Bueno, pues pese a lo que pensaba, este capítulo me salió casi sin darme cuenta, y mucho antes de lo que esperaba, pero insisto, no os acostumbréis, que no va a ser así siempre. Aún ando dándole vueltas a parte de la historia, y eso me bloquea un poco.

Como siempre, gracias Arthe, por darme tu review, y a todas las que leéis aunque no me digáis nada (aunque jo, preferiría que lo hicierais… snif)

Bueno, no me lío más. Os dejo el capítulo, y me voy a releer el nuevo de "Promesas y Esperanzas" de mi hermana Arthe. (Ay, Alessandro…)

Capítulo 2. LEONARDO.

Miré con curiosidad al ser que está frente a nosotros. Hace mucho tiempo que no veo un Golem. Tanto tiempo que por eso nos ha costado trabajo distinguirlo. El tiempo ha borrado su olor de nuestros recuerdos. Nunca han sido demasiado habituales, pero en los últimos siglos son tan escasos que casi había llegado a considerarlos extintos. Alrededor del mil trescientos, una guerra larga y cruenta comenzó entre dos facciones del submundo de los hombres. Fueron muchas las bajas en ambos bandos, y muchos los conocimientos que se perdieron para siempre. Hasta ahora había imaginado que la creación de Golems era uno de ellos pero al parecer, no ha sido así. Tomé nota mentalmente para preguntarle a Tadeo sobre ese particular. Él debe tener muchos más datos que yo, dado que la guerra fue entre los nigromantes, perdedores de la batalla final, y los brujos, cuya caza es el objeto del trabajo que lleva realizando desde que se convirtió en uno de nosotros.

Estos son tiempos extraños. Perseguimos a seis criaturas que nunca creímos que existieran, y ahora nos encontramos con una que pensamos que ya había dejado de existir. Y lo que es más, esa criatura reconoce estar buscando vampiros, sin duda obedeciendo a su amo y creador.

"¿Buscabas un vampiro desde hace semanas?", preguntó Lyosha. "No somos tan difíciles de encontrar"

"No busco a cualquier vampiro. Me han ordenado que encuentre a un cabeza de clan. A ser posible a un Hijo del Milenio"

"Pues aquí tienes a tres que cumplen con las dos condiciones. ¿Qué quiere tu amo de nosotros?", pregunté con impaciencia.

"Mi amo está inquieto. Ha visto señales, señales que os afectan"

"¿Y ha decidido advertirnos?", preguntó Tadeo, mordaz. "¡Qué considerado por su parte!"

"No lo entiendes, vampiro, no os afectan sólo a vosotros. Nos afectan a todos. Si no se atiende a las señales, el mundo puede volverse un lugar muy peligros, y muy pronto"

"El mundo ya es un lugar muy peligroso", replicó Lyosha en tono despectivo.

"Nadya se está impacientando", susurré en la mente de mi hermano, para apresurarlo. Sé que él también está captando sus movimientos, leyendo en su cabeza, pero aún así no pude reprimir el deseo de acelerar las cosas. Lyosha puede ser demasiado prudente, y Nadya demasiado impulsiva. No me importa que vea al Golem, pero su presencia me incomoda, me recuerda la gran cantidad de criaturas que hay ahí fuera y que aún pueden suponer un riesgo para ella. Lyosha asintió brevemente con un parpadeo, y se volvió hacia nosotros, ignorando al Golem.

"No perdemos nada escuchando al nigromante", susurró velozmente.

Tadeo y yo nos encogimos de hombros. Un nigromante no es un peligro para tres Hijos del Milenio.

"Pero la reunión debe celebrarse en terreno neutral. Lejos de casa", sugerí.

"Por supuesto", asintió mi hermano.

"¿Habéis pensado que quizá esto tenga algo que ver con tu corazonada?", intervino Tadeo.

"Es posible. Estoy mucho más incómodo desde que empezó a hablar, y algo me dice que tenemos que escuchar lo que quiera que su amo tenga que decir"

"Decidido entonces", asintió Lyosha, volviéndose de nuevo hacia el Golem. "Dile a tu amo que nos veremos pasado mañana al anochecer, en la reserva natural al oeste de Ancorache"

"Es un terreno inmenso. ¿Cómo nos encontraremos?"

"Nosotros os encontraremos", repliqué, volviéndome de espaldas para dar por terminada la conversación.

"¡Esperad! Necesito vuestra promesa de que será una reunión pacífica", exclamó la criatura.

Nos volvimos para encararlo de nuevo, profundamente irritados. Cuando se pacta con vampiros, las condiciones las ponemos nosotros. Es peligroso poner a prueba nuestra escasa paciencia con demandas pueriles.

"Por favor", suplicó con voz temblorosa. "Sólo cumplo órdenes"

"Tu amo ha solicitado y obtenido un encuentro con vampiros. Ya debería saber que será todo lo pacífico que él merezca que sea", masculló Lyosha. "No pensamos empeñar nuestra palabra en esa banalidad"

"Está bien", aceptó, bajando la cabeza a modo de reverencia y rendición.

Tadeo abrió la puerta para nosotros con gesto impaciente. A la salida, aguardaba una decena de mortales deseando entrar en los lavabos, pero ninguno iba a atreverse a traspasar el umbral hasta que nosotros termináramos nuestra reunión. Esquivándonos con cuidado, se adentraron en el cuarto velozmente escapando de nosotros, y de nuestro evidente mal humor. Nadya salió también de su escondite, interceptándonos con gesto alicaído.

"Algo me dice que se ha terminado la noche", murmuró.

Cruzamos una veloz mirada entre nosotros. Ciertamente, la noche en la ciudad se ha terminado. Ninguno desea seguir la fiesta sabiendo que el Golem intentará seguir nuestros movimientos, y los tres ardemos en deseos de volver a casa para deshacernos de nuestro mal humor. Pero tampoco queremos preocupar a Nadya. Nunca se sabe que clase de decisión arriesgada puede tomar nuestra compañera cuando está preocupada por nosotros. Me forcé a controlarme, y le dediqué la más seductora de mis sonrisas.

