Capítulo 3: Reunión.

Habían estado viajando toda la noche.

El grupo, que ayer se había preparado para la larga jornada, se encontraba ahora frente al desolador lugar, donde antes se encontraba el Monte de las Ánimas. No habían llegado al lugar propiamente tal, pero decidieron quedarse en un acantilado que había cerca de allí, donde, como Sango pudo apreciar montada en Kirara, tenían la vista panorámica de todo el lugar.

Una vez allí, Inuyasha se acercó al borde y olisqueó el aire con el ceño fruncido.

-Este lugar apesta igual como siempre –gruñó –Sólo hay un aroma, de la antigua estadía de Naraku en este lugar, pero ningún aroma nuevo de ése maldito.

-Aún no llega –dijo repentinamente Kikyo acariciando a una de sus serpientes. Miró el lugar –Este lugar ya no tiene el mismo poder de antes, mis serpientes caza almas pueden andar sin problemas. Ya envié a algunas a investigar y…

-Y ni rastro de Naraku –terminó de decir Inuyasha. Kikyo asintió.

-Este lugar da escalofríos -dijo Sango mirando con desconfianza a su alrededor.

-Quién iba a pensar que antes estaba considerado como un lugar sagrado -comentó Miroku que estaba al lado de ella.

Shippo se acercó corriendo hasta donde estaba Inuyasha, que se mantenía parado bajo un solitario árbol de aspecto tétrico.

-Este lugar me da mucho miedo -comentó reprimiendo un escalofrío, observando el borde de acantilado.

-No seas miedoso -murmuró Inuyasha, moviendo los ojos de un lado a otro, como si esperase que Naraku le saltara encima en cualquier momento.

-¿Quedarán todavía monstruos? -preguntó Shippo tragando saliva.

-Supongo -gruñó Inuyasha -Y si no dejas de hacer preguntas estúpidas le pediré al primero con el que me encuentre que venga aquí y te coma.

-¡Ahhh no, por favor! No seas malo conmigo!

-¡Feh! Y para que viniste aquí si te mueres del susto? -preguntó Inuyasha de malas pulgas.

Shippo tuvo un rictus nervioso.

-Pues... pu-pues por-porque -tartamudeó, y luego tragó saliva y frunció el ceño -Por... porque es mi deber.

Inuyasha se lo quedó mirando en silencio por unos momentos.

-Hm... Te entiendo -gruñó finalmente -No vale hacerla de cobarde... -dijo mirando al derrumbe.

-¿Kirara ya se fue? -preguntó Shippo mirando a sus alrededores. Sólo vio a Miroku al lado de Sango, y más a la derecha, algo más apartada, a Kikyo, rodeada por sus espeluznantes serpientes caza-almas, que combinaban muy bien con el ambiente fúnebre del lugar.

-Si, apenas llegamos ¿Acaso no la viste?

Shippo suspiró con alivio.

-¡Uh, menos mal! Lo único que quiero es que Kagome llegue luego.

Inuyasha gruñó. Últimamente gruñía más de lo normal.

-¿Qué te pasa?

-Nada, enano.

-¿Porqué no quieres que venga Kagome, Inuyasha? Eh? -aventuró a preguntar Shippo. Seguro que recibiría otro golpe en la cabeza por su "sana" curiosidad. Pero, para sorpresa de él, no le llegó nada. Inuyasha se limitó a mirar el derrumbe.

-No quiero que venga Kagome -dijo más para él que para Shippo -No quiero que venga porque... porque yo...

-¿Siii? -lo incentivó Shippo con cuidado, como cuando uno sujeta una delicada copa de cristal con la punta de la nariz.

-... porque yo tengo... no quiero que ella -continuó Inuyasha -ella no...

-¿Quién, Inuyasha? ¿Kagome? Kikyo?

-¡Inuyasha!

Inuyasha, como despertándose de un sueño (o del momento de debilidad emocional, según Shippo), volteó hacía donde se encontraba el monje Miroku. Él lo miraba.

-¿Qué quieres Miroku?

-Ven, y tú igual, Shippo -dijo el monje -es hora que comamos y descansemos un poco.

-Claro.

Shippo gimió, mientras seguía a Inuyasha.

