¡Hola! Sé que me vais a regañar porque me retrasé, pero es que tengo otros dos fics y no puedo actualizar últimamente tanto como quisiera, lo siento. Pero bueno, ya estoy aquí^^, empezaré respondiendo a los rewiews.

Reviews de la introducción:

- Luna-Maga: Gracias por tu apoyo. Siempre lees mis fics y me dejas rewiews, lo que es de agradecer y no sbes cu´nto, así que no tengo palabras para decirte lo mucho que te debo, de verdad. Espero que te guste algo más que el nombre y continúes con la lectura^^.

- Cerezo - Oscuro: Verás, ahora mismo tengo tres fics en activo, y no te preocupes que los continuaré, aunque no puedo decir lo mismo de mis anteriores historias ¿el motivo? Las escribí hace años (5 años atrás, creo), cuando aún no tenía tonta experiencia y la verdad es que no me gustan ya el modo en el que narraba, para qué mentir. Pero te aseguro que no la abandonaré, te lo prometo^^.

- LizziTTA: Bueno este es un nuevo cap y aquí explicamos más ¡no seas impaciente! Gracias por seguirme.

- Señora Malfoy: Gracias por el cumplido y por dejar rebién^^, es de agradecer el esfuerzo que te tomas por seguirme, gracias de verdad.

- Chiqui33: De momento, Malfoy no es un vampiro, pero lee y resolverás el enigma.

- Zareth Malfoy: Habrá de todo un poco, pero todo depende de los episodios del anime, y del manga, ya que la serie está incompleta, pero algo habrá de lo que pides, no te impacientes ¡Besos! Y mil gracias por leerme.

- Linne Malfoy Cullen: Acá tienes la continuación, espero que no defraude tus expectativas ¿si? Besos y gracias.

- Azul: Me ha encantado tu review me dejó por las nubes el ego. Espero que no te desencante con la historia y que sigas leyendo.

- Shey: Y yo que me alegro, a ver si opinas igual con esta nueva entrega y no me matas ^^U

- Sealiah: El anime es genial, espero que lo disfrutes y que eso no signifique que dejes de lado este fic, aunque lo cambiaré un poco conforme vayan pasando los caps 8como este, por ejemplo). Si quieres que hablemos de libros agrégame a tu MSN y así te digo algunos títulos que me interesan, aunque admito que yo leo de todo aunque no todo me guste, soy así de obsesiva jaja.

- Sheccid Malfoy: Bueno sigue dejando rewiews y yo sigo escribiendo, que me animas^^

- Elianela: ti te lo digo en persona, hala, por mala ajajá.

Reviews 1º Capítulo:

- Sealiah: Verás, entiendo tu duda, pero es que en el original, Zero me parece un personaje oscuro, que oculta cosas, algo así como Malfoy, y me recordó un poco incluso en el carácter. Y sí, juegas con ventaja pero mejor ni digas nada, así mantenemos la duda hasta el último momento jiji. Besos y gracias.

- Shey: Algo de eso hay, sí, pero mejor lo lees y así sacas tus conclusiones, y no te desbarato parte de la trama jaja. Gracias.

- Luna-Maga: Bueno, aquí te enterarás de todo, aún así ¡tienes una imaginación desbordante!¿no escribes? Inténtalo, creo que podrías hacer algo interesante. Besos y gracias por tu rebién, en serio.

- Rocio: ¬¬ Sin comentarios hermanita, sin comentarios… ya te ludiré en casa de mamá.

- Señora Malfoy: Ten en cuenta que si me matas no hay historia ¿eh? Jajaja creo que sería la peor opción. Besos y gracias por tu rebién.

- Elianela: ¬¬……… te lo digo por MSN jajá jajá ¡chinchate!

- Chiqui33: Y yo solo tengo una para ti: Gracias ^^.

- Lizzita: Siempre me lío con tu nick ajajaja. Bueno lee y descubre por ti misma. Besos.

- Zareth Malfoy: Intentaré hacerlos más argos, pero no le pidas peras al olmo, lo siento ^^U. Pero este es mas larguillo ¿eh? Alguna recompensa me mereceré ¿no? Jajajaja Besos nena, espero que sigas leyendo.

- Eli Granger malfoy: Shiki aún no aparece, pero me alegra de que hiperventilaras tanto ajajá. Tú sigue con tus fics, y mas te vale que pronto ¬¬.

- Little Granger: Gracias por el rebién y por caer de "casualidad" en uno de mis fics. Espero que te siga gustando mi forma de escribir y no te decepcione. Besitos.

Queridas amienemigas: No hiere quién quiere sino quién puede…

Y ahora ¡a leer!

