Pokémon Reset Bloodlines – Aventuras en las Islas Sevii

Disclaimer: Pokémon y todos sus personajes son propiedad de Satoshi Tajiri y Nintendo. La historia de Reset Bloodlines pertenece a Crossoverpairinglover. Todos los derechos reservados.


(Interludio de Isla Tera, escrito por Viroro-kun, traducido por Fox McCloude)


Archipiélago Sevii, Isla Tera…

La pequeña niña nunca había corrido tanto en toda su vida. Al detenerse y abrazar fuertemente a su querido Dunsparce contra su pecho, se quitó algo de su cabello rosa de los ojos y se dio la vuelta, para no encontrarse con rastro de los tipos malos que la perseguían. Sonrió y suspiró de alivio.

- ¡*Fiu*, ya estamos a salvo, Dunsparce! – dijo abrazando fuertemente a su Pokémon.

Dunsparce chilló feliz junto a ella, agitando sus pequeñas alas. Dicha alegría duró poco, sin embargo, ya que tanto Lostelle como su amigo entendieron exactamente a dónde habían llegado al notar las hojas de color naranja y marrón en la espesura de árboles que los rodeaba. Había solo un lugar en toda la isla que era así, uno que los adultos le decían constantemente que evitaran cuando andaban solos.

Lostelle tragó en seco, y se dio la vuelta para retornar sobre sus pasos. Se quedó congelada cuando un camino que no le era familiar se abrió delante de ella, y la preocupación se metió en ella. No tenía idea de qué camino había tomado para llegar hasta ese lugar, y todos los caminos se veían exactamente iguales salvo por un par de bayas diferentes que estaban esparcidas en el suelo. Estaba atrapada en medio del bosque.

El cuerpo de Lostelle se quedó tieso, pero de inmediatos acudió la cabeza y tomó determinación. No podía dejar que eso la asustara: tenía que salir y volver con su papá, ¡y nada la detendría!

Pero dicha confianza se derritió en el momento en que miró de vuelta al espeso bosque que la rodeaba. Tragó saliva y dio algunos pasos al frente, mirando junto con Dunsparce en busca de una salida, y el terror enchinándoles la piel.

- ¿A-a dónde tenemos q-que ir? – se preguntó, casi esperando una respuesta. Por supuesto, nadie se la dio.

Y entonces, una pequeña tonada comenzó a sonar por entre los árboles, primero suavemente, y luego progresivamente más rápida y clara. Sonaba juguetona, y aun así Lostelle no pudo evitar tragar saliva y dar un respingo. La tonada pronto se volvió en una canción poco después.

- Ven pequeña, ven a jugar. Ven conmigo a disfrutar.

No se parecía a ninguna voz que la pequeña hubiera escuchado jamás, era como si hablara directo dentro de su cabeza. Lostelle y Dunsparce abrieron los ojos, y los arbustos y árboles a su alrededor comenzaron a sacudirse al unísono. La niña se echó para atrás, y la canción continuó.

- Lejos de tu hogar vamos a escapar. Conmigo, mucho vas a gozar.

Lostelle se dio vuelta y salió corriendo hacia un camino al azar, sin importar a dónde le llevara. La tonada nunca se detuvo, en vez de eso se iba haciendo más rápida y clara a cada giro. Esperaba encontrar la salida mientras cambiaba de dirección a cada tanto, solo para encontrarse con más y más árboles adelante. Lo suficiente para no darse cuenta de que había una Baya Oran en el suelo.

La chica se resbaló y se cayó, rodando por el suelo hasta chocar contra el tronco de un árbol. Se raspó las rodillas y gritó de dolor, y al darse la vuelta vio que se había hecho un gran moratón en ellas. Lostelle pudo ver a Dunsparce desenredándose en de su agarre y yendo por unas bayas para curarla, pero ella no lo esperó para levantarse. Los árboles y arbustos se sacudieron más violentamente a su alrededor, y Lostelle solo podía temblar mientras las lágrimas chorreaban por su rostro.

- Oh, pequeña, por favor no llores. Yo te protegeré, no tengas temores.

La canción ahora sonaba más cercana. Mientras Dunsparce volvía y untaba la herida con algo de baya Oran, Lostelle trató de encontrar una forma de salir, solo para encontrarse más perdida que antes. La voz, sin embargo, sonaba más fuerte que nunca.

- Siéntete libre de venir a jugar. Ven a mi bosque, y conmigo te quedarás.

El bosque pareció oscurecerse ante eso, y Lostelle no pudo más que romper en llanto mientras latonaba continuaba resonando alrededor de ella. Abrazó con fuerza a su Dunsparce, que estaba igual de muerto de miedo que ella, y sin ningún camino que tomar, la niña cerró los ojos y juntó las manos.

- Por favor, que alguien nos ayude... – susurró sin dirigirse a nadie en particular, mientras el bosque continuaba sacudiéndose, y unos pasos venían acercándose hacia ella...


Entretanto…

- ¡Tierra a la vista!

Yellow saltó fuera del ferry con una gran sonrisa, mientras Red se tomaba su tiempo para observar la isla que tenían enfrente. Recordaba como Yellow le había dicho que la ciudad en Isla Tera era la más grande y poblada de las Islas Sevii, pero con una sola mirada podía ver que incluso un lugar como Pueblo Lavender fácilmente la superaba en tamaño y actividad, aunque no era muy sorprendente considerando lo pequeñas y aisladas que eran las ciudades en las Islas Sevii aparentemente.

No era que a Red le importase la tranquilidad: una de las ventajas de su viaje a las Islas Sevii era poder entrenar lejos de los ojos de gente como Paul, Gary Oak y Ash Ketchum que pudiesen ver lo que estaba haciendo, una vez que hubieran vuelto a Kanto. Aunque no encontrara lo que estaba buscando, eso era un plus garantizado de este viaje secundario.

- Y bien, ¿qué quieres hacer, Red? – dijo Yellow ajustándose su sombrero de paja mientras se volteaba a verlo. – ¿Algo de entrenamiento, algo de relajación, o quieres que sigamos buscando la trampa?

Si no fuera porque disfrutaba de la compañía de Yellow, Red ya probablemente se habría cansado de que siguiera llamando a su objetivo una "trampa": un lugar donde sus Pokémon podían andar libres y ejercitarse como en el laboratorio al cual Ash Ketchum tenía acceso sería un recurso invaluable para él. Uno que realmente necesitaba, especialmente ya que le resultaría útil para darle una manera de interactuar más a menudo y más directamente con todos sus Pokémon.

Dicho punto resultó ser más urgente luego de pasar su último día en Isla Secunda tratando de familiarizarse más con su equipo tal y como Ultima le había sugerido, con resultados extremadamente mixtos: fuera de descubrir que a su Beedrill le gustaban las Galletas de Lava que vendían en el mercado, que Haunter tenía una extraña fascinación por el póker y que a Kangaskhan realmente le gustaba patear las cosas en su camino, ninguno de sus intentos por intentar trabar amistad con los miembros de su equipo aparte de Pikachu y Charizard tuvo éxito. A falta de algo mejor, se aseguró de comprar una dotación para un año de Galletas de Lava, aprendió que la cara de póker de Haunter podía engañar incluso a su Vista de Victoria, y tomó nota de enseñarle a Kangaskhan Mega Patada en cuanto le fuera posible.

De todos ellos, sin embargo, uno en particular seguía dándole a Red mucho que pensar, y sus ojos se dirigieron a una Pokébola específica en su cinturón. La cual contenía a su Clefairy. Asumió que si podía conocer mejor a su equipo, tal vez Clefairy habría perdido su instinto asesino, ganado una conciencia, o una de esas cosas cursis que parecían funcionar para otros entrenadores. Lo único que consiguió fue que Clefairy intentara "jugar" con su equipo y casi le arrancara los aguijones a Beedrill antes que Charizard le arrojara un Lanzallamas en toda la cara hasta que se desmayó. En retrospectiva, tal vez no había sido una de sus mejores ideas.

Entre todos sus Pokémon, Clefairy era definitivamente el más problemático: aunque no supiera cómo, podía sentir que eventualmente podría conocer más de sus Pokémon y conectarse con ellos, y encontrar ese "algo" que le dijeron que le faltaba. Con Clefairy, sin embargo, no tenía idea de por dónde comenzar más allá de decirle que le bajara un poco a sus instintos de pelea, lo cual equivalía a decirle que se contuviera con ellos.

El solo pensamiento de pedirle a uno de sus Pokémon que se contuviera con sus oponentes le hizo revolver el estómago: tenía que domar a Clefairy antes que pudiera hacer algo realmente peligroso, pero tenía que haber una forma de hacerlo que no requiriera comprometer sus propios principios, incluso con lo que había dicho la señora Ultima. Con suerte, algo de entrenamiento le ayudaría con eso.

- ¡Hey, Tierra llamando a Red!

Cuando Yellow agitó la mano frente a su rostro, Red volvió a aterrizar y le dio su atención. Solo fue entonces que vio el rostro enfurruñado y preocupado de su amiga, que ladeó la cabeza con los brazos cruzados.

- ¿Sigues pensando en lo que dijo la señora Ultima?

- Un poco. – dijo Red en tono despreocupado, dirigiendo la mirada hacia la playa arenosa. Yellow suspiró ante eso.

- Aunque tuviera razón en algunas cosas, no tienes que tomarte tan a pecho todo lo que dice, ¿sabes? Guarda los buenos consejos y olvida los malos, no tienes por qué pensar tanto en ello.

Red continuó mirando hacia el horizonte, pensando en su consejo. Lógicamente, esa era la elección correcta, y él estaba seguro de que su Vista de Victoria lo confirmaría. Lástima que no era tan fácil elegir qué tomar del consejo de una anciana maestra que lo derrotó totalmente sin siquiera esforzarse, algo que intentaba apartar de su mente. Yellow pareció darse cuenta que sus palabras cayeron en oídos sordos, y simplemente sonrió mirando la playa también.

- Sabes, creo que deberíamos tomarnos un descanso aquí. Estás pensando demasiado, y eso no puede ser bueno.

Red continuó observando la playa mayormente vacía, fuera de un parche de hierba que conectaba con una pequeña cueva donde se podían ver algunos Dunsparces. Pokémon raros, pero inútiles en una pelea y no de los que valía la pena invertir esfuerzos. Quizás relajarse en la playa sería útil para conectarse con sus Pokémon como en aquellas aguas termales en Isla Prima. No pudo evitar notar que su Pikachu parecía estar molesto de lo que se tardaba en responder, sin embargo; era otra de esas muchas ocasiones que deseaba poder hablar con sus Pokémon como lo hacía Ash.

- Claro. – Los labios de Red se curvaron ligeramente hacia arriba ante eso.

- ¡Ese es el espíritu! – sonrió Yellow dándole un pulgar arriba, y de inmediato se echó a correr frente a él. – Pero primero, vamos a comer algo. Escuché que hay un excelente restaurante por…

Un fuerte rugido de motores resonó en su dirección, y al darse la vuelta hacia la fuente los ojos de Yellow se ensancharon, algo que hizo que Red se volteara también hacia adelante. Desde la distancia, se podía ver a varios punks montados en motocicletas que manejaban por la calle principal de la ciudad, casi arrollando a la gente mientras se reían todo el tiempo. Red arqueó una ceja: a juzgar por lo que Yellow le había dicho, parecía que las reuniones espontáneas de motociclistas no eran una ocurrencia común en ese lugar. Tal vez sería mejor mantenerse fuera de su camino por el momento. O al menos, eso creyó hasta que Yellow volteó a verlo con seriedad.

- Red, tenemos que ir a ver qué sucede.

Él esperaba que ella no dijera eso, pero sin ningún ferry para ir a otra parte y sin ningún destino al cual dirigirse, tampoco había muchas opciones. Y si era algo serio, podría tal vez usarlo como sustituto para su entrenamiento regular. Con esos pensamientos en mente, Red agarró sus Pokébolas y se fue junto con Yellow hacia el verdadero corazón de Isla Tera.


Un poco más tarde…

Al acercarse más a la ciudad, el grupo que andaba causando alboroto pronto se tornó más definido: todos eran motociclistas, del tipo que se podían encontrar vagando por la Ruta Ciclista en Kanto, con muchos Pokémon como Koffing, Grimer, e incluso otros como Marowak y Gastly uniéndoseles en andar correteando y causando desorden para los ciudadanos. Los habitantes estaban o huyendo o manteniendo sus distancias, pues nadie parecía lo bastante valiente para enfrentarse al resto. El líder de los motociclistas, un hombre con gafas y un copete ridículamente enorme, cruzó los brazos y sonrió ampliamente mientras se dirigía hacia los isleños.

- ¡Jajajaja! ¡Isla Tera nos pertenece ahora! – les dijo, mientras el resto de su pandilla se le unía en su risa.

Llegados a la entrada de la ciudad, Red y Yellow intercambiaron una mirada sin decir palabras. Y entonces, sin más, Yellow frunció el cejo y dio un paso al frente.

- ¡Hey, ustedes! ¡Deténganse ahora! – les gritó, mirando fijamente a los motociclistas mientras los señalaba con el dedo. Todos los rufianes dejaron de reírse y fanfarronear mientras volteaban a verla, con confusión en los ojos. Eso duró poco, sin embargo, y el líder le sonrió con arrogancia al poco rato.

