Un agradecimiento a las personas que me dieron sus comentarios. Gracias. Y tambien quiero decirles que para que los fic y el sistema funcione nos deben mandar sus criticas, comentarios, amenazas, lo que sea que se les ocurra.

Tambien queda por resaltar que este es un fic con escenas fuertes, asi que todo ira bajo su propio riesgo. Nee, tampoco se asoten, no creo que los traume.

Ahora a lo más importante !!LEER!!


2 – Oscuro.

No había distinción alguna en tener los ojos cerrados o abiertos.

La oscuridad era la misma.

Abrió sus ojos poco a poco, no podía ver nada, mas no le importó. Quiso sentarse y levantarse, pero un fuerte dolor en el torso y el costado la detuvieron. Gimió débilmente por el dolor. Y se resigno de cualquier movimiento. Se sentía muy cansada y débil. Vulnerable.

Estiró un poco su brazo para palpar los alrededores y descubrir que pasaba. Pronto se dio cuenta que estaba en una cama, arropada con mantas y tenía un paño en la cabeza. Tal vez tuvo fiebre. Estiró un poco más el brazo y se topó con algo que la sacó de sus casillas.

Empezó a tocar más y rápido descubrió lo inevitable.

¡Estaba en una cama! ¡Estaba en una cama con un desconocido!

O por lo menos eso pensó. El desconocido estaba de espaldas a ella.

Quiso gritar pero una grave voz la sorprendió. ¿Se había despertado?

- ¿Ya despertaste? – el cuerpo le tembló violentamente al escuchar su voz.

- ¿Q-Qui-en… e-eres? – preguntó temerosa y a duras penas.

- Hmp. – respondió él arrogantemente. Es que, por el tono de su voz era un hombre. – Sólo duérmete de vuelta. – sentencio el joven.

- ¿Don-de es-stoy? – preguntó asustada. No podía ver nada y para su pena tampoco reconocía la voz del hombre.

- Sólo duérmete, estás muy lastimada como para que estés estableciendo conversaciones. – volvió a recriminar.

- ¿Qué me paso? – esta vez ya pudo responder de una forma un tanto normal.

No obtuvo respuesta a cambio.

- ¿Qué me…? – no pudo seguir, sintió una respiración muy cerca de su rostro.

- Duérmete ya. – y la mano de aquella persona reparó en su mejilla. Endureció el cuerpo pensando que le podía hacer algo, pero se tranquilizó al sentir una caricia. – Tranquila, no pasa nada. – le musitó delicadamente.

La chica obedeció, poco a poco sus ojos se fueron cerrando hasta caer dormida otra vez.

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- Dios mío. – susurró un oficial al ver el cuerpo tirado. – Fueron asesinados a sangre fría. – sacó una libreta y empezó a escribir su informe.

- ¡A ver que tenemos aquí! – la voz de un hombre se escuchó detrás de él.

- ¡Oh, Kakashi! – saludó el hombre de hace un rato.

- Gai, ¿Qué tenemos aquí? – se acercó a la escena y vio mucha sangre debajo de unas sabanas blancas. Las sabanas también estaban mancadas. – Que forma tan horrible para morir. – cuestionó Kakashi mientras le echaba una mirada al cuerpo. - ¿Quién es el sujeto?

- Un hombre de 57 años, era dueño de unas industrias y compañías. Le llamaban Jiraiya. – explicó Gai. – Había un chico con él, pero alcanzó a salvarse.

- Ya veo. – Kakashi analizó el lugar. – Parece que intentaron defenderse.

- Pero no fue suficiente. Esto es una carnicería. – opinó una persona detrás de ellos.

- Kurenai, que bueno que llegas. – saludó Kakashi.

- Sí, vine por los cuerpos.

- Entonces llevaras muchos, son más de dos, tenlo por seguro. – contribuyó Gai.

- ¿No me digas que hay otra persona? – preguntó interesado Kakashi.

- ¿Más de una? Hay más de cinco muertos en esta casa, en total siete. – replicó Gai.

- ¿Mataron también a la servidumbre? – preguntó Kurenai.

- Eso parece. – Gai volvió a apuntar algo en su libreta.

- Que tipos tan desquiciados… ¿Me preguntó por que lo harían?

- ¿No es obvio Kakashi? El hombre era un magnate, tal vez fue por dinero. – dijo Kurenai mientras su equipo entraba y recogía a los cuerpos.

- Sí, tienes razón. – y miró su muñeca. – 10:30 a.m.- murmuró para si. – La sangre ya tiene un tiempo cuajada y las heridas son recientes. Calculo que los mataron está mañana. – opinó a sus compañeros.

