Capítulo 2.
The Minish Cap
La princesa Zelda y el héroe Link
Era el décimo quinto cumpleaños de la princesa Zelda cuando recibió un beso por parte de su mejor amigo y de su héroe.
Fue un beso un poco torpe por parte de ambos y muy inexperto, pero sin embargo en ese momento tanto la princesa como el héroe pensaron que nada más en el mundo importaba aparte de ellos. Pero descubrieron que no necesitaban palabras para explicar lo que sentían el uno por el otro.
Todo el mundo en el reino parecía haber conocido a Link mientras él era un niño y viajaba por todo el reino junto con Ezlo para rescatarla. Todo el mundo le adoraba y le conocían como el mejor soldado del reino y como el mejor amigo de la princesa. No había mejor espadachín que él en todo el reino, pues claro había aprendido todo lo que sabía de los Blade Brothers, y ayudaba a todo el mundo siempre que podía.
Zelda sabía que si alguna vez se tendría que casar, él sería el marido perfecto y además un excelente rey.
¿Quién mejor que un héroe para ser rey?
Después del décimo septo cumpleaños de la princesa, el nuevo ministro ya la presionaba a contraer matrimonio con algún noble y tener herederos.
El rey, quién había muerto hace poco al salir de caza, había nombrado a un lord ministro del reino después de que el viejo ministro muriese por un infarto.
El rey de Hyrule adoraba a Link. ¿Cómo no iba a quererle si de no ser por él Vaati se habría adueñado del reino y su hija nunca habría dejado de ser una estatua y él seguiría encerrado en una mazmorra de su castillo? Incluso era consciente de la relación que él y su hija tenían y la aprobaba.
El nuevo ministro solo se limitaba a decir si la princesa quería un buen partido que entonces buscase un noble y que no había mejor partido que su hijo.
Que equivocado estaba…
Era tiempo del festival Picori y todo el mundo en la ciudadela estaban emocionados. Les encantaba poder jugar a los juegos que había, ganar premios, escuchar las historias de los ancianos, poder comer deliciosa comida…
A la princesa le encantaba ese festival pues le recordaba a todo lo que pasó después de que Vaati rompiese la espada cuádruple y liberase a los monstruos. Mientras a Link esa época le recordaba a su viejo amigo Ezlo, que a pesar de haber sido el gorro más irritante del mundo le tenía mucho aprecio. Se podía pasar horas y horas mirando el gorro verde que el viejo minish le regaló antes de irse o mirar la puerta por donde él y Vaati se fueron para no volver jamás.
La mañana del día del torneo Link se encontraba en la casa de su abuelo tirado en su cama mirando hacia el techo. Lo único que el joven vestido de verde hacía era dormir o mirar el gorro que le regaló su viejo amigo. Se sentía un poco triste por la despedida, a pesar de que hubiesen pasado casi nueve años de eso, nunca podría olvidar como alguien tan irritante, miedica y pesado le enseñó grandes valores y coas sobre la vida.
"Dime muchacho, ¿por qué tienes tanto interés en salvar a la princesa de Hyrule?"
"¿Qué no es obvio? Es la princesa, debo de salvarla y romper ese hechizo."
"¿Seguro que no hay otra razón?" preguntó el sombrero en forma de pájaro. "Parecías muy preocupado por ella."
"Bueno…" murmuró el niño de diez años. "La princesa y yo somos amigos de la infancia y aunque sé que no merezco estar con ella porque es de la realeza la quiero mucho y quiero estar a su lado siempre que pueda."
El pájaro sonrió y le dio un leve picotazo en la cabeza al niño.
"Pues recuerda siempre estas palabras muchacho: Deberás de luchar siempre para estar a su lado, nunca te rindas porque ambos estáis destinados a estar juntos."
En ese momento Link al ser un niño no entendió esas palabras. Pero ahora que había cumplido dieciocho años ya era consciente de lo que todo eso significaba y le agradecería eternamente por ello.
Suspiró y cerró durante un momento los ojos para intentar dormir pero entonces…
-¡Link! ¡No seas vago y despierta de una vez muchacho!
El héroe al escuchar ese grito se cayó de un salto hacia el suelo. En cuanto se pudo levantar vio a su viejo abuelo cruzado de brazos y con el entrecejo fruncido.
-Si vas a estar en esta casa holgazaneando todo el día mejor ponte a ayudarme en la herrería.-suspiró el anciano mirando a su nieto.-Ya estoy viejo, Link y necesito ayuda.
-Lo siento abuelo…-murmuró Link mientras se ponía de pie.-Es solo que no estoy de ánimos…
El anciano suspiró al notar lo triste que estaba su nieto. Relajó el entrecejo y dejó de cruzar los brazos.
-Está bien.-se sacudió las manos y se encaminó hacia la puerta.-Por cierto, te desperté porque la princesa está abajo y ha preguntado por ti. No hagas esperar nunca a una dama y mucho menos a una princesa.
El anciano salió por la puerta dejando a un Link confuso. El joven se arregló un poco el pelo y salió corriendo escaleras abajo donde estaba su princesa esperándole.
-¡Zelda!-gritó Link al llegar al primer piso y corrió hacia ella para abrazarla.
La princesa sonrió al ver a su héroe y no tardó en corresponder el abrazó. Link la tomó por el mentón para darle un tierno beso en los labios, beso que ella correspondió y luego se quedaron unos segundos mirándose a los ojos.