- ¿Y tú quién te crees que eres, enana? – le preguntó, viéndola de manera burlona. Yellow sonrió y se colocó la mano en el pecho.

- ¡Soy Yellow, y este chico de aquí es Red! ¡Y les pateará el trasero!

Mientras todos le daban miradas estupefactas a él y a su compañera, Red siguió sin decir ni una palabra. Simplemente los vio y observó a sus Pokémon, tratando de asimilar tanta información de ellos como fuera posible, apenas registrando cómo cada ciudadano presente parecía preocupado por él. El líder de la pandilla pareció más divertido que preocupado, especialmente al acercarse para verlo mejor y dirigirle una expresión burlona.

- No deberías tratar de jugar al héroe, chico. Eso terminará mal para ti.

Red permaneció tan estoico como siempre, con los ojos apenas entrecerrados. El líder tomó eso como una broma y se volvió a reír.

- ¿Qué te ocurre? ¿El Meowth te comió la lengua? ¿Muy asustado para hablar? – Se acomodó las gafas, adoptando una sonrisa de oreja a oreja. – Qué lástima. ¡La Federación Pokémon de Kanto ya está lista para destruirte!

Red entrecerró los ojos un poco más, enfocándose finalmente en lo que le decía su Vista de Victoria. Posibilidades: 80%. Un poco más bajas de lo que esperaba, pero él asumió que sería por muchas variables desconocidas. De cualquier manera, cogió varias de sus Pokébolas en cuanto vio a los otros motociclistas listos para dar órdenes a sus Pokémon.

Y entonces, todo fue interrumpido por un estallido de risas.

Todo mundo se detuvo, volteándose hacia la fuente con los ojos muy abiertos. Red apenas se vio ligeramente sorprendido cuando resultó ser Yellow, mientras la chica trataba de ahogarse la risa lográndolo apenas a medias. El líder de la pandilla rápidamente pasó de confuso a molesto.

- ¡¿De qué te ríes?! – le gritó. A Yellow le tomó varios segundos calmarse lo suficiente para responderle, y tuvo que quitarse unas lágrimas de los ojos.

- Es solo que… ¿se hacen llamar la Federación Pokémon de Kanto? – Se tapó la boca y volvió a reírse. – Perdón, pero eso suena tan amenazador como que se llamaran "Equipo Peluches". ¿No se les ocurrió un mejor nombre?

La Federación Pokémon de Kanto no supo qué decir. Todos voltearon a verse entre ellos.

- ¡Les dije que debíamos habernos llamado Equipo Bikers! ¡Nadie toma nuestro nombre en serio!

- ¡Pero eso es aburrido y predecible, jefe! ¡La Federación Pokémon de Kanto nos da un nombre que suena importante y ambicioso!

El debate rápidamente se tornó candente, mientras Yellow continuaba riéndose todavía más. Red probablemente le habría dicho que se detuviera de no ser porque notó que su porcentaje de victoria acababa de subir a noventa. Y predeciblemente, el líder de los motociclistas no estaba nada divertido.

- ¡Deja de reírte! ¡Ya basta! – dijo apretando los dientes y apuntándoles con el puño. – ¡Si es guerra lo que quieres, te la vamos a dar!

Como si fuese su señal, todos los Pokémon de la Federación Pokémon de Kanto asumieron sus posturas, mientras el jefe y sus secuaces trataban de no echar espuma por la rabia. A la luz de su estado emocional y el vistazo cercano que obtuvo de sus oponentes, la Vista de Victoria aumentó sus posibilidades a un generoso noventa y nueve por ciento. Casi suspiró al agarrar sus Pokébolas: si había un lado positivo, probablemente se justificaría en ir con todo contra esos idiotas.

Llamó a todos los miembros de su equipo activo actual, y todos asumieron posturas de batallas. Del otro lado del campo de batalla, el líder de los motociclistas acababa de alzar los puños y lo estaba mirando fijamente.

- ¡Ataquen, ahora! – les gritó, y el nada desdeñable ejército de Pokémon se lanzó contra Red y su equipo. Red frunció el cejo ligeramente.

- Mantengan la ofensiva y no dejen que nos alcancen.

Fue una orden bastante simple, pero con oponentes como estos no había necesidad de actuar activamente: a menos que alguno de ellos mostrara ser un improvisador al nivel de Ash Ketchum, tendría que limitarse deliberadamente para perder la pelea. Y él no les iba a conceder ese lujo.

Red les echó miradas rápidas a cómo les estaba yendo a sus Pokémon: Pikachu se encontraba dando varios Puños Trueno en sucesión rápida a un Koffing cercano, Beedrill había logrado volar fuera del camino de unos cuantos Grimers y procedió a apuñalarlos repetidamente con Ataque Furia, Kangaskhan seguía intentando dominar Mega Patada contra algunos Marowaks desafortunados, Haunter estaba usando Doble Equipo y Puño Sombrío para lidiar con un par de Gastlys, Charizard alejaba a cualquiera que se acercara con Lanzallamas, y Clefairy claramente se estaba divirtiendo destruyendo a cualquiera que se metiera en su camino con arranques aleatorios de Metrónomo.

Red se enfocó menos en la batalla propiamente dicha, y más en el desempeño individual de sus Pokémon y la forma en cómo se movían y actuaban si de alguna manera no podía darles órdenes. Podía ver que Pikachu y Charizard eran capaces de seguir sus rutinas usuales de batalla al pie de la letra, y fácilmente capaces de sobrepasar a hordas de varios Pokémon a ka vez; Clefairy parecía estar tratando de liberar algún tipo de frustración, pero fuera de eso parecía errático, impredecible aunque efectivo; y por último Beedrill, Haunter y Kangaskhan parecían tener un desempeño remarcablemente mejorado, posiblemente por lo que hizo antes. Era algo que tenía que analizar más detenidamente cuando regresaran al entrenamiento.

Y todo el camino, la Vista de Victoria continuaba aumentar fracción por fracción con cada golpe que daban, al punto que Red se preguntaba por qué no decía de una vez que tenía cien por ciento de posibilidades de victoria de una sola vez en ese punto. Esperaba que estos punks le resultaran útiles para un calentamiento, pero apenas si cualificaban como sacos de golpear. Debió haber confiado en sus posibilidades y haberles tirado sus ataques más fuertes de una vez para acabar con ellos.

Y entonces, las palabras de Ultima de pronto volvieron a él: "¿Qué hay de malo en que solo haya usado la fuerza necesaria para terminar el combate?"

Solo por un segundo, mirando otra vez a sus seis Pokémon que hacían pedazos totalmente a su oposición, se preguntó si ella tendría razón. Aún sin su vista de victoria, podría fácilmente haber usado una orden más sencilla para derrotar a sus oponentes. No eran lo bastante fuertes como para representar una amenaza para él, después de todo.

Red apretó los puños ante ese pensamiento. Aunque quisiera ignorarlas, las posibilidades continuaban apareciendo en su mente de todas maneras. No seguirlas al pie de la letra sería estúpido e ineficiente. Ash Ketchum tal vez podría haber sido capaz de ganar de maneras ilógicas y sin siquiera dignarse a mostrarle todo su poder a sus oponentes, pero él no tenía intención de terminar de esa manera. Él honraría sus batallas haciendo lo mejor de lo que era capaz, y si sus oponentes no podían igualarlo, eso no era culpa suya.

Justo entonces se enfocó en la batalla, o al menos de lo poco que quedaba de ella: Kangaskhan, Charizard y Haunter acababan de terminar a sus últimos oponentes, y al parecer Pikachu y Clefairy no les tomaría mucho para volver unirse a ellos. Tal y como lo esperaba. Red se volteó a ver al líder, cuya confianza y bravata que exhibió antes habían sido reemplazadas por shock y miedo. Se quedó mirando fijamente hacia la expresión estoica de Red.

- ¿D-de qué diablos están hechos los Pokémon de este niño?

- ¡Jefe, ya terminamos aquí! – gritó uno de sus secuaces, recogiendo a un Marowak y a un Koffing.

Red no sonreía, ni siquiera mientras los ciudadanos recuperaban su coraje y empezaban a animarlo junto a Yellow y les gritaban a los motociclistas que se largaran, mientras los pandilleros recuperaban a sus Pokémon y se montaban de vuelta en sus motocicletas. Todo salió exactamente como lo planeaba, al punto que casi era aburrido.

Por desgracia, hubo una cosa que no tomó en cuenta, y una risa escalofriante se lo recordó. En aquel momento, un ataque de Fuerza Lunar casi le vuela la cabeza a uno de los motociclistas, y Red se quedó congelado. El motociclista frenó bruscamente, y Clefairy corrió hacia ellos con una sonrisa demasiado ancha pegada en toda su cara. El líder frunció el cejo ante eso.

- ¡¿Qué diablos quieres, pedazo de…?! – Clefairy no perdió el tiempo y le saltó encima al líder, tirándolo de su motocicleta sobre el duro suelo, sin cesar su risa infernal. Y todo el rato, comenzó a agitar un dedo mientras se movía con Metrónomo.

- ¡Clefairy, ya basta! ¡La pelea terminó! – Red se adelantó, con una expresión dura y casi dejando salir de su boca unas llamas.

El Pokémon tipo Hada no lo escuchó, y su dedo comenzó a brillar todavía más mientras se reía en la cara del motociclista, la cual palidecía más y más. Red les echó una mirada a Pikachu y Charizard, y ambos saltaron hacia Clefairy antes de siquiera recibir una orden: ambos taclearon a Clefairy contra el suelo, echando chispas y con la boca lista para lanzar fuego a la menor provocación. Clefairy trató de resistirse, pero rápidamente se rindió. Red imaginó que los castigos finalmente empezaban a tener el efecto deseado.

Pero al agarrar la Pokébola de Clefairy para recuperarlo, Red no pudo evitar ver los ojos de su Pokémon. Clefairy lo miraba fijamente, con la furia de alguien a quien le negaban su juego favorito, pero mucho más diabólica y demente. Tardó unos cuantos segundos en recuperar la compostura y volver a meter a Clefairy a su Pokébola, pero la mirada no desapareció. Él entendía que Clefairy estaba muy lejos de ser normal, pero esos ojos no eran como ningunos que jamás hubiera visto, y el solo pensamiento hacía que la piel se le enchinara.

Colocó la Pokébola de vuelta a su cinturón, y entonces volvió a mirar al líder. Este estaba muerto de miedo, respirando lentamente y sudando a chorros, pero por suerte estaba bien. Y ahora lo estaba viendo con furia.

- ¡¿Qué diablos estabas tratando de hacer?! ¡¿Matarnos?! – le dijo, y Red frunció el cejo.

- Yo no…

- ¡Eres un monstruo! ¡Todo mundo, vámonos!

Ninguno de los motociclistas necesitó que le dijeran más nada y salieron disparados hacia sus motocicletas para arrancarse directo hacia el puerto, e irse de Isla Tera. Red no se enfocó en nada de eso, sin embargo, sino en las memorias que fluían de regreso hacia él.

Una casa en llamas. Gente mirándolo con odio. Él totalmente solo. Toda su vida pasó enfrente de sus ojos, recordando todas y cada una de las miradas que recibió de gente que debería haber sido cercana a él. Todas las lecciones que aprendió sobre cómo el mundo era cruel y despiadado.

Red se tensó y se quitó de encima esos pensamientos, volviendo a encarar a Yellow y a los ciudadanos de Isla Tera. Medio se esperaba que se le fueran a echar encima, a que le susurraran sus fallos, y que lo llamaran monstruo. Todas las cosas a las que estaba acostumbrado.

Y cuando comenzaron a aplaudirlo y vitorearlo, no tuvo la menor idea de qué pensar.

- ¡Los derrotó!

- ¡Somos libres!

- ¡Eres nuestro héroe!

Red simplemente se quedó dónde estaba, mientras un torrente de cumplidos le caía encima, incluso con Yellow uniéndosele con un pulgar arriba y una gran sonrisa. Al sentir lo positivo, Clefairy y los motociclistas no parecían sino un problema muy remoto, todo mientras Red sentía algo que no podía describir, algo bueno y placentero que casi lo hizo sonreír. ¿Sería felicidad? No estaba seguro, pero ciertamente no le molestaba.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando un hombre regordete se les acercó a él y Yellow, probablemente sería el alcalde del pueblo o algo así.

- Tenemos mucho que agradecerte, muchacho. Esos rufianes nos han estado acosando por días, y no podíamos hacer mucho para detenerlos.

- ¡No fue nada! – sonrió Yellow mientras tocaba el hombro de Red. – ¡Red puede vencer a cualquiera!

Red por un momento se preguntó si eso era cierto, al recordar la forma inconsciente de su Charizard en su mente. Sin embargo, el hombre se rio con las palabras de Yellow.

- Eso puedo verlo. Ahora, ¿qué tal si les ofrezco un buen almuerzo? Es lo menos que puedo ofrecerles por su ayuda.

- ¡Claro! ¡Aceptamos! – dijo Yellow por los dos.

