel periodo, dándole paso a una faceta que Ranmaru jamás imaginó conocer. Takuto no sólo temblaba sin parar cual manojo de nervios, sino que se asemejaba a una especie de maniquí demacrado y ansioso. Se sobresaltaba ante cualquier tontería y, de vez en cuando, le sobrevenían ataques de sudoración extrema y taquicardia descontrolada, cosa particularmente preocupante, más cuando su rostro revelaba una falta de sueño y alimentación importantes.
La respuesta a su pregunta fue brindada por un silencio descarado. Estuviese ignorándolo a propósito o no, simplemente ya era una situación que Ranmaru no podía soportar.
Shindou se había estado ausentado tanto a su taller de música como al de soccer, sin una excusa medianamente válida, inclusive algo más allá de un par de balbuceos abatidos e incoherentes. Emprendía camino a casa tan pronto terminaba la jornada, solo, porque realmente así lo quería. Tampoco era posible contactarlo por medio de una visita, puesto que todos aseguraban que no se encontraba, aun cuando estuviese mirando través del ventanal de su habitación en la segunda planta. Aunque tampoco era como si sus padres estuviesen actuando como algo distinto a un par de paranoicos en medio de un ataque terrorista imaginario.
Desvió la mirada hacia el pizarrón, viendo a sus compañeros hacer y decir payasadas en toda regla, hasta que el sonido de la puerta al abrirse los tomó desprevenidos. Se detuvieron en el acto, desconcertados por la situación.
Un silencio espectral le abrió paso a un joven alto, ataviado en un traje formal que le sentaba de maravilla. Tenía el cabello rubio y los ojos verdes, así como una pequeña cicatriz surcándole la mejilla derecha. Entró al lugar con paso ligero, como si flotara sobre la expectación que se cernía a su alrededor. Nadie lo había visto concurrir con antelación a esa escuela, y era verdaderamente imposible que hubiese estado ahí antes sin que nadie lo notara. Su sonrisa blancuzca destellaba con energía, iluminando cada rincón de la habitación. Si habían visto a alguien más hermoso en su vida, sólo podría haber sido en un sueño demasiado maravilloso.
El joven se puso de frente al pizarrón y con la tiza comenzó a garabatear un par de líneas, las cuales se ordenaron rápidamente en una caligrafía casi perfecta. Se volteó al salón sin desvanecer la sonrisa de los labios… Realmente parecía un ángel sin alas.
–Buenos días, clase. Mi nombre es Atsuishi Shigeto y desde hoy en adelante seré su nuevo profesor de música – se presentó alegremente, algo extrañado por la reacción del salón.
Los alumnos se miraron entre sí, confundidos a más no poder, antes de dirigirse a pasos torpes hacia sus respectivos pupitres. Saludaron al rubio al unísono, antes de que éste comenzara con la lección del día. El lugar se llenó rápidamente de suaves cuchicheos, flotando de una esquina a la otra, todos acerca de lo lindo que el nuevo profesor era. No faltaban las preguntas discretas sobre su edad, su estado civil y otras cosas; aunque, ciertamente, no eran interrogantes que Shindou Takuto no pudiese contestar.
Conocía a Shigeto desde los seis años, edad a la que éste había comenzado a darle clases de piano. En esa época el rubio no tenía más de dieciséis; pero su extraordinario talento musical le había valido para que los padres de Takuto lo contrataran sin mayores miramientos. Había logrado convertirse en un gran pianista gracias a las largas tardes que pasaba junto a Atsuishi, aunque nunca pudo alcanzar el nivel que su ex maestro ostentaba. La música de Shigeto tenía alma y corazón propio, algo que ningún músico promedio podría siquiera aspirar a poseer.
El rubio fue su ejemplo a seguir durante gran parte de su infancia, casi como el hermano mayor que siempre ansió tener… O al menos hasta que sus padres lo despidieron, apenas notaron que la situación económica de la familia descendía vertiginosamente. Lo cierto es que nunca perdieron totalmente el contacto después de eso. Pero de entre todos los lugares en los que pensó encontrárselo, jamás pensó que fuese en calidad de maestro y alumno como antaño. Aun así, no hubo más que un saludo discreto apenas sus ojos se cruzaron, casi comunicando la alegre sorpresa del encuentro.
