Disclaimer aplicado.
.Incompatibles.
by lux Lunar
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Capítulo 3
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Niedliche haustier
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Empecé a actuar como nunca creía que lo haría con Matsuri.
La esperé afuera de su clase de idiomas para abordarla. La vi salir del salón casi dando brincos de felicidad y yo sabía porque estaba así.
Llevaba los audífonos. La llamé, pero no pudo escucharme. Caminé tras de ella cuando entró al sanitario. La encontré mirándose frente al espejo.
—Hey Hinata, ¿De dónde saliste? —Dijo quitándose los audífonos.
Se veía radiante, sonriendo. Ni siquiera parecía que recordara lo que habíamos hablado por teléfono la tarde anterior, sobre su cita con Gaara. Pero me convenía que no estuviera enfadada.
—Estaba yendo al laboratorio y te vi… Y, yo, quería decirte algo —dudé en lo que pensaba decir.
—¿Qué? —Se quedó seria, mirándome totalmente atenta.
Tenía un buen plan. De hecho, un magnífico plan. Debía de sonar coherente y creíble si realmente pretendía persuadirla.
—Es que… conseguí dos boletos para ir a ver El vampiro o la novia de las Islas, en la sala de teatro del centro, y como sé que es una de tus obras favoritas.
Cuando vi como sus ojos se expandieron en sorpresa, supe que mi plan estaba funcionando.
—¿El vampiro o la novia de las… Islas… —repitió con lentitud, sin poder creerlo aún— de James Planché?
Yo afirmé con la cabeza, sonriendo.
Chilló como una loca y casi me brinca encima cuando por fin salió de su incredulidad.
Lo sabía.
Matsuri amaba el teatro y la actuación. Su mamá me contó que desde pequeña juagaba a ser una actriz y que escribió muchos cuentos. Cuando la conocí, me dijo que estaba totalmente prendida a las obras teatrales de un dramaturgo británico, Planché. Una de sus fantasías, era interpretar a Lady Margaret, el personaje principal de su obra favorita.
—¡No lo puedo creer! ¡Siempre he querido ver esa obra! ¡Es mí obra! —No cabía de sorpresa.
—¡Lo sé! Apenas hoy que caminaba encontré el anuncio de la presentación y corrí a comprar los boletos —Mentí, realmente no había comprado nada, pero lo haría si la convencía de venir conmigo.
—Hinata, gracias —Me dio un apretado abrazo, sin poder contener la emoción y volvió a sacudirme por los hombros— ¿Cuándo es? ¿Es hoy? Tengo que pedirle permiso a mi mamá.
—No, no es hoy. Es para el viernes.
La cara de Matsuri cambió bruscamente a una de preocupación.
—No, no puede ser, ¿El viernes? P-Pero si el viernes es mi cita con Gaara…
Esta era mi oportunidad de sabotaje.
—¿Podrías posponerlo para otra ocasión?
—No, no. ¿A qué hora será? Tal vez pueda arreglármelas para poder ir a la obra sin perderme la fiesta.
—N-No lo creo, será a las diez. No creo que Gaara se enfade si no vas con él.
—¿Estás loca? —Me miró como si no entendiera nada, yo me sorprendí de su reacción— No voy a perderme esa fiesta por nada del mundo.
—Matsuri, creo que estás exagerando las cosas con Gaara, por que no sólo —-
—Tú no entiendes —Me miró de una forma que me hizo desconocerla por un momento—. A chicas como yo no les pasa esto nunca Hinata. No soy ni popular ni rica. No soy tan bonita como esas zorras que se creen dueñas de la escuela. Este tipo de cosas no me suceden nunca. No desperdiciaría a Gaara por nada, ni siquiera por James Planché.
—Matsuri —-
—Invita a alguien más —Cortó metiéndose en cubículo del sanitario.
Estaba perdiendo las esperanzas. Que Matsuri rechazara ver su obra de teatro favorita, era algo crucial y definitivo: no iba a poder persuadirla de otra forma mejor.