El hombre también sonrió ante eso, y pareció casi listo para llevárselos a su hogar. Pero entonces, algo más llamó la atención de Red y Yellow.

- ¡Lostelle!

Todo mundo volvió a ponerse en alerta, mirando de izquierda a derecha. Hasta Red lo hizo, pues la voz le resultó muy familiar. Cuando él y Yellow se dieron la vuelta hacia el puente cercano y vieron al hombre que corría hacia allá, dicha familiaridad se volvió todavía mayor.

- ¡Lostelle! ¿Dónde estás? – gritaba el hombre regordete y calvo, mirando a todas partes en busca de alguien mientras finalmente entraba a su casa. Yellow ensanchó los ojos al verlo.

- Espera, ese es…

No alcanzó a terminar la oración cuando el hombre los notó a ella y a Red, y en su cara se dibujó una sorpresa. Y desde ahí, Red podía estar seguro: era el mismo hombre que administraba el Salón de Juegos Alegre en Isla Secunda.

- ¡Eres tú! ¡El chico con suerte! – dijo mientras una leve sonrisa se formaba en su rostro. Yellow ladeó su cabeza al verlo.

- ¿Qué hace aquí en Isla Tera?

- Mi familia vive aquí. Mi hija Lostelle y yo estábamos dando un paseo cuando esos motociclistas nos atacaron. – El hombre tragó en seco, con los ojos volviendo a dirigirse hacia la ciudad en busca de alguien.

En ese momento Red se acordó de una niña bajita de pelo rosa y con un Dunsparce, una en la que apenas se había fijado la primera vez que salió del salón de juegos; probablemente era Lostelle. Ahora se habían dado cuenta que el hombre estaba solo, y no había ninguna niña a la vista. Yellow miró también los alrededores antes de cruzar los brazos, contemplando sus alrededores.

- ¿En dónde está su hija, señor?

- No lo sé. Estábamos justo al lado, y entonces llegaron esos sujetos y la perdí de vista. Creí que habría vuelto a la ciudad, pero... – El hombre de pronto se detuvo, con los ojos ensanchados mientras se volvía hacia el lugar por donde vino, y dio un paso atrás. – No.

- ¿Qué sucede? – preguntó Yellow mientras Red fruncía el cejo. El hombre no pareció registrar su pregunta, sino que se quedó mirando el bosque en la distancia. Los ojos se le ensancharon y tomó un profundo respiro.

- No es posible que se haya ido al Bosque de Bayas...

- ¿Bosque de Bayas?

- Es el único bosque que hay en la isla. Muchos niños han desaparecido ahí, y siempre les decimos que es muy peligroso ir solos por allá. – El alcalde miró hacia un parche de vegetación marrón en la distancia, con los ojos cautelosos. – Por ahora solo tratamos de evitarlo, ya que no hay muchos entrenadores.

Red miró hacia el Bosque de Bayas también, cruzando el puente que conectaba con un pequeño islote con la Isla Tera propiamente dicha. A primera vista parecía un simple bosque como muchos otros en el mundo, pero teniendo esa reputación obviamente no podía ser así. Él no le dijo nada al hombre, pero rápidamente vio a Yellow dándoles una mirada de simpatía a los ciudadanos y al padre de Lostelle. El hombre rápidamente se volvió hacia Red, y una chispa de esperanza le brillaba en los ojos.

- Eres un entrenador fuerte, ¿verdad? Ayer vi que tenías muchos Pokémon poderosos, y también parece que tienes suerte. ¡Por favor, salva a mi hija! – le dijo juntando las manos y dándole a Red una mirada de súplica.

De cara a esta petición, Red no tenía palabras. Él no era exactamente un trabajador de milagros, y no tenía idea de cómo ir a buscar a Lostelle, especialmente si ese bosque era tan peligroso como decían. Pero Yellow decidió responder por él con una gran sonrisa.

- ¡No se preocupe, salvaremos a su hija en un flash!

Esa respuesta hizo que toda onza de preocupación saliera del cuerpo del hombre, que les sonrió felizmente a los dos kantonianos.

- ¡Gracias! ¡Muchísimas gracias! – dijo sujetándole los hombros a Red con firmeza.

Red también se sorprendió, pero al mirar a los ojos al hombre, pudo sentir que probablemente fuese la única opción que le quedaba. Así, no dijo nada mientras se volvía hacia el bosque en la distancia una vez más, y Yellow hizo lo mismo.

- Ese es el Bosque de Bayas, ¿correcto? – le preguntó.

- Así es, sí. Por favor tengan cuidado. – les dijo el hombre. Yellow respondió con otra gran sonrisa.

- Lo tendremos, no se preocupe.

Y sin decir más nada, Yellow le indicó a Red que se movieran y los dos caminaron hacia el puente, con todos los ciudadanos animándolos y deseándoles buena suerte. Red sin embargo no estaba al pendiente de nada de eso, pues todos sus pensamientos estaban enfocados en el Bosque de Bayas que tenía delante. Todo parecía indicar que terminarían metidos en un gran embrollo, y probablemente necesitaba hablar con Yellow sobre tomar decisiones por él tan a menudo, pero había un pequeño lado positivo: si había algo en ese lugar, o tal vez alguien, que estaba causando que el bosque desarrollara esa reputación, probablemente fuese algo que requeriría de su máximo poder para ser vencido. Algo con lo cual pudiese poner a prueba su fuerza y estrategias.

Tal vez el viaje a esta isla no fuese un desperdicio después de todo.

Mientras atravesaban el puente hacia la pequeña islita, Yellow comenzó a explicarle lo que había leído sobre Isla Tera: al igual que la mayoría de las Islas Sevii, se le conocía también por otro nombre, el cual era "la Isla Familiar para Familiares", debido a como las islas conectadas entre ellas daban la impresión de ser un padre que cuidaba de su hijo. Bastante poético, si bien irrelevante para su búsqueda, aunque Red podía apreciar una buena metáfora. Más o menos iba con su filosofía personal de considerar a sus Pokémon como su responsabilidad.

Rápidamente dejó de lado estos pensamientos al volver a ver hacia el bosque cercano. Yellow estaba esperándolo junto a la entrada, estudiándolo mientras se acercaba a ella: el bosque de hojas marrones y naranjas todavía se veía tan normal como en la distancia, pero si eso era por lo que habían oído o por alguna otra razón, Red y Pikachu sobre su hombro no podían evitar que el lugar irradiaba algo muy extraño. Yellow por su parte, cruzó los brazos, pensativa.

- Entonces aquí es donde se encuentra nuestra apropiadamente llamada Lostelle, ¿no?

- Así parece. – asintió Red, ajustándose la gorra.

- ¿No puedes usar tu Vista de Victoria para encontrar el camino hasta ella o algo? – preguntó Yellow. Red negó con la cabeza.

- La Vista de Victoria solo funciona basándome en la información que tenga. Hasta que lo exploremos, no me dará nada.

- Entonces solo hay una cosa por hacer. – Yellow sonrió y alzó sus puños. – ¡Déjame que yo nos guíe!

Red se atrevió a sonreír por un momento: Yellow le había contado de vez en cuando que solía pasar tanto tiempo en el Bosque Viridian que casi sentía como si hubiera nacido allí y eso le ayudaba a encontrar su camino con facilidad. Siendo así, tal vez podría encontrar su propio camino atravesando el Bosque de Bayas igual de fácil.

Sin embargo, antes de poder empezar su búsqueda, había una cosa que Red necesitaba sacar del camino, especialmente si había realmente algún peligro rondando dentro del bosque. Así, le hizo un gesto a Yellow para que esperara un momento, mientras él arrojaba una Pokébola.

- Clefairy, sal.

La bola golpeó el suelo, y Clefairy se materializó en enfrente de él. Todavía tenía la misma mirada furiosa que le mostró antes, lo que no ayudó a tranquilizar a Red de nuevo. Pikachu saltó fuera de los hombros de su entrenador e hizo saltar chispas de sus mejillas, listo para arrojar un Atactrueno tan pronto como fuese necesario. Red sacudió la cabeza y se arrodilló frente a Clefairy, mirándolo a los ojos ligeramente perdido.

- Necesitamos trabajar contigo ahora mismo. Puede que nos enfrentemos pronto a un oponente muy fuerte, y no podemos permitir que arruines la pelea actuando como normalmente lo haces. ¿Puedes escucharme al menos esta única vez?

Era más una formalidad que otra cosa dado que ya tenía listo a Pikachu para que actuara en el momento en que Clefairy hiciera un movimiento en falso, pero habría preferido guardar eso como último recurso, y mejor tratar de ser amigable primero. Tal vez todavía fuese malo en ello, pero era mejor que nada.

Clefairy pareció pensar en sus palabras, y le respondió a su entrenador asintiendo, y con una sonrisa que se veía más grande de lo que debería ser. Eso hizo que a Red se le enchinara todavía más la piel que tranquilizarlo, pero rápidamente se quitó los titubeos de encima.

- Bien. Mantén los ojos abiertos para lo que sea.

El Pokémon tipo Hada se rio al escuchar eso, y con el asunto arreglado Red y Yellow dieron sus primeros pasos hacia el interior del Bosque de Bayas, con Yellow echando una carrerita hasta ponerse por delante de Red. El interior del bosque hacía honor a su nombre, pues había varias bayas en los arbustos y en el suelo en cantidades enormes esparcidas por todo el camino, y había muchas más que caían a medida que se adentraban más en el bosque.

Yellow los guiaba con facilidad, revisando cada árbol y dejando marcas para su camino. Por todo el tiempo que Yellow pasaba siguiéndolo, era más que capaz de cuidar de sí misma cuando fuese necesario. Era una cualidad que él apreciaba en ella. Siendo como había sido su niñez, nunca se esperó encontrarse a alguien con quien pudiese llevarse bien, menos por quien se preocupara como una hermana pequeña. Al fijar los ojos en las marcas de Z de Yellow, casi se preguntó si ese era el caso. Después de todo, si él y Ash supuestamente eran medios hermanos, ¿por qué no podría ser ese el caso con Yellow?

Mientras Red sacudía su cabeza, decidió dejar de lado esa teoría. Ya tenía bastante en qué pensar con su problema actual, y podía dejar de lado eso para otra ocasión. Así, continuó siguiendo a Yellow en compañía de Clefairy y Pikachu, adentrándose más y más en lo profundo del Bosque de Bayas.

Continuaron caminando por un largo rato, teniendo que bordear cerca de varias salientes y deslizarse por pendientes bastante duras, pendientes de no caer o atravesar por árboles que fuesen demasiado densos. Los dos humanos miraban constantemente hacia atrás y a los lados en busca de cualquier movimiento en el bosque, con Pikachu y Clefairy haciendo lo mismo junto a ellos. Red no podía evitar notar que la sonrisa de Clefairy seguía igual de ancha y demente, y se sintió tentado a recuperarlo cuando notó que Yellow detenía sus pasos para contemplar el camino frente a ellos por lo que parecieron horas.

- Uhm... – Se rascó el mentón y entrecerró los ojos. Red también observó el camino, pero no notó nada extraño, y volvió a ver a Yellow.

- ¿Qué ocurre?

- No puedo evitar tener la sensación de que ya pasamos por esta parte del bosque. Varias veces. – Yellow señaló hacia el frente, hacia un camino cercano que se bifurcaba.

Red volteó a verlo, y después de mirarlo por un par de minutos, admitió que se sentía más familiar de lo que debería. Rápidamente se enfocó en ambos caminos y vio lo que su Vista de Victoria tenía que decirle al respecto. El derecho tenía cero por ciento de posibilidad de llevarlos a donde necesitaban ir, mientras que el izquierdo tenía valor desconocido. Eso solo quería decir una cosa.

- Hemos estado caminando en círculos. – dijo Red tensándose y poniéndose a la defensiva. Yellow asintió, pero volteó la cabeza y cruzó los brazos.

- Eso puedo verlo, ¿pero cómo? Me aseguré de que fuéramos siempre hacia adelante y…

Un grito de guerra rompió la tranquilidad, y antes de poder reaccionar, varios Slowbros emergieron de entre los árboles y arbustos, todos mirándolos con furia; Red rápidamente asumió que ellos fueron los que les hicieron andar en círculos con sus ilusiones, algo que rápidamente comprobaron al ver el azul brillante de sus ojos y al experimentar una breve sensación de mareo. Yellow retrocedió, Pikachu se mantuvo en alerta, y Clefairy se rio alegremente. Red se mantuvo mucho menos tenso, especialmente ya que la Vista de Victoria ponía sus posibilidades a noventa por ciento de éxito. Así, las órdenes de Red fueron inmediatas.

- Pikachu, Puño Trueno, Clefairy, Canto.

Pikachu saltó a la acción de inmediato, golpeando a un Slowbro con su puño eléctrico antes de saltar hacia el siguiente, encargándose de cualquier tipo Agua/Psíquico que hubiera en su camino, haciéndolos caer derrotados o paralizados. Clefairy giró sobre sí mismo, lanzando una ráfaga de notas musicales. Varios desafortunados Slowbros cayeron dormidos al instante, y luego que unos pocos más atrajeron más Puños Trueno, todos los que los rodearon habían caído para el conteo.