-Y justo cuando Inuyasha me iba a decir algo importante, nos interrumpen... -murmuró por lo bajo -¡Porqué no dejan que suelte la pepa!

-¿Qué dijiste? -preguntó Inuyasha mirándolo desde su altura por sobre su hombro.

-¡No, nada! -contestó rápidamente el niño con gesto inocente, y pensando que lo mejor era cambiar el tema, dijo -Mejor nos apuramos ¿no crees?

Inuyasha gruñó en señal de aprobación.

"Este chiquillo y su vocabulario raro", pensó.

. . .


No se supo cuanto tiempo pasó, pero, a lo lejos, el sonido de una explosión hizo que el grupo entero se sobresaltara.

-¡Waaa! Quién disparó el cañón? -gritó Shippo como tonto, recién despertándose.

Todos habían estado esperando y comentando la ausencia de monstruos y presencias malignas durante el viaje y en el lugar en donde estaban, haciendo que se sintieran como barco en aguas calmas próximas a una tormenta. Shippo se había quedado dormido en el acto, cansado después de casi diecisiete horas sin dormir, y ahora despertaba con el sonido del relámpago que daba inicio a la tormenta.

Inuyasha, que se había mantenido alerta desde que habían llegado, se levantó como un resorte y se acercó al acantilado.

-¡Ese olor! -exclamó.

-¿Qué fue eso? -preguntó Sango sujetando su boomerang, corriendo hasta donde estaba Inuyasha, seguida por Miroku.

-Parece que vino de las ruinas -comentó este, sujetando con fuerza su báculo.

-¡Espera un momento! -exclamó repentinamente el hanyou mirando hacia atrás -¿A dónde se fue Kikyo?

Sango y Shippo, que se había quedado atrás, miraron a su alrededor, pero no había ni rastro de la sacerdotisa, ni de sus serpientes voladoras.

-¿En qué momento se fue? -preguntó Shippo sorprendido.

-No puede ser -susurró Sango atravesándole una sombría idea por la cabeza.

-¿Creen que nos traicionó? -volvió a preguntar Shippo, mirando a sus acompañantes.

"Kikyo...", pensó Inuyasha "¿De verdad nos traicionaste?"

-¡Muchachos!

Los tres miraron al monje Miroku que no había dejado de mirar a las ruinas.

-Miren eso -dijo señalando hacía el faldeo del acantilado. Los tres compañeros restantes se acercaron a donde estaba él y miraron donde éste les apuntaba.

En el pie del derrumbe, una extensa nube de polvo se elevaba, seguramente causada por la explosión que los había sorprendido.

-El aroma ha desaparecido... Qué extraño -murmuró Inuyasha con el ceño fruncido. Sus compañeros lo miraron.

-¿Qué aroma habías sentido, Inuyasha]? El de Naraku? -preguntó Miroku. Inuyasha asintió.

-¡Miren, allí esta Kikyo! -exclamó Sango.

Los cuatro vieron que Kikyo se encontraba cerca del faldeo, con su arco en alto, apuntando directamente a la nube de polvo que no se disipaba.

-¡Kikyo! -llamó Inuyasha mientras se lanzaba al abismo del acantilado, saltando hábilmente entre las rocas. Miroku, Sango y Shippo le siguieron, aunque no tan rápido como ellos hubieran querido.

Cuando Inuyasha llegó abajo, se percató de un nuevo y desagradable olor, dándose cuenta demasiado tarde de quién se trataba.

"Oh, no... ¡Lo último que me faltaba!", pensó, fastidiado, con la quijada apretada.

Entremedio de la humareda de polvo, se podía entrever claramente la imponente figura de Sesshoumaru que, se mantenía quieto, y con su espada levantada frente a él.

Era a él a quién Kikyo apuntaba. Miroku, Sango y Shippo llegaron justo a tiempo para ver la escena.

-¡Sesshoumaru!

-Pero si es el hermano mayor de Inuyasha -exclamó Shippo con cierto temor -¿Qué hace aquí?

Inuyasha se situó al lado de Kikyo, e hizo la misma pregunta que Shippo hizo, solo que... más al estilo de él.

-¡Sesshoumaru! ¿Qué demonios haces aquí?

