Pareja principal: Kuroko x Aomine x Kise (Yeeeei! Triángulo amoroso!)
Pareja secundaria de cajón *proximamente*: Muk-kun x Akashi
La historia por ahora está ubicada poco antes de que se disolviera el "Kiseki no Sedai"
Disclamer: Desgraciadamente, los personajes no me pertenecen, solo la historia. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia xD
Stop there and let me correct it
Todo pasó en menos de un segundo, Kise no podía asegurar exactamente cómo pasó, porque incluso para él, que había estado observando, todo era muy confuso.
Aomine había estado besando a Kuroko solo hace unos minutos atrás, pidiéndole con voz suave, incluso, suplicante, que regresara con él, que dejara el equipo y se fueran juntos.
Kuroko lo había mirado a los ojos, con lágrimas en ellos y, cuando Kise y Aomine pensaron que Kuroko iba a dar el "si", le dio un puñetazo a Aomine tan fuerte que lo mando directo al suelo.
Tenía una mirada sombría y las lágrimas se deslizaban suavemente por sus mejillas. Mientras tanto, Aomine, tirado en el suelo, lo miraba sorprendido.
−¿Regresar… contigo…? No digas esas cosas… por favor.
−¿Kuroko qué diabl…?
−Solo esta vez, guarda silencio y escúchame. Por favor…−la voz de Kuroko tambaleo un poco antes de agitar la cabeza, limpió con una de sus manos sus lágrimas y suspiro hasta calmarse.
Aomine hizo lo que él le había pedido, se quedó simplemente callado, sobándose la mejilla golpeada….
−Hace poco más de un año me pediste que saliera contigo, me diste tiempo de pensarlo y fuiste alegre y comprensivo cuando lo necesité. Eras bueno en el basquetbol y cuando viste lo que podía hacer, te animaste a formar una alianza conmigo… dijiste que era muy bueno… que podría ser mejor junto a ti… más tarde dijiste que me amabas y me prometiste nunca abandonarme… yo creí en ti…
Kuroko se llevó otra vez las manos a su rostro, limpiando con brusquedad las lágrimas, luciendo mucho más infeliz que la vez anterior.
−Últimamente he pensado que odio mi vida, la gente que me rodea, esta escuela e incluso al equipo. Sin embargo, me di cuenta que lo que más odio en este instante es el basquetbol. Me enferma asistir a un entrenamiento más, dar un pase más, lo que tenga que ver con basquetbol, lo que sea, me repugna…. Aomine, tú no solo me abandonaste cuando terminaste conmigo sino que también me arrebataste las únicas dos cosas que más he amado en mi vida…
Kuroko suspiró con desdén, las lágrimas escurriéndose por sus mejillas para finalmente aterrizar al suelo. Ya ni se molestaba en apartarlas, volvió a suspirar.
− ¿Sabes? Realmente ha sido la semana más difícil de mi vida, he querido llamarte todas las noches y pedirte que regresemos, pero me aferraba a la idea de que no debía de hacerlo, que tú lo harías, que me pedirías disculpas… sinceramente esperaba que lo hicieras los primeros dos días, no obstante, tu nunca llamaste. Me quedaba dormido llorando y esperando. Entonces, una noche, me di cuenta de algo. Tú ya no me amas a mí sino a la persona que eras cuando estabas conmigo…
Kuroko se quedó callado y entonces fue como si todo hubiera quedado claro. Aomine miraba las lágrimas de Kuroko, su resolución, su sinceridad. Odiaba que fuera así, le daban ganas de lastimarlo por ser tan honesto, le daban ganas de besarlo por verlo tan descompuesto, le daban ganas de protegerlo. Pero ¿cómo hacerlo cuando era él quien le lastimaba? Aomine sonrió, entonces debía de provocar que Kuroko lo odiara tanto, tan inmensamente fuerte, que no quisiera volver con él nunca más, que lo dejara atrás para seguir su vida, para regresar a ser el lindo Kuroko en el que todos confiaban.
Aomine se odiaba, de verdad lo hacía, nunca debió de haberlo dejado ir pero Kuroko tenía razón, se había confiado tanto de sí mismo que al terminar con Kuroko pensó que las cosas seguirían igual. Y no lo hicieron, porque él se sentía de la manera en la que se sentía por estar con Kuroko, no por sí mismo.
Kuroko era inteligente, Kuroko lo era todo para él. Aomine no podía permitirse hacerle más daño, sin embargo, lo haría una última vez. Una última vez para siempre… y después de eso, era exactamente como Kuroko había dicho la vez anterior, no habría vuelta atrás.
Nunca.
−¿Hee…? ¿No te estás dando mucho crédito, Kuroko? –preguntó, con un leve siseo en su voz. −¿Dices que eras tú quien me hacía sentir bien? ¿Realmente te crees así de importante? Por favor, no dejes que tu dolor te nuble la percepción de la realidad. Yo soy quien soy por mí, no por ti…
Aomine levantó la vista, clavándola en Kuroko. Se veía dolido, que realmente estaba escuchando y grabando cada una de las palabras que Aomine decía. Sintió el impulso de detenerse, abrazarse a Kuroko y llorar hasta que lo perdonara. No lo hizo, incluso él aceptaba que después de una ruptura como la que habían tenido, las cosas serían difíciles y regresar a lo mismo, lo sería aún más. No… fuera de eso, Kuroko merecía algo mejor que él.