Al observar a sus oponentes derrotados, Red sacudió la cabeza con decepción. ¿Ese era todo el peligro que la isla tenía que ofrecer? A ese ritmo, el horror en el Bosque de las Bayas resultaría ser un Rattata tamaño gigante o algo por el estilo. Una vez que Lostelle estuviera a salvo, probablemente deberían irse a Isla Quarta para hacer un buen entrenamiento.

Y entonces vio a Clefairy riéndose y corriendo hacia un Slowbro para darle un Bofetón Despertador, despertándolo en un susto. Y luego vino otro, y otro, y otro más, y pronto Clefairy continuó golpeando a Slowbro mientras seguía riéndose de sus gritos. Red volvió a tensarse y miró fijamente al Pokémon tipo Hada. Por supuesto que no lo iba a escuchar, ¿pero no podía esperar hasta al menos encargarse de Lostelle?

- ¡Clefairy, alto! ¡La batalla se terminó! – gritó Red, casi explotando en llamas.

Clefairy se detuvo y volteó a ver a su entrenador, de nuevo asumiendo esa mirada furiosa y enfurruñada. Red no se volvió a dejar intimidar, sin embargo: ya había sido una carga para él demasiado tiempo y era hora de parar de una vez por todas.

Y entonces, la voz de Yellow lo alertó:

- ¡Red, abajo!

La atención de Red pasó de Clefairy a Yellow y luego de vuelta, cuando un rayo de Psicoonda le dio en toda la cabeza. El mundo explotó en colores, y Red apenas podía sentir el suelo bajo sus pies.

- ¡Red! – gritó Yellow, con su voz sonando distante y confusa.

Red se perdió en un caleidoscopio de pensamientos revueltos y colores extraños, todo el mundo a su alrededor se tornó en formas borrosas y sonidos intermitentes. Una mancha amarilla saltó sobre una rosada y la rosada cayó, tal vez tratándose de Pikachu derrotando al último Slowbro, ¿pero cómo estar seguro? Todo cambió, se retorció, se revolvió y dio vueltas, colores rojos, verdes, azules, amarillos, blancos y negros, todos mezclándose y revolviéndose sin rima ni razón.

Trató de ponerse de pie, recuperar la compostura, pero la confusión era demasiado grande, y pensar era demasiado difícil. Su Vista de Victoria comenzó a sonar varias veces seguidas.

Posibilidades de Victoria: ¡Ensalada dividida por JAJAJAJAJA! PosibilidaDES dE VictorIA: Informaciónn DesCONocida. Posiviiilidades de VICtoriiAAA: 5AF%. P O Si b: S %+

La información se tornaba cada vez más y más sin sentido mientras el mundo giraba a su alrededor, la tierra se volvía más inestable, y todo a su alrededor se perdía…

Y entonces, comenzó a caer.

Alguien, Yellow tal vez, lo agarró por el cinturón. O eso creía, pues el mundo de colores continuaba danzando en su mente.

- ¡Red! ¡Recupera el sentido!

Red intentó hacerlo, de verdad lo intentó, y su visión casi regresó a la normalidad mientras la neblina de la Psicoonda luchaba por recuperar el dominio. Y entonces, algo explotó, volaron unas esferas, y comenzó a caer en serio.

Rodó colina abajo, lastimándose con las hojas y piedras, y perdió el conocimiento antes de detenerse.


Un rato después…

Red despertó con un gran dolor de cabeza y la vista borrosa. Rápidamente se levantó hasta quedar sentado y se frotó su adolorida espalda, dando un vistazo rápido a su alrededor. Cuando su Vista de Victoria le informó de que no había datos disponibles sin problemas extraños, suspiró de alivio y volvió a levantarse de nuevo.

Al volver a mirar a su alrededor, podía ver el final de un largo descenso, y Yellow no estaba por ninguna parte. Trató de llamar a sus Pokémon, solo para encontrarse con que no tenía sus Pokébolas en su cinturón. Probablemente eso fue lo que perdió cuando Yellow trató de evitar que cayera. Echó otra mirada con la esperanza de encontrar a Pikachu o alguna de sus Pokébolas, pero no encontró nada. Suspiró para mantener controlada su preocupación y se frotó el cuello, inseguro de qué hacer. Al menos, hasta que escuchó un grito ahogado muy familiar.

- ... Fairy...

Red miró hacia la fuente, encontrándose a una bola de pelos rosa que se levantaba de entre un montón de hojas, gruñendo de dolor y rascándose la espalda, pero mayormente ilesa. Red miró enojado al único Pokémon que al parecer le quedaba: si no le hubiera dado por tener uno de sus arranques, no estarían en ese lugar.

Sacudió la cabeza de inmediato. No era momento de estar enfadado, especialmente si él y Clefairy realmente se encontraban solos. Así, se arrodilló cerca de su Pokémon, ganándose otra mirada enojada de parte suya.

- Nos separamos del resto. Mejor vamos a reunirnos con ellos.

La molestia no desapareció del rostro de Clefairy, pero al menos este asintió y se movió hacia el lado de Red. Feliz de que no hubiera discusiones, Red repasó su situación de nuevo: encontrar a Lostelle seguía estando entre sus prioridades, pero también tenía que encontrar a Yellow y con suerte al resto de sus Pokémon, y solamente con un Pokémon en el que realmente no confiaba y su bloodline de especie Charizard a su disposición.

El pensamiento de su casa en llamas volvió a su mente, haciendo que se le enchinara la piel. Jamás utilizaría sus poderes a menos que fuese absolutamente necesario.

Red trató de buscar otro camino, perdiéndose en otros pensamientos. Se preguntó cómo les estaría yendo a Yellow y al resto de su equipo: sabía de lo que estaban hechos, pero también recordaba el día que conoció a Yellow en el Monte Luna, lo herida y amoratada que estaba, y cómo nunca había tenido un Pokémon propio en toda su vida. Red tragó en seco para quitarse sus preocupaciones y trató de ver las posibilidades de sobrevivencia que Yellow podría tener ella sola.

Posibilidades de Victoria: 50%

Cincuenta por ciento, lo más cercano a incertidumbre que había visto desde que se había enfrentado a Ash Ketchum. Eso era mayor prueba de que tenía que reunirse con Yellow antes de que algo pudiera sucederle. Así, eligió un camino y se alejó en esa dirección, con Clefairy siguiéndolo. Le envió una última mirada furiosa antes de volver al camino: ese Pokémon ya había arruinado todo por última vez.

La mente de Yellow estaba vuelta ruinas mientras corría por el Bosque de Bayas, deteniéndose solamente cuando estuvo segura de haber puesto una buena distancia entre ella y cualquier Slowbro dispuesto a atacarla. Las piernas finalmente le sucumbieron en ese punto, y se aferró a las Pokébolas de Red mientras su Pikachu inspeccionaba el área, todavía sin bajar la guardia. Al recuperar el aliento, Yellow finalmente pudo procesar todo lo que había sucedido.

Red había caído cuesta abajo, y ella no pudo hacer nada para salvarlo. Clefairy trató de atacar al Slowbro que Pikachu había paralizado, solo para terminar cayendo también al ser golpeado por una Psicoonda super fuerte. Pikachu pudo encargarse sin problemas del Slowbro, y el Pokémon Eléctrico y ella decidieron sabiamente que quedarse allí no les traería nada bueno. Y ahora, ahí estaban, en algún lugar en medio del Bosque de Bayas, y sin tener idea de dónde estaba su amigo y posiblemente con algo peor que aquellos Slowbros acechando desde las sombras.

Yellow se puso la mano sobre el corazón, respirando lentamente y mirando a su alrededor. Había pasado mucho desde la última vez que se sintió tan asustada, cuando decidió explorar la cueva del Monte Luna después de que su tío falleció, y casi la mata una colonia territorial de Zubats. Si no fuese por Red que pasaba por ese mismo túnel, probablemente no habría salido viva de ahí.

Tragó saliva y volvió a ver en la dirección por donde había venido. De verdad quería creer que se encontraba bien, pero incluso entonces no tenían manera de volver a reunirse fácilmente. Viera como lo viera, ahora estaba sola. Apretó los puños y se sentó en el suelo, incapaz de parar sus temblores.

- Pika.

Yellow levantó la cabeza y encontró al Pikachu de Red mirándola fijamente, con preocupación dibujada por toda su cara usualmente estoica. Sonrió al verlo.

- Estoy bien, eso creo. – Le acarició el pelaje de la cabeza por un momento antes de ponerse seria. – ¿Qué crees que deberíamos hacer ahora?

El Pikachu se encogió de hombros, y Yellow suspiró. No podía culparlo por no saber qué hacer. Aunque ella fuese la que hablara por él, siempre había sido Red el que decidía a dónde ir entre los dos durante los últimos meses. Yellow volvió a tragar saliva, sintiéndose más sola de lo que se había sentido en un largo tiempo. Al final de cuentas, seguía siendo la misma niña que no podía cuidar de sí misma en medio del peligro y necesitaba que Red viniera a rescatarla.

Bajó la cabeza mientras las memorias de su primer encuentro inundaban su mente. Se sentía muy raro pensar en esa ocasión después de tantos meses.

- G-gracias por salvarme.

- Estabas en mi camino.

- Pero aun así te detuviste para salvarme. Eso significa que eres una buena persona, ¿correcto?

- Mhm. Necesito llegar a Ciudad Cerulean, lo siento.

- ¡Yo también! ¿Podemos ir juntos? Pareces muy fuerte, y yo no tengo ningún Pokémon conmigo.

- Haz lo que quieras.

Ella solo quería llegar hasta el otro lado de la cueva, y Red claramente no quería tener nada que ver con nadie. La mayoría de la gente probablemente habría preferido irse por su cuenta, pero por desgracia para él Yellow siempre había estado llena de curiosidad ilimitada. Constantemente lo molestaba con preguntas cuando intentaba entrenar, tratando de hacer que se abriera y nunca lo dejaba tranquilo. Su curiosidad por saber sobre él aumentó al ver lo hábil que era como entrenador, y quería ser más como él. Le tomó casi dos días hacer que finalmente le respondiera, y aunque inicialmente se sentía extraño, ella podía ver que él quería confiar en ella y disfrutar de su compañía, y para cuando llegaron a Ciudad Cerulean ambos habían ganado suficiente confianza para viajar juntos, especialmente con Yellow siendo la que hablaba por él.

Red no era ni de cerca perfecto: era antisocial, extremadamente terco, y difícilmente dejaba ir los rencores. Pero también era un entrenador amable y honorable que siempre buscaba hacer su mejor esfuerzo y respetar a sus oponentes, y eso era algo que ella realmente admiraba. Todavía era muy joven para ser entrenadora, pero esperaba algún día ser tan buena como él una vez que tuviera edad suficiente.

Yellow no pudo evitar sonreír ante eso. Después de estar sola durante tanto tiempo, tener a Red como su amigo era algo que no quería perder en lo absoluto. Su sonrisa se desvaneció en el momento que recordó que eso era exactamente lo que había pasado.

Y a pesar de todo, no volvió a temblar. En vez de eso se volvió a poner de pie y apretó sus puños, volviendo a sonreír con confianza. Red era su ídolo e inspiración, y no iba a quedarse sentado en una esquina mientras había peligro al acecho. Ella tenía que tomar el asunto en sus propias manos, y dejar de ser una frágil florecilla que necesitaba constantemente que la rescataran. Pikachu la vio con interés, y los ojos de ambos se encontraron uno al otro.

- Sentarnos sin hacer nada no nos llevará a ningún lado. Estoy segura que Red está bien. – Yellow se inclinó para ponerse de cara con el compañero de Red. – Pero necesitamos buscar a Lostelle primero. ¿Puedes ayudarme?

Pikachu se golpeó el pecho con una sonrisa llena de orgullo. Yellow se rio y dobló el brazo lo suficiente para dejar que Pikachu saltara para montarse sobre su hombro. Era un poco más pesado de lo que ella esperaba, pero nada que no pudiera manejar: no estaba muy familiarizada con el resto de los Pokémon de Red, pero vio a Pikachu entrenar las veces suficientes para tener una idea de cómo hacerlo pelear.

- Gracias. – le sonrió mientras acariciaba la cabeza de Pikachu, y luego observó sus alrededores. – Ahora, ¿a dónde vamos?

A su alrededor solo había árboles, árboles y más árboles. Incluso para alguien tan acostumbrada a pasar el tiempo en bosques, eso era más que un poco disperso. Yellow esperaba que no hubiera más Slowbros rondando y creando ilusiones. Y entonces, desde la distancia, Yellow pudo escuchar una pequeña tonada.

- Ven pequeña, ven a jugar… Ven conmigo a disfrutar…

Sonaba muy distante desde donde estaba, al punto que apenas podía distinguir algunas palabras, pero el tono canturreado bastó para provocarle escalofríos por toda la espina. Tragó saliva y volvió a concentrarse, forzando una sonrisa.

- M-muy bien, la canción tenebrosa dice que por allá. – dijo señalando al frente. – Vamos, Pikachu.

Pikachu le dio una mirada confusa, pero aun así asintió y se quedó en su hombro mientras Yellow caminaba al frente, mientras la tonada se hacía más clara mientras continuaban las rimas. Probablemente fuese la idea más estúpida que había tenido jamás, pero si la voz la llamaba específicamente a ella como decían las palabras, posiblemente habría hecho lo mismo con Lostelle. Con solo esa esperanza en mente, Yellow y Pikachu se adentraron más en el bosque.


