Capítulo 3.-
Frente a su colección de objetos, observaba uno en particular; quizás era el más brillante y hermoso de entre todos o quizás eso era lo que le parecía a él... Pensó un momento en ella... era una buena entretención, a fin de cuentas ella no sabía que él era un mazoku... podría convertirla en un juguete para él, una marioneta para hacer lo que quisiera, pues su poder no era nada, ni el cuarto de lo que constituía el suyo. Talvez podría divertirse mucho con ella... no era mala idea, y quizás en un momento más podría incluso llevar a cabo sus más fervientes deseos de destrucción gracias a su muerte… al fin y al cabo, por ser una simple dragón se convertía inmediatamente en el enemigo de su raza.
Miraba quieto el objeto, sin despegar la vista de él, cuando de pronto una voz que él conocía bastante bien lo sacó de su mutismo. Volteando se encontró frente a frente al demonio en cuyo persona descansaba su más honorable respeto.
- Veo que te entretienes mucho frente a la colección de piedras que posees Dante.
- La verdad Sr. no es que me entretenga, simplemente hay algunas que tienen mucha belleza interior y a la vez son tan oscuras como la misma noche… - lo miro fijamente unos breves segundos y luego cambió de tema – Bueno, habéis venido para encomendarme una misión, puesto que sé que esta no es una visita de simple cortesía de tu parte mi señor.
- Vaya vaya… cada vez me sorprendes más con tus habilidades para adentrarte en mis pensamientos y conste que no es una tarea fácil.
- No deberías sorprenderte, he aprendido mucho de lo que sé gracias a ti – dijo Dante, que así que llamaba el demonio joven y levitando hacia un sillón cercano, se sentó aguardando que el mazoku comenzara a hablar.
- Bien muchacho, creo que no debo dar mayores detalles a lo que se te encomendará en esta oportunidad. Bien sabes que los dragones llaman a la unión entre sus castas para realizar la "venganza" que ellos tanto ansían. No puedo creer que a pesar de que han pasado más de 250 años, no puedan olvidar a los caídos – diciendo esto último con un tono burlón.
- Me he dado cuenta que la memoria de los dragones no es tan mala como nosotros creíamos Sr.
- Si… sé que te has dado cuenta de aquello – le dijo y miró directamente a sus ojos - Pero bueno… Parte de la organización de tan "esperado acontecimiento" se realizará mañana en la noche y estos dragones son tan estúpidos que no podían dejar de organizar algo tan importante sin una celebración de por medio. Gracias a eso pasarás más que desapercibido, claro también ayudado por esa poca esencia de humano que aún te queda – el muchacho miró al mazoku con cara de reproche, odiaba que le recordasen su procedencia – Oh vamos Dante… en algunas ocasiones eso puede servirte y servirnos de ayuda.
- Eso claro que lo sé… pero sin reprocharte esto, una vez me dijiste que borrarías de mí este asqueroso hedor a humano que aún me queda, pero no lo has hecho.
- Por lo mismo, sabía que alguna vez nos sería útil, como ahora. Pero mira, un trato, tú cumples con lo tuyo y yo cumplo con lo que te prometí hace años… ¿te parece? – Nuevamente el mazoku tenía en su rostro esa sonrisa tan característica de él que no había dudas que se estaba burlando, pero a Dante no le quedó otra que aceptar el trato y no seguir avivando la caldera. Así que asintió con la cabeza y dando media vuelta se iba alejar del lugar pero volteando miró de forma inquisitiva al Mazoku.
- Pero Sr. Una pregunta, si hace tantos años atrás un solo dedo de su mano exterminó a legiones de esos colilargos, ¿porqué esperar a que se congreguen muchas más legiones de las que ya hay para la batalla?
- Dante Dante… "sore wa himitsu deso" (eso es un secreto) – dijo el Mazoku con un dedo en su boca haciendo el típico gesto de silencio y se desvaneció por completo del lugar.
A Dante no le quedó más remedio que reírse de la respuesta tan singular de su Sr; y simplemente por ahora, había que esperar a que llegase la noche de mañana para cumplir con su misión. Volteó hacía la colección de sus tesoros y siguió observando esa piedra pequeña que tanto llamaba su atención. Y pasados unos minutos, sin previo aviso desapareció de su morada con destino desconocido.