Vampire Knight: Capítulo 2

Bip - Bip - Bip - Bip

La alarma de mi varita sonaba insistentemente desde mi mesilla de noche, taladrando mis tímpanos con cruel puntualidad. Me revolví entre las sábanas y palpé a tientas, sin abrir los ojos todavía para alcanzarla. La empuñé sin fuerzas, aún con el sueño metido en el cuerpo, y murmuré el contra hechizo para que aquel sonido diera a su fin. Entreabrí los ojos con pereza, y observé que el reloj de mi muñeca marcaban exactamente las cinco de la mañana.

Faltaban tres horas para que todo Hogwarts despertara, pero lo había programado de ese modo para que me diera tiempo a realizar todas mis tareas sin levantar la más mínima sospecha antes de la salida programada a Hogsmeade por el día de San Valentín. Descorrí el dosel con lentitud, y observé con alivio que mis compañeras de habitación continuaban durmiendo, ajenas a mis movimientos y el sonido de mi varita.

Me puse en pie, descalza como estaba anduve por la moqueta hasta mi baúl, donde mantenía a salvo mis pertenencias en orden y me hice de todo lo necesario para darme una buena ducha matutina. Estaba ya por salir de la habitación cuando un murmullo a mis espaldas hizo que diera un respingo.

- ¿Dónde vas a estas horas?

- ¡Por Merlín, Lavender, me has asustado!

Lavender Brown era mi compañera de habitación, y junto a varias chicas más de otras casas formaban un grupo conocido como "El club de las brujas cotillas". Sabían de antemano todo lo que se cocía en el colegio, y a veces me impresionaba que todavía se mantuviera oculto el hecho de que vampiros y humanos danzábamos por los pasillos de Hogwarts sin el menor reparo.

- No has respondido a mi pregunta ¿qué te traes entre manos? - se frotaba los ojos con insistencia y bostezaba repetidas veces, muestra clara de que aún no había descansado las horas suficientes.

- Voy al baño de los prefectos a darme una ducha, y luego tengo reunión en el despacho del director, ya sabes, hoy es San Valentín y tanto la clase nocturna como la diurna tienen permisos especiales para visitar Hogsmeade - le sonreí con vehemencia, intentando que mi nerviosismo no tomara el control de la situación - Los prefecto tenemos que organizarnos para que no haya un desbarajuste.

- Ah - parecía que se lo había tragado, así que volvió a cerrar el dosel de su cama y en pocos segundos un sonido gutural me indicó que de nuevo roncaba.

Sabía que no tenía porqué darle ninguna explicación de lo que hacía o dejaba de hacer, pero no podía negar el hecho de que habría sido un craso error largarme de allí e ignorarla, ya que aquello hubiera dado para toda una semana de chismes y rumores procedentes de Lavender y sus amigas, así que mejor andar de buenas con ellas sino querías estar en boca de todo el colegio.

Salí por el retrato de la dama gorda con sigilo y una ola de frío recorrió toda mi espina dorsal. Mierda, olvidé mis zapatillas en el dormitorio. Genial, Hermione. Anduve por el corredor durante unos minutos, torcí a la derecha, luego a la izquierda, bajé dos pisos y entré en el baño de los prefectos con la gata de Filch pisándome los talones.

- Chocolate con Menta - recité de memoria y entré con rapidez, antes de que la Señora Norris diera conmigo. Dentro hacía un calorcito agradable comparado con el exterior, y todo estaba ordenado, como siempre; los grifos resplandecían bajo la tenue luz de las velas, y en el cuadro que presidía la estancia dormitaba una sirena, acomodada en una cama hecha de algas en una esquina del lienzo.

Ahí estaba la piscina, toda ella rodeada de grifos iguales con diferentes aromas. Empecé abriendo los que estaban más cerca, para aspirar el dulce olor de cada uno. Siempre que me duchaba en el baño de los prefectos tenía que repetir lo mismo una y otra vez, porque continuamente los grifos cambiaban de lugar. Un día la canela estaba en un extremo y al otro se situaba en el centro tirando a la izquierda. La verdad es que era bastante aburrido, pero era mi día de suerte, porque nada más abrir la quinta llave de mano di con mi aroma favorito, con el cual impregnaba mi piel diariamente: Vainilla. En pocos minutos la tina enorme estaba llena hasta rebosar de pequeñas burbujas color crema que expedían el soporífero perfume.

Me relajaba utilizar aquel baño a solas, bajo la tenue luz sibilante de las velas y como único espectador aquella sirena que ahora soñaba entre las olas de su propio mar. Me vestí de manera informal (cuando visitábamos Hogsmeade, el director nos permitía aparcar el uniforme a un lado en el baúl) con vaqueros y un jersey de escote en V en un tono malva claro, regalo de Remus en las navidades. Dejé mi cabello suelto, extendí la poción alisadora y luego con una floritura de varita lo sequé, quedando completamente lacio y cayendo en cascada hasta la mitad de mi espalda.