De regreso con Red…

Red no pudo evitar mantener los ojos pegados en Clefairy mientras continuaban caminando, incluso cuando mirar hacia arriba le sería de más utilidad. Fuera de las batallas, se veía casi como cualquier Clefairy normal, salvo por esa sonrisa demasiado ancha para su gusto. Continuaba chequeando sus alrededores, y Red no estaba seguro de si fue porque estaba encontrando el camino, o porque tenía antojo de una presa. Tuvo un breve respingo antes de volver a enfocarse en el camino, pensando para sí mismo mientras trataba de averiguar qué hacer.

Tuvo que admitir que realmente nunca cuestionó demasiado el por qué Clefairy actuaba de esa forma: tal vez fuese el hecho de que nunca le prestó mucha atención con todos los Pokémon que tenía, o tal vez porque subconscientemente él tampoco quería andar cerca de él por mucho tiempo. Independientemente de su razón, sin embargo, no podía dejarlo ser tan brutal como lo era sin un propósito. Tenía que haber una forma de mantenerlo controlado, le gustara o no. La pregunta era, ¿cómo? A diferencia de Gyarados, atacarlo para que se sometiera claramente no funcionaba, y lo último que quería era que Clefairy se enfureciera con ÉL en vez de sus oponentes.

Red sacudió su cabeza, sin estar seguro de qué pensar. No era bueno para pensar en el calor del momento, y su Vista de Victoria no le podía ayudar en nada. Quizás una charla motivadora con Clefairy podría haber funcionado, pero no estaba seguro de si podría hacer algo mejor que lo que hizo con Charmeleon en el Torneo de Fuchsia.

Pensando que sería la mejor idea que había tenido hasta entonces, Red se aproximó a Clefairy lo bastante cerca atraer su atención. Aunque seguía enojado, Red podía notar una chispa de interés en los ojos de Clefairy. Ambos se detuvieron, y Red miró a Clefairy fijamente. Tras unos segundos, Red finalmente habló.

- Y bien... ¿puedes dejar de actuar como lo haces?

Clefairy arqueó una ceja ante eso. Red solo suspiró en respuesta.

- Me refiero a la violencia y todo eso. No está bien.

La reacción de Clefairy permaneció inmutable. Red frunció el cejo.

- Lo que digo es, no podemos asustar a todos los que conocemos. Pelear no se trata de eso.

Lo único que siguió fue todavía más confusión. Red se frotó la frente; ¿cómo lograba Ash Ketchum hacer eso? Lo hacía sonar más natural de lo que realmente era. Con un suspiro de pesadez, Red volvió a levantarse y se enfocó en el camino que tenía enfrente. Parecía que enseñar a Clefairy era una causa perdida por el momento, y aprovecharía más su tiempo buscando a Lostelle y reuniéndose con Yellow. No estaba seguro de qué habría en la cabeza de Clefairy, pero se encogió de hombros y siguió caminando junto a él. Red se alegró de que al menos no decidiera huir, si no quedaba nada más.

Mientras se movían entre la espesura de árboles, Red apenas podía discernir los caminos. ¿Se estaba acercando a su objetivo o iba en una dirección totalmente opuesta? Ciertamente recordaba esa dura caída que los separó de los otros, pero no había garantía de que el camino que llevaba hacia arriba fuese el correcto. A pesar de todo, imaginó que no podía ser la peor opción, y se dio la vuelta en busca de algún camino que lo llevara subiendo.

Y al no encontrarse con ninguno, se detuvo en el acto. Clefairy chocó con sus piernas y le gruñó, pero Red no le puso atención. En vez de eso, se enfocó en el Pokémon rosa, algo soñoliento que se estaba poniendo de pie a pocos metros de distancia de ellos, donde empezaba una pequeña colina. Tenía varios rasguños y quemaduras en el cuerpo, aunque no parecía nada peligroso. Se veía algo molesto, sin embargo, y más cuando se dio cuenta de que Red y Clefairy estaban allí y frunció el cejo al verlos. Red suspiró: ¿por qué, de todos los Pokémon con los que podían haberse topado allí, tenía que ser ESESlowbro?

Aunque pensándolo bien, quizás fuese una bendición. Podría usar algo de tiempo a solas con Clefairy, después de todo. Luego de calcular sus posibilidades de victoria alrededor de un setenta y cinco por ciento, Red entrecerró los ojos y dio su orden sin perder tiempo.

- Clefairy, usa Canto.

Clefairy fue un poco lento para captar el mensaje, pero disparó las notas musicales antes que el Slowbro les pudiera enviar una Psicoonda directo hacia ellos. El Pokémon Agua/Psíquico rápidamente cayó dormido sin hacer fanfarria, derrotado una vez más. Una vez más, algo que ni siquiera merecía llamarse una batalla: incluso en esa situación, no podía evitar sentirse molesto por la falta de desafío. Pero rápidamente se deshizo de la insatisfacción, sacudió la cabeza y se dio la vuelta.

- Ya terminamos aquí. Continuemos…

SLAP!* Sonó el ruido de una bofetada. Y luego otro, y otro más, después un grito, y una risa, y después más bofetadas. Todo en sucesión muy rápida, y lo suficiente para que Red se quedara congelado y esperando que no fuese lo que creía.

Al darse la vuelta y mirar hacia abajo, sus temores se confirmaron. Clefairy había saltado encima de Slowbro una vez más, abofeteando y golpeando sin piedad a su oponente ya caído, sin importarle cuando gritaba y que no podía defenderse o responder. Eso solo pareció hacer que se divirtiera todavía más y golpear al Slowbro con más fuerza que antes, una y otra vez, riéndose como si se estuviese divirtiendo como nunca en su vida.

Incluso después de tantos arranques, la violencia que estaba viendo dejó a Red congelado en ese lugar. Pero finalmente, le dirigió una mirada desafiante a su violento Pokémon.

- ¡Clefairy! ¡Basta!

Clefairy ni siquiera lo escuchó, sino que simplemente golpeó, golpeó, y golpeó a Slowbro con toda su fuerza. Los moratones se tornaron rojos, y Slowbro empezó a botar sangre mientras comenzaba a llorar y a forcejear tratando desesperadamente de liberarse. Y todo el rato, el Pokémon Hada no dejaba su risa infernal.

Red se había quedado sin palabras. Había hablado, hablado y hablado, y aun así Clefairy nunca lo escuchaba. Tenían una niña a la cual salvar, una amiga con la cual reunirse, problemas que arreglar, y aun así nada iba como debía. Nada en absoluto. Sentía que todos sus problemas y pensamientos volvían a él, invadiéndole todo el cuerpo. Mientras los gritos de Slowbro llenaban el aire, sintió el fuego hirviendo en su interior, apenas logrando contenerlo, viendo como Clefairy continuaba lastimando al pobre Pokémon. Y entonces, cuando Clefairy comenzaba a agitar su dedo mientras cargaba su Metrónomo contra el pobre Slowbro sufriendo, finalmente explotó.

- ¡SUFICIENTE!

Un estallido de llamas salió de su garganta y atravesó el aire, pero a Red no le importó. Mantuvo su mirada furiosa en Clefairy, y su Pokémon se quedó inmóvil y confuso. Parecía listo para volver a lastimar a Slowbro otra vez, pero Red le rugió, soltando otra lengua de fuego entre los labios, y Clefairy se quedó congelado en el acto. Red ya no iba a darle más oportunidades: Clefairy había cruzado demasiadas líneas, arruinado demasiadas cosas, y eso tenía que terminar, ahora.

- ¡Ya no puedes seguir con esto! ¡Míralo! ¡Mira lo que le hiciste!

Red gritaba con más fuerza de lo que lo había hecho en años, sin importarle que las llamas seguían saliendo a diestra y siniestra. Eso tenía que terminar, todas las frustraciones que había sentido y había tenido embotelladas en su interior terminaron por unirse en una sola furia total. Clefairy palideció y lo miró de frente, justo cuando Red señalaba al semi-inconsciente y brutalizado Slowbro para que lo viera.

- ¿Qué clase de monstruo eres? ¡No puedes hacer esto! ¡No puedes actuar como si todos fueran tus sacos personales para golpear! ¡¿Cómo puedes ser tan trastornado y pensar que puedes hacer lo que te dé la gana sin importar que otros salgan lastimados?! ¡Hay un límite para todo!

Clefairy temblaba de miedo, pero a Red no le importó. Tenía que aprender, tenía que dejar de causarles problemas. Era un peligro, y eso tenía que parar.

- ¡Eres un monstruo horrible! ¡No puedes golpear a todos como te dé la gana hasta que estén muertos! ¡¿En serio ese es el tipo de peleador que…?!

Sus palabras finalmente calaron en él, y Red se detuvo al darse cuenta de lo que estaba diciendo. Era lo mismo que Ultima le había dicho el otro día, las mismas cosas que Ash Ketchum había querido decir sobre él aparentemente. Las mismas críticas, las mismas acusaciones, todas las cosas que había escuchado en diferentes contextos. No era nada nuevo, y aun así, apenas ahora se daba cuenta de lo que quería decir.

El silencio quedó en el aire poco después, y Red pudo sentir que su garganta le ardía y se le irritaba al recuperar el aliento. ¿Cuándo había sido la última vez que se había enfurecido tanto? No podía recordarlo, y mientras tosía algunas lenguas de fuego, pensó que sería mejor no saberlo.

Clefairy se quedó en su lugar con una mirada totalmente vacía fija en Red. No estaba riéndose, tampoco enfadado, ni nada por el estilo. Solo se quedó ahí, perdido en sus pensamientos.

Y entonces respiró lentamente, comenzó a sollozar, y unas lágrimas comenzaron a rodar por su rostro, primero quedamente, y después con más fuerza. Red de verdad no tenía palabras para lo que veía, mientras Clefairy continuaba llorando enfrente de él. Él habría pensado que eran lágrimas de cocodrilo, pero sus ojos irradiaban un dolor muy familiar, uno que él conocía bien y que no podía ser fingido.

Con todo el estrés y la furia que había sentido habiéndose disipado, Red pudo pensar con claridad. Independientemente de la justificación, ese arrebato no fue nada propio de él, y por muchas molestias que le hubiera causado Clefairy, tampoco podía soportar verlo llorar de esa manera. Sus Pokémon eran su responsabilidad después de todo.

Se quedó sin palabras por un largo rato, inseguro de qué podría ser lo más apropiado para decirle. Se quedó de pie enfrente de su Pokémon Hada que seguía llorando, casi temblando de incertidumbre, hasta que se ajustó la gorra y se volteó para no mirar a Clefairy.

- Lo siento.

Era todo lo que podía decir en ese momento, y Red esperaba que fuese suficiente. Clefairy dejó salir las lágrimas por un rato más antes de limpiarse los ojos, con la expresión todavía temblorosa. Red volvió a fijar la mirada hacia el adolorido Slowbro, y se acercó hasta él.

Clefairy de verdad le había dado una tremenda paliza al pobre Pokémon: encima de los moratones y marcas de quemaduras por la pelea anterior, había varias heridas frescas por todo el cuerpo, algunas lo bastante profundas para sacarle sangre, y Slowbro seguía todavía chillando de dolor y respirando con dificultad. En toda su carrera como entrenador, jamás había visto a un Pokémon así de malherido. No necesitaba su Vista de Victoria para saber que no iba a sanar por sí solo. Y todo era por su culpa.

Le dio una mirada rápida a Clefairy, que todavía seguía allí. Red casi creyó ver arrepentimiento en los ojos de sus Pokémon, pero no estaba lo bastante enfocado para estar seguro. En aquel momento, Slowbro tenía prioridad: su Pokémon había causado eso, y era su responsabilidad arreglar las cosas.

Adoptando una expresión sombría al darse cuenta que no tenía pociones a la mano, rápidamente se registró los bolsillos, esperando encontrar algo que pudiera ser útil. Al sacar una Pokébola vacía, suspiró de alivio. Apuntó y la arrojó, dio las tres sacudidas acostumbradas y emitió el sonido de una captura exitosa en ese orden. Con lo herido que se encontraba, Red se habría sorprendido si pasaba lo opuesto. Recogió la Pokébola, con el botón rojo indicando el bloqueo. Probablemente no podría sanar hasta que terminara todo ese asunto, pero era lo mejor que podía hacer.

Guardando la bola en un lugar seguro, Red volvió la mirada hacia arriba, hacia la colina ascendente donde Slowbro había estado. Ya que habían peleado contra él antes, ese camino tenía que llevar hacia donde estaban antes. Se volvió hacia Clefairy y le indicó que empezaran a caminar hacia adelante.

- Vamos por acá.

El Pokémon asintió rápidamente, y siguió a Red sin decir ni una palabra. Al hacerlo, Red no pudo evitar echarle otra mirada a Clefairy de nuevo, y vio que su expresión casi parecía triste.

A Clefairy le gustaba hacer lo que le venía en gana, ignorar cuando los demás le decían que tenía que cambiar, y habría utilizado todo su poder una y otra vez sin limitaciones si le hubieran permitido hacerlo.