"¿Quién dice que se ha acabado, querida? Hay más lugares donde podemos bailar"

"Un baile del que todos podamos disfrutar", sonrió Lyosha.

"Sois imposibles", gruñó Nadya. "Hacéis esto para no contarme nada"

"Más tarde, cuando estemos tranquilos en casa, podemos hablar de todo este asunto, querida. Pero antes, debo manifestar mi acuerdo con tus compañeros. Nada como un buen baile después de una buena cena", intervino Tadeo.

Nadya suspiró con resignación, y se dejó guiar hasta el coche. Hace no mucho, habría discutido hasta hartarse, y sólo nos habría seguido cuando Lyosha y yo hubiéramos perdido por completo la paciencia y estuviéramos dispuestos a llevarla a rastras. Pero ahora parece haber aprendido a hacer las cosas a su debido ritmo.

O quizá sólo es que se ha cansado de nuestras discusiones.

Cuando dejamos el local, y la música dejó de obrar su efecto tranquilizador en mí, volvió a poseerme la sensación de peligro que me ha estado acompañando los últimos días. Me concentré en la conversación con el Golem, y sólo obtuve el total convencimiento de que tenemos que asistir a la reunión con su amo y escuchar lo que tenga que decirnos. Si eso aclarará en algo este absurdo presentimiento, es algo que soy incapaz de discernir. Estoy incómodo, estoy nervioso, y empiezo a enfurecerme. Lyosha posó una mano tranquilizadora en mi hombro. Como de costumbre ha estado atendiendo a mis pensamientos, y empieza a preocuparse por mi mal talante. No me sorprende. Hasta yo empiezo a preocuparme por mi mal talante.

A pesar de mi mal humor, y de la sensación de nervios en mi estómago que no me abandona por mucho que intente relajarme, decidí hacer todo lo posible por no dejarme arrastrar por mi genio. Será lo mejor para todos. Y no hay nada que me relaje más que provocar a mi hermano.

La oportunidad perfecta llegó cuando Tadeo abrió la puerta del copiloto para Nadya. Aunque los tres ardemos en deseos de acabar la noche jugando con ella bajo las sábanas, y más después de haber contemplado su magnífica imagen de tigresa, Tadeo no le pondrá una sola mano encima hasta que lleguemos a casa, y Lyosha y yo podamos unirnos a ellos. La situación sería muy distinta si mi hermano o yo fuéramos los conductores. Nuestras manos tocarían el volante sólo lo imprescindible. El resto del tiempo estarían encima de Nadya. Pero a nuestro hermano de clan le cuesta tomar ese tipo de iniciativas. Aún no parece asumir por completo que ella es tan compañera suya como nuestra, y tiende a esperar a que nosotros comencemos el juego. Si dejo que Nadya se siente junto a él, me pasaré la media hora larga que nos lleva el camino a casa, cociéndome en mi preocupación y mis nervios. Y mi deseo por ella.

Con un gesto veloz, agarré a Nadya por la cintura antes de que pudiera subirse al coche, y la arrastré al asiento trasero, sentándola sobre mi regazo. Después cerré las puertas, mirando a mis hermanos con gesto burlón. Tadeo se encogió de hombros y se dirigió al asiento de conductor sin dirigirnos una segunda mirada. Esperé a que Lyosha abriera la puerta y devolviera a Nadya al asiento del copiloto, aprovechando de paso para soltarme alguna frase sarcástica, pero él se limitó a mirarme unos segundos. Sentí su mente en la mía, y poco después tomaba asiento junto a Tadeo, que arrancó el coche con su habitual chirrido de ruedas.

Casi me sentí culpable. Mi hermano sabe que necesito paz, y también sabe que la única criatura sobre la faz de la tierra capaz de proporcionármela es Nadya. Y sorprendentemente en mí, no necesito más que estrecharla entre mis brazos, y sostenerla así, recostada contra mi pecho para serenar mis mal templados nervios. Su sola presencia me conforta, algo que jamás me había ocurrido con mujer alguna. Y Lyosha está tan preocupado por mí, que ha decidido ofrecerme esa oportunidad sin molestarse en competir conmigo, como haría en cualquier otro momento. Parece que no he ocultado mi ansiedad tan bien como pretendía.

Intenté no pensar, no concentrarme en nada más que en el sonido de la respiración de Nadya, en su cuerpo apretado contra el mío, obrando su magia tranquilizadora. Y el efecto calmante de sus brazos no tardó en llegar. Una oleada de paz me recorrió, alejando de mi mente cualquier rastro de malos presagios. La estreché con más fuerza entre mis brazos, ansiando poder demostrarle con ese gesto todo el amor que siento por ella, que en este instante se desborda en mi pecho hasta casi asfixiarme. Y Nadya malinterpretó mi gesto. Sonrió con picardía, y alzó la cabeza para atrapar el lóbulo de mi oreja entre sus labios.

No es que la culpe, y por una vez tampoco me siento desilusionado por su malinterpretación. Dado mi carácter, es más lógico tomar mi abrazo por un gesto de seducción, en lugar de cómo una simple demostración de amor. Y como no soy un hombre demasiado reflexivo en lo que a asuntos de cama se refiere, si ella interpreta ese acto como una insinuación, y reacciona favorablemente como está siendo el caso, no me importa lo más mínimo complacerla. Coloqué mi mano bajo su barbilla, y la levanté, buscando sus labios. Ella recibió mi beso con los ojos cerrados, sonriendo apenas. Mi hermano dejó escapar un gruñido tan apagado que, de no conocerlo tan bien, creería haber imaginado. De pronto, el diablo malicioso que habita en mí me susurró una idea divertida. Es posible que no funcionara mi primera provocación, pero esta funcionaría sin duda alguna.

