. CAPÍTULO III . El país de la pasión .
Los años que siguieron a esos a Harry le parecieron eran estresante, ante sus ojos su familia envejecía —quizás no tan notoriamente considerando que recién tenía 24 y aun no alarmaba a alguien— pero él podía verlo porque lo buscaba en cada persona que conocía.
Ron asentó su voz finalmente y su cuerpo dejó de crecer, fornido como era, le parecía muy atractivo de ver. Hermione por otra parte formó curvas y si bien su cabello seguía indomable, ahora lo controlaba por la magnitud de su trabajo.
Sus jefes al comienzo lo miraban y dejaron de darle misiones importantes para medir su reacción, pero Harry nunca fue de quedarse quieto pero tampoco de ambicionar los puestos de otros como muchos pensaban que él era.
Por un año estuvo haciendo solamente papeleo hasta que llegó a sus manos una nueva misión en Escocia, pese a ser sencilla Harry agradeció salir tras el maldito escritorio o las salas de prueba, realmente estaba satisfecho.
Desde allí en más todo volvió a ser normal para él. Sus días, sus noches, sus salidas, las juntas, las misiones y las noches en su cama algunas frías, otras con un cuerpo caliente a su costado, Harry se maravilló de la vida que tenía, sobre todo reconociendo que si algo le enseñaron los íncubos era que el mundo tenía mucha gente para arrimarse solo a una, que cuando llegara el adecuado ellos lo sabrían.
Harry puso en marcha la misma ideología y nunca se sintió mejor románticamente.
No jugaba con sus parejas, siempre era atento y le gustaba salir con ellos, tampoco corría ante los pasos pero cuando llegaba la palabra "Te amo" y "Juntos por siempre" Harry manifestaba sus pensamientos con la mayor claridad y pasión que tenía.
Algunos se marchaban de su lecho, otros decidían quedarse hasta ver donde llegaba, dándose por vencidos meses después.
Harry no sufría por abandono, realmente se maravilló de lo mucho que había cambiado, y pensó que probablemente de ser auror había terminado casado —no que le viera lo malo, el matrimonio para el también era un logro que deseaba tener en algún momento—, pero verle la otra cara era bastante atrayente.
Harry era un amante, y como tal su cuerpo y mente respondía a sus deseos.
Fue el 17 de Marzo del 2004 cuando una misión tocó su mesa:
—¿Infiltrado? ¿En Italia muggle? —murmuró sin comprender a Magnus.
—¿Has leído todo el memorándum? —le espetó enojado por la perdida de tiempo.
—No, llegó a mis manos cuando venía hacia acá a entregar este informe y me lo puse a leer —puso rostro culpable y no que funcionara mucho.
—Típico de ti.
—Soy una persona de costumbres, señor.
Magnus sencillamente suspiro.
—No es normal, en los últimos años nuestro homólogo en Italia ha estado investigando desde hace tiempo a la mafia italiana muggle, antes era solo por el funcionamiento pero hubo un golpe mágico recientemente en el Puerto de Génova, queda cerca entre Niza y Piombino... Resulta que cuando fueron a investigar se encontraron con irregularidades.
» Nuestro homólogo italiano no puede hacerse cargo del trabajo porque al parecer el Ministerio es parte o posee un tratado que no pueden eludir, mandaron a los Obliviatores para solucionar el problema e hicieron la vista gorda.
» Italia le pidió a Francia cooperación pero al estar cerca se vieron con el mismo problema... El embajador de allá no confía en Alemania desde que tienen guerrillas.
—Eso se oye terrible —mafias nunca había sido un buen tema considerando que ellos poseían las mismas y muchas veces intocables por culpa del tratado con el Ministro muggle.
—¿Desde cuándo están allí?
—Según las investigaciones son 400 años aproximadamente, antes habían rencillas pero comenzó en su punto máximo desde allí. Tienen un sistema de familia y el puesto es heredado por sangre similar a muchas otras sociedades, pero quienes son participes de esta sociedad puede ser cualquiera que llame la atención.
—Conozco la base, pero aún no veo el punto de esto...
—Al parecer el impulso no fue causado por un muggleborn o algún ser mágico entre ellos, sino que fue por ellos a causa de su tecnología, algo que funciona con magia para muggles.
