2 meses después

-Eh, tíos, ¿qué hacéis aquí? Os estaba buscando.

Francis se acercó a Antonio y Gilbert, los cuales estaban sentados en las gradas viendo el entrenamiento de quidditch del equipo de Ravenclaw. Se colocó delante de ellos agitando un trozo de papel que llevaba en la mano mientras hablaba.

-¿A qué viene tanto entusiasmo?- Preguntó Antonio que no podía evitar sonreír al ver al rubio tan animado por, seguro, alguna tontería suya.

-Sí, nos estás tapando las vistas.

Francis frunció el ceño y se giró para ver como los jugadores de su casa practicaban pasándose la quaffle mientras volaban sobre sus escobas.

-Ya sé que mi casa es la mejor de todas, sobre todo ahora que estoy yo, pero…

-Eh, eh, no te pongas chulito, gabacho. Toño y yo hemos venido a ver cómo juegan, estamos pensando en apuntarnos al equipo de nuestras casas y todo.

-Dudo mucho que os dejen uniros.- Contestó el francés tras reírse.

-Eso es porque no me han visto jugar, sería la estrella del equipo.- Gilbert sonreía al imaginarse sosteniendo la copa de las cosas alrededor de una gran multitud aplaudiéndoles y alabándolo.

-Si ni siquiera sabes jugar.- Y con una sola y pequeña frase, Francis le devolvió a la realidad.

-Venga, venga, no empecéis.- Antonio sabía que aquella conversación les llevaría a una de esas extrañas discusiones que siempre acababan con quién era más guapo de los dos, algo que nunca venía a cuento.- ¿Qué querías decirnos?

-¡Cierto!- El rubio volvió a sonreír como al principio y les mostró el trozo de papel que llevaba en la mano- ¿Os acodáis de esa chica pelirroja de clase de pociones que no paraba de mirarme?- Para desilusión del galo, sus dos amigos negaron a la vez, ¿es que nunca se fijaban en nada? Pero al instante volvió a mostrar esa sonrisa de triunfo.- ¡Pues he conseguido una cita con ella esta noche!

Y como si esos segundos desde que había llegado el francés no hubieran existido, los otros dos siguieron con su tema inicial.

-Pues eso, creo que lo mejor es ser buscador, es el verdadero protagonista de todo.

-No se, Gil, todos tienen su protagonismo, son igual de importantes.

-¿¡Pero es que no me habéis escuchado!?- Indignado por la falta de atención de esos dos, el rubio volvió a plantar el trozo de papel en sus morros como si en él estuviera el significado de la vida.

-Tío, tienes una cita, muy bien, pero es algo que no nos importa demasiado. Habríamos dormido igual de bien por la noche sin saberlo.- Contestó el albino intentando apartar el papel de su cara. Seguro que si cierra los ojos lo seguiría viendo.

-Pues vosotros también deberíais conseguir una cita o algo. Somos jóvenes y guapos, mirad a vuestro alrededor, hay bastante donde elegir.


-¡Hermanito, a ver si paras esto!- Y mientras los jugadores de Ravenclaw entrenaban, un extrovertido americano junto con un malhumorado italiano jugaban al increíble y divertidísimo juego del ultimate frisbee.

Matthew se lanzó para conseguir atraparlo antes de que el disco llegara a las manos de Lovino. En un movimiento rápido intentó hacerle el pase a Feliciano, el cual se encontraba en la zona de anotación del equipo contrario. El inconveniente de esa magistral técnica de este apasionante deporte era que su hermano era más rápido y, con un movimiento brusco mandó el disco a gran velocidad, dirigiéndose a un pobre y malhumorado inglés.

La víctima de este cruel y salvaje acto contra el gran espíritu de juego de este asombroso deporte, paseaba tranquilamente leyendo, sin saber que su tranquilidad iba a ser interrumpida por un frisbee enviado con una fuerza excesiva a manos de un Gryffindor.

-¡Eh, tío, lo siento mucho! ¿Estás bien?- Alfred, como buen jugador de este honorable deporte, se acercó a la víctima para comprobar el estado de ese rubio que no paraba de maldecir y cagarse en las madres que parió a saber quiénes mientras se tapaba la nariz, la cual estaba sangrando.