Empujé a Nadya con delicadeza hasta tenderla sobre el asiento y me incliné sobre ella, buscando de nuevo sus labios. Adoro besarla. Me entusiasma recrearme en sus labios suaves y carnosos, jugar con su lengua, sentir el delicioso dolor de sus colmillos en la mía. Siempre me sorprende lo muy poco que se besan los humanos. Una vez que pasan de la adolescencia, apenas puedes verlos recreándose en los labios de sus parejas. Por algún motivo que se me escapa por completo, lo consideran un espectáculo fuera de lugar. Sin embargo, nosotros somos capaces de pasar horas y más horas perdidos en la boca de la persona que amamos, en cualquier momento y lugar.

Ella enredó sus manos entre mis cabellos, obligándome a aumentar la intensidad de mis besos. Esta vez escuché con total claridad como la respiración de Tadeo y Lyosha se vuelve más superficial, mientras intentan sin ningún éxito mantener sus sentidos alejados de lo que ocurre entre nosotros. Demonios, están demostrando mucho más control del que esperaba. Decidí forzar un poco más la situación.

"Si, querida. Así, mi amor", jadeé contra el cuello de Nadya, fingiendo bajar la voz para que solo sus oídos me escucharan, aunque todos sabemos que por muy bajo que hable, mis hermanos siempre podrán oírme.

Esta vez, el gruñido de Lyosha fue claramente audible, y reprimí a duras penas la risa que amenaza con escapar entre mis labios.

"Ya he tenido suficiente", masculló.

"Lo mismo que yo", replicó Tadeo, dando un volantazo que lanzó el coche hacia el arcén.

Menos de dos segundos después, las puertas traseras se abrían, y Lyosha arrastraba a Nadya al exterior. Los seguí, riendo a carcajadas.

"¿Aquí? Está nevado", protestó Nadya.

Lyosha la estrechó entre sus brazos y la besó con pasión.

"Me importa un maldito infierno", murmuró. "Te aseguro que tal y como están las cosas, mujer, podríamos derretir toda la condenada nieve"

Al principio pensé que nuestro encuentro iba a ser intenso, pero breve, por lo incómodo del lugar y de la nieve, que efectivamente se extiende como un manto por todo el bosque. No es que nos afecte el frío, pero la humedad siempre resulta molesta en exceso. Pero me equivoqué, y una vez más no me importó equivocarme. No sólo a nosotros nos ha afectado la cacería, la increíble imagen sobre natural de Nadya, mostrándose absolutamente inhumana, deliciosamente colérica, consumida por el fuego de su furia. También a ella le ha mejorado el humor. Ya había olvidado lo increíblemente excitante que es la primera cacería. Aunque el tiempo la convierta en algo de lo que arrepentirse, aunque tu conciencia te torture recordándote que has cometido un asesinato brutal, tu cuerpo reacciona de forma bien distinta. Es la sensación de fuerza, de poder. La emoción de la caza y la muerte. Lo peor de nosotros no es que seamos monstruos sanguinarios, adictos a la violencia. Es que disfrutamos siéndolo. Nada nos hace sentir más vivos que la muerte. No hay emoción en el mundo comparable a la primera vez que pruebas esa droga.

Es cierto que Nadya había matado ya antes de hoy. Se deshizo de un par de brujos, no hace mucho, ayudada por mi antiguo pupilo, Ángelo. Pero el miedo, la situación inesperada, y el lugar incómodo en que sucedió – los probadores de una tienda de un abarrotado centro comercial – le impidieron ser totalmente consciente de la situación. Sin embargo, esta vez ha sido una auténtica cacería. Localizó una presa, la rastreo, y acabó con ella sin detenerse a considerarlo. Y ahora, entre nuestros brazos, toda la emoción de la caza vuelve a ella, convirtiéndola de nuevo en una criatura instintiva y egoísta, ansiosa por satisfacer sus deseos, sin importarle lo que ello suponga.

Y ha supuesto un magnífico encuentro que se prolongó hasta que el sol comenzó a despuntar en el horizonte. Cuando por fin nos relajamos entre sus brazos, satisfechos y de un humor inmejorable, supe que su primera batalla no podía haber salido mejor. Dudo mucho que se arrepienta, o que su conciencia la torture por ello. Fue el momento perfecto, y la víctima perfecta. Un hombre maltratando a una mujer, como la propia Nadya fue maltratada una vez. Con esa muerte, mató también el recuerdo que escondió reprimido durante años, impidiéndole superarlo, asustándola cada vez que se deslizaba a traición entre los entresijos de su mente consciente. Ahora será una mujer más feliz y con más confianza en si misma.

"No pretendo arruinar el momento, pero yo diría que el cielo va a estar despejado esta mañana. Es mejor que volvamos al coche", dijo Lyosha.

"Maldito lugar. Trescientos sesenta días de cielos encapotados al año, y tiene que elegir precisamente hoy para salir el sol", mascullé, reacio a abandonar nuestro abrazo.

"Creí que preferías la seda", se burló Nadya, escabulléndose de entre nuestros brazos. "Aquí sólo hay nieve y más nieve"

"Prefiero siempre lo que me hace más feliz en el momento en el que estoy. Y esta nieve me ha ofrecido grandes satisfacciones, como sin duda habrás notado, querida", repliqué, intentando localizar mi ropa entre la nieve. Ella rió alegremente.

"No lo niego, pero para un día en que podemos estar tranquilos en casa, sin preocuparnos de lo que estará haciendo Andy, me arrastráis hasta un bosque helado. No tenéis el más mínimo sentido de la oportunidad"

"A mi me ha parecido todo muy oportuno", sonrió Lyosha, dedicándome un guiño travieso.

"Lo oportuno es que me habléis de la reunión con el nigromante"

Lyosha y yo miramos hacia Tadeo, quien gruñó audiblemente. Sabe que esta vez le toca a él elegir las palabras precisas para contarle a Nadya la historia, y darle las explicaciones pertinentes sin que eso la lleve a querer tomar una iniciativa irresponsable, y no me cabe ninguna duda de que haría cualquier cosa por dilatar ese momento lo más posible. Se levantó con un gesto veloz e irritado, y comenzó a vestirse.

Nadya, que ha captado el intercambio de miradas, clavó sus ojos en él.