Y allí lo comprendió, eso sí era peligroso.
—¿Por cuánto tiempo?
—Indefinido.
—Bien... Me prepararé.
Ese día Harry tenía mucho en qué pensar.
Estar de infiltrado requería paciencia y sigilo, se lo habían enseñado apenas había llegado pero reconocía el filtro por el cual pasó.
Infiltrarse entre muggles significaba que uno poseía el conocimiento necesario para poder vivir allí, la mayoría de sangre pura y mestizos quedaban fuera de esto y siendo honesto había pocos muggleborn siendo inefables.
El segundo filtro era sin lugar a dudas la cantidad de presión y fuerza en campo de batalla, allí se limitaba aun más los magos y brujas que podían acceder a la misión, pero Harry no estaba pensando en eso, sino en cómo solventarla.
Hasta ahora no había tenido nunca una misión de tiempo indefinido y sabía que esas poseían restricciones y regalos por decirlo de algún modo. La puerta de su oficina se cerró tras de sí y comenzó a leer nuevamente el memorándum no dejando ningún punto escapar de él, habían pasado dos horas cuando terminó de leerlo y pensó sobre ella unos minutos más.
—Tengo que ajustar detalles —esa semana prometía ser laboriosa.
Lo primero que Harry debía hacer era un historial muggle, se había infiltrado en la red muggle para conseguir un historial médico —poniendo accidentes también para justificar la mayoría de sus cicatrices— y también un historial académico, tenía que ser consciente con su capacidad deductiva y reconocía que colocarse en una Universidad no tan llamativa podría alterar el aspecto que deseaba tener.
Sería un estudiante universitario de Oxford cursando su segundo año en la facultad de Lingüística, filología y fonética, había decidido congelar para tomarse un año sabático como alumno rebelde.
Después de ingresar a la base de datos —o mejor dicho, después de que el encargado en ello lo hiciera porque él no entendía en lo absoluto los putos números— tuvo que ir a confundir y hacer vida universitaria.
Después de unas memorias implantadas a todos sus profesores y 'amigos' —lo que tomó un mes más— recién pudo comenzar a ajustar detalles.
Su destino era la Costa de Ligur, concretamente el puerto de Génova donde la actividad había sucedido pero algo lo descolocó, Génova era una gran ciudad, la afluencia de gente era constante y si bien las playas eran un atractivo idílico también sabía que podía dificultar la citación.
Sí él fuese mafioso nunca colocaría su sucursal más importante allí, pero tampoco se iría tan lejos considerando que como era puerto su mercancía llegaba en ese punto antes de ser distribuída… Debe ser una comunidad muy cercana allí para una rápida respuesta si algo sale mal pero lo suficientemente lejos como para tener tiempo para escapar. De quince a treinta kilómetros era su rango.
Su oficina se llenó de mapas, y si bien no entendía ni un carajo de italiano comprendía los términos de medición. Harry perdió otro mes viendo cómo llegar, se dio cuenta que lo más sensato era apegarse a su realidad lo más posible, por ende sería un hijo de millonarios pero huérfano, quien después de tener una dura lucha con su educación y familia decidió darse un tiempo para él antes de terminar su carrera y comenzar a ejercer.
Óptima idea, de todas formas tendría que llegar, así que sacó pasajes por avión al Aeropuerto Cristóbal Colón, tenía una semana para finiquitar todo y avisar a su familia. Cuando sus maletas estuvieran hechas tendría que hacer todo a la manera muggle, ellos poseían ojos en todos lados.
Cerró Grimmauld Place, no le convenía tener su casa abierta porque sus amigos podrían ingresar y sabía muy bien lo que la curiosidad le hizo a un Gryffindor. Subió las salas dejando sólo acceso a sus elfos para que hicieran el aseo, tenían la orden —desde que se convirtió en inefable— de no admitir a nadie dentro de su casa mientras estaba afuera, de no dejar a nadie tomar sus cosas, de no dar información sobre su paradero pero muy por sobre todo de su estado.
Su pequeña casa de elfos —sólo contaba con cuatro, dos hombres y dos mujeres para evitar disputas— comprendió de inmediato y él a cambio les explicó que sólo podían aparecerse frente a él cuando los llamara, y si se trataba de una emergencia familiar tenía que esperar a estar solo, de otra manera cosas malas sucederían.