- Es probable. – decía Gai mientras se le acercaba. – De cualquier forma vamos a la jefatura, ahí nos asignaran lo demás.

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Una ligera brisa recorrió sus cabellos haciéndolos mecerse un poco.

Sus ojos estaban escondidos entre sus parpados. Su respiración era regular y su piel tan blanca como siempre.

- ¿Qué pasa, Sasuke? Has estado algo ausente. – comentó Suigetsu al ver a su líder y compañero sentado en el barandal de una pequeña cabaña en el bosque.

Como siempre, unos criminales deben tener escondites y esa cabaña escondida en el bosque era una de sus favoritas. A Sasuke le gustaba ir ahí cuando quería tranquilizarse. Nadie podía encontrarla, por que nadie conocía de su existencia. Nadie más que ellos. Además, si trataran de rastrarlos, tenía la ventaja de que Suigetsu era un genio para sacarle la vuelta a los sistemas de rastreo. En pocas palabras estaban muy bien preparados.

- Nada. – respondió como era de esperarse.

- Mmm… - gruñó Suigetsu. – Oye, tengo una pregunta. – Sasuke no dijo nada, sólo esperó. - ¿Por qué te trajiste a la chica? Lo más natural era que la matáramos. Además, si se recupera nos reconocerá. – razonaba Suigetsu.

Los oscuros ojos de Sasuke se toparon con los de Suigetsu. Nadie dijo nada.

- No es asunto tuyo. – Sasuke siempre resolvía algún problema con esa frase.

- Sí, pero… ¿Qué si ella trata de denunciarnos? ¿Y sí se da cuenta que nosotros matamos a su abuelo y primo? – hizo una pausa. - ¿Acaso la trajiste por que quieres algo de ella?

Sasuke entornó los ojos.

- Me refiero a que… ¿Piensas conseguir más dinero? ¿Vas a reclamar algún rescate o algo?

- No digas estupideces Suigetsu. – Sasuke volteo de nuevo el rostro.

- No creo que lo sean. Tú nunca te traes a nadie a la guarida, en todos estos años contigo no lo has hecho. Debes tener algún plan.

- Supongo. – fue la única respuesta que le dio.

- Mmm, ya veo. – Suigetsu se calló.

- Ya ves qué. – Sasuke se volteo de nuevo.

- Nada, sea lo que sea debe ser algo muy de ti. – empezó a alejarse y se apresuró a entrar. – Después de todo… eres un vengador… un asesino. – y cerró la puerta tras sí.

- Vengador… - suspiró y cerró los ojos. – Asesino… no hay diferencia. – dijo para sí cuando terminaba de cerrar los ojos.

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Mire esto, Orochimaru-sama. – Kimimaru, un empleado de Orochimaru traía el periódico. – Al parecer mataron a su señor primo.

- ¿Solo a él? – preguntó un poco indiferente.

- No, también a toda la servidumbre.

- Mmm, que mal. – dijo algo hipócrita. Se rascó la barbilla y miró por la ventana de su oficina. - ¿Cuándo ocurrió?

- Según el periódico esta mañana. No se sabe quien los matos, al parecer los asesinos fueron muy precavidos y apagaron todas las cámaras de seguridad.

- Que cosa más vil. – dijo Orochimaru sin dejar de ver la ventana.

- Orochimaru-sama, si me permite, ese señor era primo suyo, su único primo… ¿Asistirá al funeral? – preguntó curioso Kimimaru.

- Sí, iré. – fue la respuesta de Orochimaru. - ¿No saben nada de la chica y el chico?

- ¿Cuál chica?

- La otra nieta de Jiraiya, creo que se llamaba Haruno Sakura.

- No, no saben nada. La policía esta investigando. El muchacho se salvó, esta en atención critica. Dicen que es probable que no se salve.

- Mmm, ya veo. – Orochimaru recargó las manos en el marco y bajó la cabeza.

- Lo lamento, Orochimaru-sama. – dijo Kimimaru, pensando que tal vez se sentía mal por la perdida.

- No te preocupes, ahora, déjame solo.

- Sí, señor. – y Kimimaru salio de ahí.

Una vez que Orochimaru estuvo solo una enorme sonrisa se asomó a su rostro.

- Umm, debe estar muerta por algún lado. En cuanto al otro… jum, para entonces ya estaré por encima de él. – se dijo victorioso. Miró la portada de una revista en donde salía Jiraiya. Sonrió más complacido. Los matones que había contratado habían hecho un muy buen trabajo. – Jum… tú no corriste con la misma suerte, primito. – dijo burlón ante la foto y se sentó en su escritorio, sacó una botella de vino y se sirvió complacido. – A partir de mañana… seré el dueño de todas sus corporaciones. – y se recostó en el respaldo de la silla.

