Tres chicas correteaban por los amplios pasillos de la Academia de Técnicas Espirituales. Iban ataviadas con los uniformes femeninos de estudiante: una chaqueta kimono blanca y unos pantalones hakama rojos.

-Oye, Shizu-chan- jadeó una de ellas- ¿Seguro que está ahí?

-Claro que sí- respondió la aludida-. No te decepcionarás.

Se detuvieron en un corredor con algunas puertas cerradas. Sonó la campana y las puertas se abrieron. Salieron los estudiantes de las clases, algunos en grupos, charlando animadamente. Los últimos en salir de la clase 1-A fueron un chico y una chica que aparentaban trece años; él tenía el pelo azul y alborotado, los ojos verdes y expresión desdeñosa; ella tenía el cabello largo, ondulado y castaño, y los ojos azul verdoso fluorescente.

-¡Kurohyo-kun!- saludó alegremente Shizu, acercándose.

El aludido se detuvo y miró de reojo a quien lo llamaba. Entonces resopló.

-¿Qué quieres, Kojima?

Shizu sonrió con timidez y bajó la vista.

-Bueno… ¿Tienes algo que hacer este viernes?

Kurohyo levantó una ceja y miró a su hermana. La joven de cabello castaño sonrió con dulzura y ladeó la cabeza.

-Tranquilo, nii-chan, me adelantaré, nos vemos luego- dijo con su voz suave, haciendo una pequeña reverencia antes de echar a andar.

Su mellizo puso los ojos en blanco y la sujetó del brazo.

-No, Hinode, ya nos vamos…- miró a Shizu- Este viernes ya tengo planes, Kojima, no tengo tiempo para estúpidas citas.

Sin decir nada más, empezó a alejarse con su hermana y se perdieron entre la multitud. Shizu infló las mejillas y se cruzó de brazos. Sus amigas se le acercaron.

-Oye, Shizu-chan, ¿no era ese Kurohyo Jeagerjaques? Dicen que es uno de los chicos más populares del primer curso…- dijo una de ellas.

-¿Y la chica que iba con él? Es realmente guapa- comentó la otra, frunciendo el ceño.

Shizu sacudió la cabeza, agitando su corto pelo color arena.

-Su hermana, Hinode Jeagerjaques. Vosotras observad, al final conseguiré una cita con Kurohyo-kun.

-¿Tú crees?- cuestionó una- Dicen que a Jeagerjaques-san sólo le interesa entrenar. Por eso es el número uno de su promoción.


-Nii-chan, ¿por qué la rechazaste? Era muy guapa- comentó Hinode.

Ambos hermanos estaban sentados en los jardines, bajo un cerezo en flor, bebiendo agua en vasos de caña de bambú. Kurohyo soltó un "tch" y bebió un trago.

-He venido a esta academia para convertirme en el mejor, no para mariposear por ahí.

La chica suspiró y se recostó contra el tronco del cerezo.

-Me pregunto cómo le irá a Mamá…

-Han pasado dos semanas desde que entramos aquí, estará perfectamente.

-No sé…- murmuró Hinode- Desde que vinimos tengo una sensación un poco rara.

Kurohyo resopló y miró a su melliza de reojo.

-Si vas a venir con el cuento del Planeta o los poderes de Cetra, puedes ahorrártelo- dijo de mala gana-, ya tengo bastante con Madre en casa.


Kaede estornudó ruidosamente y se frotó la nariz, confusa.

-¿Se ha resfriado, Gainsborough-taicho?- preguntó Hinamori.

Ambas estaban en el despacho de la capitana, haciendo el papeleo.

-No, alguien estaría hablando de mí- bromeó la cetra.

La teniente rió levemente. Era una costumbre japonesa pensar que cuando estornudas, alguien está hablando de ti. Siguieron con el papeleo. Unos minutos después, escucharon unos golpes de madera. Las shinigamis levantaron la vista de los papeles y se miraron; esa era la alarma general del Seireitei.

-¡Alerta de emergencia! ¡Intrusos en la Corte de Almas Puras! ¡Todos los escuadrones tomen sus posiciones de defensa interna de inmediato! ¡Repito…!

Las mujeres se levantaron y salieron del despacho. En la estancia principal del cuartel los shinigamis que se encontraban ahí se pusieron firmes, esperando órdenes. Kaede se puso al frente de todos, seria y con las manos apoyadas en las caderas, con Hinamori a su lado.

-Ya habéis escuchado la alarma. Formad grupos equilibrados en kidoh y lucha cuerpo a cuerpo de diez personas, dispersaos por el Seireitei y localizad a los intrusos. Reducidlos, pero no los matéis. Si os encontráis en dificultades no dudéis en pedir refuerzos.

-¡Entendido, Gainsborough-taicho!- dijeron todo al unísono.

-¡En marcha!- les ordenó la capitana.

Todos salieron rápida y ordenadamente del lugar. Kaede miró a Hinamori.

-Mantenme informada de cualquier novedad.

-Entendido, Gainsborough-taicho.

La subcapitana salió también y se perdió entre las calles. La cetra se acomodó a Grey en su cinto y salió momentos después.


-¡… repito! ¡Intrusos en la Corte de las Almas Puras! ¡Todos los escuadrones tomen sus posiciones de defensa interna de inmediato!

-¡Joder! ¿Qué estará pasando ahora?- masculló Shuuhei Hisagi, corriendo por las calles.

Saltó y subió al tejado de un muro, mirando alrededor. La última vez que hubieran llegado Ryokas fue hacía catorce años, justo antes de que empezara el asunto de Aizen, cuando Ichigo y sus amigos entraron para rescatar a Rukia. Ahora ¿quién habría entrado burlando la seguridad del Seireitei?

Percibió unos reiatsus entablar combate no lejos de ahí. Corrió por los tejados, mirando a ver dónde estaban, hasta que los localizó. Aterrizó en mitad del grupo, con su zanpakutoh desenfundada. Sólo había un intruso, pero todos los shinigamis yacían ahora inconscientes en el suelo.

-Tú…- susurró el shinigami.

-Vaya, vaya, ¿no eras un subcapitán o algo así? Me suenas de la batalla contra Aizen.

Hisagi apretó la empuñadura de su espada.

-¿Se puede saber qué haces aquí, Jeagerjaques?