EL SEGUNDO AMOR

Los días fueron pasando, y el ambiente en Hogwarts se fue haciendo cada vez más y más extraño, la niebla era cada vez más densa, y ese silencio... ese silencio enloquecedor, todos sentían la necesidad de dejar aquel lugar y volver a sus hogares, o a cualquier otro sito más cálido y acogedor. Y con gran alivio llegaron las vacaciones de navidad.

Hermione encontró a sus amigos en el gran comedor, jugando una partida al ajedrez mágico, se despidió de ellos y les pidió que tuvieran cuidado pero que investigaran, ahora les resultaría más fácil seguirle la pista a Snape.

Antes de que la chica se fuera, pudo ver con gran desconsuelo a una Señora con lágrimas en los ojos que se dirigía al despacho del Director, era la abuela de Neville.

Llegó la mañana de navidad, y Ron llamó ansioso a Harry, ¡habían regalos!, Harry se encontró con una nota que no supo descifrar y un paquete sencillo, pero grande fue su sorpresa cuando descubrió una capa de invisibilidad.

-Ron...- Harry puso cara de pícaro- esta misma noche nos pondremos a investigar...- Ron tragó saliva.

Era media noche, el cielo estaba nublado, como siempre, y sin alumnos aquel castillo estaba todavía más silencioso.

Los dos chicos se vistieron y se pusieron la capa de invisibilidad por encima, Ron asomó la cabeza por el cuadro de la Señora Gorda No hay nadie, salieron al pasillo sin un rumbo fijo.

-¿A dónde vamos Harry?- preguntó el pelirrojo, estaba emocionado por el espíritu de la aventura, pero también muy asustado, mucho... no se había olvidado de la canción.

-Al dormitorio de Snape- dijo Harry muy serio, tal vez él tampoco pudiera olvidarse de la canción.

-¿Qué dices? Eso es estúpido, muy estúpido Harry- se quejó el chico- acabaremos de cabeza en la oficina de Filch cumpliendo un castigo, estaremos castigados todas las fiestas.

-¡Vamos Ron! ¿Me vas a ayudar o no?

Excepto por algún quejido de Ron, subieron en completo silencio las escaleras, rumbo al dormitorio de Snape. Al llegar, para su sorpresa, se encontraron con que la puerta no estaba cerrada con ningún encantamiento, la empujaron pero, allí no había nadie.

-Es extraño- opinó Ron saliendo de debajo de la capa.

-Mucho- corroboró Harry- Seguro que Snape ha salido de aquí a toda prisa, por algún motivo, y se le ha olvidado cerrar la puerta.

-¿Por cual motivo?- la voz de Ron temblaba.

-¡Ron! ¡Está planeando otro ataque!- dijo mirando a su compañero.

-Ay Harry... ay Harry...

-¿Qué te pasa Ron?- le preguntó posándole una mano en el hombro.

-¿No te das cuenta?

-¿De qué?- preguntó Harry frunciendo el ceño.

-¿No te das cuenta de que en estos momentos somos muy pocos alumnos en el colegio? Y que tú... y que tú eres...

-¡Vamos!- exclamó Harry poniéndose la capa por encima- ¡Hemos de avisar a Dumbledore.

Pero Dumbledore tampoco estaba en su dormitorio, por lo que decidieron ir a buscarlo a su despacho, antes de que pudieran llegar, bajando por unas escaleras apareció Filch con su gata que comenzó a maullar frenética.

-¿Quién anda ahí?- preguntó el señor levantando su farolillo- ¡Sal! ¡No te escondas! ¡Se que estás ahí!- avanzó un poco y miró a su alrededor- calma gatita, calma, aquí no hay nadie.

No podían seguir por allí o la gata se les echaría encima, optaron por retroceder y tomar un pasillo, y luego otro, y otro. Cuando unas voces justo detrás de ellos les sorprendieron, se quedaron quietos apegados junto a la pared. Parecía que Quirrell y Snape discutían.

-Severus... Severus...- sollozaba Quirrell, tratando inútilmente de escapar de Snape, que lo tenía sujeto por el cuello- no se... no se de qué me estás hablando.

-No me obligues, no me obligues a retorcerte el pescuezo- lo amenazó Snape, con la mirada llena de ira- espero que pronto sepas a quién le debes lealtad.

-Severus... Severus... por fa...- se retorcía el otro hombre.

Snape notó algo extraño detrás suyo, estiró el brazo con la mano abierta, se acercaba cada vez más hacia donde estaban Harry y Ron, los dos chiquillos se fueron deslizando poco a poco hacia la izquierda hasta que al final, Snape dio un zarpazo y cerró su mano en el aire.

-¡Quirrell! Dime como llegar a...- Snape fue interrumpido en ese momento, llegó Filch avisando de que su gata, la Señora Norris, estaba muy inquieta y que suponía que había algún alumno fuera de su dormitorio.

No había tiempo de ir a buscar a Dumbledore, regresaron corriendo a su habitación antes de que algún profesor se diera cuenta de que eran ellos los que estaban vagabundeando por ahí. Si los pillaban, ya no podrían investigar en todas las vacaciones.

Por miedo a que entrara algún profesor al cuarto a cerciorarse de que estaban allí, Harry se durmió enseguida. Pero Ron no podía, cerró los ojos, los apretó con intensidad, pero fue inútil, daba vueltas y más vueltas en la cama, no podía dormir. Se levantó y miró por la ventana, no se veía nada a excepción de unas motitas de nieve apiladas en el alfeizar, tubo la sensación de que detrás de aquellos muros se encontraba el vacío, la nada.

Ya que no podía dormir, y por no molestar a Harry, bajó a la sala común y se puso a pensar frente a la chimenea, justo donde semanas antes estuvo Neville; él estaba seguro de que Snape era el culpable de todo esto, debía de ser "socio" del Señor Oscuro y, había llegado a la conclusión de que le había intentado sonsacar a Quirrell la forma de llegar a su próxima víctima, Pobre Quirrell, por poco lo estrangula pensó el chico.

Nervioso pero seguro de sí mismo, decidió ir a buscar a Dumbledore en plena noche y contárselo, cogió una vela y salió de la sala.

Se adentró en un pasillo solitario, en esos en los que casualmente no habían cuadros, el sudor comenzó a correr por su frente cuando escuchó unos pasos a sus espaldas, fue entonces cuando recordó la canción:

El segundo y más risueño, no tenía sueño;

mas la noche lo atrapó, y su cuerpo solapó.

Antes de que pudiera girarse su vela se apagó, y un terrorífico grito se escuchó por todo el castillo.