-0-
Me sentía totalmente derrotada. Matsuri no me había rechazado de esa forma nunca antes.
Entré a la clase de química en el laboratorio. Estaba tan distraída y ensimismada con mis pesarosos pensamientos, que ni me di cuenta de cuando entró el maestro al salón y empezó a escribir en la pizarra.
La clase era una algarabía total, como siempre. Pero ahora ni siquiera eso me incomodaba.
—¿Hoy vas a ser mi conejilla de indias?
Reconocí su voz y me topé con sus ojos azules a sólo un par de centímetros. Definitivamente esto sí me incomodaba.
—¡Naruto! —La chillona voz de Shion hizo que me tensara más— ¿Qué se supone que haces sentado allí?
—Nada. Sólo quiero estar cerca de la ventana —Dijo despreocupadamente.
—Entonces quítala a ella para que yo me siente allí, ¿No?
La miré confundida. Ahora él pensaba despojarme de mi asiento por un arranque de celos de la rubia.
—No, déjala. Hoy no me sentaré contigo —Soltó él de repente.
La clase se detuvo en un inminente silencio.
Las facciones de Shion quedaron casi estoicas y su rostro empezó a tornarse rojo. Yo no quería mirarla, pero no se iba de mi lado.
Sí, Naruto acababa de rechazar y ridiculizar a su novia frente a toda la clase.
Se escucharon los murmullos de algunos mirones alrededor. Nadie apartaba los ojos de la escena que la parejita de rubios estaba dando. Yo sólo quería que nadie se diera cuenta de mi presencia y poder desaparecer de allí.
—Señorita Fujimura, ¿Qué hace de pie? Busque un compañero y tome asiento, por favor —Le ordenó el profesor cuando se dio cuenta de donde se estaba centrando la atención de toda su clase.
Con toda la vergüenza que la rubia llevaba en la cara, tuvo que marcharse. Vi que se acomodó en el asiento de atrás con una chica delgada y pequeña, que obviamente no pertenecía a su círculo.
La clase comenzó y yo me sentí atrapada. Sí, estaba atrapada entre los ojos del Uzumaki y de su furiosa novia a unos asientos detrás de mí.
No me atrevía a mirar a Naruto. Sabía que estaba tratando de hacerme una mala broma con su estúpido comportamiento y no quería caer en su juego una vez más. Mucho menos frente a Shion.
—¿Puedes pasarme ese tubo de ensayo… por favor?
Temblé cuando casi me habló al oído. Me tomó desprevenida. Se supone que estábamos en media práctica de laboratorio y teníamos que hacer el trabajo juntos. En algún momento pensé que no iba a decir ni hacer nada y que todo lo tendría que hacer yo, pero estaba equivocada.
Cuando le di el pequeño tubo, su mano rozó con la mía y por la impresión, dejé caer el tubo con el líquido en la mesa.
Me puse de pie para no ensuciarme, pero fue tarde. Una gran mancha azul cayó sobre mi bata blanca.
—Oh, p-perdón.
Me disculpé nerviosa. Noté que él no hizo nada por ayudarme y me sentí peor.
—Señorita Hyuga, vaya a limpiarse y después regrese para continuar con la práctica —Me pidió el profesor.
Asentí y casi salgo corriendo del salón directo al sanitario.
-0-
Estaba exhausta. El simple hecho de tener que mantenerme a un lado de Naruto me hacía tensarme de sobremanera. Ahora que ya no estaba, podía sentirme relajada. Detestaba lo que él me hacía sentir. Me hacía sentir en asecho, vigilada, posesionada. De verdad que era agitante.
Tardé en regresar al laboratorio. Antes de llegar, él ya me estaba esperando en la puerta.
—Niedliche haustier, me hiciste esperar —Chasqueó la lengua, fingiendo estar aburrido.
—No tenías que esperarme aquí afuera —Dije sin gota de emoción, pasando a su lado para entrar a la clase.
Sentí como me tomó del brazo suavemente, jalándome a su lado.