Atsuishi era una persona realmente maravillosa, algo estricto e introvertido; pero no por ello menos amable. De cierta forma el rubio era muy puro para sus veinticuatro años, alguien con un corazón de oro… y una coraza diamantina que lo resguardaba, cosa que seguramente necesitaría para defenderse de las bestias que solían deambular por los pasillos - incluso quizá hasta para una con un apetito especialmente voraz.
–Shindou… Shindou… ¡Shindou-san! – el castaño dio un salto repentino en su asiento, levantando la mirada hacia Shigeto. La falta de descanso le hacía imposible permanecer en un estado distinto a un limbo entre el sueño y la vigilia –. ¿Podría decirme cuál es la definición de Ad líbitum?
–Disculpe ¿Cuál fue la pregunta? – inquirió luego de un corto silencio. El rubio abrió los ojos un poco más de la cuenta, acercándose a su lugar con ese paso eólico que lo caracterizaba.
– ¿Estás bien? Se te ve un poco distraído – Takuto no tuvo tiempo de reaccionar cuando Atsuishi ya estaba a su lado, mirándolo muy de cerca –. Estás pálido y tienes unas ojeras terribles… Deberías ir a la enfermería.
–No te preocupes, Shigeto – le contestó con familiaridad, cosa que extrañó en gran medida al resto de sus compañeros –. No tuve una buena noche, eso es todo… Aun así, gracias por preocuparte.
–A mí no me engañas, Takuto – el rubio lo miró de forma severa, obligándolo a levantarse de su lugar –. Te conozco demasiado bien como para caer en esa trampa… A la enfermería, ya.
Le puso las manos en la espalda y lo empujó hasta la salida, para luego cerrarle la puerta prácticamente en la cara.
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Suspiró con resignación frente a la puerta de la enfermería, observando el metal reluciente que constituía el pomo de ésta. Acercó su mano con parsimonia; pero se detuvo cuando éste se alejó bruscamente de sus manos.
Se halló a sí mismo cara a cara con Goenji Shuuya, el profesor de geografía, quien lo miraba con el fastidio típico que residía en sus ojos oscuros. Dio un paso al costado para liberarle el camino, sintiendo ese aroma, a feromonas mezcladas con medicamentos y desinfectante, impregnándole hasta lo más profundo de los pulmones. Lo vio irse con tranquilidad a través del pasillo, esparciendo el perfume como una estela tras sus pasos.
No podía entender, a ciencia cierta, qué era lo que Kirino le veía para amarlo como lo hacía, sobre todo cuando el joven de cabello rosa sabía que no sólo le era infiel a su tío con él mismo, sino que también se acostaba con el enfermero de la escuela en sus ratos libres. Era cuestión de tiempo antes de que Goenji se aburriera y lo dejara por otro. Lamentablemente, Ranmaru confiaba ingenuamente en sus dudosas intenciones.
¿Podía existir alguien más iluso?
Avanzó con lentitud hacia la habitación, cerrando la puerta a sus espaldas. Hizo un gesto fugaz de molestia con los ojos, al tiempo que contemplaba como Netsuha "Nepper" Natsuhiko, el enfermero de la escuela, terminaba de abotonarse el pantalón.
–Buenos días, Nepper – lo saludó con educación, pero sin demasiada formalidad. El mayor no era un especial partidario de los protocolos.
–Buenas, Taku – Netsuha se dejó caer sobre su silla, sin siquiera preocuparse por ponerse su camisa o por el estilo. Estaba demasiado cansado y feliz como para reparar en esas nimiedades –. Déjame adivinar… Te enviaron porque no tienes buena cara ¿Has estado durmiendo como corresponde… o te has quedado hasta tarde follando con algún novio?
El menor abrió los ojos de sobre manera por una fracción de segundo, mientras los horrores de sus noches con Kyosuke surcaban su mente como un flash. Se llevó la mano a la boca en un acto reflejo, como si fuese a vomitar, al tiempo que una taquicardia repentina se gestaba sobre su corazón. Las piernas le flaquearon de un segundo al otro, haciendo que su cuerpo se desplomara como un peso muerto. Afortunadamente, Natsuhiko logró atraparlo.
–Bueno, parece que tienes algo más complicado que la cara – soltó en tono burlesco, sonriéndole de esa manera tan felina que tenía.