—¿Amo Harry llegará pronto? —Pippy, una joven elfina que tenía estampado el escudo de los Potter en su uniforme siempre estaba insegura de qué hacer mientras él no andaba allí dando órdenes.
—No, Pippy, es una misión de tiempo indefinido, eso significa que no sé cuándo podré volver. Ustedes tienen que hacerse cargo de la casa, que no se junte el polvo y arreglar cualquier desperfecto. El monto de galeones para inconvenientes estará abierto, no se olviden de comprarse comida y atender mis otras propiedades. Cuando arriende un departamento los llamaré para que se hagan cargo de él mientras no estoy —no es que fuera flojo, pero a medida que fue hablando pronto comprendió que no podía dejar a sus elfos allí sin hacer nada más que limpiar.
Era amable con ellos, se lo debía a Dobby, pero el lazo tiraba cuando ellos no tenían a su amo para cumplir caprichos o hacerle las cosas, por ende siempre hacía un poco de desorden por ellos, él era después de todo una persona a quien obligaron a no existir, cubrir sus huellas incluso ahora como Inefable, así que cuando salía del baño siempre lo dejaba completamente desordenado, al igual que su dormitorio.
Los períodos más felices de sus criados era cuando poseía pareja y esa se encargaba de hacer el desmán en su casa, Harry rió ante los recuerdos.
—¿Pippy, Limby, Oro y Fompy pueden visitar al amo cuando no hay nadie? —Fompy era su elfo más inquieto, siempre andaba saltando a su alrededor en busca de cosas que hacer o órdenes, por ende no le sorprendía que preguntara pese a la mirada horrorizada de los otros.
—Fompy no debería preguntarle eso a amo Harry —chilló Limby.
—No se preocupen. Ya saben que pueden siempre y cuando esté solo —recalcó por última vez —, me iré a despedir de los Weasley, ustedes bajen mis maletas y todo lo que voy a llevar para el viaje, llamé a un taxi así que necesito todo cerca. Los papeles sobre mi mesa también los necesito, no los rompan.
—¡Sí, amo!
Con los Weasley no fue mejor. Molly estaba llorando en cuanto le dijo que tendría que estar alejado por mucho tiempo quejándose de no haberle dicho antes, pero él sabía que sólo la hubiera tenido en su casa entorpeciendo su trabajo.
—¡Oh, querido! ¿Escribirás? No puedes darme estos sustos a esta edad, ¿siquiera me puedes decir dónde vas?
—Harry... Sólo cuídate, trataré con ella —un abrazo por parte de Arthur y se fue a perseguir a Molly por las escaleras. George lo miró incómodo, desde la muerte de Fred tomaba muy mal estar alejado mucho tiempo de sus amigos y familia, comprendía que era su trabajo pero misiones sin tiempo eran peligrosas aunque no supieran cuáles.
—¿Escribirás tú esta vez? —preguntó incómodo.
—Sí, me encargaré esta vez de las cartas. Gracias a Merlín siempre que uno tiene misiones como estas el Jefe nos da ciertas regalías —le sonrió para tranquilizarlo y al parecer lo logró, George había cambiado mucho en estos años, tenía risa fácil aún pero aún hay cosas que no puede tolerar.
—¿Llevas mi kit de explorador?
—Siempre.
—Cuídate, Harry.
—Lo intentaré.
Ron estaba de turno y Hermione trabajando, no vivían allí pero pasaban tiempo considerable de la tarde en su casa, mando saludos a la familia y se marchó de Londres para quizás cuándo volver.
—Es hermoso —habló en voz alta cuando pisó suelo italiano. La gente, calles, casas, todo era distinto, atractivo y realmente le gustó jugar de turista ahora considerando que tenía permitido sacar fotos —, ¡esto será maravilloso!
—¿Taxi, ragazzo? —no tenía ni puta idea de qué era ragazzo pero sí lo que era taxi, asintió y dio la dirección del Hotel en el cual se iba a hospedar hasta encontrar un punto para comenzar —... ¿Vacanze? —le volvió a hablar el hombre que conducía y Harry frunció el ceño.
