Hola, ¿Qué tal?

Gracias por seguir esta rara historia y gracias también por sus comentarios ¡Me emocionan mucho! :D

Quisiera dedicarle este capitulín (cursi, cursi, everywhere) a Kanaya (jajajajajaja, así o más traumada) porque al fin, al fin, se le cumplió! ¡Muchas felicidades hermana, así se hace! XDDDDDDD ¡Nos has hecho feliz a todos! ¡Lloro de la alegría! ¡Estoy tan orgullosa de ti! Sasdjflkjdsklfjkldsjgkjfdkl

Ejem…

En estos momentos tengo un extraño sentimiento de amor-odio-amor hacia San Hussie… ( y todo por su mentecato kismesis salido de la maga – aunque no tan salido -) ash, estoy hecha un lío (se rasca la cabeza).

Pero bueno, les dejo la tercera parte y nuevamente gracias por seguir el fic, espero que tambien sea de su agrado.

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CAPITULO III

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Tavros era el que menos lugar tenía en el enfrentamiento entre esas dos mujeres fatales. Para empezar, él nunca se enteró que su amiga Aradia no había sido requerida para acompañarles en ese gran día. De hecho, Vriska se había ofrecido a entregarle a Aradia personalmente la invitación, negándose a ser acompañada por Tavros y poniendo como excusa que necesitaba tener un tiempo a solas con su también superamiga Aradia de la que hace mucho tiempo no sabía nada. Y Tavros le había creído, el muy idiota.

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- ¡¿Tú le entregaste otra invitación?! – pero Tavros no estaba en la mejor disposición para responder a sus preguntas pues seguía enterrado entre los pechos de Aradia. Por lo que haciéndole un favor al infeliz, ella respondió en su lugar.

- Tavros no sabe nada de nuestras pequeñas rencillas amiga- respondió Aradia acentuando esa última palabra con cierto veneno impregnado en la voz – si le hubiera contado que esa invitación que se suponía que debía serme entregada, fue hecha pedazos frente a mis ojos… - Aradia se llevó una mano al pecho, dramatizando su teatral tristeza- no quiero ni imaginarme como lo habría tomado.

- ¡¿Cómo te atreves?! – Vriska no estaba escuchando claramente gracias a la ira que le quemaba el pecho.

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Aradia no debía estar presente. No cuando era la única que podía hacer que todo lo que había planeado se le fuera de las manos. No cuando era la única que podía hacerla entrar en razón. No cuando era la única que hacía que las cosas tomarán el curso que debían de tomar…

…no cuando la misma Vriska se negaba a aceptar que estaba tomando una decisión equivocada.

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- No Vriska… - la retó Aradia mirándola con una frialdad que por un instante hizo que Vriska sintiera su propia debilidad delatándola – ¡Como te atreves tú a llegar tan lejos con tal de olvidar! – alzó un brazo y le señaló de forma acusadora.

- ¡Cállate! –le gritó desesperada por saberse descubierta. A pesar de que la gran mayoría que les escuchaba no tenían ni idea de a qué se refería Aradia, Vriska sintió un nudo en la garganta al imaginarse ser señalada por cada una de las personas ahí reunidas. Intentó no dejarse llevar por las palabras de la chica pero no estaba preparada para lo que vendría.

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Aradia suspiró con nostalgia y sus ojos parecieron mirarle con una calidez inmensa.

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- ¿Por qué llegar tan lejos?…- miró con cierta tristeza a su alrededor y también al chico entre su brazos – cuando tú y yo sabemos que aún le amas…

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Los murmullos comenzaron a propagarse. Las pocas personas que no estaban distraídas en parecer un montón de ratones asustadizos, se dieron cuenta de la presencia de la chica de vestido rojo que sobresalía no solo por su escote sino porque tenía al novio entre sus brazos y la novia parecía intentar evitar que saliese huyendo con él. Cuando escucharon las últimas palabras provenientes de la supuesta secuestradora, las especulaciones en torno a los tres dejaron de ser simples ideas.

¿Qué sucede? ¿Quién es esa mujer?

¿Qué fue lo que dijo?

Ni idea… pero no puedo dejar de ver sus pechos

Maldito suertudo…

¿Amar? ¿Amar a quién?

¿A quién le importa? ¡Esto es mejor que la puta misa!