El aludido ni siquiera se dio como tal. Bajó su espada, aunque aún la mantenía empuñada con fuerza.

-Será mejor que dejes eso, mujer de barro -murmuró el youkai, aunque más que una petición, parecía más una orden.

Kikyo lo miró con desconfianza, pero aún así, bajó el arco con el que lo estaba apuntando.

-¡Oye, contéstame! -gritó Inuyasha ahora poniéndose delante de Kikyo -¿Qué rayos haces aquí Sesshoumaru? Esta vez no tengo tiempo para jugar contigo, así que vete de una buena vez!

Pero Sesshoumaru volvió a ignorarlo. Inuyasha observó, sintiendo como la sangre le hervía de rabia, como su despreciable medio hermano, observaba minuciosamente a su alrededor, con su usual expresión arrogante.

-Kikyo ¿Estás bien? -preguntó Inuyasha a la mujer, sin despegar la vista del youkai.

Kikyo simplemente asintió.

-¿Qué fue lo que provocó aquella explosión? -continuó cuestionando el joven.

-Fue... -Kikyo iba a contestar, pero la prepotente voz de Sesshoumaru la interrumpió.

-¿Qué hace ella aquí? -preguntó de manera brusca, mirando con frialdad a la sacerdotisa -No se suponía que estuvieses aquí cuando he oído que tus lealtades están con ese despreciable de Naraku.

Kikyo entornó los ojos con una expresión que nadie logró descifrar. Miroku, Sango y Shippo que observaban la escena el silencio de ultratumba, ni hablar se atrevían. Consientes del largo y violento historial de Sesshoumaru y de lo que era capaz de hacer, era natural que la presencia de éste los pusiera tensos, y ahora lo miraban con suma precaución.

Shippo pensó que el aspecto del hermano de Inuyasha, con su estola y su aspecto siniestro como el de un fantasma, también combinaba perfectamente con el ambiente del lugar.

-Él intentó atacarme -dijo repentinamente Kikyo. Todos se la quedaron mirando. Incluso Sesshoumaru le envió una rápida mirada con inexpresividad, pero no dijo nada. Su vista siguió vagando por el lugar, como si estuviera buscando algo de manera disimulada.

-Ya veo -murmuró Inuyasha, sin alterarse ante la sorpresa de sus compañeros -Seguramente el tonto de mi hermano pensó que estabas con Naraku -ante la palabra "tonto", Sesshoumaru le echó una fugaz mirada de advertencia a Inuyasha, pero este sabía que le había dado en el clavo al suponer que, realmente, Sesshoumaru se había confundido. Se felicitó para sus adentros al llegar a tan aguda conclusión.

-Entonces ¿El hermano de Inuyasha también recibió el mensaje? -preguntó extrañado Miroku en tono bajo para que solo Shippo y Sango lo escucharan.

Sango frunció el ceño, también extrañada. Pero luego, el rostro se le suavizó.

-"Inuyasha, toda su extirpe, y todo el que tenga que ver con él..." -recitó Sango, recordando el mensaje del monstruo con el que se había encontrado Kikyo.

-¿Pero cómo se habrá enterado Sesshoumaru? No creo que la señorita Kikyo le haya ido avisar antes que a nosotros... ¿O sí? -preguntó Miroku, escéptico.

-Es posible -admitió Sango -Tenga en cuenta, su Excelencia, que se demoró dos días en avisarnos a nosotros...

-Si, pero hay que tomar en cuenta también que ahora Sesshoumaru casi intentó atacarla hace sólo unos momentos -caviló el monje -¿Por qué haría eso si ella le dio el mensaje?

-¿Por qué es un monstruo que odia a los humanos? -preguntó Shippo.

-O quizá se enteró por otro lado -supuso Sango -Quizá Naraku haya hecho otra cosa para esparcir el mensaje, algo que ignoramos por completo.

-Entonces si es así...

-¡Vendrán todos! -terminó de decir Shippo -Eso significa que...

No alcanzó a terminar la frase, porque una repentina presencia se sintió, acercándose a gran velocidad. Todos miraron en la dirección en la que se acercaba.

-¡Naraku! -se escuchó una potente voz masculina.