Sintió ese aroma a hospital golpeándole la nariz de lleno, forzándose dentro de sus fosas nasales. El perfume de Natsuhiko era sutil; pero embriagador y persistente, algo único en su tipo. La mayoría de los alumnos – si es que no todos – reconocían aquella fragancia como el símil de una potente droga, y es que si bien el hedor de los remedios y el desinfectante resultaba terrible, una vez se mezclaban con la enorme cantidad de feromonas que el castaño derrochaba constantemente, el aire parecía purificarlo, creando aquella marca que muchos deseaban portar.
Netsuha era el segundo galán más cotizado de la escuela – luego de Shuuya Goenji –. Un joven de veintitrés años con un gran corazón y una personalidad impulsiva y sarcástica, bastante atrayente para los chicos de la escuela, aunque eso no era lo único con lo que contaba. Si tres cuartos de la escuela deliraban con enredarse en sus sábanas era porque lo consideraban especialmente apuesto: Brillante cabello castaño ondulado; ojos azul profundo, como un par de mares embravecidos; y aunque no era demasiado alto, lo compensaba con un físico atlético y bien cuidado.
Natsuhiko era un fiel defensor de la legalización de la marihuana y también un buen predicador del "Haz el amor y no la guerra", porque vaya que tenía sexo. Hasta donde se rumoraba en la escuela, Nepper había pasado por la cama de todos los profesores por lo menos dos veces, cifra que se elevaba exponencialmente hacia el infinito cuando se trataba del maestro de geografía, Goenji Shuuya ; el profesor de deporte, Endou Mamoru; y el director del establecimiento, Osamu "Dessarm" Saginuma.
Algunos decían que su puesto como enfermero se debía netamente a que el rector le tenía ganas, mas la verdad era que Natsuhiko estaba ahí por sus capacidades. Enfermero titulado con honores e hijo del dueño de una gran cadena de hospitales por todo el país… Ya con eso no necesitaba mendigarle trabajo a nadie. Si estaba en la escuela era porque le gustaba, sin cabida a discusión.
El mayor siempre había demostrado tener un gran afecto por los niños y los desvalidos, por lo cual no resultaba extraño que a veces se comportara como psicólogo y ayudara a los alumnos hasta más allá de su cargo escolar. Netsuha se preocupaba muchísimo por la totalidad de sus "pequeños", razón por la cual todos lo querían mucho – más allá de pretender llevárselo a la cama, obviamente.
Era fácil confiar en él por lo mismo, aunque también era complicado resistir a la tentación de confesarle algún secreto. El castaño era de esas personas que hacían sentir cómodo y protegido, aun cuando no hubiese un lazo amistoso de por medio.
– ¿Has estado tomando café últimamente? ¿Quizá bebidas enérgicas, con o sin alcohol? – Nepper lo miró seriamente, entregándole un té de Melissa para que se calmara. Las manos de Takuto temblaban desde hacía un rato. Tal parecía ser que su corazón aún no se calmaba del todo, incluso luego de los primeros auxilios contra la taquicardia –. Inhala y exhala con calma… Puedes responderme con la cabeza si no te sientes capaz de hablar.
–No he tomado nada de eso – le contestó algo decaído, mirando la infusión balancearse dentro del tazón.
–Quizá tienes un cuadro de estrés… Aunque me parece extraño que hayas bajado tanto de peso, normalmente la gente estresada gana unos cuantos kilos – caminó desde su escritorio hasta la camilla que Shindou utilizaba, sentándose al filo de ésta –. La bulimia y la anorexia son problemas raros en hombres, pero eso no quita que sean posibles… ¿No estás comiendo como debes o comes y luego lo devuelves todo?
Takuto cerró los ojos con ligereza y negó despacio, sin dirigirle la mirada en ningún momento. El castaño mayor le sonrió de forma extraña antes de sujetarlo por el mentón, obligándolo a enfrentar sus rostros. Los ojos de Netsuha eran hipnóticos y posesivos, semejantes a un par de mares en los que cualquier barco se podría hundir. Trasparentes y a la vez profundos y misteriosos, lo suficiente para que, hasta aquel día, nadie lograse vislumbrar lo que se consumaba en ellos… Era ciertamente imposible entender cómo Netsuha veía y pensaba el mundo.
–Oye, no tengas miedo de decirme – habló con travesura, sonriendo felinamente –. Puedes contarme todo lo que quieras ¿Sabes? Si te gusta alguien, si tienes problemas en casa, si te molestan… Sea lo que sea, de aquí no sale.