Doblé mi camisón, la ropa interior y guardé todos mi utensilios en el neceser, no sin antes colocarme un brillo de labios; luego llamé a una elfina doméstica, y con amabilidad le pedí que llevara todo a mi dormitorio, en la torre de Gryffindor. Cuando ya estuve lista salí del baño de los prefectos y me dirigí con paso decidido rumbo a las cocinas. Le hice cosquillas a la pera del frutero, y cuando la puerta se abrió una bofetada de olor a dulce, pan y jugo de calabaza hizo que mis entrañas rugieran con fiereza.

- ¡La señorita Hermione bajó a las cocinas, bienvenida señorita Hermione! - exclamó un elfo doméstico ataviado con numerosos gorros de diferentes tamaños y colores. Sus manos estaban cubiertas por un calcetín de cada tipo, y los pies enfundados en unas botas de agua rosa chicle.

- Hola, Dobby - le saludé, alzando la mano y dedicándole la mejor de mis sonrisas - Tengo que pedirte un favor - luego recapacité - A decir verdad, son dos.

- ¡Dobby está muy feliz de ayudar a la señorita Hermione, señorita! - saltaba de emoción a la vez que aplaudía con jovialidad - ¡Dobby hará todo lo que la señorita ordene!

- Yo… - dudé unos instantes, la verdad es que siempre me resultaba incómodo e incongruente aquella servicialidad por parte de los elfos - Quiero desayunar y… bueno… - estaba roja como un tomate, lo sabía por el calor sofocante que sentía subiendo hasta mi rostro - Me gustaría hacer bombones.

- Dobby le servirá a la señorita Hermione el desayuno, señorita, y conseguirá los ingredientes necesario para que la señorita haga los dulces que desee, señorita.

Con un chasquido de sus dedos como garras, el elfo doméstico hizo aparecer frente a mis ojos un mantel cubierto de zumo de calabaza, tostadas, crepes, tortitas y sirope de caramelo. No tardé ni diez minutos en dar cuenta del desayuno, sentada en la gran mesa de madera con los ojos como pelotas de tenis de Dobby fijos en mí, al borde de las lágrimas cuando le comenté lo delicioso que estaba todo.

Al siguiente chasquido de dedos, el desayuno había sido sustituido por tabletas de chocolate, cuencos, paletas, harina y demás utensilios e ingredientes de cocina necesarios para hacer el más rico chocolate del mundo mágico.

- Bien - murmuré, extrayendo de mi bolsillo trasero del vaquero una receta escrita en pergamino - Pongámonos a ello.

Estuve una hora y media imbuida en chocolate, literalmente hablando, y otros quince minutos limpiando aquel pandemónium. Dobby intentó en más de una ocasión arreglar todo el desastre que estaba formando, pero me negué en rotundo: Quería hacer esos bombones yo solita, sin terceros, para entregárselos a Krum en nuestra visita a Hogsmeade en señal de agradecimiento. Conseguí exactamente moldear siete bolas de quidditch, pero tan solo una estaba lo suficientemente aceptable para comerse.

- Soy una inútil - mascullaba entre los pasillos de la escuela, ya abarrotados de alumnos listos para partir hacia la excursión al pueblo - Ni siquiera soy capaz de cocinar decentemente.

Envolví el bombón de chocolate en papel de regalo y lo introduje de nuevo en el bolsillo de mi abrigo, dónde una caja escondía los bombones que finalmente Dobby tuvo que hacer con rapidez para sacarme del atolladero. En fin, al menos Krum obtendría su regalo sin acabar intoxicado por mis bombones... aunque no sabía con exactitud si los vampiros podían acabar en cama enfermos.

Bueno, no iba a ser yo la que lo descubriera.

******

- San Valentín es una de esas fechas que tanto humanos como vampiros celebran con una excursión al pueblo en paz y armonía - Remus Lupin nos observaba a uno y a otro, con aquella mirada dorada resplandeciendo bajo el sol invernal - Sobra deciros que confío en vosotros para que no haya ningún ¿cómo llamarlo? Ah, sí, percance.

Nos encontrábamos en la entrada de Hogsmeade, y todo el alumnado ya estaba desparramado entre las callejas del pueblo en busca de dulces, cervezas de mantequilla y citas románticas. Sólo quedábamos Malfoy, mi padre adoptivo y yo, que nos daba instrucciones de cómo no armar un escándalo si aquello se salía del patrón acordado con Krum.