Rápidamente miró el diccionario Inglés-Italiano que había comprado antes de responder:
—Mi dispiance, ho solo parlare inglese —dijo sin acento o mucha coherencia. Podía haber aprendido Italiano en dos meses con las clases que se dictan abajo, más unos cuantos hechizos y trampas pero realmente pensó que sería considerado de baja peligrosidad si aprendía sobre la marcha, además le gustaba cómo sonaba.
—¿Solo inglese? —volvió a hablar. Buscó la palabra solo y respondió con una de las primeras palabras que había aprendido:
—¡Giá! —el taxista se río e intentaron comunicarse nuevamente, era enriquecedor saber que no le quedaba de otra que comenzar a hablar y comprender a la fuerza el idioma, además él creía que era muy sensual.
El viaje demoró una hora con los atascos y lo lejos que quedaba su hotel, pero cuando por fin pudo pisar el suelo ya pudo formar algunas palabras que el señor le había dicho de buena gente:
—Mille grazie, signore
—Niente, bambino —tenía aspecto jocoso y a Harry le cayó bien.
Una habitación privada y comenzó a desempacar. Saco su libro en donde había comprimido sus planes para no atraer la atención y en otro lado un mapa de Génova que había comprado en el aeropuerto, ahora arreglaría los pormenores, mañana saldría a recorrer el lugar.
Lo primero que hizo fue familiarizarse con su entorno, no volvió a pagar un taxi o vehículo, sino que caminó tanto que le dolían los pies, pasó por santuarios, centros comerciales, museos, y cuánto lugar turístico pensó hasta llegar al almacén muy cerca del puerto en donde había ocurrido la explosión.
Para su buena suerte frente al almacén había un restorán pequeño que atendía una señora con sus hijas, ella entraba ya en los cincuenta años y su apariencia a Harry le recordaba a una de las amigas de tía Petunia pero con un aura más amable.
—La specialità Della casa, signora —aún hablaba torpe pero lo compensó con una gran sonrisa.
—¿Turista? —preguntó con una sonrisa, ya se había familiarizado con esa pregunta por lo cual contestó aún sin saber si estaba correcto:
—Inglese.
—¡Oh! Mira tú, en mis años locos fui allá huyendo de casa —habló suavemente, su acento poseía una fuerte pronunciación de su idioma natal pero le podía comprender, no era perfecto pero era mejor.
—¿Enserio? ¡Vaya! Yo vine de aquí por mi año sabático, nunca he salido de Gran Bretaña y mis amigos me dijeron que era un hermoso lugar.
—Mucha cultura —agregó ella anotando algo en el papel —, tu pedido pronto.
—Grazie.
Comió con gusto, tenía buena mano además de ser un plato para él ajeno.
No habían muchos clientes pero se veían que todos se conocían, cuando Harry estaba ya por partir le preguntó qué había sucedido con ese almacén, al parecer las autoridades aún no habían sacado nada del desastre y eso le llamaba la atención, sobre todo porque la gente no entraba ni salía.
—Oh, accidente de fábrica —dijo torpemente quitando la vista.
Ella sabe algo.
¡Merlín estaba de su lado! Había estado dos semanas en Italia y comenzaba a enojarse de no encontrar una pista, y luego comprendió por qué obviamente pese a ser un establecimiento pequeño, con poca clientela ella aún podía vivir.
Las personas allí visualmente no tenían ningún cambio, pero Harry podía sentir cómo sus auras variaron para estar alertas.
Tenía que conseguir información y al parecer algunos mafiosos sí hablaban otros idiomas.
—Oh, qué mal —la señora volvió a hacer contacto visual y sin miramientos le leyó la mente.
La noche estaba cálida al ser mayo, poco a poco los grados comenzaban a subir dándole la bienvenida al verano y la mujer estaba en su casa que quedaba sobre el restorán.
Se había trenzado el cabello y tenía una respiración fuerte presumiblemente por un problema de pulmón o algo parecido. No sentía nada extraño hasta que los ruidos comenzaron a hacer y la señora se despertó sobresaltada ante el sonido de balas.