"¿Tadeo?", lo instó.

El suspiró, y asintió un par de veces.

"Te lo explicaré todo cuando lleguemos a casa. Ahora es mejor que nos vayamos. Lyosha tiene razón, el sol no tardará en salir, y empieza a haber tráfico"

"Y así aprovecharás para decidir qué vas a contarme y qué no", espetó irritada.

"Por supuesto, querida", replicó Tadeo sin arredrarse, mientras sus labios dibujan una sonrisa divertida.

Nadya bufó ruidosamente, pero lo siguió hasta el asiento del copiloto sin decir una sola palabra más. Él abrió la puerta para ella sin alterar su expresión divertida, y la cerró dedicándonos un guiño a sus espaldas. Subimos al coche, riendo entre dientes. Lyosha y yo perdemos la paciencia con mucha más facilidad que Tadeo cada vez que Nadya pretende algo que pueda llegar a ponerla en peligro, y aunque debo reconocer que la táctica de nuestro hermano de clan es mucho más efectiva, este maldito carácter mío nunca me permitirá tomarme con calma según que cosas.

Me acomodé junto a mi hermano, mucho más sereno de lo que he estado en días. Las horas de pasión han calmado la sensación de nervios que me ha estado persiguiendo, y por primera vez en lo que me parece una eternidad puedo relajarme, dedicarme simplemente a disfrutar de la calma que los encuentros con Nadya obran en mí. Dejé que mi mente vagara sin rumbo, sabiendo que mi hermano está ahí, atendiendo a todo lo que aparece en ella. Siento los suaves dedos de su pensamiento en mi cabeza, de un modo que siempre he interpretado como un contacto físico tranquilizador. Lo echo de menos cuando sé que no está ahí, viendo lo que yo veo, sintiendo lo que yo siento. Saber que leer mi mente es para él tan grato como para mí recibir su intromisión, me proporciona una seguridad y una paz como nunca había sentido antes. He conocido otros lectores, y nunca me han molestado sus fisgoneos. Soy un firme convencido de que la sinceridad simplifica las relaciones, y no hay nada en mi cabeza que no sea capaz de decir en voz alta. Y por lo que se refiere a mis secretos, están a buen recaudo, escondidos y encerrados bajo llave en algún lugar de mi cerebro tan profundo, que a veces ni yo mismo soy capaz de llegar, así que eso tampoco me preocupaba al encontrarme con un telépata.

Pero con Lyosha es distinto. No hay nada en mí que no deseo que encuentre. Mis secretos son suyos, del mismo modo que él jamás me oculta nada. No existe un solo recuerdo, un solo acto que no quiera que él conozca. Sé que es capaz de comprender y disculpar todas y cada una de mis vergüenzas pasadas, cada hecho de mi historia, cada paso en mi camino, del mismo modo que yo comprendo cada uno de los secretos que me ha ido contando poco a poco durante el tiempo en que hemos vivido juntos como hermanos. Lo único que lamento de nuestra relación es no haberlo conocido antes.

Aún así, no se trata solo de no tener secretos para un miembro de mi familia. Es algo más, algo más profundo. Amo a mi hermano más que a mi propia vida. La intensidad del afecto que siento por él no es menor de la que me une a Nadya, y sé que él me corresponde de igual modo. Desde el principio, supe que estábamos predestinados a unirnos, y cada día que ha pasado desde entonces no ha hecho sino confirmar ese convencimiento. Quizá por eso siento su mente en la mía como algo que es parte de mí, que de algún modo me pertenece, y no como un elemento extraño que pueda llegar a molestarme.

Sentí su sonrisa sin necesidad de volverme a mirarlo, y sonreí igualmente a modo de respuesta, sintiéndome tranquilo y feliz, resistiéndome a analizar lo que ha ocurrido con el Golem y a volver una vez más sobre la razón de mi estúpida premonición.

"No lo hagas si no quieres", susurró Lyosha. "Esperemos a ver que tienen que decir los elfos"

Me encogí de hombros, más que dispuesto a seguir ese consejo. Si mi sensato y planificador hermano puede esperar, que duda cabe que yo también.

Tadeo clavó sus ojos en nosotros a través del retrovisor, y parpadeó brevemente en señal de aquiescencia. Nadya gruñó. Reprimí la risa que amenaza con escapar entre mis labios, divertido con su irritación. Milena, mi creadora, se ofreció a enseñarle a descifrar el lenguaje de susurros a pesar de nuestra oposición, pero tuvo que marcharse a resolver unos asuntos antes de que Nadya pudiera dominarlo por completo, de modo que mi hermano, Tadeo y yo , nos hemos limitado a introducir unas cuantas variantes que continúan haciéndolo incomprensible a sus poco entrenados oídos. Eso la pone de un mal humor peligroso.

Aún estaba perdido en mis recuerdos sobre la visita de Milena, cuando alcancé a ver en la distancia la puerta que franquea el paso a nuestros terrenos. No me preocupó la velocidad excesiva de Tadeo. Siempre hay alguno de nuestros jóvenes primos junto a la verja, preparado para abrirla – o bloquearla – siempre que es necesario. Y efectivamente, como si de un conjuro se tratara, la pesada verja se abrió mucho antes de que el coche llegara a ella. Mucho antes de lo que yo esperaba.

"Qué eficiencia. Tendremos que felicitar a quien quiera que esté en la puerta estos días. Ha estado muy atento", comenté.

"Es Ángelo", dijo Nadya, con una nota extraña en su voz.

"¿Ángelo?", pregunté sorprendido.

Eso explica porqué nos ha percibido tan pronto, naturalmente, pero deja otras dudas mayores. Mi antiguo pupilo es uno de nuestros hombres de confianza. Comparte junto con Glauco y Árvidas el mayor rango de la familia, sólo por debajo de nosotros, los cabezas de clan. ¿Qué diablos hace actuando de portero? Ese es un trabajo para novatos y recién llegados.

"Tiene problemas con Sue", respondió Nadya, como si hubiera escuchado mis pensamientos.

