AN: Y este es el final. A los que leyeron hasta aquí, muchas gracias.
Gracias Cclarcy! Sé que fue un poco fuerte, y sí, Carlisle parece bastante OOC. Supuse que al verse enfrentado a escoger entre quedar como un monstruo y dejar que pasara una tragedia, escogería quedar como un monstruo. En fin, espero que te guste el final.
Algo que tengo que explicar: en el final original de la historia la madre biológica de Daniela enfermaba luego de enterarse que Daniela se había "suicidado" metiéndose a un auto en llamas. Luego de eso, terminaba muriendo de cáncer (eso no lo había querido explicar en la historia original). Ese suicidio y esa enfermedad, en los finales alternativos, no ocurrieron.
Capítulo 25
Fui recuperando la capacidad de pensar de a poco, a medida que pasaron las horas. Como al mediodía del domingo ya conseguí moverme de la posición fetal en la que había permanecido. Vi a Esme, haciéndome cariño en la cabeza. Ni siquiera me había dado cuentan de que me había estado haciendo cariño.
-¿Cómo te sientes hija? –Me dijo.
-No sé –le dije con franqueza-. Lacia, creo.
Sentí que me rascaban la espalda suavecito. Supe por el olor que era Carlisle. Pero no me dijo nada. Me causó curiosidad no odiarlo. Debería odiarlo ¿no? ¿Por qué no lo odiaba? Cerré los ojos, decidida a descansar otro rato. Me vino el absurdo pensamiento de que a lo mejor conseguiría dormir a pesar de ser un vampiro.
-Un par de horas más tarde Esme se sentó en la cama, y me levantó para que me sentara también. Recordé todo lo que había pasado, pero en vez de rabia o miedo sentí una especie de indiferencia. También noté que no me dolía el trasero. ¿No se supone que debería dolerme?
-¿Quieres ir a tomar aire un rato? –preguntó Carlisle.
Me encogí de hombros.
-Me siento rara Carlisle –informé.
-Es normal. Se te va a ir pasando te lo prometo.
-Es como estar borracha –continué-. Una vez tomé cerveza y se sentía parecido.
¿Por qué me acordaba de eso? ¿Me habían drogado o qué?
-Pasará –insistió.
-¿Me drogaron? –Pregunté.
Los vi mirarse, aunque me dio lo mismo.
-No hija. Sólo estás agotada mentalmente. Pasará. Vamos a dar una vuelta.
Esme me tomó en brazos y no protesté. El sube y baja de sus pasos resultó tranquilizante. Apoyé la cabeza en su hombro, porque me pesaba demasiado.
Esme se subió conmigo en el asiento del copiloto del auto de Carlisle. Carlisle se subió al asiento del piloto.
Bajaron los vidrios y sentí el viento helado en la cara. Me dediqué a ver el paisaje. Después de un rato me fui sintiendo marginalmente mejor.
-¿Para qué necesito tomar aire, si no respiro? –Pregunté.
-Necesitas el estímulo –contestó Carlisle-. Ver imágenes, sentir olores… ¿No te sientes menos aturdida tesoro?
-No sé.
Me volví a mirarlo, por primera vez en el viaje.
-Cuando me desaturda te odiaré, supongo –le dije. Aunque no intentaba ser pesada, ni chistosa. Curiosamente, lo decía en serio.
-Es posible –dijo, aunque no parecía molesto por mi comentario.
-¿Qué harás mañana cuando estés en la escuela? –Me preguntó sin poner cara de nada.
-Nada –le dije encogiéndome de hombros.
-¿Cómo te hace sentir la idea?
Intenté pensar, me costó.
-Cansada.
Carlisle frunció un poco el ceño.
-¿Te gustaría cazar?
Intenté imaginarme cazando. No me apetecía para nada.
-No.
-¿Qué te gustaría hacer?
No estaba segura.
-Me da lo mismo, mientras no necesite pensar –le respondí dándome por vencida.
Carlisle no contestó, y pareció estar pensando un buen rato. Finalmente me sorprendió, llevándonos a un cine. Eso encendió como una alarma en mi cabeza. Humanos. Muchos humanos encerrados. Mucho rato. Eso no era algo bueno.
-Carlisle, esto es una mala idea le dije de inmediato. Son demasiadas horas que pasaremos encerrados con los humanos.
-Veremos una película que están a punto de sacar de cartelera –me dijo-. Habrá pocas personas. Nos sentaremos lejos de todos, y te aseguro que lo pasaremos bien.
-¿Comiendo palomitas de maíz? –Me burlé sin ganas.
-Yo paso –respondió, extrañamente contento-. Pero si tú quieres te compro.
-Dios, que asco no… -murmuré.
Llevábamos como un minuto en el estacionamiento, sin movernos, y Carlisle finalmente tomó la iniciativa y se bajó del auto.
Con un poco de dificultad me bajé sola del regazo de Esme. Me afirmé del marco de la puerta, uno poquito mareada. Vi que Carlisle me miró algo inquieto.
-Si quieres volvemos a casa Daniela –propuso.
-Tú querías venir, y ya estamos aquí -le dije-. Entremos.