Era Kouga, que se aparecía entremedio de un remolido de aire y polvo.

-Oh, esto es el colmo... -murmuró Inuyasha estupefacto -¿A qué viniste, lobo rabioso, si nadie te ha llamado?

Kouga lo ignoró y tomó la misma actitud de Sesshoumaru de mirar a su alrededor, como si estuviera buscando algo.

-¿Pero qué demonios les pasa a ustedes dos? -gritó Inuyasha exasperado -¿Acaso es un complot a algo así?

Sesshoumaru y Kouga lo miraron.

Sesshoumaru volvió a ignorarlo como si una mosca lo hubiera distraído, y Kouga simplemente murmuró:

-Kagome... ¿En dónde está Kagome?

-Arg ¿y a ti que te importa? -contestó Inuyasha enfurruñado.

-Supongo que no le habrá pasado nada -dijo Kouga con peligrosa lentitud - ¿O sí?

Aquí Miroku y compañía decidieron intervenir. Al menos, hablar con Kouga era menos peligroso que hacerlo con el temible Sesshoumaru.

-No te preocupes, Kouga –lo tranquilizó el monje -la señorita Kagome vendrá pronto. Ahora está en un lugar seguro.

Kouga gruñó.

-Me alegra. Parece que voy a tener que empezar a encargarte a mi mujer a ti, monje. Parece estar más segura contigo que con ésa bestia de Inuyasha.

-¿Yo? Ohhh jojojojo ¡Con mucho gusto, encantado, Kouga! -dijo Miroku, halagado -si quiere yo me quedo con ella y... -sintió que algo duro le pegaba en la cabeza.

-No te lo recomiendo, Kouga -aconsejó sabiamente Sango que le había pegado con la punta de su boomerang a Miroku. Tenía un tic en la ceja -Así con Inuyasha está más segura, creeme...

-Oye, lobo rabioso -gruñó Inuyasha -Contesta ¿A qué viniste? Seguro que no te aliaste con el imbécil de mi hermano para hacerme caer en alguna trampa o algo por el estilo?

-¿Cómo crees Inuyasha? -Sesshoumaru por primera vez lo miró de manera fija desde que había llegado, su voz tenía una marcada nota de ironía -¿Acaso te crees tan importante como para hacer que yo pierda mi valioso tiempo? No sueñes -escupió con desprecio.

-Supongo que tu hermano cada día me cae mucho mejor -comentó Kouga, divertido, mirando como Sesshoumaru les daba la espalda y se alejaba a paso sereno -Al menos él tiene los pies bien puestos en tierra, no como otros -dijo mirando significativamente a Inuyasha -que creen que uno va a recorrer medio territorio por venir a jugar con un pedazo de animal a las "peleas".

-¡¿Qué dijiste, lobo con sarna?! -exclamó Inuyasha enfurecido.

-Lo que oíste, pedazo de bestia -dijo Kouga con aparente tranquilidad -¿Acaso te comieron las orejas los ratones?

"¿De dónde saco ésa frase?", pensó Miroku con una gota de sudor. Se puso en medio de los dos.

-Chicos, ya cálmense, no es el momento -pidió con infinita paciencia.

-¡Él empezó! -dijeron los dos al unísono.

Sango y Shippo que se habían mantenido de espectadores, suspiraron con resignación.

-Oye, nos vas a decir o no de por qué estás aquí -pidió de mala manera Inuyasha haciendo pare al fuego.

Kouga, que le había salido una venita en la frente, lo miró con fingida indiferencia, y se cruzó de brazos.

-Vine aquí por Naraku. Recibí un mensaje de parte de él, diciéndome que podía encontrarlo en las ruinas del Monte de las Animas... el muy desgraciado atacó a uno de mis compañeros para hacérmelo saber -murmuró con odio -Maldito cobarde...

-Lo mismo nos pasó a nosotros -dijo Miroku -Atacaron a una aldea... La señorita Kikyo fue quien nos avisó.

Kikyo, una silenciosa espectadora más, al fin hizo acto de presencia en el grupo, acercándose a Inuyasha y a Kouga.

-Con que eras tú, entonces -dijo ella, mirando con interés al hombre lobo. Este la miró extrañado.