De cierta forma, él y Clefairy no eran tan diferentes. Y eso era lo más aterrador de lo que se había dado cuenta en todo ese tiempo.


Entretanto con Yellow…

- ¡Slowbro! – gritó el Pokémon frente a ellos, disparando un Hidropulso en su dirección.

Yellow y Pikachu tuvieron que agacharse y saltar en direcciones diferentes, y la entrenadora accidental se llevó una mano al pecho mientras veía al Pokémon que acababa de emboscarlos. Las batallas Pokémon eran mucho más intensas cuando no estabas en el asiento trasero, pero eso no iba a asustarla. Le echó una mirada al Pokémon Agua/Psíquico, corriendo las compatibilidades de tipo en su cabeza.

- Pikachu, uhm, ¡usa Puño Trueno!

Pikachu saltó a la acción, dando un uppercut relampagueante golpeando la mandíbula de Slowbro y lanzándolo contra un tronco cercano.

- ¡Buen trabajo! – Yellow apretó sus puños y le dio a los Pokémon de Red un pulgar arriba. El Pokémon Eléctrico replicó con una sonrisa llena de confianza. Pero luego vio que otro Slowbro venía directo por la espalda de Pikachu, y palideció. – ¡Detrás de ti! ¡Atactrueno! – gritó al instante.

Pikachu dio una voltereta sobre sus patas traseras, rápidamente dándose la vuelta y friendo al nuevo Slowbro con varios voltios de electricidad. Yellow suspiró de alivio, y luego alcanzó a ver una sombra detrás de un arbusto.

- ¡Ataque Rápido a tu izquierda!

Más veloz que el rayo, Pikachu tacleó al tercer Slowbro estrellándolo contra el suelo, dejándolo en posición perfecta para un ataque final.

- ¡Y ahora, uhm, Demolición! – Las compatibilidades de tipo volvieron a la mente de Yellow, y sacudió la cabeza varias veces. – ¡No espera, Atactrueno!

Incluso con el repentino cambio de orden, Pikachu disparó rápidamente el rayo, golpeando al Slowbro a quemarropa. El Pokémon dejó salir un grito de dolor, e inmediatamente cayó inconsciente junto con sus compañeros. Yellow sonrió al ver las siluetas derrotadas de sus atacantes, y una gran sonrisa cruzó por su cara. Luego se volteó a ver a su compañero mientras hacía lo mismo.

- ¡Gracias, estuviste grandioso! – Yellow le ofreció chocar la mano, y Pikachu lo aceptó gustoso.

Los ojos de la chica se desviaron hacia los Pokémon derrotados, y suspiró de alivio: considerando lo torpe que seguía siendo su manejo en las batallas, le alegró que sus enemigos no estuvieran dándoles mucha pelea todavía, y que Pikachu era lo bastante fuerte y hábil para adaptarse a cualquier situación. Incluso entonces, sin embargo, podía ver lo emocionante que era luchar con tu Pokémon como uno solo de aquellos arranques de acción. No le extrañaba que Red y todos los otros entrenadores disfrutaran tanto de pelear, aunque a ella no le gustase tanto la idea de que los Pokémon salieran heridos. De todos modos eso no le daba muchas opciones.

Volvió a fijar la mirada en sus oponentes derrotados, y sus ojos se ensancharon al darse cuenta finalmente de algo, haciendo que una idea se formara en su cabeza. Rápidamente volteó a ver a Pikachu.

- Sabes, hay demasiados Slowbros en este bosque. ¿Tal vez nos enfrentamos a un Bloodliner tipo Psíquico o algo así?

Pikachu solo se encogió de hombros, y Yellow suspiró. ¿Se estaba esperando algo más? Sus teorías sin embargo fueron puestas a descansar al escuchar una voz cantarina muy familiar en el aire de nuevo.

- Siéntete libre, libre de jugar. Ven a mi bosque, que aquí te vas a quedar…

Un escalofrío le recorrió la espina al oír otro verso añadido a la canción. La voz se había vuelto progresivamente más clara y fuerte a medida que se adentraban en el bosque, y quienquiera que le estuviese llamando seguramente ya estaba bastante cerca. Incluso con lo tenebrosa que sonaba, sin embargo, Yellow no pudo evitar ver en cómo parecía presionar en su benevolencia y en que quería jugar. Todo olía como a una trampa, y aun así no podía sacarse de encima un presentimiento muy raro sobre ello.

Pero antes de entender qué podría ser ese presentimiento, algo más captó su atención.

- ¡A-ayuda! ¡Por favor!

El grito de auxilio fue suficiente para sacar a Yellow y Pikachu de su trance, y al voltear de nuevo, fueron arrollados por una mancha que venía de los árboles cercanos y los hizo rodar en el suelo.

- ¡Auch! – gritó Yellow de dolor, frotándose la cabeza mientras veía qué, o más bien quién, se acababa de tropezar con ella. Encima tenía a una niña de pelo rosa y al borde de las lágrimas, con varios cortes y moratones por todo el cuerpo.

- L-lo siento. – dijo volviendo a ponerse de pie y abrazando con fuerza a un Dunsparce de la manera más adorable posible. Yellow sacudió la cabeza de cualquier pensamiento sobre la lindura de Dunsparce y se enfocó en la niña, deduciendo de inmediato quién podría ser.

- Tú eres Lostelle, ¿verdad? – sonrió Yellow, y la chica ensanchó los ojos y se quedó boquiabierta.

- ¿Cómo lo sabes?

- Tu padre nos envió a mí y a un amigo a buscarte. – La sonrisa de Yellow se hizo aun mayor al ver la cara de Lostelle iluminándose, solo para de pronto volver a adoptar pánico mientras abrazaba a Dunsparce, mirando hacia la izquierda y la derecha con urgencia.

- L-lo siento, es que estábamos escapando de esos tipos malos, y…

- Shhhh, está bien. Lo importante es que estás a salvo. – Yellow le puso la mano en el hombro a Lostelle, sujetándola suavemente. Eso pareció calmar a la niña lo suficiente, y Yellow se puso seria. – ¿Viste quién es el que anda cantando esa canción tenebrosa?

Lostelle negó con la cabeza, mirando tímidamente por encima de su hombro.

- N-no, pero está muy cerca.

Yellow se volvió hacia la misma dirección, entrecerrando los ojos. Al volver su atención a Lostelle, se tomó su tiempo para mirarla: fuera de las cortadas y magulladuras por caer y correr, no parecía haber sufrido ningún daño serio. Podría haberlo achacado a que Lostelle era sorpresivamente una buena entrenadora, pero eso era improbable si su padre estaba preocupado por ella. Yellow se tocó el mentón, pensativa.

- No te lastimaron, ¿verdad? – le preguntó, poniendo otra vez los ojos en rendijas.

- Un m-montón de Pokémon nos persiguieron, p-pero no.

Una sospecha se empezó a formar dentro de la cabeza de Yellow. No tenía forma de probarlo todavía, pero si tenía razón, podría fácilmente resolverlo todo ella misma. Solo había una forma de estar segura, y no podía quedarse allí parada sin hacer nada. Así, volvió a levantarse y le sonrió a Lostelle, ofreciéndole la mano.

- Dime, ¿confías en mí?

Lostelle consideró su pregunta por unos segundos, antes de asentir con una cabezada temblorosa, y le agarró la mano. Yellow la sostuvo de cerca, y sonrió todavía más.

- Sígueme. Creo saber cómo arreglar esto.

Lostelle palideció ante la sugerencia, pero Yellow mantuvo una cara valiente. La niña menor finalmente asintió, apretando con más fuerza la mano de Yellow, todo mientras Pikachu saltaba otra vez al hombro de Yellow y echaba chispas estando de acuerdo. Al ver que todos estaban de su lado, Yellow respiró profundo y miró al frente, hacia donde se encontraba el origen de todos los problemas.

No tenía idea de si su intuición estaba en lo correcto o si los iba a condenar a todos, pero nunca lo sabría si se quedaba allí. Red no habría sentido miedo de probar su teorías y le hubiera puesto fin a lo que fuera que le hubiera causado problemas, después de todo. Sacando el pecho y poniendo una cara llena de valor, dio un paso al frente para ponerle fin de una vez por todas, mientras la canción volvía a sonar a toda fuerza.


En otra parte del bosque…

Red y Clefairy continuaron su viaje por el bosque, adentrándose más entre los árboles y poniendo atención a sus alrededores. Gracias a su Vista de Victoria, era fácil seguir el rastro de por qué camino estaban yendo, y afortunadamente no había más Slowbros maliciosos invocando ilusiones a su alrededor. Por desgracia, ahora que habían llegado más lejos que antes, Red ya no podía depender de su bloodline como brújula improvisada.

Sin otra cosa que sus ojos para encontrar el camino correcto, Red tuvo tiempo de sobra para pensar en su Clefairy, y sus ojos constantemente se desviaban a su ahora silencioso Pokémon. Desde que le dio aquel arranque, había permanecido remarcablemente callado: nada de risas, nada de atacar lo que se les cruzara sin razón, nada de miradas furiosas, nada de nada. Eso casi ponía más nervioso a Red que su comportamiento usual, especialmente al pensar también en sí mismo.

Frunció el cejo, sacudiendo la cabeza para quitarse esos pensamientos. No, él no era como Clefairy, y nunca lo sería. Si se enfrentara a una situación seria, sabría cuándo tenía que detenerse, sin traicionar sus principios. Solo estaba pensando demasiado las cosas producto del estrés, eso era todo. Él siempre sabría cuándo tenía que parar.

Al menos, eso era lo que esperaba.

Suspiró y dejó de lado sus preocupaciones, volviendo a fijar los ojos en Clefairy. El Pokémon Hada todavía mantenía su mirada cabizbaja, caminando lentamente y con una expresión incierta. Red suspiró y le puso la mano encima del hombro, para luego inclinarse hasta ponerse a nivel visual con él. Clefairy le devolvió a Red una mirada interrogante.

- ¿Estás bien? – fue todo lo que a Red se le ocurrió preguntar.

Clefairy no le respondió, en vez de eso desvió la mirada. ¿Estaba herido? ¿Molesto? Red no tenía idea. A veces, de verdad deseaba que su Vista de Victoria también funcionara para las interacciones sociales...

Red rápidamente soltó a su Pokémon y prosiguió su camino, notando que todos los árboles se veían exactamente iguales al resto del bosque. Red suspiró, más todavía cuando su estómago decidió hacerse notar con un fuerte gruñido. Con todo lo que estaba sucediendo, ese era el peor momento para que le diera hambre.

Y entonces, sintió que algo le tocaba la pierna. Red se detuvo y se dio la vuelta, para encontrarse con Clefairy ofreciéndole unas cuantas bayas, desde Oran hasta Cheri y de todas las demás que pudo reunir a su alrededor. Las levantó tan alto como pudo, pero todavía sin atreverse a mirarlo. Le tomó a Red unos pocos segundos más de lo que admitiría darse cuenta que Clefairy genuinamente le estaba ofreciendo algo para comer.

- Oh. – Cogió una baya Oran, revisándola rápidamente. - Gracias.

Red le echó una mordida a la baya, luego otra, y antes de darse cuenta se la había acabado y agarrado el resto. Clefairy le dio una breve sonrisa antes de volver a poner algo de distancia entre ambos. Eso solo sirvió para dejar a su entrenador todavía más confundido luego de llenar su estómago, haciéndolo suspirar de nuevo.

- ¿Sientes haber actuado como lo hiciste? – le preguntó Red, volviendo a encararlo.

Clefairy pareció enfurruñarse ante eso, y una vez más se quedó sin respuesta. Red no tenía idea de cómo tomar el comportamiento de su Pokémon, pero si había algún lado positivo era que ciertamente mostraba que no eran iguales, y que nunca lo serían. Solo era su propia paranoia lo que lo llevaba a pensar en eso, eso era todo.

Y entonces, una voz familiar en la distancia atrapó su atención.

- ¡Tienes que escucharnos! ¡No puedes seguir haciendo esto!

Red se congeló, y empezó a mirar por todos lados tratando de determinar de dónde vino esa voz. Reconocería la voz de Yellow donde fuera, y si estaba lidiando con alguien, no había tiempo que perder.

No le tomó mucho determinar dónde podría estar, y de inmediato él y Clefairy salieron disparados. No podían perder tiempo, y tampoco tenía intención de llegar tarde a lo que sucedía. El par corrió tan rápido como pudo, atravesando árboles, salientes, y varios Slowbros inconscientes, sin detenerse por nada. Yellow estaba adelante, y Red tenía que asegurarse que estaba bien.

Después de correr por lo que pareció una eternidad, Red y Clefairy finalmente se encontraron en el medio de un enorme claro. Al darse la vuelta para entender lo que sucedía, Red se quedó congelado.