"Qué sorpresa", saltó Tadeo, en tono sarcástico.

Tadeo y Gelo fueron hermanos en el pasado, y si bien la trágica muerte de Valeria impidió que mi pupilo terminara por estropear la relación, Tadeo sabe muy bien como es Ángelo. Su historial a la hora de mantener relaciones estables es aún peor que el mío.

"Si eso es posible", se burló Lyosha.

Ignoré su pulla – ambos sabemos que no hay defensa posible – y me incliné hacia Nadya esperando más detalles. Mi hermano y yo hemos tenido mucho que ver en que Sue se uniera a Gelo y Glauco, y no me hace ninguna gracia que hayan empezado los problemas tan pronto.

"Aún no he tenido tiempo de hablar con nadie", se disculpó Nadya, con un encogimiento de hombros.

"Pero sabes que tiene problemas", insistí.

Ella asintió brevemente.

"Había oído rumores, pero no les di mucho crédito. Hasta que anteayer lo vi salir de la habitación dando un portazo tan fuerte que arrancó literalmente la puerta de sus goznes. Relevó a Michel en la verja y está ahí desde entonces"

"Pudo discutir con su hermano. No tuvo que ser necesariamente un problema con Sue", sugirió Lyosha.

"De no ser porque Glauco salió inmediatamente tras él para calmarlo, podía haber sido...", replicó Nadya.

"Hablaré con él", decidí. De un modo absurdamente paternal y a pesar de que hace mucho tiempo que Gelo ya no está bajo mi protección, algo me empuja a seguir cuidando de él.

"Déjame que primero me entere de que está pasando. Seguro que hay una decena de oídos que han seguido cada acto de este drama", pidió Nadya.

Me encogí de hombros. Es una buena idea, y de seguro puede conseguir mucha más información de nuestros primos que de los propios implicados. Los vampiros no pensamos que cotillear sea mala educación. Al menos no exactamente. Es difícil mantener secretos en una casa llena de oídos perfectos, y todos hemos aprendido por las malas a aceptarlo. Si no quieres que los demás se enteren de algo, es mejor que no lo digas en voz alta. Algo muy difícil de conseguir cuando pierdes los nervios.

Ángelo se escabulló de nuestra vista en cuanto bajamos del coche, confirmando lo que ya imaginaba. Que la mayor parte de la culpa en todo este asunto la tiene él. Y aunque ambos sabemos que con esto sólo está retrasando el momento de nuestra charla, también sabemos que no puede evitar esa actitud infantil cada vez que hace algo que yo puedo considerar inapropiado. Se esconde de mí exactamente igual que lo hace Andy, a pesar de que mi hijo apenas tiene unos meses de vida, y él, mi creación, es un hombre adulto de más de medio milenio. Si lo reclamo, vendrá de inmediato, pero de lo contrario, intentará mantenerse alejado de mi vista, mientras trata de averiguar hasta que punto estoy molesto.

"¿Y te sorprende?", sonrió Lyosha. "Tienes muy mal genio, siempre te lo digo"

"Yo no tengo mal genio", protesté estúpidamente. Por supuesto que lo tengo.

"¿Comparado con qué?", intervino Tadeo en tono burlón.

"Comparado contigo, por ejemplo", mascullé en voz baja, aún sabiendo que es perfectamente capaz de oírme.

"Basta ya. Los tres tenéis mal genio", espetó Nadya. "Y os conozco. Tenemos mucho de que hablar, no vais a distraerme con esto"

Cruzamos una mirada incómoda. Por un instante, sólo una décima de segundo, llegué a creer que Nadya podía olvidarse de su interrogatorio, preocupada por los problemas de su casa. Pero hasta yo tengo que reconocer que es una tontería esperar tal cosa de ella.

Tras apenas un instante de vacilación, la guiamos hasta los terrenos que controla Tadeo. Si hay que hablar de brujos y nigromantes, su casa es más adecuada que la nuestra. Nadya no es la única a quien hay que proteger de su curiosidad.

Seguimos el camino hacia la pequeña pista de aterrizaje, calculada al milímetro para que pueda aterrizar y despegar nuestro Gulfstream, y hacia los terrenos situados tras ella, en los que nuestros primos construyeron hace unos meses la mansión de Tadeo y sus cazadores. El trabajo ha sido magnífico, aunque no debería sorprenderme. Hay grandes artesanos y constructores entre los miembros de mi casa. Y como de costumbre, Nadya ha demostrado un gusto exquisito con la decoración, y una astucia fuera de lo común situando las habitaciones. Aún así, son muchos los problemas que surgen en casa de Tadeo. Los cazadores tienen aún peor humor que la media de los nuestros, y alejar sus puertas no va a solucionar gran cosa.

Uno de los primos de Tadeo apareció en el rellano de la escalera en cuanto atravesamos la puerta, pero tras echar un vistazo al ambiente, comprendió de inmediato que no es buen momento para distraerlo con banalidades. Desapareció en el piso superior, tan rápidamente como había aparecido, mientras nosotros entramos en el salón, cediéndole a nuestro hermano de clan el lugar más cercano al fuego. Nadya se sentó ligeramente apartada, separada de nosotros, demostrando bien a las claras que no estaba dispuesta a aceptar tonterías. Clavé mi vista en Tadeo, esperando que empezara a hablar. Cuantas menos oportunidades le des a Nadya de empezar con sus interminables preguntas, mejor. Pero, para mi sorpresa, fue mi hermano el que inició la conversación.

"Ya has tenido tratos antes con los nigromantes", dijo.

Sonó como si hiciera referencia a algún acontecimiento pasado del que no tengo noticia. Tampoco es de extrañar. Tadeo nos conoce a ambos por separado desde hace muchos siglos, y no tengo motivos para pensar que ha vivido menos aventuras con mi hermano que conmigo. Nuestro hermano de clan hizo un gesto desdeñoso con la mano.

"Apenas en un par de ocasiones", sonrió. "Siempre me he movido por una máxima sencilla: los enemigos de mis enemigos son mis amigos"

"¿Los nigromantes no se llevan bien con los brujos?", interrumpió Nadya.