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- ¡Pero que cuuuuuuuuuuuuuuuuuursi! – se escuchó a lo lejos desde el otro lado de la iglesia.

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Aradia se inclinó, enterrando mas a Tavros - que ya casi podía decir que le besaba el corazón a la chica - y se quitó los tacones. Calculó la distancia, retrocedió unos pasos y lanzó uno de sus zapatos hacia el entrometido que se había atrevido a interrumpir su monólogo y de paso a romper con el dramático ambiente. El zapato dio justo en la cabeza de la persona y lo noqueó al instante.

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- Como iba diciendo… – por lo visto a Aradia no le importaba estar repartiendo, a diestra y siniestra, lanzamientos especiales a cuanta persona se le pusiera enfrente. Carraspeó y se preparó para volver a entrar en el papel de mujer fatal, sin embargo al darse la vuelta para encarar a Vriska lo que se encontró parecía más una hiena rabiosa que cualquier cosa.

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Aquello último frase había sido la gota que derramó el vaso.

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- ¿Vriska?

- ¡Te dije que no te quería cerca de mí ni de mi novio! – la chica rasgó su vestido con total saña y lanzó al aire lo que había logrado arrancar de él, cayendo éste encima de uno de los aterrados monaguillos. Tan pronto sintió sus piernas libres de la pesada tela se lanzó hacia la otra chica, importándole un rábano la pérdida de la cordura y del glamour - ¡No vas a interferir en mi felicidad!

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Aradia soltó a Tavros que estaba a punto de caer desmayado por la falta de aire. De un movimiento veloz rasgó de igual manera su largo vestido y lanzó lejos la tela rota que cayó encima de un convaleciente Tavros. Justo a tiempo, porque fue capaz de recibir a Vriska, cayendo al suelo y rodando entre golpes, insultos y jaladas de cabello.

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- ¡Suéltame perra! ¡Acepta que estás mal!

- ¡Cállate puta entrometida!

- ¡Eso solo demuestra que estoy en lo cierto!

- ¡Que te calles bruja!

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- ¿Había necesidad de romperse la ropa?- preguntó una incrédula Nepeta jugando cartas con Equius sentados en el suelo.

- ¡Si que la hay!- respondieron a coro y al instante un grupo de chicos que pasaron a un lado, corriendo para mirar de cerca la pelea.

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Nepeta alzó los hombros, restándole importancia al grupo de pervertidos que babeaba a medida que las chicas se arrancaban la ropa y dejaban ver cada vez más sus bellos atributos.

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- ¿No estás preocupado? – preguntó a Equius sin dejar de mirar sus cartas.

- Ella estará bien… es fuerte –se limitó a responder con tranquilidad porque minutos antes y sin necesidad de pronunciar palabra alguna, Equius había amenazado de muerte a ese montón de mandriles que si se atrevían a interferir en la pelea de su novia sería él mismo quien los empalara.

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No era secreto que él estuviera orgulloso de ella por ser tan o más fuerte que él. Y si los chicos querían babear pues bien, adelante. Pero debían de tener mucho cuidado con intentar algo más porque de ser así, ya podían comenzar a despedirse de sus pitos*.

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- ¡Que alguien las detenga! – gritó Feferi a lo lejos aún con su cabello atorado.

- ¿Estás loca mujer? - le respondió un chico que veía el show cómodamente sentado en una de las bancas, sin zapatos y con los pies encima del respaldo de la banca de enfrente, justamente donde Feferi estaba atorada y por ende esos pies le quedaban casi pegados a la cara - ¿Cuándo ibas a ver todo este espectáculo en una boda? ¡Cállate y disfruta! – se inclinó para palmearle la cabeza y volvió a su lugar.

- Silencio Strider…- Kanaya caminó hacia él y le empujó los pies a un lado para poder darle una mano a Feferi – deberías hacerte cargo de tu hermano… – refunfuñó la chica mientras trataba de desenredar el cabello de Feferi y ésta lloriqueaba en voz baja - él sus amigos están apostando por ver quién es la que resulta vencedora… que inaudito…

- ¿Dave? – preguntó estúpidamente. Kanaya rodó los ojos por la obviedad - ¿Está ganando dinero y no lo comparte conmigo? ¡Maldito crío! - Dirk se levantó como rayó y salió corriendo hacia el grupo de personas que gritaba como enajenados. Atrás habían quedado sus zapatos.