A medida que caminé me fui sintiendo algo más segura, al menos pude avanzar normalmente. Pero, a pesar de que la sala estaba casi vacía, el olor a muchos humanos diferentes era intenso. Y la película era lenta. Pero Carlisle y Esme parecían estarla disfrutando, y no sentía la voluntad de reclamar. Me senté del otro lado de Esme para dejarlos que la disfrutaran juntos.
-¿Cómo te sientes? –Volvió a preguntarme Carlisle cuando salimos al aire libre.
-El olor a humanos era intenso, pero no me sentí desesperada –informé.
-Me refiero a… Al mareo –explicó Carlisle. Parecía algo incómodo.
-Ya no estoy mareada, aunque me siento rara –intenté explicar-. Es difícil de describir.
Vi que se inquietó, de modo que agregué de inmediato:
-No te odio, relájate Carlisle. Sé que debería, pero no sé por qué no siento nada.
-Bueno, me alegro que no me odies tesoro –me dijo sonriendo, aunque parecía amargado-. Volvamos a casa.
-Yo pensaba que podríamos comprar algunas cosas… -propuso Esme.
-¿Te gustaría eso Daniela? –Me preguntó Carlisle.
Lo evalué un momento. Y descubrí que me daba lata ir de compras. Me encogí de hombros.
-Vayan ustedes. Los esperaré en el auto y me relajaré.
Me miraron. Parecían preocupados.
-No escaparé –les dije cansada. ¿Por qué no me creían? Sólo quería estar quieta y que nadie volviera a molestarme jamás.
-Lo sé –me dijo Esme de inmediato-. Es que me gustaría comprar cosas para ti.
-Tengo de todo, creo –le recordé encogiéndome de hombros-. Pero si hay algo que sepas que voy a necesitar y que no tengo ve y escógelo tú.
-¿No te gustaría…?
-Ok, voy –le dije, resignada. Si con eso conseguía que dejaran de preguntarme cosas los seguiría como un perro por todo el centro comercial.
-No tienes que venir si no quieres –dijo de inmediato.
Cerré los ojos. La situación me superaba. Oí a Carlisle preguntar si seguía confusa.
-No estoy mareada, ni confusa –intenté explicar-. Es… Se siente diferente. Nunca me había sentido así. Es como si no sintiera nada. Y no tengo ganas de pensar.
-Ok –respondió Carlisle, decidido-. Me quedaré en el coche contigo mientras Esme va a comprar.
-No –dijo Esme, resignada-. Volvamos a casa. Alice ya le había comprado de todo, de todas formas, por si acaso.
Me senté atrás en el auto, a ver si así conseguía que dejaran de hacerme preguntas. Me daba, de verdad, lata tener que pensar. Durante el viaje de vuelta, totalmente en silencio, me di cuenta de que lo que más quería era que nadie me volviera a preguntar nada en toda mi vida. Si hubiera tenido la posibilidad de meterme a una cueva donde nadie me encontrara jamás, me habría encerrado dentro sin pensarlo.
Cuando llegamos, Jasper estaba fuera de la casa, junto a la puerta. Parecía en pie de guerra y me asusté. El pareció notarlo y cambió la cara de inmediato a una de "no pasa nada". Se acercó a mí y sentí mucha paz.
-Gracias –murmuré-. Aunque ya estaba tranquila –le informé.
-Alice está en tu cuarto –me dijo con una voz amable-. ¿Puedes subir a verla por favor?
Eso me extrañó. Jasper estaba raro. Pero no tenía ganas de discutir. Hubiera preferido quedarme sola en mi cuarto, pero me sentía más inclinada a obedecer sin preguntar que a tratar de pedir algo.
-Claro Jasper.
Me fui a mi cuarto, sin encontrarme con nadie. Alice estaba sentada en mi cama, frente a un montón de bolsas con cosas que estaban en el suelo. Eso me deprimió. Yo no tenía ganas de revisar todo eso.
-Hola hermanita –me dijo.
Ni siquiera encontré la energía para recordarle que no era su hermanita. Y me di cuenta que me daba lo mismo, que me llamara como quisiera, mientras me llamara lo menos posible.
-Hola Alice –le respondí mecánicamente.
-Te compré cosas –me dijo animada, como si fuera lo más maravilloso que podía haber en el mundo.
-Sí, lo noté –le dije, resignada-. Gracias Alice.
Se puso triste.
-¿No quieres verlas?
-Sí tú quieres, veámoslas –le dije. Lo que fuera con tal de que dirigiera su atención a otra cosa que no fuera yo.
Se inquietó por una fracción de segundo, pero sonrió de inmediato. Y empezó el show. Me senté resignada en la cama, pero intentando parecer contenta para que no empezara a mirarme raro ni a preguntar leseras. Ropa. Zapatos. Tres mochilas diferentes. ¿Para qué diablos alguien querría tener más de una mochila? Cuadernos. Varios archivadores. ¿Iba a usar cuadernos o archivadores? No entendí. Bueno, daba igual. Hubieran podido pedirme que escribiera en papel higiénico y lo hubiera hecho con tal de que me dejaran en paz. Bolígrafos, lápices, pluma fuente… ¿Para qué diablos querría yo una pluma? Si yo me las arreglaba perfectamente en mi colegio, en Chile, con un par de bolígrafos y un lápiz mina…
En un momento dado oímos a Jasper elevar la voz más de lo normal, parecía enojado. Venía del primer piso. Alice me miró inquieta. Ambas oímos como Carlisle le pedía a Jasper que bajara la voz. Lo hicieron.