"Libraron una guerra cruenta y desproporcionada hace muchos siglos. Los nigromantes perdieron la contienda, pero no la sed de venganza", explicó Tadeo. "Y eso puede resultar práctico en ocasiones"

"Tu antiguo mentor no es de la misma opinión", mascullé. Soy incapaz de hablar de Menelao sin que se perciba el odio en mi voz. Como de costumbre, Tadeo decidió pasar por alto ese detalle.

"Desde luego, no lo es", murmuró, perdido en algún doloroso recuerdo. "Pero siempre ha estado muy aferrado a la tradición, ya lo conocéis"

"Si, ya lo conocemos. Por desgracia", murmuró Nadya, incapaz de reprimirse.

Tadeo le lanzó una rápida mirada, y cuando ella le sonrió a modo de disculpa se limitó a devolverle la sonrisa con amargura. Si yo hubiera hecho ese comentario, y debo reconocer que estaba en la punta de mi lengua, habría provocado una fuerte discusión entre nosotros, pero mi hermano de clan está dispuesto a perdonarle cualquier cosa a Nadya.

"¿Son de fiar?", inquirí.

"No más que nosotros", rió Tadeo. "Pero no suelen buscarnos, así que debe ser algo importante, y verdaderamente necesitan nuestra ayuda. A mí me basta con eso"

"Desde luego. Al fin y al cabo, no hay mucho que nosotros podamos temer de ellos", asintió Lyosha, lanzando una disimulada mirada hacia Nadya. Algo innecesario. Ninguno de nosotros piensa permitir que se acerque a ellos.

"Entonces escuchemos lo que tienen que decir. Lo peor que podemos perder es el tiempo, y de eso nos sobra", declaré, poniendo en alto la intención de todos. "Y con un poco de suerte, aclararán algo esta maldita intuición", añadí en un susurro.

"Esperad un momento", intervino Nadya apresuradamente. "¿No se supone que los nigromantes tienen poder sobre los muertos?"

"Naturalmente, querida", sonrió Lyosha: "¿Qué piensas entonces que era el Golem?"

"¿Ese tipo estaba muerto?", preguntó ella atónita.

Los tres soltamos la carcajada. A menudo olvido lo joven que es y lo poco que sabe.

"Bastante muerto, si", reí.

"No se puede estar bastante muerto, León", intervino Tadeo con burlón tono aleccionador. "Es como estar bastante embarazada"

"Nadya estaba bastante embarazada", me defendí.

"Me atrevería a decir que en los últimos tiempos, incluso muy embarazada", intervino Lyosha con una sonrisa divertida, que corrigió velozmente cuando Nadya lo fulminó con la mirada. "Pero muy hermosa", añadió con rapidez.

"Burlaros de mí no os va a servir de nada", gruñó. "Si tiene poder sobre los muertos, ¿no tienen poder sobre nosotros? Al fin y al cabo..."

Se atragantó al final de la frase, mordiéndose el labio inferior. No es fácil decir lo que tiene en mente, pero también es un error que me apresuré a corregir en tono ligero, restándole importancia a su preocupación.

"Nosotros no estamos muertos, querida", la corregí con suavidad.

"Pero..."

"Perdemos facultades. Ninguna dama se había atrevido a dudar de mi vitalidad después de algo como lo de esta tarde", intervino Tadeo.

"Se está volviendo muy exigente", medió Lyosha, burlón.

"¿Porqué todas las conversaciones con vosotros tienen que acabar en el sexo? Esto es importante", protestó Nadya.

"Puestos a elegir entre sexo y muerte, ¿qué prefieres, amor mío?", pregunté sonriente.

"Prefiero que me respondáis sin subterfugios", gruñó ella.

Suspiré. Definitivamente, no es nada fácil distraerla.

"Nosferatu, Nadya", contestó Lyosha en un murmullo. "Leo no te ha mentido. Los nigromantes tienen poder sobre los muertos, pero nosotros no estamos muertos. Somos los no muertos. Sus poderes no sirven de nada con nosotros. Ni siquiera con alguien tan joven como tú"

"¿Quiere decir eso que puedo acompañaros?"

"Ni en un millón de años", contesté velozmente.

"Pero si no hay peligro..."

"Siempre hay peligro, Nadezhda. No vendrás y no es negociable", gruñó Lyosha.

"Pero..."

"Ya basta, mujer", la frené en tono cortante. Ella me miró con esa mueca obstinada que nunca trae nada bueno, así que me obligué a refrenar mi creciente irritación, y suavizar mi tono. "Déjanos esto a nosotros, por favor. Puede ser una trampa. Y no podemos perderte. Andy no pude perderte"

La mención a nuestro hijo la serenó. Se debatió consigo misma sólo un rato más, y finalmente abandonó la batalla.

"Está bien", murmuró. "Pero me daréis vuestra palabra de que vais a comportaros y a tener mucho cuidado"

Asentimos, sonrientes. Su innecesaria preocupación por nosotros es enternecedora.

"Y me lo contaréis todo a vuestro regreso"

La sonrisa murió en mis labios. Eso ya no ha tenido tanta gracia.

"Te contaremos cualquier cosa que desees saber", intervino Tadeo.

Pero no cualquier cosa que haya sucedido, y ni la imaginación de Nadya llega tan lejos como para conjeturar sobre gran parte de esa reunión. Es curioso que Tadeo utilice con ella el mismo truco que mi hermano y yo. No mentir, pero tampoco decir toda la verdad. Jugar con las palabras para engañarla, distraerla con evasivas verbales. Eso es lo único que funciona con ella, y funcionó también en esta ocasión. Asintió a regañadientes a modo de aceptación.

"Pues si ya hemos zanjado este tema por el momento... Pasa de una vez, Samuel. Me está poniendo nervioso escuchar tus pasos en el recibidor. Vas a gastarnos la alfombra", ordenó Tadeo en voz baja.