- Todo esto es absurdo - se quejaba Malfoy a mi lado, con los brazos cruzados y el abrigo negro abotonado hasta el cuello, dejando que su cabello rubio llamara toda la atención - No habría ningún problema si tú optaras por anular esta fiesta estúpida, Lupin.

- Vamos, Draco, no puedo hacer eso - exclamó el director haciendo una mueca divertida, y con gesto teatral añadió - ¿Qué harían entonces esas alumnas alocadas enamoradas de los chicos de la clase nocturna? - se estremeció inconscientemente - ¡Acabaría muerto por los Avadas de unas adolescentes atacadas por la fiebre hormonal!

- Es hora de irse - interrumpí, temiendo que se repitiera la escena del día anterior, cuando Malfoy había hecho un infructuoso intento por atacar a mi padre adoptivo. Tiré de la solapa de mi compañero, que apenas se tambaleó - Todavía tenemos que recorrer todo el pueblo para ver si todo está en orden.

- ¡Puedo andar solo Granger, no tienes que tratarme como si fuera tu mascota! - me apartó de un manotazo, y yo refunfuñé por lo bajo adelantándome unos pasos, haciendo oídos sordos a la efusiva despedida que me prodigaba mi padre adoptivo antes de dirigirse en carruaje hacia Hogwarts.

- ¿Siempre tienes que ser así de simpático? - ironicé, observé de reojo que Draco estaba a dos paso por detrás, con las manos en los bolsillos y la mirada alerta - Ni siquiera en un día como hoy puedes apartar tu mal humor.

- Es que todo el que tengo lo reservo exclusivamente para ti.

- Ya.

Pasamos por "Las tres Escobas", y nos internamos directamente en Honeydukes, donde una fila desordenada esperaba impaciente con caja de bombones entre las manos para ser atendidos.

- Estupendo - Malfoy resoplaba a mi lado, con cara de fastidio. Tomé la opción de escapar de aquel atolladero y cuando ya me disponía a salir, una voz familiar hizo que desapareciera cualquier acción de respirar en mi cuerpo.

- Estás preciosa, Hermione - vale, creo que sinceramente no estaba preparada para aquello. Víktor Krum estaba más atractivo que nunca, con aquel jersey color chocolate, sus pantalones en tono crema y ese abrigo de estilo militar hasta los tobillos. Sus ojos oscuros estaban fijos en los míos y una sonrisa sincera despuntaba en sus labios perfectos. Todo en él me lo parecía.

Malfoy soltó un gruñido a mi lado, y yo por fin salí de mi ensoñación. En un acto reflejo, mi mano había sujetado con fuerza aquella cajita con los bombones hechos por Dobby que guardaba en el bolsillo del abrigo. Krum se percató entonces de mi acompañante, y su sonrisa se hizo más liviana de repente, como si estuviera ahí por simple formalidad. Dio unos pasos hacia nosotros, sosteniéndole la mirada gris, impenetrable y glacial que Draco le prodigaba en aquellos instantes. Tras Víktor estaba Blaise, flanqueado por la mayoría de los vampiros de la escuela, salvo por aquella pareja tan extraña ¿cómo se llamaban? Ah, sí, Harry y Ginny.

- ¿Te sientes mejor, Malfoy? - a su alrededor las chicas que compraban en esos instantes en la tienda murmuraban desabridas, soltando de vez en cuando gritos de admiración por los recién llegados - Espero que entiendas que no hay vuelta atrás.

Draco no respondió al instante, sino que se quedó allí, silencioso, con las manos metidas en los bolsillos y la mandíbula tensa, apretando los dientes con fuerza. A veces, como en esta ocasión, me desconcertaba la forma tan familiar en la que Víktor hablaba con Malfoy, y siempre que lo hacía yo no entendía ni la mitad de la conversación.

- No me retes, Krum, porque puedes salir herido.

- Tú… - la voz procedía de una mujer alta, de cabello oscuro y los ojos azules más hermosos que yo en mi vida soñé tener - Deberías estar agradecido de que Viktor ose dirigirte una simple palabra.

¿Por qué esa terrible manía de tener a Krum como si fuera un Dios caído del cielo? Ah sí, olvidaba que estamos hablando de uno de los pocos vampiros de sangre pura. Draco mostraba indiferencia y desprecio hacia los chupasangre, como él los llamaba "amistosamente", pero yo sabía que quizás había algo más, oculto entre un sinfín de odios y rencores.

De nuevo me fijé en la chica, en ese aura magnética tan similar a la de Víktor y Blaise, también a Nott. No es que fueran guapos por naturaleza, sino que para ellos simplemente era un factor más que añadir a su modo de cazar, supongo. Claro que ahora no les servía demasiado, ya que ellos se alimentaban gracias a la llamada pastilla V.