Y ahí estaba la razón por la que lo querían tanto. Nepper era tan… él. Podía estar tan loco y ser tan promiscuo como todo el mundo decía; pero era buena persona, sin importar cuanto sexo tuviese o cuanta marihuana fumase.
–Gracias – musitó, devolviéndole la sonrisa de corazón. No le diría nada al respecto, aun cuando apreciara sinceramente sus buenas intenciones. Sus cosas eran suyas y de nadie más, aunque, de todas formas, él sabía que Nepper se enteraría por sus medios tarde o temprano. Posiblemente, más antes que después.
–Bueno, si quieres hablar con alguien las puertas de la enfermería siempre están abiertas – Natsuhiko levantó los hombros con simpleza, cerrando los ojos sin dejar de sonreír –. Por el momento necesito que te quites la camisa. Tengo que tomarte la temperatura.
Shindou se mantuvo inerte por unos segundos, mientras veía como Netsuha sostenía un pequeño termómetro por la parte metálica y lo sacudía con fuerza, algo que todos los doctores hacían en las consultas médicas. Se abrazó a sí mismo, tratando de rehuir de la situación, a lo que Natsuhiko se detuvo en el acto.
– ¿Pasa algo? – el enfermero parpadeó un par de veces, antes de afilar los ojos, como si una idea extravagante se hubiese precipitado a su mente –. ¡No me digas que lo del novio era verdad! – exclamó en clara nota de diversión; pero también con cierto deje de maldad entrevista –. Que no te dé vergüenza si tienes sugilaciones ¿Eh?... Es normal tener unas cuantas luego de una noche de buen sexo salvaje – y le golpeó las costillas con su codo despacio, hablándole con toda la mala intención cerca del oído.
El joven pianista apartó los ojos. No deseaba recordar todas las cosas que Tsurugi le había hecho. Los ojos se le humedecieron, amenazando con librar lágrimas sin advertencia alguna. Natsuhiko atinó a alejarse un poco entonces, sabiendo que había metido las "patas" hasta el fondo.
–Aunque, bueno… - trató de corregir –. Puede que me esté equivocando… – hizo una pausa y contempló su posición. Era obvio que Shindou estaba tratando de defenderse, aun fuese por inconciencia. Se levantó de la camilla y le puso el termómetro sobre las piernas –. Si no quieres que te vea está bien. Así que tendremos que hacerlo de otra manera… Te daré la espalda para que te desvistas, cuando termines me entregas la camisa para guardarla, mientras tú te tomas la temperatura bajo la axila ¿Ok?
No fue necesaria una confirmación para que Nepper se volteara hacia la muralla contraria, poniendo una de sus manos tras su espalda. Shindou suspiró con resignación, comenzando a desabotonar su camisa. Lentamente los estragos de las noches con Kyosuke quedaron expuestos a la blancura de la habitación, espectáculo que el joven pianista evadió receloso. No quería ver su cuerpo, no cuando sólo eso lastimaba demasiado.
Puso el trozo de tela blanca sobre las manos de Netsuha, quien inmediatamente caminó hacia su escritorio. El enfermero se sentó en su silla y dejó la camisa en la mesa, para ponerse a revisar cuántas páginas le quedaban para terminar esa famosísima novela de misterio que estaba leyendo. Bostezó sutilmente y se restregó los ojos con el dorso de la mano derecha, para luego colocarse lo que le faltaba de ropa… Si de por sí los lunes en la mañana tenía sueño, luego de hacerlo con Goenji ni dos tazas de café le quitarían el sopor.
De todas formas, un pequeño "favor de amigos" nunca estaba de más, algo sin sentimentalismos ridículos ni un objetivo distinto a obtener placer fácil y egoísta. A Nepper le daba igual si Goenji estaba satisfecho, y a Shuuya le tenía sin cuidado el saber si Natsuhiko había o no tenido un orgasmo. Sonaría interesado, quizá hasta utilitarista por parte de ambos. Pero ellos muy bien sabían dónde se estaban metiendo, no por nada aceptaban los riesgos que todo el asunto conllevaba. Con Endou y Saginuma era igual: encuentros casuales iniciados como un desliz "inocente", hasta llegar a ser el único puente que los unía fuera de la charla institucional.