-Hace poco sentí que dos fragmentos de la perla se acercaban a gran velocidad a este lugar -explicó ella. Miró a Inuyasha -Es por eso que bajé a ver quién era. De primera, pensé que era Naraku, aunque no estaba del todo segura.

-Y fue ahí donde te encontraste con Sesshoumaru -dijo Inuyasha en su racha de agudeza.

-Sí.

-Y al final al que sentiste era a Kouga, que tiene dos fragmentos incrustados en sus piernas.

Kouga miró a Kikyo y pensó que se parecía mucho a Kagome, aunque la mujer que veía ahora, tenía un desagradable olor a cenizas. Además, no parecía ser tan simpática ni cariñosa como lo era Kagome.

No estaba muy entendido del tema con respecto a la relación que tenía Kagome con aquella sacerdotisa pero, sabía que le había traído bastantes problemas y, lo más importante, sabía que Inuyasha sentía cierta inclinación hacía ella. Bueno, había que admitir que era muy bonita, pero Kouga pensaba que Kagome lo era mucho más, y era por eso que no entendía de por qué tanta confusión en el corazón de Inuyasha. La diferencia estaba clara: Aquella sacerdotisa era bonita, pero Kagome era hermosa. La sacerdotisa parecía más fría que el mármol, Kagome... bueno, cuando fuera su mujer vería que tan cálida podía ser, aunque no se la imaginaba que lo fuera más todavía ¡Kagome era tan, pero tan linda! (Kouga puso cara de tonto) La sacerdotisa estaba muerta, Kagome estaba viva... la sacerdotisa le daba mala espina, y Kagome le daba la confianza de que podía dejar su vida en sus manos ¡No había por donde perderse!

Y era por eso que Inuyasha era un inepto.

-Animal -gruñó por lo bajo.

-¿Qué dijiste? -preguntó Inuyasha con el ceño fruncido.

-Nada, nada... -dijo el hombre lobo haciendo un gesto con la mano -Estaba hablando solo, no pensé que te sintieras aludido -agregó con una sonrisa burlona.

-No empieces de nuevo -advirtió Inuyasha fulminándolo con la mirada -Maldito lobo...

Miroku, que ya no veía vuelta atrás a la parejita, suspiró resignado y miró en la situación en la que todos se encontraban.

Inuyasha y Kouga se mandaban insultos frente a él, mientras que Sango y Shippo murmuraban algo con respecto a éstos dos últimos. Mucho más alejado del grupo, y con predisposición a largarse de un momento a otro del lugar, se encontraba Sesshoumaru, quien les daba la espalda sin ningún cuidado, como si todo el resto que se encontraba allí no existiera. Se preguntó a qué venía aquella actitud de indiferencia, sobretodo si al que ignoraba era a su hermano Inuyasha, al cual no podía ver sin que sus espadas chocaran por lo menos unas veces y unas cuantas palabras ofensivas se cruzaran entre ellos.

Se dirigió a Sango, que estaba justo comentándole a Shippo sobre si Kikyo, que se había alejado después de hablar con Inuyasha, no la habrá visto negra cuando se había sentido atacada por Sesshoumaru.

-Yo creo que si -dijo Shippo -Aunque yo en su lugar, ya me habría muerto antes de que me hablara -agregó con un escalofrío.

-Cualquiera habría reaccionado de la misma manera -sonrió Miroku, haciendo que lo ambos lo miraran.

-¿Tú también te habrías muerto, monje Miroku? -le preguntó Shippo.

-Lo más probable es que si, zorrito -admitió con un suspiro Miroku.

-¿En serio, su Excelencia? -preguntó Sango, incrédula, que no se imaginaba a Miroku desmayándose del susto si tuviera que enfrentarse a Sesshoumaru.

Miroku se encogió de hombros.

-Eso creo -dijo -Ahora lo que me pregunto es de por qué Sesshoumaru está aquí. Aunque lo más probable es que haya recibido un mensaje, pero ¿Cómo?

-Hum... ¿No creen que está demasiado tranquilo como para, bueno, ya saben... para ser él? -preguntó Shippo echándole una mirada de temor al youkai.