Antes de que pudiera preguntar algo, las chicas que estaban alrededor se acercaron a nosotros y formaron un cerco alrededor de los vampiros. Se escuchaban gritos, exclamaciones cuando Krum aceptaba sus bombones con una sonrisa de agradecimiento, y sobretodo apestaba a hormona revolucionada, La verdad es que no tiene sentido quejarme, puesto que yo estaba loca e incondicionalmente enamorada de Krum y pertenecía a ese grupo, aunque no me gustara reconocerlo. Pensé en darle mi regalo, pero deduje de antemano que no tenía sentido ofrecérselo cuando las otras también lo hacía, así que desistí.

Una alumna de Ravenclaw me empujó, fui arrastrada por la marea humana, y en dos milésimas de segundo me encontraba en el suelo, de bruces, con la cajita de bombones hecha por Dobby tirada entre los pies de aquellas alumnas de Hogwarts. Vi que una mano se aproximaba mí, y recogió el regalo del suelo sin decir nada. Cuando alcé la vista, vi que Malfoy tenía la caja entre sus manos, y se la ofrecía a Krum, que la recibió en silencio. Luego sus ojos oscuros me miraron, y sus labios formaron un "Gracias" inaudible para el resto del mundo excepto a mí.

Quise desaparecer ahí mismo del mapa.

********

Después de hacer una inspección exhaustiva por todo el pueblo, requisar varios objetos y decenas de filtros amorosos, nos dirigimos a tomar una cerveza de mantequilla a "Las Tres Escobas". En todo este tiempo no le había regalado a Malfoy ni una simple mirada, haciendo así evidente lo enfadada y furiosa que estaba con él por haberle dado mi caja de bombones a Krum sin permiso, el muy idiota.

- Te pasa algo - me dijo al fin, cuando ya estábamos sentados en una de las mesas más alejadas de la entrada y teníamos sendas bebidas entre las manos.

- Vaya, que perspicaz - respondí, mordiéndome a duras penas la lengua para no lanzarle allí mismo un "Petrificus Totallus" que lo dejara ahí durante varias horas. Me crucé de brazos, apartando la idea de lanzarle mi bebida a la cara - ¿Por qué le diste esos bombones a Krum, eh? ¡Yo no te di permiso para que lo hicieras!

- Ah, eso - ¡ni siquiera se acordaba! Se encogió de hombros, y se hizo el distraído - ¿Acaso no eran para él?

- Si… - acepté - ¡Pero solo era una muestra de mi agradecimiento, no para que pensara que soy como una de esas chicas que revolotean a sus anchas a su alrededor!

- Y tú te crees que me lo voy a creer ¿a que sí? - lo soltó a bocajarro, sonriendo con una autosuficiencia que rayaba en lo narcisista ¿cómo demonios lo conseguía? Acortó la distancia entre nosotros, inclinándose sobre la mesa, y me sujetó el mentón para que no evadiera su mirada gélida. Me sentí estremecer al contacto de nuestras pieles.

- Pero mira que eres tonta - me recriminó, frunciendo el ceño sin desprenderse de esa mueca enfundada en sarcasmo - Krum no te conviene, Granger, a ver cuando se te graba a fuego en ese cerebrito de sabelotodo insufrible que tienes - me dio unos golpecitos suaves en la sien, divertido - ¿Hola? Vaya, creo que tus neuronas se marcharon de vacaciones.

- ¡No seas cínico! - le espeté, apartando su mano de un manotazo, con la mala suerte de que las botellas se interpusieron en mi paso y cayeron al suelo, desparramando todo el líquido ambarino por los listones de madera - ¡Mierda!

- Si es que eres torpe hasta para replicar, Granger - se mofaba Malfoy, con su amplia sonrisa reluciendo en contraste con mi cara de amargada.

Me acuclillé en el suelo y comencé a recoger los rescoldos de aquel desastre. Genial, era ya lo que me faltaba, que Krum creyera que era una obsesiva dedicada a complacer a su persona. Yo no podía negar que me gustaba, sí, pero sabía perfectamente dónde estaba el límite, sobretodo teniendo en cuenta que una sola noche con él podía desembocar en el final de mi existencia. Estaba imbuida en estos pensamientos cuando me distraje y me corté con uno de los cristales de las cervezas de mantequilla. En ese instante la puerta se abrió, una ráfaga de aire frío invadió el local y Lavender Brown flanqueada por las gemelas Patil entraron riendo a carcajadas por una broma de la primera.

- ¡Me he cortado! - exclamé, sujetando la palma de mi mano para incorporarme y enseñárselo a Malfoy. Pero este ya no estaba, miré a mi alrededor, y pude visualizar cómo salía a todo correr de la taberna, con el frú-frú de su abrigo delatándole a leguas. Dejé los cristales sobre la mesa, pagué ambas cervezas, y crucé a puerta con la mente puesta en un solo objetivo: Hacerle pagar a Malfoy.