Le gritó algo a las hijas que él aún no podía comprender, se hizo una nota mental de guardar la memoria hasta que pudiera pulir su italiano y volver a verla, y en el intertanto ella con sus dos chicas habían mirado por la ventana en busca del motivo por el cual estaban despiertas.
—... redada! —había memorizado las palabras que le interesaban, como redada, homicidio, suicidio, magia, jefe, y las ciudades cercanas a Génova para reconocerlas en esas ocasiones, era una buena táctica aunque no comprendiera ni un carajo lo que estaban diciendo en su totalidad.
—... ¡Llama al noveno, Alessia!
—¡¿Mamá...está?
—Arenzano...base... vacaciones...
Inmediatamente después Harry vio el destello y cómo la magia se esparció para luego reducirse, para cuando la memoria avanzó el fuego ya estaba en lo alto.
—¡Por Dios!
Se retiró de inmediato y le sonrió.
—Muchas gracias, señora. Ha estado muy rico.
—¿Dónde irás ahora? —obviamente quería saber sus pasos, y pensó por un momento, no le convenía ir de inmediato a Arenzano, y pensó que podría hacer más investigación mientras miraba por alrededores.
—Ya he estado dos semanas aquí, creo que me iré a las costas, partiré por Lerici.
Ella le sonrió, pagó en lire* la suma. Caminó cansado pero feliz, obtuvo lo que quiso.
Si no hubiera sido una misión Harry se hubiera tomado más tiempo viajando por Italia, pero su estadía máxima era de dos semanas y recorría todo lo que podía. Su fuente básica de información siempre eran puertos, bares circundantes y grandes discos en las cuales con unos tragos algo de sexo y un Obliviate después solucionaban las cosas.
No es que su captor olvidara la noche que tuvieron, Harry nunca haría eso, sino que la conversación que tuvieron en el intertanto, además habían buenos chicos y chicas con las cuales repetir.
Junio 10 llegó y con él trajo el calor inicial del verano, Harry ganó un sutil bronceado que se le quitaría en cuanto no le diera sol, pero disfrutó de ir a la playa, nadar y sacar fotos, después de todo más de una vez se topó con mafiosos que lo vieron preguntando cosas que no debería preguntar, siendo extranjero y turista quitaba muchas sospechas.
Siendo ya 14 del mismo mes supo con certeza dónde estaba la base central, Arenzano era una pequeña comunidad —comparado con Génova—, pero a cinco kilómetros de allí había una gran mansión en un acantilado, la base de la familia Vongola —según sus investigaciones— la cual estaba dirigida por el noveno (que se llamaba Timoteo)
Según tenía entendido tenía setenta años y poseía un bastón con el cual iba a todos lados, le recordó vagamente a Lucius Malfoy.
Para ingresar a la mansión se escogía un sendero que estaba cerrado y con vigilancia —sublime, debía admitir, si él no estaba buscando específicamente ese lugar no se habría dado cuenta—, pero Arenzano era una comunidad bastante feliz pese a lo que pensaba. Tenía una vida nocturna bastante encendida y si bien con regularidad podía ver a hombres de trajes salir y entrar, no le sorprendía en lo absoluto por cómo se reían.
Correspondía admitir que el antepasado de los Vongola tenía buen gusto. Pese a lo que él pensaba, no se hospedó en un departamento o residencia cerca del mar, sino que subió un poco y rentó en un condominio departamental, en el piso más alto que pudo conseguir.
La vista divina del mar lo golpeó. Caminó por el balcón y sintió el olor llegar, lo mareó por un segundo y pensó que pese a todo lo que había hecho en estos casi dos meses fuera de casa y su misión lo estaba pasando bien.
—Hora de desempacar —hablaba para sí, tenía la sensación de que había cámaras instaladas allí así que las aturdiría un poco e incluso si podía sacaría el resto —, es una buena cosa esto, ya que realmente arrendé este lugar por un mes —por contrario él admitió que esperaba ser más —mínimo tres meses— pero probaría este mes a ver si le gustaba, para asegurar la estadía el tipo le dijo que podía aceptar cambios no invasivos e incluso pintar unas paredes si era de su gusto, eso significaba que podía mover los muebles o incluso cambiarlos —según el contrato— aunque tenía que avisar para que alguien fuera a recoger lo que él no quería porque cuando se fuera se llevaría los muebles.