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De nuevo la oscuridad.

No podía ver nada. Se sentía mal, no sólo por el dolor físico que la atormentaba, sino por que sabía que demonios pasaba.

Volvió a palpar los alrededores, en busca de su acompañante, pero no lo encontró. Suspiró resignada y trató de levantarse.

- No te levantes. Estás herida. – la voz masculina que había escuchado antes volvía a aparecer.

Obedeció y se recostó, el dolor le lastimaba mucho.

- Has estado durmiendo todo el día, ya es de noche. – fue el informe del desconocido.

- ¿Quién eres? – preguntó quien estaba en la cama.

- Es de mala educación exigir el nombre de alguien sin primero haber dado el propio. – recomendó la voz.

- Yo… yo soy… - se quedó en silencio un tiempo. – Haruno… Sakura. – respondió al final.

- ¿Haruno Sakura? – el otro se le acercó, la chica se tensó, no podía verle.

- Soy Sasuke. – fue la parca respuesta por parte de él.

- ¿Sasuke?

- Sí.

- ¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado?

- ¿Qué no lo sabes? – alzo una ceja.

- No, yo… - se llevó las manos a la cabeza. – Me duele mucho la cabeza… no sé que está pasando.

- ¿No recuerdas lo de esta mañana? – preguntó incrédulo.

- ¿Qué pasó esta mañana? – preguntó temerosa. - ¡¿Dónde están mi abuelo y Naruto?! – ahora se había asustado.

- Tranquila, no pasa nada. – le dijo el otro y se acercó a ella, encendió una pequeña vela para mirarla.

Sakura se le quedó mirando impactada, ese joven era muy guapo, tenía una cara perfecta y sus ojos, eran totalmente negros. Igual que su cabello.

- ¿Qué… que pasó con mi abuelo? – Sakura preguntó muy temerosa de lo que Sasuke pudiera decir.

- Unos matones entraron a su casa, los asesinaron a sangre fría. Tú fuiste atacada también. – no tenía la certeza de por que le decía eso.

- ¿Están… muertos?

- Sí. – dijo fríamente.

La joven empezó a gimotear levemente. Las lágrimas se hicieron presentes y pronto se cubrió la cara con sus manos.

- No… no, no puede ser. – lloraba inconsolablemente.

- Tranquila, no pasa nada. – el hombre que estaba a su lado le posó la mano en la mejilla y le acaricio.

Era una manía recién descubierta, la piel de esa joven era la más tersa que había tocado desde su… madre.

A la chica se le enrojecieron los ojos.

- Eran mi única familia. – dijo ella, mientras seguía llorando. Sasuke no dijo nada.

- Sasuke. – la puerta se abrió y Juugo quedó en la puerta. Sasuke volteo alarmado. Si más recordaba, Sakura los había visto y teniendo mascara o no lo podía reconocer.

Sacó de su pantalón una pequeña navaja, esperando que la chica hiciera algo para acudir a algún método para silenciarla.

- Oh, disculpa, estás ocupado. – y cerró la puerta.

Sasuke miró de soslayo a la joven, esperando alguna reacción… mas no pasó nada.

- ¿Quién era él? – preguntó algo cohibida.

- Un amigo mío. – dijo solamente Sasuke.

- ¿En donde estoy? Quiero irme a mi casa. – dijo alarmada.

- Ahora te quedaras aquí. – sentencio Sasuke.

- ¿Por qué? – no entendía.

- Estoy seguro que no querrás regresar a la casa donde mataron a tu abuelo.

- ¿Cómo? – sus ojos se abrieron sorprendidos.

- No te preocupes… yo te cuidare. – y sin decir nada más empezó a alejarse.

- Sasuke-san… - Sasuke volteo. - ¿Por qué no puedo recordar nada? – le preguntó.

- ¿No puedes que?

- No recuerdo nada. – dijo mientras se limpiaba las lagrimas.

Sasuke se le acercó, la miró a los ojos.

- ¿Qué pasa? – dijo cansada y todavía sollozando.

- Dices la verdad. – musitó Sasuke. – No recuerdas nada.

Recordó entonces el golpe que sufrió con las escaleras, quizás fue eso.

- ¿Sasuke?

- No pasa nada. – se dirigió a la puerta. – Vendré después.

- Sasuke… hay algo que quiero saber. – Sasuke se tensó un poco.

- ¿Qué?

- Tú… ¿Qué eres de mí? – preguntó curiosa.

- Somos… amigos – inventó.

- Gracias… Sasuke-kun.

- Hmp… sólo duerme. – y salio de la habitación.

¿Con que amigos?

Continuara…