-Eso mismo era lo que estaba pensando, Shippo -dijo Miroku -¿Ustedes qué creen?

-Bueno, cada vez que nos encontramos con él siempre terminamos en medio de un cráter o en algún incendio forestal, o algo así -dijo Sango -pero también cuando ocurre eso el que más se altera es Inuyasha, no él. A mi parecer, ahora que lo pienso, Sesshoumaru es bastante tranquilo si no se le molesta, pero como Inuyasha parece molestarle bastante, pues...

-Terminamos dentro de un cráter -terminó Shippo con aire melodramático -Espero que ahora no pase lo mismo...

-¿Con Inuyasha, Kouga, Sesshoumaru y Naraku junto a sus extensiones en un mismo lugar? -preguntó Miroku -Ay, Shippo, dudo mucho que terminemos en tan sólo un simple cráter.

Shippo tragó saliva y Sango lo miró preocupada.

-¿Us-usted cree eso, su Excelencia? -tartamudeó con dificultad.

-Con ellos cuatro juntos... -Miroku meneó la cabeza con pesimismo -Cualquier cosa puede pasar -dijo con expresión de fatalidad, mientras pensaba de en qué momento se encontraron todos ellos en aquella extraña reunión, cuando hasta hace sólo un día, se encontraban junto a la señorita Kagome, en la aldea y sin rastro de Naraku.

Ahora, invitados por el mismísimo Naraku (que era un cobarde), avisados por la señorita Kikyo (a la cual no le agradaba estar con Inuyasha a no ser única y exclusivamente para llevárselo al mundo de los muertos), para ir a las ruinas del Monte de las Animas (que habías sido el antiguo escondite de Naraku) y encontrarse con Kouga (que se levaba fatal con Inuyasha) y con Sesshoumaru (que también se llevaba fatal con Inuyasha, pero que además era propenso a sentir la necesidad de partirlos en pedacitos con su espada, cosa que le daba un plus de amenaza andante), Miroku ya no sabía que esperar. Al parecer, Sango pensó lo mismo porque dijo:

-Si apareciera un ejército de gigantes y clanes de monstruos diciéndonos que vienen a ayudarnos ya no me sorprendería -musitó mirando a todos los presentes.

-Tienes razón -dijo Miroku -aunque un poco de ayuda no estaría nada de mal.

-Al final todo se ha transformado en una especie de alianza -comentó Shippo -¿no creen?

-Es verdad -admitió Sango -Todos buscamos un objetivo en común. Supongo que ganarse tantos enemigos no fue algo muy inteligente de parte de Naraku.

-O se siente demasiado seguro como para no importarle aquel detalle -agregó Miroku, con una punzada de mal presagio.

-Ay, pero dudo mucho que todos formen algún plan o algo así para vencerlo -exclamó Shippo, desesperanzado, viendo cómo Inuyasha y Kouga, que se habían callado hace un rato, pero que aún así se insultaban entre dientes sin que el otro se diera cuenta.

-Bueno, Inuyasha y Kouga ya han peleado antes juntos -dijo Miroku, mirándolos también -y los dos hermanitos también se han visto en la necesidad de pelear juntos igual -dijo mirando ahora a Sesshoumaru. Jadeó cuando este se movió dándole el perfil de su rostro. Habría jurado que los estaba mirando.

Miroku tragó saliva al verse en la posibilidad que él los estuviera escuchando.

-¿Qué te pasa, monje Miroku? -le preguntó Shippo, mirándolo y mirando a Sesshoumaru que se encontraba (gracias al cielo) a una considerable distancia de ellos -Te pusiste pálido.

-Eh, no, nada, zorrito -dijo Miroku con una gotita de sudor en la frente -Estoy bien.

-Ay, no sé en qué va a terminar esto -comentó Sango -pero quiero que termine ya. Además... quiero que Kagome llegue pronto, me siento un poco fuera de lugar si ella no está... y es la única que puede controlar a Inuyasha en caso de que la situación se salga de control.

-¿A qué te refieres con eso, Sanguito?

-Bueno... no sé -dijo ella -vaya a saber lo que puede pasar ¿no?

El sonido de la cuerda tensarse, fue como el sonido del tambor de guerra que avisa de la llegada del enemigo. Kikyo apuntaba hacia un punto a sus espaldas, con la mirada fija y ceñuda.