¿Por qué demonios siempre me dejaba con la palabra en la boca?

********

Anduve por los callejones de Hogsmeade sin que encontrara un solo indicio de Draco: Nadie lo había visto, ni hablado con él ¿dónde mierda se había metido ahora? Entré en varias tiendas en las que era probable que se escondiera, pero no había rastro del rubito.

Llegué a las afueras del pueblo; comenzaba a nevar y el viento arreciaba como un Dios vengativo y cruel. Me subí los cuellos del abrigo, y cuando alcé la mirada algo me dejó estática allí mismo, con un mar de recuerdos retumbando a trompicones en mi interior. Reconocí al instante aquella placita como si fuera ayer, o tal vez lo era. Me imaginé ahí, doce años atrás, cuando Krum me había encontrado sola y abandonada, perdida en la espesura del mundo. Recordé el rostro de Víktor, amable, frío y hermoso bajo aquellos copos de nieve; un ángel sin tierra, un demonio caído del cielo.

De repente algo me sacó de mi ensoñación: Un globo, rojo como lo sangre; y un hombre que corría hacia él, riendo. Le seguí con la mirada, hasta que lo vi detenerse frente a un árbol deshojado, donde el globo se había quedado suspendido entre los ramajes desnudos. Vi que se ponía de puntillas, hurgando en sus bolsillos, deduje que para buscar su varita; al no encontrarla, intentó en vano escalar el árbol, pero finamente desistió. Me acerqué a su lado, murmuré unas palabras con mi varita empuñada y alcé las manos para coger el globo y ofrecérselo al fin, con amabilidad.

- Toma.

No me dio las gracias, ni siquiera tuve tiempo de detenerme en su rostro, porque echó a correr de nuevo, rumbo a La Casa de los Gritos.

- ¡Eh, espera! - le grité, siguiendo sus pasos hasta la misteriosa construcción.

La Casa de los Gritos era conocida en todo el mundo mágico como un sitio embrujado, repleto de espíritus y fantasmas que pululan por los alrededores del pueblo como alma en pena (algo como el Barón Sanguinario, pero más temible). Tragué saliva, y esperé unos segundos, pero el hombre no salía. Si tenía que entrar ahí sola, no iba a ser precisamente desarmada, así que saqué de nuevo mi varita, la apreté con fuerza para infundirme valor y entré.

El interior estaba en penumbra, y las ventanas cerradas a cal y canto. Por el haz de luz de la entrada pude distinguir muebles desvencijados, telarañas y polvo, toneladas de polvo.

- ¿Hola? - murmuré, pero nadie me respondió - Disculpe, pero ¿se encuentra bien? - al comprobar que obtenía un espeso silencio como respuesta, decidí entrar - Lumos - recité de memoria, y di unos pasos hasta quedar sumida en las tinieblas.

A mi derecha estaba el salón, con una alfombra descolorida y raída, lienzos rasgados y decenas de candelabros esparcidos por el entarimado. Continué con por el pasillo, abrí una puerta tras otra para dar siempre con habitaciones y salas vacías, incrementando así mi inquietud. Por fin llegué a la última sala. Nada. Cero.

Exhalé aire, agaché la cabeza y decidí largarme de allí cuanto antes, porque ya me estaba dando escalofríos tanto mutismo y destrozos a mi alrededor. Y fue entonces cuando alguien me atrapó por detrás, llevándome a rastras hacia el salón y dejándome caer sobre la alfombra, creando una nube de polvo alrededor.

- ¿Pero qué…?

Sin que apenas tuviera tiempo de reaccionar, una figura me saltó encima, con los ojos inyectados en sangre, babeando copiosamente y enseñando unos colmillos largos, finos y extremadamente peligrosos ¡Un vampiro! Me arrastré por la alfombra, y sin pensarlo demasiado grité a los cuatro vientos:

- ¡Expelliarmus!

El vampiro cayó de bruces hacia atrás cuando el rayo rojo le alcanzó, rió de forma siniestra y luego de unos segundos de aturdimiento volvió a erguirse para atacarme de nuevo. De repente, en un momento de lucidez, recordé casi por inercia las palabras de Malfoy "Son los lobos con piel de cordero". No supe hasta ese día cuánta razón tenía.

Estaba preparada para una nueva embestida, sí, pero algo le paralizó; con el miedo todavía metido en el cuerpo le seguí la mirada. Una figura alta estaba apoyada en el marco de la puerta, sin aparentar terror alguno ante la presencia del vampiro. Este último retrocedió unos pasos, acongojado de repente, dándole vía libre al recién llegado para que se acercara a mí. Pude reconocerlo cuando me sujetó la mano y también por sus ojos oscuros, limpios y amables.

