Día 3: Thor/Steve


En el día tercero

Es una mera casualidad. Es una simple coincidencia que siempre se encuentren ahí. Es una feliz, feliz coincidencia.

Tiene sentido, aunque no haya un acuerdo explicito tiene sentido que sea así. Van a entrenar a la misma hora casi todos los días en esa habitación especial que Tony hizo en la torre con su nombre para que "se entretuvieran con algo".

Steve no puede entrenar con Clint y con Natasha porque eso significa que tiene que darles oportunidad, no puede usar toda su fuerza y atacarlos con el mismo ímpetu que ellos usan. Le han dicho que no se contenga, que el entrenamiento se trata de aprender enfrentarse a cualquier cosa, pero de todas maneras él no se siente a gusto con la posibilidad de lastimarlos accidentalmente.

Sobre entrenar con Tony ni se diga. El único día que Stark se pasó por ahí fue cuando inauguró el lugar y aunque tuviera la decencia de fingir que le interesa ponerse en forma, Steve tendría el mismo problema que antes.

Bruce, evidentemente, no tiene motivos para ir ahí cuando es su contraparte verde la que patea traseros.

Así que sólo queda él.

Y es siempre un encuentro fortuito, un encuentro casual, accidental, que comienza a convertirse en rutina con al avance de los días, las semanas y los meses.

Thor siempre está ahí cuando él llega, o Thor siempre llega cuando él está ahí.

Al principio había sido difícil encontrar un ritmo adecuado a su entrenamiento. Porque, así como Steve tiene que contenerse con el resto del equipo, Thor tiene que hacerlo con él, aunque de vez en cuando suelta un golpe demasiado fuerte, alguna maniobra que le habría roto la espalda a alguien más. Thor es impulsivo e impredecible cuando pelea, y disfruta tanto el clamor de la batalla, aunque sea fingida y con meros motivos didácticos, que contagia a Steve con esa alegría que lo embarga al estar ahí.

Pronto se vuelve su sitio favorito para pasar el rato. No su cuarto, que Tony ha insistido en decorar al estilo de los 40's. No la terraza en donde sale a dibujar de vez en cuando. No ningún otro lugar en la torre o en la ciudad, sino ahí, la sala de entrenamientos.

Pronto va ahí y hace algo más además de entrenar.

Cuando terminan la rutina del día, ambos sudorosos y cansados pero terriblemente complacidos, se sientan en el piso y hablan.

En un comienzo había sido un tanto incomodo y torpe, porque ninguno estaba seguro de qué decir ¿sobre qué podían hablar?

Resultó que pudieron hablar acerca de lo raro que este mundo. Resultó que Steve pudo contarle de lo mucho que habían cambiado las cosas, de lo nuevo que le gustaba, lo que no y de las cosas que extrañaba. Resultó que Thor pudo decirle lo curioso que le parecían todos los inventos que los humanos hacían, de lo mucho que parecían haber evolucionado y retrocedido al mismo tiempo, de las cosas que le recordaban a su hogar y de las que lo hacían anhelarlo.

Resultó que encontraron a alguien con quien hablar de las cosas que naturalmente se guardan. Steve no dice nada pues quiere evitar que sus compañeros lo compadezcan o, como Tony, se burlen de él. Thor no dice nada porque ninguno de ellos podría entenderlo:

—Todos son personas maravillosas —le dijo una vez—, pero no podría decirles esto...son tan jóvenes, y han vivido tan poco, Steve —hacia un tiempo había dejado de ser "capitán".

A veces dice ese tipo de cosas, ese tipo de cosas que Steve tampoco entiende del todo. No sabe qué tan viejo es Thor, y con su carácter afable, su risa fácil, su constante asombro ante el mundo, es difícil imaginar que hay milenios a sus espaldas.

Quizás tampoco vale la pena decirle a Steve. Tiene noventa y un años, sí, pero ha gastado setenta durmiendo. No tiene idea de qué es tener la mirada pesada que a veces Thor tiene.

Pero no se trata de entender. Steve sabe que Thor tampoco comprende de qué le habla cuando le dice sobre perder el lugar al que perteneces, porque Thor ha visto mundos y vidas ir y venir. No entiende el apego de Steve al pasado.

No lo entiende pero escucha. Escucha atento y ofrece una palmada en la espalda cuando hace falta. Ofrece un abrazo cuando lo primero no es suficiente. Ofrece un beso cuando cree comenzar a entender.

No se entiende, pero lo intentan. Y tan lejos de su hogar, tan lejos de lo que conocen, de lo que saben, de lo que aman, hacer el intento es más que suficiente.


Ojala les haya gustado, gracias por leer se aprecian sus comentarios.