-¡Maldita sabandija de Gryffindor! ¿Encima te atreves a acercarte a mi yendo de buena persona?- Era la primera vez que veía a ese chico y ya supo algo de él, era idiota. Su padre tenía razón, los de Gryffindor no eran más que escorias premiadas por favoritismos.

Alfred quiso intentar tranquilizar y disculparse, pero ese extraño chico ya se había alejado aun insultando y quejándose. El americano bajó la vista y se dio cuenta de que el inglés se había dejado el libro que estaba leyendo en el suelo.


Mientras un inglés entraba en la biblioteca maldiciendo por lo bajo, una chica húngara estaba haciendo un trabajo para clase de transformaciones en una de las mesas.

-¿Cómo vas con los exámenes?- Roderich se sentó junto a ella dejando un par de libros sobre la mesa.

-Bueno, no puedo quejarme, llevo en todo E menos tres S.- Dejó de escribir y levantó la cabeza para darle un pequeño beso en la mejilla.- ¿Y tú?

La chica sonreía de forma dulce y amable. Siempre que hablaban entre ellos lo hacían de una manera demasiado formal para chicos de su edad. Elizabeth ni de lejos parecía de esas chicas que gritarían, insultarían y perseguirían con propósitos (muy) violentos a dos jóvenes que luego tendrían su imagen como invitada en sus pesadillas. Sandeces.

-Solo una S por culpa de Bonnefoy que estaba más pendiente en hablar con la chica de la mesa de atrás que de hacer su parte del trabajo.

Roderich y Elizabeth comenzaron su rutina de estudiar juntos. La húngara afirmaba que ese era el momento en el que Rod más hablaba, para corregirte. Podías contarle cualquier cosa, incluso insultarle, que si comentaba algo sería para corregirte.

Ya estaban acabando la primera página cuando el austríaco se quedó mirándola atentamente. Elizabeth se sonrojó un poco al darse cuenta de ello, ¿por qué no dejaba de mirarla de esa forma? ¿Quizás por fin…?

-No consigo entender por qué el sombrero te mandó a Gryffindor, siempre me han parecido unos imprudentes, siempre saltándose las normas, sin pensar un poco antes. Deberías estar en Ravenclaw conmigo.

[La noche anterior]

La sala común de Gryffindor era el centro de un pequeño conflicto amistoso. Alfred se encontraba detrás de uno de los sofás sosteniendo una pistola de agua, esperando el momento oportuno para atacar a sus enemigos. Antonio, que era su aliado en aquella pequeña batalla, estaba bajo la pequeña mesa de ajedrez, ocultándose con las dos sillas.

Al otro lado de la sala, en el papel de ``enemigas´´ de estos dos, se encontraban Emma y Elizabeth con sus respectivas armas de agua. Las dos estaban detrás de un sofá que quedaba en frente del que se había escondido Al.

Todo estaba en silencio hasta que Emma paró de contar, entonces las dos chicas se lanzaron a acabar con sus rivales saltando por encima del sofá gritando. El americano rodó hacia su izquierda para disparar a la húngara, la cual ya le había mojado e intentaba protegerse de los ataques del otro con un cojín.

Antonio mientras tanto se protegía de los ataques de la belga hasta que vio el momento oportuno para atacar. Se subió a una de las sillas y sin dejar de disparar, se impulsó de ésta para lanzarse al suelo y darle más dramatismo. Ya que, la única norma en una batalla como esta es ese, todo tiene que ser lo más dramático y exagerado posible.

La batalla siguió continuando entre saltos y caídas épicas, gritos y mucha agua, hasta que ya había un claro ganador.

-¡Y las mujeres volvemos a ganar!- Proclamaba Elizabeth mientras la chocaba con su compinche.

Los perdedores se encontraban sentados en el suelo, mojados de los pies a la cabeza, intentando recuperar el aliento. Aun así, los cuatro siguieron mojándose y riendo. Aunque, más se iban a reír los elfos cuando tuvieran que limpiarlo todo. Estos simpáticos y ordenados magos que aumentaban su trabajo, ¿por qué los de Ravenclaw no hacían lo mismo?

-Pues…No tengo ni idea, quizás sea por mi gran valor. Aunque, nadie diría tampoco que Francis sea un Ravenclaw.

El susodicho estaba recorriendo toda la biblioteca en busca de más chicas monas con quienes ligar y conseguir citas, parecía que el rubio había encontrado su gran vocación.

-No te creas, es más culto e inteligente de lo que aparenta.