- Pero qué desagradable…- en la cara de Kanaya se dibujó una mueca de asco y de una patada* mandó a volar los zapatos del chico.

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A veces era cansado ser la voz de la razón en medio de todos esos locos que se hacían llamar sus amigos. Pareciera que en ese justo momento era la única que podía poner orden ya que hasta Aradia se había prestado a tan bajo espectáculo. ¿Cómo podían rebajarse a actuar como bestias cuando en vez de eso deberían estar sentados, escuchando la ceremonia de boda a la que habían sido respetuosamente invitados y actuar como las personas civilizadas que se suponía que eran?

Qué horror…dejarse llevar por tan primitivos instintos… que desalmado, que vergüenza, que…

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- Hey chica linda ¿Necesitas ayuda?- le llamó una suave voz, dejando un pequeño suspiro acariciar la base de su nuca.

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Kanaya fue tomada por sorpresa pero al reconocer la voz, sonrió avergonzada y se giró hacia la persona que le hablaba.

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- Hola Rose… - contestó con una timidez que rayaba en la ridiculez, tanto que sin poder evitarlo se le escapó una risita tonta, producto de los nervios y la emoción. La rubia le sonrió de igual manera, con un ligero rubor en las mejillas pero con los ojos brillantes por la ansiedad nacida del hambriento deseo por tocarle.

- ¡Hola Rose!- saludó alegremente Feferi que no se daba por enterada que estaba haciendo un mal tercio.

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Fue cuando Rose se dio cuenta de que Kanaya no estaba sola y el hambre en sus ojos desapareció, para la mala suerte de Kanaya que no pensaba quedarse con las ganas. Empujó a Feferi hacia abajo como si tratara que la tierra se la tragara y la chica se quejó, pero Kanaya se hizo de oídos sordos.

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- Se me ha ocurrido una idea… – le susurró con aire sensual a Rose, quien recibió las palabras de Kanaya como una invitación a seguirle el juego.

- ¿Qué podra ser? – ronroneó muy cerca de su boca.

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Kanaya sonrió.

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- Tiene que ver contigo, conmigo… y con ese confesionario de allá.

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Fue entonces cuando la mirada de Rose se volvió nuevamente de ese intenso brillo que le encantaba a Kanaya y tomándola de la mano salieron casi corriendo hacia el confesionario en medio de risas cómplices y pequeños roces de sus manos. Para cuando Feferi se dio cuenta, se había quedado sola.

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- ¿Kanaya?... ¿Rose?... ¿Alguien?

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A todo eso el padre se mantenía en un estado de coma. Miraba atónito de un lado a otro como el recinto estaba hecho un lío pero extrañamente no se sentía mal. Tal vez un poco aturdido, pero no culpable. De hecho, en algún aspecto retorcido, parecía genial todo lo que estaba sucediendo.

Apenas habían pasado algunos minutos desde que había comenzado el caos pero de un lado a otro sucedían cosas que, hasta cierto punto, le llenaban de emoción e inspiración. Todavía era joven, era normal que viera con ojos diferentes lo que otros en su lugar y en su rango podían tachar de aberrante. Vamos, apenas era unos años mayor que el novio tirado a un lado, ¿Cómo no emocionarse por todo ese flujo de energía viciando el aire de ese antiguo edificio? ¿Cómo no sentirse atraído por todas esas historias desarrollándose frente a sus narices como si le invitarán a ser parte de ellas?

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- Esto es una señal…- susurró.

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¡Pero no! ¡Eso no era la puta señal que estaba esperando para cambiar su mediocre destino! ¡No, por supuesto que no!

Porque de la nada y ante las incrédulas miradas de todos aquellos dentro de la iglesia, el estruendoso ruido de una explosión los ensordeció por cuestión de minutos y las regias puertas de madera de tres siglos de antigüedad salieron volando hacia algún rincón del edificio, perforando las paredes de piedra y quedando atascadas entre ellas. El lugar entero se inundó de cenizas y humo, dificultando la visión y quemándoles los ojos hasta las lágrimas.

Fue como si la iglesia temblara desde el suelo hasta la punta de la cruz de cobre que se alzaba en la más alta de sus murallas; las personas estaban aturdidas, las que habían logrado ponerse de pie se tambaleaban graciosamente y los que estaban tirados en el suelo… pues seguían ahí, desparramados y desmayados.