No hizo falta que Inuyasha exclamara nuevamente "¡Ése olor!" para que todos se dieran vuelta y se dieran cuenta de quién era el despreciable ser que había llegado.

Naraku se encontraba sobre un acantilado, el mismo en el que habían estado ellos hace sólo un par de horas, antes de encontrarse con los dos youkais.

-Han venido todos los que había esperado -dijo con su exasperante voz de autoconfianza.

-¡Naraku, maldito! A qué nos has llamado? -exclamó Inuyasha mirando hacia arriba.

Naraku, en respuesta, saltó del acantilado y cayó limpiamente frente a los presentes, al pie del derrumbe.

Miroku se fijó que traía su traje de piel de mandril, ocultando su rostro detrás de aquella máscara.

"Anda con su antiguo aspecto", pensó extrañado "¿No será que...?

-Sabía que sólo ustedes iban a venir -dijo repentinamente Naraku - Ahora todos me temen con mi nuevo aspecto, es lógico... Los únicos suficientemente estúpidos como para aceptar el reto a una batalla son ustedes -se rió con suavidad.

-¡Naraku, desgraciado! -gritó Inuyasha con la paciencia por el suelo -Esta vez si te venceré ¡Te mataré con mis propias manos! Así que, basta de cháchara y PELEA!

-Calma, Inuyasha -dijo Naraku con tranquilidad -Tan precipitado como siempre, no los cité aquí para comenzar una vulgar pelea... vamos a hacer... esto más entretenido -giró la cabeza hacía el lado en donde se encontraba Kikyo y Sesshoumaru -¡Pero si es Lord Sesshoumaru! -exclamó con fingida sorpresa -Que gusto de tenerlo aquí también, parece que ha superado sus diferencias con su hermano -soltó una risita despectiva -y todo por perseguirme a mí. Qué halago.

Sesshoumaru se limitó a entornar los ojos y a enviarle una mirada fulminante, más no dijo nada.

-Yo no tengo nada que ver con ése -gruñó Inuyasha -No digas estupideces.

-¡Naraku, ve al grano! -gritó Kouga rechinando los dientes. -¿Vas a luchar contra nosotros o no? Mira que no tengo todo el tiempo del mundo.

Naraku se quedó callado e inclinó la cabeza, como si estuviera mirando a alguien fijamente, aunque nadie podía asegurarlo ya que tenía el rostro oculto.

-Bien, lo primero es lo primero -dijo en voz baja -Toda reunión importante tiene un pequeño espectáculo de bienvenida... ¡Kohaku! -llamó con suavidad.

Sango se puso tiesa al ver que su propio hermano aparecía de la nada, con su habitual traje de exterminador, al lado de Naraku.

-¿Si, señor Naraku?

-Quiero que avises al resto a la señal que les dije -ordenó este, sin ni una pizca de cuidado de que el grupo escuchara sus planes -Con el resto ya sabes que hacer.

Kohaku asintió y desapareció. Pero a Sango le pareció, que por una milésima de segundo, su hermano le había dirigido una fugaz mirada con significado. Aunque quizá solo haya sido impresión de ella. Últimamente no sería la primera vez.

-¿Qué planeas hacer? -ladró Inuyasha.

-Ya van a ver -siseó Naraku. Al parecer, disfrutaba enormemente haciéndolos perder el tiempo.

-Maldito -murmuró Miroku -¿Qué estás tramando, Naraku?

-Je je je... -rió él -No sean tan impacientes. Les recomiendo que guarden la calma porque...

Sólo se escuchó el silbido de algo que avanzaba a toda velocidad.

En un momento, Naraku estaba al frente de ellos, hablando. Y al segundo después, Naraku, que se había callado repentinamente, tenía tres líneas finísimas de color verde brillante atravesándole el pecho.

El inconfundible olor de la carne quemada inundó el lugar. Mientras todos miraban, atónitos, a Sesshoumaru que se encontraba parado al lado de Naraku, como si estuviera escuchando algo que éste le estaba diciendo.

-Suficientes tonterías por hoy -siseó con desprecio infinito.