La clase de defensa contra las artes oscuras había comenzado hacía unos 10 minutos, pero a Scott ese tipo de cosas no le importaban demasiado. Su padre le había estado enseñando a él y a su hermano desde pequeños, así que según él, era el mago más fuerte de su curso.

-¡Kirkland, llegas tarde!

Ni siquiera le había dado tiempo a entrar cuando ya se escuchaban los gritos del profesor Beilschmidt. Ese hombre había conseguido ganarse el respeto de todo el colegio, no porque midiera 2 metros y tuviera complejo de muro cabreado…Bueno, esa era una razón secundaria, pero la importante era que se había convertido en el primer profesor de defensa contra las artes oscuras que duraba más de un año en el colegio. Quizás él también estuviera ``maldito´´.

-Sigo sin entender la razón de que me hagáis asistir a una clase que no me hace falta.

El profesor Beilschmist lo observó de arriba abajo, no soportaba a aquel chico, bueno ni a él ni a toda su familia de arrogantes.

-Si tan fuerte te crees, ¿por qué no vemos tus capacidades en un duelo? Y así se te borra esa sonrisa.- Scott no pudo evitar reír ante esa proposición. Miró a todos los alumnos de la clase y sonrió aún más.

-¿Y por qué no probamos a un enfrentamiento con uno de tus nietos?

-¡Ludwig!- Gritó sin pensárselo dos veces.

El susodicho ya estaba en su posición, preparado para derrotar a ese engreído y demostrar lo que un Hufflepuff podía hacer.

Scott parecía estar divirtiéndose mucho con aquello, sobretodo viendo la forma en la que aquel rubio le miraba, era igual que su abuelo. Antes de que el profesor les dijera de empezar, el mayor de los Kirkland ya había comenzado.

-¡Expulso!- Gritó haciendo que Ludwig acabara por los aires golpeándose fuertemente contra el suelo.

Aún en el suelo y con la varita en la mano, miró a su oponente, justo iba a contraatacar cuando Scott se adelantó de nuevo.

-¡Expelliarmus!- La varita del alemán salió rodando demasiado lejos como para que Ludwig la recuperara.

El pelirrojo se aproximó a él y pisándole la mano le apuntó con su varita. Esta vez el que se adelantó fue el abuelo del alemán que se dio cuenta de qué hechizo era el que aquel chico estaba dispuesto a lanzar contra su nieto.

-¡Kirkland, basta!

Scott gruñó por haberle interrumpido, sin mala gana levantó el pie de la mano del chico y miró al profesor.

-Ese conjuro no puedes usarlo en una clase de este nivel. Ni siquiera sé por qué tu padre te lo enseñaría.

-¿Qué pasa? ¿Me vas a suspender por ser superior a ellos?- Arqueó una ceja y observó a todos los alumnos. Cuando su mirada se encontró con la de su hermano le guiñó un ojo. Así debía comportarse un Kirkland, dejando claro quiénes eran superiores.- Sois todos patéticos.

Se dio la vuelta para marcharse de una vez de aquella clase cuando un grito le detuvo.

-¡Yo no soy patético!

Vio que alguien se había interpuesto entre él y Ludwig, el cual estaba sentado en el suelo observando. Encima un Gryffindor, como no. Alfred F. Jones no lo había soportado más, nadie le llamaba patético. Parecía que por fin había encontrado al ``malo que derrotar´´ y como héroe de la historia tenía que hacer algo.

-Un Gryffindor con complejo de súper héroe defendiendo a un Hufflepuff, conmovedor.- Eso solo hizo que el ánimo de Al por vencerle aumentara.

Arthur los miraba atentamente, sobre todo al americano. Esa mañana había dado por hecho que era un idiota, pero que ahora le diera ese ataque de heroísmo y decidiera enfrentarse a su hermano solo afirmaba aún más lo que pensaba. Un completo idiota. Aun así, había algo en él que hacía que Arthur no pudiera dejar de mirarle.

Creo que se puede percibir totalmente mi sarcasmo hacia el ultimate frisbee. Si, se considera deporte, hasta hay campeonatos mundiales de eso. Esto salió porque mi profesora de E.F nos hizo hacer un mini torneo de esto. En verdad es bastante entretenido y hasta divertido porque ese disco siempre va a donde le da la real gana 8D. Aun así...no se puede evitar el cachondeo ante eso.