De un lado del claro se encontraba Yellow, con una mirada muy seria en su rostro mientras su Pikachu se hallaba listo para atacar en cualquier segundo. Detrás de ella había otra niña, más bajita y de cabello rosa, quien Red asumió que debía ser Lostelle. Pero la sorpresa con ellas no fue nada comparada con la que tuvo al ver al otro lado, viendo a varios niños de pie en fila con los ojos brillando como si estuvieran poseídos. Sus ropas se veían rasgadas y arruinadas como si hubieran tratado de escapar repetidas veces. Y entre ellos y Yellow se encontraba un Pokémon dorado con una gran nariz y un péndulo en la mano, uno al cual había visto más de unas pocas veces en Kanto. Red apretó los puños, e incluso Clefairy se puso en guardia. Ambos lados se volvieron hacia ellos sorprendidos, y fuera lo que fuera que estuviera pasando, acababan de interrumpirlo.

- ¡Red! – exclamó Yellow, llenando su expresión de sorpresa y alegría al verlo. El Pokémon pareció igual de sorprendido, y también adoptó una enorme sonrisa en su rostro.

- ¿Alguien más vino a jugar? ¡Este día Hypno tiene que celebrar!

Aplaudió con sus manos y soltó una risa alegre, mientras Red continuaba mirándolo fijamente. Era un Hypno, una especie de Pokémon bastante infame por sus habilidades hipnóticas y por haber causado varias desapariciones a través de los años. No había duda: este tenía que ser el monstruo del Bosque de Bayas, el que estaba detrás de todos esos Slowbros, y la criatura que amenazaba a todos esos niños e incluso a Yellow. Él era la causa de todo lo malo que les había pasado a ellos, y a él mismo, desde que llegaron a Isla Tera.

Red pudo sentir que sus uñas se enterraban en sus palmas, y le echó una mirada asesina a Hypno. Y sin titubear, lo apuntó con el puño.

- Clefairy, Doble Bofetón. Sin parar. – La mirada de Red se volvió más penetrante, y su tono sonó más sombrío de lo usual.

Clefairy miró a Red creyendo haber oído mal, pero entonces su sonrisa macabra familiar volvió a su rostro. Por una vez, exactamente lo que necesitaba.

- ¡Espera, Red! – le gritó Yellow con los ojos ensanchados.

La risa característica de Clefairy interrumpió eso, y su expresión feroz volvió a apoderarse de él. Saltó sobre Hypno sin dudar, derribándolo de una tacleada y empezando a abofetear al Pokémon Psíquico por todas partes, enterrándole sus pequeñas garras por todo el cuerpo. Red continuó mirando fijamente a Hypno, con su Vista de Victoria ya dándole cien por ciento de posibilidades de victoria, pero listo para llamar a Pikachu si era necesario.

Y aun así, Hypno no hizo nada. Solo trataba de quitarse a Clefairy de encima, tratando de alejarlo sin usar ningún movimiento, pero Clefairy era demasiado rápido y persistente para eso.

- ¡Espera! ¡Detente, por favor! ¿Por qué me estás…? – seguía chillando y tratando de liberarse.

- Continúa, Clefairy. – Pero a Red no le importaba.

Clefairy pareció hacer una pausa y quedarse en blanco por un segundo, como si estuviera confuso respecto a qué hacer. Pero eso solo duró un momento, y volvió a sonreír mientras continuaba brutalizando al Hypno con más fuerza e intensidad que antes, empezando a sacarle algo de sangre de las heridas de Hypno.

- ¡Alto! ¡Ah! ¡Te lo suplico! ¡Por favor, eso duele!

El Psíquico continuó agitándose frenéticamente, aumentando su desesperado deseo de huir de su tormento, pero ni Red ni Clefairy se detuvieron. Tenía que pagar por todo lo que había causado, y ninguna súplica lo salvaría.

- Libera a todos, ahora. Has lastimado a muchas personas. – dijo Red, mientras Clefairy seguía abofeteando y acuchillando a Hypno con toda su fuerza y deleite.

- ¡Claro! ¡Claro! ¡Hypno nunca más volverá a jugar! ¡Nunca más le causaré problemas a nadie! ¡Lo siento!

Red le echó una mirada a los ojos de Hypno. Estaba desesperado, sufriendo, adolorido. Merecía mucho más, pero al menos quería ceder. Red por su parte solo tenía una cosa que decirle.

- Ahora.

Hypno asintió y chasqueó los dedos, justo cuando logró quitarse a Clefairy de encima. En un instante, el brillo en los ojos de los niños desapareció, y cayeron inconscientes al suelo. Red les echó una mirada antes de volver a fijarse en el adolorido, malherido y sangrante Hypno que todavía merecía mucho más castigo del que había recibido. Su mirada se volvió aún más fría.

- Vete y no vuelvas nunca más.

- P-pero yo…

- Clefairy.

Clefairy se rio y empezó a preparar sus garras de nuevo, caminando lentamente en la dirección de Hypno. El Pokémon Psíquico solo pudo ensanchar los ojos, temblando como una hoja y quedándose tieso en ese lugar. Y después, levantó los brazos mientras sudaba a chorros.

- ¡Está bien! ¡Está bien! ¡Ya me voy, ya me voy! – exclamó dándose la vuelta y corriendo hacia los bosques, para nunca más volver.

Red y Clefairy se quedaron en su lugar, con los ojos fijos en Hypno mientras huía, con sus pensamientos inciertos. Habían ganado, y aun así Red sentía que no era suficiente, que Hypno merecía mucho más, que tenía que pagar por todo lo que había causado. Mantuvo los puños apretados mientras respiraba profundo: por fin todo había terminado, y eso era todo lo que importaba.

Mientras su mirada se volvía a fijar a su mirada en los niños que Hypno tenía cautivos y como lentamente recuperaban la conciencia, Red logró sonreír brevemente. Luego se volvió hacia Yellow y Lostelle, esperando que siguieran ilesas, solo para encontrarse con una mirada incierta y casi decepcionada de parte de Yellow. Hasta Clefairy parecía confuso, casi dudando mientras la observaba.

- Red, no había necesidad de hacer eso. – dijo Yellow acercándosele, echándole una mirada rápida al camino que Hypno había agarrado antes de voltear a ver a su amigo. Red arqueó una ceja.

- ¿Por qué? Te estaba amenazando, y a todos estos niños.

- Sí, los tenía como rehenes, pero no entendía lo que estaba haciendo.

- ¿Qué dices? – Red frunció el cejo. Yellow suspiró, y se fijó en los niños que tenían a varios metros.

- Su intención nunca fue de lastimar a nadie. Se sentía solo y quería alguien con quién jugar, pero no entendía que controlar a la gente y a los Pokémon para que se quedaran con él estaba mal, porque nadie se lo dijo. Me imaginé que ese era el caso cuando vi que Lostelle no estaba herida, y estábamos tratando de convencerlo de que los dejara ir. Parecía que se lo estaba pensando.

La explicación le hizo detenerse por un momento, y se dio cuenta entonces de cómo estaban Lostelle y los otros niños. Pudo ver que sus heridas eran mucho menos preocupantes de lo que esperaba. Todavía estaba mal y merecía que le llamaran la atención por ello, pero no algo imperdonable. Y entonces, una desagradable realización se metió en la mente de Red, pero este simplemente negó con la cabeza.

- No puedes estar segura de que habría funcionado. – dijo Red con el cejo fruncido.

- Tampoco puedes estar seguro de que no iba a funcionar. – replicó Yellow suspirando.

Y eso Red lo entendía. Y también entendió que hizo exactamente lo que se temía. La reacción que Hypno tuvo con su ataque debió haberle hecho darse cuenta, y no fue así. Yellow tenía razón, y acababa de probar que no era mejor que Clefairy.

Al volverse hacia su Pokémon Hada, sin embargo, no pudo evitar notar que se veía perdido y conmocionado, alternando entre Yellow y el camino por el cual Hypno se marchó, casi como si las palabras de Yellow le hubieran calado en profundidad. Red ladeó la cabeza: ¿por qué estaba actuando así? No era posible que fuese igual que Hypno, ¿verdad...?

Red se frotó la frente y dejó salir un suspiro. De verdad todo lo tenía desorientado después de aquel viaje por el Bosque de Bayas.

- Bueno, eso ya no importa. Al menos ese Hypno ya no causará problemas nunca más. – Yellow rápidamente recuperó su buen humor, y miró a Lostelle y a los otros niños. – ¡Y salvamos a todos estos niños! ¡Yo digo que es un final feliz para esta historia!

Red asintió distraídamente mientras veía que los niños se abrazaban entre ellos y lloraban de alegría, aunque no era ni un final ni feliz en lo más mínimo para él. Yellow le agarró el brazo, mientras Pikachu volvía a subirse al hombro de Red.

- Volvamos a casa, ¿de acuerdo? Creo que todos necesitamos un descanso ahora mismo.

Red volvió a asentir en respuesta. Rápidamente reunieron a todos los niños y tras asegurarse que se encontraban bien, y entonces comenzaron a marchar fuera del Bosque de Bayas. Durante todo el viaje, sin embargo, la mente de Red se revolvió de pensamientos confusos mientras repasaba todo lo que había sucedido durante aquella corta aventura. Ahora que todo había terminado, quedaban muchas cosas que tenían que resolver.


Al volver…

En el momento en que Red, Yellow y el enorme grupo de niños regresó a la ciudad principal de Isla Tera, los ciudadanos no perdieron el tiempo y empezaron a saludarlos con alegría. Los padres comenzaron a abrazar a sus hijos que creían perdidos con todo el amor y aprehensión que pudieron darles. Muchos de ellos hicieron preguntas ocasionales que Red y Yellow trataron de responder lo mejor que pudieron, pero en su mayor parte se quedaron al margen dejando que los niños y niñas disfrutaran de su reunión con sus parientes, fijando la mirada en un padre e hija en particular.

- ¡Papi!

- ¡Lostelle! ¡Estás a salvo!

Lostelle y su padre se abrazaron uno a la otra con fuerza, con Dunsparce en el medio. Se quedaron allí con los ojos llenos de lágrimas y sonriendo, sin decir nada pero felices de verse otra vez. Yellow sonrió ampliamente durante todo el rato, y hasta el propio Red logró asomar un atisbo de sonrisa. Sin importar lo que había pasado en el Bosque de Bayas, saber que les habían ayudado a reunirse los dejaba con una sensación de felicidad.

- Es bueno verlos felices.

- Claro. – Red volteó a ver a Yellow. – Todo gracias a ti.

- Yo no fui la que se encargó de Hypno. – dijo ella, sacudiendo la cabeza en respuesta.

- Pero fuiste la que protegió a Lostelle. Peleaste junto con Pikachu, ¿verdad?

La sonrisa de Yellow se ensanchó todavía más, y levantó sus puños mientras asentía enérgicamente. Incluso Pikachu se rio por lo bajo ante eso.

- ¡Sí! ¡Fue increíble! ¡Es muy fuerte, y pensar en cuáles movimientos utilizar era divertido! – Dio unos puñetazos al aire un par de veces, sin dejar de sonreír. – ¡Me encantaría ser entrenadora algún día!

- ¿Y con cuál Pokémon? – Red arqueó una ceja con interés.

- Oh, no lo sé. Cualquiera estaría bien para mí. – Yellow se encogió de hombros, y se puso la mano detrás de la nuca, sonriendo. – ¡Solo quiero un buen amigo con quién pasar tiempo, igual que con tus Pokémon!

Red no pudo responder a eso; las palabras de Yellow le hicieron pausarse por un momento. ¿De verdad se podría llamar "amigo" de sus Pokémon en absoluto? Tras sus visitas a Isla Prima y Secunda, no podía decirlo con certeza. Definitivamente no los odiaba, pero todavía le faltaba ese "algo" que todos le decían que necesitaba, fuese lo que fuese. Aun así, le dio unas palmaditas en el hombro a Yellow en señal de apoyo.

- Seguro que lo encontrarás pronto.

Yellow se rio, pero antes de poder continuar la discusión, Red y su amiga pudieron ver que el padre de Lostelle y el alcalde de la ciudad se les acercaban.

- Tenemos mucho de agradecerte por toda tu ayuda. Si planeas quedarte por aquí, nos encantaría ofrecerte un banquete en tu honor, de la mejor pastelería de nuestra ciudad. – les dijo el alcalde, y el padre de Lostelle también asintió. La sola mención de comida hizo que los ojos de Yellow brillaran.

- ¡Claro que sí! ¡Aceptamos!

- Me alegra oír eso. – El alcalde soltó una risa divertida, antes de darse la vuelta y señalar hacia la susodicha pastelería. – Si lo desean, pueden venir a ver qué están haciendo. Los esperaremos allá con los otros ciudadanos.

Con eso dicho, los adultos se fueron a toda prisa, con todas las familias reunidas dispersándose y mucha más gente que se les unía en el camino hacia la pastelería. Ahora que estaban solos, Yellow se relamió los labios y se frotó la barriga con anticipación.

- Luego de esta aventura, algo de comida es justo lo que necesitamos. ¡Vamos a ver qué tienen!

Red solo le dio una breve mirada a la pastelería antes que su atención volviera hacia las Pokébolas en su cinturón. Por tentadora que fuese la comida, tenía cosas mucho más importantes con las cuales lidiar primero. Miró a Pikachu, y su Pokémon asintió antes que pudiera hablarle.

- Tú y Pikachu adelántense. Tengo algo que hacer primero. – le dijo Red a Yellow. La chica pareció curiosa, pero solo le sonrió en respuesta.