-¡Sesshoumaru, no! -gritó, Inuyasha enojado. Pero era demasiado tarde. Naraku se desplomaba soltando una densa capa violácea de gas venenoso. Todos retrocedieron, excepto, claro, Sesshoumaru que sólo se quedó allí con su única garra, levantada, mostrando el potente veneno verdoso que salía considerablemente de sus dedos.

-¡Excelencia, retroceda! -se escuchó la voz de Sango, amortiguada por la mascarilla que usaba para que el veneno no la afectara.

-¡Lo sabía! -exclamó el monje, mientras corría al lado de Sango -¡Era una marioneta!

-Ay ¡No puedo respirar! -se quejó Shippo.

-¡Ése desgraciado de Naraku! -se escucharon, más allá, los gruñidos de Kouga.

-¿Por qué hiciste eso, Sesshoumaru? -vociferó Inuyasha una vez que el veneno se había esparcido.

Sesshoumaru se dio vuelta, pero no lo estaba mirando. Aún tenía levantada sus garras, y las miraba con el ceño levemente fruncido.

-Sólo era una distracción -dijo Kouga -Nos estaba distrayendo mientras ganaba tiempo.

-¿Y tiempo para qué? -preguntó bruscamente el hanyou.

-Para eso -contestó Miroku mirando en dirección contraria. Inuyasha se dio vuelta y miró con los ojos desorbitados, como cientos de monstruos salían del bosque, monstruos de distintos tamaños y formas, monstruos que salían de los árboles, de entremedio de las rocas, por debajo de la tierra...

Inuyasha miró hacia arriba.

Bandadas de criaturas horribles y seres voladores llegaban al lugar emitiendo sus espantosos chillidos de lucha.

Inuyasha nunca se había visto enfrentado a tantas criaturas, todas al mismo tiempo. Era algo típico de Naraku, atacar con todo lo que tenía. Había esperado una marioneta. Estando todos allí, ese cobarde no se iba a atrever a dar la cara. Había pensado que la marioneta tenía algo más que decirles. Naraku habría sido capaz de darles más información con tal de verles la cara de impotencia que ponían, pero ahora no era posible, porque el imbécil de Sesshoumaru había acabado con él.

-Maldición -murmuró, blandiendo a Colmillo de Acero -Insectos... ¡Apártense de mi camino!

-Ay, que entretenido va a ser ver esto -se escuchó una voz de entremedio del batallón de monstruos que seguían saliendo de todos lados.

-¡Es Naraku! -gritó Kouga -¿En dónde está?

-Sólo quiero entretenerme un poco -continuó la voz -Espero que aguanten por lo menos hasta que sea la hora. Aunque me sorprendería mucho si no aguantan y pierden frente a mi ejército.

-¡No digas estupideces! -dijeron Inuyasha y Kouga al unísono.

-Ya no hallo la hora de dar la señal de ataque -dijo la voz de Naraku -para solo ver cuánto aguantan -agregó con malicia.

-¿Y qué es lo que estás esperando? -lo retó Inuyasha -¡Sal de donde quiera que estés maldito!

-Esto no va a ser fácil -murmuró Miroku, listo para abrir su agujero -hay insectos por todos lados...

-Tenga cuidado, Excelencia -dijo Sango en guardia -Shippo, mantente detrás de nosotros, no te despegues de mí.

El niño asintió, sin habla, al verse rodeado por un mar interminable de monstruos.

-Ya basta de juegos -oyeron que murmuraba Sesshoumaru con arrogancia sacando a su espada, a unos escasos metros alejado de ellos.

Vieron también a Kikyo, que había brillado por su silencio y que aún sostenía tenso su arco, lista para disparar.

De pronto, encima de una roca excepcionalmente grande, la figura del verdadero Naraku, con su nuevo aspecto, apareció frente a ellos. Una sonrisa fría, carente de expresión que no fuera satisfacción, adornaba su pálido rostro.

-Que comience el juego -musitó.

Y entonces, los fuertes chillidos de los cientos de monstruos ensordecieron el lugar.

¡Por fin ha aparecido Sesshoumaru!

Bueno... y también Naraku, vale ¿Qué estará planeando? Al fin todo comienza!

¿Reviews?