Pudo desechar tres cámaras y cinco micrófonos, los demás estaban demasiado rebuscados para que pudiera sacarlos por lo cual sólo los aturdió con un poco de magia y el sistema. Por suerte pudo sacar todos los que estaban en su habitación, pero no los de la sala, cocina o zonas más públicas.
Para cuando terminó la semana tenía una casa ideal y había recorrido con bastante tranquilidad la ciudad, pensó que ya era hora de obtener un trabajo de medio tiempo para poder conseguir información y camuflarse, la sorpresa le llegó cuando solicitaban un mesero de medio tiempo siendo su horario de lunes a domingo.
Mejor aún.
—Mi scusi —dijo ganado algo de valor —, io posso avere lavoro —agregó torpe y demasiado separado. El señor se le quedó mirando fijamente, dudando de él a cada paso:
—¿Da dove vieni, ragazzo? —espetaba tirando el paño sobre la barra y comenzar a limpiar, había poca gente pero sabía que algunos estaban escuchando.
—Londra, Inghilterra.
—¿Londres? ¿Y qué hace un chico lindo como tú en un lugar como este? —el sonrió sentándose enfrente del tipo, algo le decía que debía ganarse el permiso y sus instintos nunca fallaban.
—Oh, me tomé un año sabático. Estoy estudiando pero después de un tiempo decidí ser un poco rebelde así que congelé mi carrera y decidí viajar. Nunca antes había salido de Gran Bretaña por lo cual quise tomarme el tiempo. Estoy en Italia desde hace dos meses y pese a que me gusta ser turista también se me acaban los ahorros —su sonrisa era fácil y sus movimientos lentos, el señor lo miró unos segundos antes de tomar una botella y servirle una copa:
—Cuéntame más.
Fue una buena noche pese a todo, él sabía que los turistas no tenían peros a la hora de contar su vida a un desconocido, esencialmente porque era raro que lo encontraran nuevamente, así que comenzó con su carrera, sus amigos, su vida en un internado, los romances, sus padres, su edad... Todo.
Y poco a poco, Cicero (como se llamaba el dueño del local, fue cediendo). Él era un hombre de esfuerzo, su padre había dejado a su madre cuando estaba esperando, ella trabajó toda su vida por ser de clase baja y cuando tuvo la edad suficiente para cargar cosas comenzó él.
A los dieciocho su madre murió en el sueño y él se quedó solo, era realmente trágico pero tras unas rencillas, la mala vida, la buena vida y cosas que él calificaba como mafia pero Cicero como "la vida" llegó a Arenzano. Con el poco dinero que le quedaba abrió un bar y un amigo lo ayudo —probablemente uno de la familia Vongola—, al poco tiempo comenzó a irle bien y comenzó a amar la comunidad, quedaban algo alejados de la zona central pero era realmente hermoso la vista de sus playas.
Eran ya las 03:00 AM cuando el alcohol recién comenzó a surtir efecto en él, ambos estaban contando anécdotas juveniles y él —aunque sin intensión— tuvo una adolescencia bastante rebelde.
—¿Y te escapaste?
—A media noche, tomé los caballos con mis amigos y nos fuimos a Londres. ¡Fue toda una travesía!
No paso mucho tiempo cuando Cicero lo miró fijamente en la noche.
—Está bien, ragazzo, te daré el trabajo. Ya sabes, lunes a domingo pero no es horario completo así que podrás salir a veces por la mañana, tarde o noche donde quieras... También trabajaremos en ese acento horrible que tienes. Mañana a las 12:00, no te olvides.
Con una gran sonrisa Harry asintió y salió por la puerta dando tumbos. Había bebido más de lo recomendable pero obtuvo lo que quiso.
Cuando llegó a su departamento se hecho a la cama y a dormir.
Julio 30, 2004, Arenzano-Génova, Italia.
Harry río escandalosamente, lo cierto era que lo estaba pasando de puta madre, los italianos sí sabían cómo festejar.