¿Debería preocuparme? Supongo, pensé. Pero descubrí que me daba lo mismo, mientras la pelea no subiera hasta mi cuarto todo bien.
-¿Quieres que escojamos lo que te pondrás mañana? –Me dijo Alice, volviendo a su entusiasmo inicial.
-Tú ya sabes qué me pondré mañana –le indiqué-. De hecho, si me dejas listo y separado lo que usaré cada día me ahorrarías tiempo.
-¿No quieres escoger?
-Tú ya sabes qué terminaré escogiendo –le dije, forzándome a sonreír-. Y será divertido descubrir qué habría escogido. Yo siento curiosidad –mentí.
Eso sirvió. Alice comenzó a guardar todas esas cosas a gran velocidad, y yo me tiré en la cama de lado a contemplar el espectáculo. Hubiera cerrado los ojos, pero sospeché que si lo hacía ella buscaría que yo participara. Y prefería mirar.
Sentí alivio cuando vi que me dejó varias perchas listas, con hasta la ropa interior colgada del gancho y los zapatos debajo. Vaya, no me había dado cuenta de que tenía tantos zapatos… Descubrí que hubiera preferido usar uniforme, como en Chile, para no necesitar decidir qué ponerme. Pero si conseguía que Alice hiciera eso mismo cada domingo estaría perfecto. Un problema menos. Si hasta me había dejado la mochila armada.
-.-
Cuando Alice por fin se fue de mi cuarto, respiré aliviada y relajé la cara. Nunca me había dado cuenta el esfuerzo que suponía mantener una sonrisa.
Sentía que algo me faltaba, aunque no tenía claridad de qué era todavía.
Me tardé meses en encontrar una analogía adecuada para lo que me había ocurrido ese fin de semana. La encontré por casualidad, en un cuento de caballos que tuve que leer obligada para la escuela. Ahí entendí que me sentía como un caballo.
No tuve muchos problemas para adaptarme a esa primera escuela. Ni a la segunda, ni a ninguna de las que vinieron después. Mi vida ha sido un perfecto ciclo desde ese fin de semana. Cambian los autos, los teléfonos, la música, la ropa, las casas. Pero mi vida no cambia nada.
Me va siempre bien en el colegio, desde que soy vampiro. Hago todas las tareas, y saco buenas notas. Es una mejora ser caballo. Cuando iba a la escuela siendo humana era un burro.
Por suerte, siempre les caigo mal a mis compañeros, así que me ahorro un montón de interacción innecesaria. Dicen que soy rara. Los adultos, me llaman más bien apática. Me dan ganas de decirles que soy un caballo, pero eso llamaría la atención de los humanos.
Ya no dibujo, pero pinto bastante. Ahora imprimo dibujos en blanco y negro, y me relajo llenando los espacios. Es agradable pintar, sin tener que pensar. He pintado un montón de cuadros de esos "pinte con números". Me quedan perfectos.
Nunca conseguí odiarlos, a Carlisle y a Esme. Pero con el tiempo me di cuenta de que él se odiaba a sí mismo. Sé que está arrepentido. Aunque le he dicho una montonera de veces que no lo odio, y que deje de darle vueltas. Incluso, cuando en la escuela me obligan a hacer tarjetas para el día del padre, siempre le regalo la mía a él. A Esme le gustan las del día de la madre, así que esas van para ella. Aunque nunca volví a llamar "mamá" a Esme, y jamás llegué a llamar "papá" a Carlisle, sé que ese es el rol que cumplen.
Mis padres murieron juntos, hace varios años. La familia no intentó ocultármelo. Me sorprendí. Hacía muchos años que no pensaba en ellos. Aunque recordaba sus caras, e intelectualmente entendía que había sido feliz con ellos un corto tiempo, en esos nebulosos años humanos, no sentí nada. Sólo sentí una especie de enojo al saber que ya estaban los tres juntos, con mi hermana, y que yo nunca me reuniría con ellos. Pero se me pasó rápido. Y cuando Carlisle y Esme se pusieron a tiritar ellos, me sentí incómoda. Les dije que no se preocuparan, que era obvio que algún día tendrían que morirse.
A veces pienso en Jane y en Alec, pero no he vuelto a tener noticias de su grupo. Es una de las pocas cosas que me causa curiosidad. ¿Se sentirán ellos también como caballos? A veces he tenido la tentación de intentar contactarlos para preguntarles. Pero eso generaría preguntas, tanto de mi grupo como del de ellos. Y yo odio responder preguntas. Así que prefiero quedarme con la duda.
Y esa es mi vida.
-.-.-
FINAL N°3