Miré a Nadya, y sonreí al ver que no parece sorprendida. Sus sentidos cada día están más y más alerta, y eso es una gran noticia. Al igual que todos nosotros, ha sentido al primo de Tadeo pasearse arriba y abajo por el vestíbulo, esperando que se le concediera permiso para entrar en el salón. Hace apenas un año, habría estado tan concentrada en la conversación, que no se habría dado ni cuenta.

Samuel entreabrió la puerta, y asomó la cabeza.

"Lamento interrumpir, pero hay algo en la sala de entrenamientos que deberías ver, Tadeo"

Lyosha rió entre dientes, y se puso en pie de inmediato. Me levanté casi al instante. Si es algo que mi hermano considera lo bastante interesante como para abandonar el calor de la lumbre y el confortable sofá en que estamos sentados, no necesito ni preguntar. Tadeo enarcó las cejas, y se puso en pie con parsimonia.

"¿De qué se trata?", preguntó.

"Es mejor que lo veas tu mismo"

"Más vale que merezca la pena", gruñó Tadeo, saliendo tras su primo, recorriendo el salón en tres grandes zancadas.

Lo seguimos al momento, atravesando el recibidor hasta la puerta situada bajo las escaleras que lleva a la sala de entrenamientos. En nuestra casa, ese cuarto fue añadido con posterioridad, y hay que cruzar parte del jardín para llegar a él, pero la mansión de Tadeo fue diseñada y construida por los nuestros, no adaptada partiendo de un diseño humano, y se hizo pensando en nuestras necesidades específicas. Es un poco más pequeña que la nuestra, pero mucho más cómoda en lo que a esos pequeños detalles se refiere.

Ya antes de descender las escaleras, supe que lo que quiera que esté pasando ha conseguido atraer la atención de decenas de curiosos. Una pelea. Se escucha el sonido del combate con claridad, pero no podría asegurar quienes son los implicados. No conozco bien a la familia de Tadeo, y sus olores se me escapan. Si fuera en nuestra casa, podría decir quien está en el salón, donde está situado cada uno, y quienes son los luchadores. Pero aquí tendré que esperar a comprobarlo con mis ojos.

"Ábrelos bien", sonrió Lyosha.

"Hazle caso. Merece la pena", añadió Tadeo con una misteriosa sonrisa.

"¿Qué diablos pasa? ¿Es que soy el único que no tiene ni idea de que va todo esto?", gruñí.

"Nadya tampoco lo sabe", susurró velozmente Lyosha. "Y ahora calla", ordenó, al tiempo que Tadeo abría la puerta.

"Por todos los diablos...", murmuré.

Desde luego, merecía la pena. En el centro de la sala, Klaus, la indiscutible mano derecha de Tadeo, el mejor y más dotado de sus hombres, pelea con un luchador. Y está teniendo muchos problemas. Su contrincante ataca con una agilidad y una fortaleza letales. Sus golpes son veloces y certeros, e incluso a mí me costaría criticarlos. Podría ganarle, sin duda, y cualquiera de mis hermanos también. Aún le faltan muchos siglos y mucha experiencia para poder vencer a uno de nosotros, pero aún así es el mejor luchador de su edad que he visto jamás.

Eso quizá no sería sorprendente, ni merecería el esfuerzo de abandonar el calor de la lumbre con tanta precipitación. Pero es que el luchador es una hembra. Y qué hembra. Esbelta, aunque de formas voluptuosas y femeninas. Alta y fuerte, y con una cara de muñeca incoherente con su fabulosa esgrima. Pelo rubio, muy corto y revuelto, grandes ojos azules, nariz respingona, y una pequeña boca de labios rojos y brillantes, que aún en el fragor de la batalla parece fruncida en un mohín coqueto. No es mi tipo – demasiado alta, demasiado fría, de rostro demasiado aniñado – pero debo reconocer que cualquiera la encontraría bella.

Observamos el combate unos segundos más, y podría haberse prolongado durante horas de no ser porque Tadeo se interpuso entre las espadas de los contrincantes caminando con parsimonia, como si interrumpiera una charla y no una lucha. Alzó las manos distraídamente, y en un gesto veloz detuvo los brazos de Klaus y de la mujer aparentando no realizar ningún esfuerzo. Dejé escapar un bufido despreciativo. Su sentido de lo teatral es aún mayor que el mío.

"Yo no apostaría por ello", me provocó mi hermano.

"Tú nunca apuestas contra mí", repliqué. "Odias perder"

"Le dijo la sartén al cazo...", rió Nadya.

Tadeo cruzó unas cuantas palabras con la hembra, a quien sin duda conoce de antes, invitándola a reunirse con nosotros en el salón después de que se instalara. Nadya iba a adelantarse, dispuesta a acompañarla, cuando Klaus se ofreció a hacer ese trabajo por ella. Casi al instante, apareció un nutrido grupo de voluntarios, empujándose entre ellos para conseguir el puesto más cercano a la dama, quien a todas luces disfruta del revuelo que está provocando. Tadeo sonrió despreciativamente, y le dio la espalda a la inminente pelea, reuniéndose con nosotros.

"Mucho me temo, Nadezhda, mi auténtico amor, que la tregua acaba de romperse", sonrió.

"¿Podía ser de otro modo? Como diría Sue, tu casa es el reino de la testosterona, querido"

"Ciertamente. Pero debes reconocer que en esta ocasión, la reacción es disculpable", murmuró Tadeo, echando un último vistazo a la mujer, que ahora salía por la puerta del jardín seguida por su cohorte, dirigiéndose a los alojamientos de los visitantes.

"Creí que preferías a las morenas", masculló Nadya, disimulando un tono irritado, que hizo que mi hermano y yo bajáramos la cabeza para que no viera nuestra risa.

"Yo como de todo, querida. A estas alturas ya deberías saberlo", replicó con evidente intención.

Nadya bufó ruidosamente, y tras dedicarle una mirada asesina, descendió las escaleras siguiendo a la comitiva.