Aomine soltó una carcajada para reprimir el nudo que se había atorado en su garganta, no podía llorar o Kuroko sabría que era una farsa y vería cuanto estaba sufriendo y lo perdonaría y…
No.
−En serio, Kuroko, todo lo que dices suena bien y todo pero me gustaría que fuera verdad. Me gustaría que fueras así de importante para mí como yo lo soy para ti. Déjame decirte porqué te pedí salir conmigo: fue porque un día soñé que te lo hacía y tenía ganas de probarlo. Quería destrozarte, quería follarte hasta que no pudieras dar ni un paso más. Quería escuchar tu voz suplicando por más, gimiendo y llorando. Y diablos, fue divertido, das un espectáculo mucho mejor del que esperaba. Y también, eres más caliente de lo que se pensara. Fue un buen rato, Kuroko.
−Es mentira, Aomine, yo sé que lo es.
− ¿Lo sabes? Tú solo sabes que termine contigo, pero como tú dices, en esas noches en las que te has dormido llorando ¿no llegaste a pensar nunca que me aburrí de ti? Porque, honestamente, lo hice.
−Aomine… estás empeorando todo... no digas ni una palabra más… por favor…
−Por favor tú, Kuroko, no me implores más ¿qué acaso no tienes orgullo? ¿Eres así de patético?
Kuroko apretó sus puños. En sus ojos no había nada más que furia.
−Tengo que aceptar, que fuiste un buen culo que follar pero solo eso y nada más… ¿Amarte? Eso es ridículo.
Y entonces, no pudo decir nada más. Kuroko había brincado sobre él y le había atestado un puñetazo en el rostro tan fuerte que había provocado que la cabeza de Aomine impactara contra el suelo. Enseguida, lo tomo de la playera y lo sacudió contra el suelo. Las lágrimas deslizándose y cayendo sobre las mejillas de Aomine. Aomine lo miró con dolor unos segundos, y después recompuso su rostro.
−¿Por qué…? ¿Por qué demonios tuve que enamorarme de ti? ¿Por qué eres un idiota? ¿Por qué tienes que terminar todo tan mal? ¿Acaso… acaso no piensas en nada más que en ti? ¡Estúpido egocentrista!
Aomine sujetó las manos de Kuroko, apartándolo de él, lo empujo con suavidad al suelo. En seguida se levantó. Había terminado, no necesitaba decir nada más, en todo caso, su garganta no lo dejaría.
−Eres un idiota… ¿cómo pude confiar en ti…?
−Vamos, deja de actuar así, Kuroko. No te humilles más…
Kuroko se levantó al instante y fue en ese mismo momento en el la puerta del salón se escuchó, Kise acababa de entrar e iba corriendo hacia ellos.
−Aomine, te vas a quedar solo, vas a ir buscando un hombro en quien recargarte y te vas a encontrar con que no queda nadie para ti. Acabas de perder a la única persona que te amaba. Me das asco. No eres más que basura…
Aomine dio unos pasos, levanto su mano para darle una bofetada y fue en ese instante, en el que la mano de Aomine se encontró con el rostro de Kise.
Aomine se congeló en cuanto miró su cabello rubio, en realidad solo estaba alardeando, ni siquiera estaba tan cerca de Kuroko como para realmente abofetearlo. Ni siquiera para rozar sus mejillas. Él solo quería seguir su propio teatro hasta el final, sin embargo, tenía que ser Kise quien arruinara todo aún más.
El rostro de Kise estaba ligeramente volteado, su mejilla estaba roja por el golpe y de su labio inferior parecía salir un poco de sangre. Aomine pensó en disculparse inmediatamente, no obstante, no pudo hablar. El nudo en su garganta era espeso y no iba a dejarlo hablar sin ponerse a llorar primero.
Decidió quedarse callado.
Kise giró la vista hasta enfocarla en la de Aomine, tenía los brazos extendidos frente a Kuroko, como protegiéndolo, tenía lágrimas en los ojos y su mirada era fría.
Kise jamás lo había visto de otra forma más que con preocupación y admiración. Un escalofrió recorrió su cuerpo.
−Eres tan bajo como todos decían que eras. Pero escúchame bien, Aomine, me voy a encargar de que nunca pongas un dedo sobre Kuroko. Jamás. ¿Me escuchas? Así que largo de aquí, salte del equipo o lo que te plazca pero jamás vuelvas a buscarlo. No vas a hacer lo que quieras con él, no vas a romperlo nunca más.
Continuará…
A todos, gracias por leer mi historia. Perdonen el exceso de drama. Tenía que hacerlo :3 (Mentira, así son mis historias xD)