—Hey, no quiero regresar —Sentenció mirándome fijo—. Sí tú entras y yo no, el viejito cascarrabias me va a poner falta. Eso no es nada bueno para mí, porque no quiero reprobar. Pero, si ninguno de los dos regresa, a nadie le va a importar, se supone que estas por allí quitándote una mancha.
Sonrió genuinamente.
Inesperadamente y sin preverlo, su sonrisa me atrapó. No sabría como describirlo claramente, pero vi como si una chispa destellante iluminara su rostro y sus facciones se forjaran a las de un niño pequeño. Nunca antes lo había visto sonreír así.
Aunque ya no sabía identificar si su gesto era real o si sólo iba a traerme más problemas.
—T-Tenemos que regresar —Quise persuadir y evitar su cercanía.
—A la mierda química. Larguémonos de aquí.
—No —Me resistí y me zafé de su mano—. Puedes irte tú si quieres.
Me clavó la mirada, fastidiado y dominante.
Ahí estaba el mismo Naruto de siempre, queriéndome doblegar.
—¿Todo el tiempo eres así de mosca muerta? —Fue despectivo.
Algo dentro de mí se comprimía cuando él usaba esas palabras ofensivas para molestarme. Detestaba que lo hiciera, no lo soportaba. Y no pensaba escucharlo una vez más sin hacer nada.
—No soy una mosca muerta y no me interesa lo que tú tengas que decir de mí.
Lo dije, sí. Lo dije y me sentí extrañamente más segura de mí misma. Repentinamente Naruto ya no era tan peligroso como pensé que era minutos antes. Él supo lo que yo sentía y pensaba, porque simplemente no pudo responderme inmediatamente.
—Tal vez no te importa lo que tenga que decir de ti, pero, ¿Qué tanto te importará lo que puedo hacer contigo?
Allí estaba otra vez ese gesto maldito y arrogante en su rostro.
No podía acobardarme, no ahora que había puesto mi propia barrera frente a él.
—No te tengo miedo. Ni a ti ni a tus amigos. Y no quiero problemas —Se lo dije mirándolo directamente sus ojos—. Simplemente, déjame en paz.
El azul de sus ojos quería atravesar el perlado de los míos. Mi cuerpo pensó en romperse ante él, pero yo podía controlarlo. Yo también era fuerte.
La puerta del aula se abrió, y allí apareció Shion.
La miré sorprendida. En cambio ella me echó un ligero y malhumorado vistazo, enseguida me ignoró. Pasó de mi lado rozando con mi hombro.
—Naruto, tenemos que hablar.
Él hizo un mohín de fastidio y se metió los dedos entre sus revoltosos cabellos dorados.
—¿Ahora qué? —Fue su seca respuesta.
Empezaron a caminar por el pasillo, alejándose de mí. Como si de repente yo no estuviera, ellos se perdieron en lo que empezó a convertirse en una incómoda discusión.
Regresé a la clase. El profesor ni siquiera se percató que Naruto y Shion no volvieron.
-0-
No quise volver a casa sin antes haber hablado con Matsuri.
La esperé en la salida. Vi como poco a poco todos iban dejando la escuela. Los coches lujosos conducidos por adolescentes con sus licencias recién salidas del empaque. Por ejemplo, Sasuke Uchiha manejando su mustang del año. A su lado, la peli rosada más engreída de la escuela; Sakura Haruno. El egocentrismo en dos caras bonitas.
La música de su coche se escuchaba a un kilómetro.
Petulantes.
Después de quince minutos en el sol y sin ver rastro de mi amiga, decidí regresar a la escuela a buscarla.
Esto era lo que menos me esperaba encontrar en ese momento.
Matsuri estaba sentada, charlando y riendo nada menos que con la princesa de la frivolidad; Ino Yamanaka.
Lo sabía, esto no estaba nada, nada bien.
Gracias por sus reviews. A las personas que se dan el tiempo de leer este fic y ponerme un review, realmente lo aprecio, me hacen feliz. Para un escritor de fics el review es como el combustible para continuar creando. Gracias nenas/es. Nos vemos en el siguiente...
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