Zelda se veía preciosa a los ojos de Link. Llevaba el pelo recogido en una coleta alta y con algunas trenzas. Llevaba puesto un vestido de color rosa con la Trifuerza bordada en amarillo mientras que de accesorios solo llevaba unos pendientes de la Trifuerza también junto con un collar de perlas.
-Te ves preciosa.-dijo Link mientras acariciaba la mejilla de su novia y ella sonreía.
-Dijiste que vendrías esta mañana al torneo.-murmuró Zelda separándose un poco de Link y cruzándose de brazos.
Link suspiró.
-No me sentía bien para ir.-respondió el rubio mientras miraba a la princesa cruzada de brazos.-Además, sabes que no me dejan participar porque soy un muy buen espadachín.
Zelda rio un poco y tomó a su novio de la mano mientras le miraba de reojo.
-Me hiciste falta.-dijo la princesa.-El hijo del ministro Lannister estaba allí, fue el que ganó y no paraba de presumirlo mientras alegaba el buen partido que era para mí.
Link suspiró hastiado después de haber escuchado eso. No odiaba al joven lord Lannister, pero no le caía nada bien y sobre todo después de que le viese siempre coqueteando con su novia y un día le dijese que no valía para estar a su lado por ser simplemente un soldado hijo de herreros. Sabía que ese lord era egocéntrico y fanfarrón y simplemente al pensar que el Ministro Lannister quería comprometer a su princesa con ese niñato le daban ganas de vomitar.
-Con solo pensar de que ese maldito te puede poner la mano encima me dan ganas de degollarle.-suspiró Link en un intento de calmarse haciendo que Zelda riese un poco.
-Ya sabes que no me agrada.-respondió la princesa mientras se ponía de puntillas para besar la mejilla de su novio.-Solo te quiero a ti a mi lado. Aunque sigo sin saber por qué tanto empeño del ministro en hacer que me case con su hijo sabiendo que tú serás la persona con la que me case porque así lo dejó escrito mi padre…
El chico solo se encogió de hombros y ambos salieron de la casa del herrero no sin antes despedirse de él.
Durante todo el camino hasta la ciudadela la pareja no compartió ninguna palabra. Solo caminaron tomados de la mano sin que nadie o nada más les molestase…
Eso solo hasta llegar a la ciudadela.
-¡Princesa Zelda!-exclamó Tyron Lannister en cuanto vio a la chica entrar con el soldado.-¡Os he estado buscando en todas partes!
La princesa suspiró y rodó los ojos mientras escuchaba todas las quejas del egocéntrico lord por haber desaparecido en cuanto el torneo acabó.
-Perdonad, lord Lannister-murmuró la princesa sin mirarle a los ojos.-, pero en ese momento fui a buscar al joven Link para que pudiésemos pasar los dos solos toda la tarde en el festival.
El lord bufó cuando escuchó a la princesa decir esas palabras y al mirarla tomada de la mano con ese estúpido soldado. ¿Por qué la princesa se negaba en admitir que él era mejor partido que ese plebeyo y que él la haría gozar y hacer más feliz que lo que ese niño pudiera hacerla?
-¿Por qué os empeñáis en decir que él es mejor partido que yo? Yo os haría más feliz de lo que él pudiera haceros y sería mucho mejor rey de lo que él pudiera ser.
Zelda y Link suspiraron a la vez al ver que el lord iba a decir otra vez lo mismo que llevaba diciendo los últimos dos años.
-Porque como os he dicho mil veces, estoy enamorada de Link que aparte de ser un soldado y ser hijo de herreros es un héroe y tiene en su corazón más valor que el que ningún hombre podría poseer y a él no le interesa el trono como a otras personas con más estatus social que conozco.
-¿Y acaso creéis de que eso es suficiente para poder gobernar un reino?
Los tres voltearon en cuanto escucharon esa voz y pudieron observar al ministro Lannister. Era un viejo de unos cincuenta años de edad, calvo y con un corto bigote negro.
-Pienso que es lo único que hace falta para gobernar un reino.-dijo la princesa cruzándose de brazos.
Link sonrió un poco al ver cómo su princesa hablaba con tanta firmeza de lo que creía sin ninguna pizca de duda y sin entrecortarse.
Sabía que ella iba a ser una gran reina en algún futuro próximo.
-Y para su información, mi lords,-dijo Link mientras hacía una pequeña reverencia hacia los dos hombres.-la princesa y yo hemos decidido en casarnos después de que el desfile termine. Es más, vamos a anunciarlo hoy en la noche hacia todo el pueblo.
Los dos lords se quedaron boquiabiertos al escuchar eso. Ambos miraron a la princesa para saber si lo que decía el muchacho era cierto y al mirarla sonreír y asentir sabían que el soldado decía la verdad.
-¡Pero eso no es posible!-exclamó el lord.-¡No se pueden casar!
-¿Seguro?-preguntó Link irónicamente al verle temblar.-Porque que yo sepa cualquier persona puede ir al templo y decir sus votos delante de las diosas y un sacerdote y están oficialmente casados y eso es lo que pensamos hacer nosotros.
-Nunca serás rey.-dijo el ministro cruzándose de brazos.
-Yo nunca he dicho que quiera ser rey.-respondió el rubio cruzándose de brazos.-Lo único que quiero es estar al lado de la princesa y protegerla con mi vida si hace falta.
Ambos ministro e hijo se fueron enfadados del lugar…
Sabiendo de que ni siquiera luchando contra el tiempo y el espacio lograrían separar al héroe y a la princesa.