- Víktor… - me puse en pie y él me tomó por la cintura, mostrándome ante el vampiro, que se mantenía a una distancia prudencial, a unos metros de nosotros con la mirada alerta.

- Los vampiros de clase E como tú no deben vivir - la voz de Krum era grave, y mostraba un odio y rencor que antes no había percibido - Lo siento mucho, ni te imaginas cuánto y hasta qué extremo… pero no puedo permitir que vivas.

Noté las manos de Víktor tocando mi rostro y me tapó los ojos para que no presenciara la escena. Una ráfaga de aire surgió de repente, y un grito me estalló en los oídos como un alarido de última esperanza de aquel que sabe que está destinado a morir. Luego solo silencio, y cuando las manos de mi protector dejaron mis ojos, lo único que vislumbré eran motas de polvo cayendo como una lluvia gris alrededor de nosotros.

Qué triste y qué hermoso, pensé.

- Se ha ido - me confirmó Krum, sujetando mis hombros para encararme - Hermione ¿qué haces aquí?

- Yo… - no podía creer lo que había ocurrido, ni siquiera caí en la cuenta de que Víktor de nuevo me había salvado la vida con su presencia ¿pero cómo me había encontrado? Negó varias veces con la cabeza, sonrió por primera vez y me cogió una mano para salir de allí.

- Vamos, es hora de volver a la escuela.

- Pero Malfoy… - susurré, cohibida por su presencia.

- Él ya se encuentra en el castillo, y nosotros debemos regresar - tironeó de mi, y avancé unos pasos, indecisa - Venga, pronto será la hora de comer.

Y nos dirigimos enlazados por las manos hacia los terrenos de mi hogar, Hogwarts, con el miedo todavía ofuscando mi cerebro y el corazón.

*****

Al llegar a la escuela, Víktor le contó a Remus todo lo sucedido en el pueblo. Mi padre no dijo nada, solo le dio las gracias por protegerme y se internó de nuevo en sus pergaminos, sin que osara a dirigirme una sola mirada. Le pregunté por Malfoy, y me dijo que había regresado al castillo hacia al menos una hora, pero que no sabía con exactitud dónde estaría. Aquello no me servía de nada, así que sin mucho entusiasmo bajé al comedor para ver si se encontraba allí.

Draco no se presentó en el almuerzo, ni lo vi en el resto de la tarde y tampoco durante la cena, o en a biblioteca. Cuando quise darme cuenta ya era medianoche, y tenía que encargarme de nuevo yo sola de las guardias de los pasillos como prefecta que era. Recorrí todos los pisos de manera automática y cuando hube terminado me dirigí hacia el Bosque Prohibido. Pasé junto a la cabaña de Hagrid, dejé a un lado el Sauce Boxeador y me adentré hacia el corazón del bosque, sabiendo de antemano que estaría allí, como siempre.

Por supuesto no erré.

Malfoy estaba recostado en la hierba, con la espalda apoyada sobre un tronco caído y le daba de comer manzanas a un thestral, que lanzaba gruñidos de satisfacción en muestra de agradecimiento.

- Por fin te encuentro - le dije, con los brazos en jarra y muerta de frío.

Sin embargo, a pesar de las bajas temperaturas, Malfoy se encontraba sin abrigo, con la camisa blanca del colegio arremangada hasta los codos y el cuello semiabierto. Estaba pálido, sudaba a raudales y sus labios temblaban un poco, a pesar del intento por aparentar petulancia y malestar por mi presencia.

- Y ahora qué quieres - me soltó, evadiendo mi mirada mientras acariciaba al thestral en el hocico - Quiero estar solo.

- Me dejaste tirada en las Tres Escobas - le espeté, molesta por ese afán innato en él por sacarme de mis casillas - Creo que, al menos, merezco una disculpa.

- Mira, Granger, me duele la cabeza , así que mejor te vas por donde viniste - noté que le costaba respirar, y que de la sien le nacía gotas perladas de sudor, empapando su camisa y humedeciendo el cabello. Ladeé la cabeza y tomé asiento junto a él.

- ¿Qué te pasa? - le pregunté, poniendo mi mano sobre su hombro. Al notar el contacto Malfoy se estremeció y negó con la cabeza, dando a entender que estaba perfectamente. Le palpé la frente, y vi que ardía como el fuego del infierno.

- ¡Por Merlín tienes fiebre! - le abotoné la camisa y le enjugué el sudor del rostro, sin que pusiera objeción alguna. Sus ojos grises estaban observándome con tristeza y también una sombra de culpabilidad, pero ¿por qué? - Deberías cuidarte.