Natsuhiko jamás se había considerado una persona leal, de esas maldecidas por el encanto de la monogamia y el amor "para siempre". Sino, más bien, como un pansexual adepto a la "vida loca". Solía pasarse las noches de fin de semana colándose en las camas de sus amigos o conquistando a cualquier fulano dispuesto a compartir lecho por una noche. Y si bien había tenido algunos amoríos con uno que otro hombre, algunas mujeres, un par de travestis y un intersexual, al final siempre terminaba aburriéndose a las pocas semanas… Eso de tener pareja fija no era lo suyo.
A veces se preguntaba cómo los novios le hacían para no caer en el hastío de la rutina sentimental, y cada vez que les preguntaba, ellos le respondían que quizás aún no encontraba a la persona indicada. Por otro lado, Natsuhiko creía que era demasiado libre e idealista como para dejarse encadenar a otra persona.
Rió entre dientes mientras se levantaba de su lugar, consciente de que el termómetro ya debía estar listo. Se acercó a Takuto caminando hacia atrás, para luego poner la mano a sus espaldas y hacerle gestos para que le entregase el objeto en cuestión.
–Tienes 36°, así que podemos descartar la fiebre – anunció, metiendo el termómetro en el bolsillo de su bata –. Ahora sólo falta que te quites los zapatos y te acuestes en la camilla. Una buena siesta siempre ayuda.
Shindou obedeció las instrucciones sin rechistar, realmente no estaba de ánimo para ir a clases en lo que quedaba de día, independientemente de que no se hubiese topado con Shigeto en un par de meses. Se acurrucó bajo las impecables sábanas, sintiendo el tacto del algodón contra su piel.
De cierta manera, era exactamente la misma sensación que lo invadía luego de acostarse con Kyosuke. Esa percepción de cobijo, de protección, haciéndose pedazos ante la fuerza de un recuerdo traumático. Ya no se sentía protegido en ninguna parte, casi como si no tuviese un lugar al cual llamar hogar… Su familia lo había abandonado, sus amigos no podían enterarse, no tenía a nadie con quien contar.
El sonido del timbre se presentó fugazmente por los pasillos de la escuela, colándose por las rendijas. Un momento después, la puerta sonó, sorprendiendo a ambos presentes – porque en esa escuela todos entraban a la enfermería como si nada.
–Adelante – indicó Natsuhiko, bajando el libro hasta su escritorio.
La entrada se abrió de par en par, haciendo que las bisagras chillaran tenuemente. Lo que Nepper contempló en ese instante lo dejó completamente estupefacto… Seguramente se había dormido sin darse cuenta, porque eso no podía ser real.
–Buenos días ¿Se encontrará aquí Shindou Takuto? – Atsuishi se asomó un poco hacia adentro, buscando al aludido por el lugar –. He venido a verlo.
– ¿Y si mejor te acuest-?... Di- digo… Sí, sí está aquí. Puedes pasar – se corrigió atropellado. Una segunda metida de "pata" no se la perdonaría, muchos menos con ese "pedazo de hombre" –. Por cierto, primor ¿Tu nombre es tan lindo como tu cara?
El rubio se detuvo a la mitad de la puerta, mientras hacía un gesto raro con la cara. Parecía un tanto asqueado, o eso hasta que rodó los ojos, notoriamente fastidiado.
–Lo siento… Netsuha-san – habló, leyendo el nombre bordado en la bata –. Pero no me interesan los romances con compañeros de trabajo, mucho menos las relaciones de una noche. De todas formas, gracias por el cumplido.
Un aire congelado sopló entre ellos, al tiempo que un silencio espectral se apoderaba de la habitación. La tensión podría, fácilmente, ser cortada con un cuchillo. Aunque, lógicamente, el único descolocado parecía ser el enfermero. Atsuishi pasó por su lado, ignorándolo olímpicamente, en dirección a la camilla.
– ¿Qué tal estás? – le preguntó, notoriamente preocupado.
–Estoy bien, Shigeto – respondió Takuto, rehuyéndole la mirada. Se sentía tan mal tener que fingir de esa manera, aún más cuando era frente a ese rubio, al cual consideraba parte de su familia.
– ¿Seguro? Te ves igual de decaído que hace un rato – lo miró directamente a los ojos, sonriéndole con esa ternura que siempre le había demostrado –. ¿Es por lo de la quiebra de tu familia?
El castaño menor se dio una bofetada mental, antes de asentir sin pensarlo demasiado. Era una buena excusa, quizá debería haberla usado previamente.
–No quiero preocupar a nadie… – poner cara de "perrito mojado" siempre era útil con Atsuishi, a menos que fueras un seductor de tercera clase, claro está.