- Claro. No te metas en problemas, ¿de acuerdo?

- No lo haré.

Así, Pikachu saltó fuera del hombro de Red y se subió al de Yellow, y con ello la chica y su Pokémon se dirigieron hacia la famosa pastelería. Red se quedó allí observándolos por un breve momento antes de desviar la mirada y caminar hacia la distancia, en busca de una zona más aislada de Isla Tera para lo que iba a hacer.

Después de varios minutos de caminar y recorrer una buena distancia desde las afueras de la ciudad, Red finalmente se aseguró de encontrar el lugar correcto al mirar alrededor al encontrar el espacio de tamaño decente pero cerrado entre los árboles.

Red echó un vistazo rápido para asegurarse de que no había nadie a su alrededor, y solo entonces agarró una Pokébola y la arrojó, liberando a Clefairy enfrente de él. El Pokémon tipo Hada observó sus alrededores con confusión hasta que encontró a su entrenador. Red continuó estudiando a su Clefairy, notando que aún quedaba algo de la tensión de antes, y suspiró. Hablar y tener empatía con los demás quizás no fuesen su punto fuerte, pero ya probablemente sabía qué decir. Así, tomó un profundo respiro y miró fijamente a los ojos a Clefairy.

- ¿Te sientes solo?

Clefairy pareció quedarse congelado ante la pregunta, solo para mirar a Red con los ojos húmedos y una sonrisa temblorosa, como si no supiera qué decir. Todas cosas que Red conocía muy bien.

- ¿Quieres tener amigos?

Su Pokémon dudó por un momento, pero eventualmente asintió. Red podía ver por qué: hasta cuando estaba calmado, su comportamiento se sentía extraño y era escalofriante. No podía culpar a los otros Clefairys por no querer molestarse con él y querer que alguien se lo llevara del Monte Luna. Solo y sin ningún modelo a seguir para que le corrigiera su forma de actuar, ¿era tan extraño que resultara así de demente como estaba?

Claro, no era que pudiera corroborar totalmente su teoría, pero si al menos una parte era cierta, había una forma de mantener a Clefairy bajo control y que fuese feliz. Y si había una oportunidad, Red quería tomarla y explotarla para hacerlo menos peligroso. Se arrodilló hasta ponerse a la altura de Clefairy, viéndose reflejados sus propios ojos en los suyos.

- Yo puedo ser tu amigo. Pero para eso, tienes que aprender a comportarte. ¿Quieres hacerlo?

Clefairy asintió con una de sus sonrisas demasiado amplias para su gusto, pero Red no dejó que eso le molestara. Claramente no era un Pokémon normal, pero al menos podía asegurarse que no fuese un homicida. Así, Red tomó otra Pokébola y la sostuvo frente a Clefairy.

- Entonces ayúdame con esto. Ambos tenemos que asumir nuestras responsabilidades.

Red arrojó la Pokébola y Clefairy lo siguió con interés. Más todavía cuando el Slowbro contra el que pelearon dos veces reapareció, todavía sangrando y herido, y echándoles ojos de pistola a ambos, Red y Clefairy. El Pokémon Hada pareció nervioso, mientras Red tomaba unas cuantas bayas y objetos curativos que recibió de Yellow y levantó las manos.

- No queremos lastimarte. – Hizo un esfuerzo por mostrar lo más cercano que pudo a una sonrisa. – Saliste herido por nuestra culpa, y queremos curarte.

Red le pasó las bayas a Clefairy, que las observó con interés. Luego sonrió y haciendo un saludo militar, humano y Pokémon Hada se acercaron al Pokémon herido para sanarlo lentamente.

Mientras Red rociaba pociones y otros remedios sobre las heridas de Slowbro, no pudo evitar notar la mirada confusa que les daba el Pokémon, ocasionalmente desviándola para ver a Clefairy triturando las bayas para sacarles el jugo y frotarlo por todo el cuerpo de Slowbro, tal vez con un poco de fuerza de más, pero no lo suficiente para que Slowbro se quejara, y con una de sus sonrisas dementes pero felices dibujada en toda la cara. Fue solo por un breve momento, pero Red no podía negar que se sentía feliz por ello.

Tras varios minutos de sanar, Slowbro volvió a estar a máxima capacidad, fuera de algo de cansancio e irritación, poniéndose de pie y alternando miradas entre Red y su Clefairy.

- ¿Te sientes mejor? – preguntó Red, dejando de lado los recipientes vacíos.

Slowbro consideró su cuerpo, y entonces asintió con una pequeña sonrisa. Red casi se la devolvió, pero se dio la vuelta y miró hacia el Bosque de Bayas.

- Si quieres marcharte, puedes hacerlo. Solo te capturé para asegurarme de que estarías bien.

Slowbro hizo lo mismo observando su antiguo hogar, perdido en sus pensamientos. Red se preguntó si era que le gustaba tomarse su tiempo para pensarse las cosas, o era un rasgo característico de la especie como el retraso de cinco segundos en respuesta de Slowpoke. Aunque la pregunta dejó de importar en el momento en que Slowbro negó con la cabeza, y Red y Clefairy ladearon las suyas en respuesta.

- ¿No quieres marcharte?

Slowbro volvió a negarse, y entonces señaló a Red. Aunque este no entendía el por qué, al menos podía entender lo que quería decirle: "Quiero quedarme contigo".

- ¿Estás seguro? – Red entrecerró los ojos.

De nuevo, volvió a asentir como respuesta. Red no supo si era porque Slowbro sentía una afinidad, porque se sentía impulsado por su honor a seguir a gente más fuerte que él, porque estaba feliz de que se tomaran su tiempo para sanarlo en vez de dejarlo morir, o por algo totalmente diferente, pero el entrenador no dijo nada a pesar de todo. Si quería quedarse con él, no tenía ningún problema, y Slowbro no parecía ser un Pokémon de alto mantenimiento de todos modos. Una lástima no saber más de lo que podía hacer, más allá de usar Psicoonda…

Ahora que se lo pensaba, Red frunció el cejo, y una idea se formó en su mente. Y luego, volvió su atención a Slowbro.

- Oye, ¿puedes volver a usar Psicoonda conmigo? – le preguntó. Slowbro parpadeó, e incluso Clefairy junto a él pareció sorprendido. – No muy fuerte. Solo necesito comprobar algo.

Slowbro seguía sin entender por qué, pero hizo lo que le dijeron, creando un ligero destello de energía psíquica y disparándolo hacia la cabeza de Red. La visión de este último se tornó de colores brevemente, pero a diferencia de la vez pasada, se mantuvo consciente más allá de un pequeño dolor de cabeza, que fue más una molestia pasajera. Luego volvió a enfocarse en su Vista de Victoria, pensando en cualquier cosa.

PosibiliDAdes dE VictorIA: X7&%

Red se frotó la cabeza, todavía con algo de dolor, pero feliz a pesar de todo. Tal como había pensado, Psicoonda era capaz de interferir con su percepción, y deshabilitar de manera funcional su Vista de Victoria. Eso era justo lo que necesitaba para aprender a tener controlada su propia fuerza incluso yendo con todo, y asegurarse de que las tendencias impredecibles de Ash Ketchum no lo tomaran con la guardia baja la próxima vez que se encontraran. Si el precio era una pequeña jaqueca que Yellow podría curar sin problemas, valdría la pena. Frotándose la cabeza, le sonrió a Slowbro.

- Gracias.

Slowbro le sonrió, y cuando Red encaró a Clefairy, este también lo hizo. Todos tenían un largo camino por delante, pero al menos tenía un sendero por el cual caminar, a dondequiera que fuese a llevarlo. Mientras si estómago gruñía y demandaba atención, sin embargo, Red asumió que no tendría que seguir teniendo dudas por el momento.

- Vamos. Tenemos que ir a comer algo. – fue todo lo que tenía que decirles.

Ambos, Clefairy y Slowbro asintieron, y Red emprendió el camino de regreso al pueblo con ambos, todos decididos a hacer su mejor esfuerzo para todo lo que el futuro les deparara.


En otra parte del archipiélago…

Isla Quarta era un lugar sencillo y hermoso, igual que el desayuno que estaba consumiendo. La cafetería al aire libre del Centro Pokémon no era exactamente un restaurante de alta clase, pero él había llegado a apreciar la comida en todas sus formas, fuese un simple bocadillo, o un almuerzo suntuoso. Siendo así, se tomaba su tiempo de saborear los esfuerzos de la cocina del Centro, asegurándose de dejar una buena propina para todos quienes participaron en su elaboración.

Sus ojos se movieron hacia fuera del Centro, específicamente hacia la playa cercana, donde había dejado salir a todo su equipo para que se relajaran y tomaran un descanso. La isla en la cual estaba no era particularmente grande o impresionante más allá de su famosa Cueva Glaciada, pero seguía siendo un buen lugar para visitar. Había escuchado que era el hogar de nacimiento de su colega kantoniana Lorelei, y aunque no la había visto, no le molestaría una oportunidad de conocerla mejor.

Su atención se desvió al periódico gratis que le dieron, dándole un vistazo rápido a las noticias, desde rumores de avistamientos del Equipo Rocket en Isla Inta y un Hypno encontrado de polizón en un ferry por la noche, hasta las noticias de Isla Tera que llamaron su atención. Un par de chicos, un entrenador y su compañera, habían logrado rescatar a varios niños que habían desaparecido en Isla Tera. Había también una foto, y reconoció rápidamente a Red Tajiri, su amiga Yellow y su Pikachu, junto a un Clefairy y un Slowbro mientras intentaban sonreírles a las cámaras con éxito entremezclado.

Una rara sonrisa se formó en los labios del hombre. Había algo distinto en la forma en que Red trataba de sonreír en esa foto, una que indicaba algo de mejora personal, pero que también demostraba que seguía perdido con los detalles más finos que necesitaba arreglar.

Siebold volvió a desviar su atención hacia el mar, donde su Blastoise y Gyarados habían decidido luchar entre ellos en una batalla de entrenamiento para mantenerse en forma. Había visto a muchos entrenadores como Red en su tiempo, capaces aunque insípidos, como el primer intento de intentar un platillo fino. Como cocineros expertos, era el deber de él y otros entrenadores con experiencia desviar dicho potencial hacia la dirección correcta. Y modestia aparte, Siebold podía decir que sabía de lo que estaba hablando, mientras observaba los sujetadores con las Mega Piedras que Gyarados y Blastoise llevaban con ellos. Los niveles más altos del entrenamiento eran una escalada difícil, pero uno no llegaba a la posición en el Alto Mando holgazaneando.

No tenía idea de si volvería a ver a Red Tajiri nuevamente, pero si tenían la oportunidad, definitivamente tendría una o dos cosas que decirle para empujarlo en la dirección correcta. Con dicho pensamiento, Siebold enrolló el periódico y lo dejó de lado antes de pararse de su silla y volver a llamar a su equipo. Tenían mucho trabajo por hacer aquel día, y no podían permitirse perder el tiempo.

Esta historia continuará…


Notas del traductor:

De acuerdo, como lo prometí, aquí viene la tercera parada en el Archipiélago Sevii. Hasta ahora la más larga, y más que las otras dos juntas de paso. Pero a mi parecer la mejor hasta ahora, ya que como ven representó un gran salto en el desarrollo de Red como personaje. Viroro se soltó a continuar los problemas planteados en la isla anterior, y algunos incluso más allá desde antes.

Empezando por Red, de verdad que le dio todo un arranque de furia que parecía estar esperando para explotar en cualquier momento. No mentía Red al decir que podía terminar escupiendo fuego por hablar demasiado. Pero al menos eso le ayudó a darse cuenta de lo que todos intentaban decirle, y haberse trazado ese paralelo con Clefairy sobre que hay que establecer ciertos límites a lo de "enfrentar con todo al oponente", terrorífico, ¿no?

Por otra parte, tenemos una perspectiva interesante: hemos visto Pokémon que se vuelven malos por influencia de sus entrenadores, otros porque fueron lastimados por humanos, y otros que simplemente son malvados porque está en su naturaleza. Pero miren lo que vimos aquí: Pokémon que simplemente no saben que lo que hacen está mal porque nadie se los enseñó. Primero está ese Hypno que secuestró a todos esos niños porque quería amigos con quien jugar, y el Clefairy de Red simplemente no entendía el daño que causaba al lastimar a otros Pokémon y lo veía como un juego. Qué duro despertar les tocó a ambos.

Al final, me dio un poco de pena ese Hypno, pero fuera de eso, esta parada terminó en una nota muy positiva. Red hizo progreso tanto como entrenador y como persona, para corregir un poco su forma de pensar sin traicionar sus principios. Sin mencionar que además se consiguió una forma de desactivar temporalmente su Vista de Victoria para no depender demasiado de ella. Eso lo hará un mejor oponente cuando vuelva a enfrentarse a Ash, en más de un sentido.

Bien, con esto termina esta parada en el Archipiélago Sevii. La próxima parada será en Isla Quarta, y de esa nos encargaremos en conjunto BRANDON369 y yo. Mientras tanto, aprovecharé el tiempo que me queda para avanzar lo más que pueda con mis siguientes proyectos fuera del Resetverso. Nos veremos entonces.