- Pues hablando de cuidados, Lupin me ha contado lo que te ocurrió en el pueblo - volvió a darle un trozo de manzana al thestral y añadió - No debes ir sola a La Casa de los Gritos, es… peligroso.

- Fui porque pensé que estarías por allí.

- ¿Yo? - lo preguntó de forma casual, pero lo conocía demasiado bien para vislumbrar el malestar en su voz - Me puedo defender solo, Granger, no tienes que ser mi niñera como con el resto del alumnado.

- Mira, no quiero que te arrodilles suplicando mi perdón, porque sé que es pedir peras al olmo, pero al menos un poco de amabilidad me he ganado ¿no? - metí las manos en el abrigo, y le di un pequeño empujón con el hombro - Además, te he traído un regalo.

Extraje del bolsillo el bombón envuelto en papel de regalo, lo desenvolví y se lo enseñé. Malfoy parpadeó varias veces, con los labios entreabiertos y una mueca indescriptible.

- ¿Qué coño es eso? - se acercó un poco más al dulce y lo inspeccionó unos segundos - Parece una pelota deformada.

- ¡Es una snitch, imbécil! - vi que abría la boca para responder, y aproveché el momento para introducirle el bombón por el gaznate. Observé como masticaba sin rechazar el regalo, lo que me entusiasmó sin motivo aparente - ¿Te gusta? Deberías sentirte afortunado: Es el único que me salió decentemente de todos los que hice.

- Entonces no quiero ni imaginar cómo eran los demás - replicó, y torció su boca de forma despectiva - Cualquier día vas a matarme de una intoxicación.

- ¡Ja! Bicho malo nunca muere.

Nos quedamos en silencio durante un rato, admirando la manada de thestrals con sus crías, que dormitaban a unos metros de nosotros en sus nidos después de haberse zampado todas las manzanas.

- Draco.

- Qué.

- Hoy cuando me encontré con ese vampiro, recordé tus palabras… ya sabes, "lobos con piel de cordero - recité de memoria, y noté cómo se tensaba a mi lado, mientras me observaba con esos ojos grises, hermosos - Tenías razón: No son humanos, son… son…

- Cállate - me giré para encararle, confundida.

- ¿Cómo? Pero yo…

- He dicho… que te calles - siseó, dejando que las palabras salieran arrastradas de sus labios - No sabes lo que debe sufrir un vampiros de clase E, Granger, y nunca podrás imaginar lo que se siente al ver cómo te conviertes en uno de ellos, de esas cosas. Y ahora será mejor que te vayas.

- ¿Irme? - pregunté, sin poder creerme el cambio de su actitud. Me puse en pie de un salto, terriblemente enfadada - ¿¡Pero es que sufres bipolaridad o qué!? ¡Tú los odias! ¡Te estoy dando la razón y ahora los defiendes!

- No es eso.

- ¿Ah no? - estaba enfadada, fuera de mis cabales. Apreté los puños con fuerza, y clavé las uñas en la palma de las manos. Intenté silenciar mi queja con un gruñido, al notar que sin querer me había abierto el corte de la palma, aquel que me había hecho con las cervezas de mantequilla. Levanté mi mentón, altiva, y bufé despectiva - Me voy.

Me di la vuelta para irme, pero entonces algo extraño sucedió: Malfoy me sujetó por la cintura, aferrado a mi con un abrazo fuerte, casi exasperado. Tomó mi mano y aspiró el aroma de mi muñeca, completamente extasiado. Vi de refilón que lamía un reguero de sangre y me estremecí entre sus brazos, notando la electricidad que emanaba de nuestras pieles.

- Draco…

Pero no me respondió. Dejó caer mi brazo y me acarició mi cabello, apartando mechones castaños. No puede ser, pensé, temblando de miedo. Pero sí, sí que lo era. Su aliento erizó el vello de mi nuca al rozar mi cuello y mi rostro. Para, pensé, para. Pero no salían palabras de mi boca, estaba quieta, estática, dejándole hacer lo que quisiera a sus anchas como si yo fuera su marioneta. Deslizó unos dedos por mi cuello y noté el contacto caliente y húmedo de su lengua.

- Hermione… Hermione… - susurraba una y otra vez, extasiado.

Cuando quise darme cuenta, sus dientes desgarraban mi cuello, y succionaban de forma acelerada. Entonces tuve una certeza que me petrificó el alma, dejándome sumida en las tinieblas de mi subconsciente.

Draco Malfoy era un vampiro.

Vampiro.

Y yo era su presa.

Estaba perdida.

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Se aceptan de todo menos virus ¿si? Mezclé dos capítulos del anime, así que espero no haberlo hecho del todo mal.

Besos y sed buenas^^.