–Ay, Takuto – el rubio le revolvió el cabello mientras le sonreía –. Sabes que siempre cuentas conmigo para lo que sea, así que no dudes en contarme lo que pasa ¿Sí? – la sonrisa de Shigeto era de esas cosas que derretían el corazón. Tan brillante, tan sincera, tan… cálida. No por nada la gente lo consideraba un ángel sin alas –. Bueno, ya debo irme… Perdón si la visita fue corta; pero si no me voy ahora no encontraré mi próxima clase a tiempo… ¿Te parece juntarnos a la salida de la escuela cuando terminen las clases? Te llevaré a casa si quieres.
–Lo siento, pero tengo algunas cosas que hacer – Shindou apartó la mirada, destruyendo la alegría de Shigeto, quien no tardó en suspirar con resignación.
–Entiendo – y le volvió a sonreír –. Supongo que para otro día será. Pero, por ahora, nos vemos después.
El profesor se fue del lugar tan rápido como llegó, pasando completamente por alto al castaño aún petrificado en su silla… Y es que nunca en su vida lo habían rechazado así. Es más, jamás le habían dicho que no, ni siquiera los "heterosexuales".
Eso ya era un asunto personal.
Giró la cabeza hacia un costado, casi como un robot oxidado, mientras una sonrisa entre macabra y nerviosa se formaba en sus labios.
– Takuto – canturreó –. Por favor dime que no me dijo lo que creo que me dijo.
–No lo hizo con malas intenciones – el músico lo miró extrañado. Era primera vez en su vida que veía a Natsuhiko tan consternado –. Es sólo que la mayoría trata de coquetearle, y a él no le gustan ese tipo de hombres.
–Espera ¿Es gay? – el rostro se le iluminó de un momento al otro -. ¿Cómo le gustan los hombres? ¿Tiene pareja? ¿Es virgen? ¿Activo o pasivo? ¿Es bueno en la cama?
– ¿Y qué te hace pensar que sé esas cosas? – Takuto se apresuró a negar lo que había expresado con anterioridad, aunque sabía que ya la había regado.
–Porque se nota que lo conoces – dijo, aún más entusiasmado –. Vamos, Taku. Ayúdame a conseguir una cita con él, no le haré nada malo.
–No lo sé, Nepper… Shigeto no sale con cualquieras…
Silencio. Nada más que un abismante y absoluto silencio de ultratumba. Ambos se miraron a los ojos por unos escasos segundos. Ojos castaños contra ojos azules. La tensión volvió a espesarse a su alrededor hasta que, de pronto, el fuerte sonido de la cabeza de Netsuha impactando contra su escritorio disipó el ambiente.
–No tú también, Taku – dijo, armando un drama innecesario –. ¿Tan fácil soy? – el castaño menor se preparó para contestar, pero Natsuhiko lo detuvo –. No, no me contestes, mala persona.
Se acomodó sobre la camisa de Shindou, que aún seguía sobre su mesa, cuando un aroma familiar le llegó a la nariz. Se levantó de golpe, procesando todo lo acontecido esa mañana a una velocidad de vértigo. ¿Podría ser…?
– ¿Pasa algo, Nepper? – escuchó que el menor le preguntaba, alertado por su repentino cambio de ánimo.
–No, nada. Sólo recordé que no regué a Nubecita* antes de salir – se apresuró a decir, tratando de olvidar el aroma a sexo que desprendía aquella prenda.
Simplemente... No podía ser un caso de violación.
Nubecita: Como está escrito más arriba, en este fic Nepper fuma. Pues bueno, Nubecita es el nombre de su planta de marihuana.
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Hola a todos ¿Alguien adivinó quién soy? ¿No? Bueno, Mitaili Ciz al habla, gente. Para los que no me conozcan o no se acuerden de mí, soy la autora de "Familia Disfuncional" y "La mala vida", además de un par de shots bien raros. De mí pueden esperar cualquier cosa, desde eventos obvios hasta giros extraños, así que les recomiendo no dar nada por sentado, porque trataré de dar tantas "vueltas de tablero" como me sea posible.
Espero que este cap haya sido de su agrado y no le baje la calidad al trabajo de mis compañeras. Y pues, como pista decirles que somos 6 autoras en total, así que van quedando tres por delante.
Muchas gracias por darse el tiempo de leer.
¡Hasta un próximo capítulo!