Era la noche de su cumpleaños y en cuando Cicero lo supo declaró barra libre hasta las 02:00 AM, la gente que estaba metida allí vitorearon, Harry era una persona de broma fácil, con un gran sentido de compañerismo y muy diligente por lo cual después de las miradas feas o pequeñas rencillas se pudo a ganar a la gente que venía allí a celebrar, sobre todo con su apariencia de no rompo ni un plato.
De vez en cuando vendrían un grupo de cuatro con trajes negros al igual que corbatas, según su explicación a su pregunta "Todos trabajamos para la misma empresa", debido a eso los veía más con ropa normal por su estadía.
En estas pocas semanas había podido conocer a un montón de gente, partiendo por Cyrano (hijo de Cicero) quien estudiaba medicina y venía cada fin de semana a ver a su padre y ayudarle, no sabía qué había pasado con la madre de él pero fue sabio al no preguntar.
Uzeil era el otro mesero que trabajaba allí, si bien había mujeres en el grupo llevar a una chica allí era más un caos que solución, sobre todo con Enrico quien era un caza doncellas empedernido.
Siendo recién las once la bebida pasaba al igual que los chistes y regalos que le fueron llegando, si era honesto no esperaba mucho de ellos considerando el poco tiempo que llevaba, pero Luna siempre le decía que subestimaba el poder de su sonrisa y ojos —sobre todo que ahora estaban más brillantes—, por lo cual cuando Cicero le entregó su regalo diciendo que no podía abrirlo hasta media noche Harry se lo agradeció tanto.
—¡No me hagas decir mariconerías, bambino! —le chilló en inglés para después irse a lavar los vasos limpios, Harry sencillamente sonrió y no dijo nada.
Para su suerte ese año su cumpleaños caía viernes y en el bar no rendía para otra persona más, los cocineros —Primo y Spiro— cada tanto le traían un postre que se hizo favorito para él, se lo comía con regocijo y siempre alabando la mano de Mayo, la rechoncha señora que lo hacía que le recordaba a la señora Weasley.
—De nada, chico, ahora vuelve a tu fiesta o las bestias esas ingresarán aquí —con el tiempo Harry pudo seguir una conversación cuando le hablaban pausado y palabras que él ya conocía, y salió de la cocina cargando una nueva orden de platos yendo a la mesa de Zander, un chico que en cuanto lo vio "cayó enamorado" según su jefe.
—¡Oh bella mia! —le gritaba en cuanto lo veía —, cargar esas cosas tan pesadas con tus frágiles brazos —y exagerado.
El de cabellos oscuros se corría cuando aquellas manos errantes tocaban partes de su cuerpo no admitidas para personas sin su interés, no es que fuera cínico pero acostarse con Zander pese a que era atractivo produciría tenerlo en su departamento la mayoría de los días y siendo tan extremista como se había dado cuenta siquiera pensó en hacerlo.
Igual lo pensaría dos veces, una noche algo bebidos se le ocurrió tener sexo con Rhys y pese a ser un hombre de veintiocho y con buen cuerpo, ojos atractivos y definitivamente buen sexo sólo hizo falta unas noche para que el grupo se enterara por completo y las bromas no pararon hasta que Rhys se consiguió novia.
Al parecer ser el pasivo le afectó aún más, aunque Harry nunca les dijo eso a ellos, considerando que era mayor tal vez pensaron que sería al revés.
Harry prácticamente tiró los platos en la mesa y salió corriendo agitando sus cabellos en su frente, Zander realmente jugaba con su paciencia.
—¡YA VA, BESTIAS, SON LAS 02:00 Y VAN A TENER QUE COMPRAR SUS PROPIOS TRAGOS ANIMALES! —un coro de gemidos y su jefe comenzó a gritar que ningún trago quedaría gratis.
Al poco tiempo le trajeron una inmensa torta que estuvo más que encantado para repartir y pudo por fin abrir sus regalos, algunos más aptos que otros, pero no pudo evitar reírse.
Esa mañana se había despertado con nostalgia pensando que no podía pasar su cumpleaños siquiera con sus amigos, ahora realmente se sentía como en casa, sobre todo cuando Cicero lo abrazó por un rato y siguió trabajando.
—¡A trabajar, chico, que este día no te lo daré gratis!
Todos se rieron.