"Pues veamos si también eres capaz de estar a dieta", gruñó en voz baja. "Voy a detener la pelea antes de que empiece", añadió en voz alta.

Rompimos a reír a carcajadas, consiguiendo enfurecerla aún más. Salió al jardín dando un tremendo portazo, mientras Lyosha golpeaba a Tadeo en el brazo, mirándolo con falso aire reprobador.

"Si esa hembra es quien yo sospecho que es, deberías controlar las bromas, o te verás en un buen lío"

"¿Ana?", exclamé. Tadeo asintió, sonriendo. Silbé por lo bajo, y me volví hacia mi hermano. "Por una vez, no estoy de acuerdo contigo, hermano. Si esa es Ana, da igual que gaste bromas o no. Ya está en un buen lío. Y es mejor que nos vayamos antes de que nos hunda con él", reí, arrastrando a Lyosha fuera de la habitación, fingiendo alejarme de Tadeo como si tuviera algo contagioso.

El nos siguió riendo entre dientes. Salí al jardín, caminando en dirección contraria a los apartamentos de invitados de la casa de Tadeo, y me senté en el cenador, asegurándome de que no hubiera demasiados oídos indiscretos a nuestro alrededor. Incluso miré a mi hermano, para que se asegurara de que Nadya está lo bastante lejos como para que estemos fuera del alcance de sus poderes mentales. Él asintió, sonriente. Durante un rato, estamos a salvo.

Tadeo tomó asiento frente a nosotros, y nos miró con gesto burlón.

"¿No tienes nada que hacer?", pregunté. "No me malinterpretes, no es que no aprecie tu compañía pero..."

"Cobardes", sonrió.

"Nada de cobardía. Prudencia. Se trata únicamente de prudencia", replicó Lyosha.

"Tampoco es para tanto", protestó Tadeo en tono ligero.

"¿Qué no es para tanto?", exclamé, de buen humor. "Amigo, si ha habido una relación que los nuestros han llegado a considerar escandalosa, sin duda ha sido la tuya con esa mujer"

"León, tú mejor que nadie deberías saber que fornicar con una hembra no implica tener una relación con ella", sonrió.

"Por supuesto que lo implica... Si lo haces muchas veces"

"¿En serio piensa eso?", preguntó, dirigiéndose a mi hermano.

Lyosha se encogió de hombros, sonriente.

"Tiene teorías aún más extravagantes. Hay una sobre ganzúas y piernas, que..."

"Oh, vamos, no vuelvas sobre eso otra vez", lo interrumpí, riendo. "Además, no hablamos de mí, hablamos de él, y de lo que le va a hacer Nadya cuando se entere de la historia... Y si se queda más de dos días, no te quepa duda de que se va a enterar"

"Pues tendré que pensar que hacer al respecto, porque de seguro se quedará más de dos días"

"¿Piensas aceptarla en tu clan?", inquirió Lyosha.

"¿Tú has visto como pelea?", replicó Tadeo de inmediato, velozmente.

Lyosha y yo asentimos. Por muy difícil que pueda ser tranquilizar a Nadya, ¿qué clan puede permitirse el lujo de rechazar a un guerrero como ella? Es un auténtico diamante en bruto. Ni mi hermano ni yo podemos discutirle esa decisión, aunque nos consta que le va a costar un monumental enfado de nuestra compañera, en cuanto empiece a escuchar los rumores. Y no tengo ninguna duda de que no van a tardar nada en aparecer las primeras murmuraciones. Yo no conocía a Ana en persona, y aunque he escuchado un par de comentarios acerca de su valía como cazadora y como guerrera, la mayor parte de lo que sé de ella se refiere a su tórrida relación con mi hermano de clan. Como le dije, casi consiguieron escandalizar a muchos con su historia, y no es fácil conseguir semejante cosa de una especie tan abiertamente lujuriosa como la nuestra.

"Lo que te pasa es que estás celoso", rió Lyosha. "Ni siquiera de tus conquistas se ha hablado tanto como de los encuentros de nuestro querido hermano de clan con esa hembra"

"A la gente le encanta hablar", replicó Tadeo con gesto afectado. "Tampoco fue para tanto"

Enarqué las cejas en su dirección, y él soportó mi mirada con una sonrisa inocente más falsa que el pecado.

"¿Qué no fue para tanto?", exclamé. "Por todos los diablos, si me dijeron que incluso..."

Me hizo callar con un divertido siseo.

"Una simple confrontación de dos caracteres fuertes, eso es todo. Y ahora, si no os importa, dejemos el tema por el momento. Hay algo que..."

"No hay problema", lo interrumpió Lyosha. "Tú llevarás la voz cantante en la reunión, desde luego. No es mucho lo que sé sobre los nigromantes, y me imagino que mi hermano tampoco está muy al día"

Me encogí de hombros.

"Ya me conoces. Tiendo a ignorar todo lo que no entra en mis dos categorías favoritas"

"¿Lo que puedes matar o devorar y lo que puedes amar?", preguntó Tadeo, sonriendo con ironía.

"Exacto", asentí, devolviéndole la sonrisa. Pero al momento compuse una expresión de seriedad. "Pero si en algún momento siento la necesidad de intervenir, lo haré. Ya sabes el motivo"

"Naturalmente. Si llega ese momento, me retiraré a un segundo plano. Y ojalá llegue, hermano de clan. Lo digo con total sinceridad"

Asentí, agradeciendo sus palabras en silencio. Parece que mis malditas intuiciones están poniendo a todo el mundo de los nervios. ¿Porqué diablos no habré recibido el regalo de la telepatía en lugar de esta tortura? Irritado, y nuevamente inquieto, me levanté con brusquedad, y eché a andar sin saber muy bien aún hacia donde dirigirme. Barajé la posibilidad de buscar a Ángelo, pero mi hermano me aferró por el brazo y me arrastró hacia la casa de Tadeo. Me dejé llevar, sabiendo tan bien como él que no es buena idea ponerme en una situación que dispare mi mal genio, y agradeciendo por enésima vez a la fortuna el que pusiera en mi camino a ese sensato vikingo.