Entonces sin que nadie pudiera enfocar la mirada con precisión, una silueta se dibujo dentro de la espesa nube de humo a la entrada de la iglesia. Por un instante se mantuvo inmóvil como admirando su obra y a todas aquellas criaturas inferiores retorciéndose en su miseria como las alimañas que eran.

La imponente presencia comenzó a moverse, escalando por los escombros con un aire de misterio inquietante. Las pocas personas que había recuperado el sentido de la orientación al darse cuenta que la sombría figura avanzaba lentamente pero con una fuerza devastadora hacia ellos, retrocedieron presas del pánico, teniendo aún presente en sus cabezas la historia de la iglesia embrujada. Si todavía quedaba algún escéptico entre ellos, era seguro que con lo que acaba de pasar dejaría de serlo.

La misteriosa presencia siguió avanzando y la gente retrocediendo a su paso, vociferando auxilio, ocultándose entre los escombros, resbalando al suelo por el terror. Entonces, al llegar a los pies del altar, las personas que minutos antes gritaban emocionados por la pelea de chicas, le abrieron el paso y salieron huyendo. Sin inmutarse, la figura comenzó a subir, peldaño a peldaño, de forma tortuosamente lenta, en dirección hacia las dos chicas que seguían en el suelo. Sus pisadas se escuchaban por todo el recinto y cuando detuvo su andar, todos los ahí presentes retuvieron la respiración.

Por minutos que parecieron eternos el silencio fue devastador. Hasta que de pronto, la misteriosa presencia alzó lo que parecía un brazo y la gente temió lo peor; atemorizados la gran mayoría intentó refugiarse de lo que vendría a continuación y sin poder hacer nada para salvar sus vidas, aceptaron su pronta muerte cerrando los ojos.

La espesa nube de humo comenzó a disolverse poco a poco y sólo los que habían tenido la valentía de mantener los ojos abiertos observaron con una mezcla de admiración y curiosidad como la gris figura tomaba forma y color.

Primero las piernas, los brazos, la cabeza… ¿El gorro de duende?

El primero en salir del estupor fue Tavros, que desde el suelo intentó pronunciar algo pero ningún sonido salió de su boca, como si no pudiera creer lo que veía.

La fantasmal presencia rompió con el sepulcral silencio del lugar, reclamando la atención que su sola presencia debía merecer; alzó su potente y varonil voz* para que todo el mundo oyera lo que había venido a augurar en ese nido de miedosas criaturas.

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- ¡Hola a todos! – saludo efusivamente, sacándole un gesto de incredulidad a más de uno.

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Quien hubiera creído que el terror viniera en un cuerpo tan delgado, con una sonriente cara y con una voz tan risueña como el aberrante cantar de aves a las 5:30 de la mañana.

¡Teman, teman por sus vidas patéticos intentos de organismos pluricelulares…

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- No es cierto…- logró articular Vriska, con el voraz deseo de darse un tiro y acabar con esa bizarra situación.

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…Porque John Egbert ha llegado!

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Fin del Capítulo 3.

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Pito*… Pues eso ¬_¬

Patada*…. Si, últimamente relaciono, hasta el cansancio, las patadas con Kanaya (Kanaya wiiiiiiiiiii)

Varonil voz*… cada que leo esta frase no puedo sacar de mi mente el doblaje que hace Octo de John y me parto de risa XDDDD

Por cierto Octo, para los que aún no estén enterados, es un chico que tiene un canal en YouTube donde hace doblajes de parodias de Homestuck ¡Es jodidamente genial el cabrón! Hace cientos de voces de todos – o casi todos los personajes – del cómic. Si les interesa pueden encontrarlo en su canal que se llama MasterYorgi. Tambien colabora su hermano que hace de Dirk y cuando Octo le da voz a Dave es asaskhdkjahdlasjdljs...me encanta escucharlos juntos X3

Pero bueno, ¿Qué les pareció?, por fin apareció el escuálido de John alias ventisca arrabalera, ventana alenaya, washa washa o como mierda que sea su nombre clave... uy, que sucederá a apartir de ahora...

¡Pero por todos los diablos! ¡¿Donde carajos está Gamzee?! T_T

...

¡Gracias por seguirle el fic y nos vemos en el próximo capítulo! (Emoción al 1000)

¡Kanaya te amo! XDDDDDDDDDD

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