Reborn acababa de llegar a la base, el encargo había sido tedioso sobre todo porque los chinos siempre ponían peros en el monto o la mercancía, después de darle al Noveno su informe pensó que sería una buena cosa ir a tomarse algo en el bar de Zeus, realmente uno muy fuerte le serviría ahora y quién sabía, tal vez alguno de sus compañeros quisiera hacerle el favor e irse con él a soltar estrés, a solo dos cuadras pudo escuchar el ruido ensordecedor, la risas y los tachos chocar, cuando pudo abrir la puerta vio cuán lleno estaba.
—¡ATRÁS BESTIAS, DEJAD LAS BOTELLAS ALLÍ! ¡Uze, UZE CON UN DEMONIO!
—¡Voy!
El bar siempre estaba tan ajetreado y la sublime fragancia de alcohol y cigarro entró por sus fosas.
De reojo pudo ver a un chico que entraba y salía de la cocina trayendo platos siendo perseguido por el idiota de Lombardo y llegó a la mesa donde se encontraba Gino jugando cartas con Xenos y Donatella.
—No te veíamos hace mucho tiempo, Arcobaleno.
—Chinos, tan estresantes como siempre.
—Supongo que todo fue bien.
—El jefe tendrá que decir eso. Sírveme —póker siempre servía para aligerarlo un poco, pero escuchar el ruido de risas e insultos también sinceramente su casa era un poco rara.
—¡Harrito! —escuchó gritar Gino —, ¡Harrito! —Reborn lo miró arqueando una ceja. Se ajustó el sombrero y miró como Gino miraba a otro lado buscando con la vista algo.
—¡Voy! ¡Con un demonio, suéltame! —pudo oír más risas y frases como "los insultos es lo primero que se aprende aquí, somos mala influencia", Wendell tenía razón.
De entre el mar de personas apareció un mesero, uno que no conocía. Llevaba un delantal que se afirmaba en sus caderas y una libreta entre sus manos al igual que el lápiz.
Sus mejillas estaban sonrosadas, estructura ágil, 1.72 —bajo para ser hombre—, cabello largo que caía en algunos rizos dependiendo de la zona, pero ocultaba parte de su frente.
Tez blanca, nariz respingona, facciones fuertes y cuando miró los ojos juró que nunca había visto unos más verdes... El pobre verde quedaba sin ser verde al lado de eso.
—Hasta que llegaste.
—Zander es molesto, no me deja en paz —la mujer a su lado rió. Omitió ese hecho y se dedicó a analizar el acento... Demasiado duro para ser italiano, hablaba pausado y le costaba pronunciar ciertas palabras, no le costó mucho pensar que era extranjero y en trabajo de verano.
—Hablaré con él más tarde… ¿Me traes otra ronda?
—Yup —y se marchó de allí.
Reborn esperó hasta que su compañero y amigo levantara sus cartas para poder preguntarle.
—¿Y el chico?
—Turista, pidió trabajo y Cicero se lo dio, es bastante simpático.
Diez minutos después y el chico volvió a aparecer, Reborn no pudo evitar alzar la quijada cuando vio un vaso ponerse delante de él y se sirvió un trago. Arqueó una ceja cuando pudo toparse con esos ojos y el chico sólo sonrió:
—He visto esa mirada —pronunció entrecortado antes de seguir en su idioma natal, pensó que tal vez por su traje costoso él conocía el idioma cosa no muy alejada de la realidad —, día de trabajo duro con un montón de idiotas a los cuales tienes que besarles el culo aunque lo único que quieres es mandarlos a flotar... Tienes cara de querer algo fuerte.
El agua ardiente se quedó en la mesa y su amigo de cabellos castaños se rió.
Reborn miraba al chico por la espalda... Tenía un buen trasero.
Y volvió a mirar el juego, Donatella al parecer también quería liberar estrés por cómo movía sus piernas debajo de la mesa. Sería una buena noche.
Realmente agradecería que comentaran, no sé si os gusta o no la historia
ni tampoco dicen mucho acerca de lo rara que es, me siento que escribo
para una pared xD
* Lira | Lire: Moneda Italiana. Lira es el singular y el plural es Lire.
No se olviden que en mi perfil hay información sobre este fanfiction, pueden seguirme en Livejournal que es donde subo las guías o DeviantArt.