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- ¡Filia! ¡Filia! ¡Vamos muchacha!... el vestido no te quedará perfecto para la noche si no vienes a probártelo… ¡Filia! – llamaba su nodriza dentro del templo, gritaba más bien, pero sus alaridos no eran atendidos por la joven dragón.
Esta se encontraba en el jardín del Santuario, aprovechando el magnífico y soleado día en compañía de varios dragones más jóvenes que ella y que pedían por sus canciones de veneración al Dios Rey Dragón de Fuego.
Se había convertido en Sacerdotisa para su Dios, excelente amiga para sus pares, nodriza para los más pequeños y en una linda mujer para los demás dragones varones que asistían en esta oportunidad al Santuario debido a la congregación de éstos para la batalla. Pero a Filia esto último no le importaba en lo más mínimo, aún se veía a ella misma demasiado joven como para que los varones le llamaran la atención, a pesar de contar ya con la edad suficiente de madurez. Pero lo más importante para ella era el ser Sacerdotisa y encomendar su vida a ello.
Por eso hacía caso omiso a los llamados de su nodriza y permanecía ajena a toda la frivolidad que la rodeaba en esta oportunidad. Reprochaba lo que estaba a punto de ocurrir esta noche, odiaba las guerras y los conflictos, aunque sí, era verdad, odiaba a los demonios, pero su odio se basaba simplemente en las historias de batallas pasadas que le contaba su nodriza, puesto que desde pequeños se les enseña a los dragones que son enemigos consumados de los demonios y de toda criatura vil y malvada; pero odiaba mucho más las muertes que sobrevendrían una vez se desatara la guerra y cada vez que tenía oportunidad reprochaba a sus superiores sobre la decisión tomada sobre la venganza que estaban dispuestos a realizar.
Mas éstos no la tomaban en consideración y seguían planeando lo que para ellos, sería una victoria segura.
-¡Filia! Muchacha te juro que si no vienes… - seguía alardeando su nodriza mientras se escabullía por los pasillos del templo, cuando divisó a la joven sentada en el Jardín en compañía de los pequeños. Desde lejos quiso llamarla una vez más cuando sintió en su hombro una mano que se depositaba tranquila y serena. La mujer volteó y se encontró con el Anciano Dragón que también veía a Filia desde lejos.
- Vete tranquila, no te preocupes por Filia, ella sabrá cumplir con lo que se le ha pedido… vamos regrésate al cuarto y prepara las cosas para esta noche. – le dijo el anciano con voz armoniosa, con lo que la joven mujer asintió con una sonrisa en su rostro y girando sobre sus talones, regresó al interior del templo.
Pasaron unos momentos cuando Filia se dio cuenta que el Anciano la observaba y disculpándose con los niños se alejó de ellos para ir en busca de él.
- Niña ¿porqué vienes a mi encuentro y traes tanto reproche en tus ojos? – la increpó de manera dulce.
- Anciano… lo siento… no es mi intensión pero… - se disculpó Filia mientras bajaba la vista
- No te disculpes muchacha entiendo porque esas emociones en ti… Sé que no estás de acuerdo con todo esto que está pasando, créeme que en principio yo tampoco estaba muy convencido, pero creo que nunca está de más pelear por lo que uno cree. Además, es sabido que una vez que el odio se interna en el corazón de los seres vivientes, no queda más opción que apaciguarlo. – suspiraba el Anciano Dragón mientras miraba a la lejanía.
- Pero debe haber una mejor manera de resolver todo esto – clamaba Filia desde lo más profundo de su corazón – Ustedes siempre van diciendo que los malos sentimientos sólo corrompen a las personas de buen corazón y esas son las principales enseñanzas que recibimos estando en el templo. No puedo permitir lo que va a suceder siendo Sacerdotisa, simplemente no puedo.
- Filia entiendo lo que sientes, pero todo tiene una razón en este mundo… - le dijo el Anciano mientras ofrecía a la muchacha su brazo para que le acompañase a pasear por los jardines – Será mejor que por ahora no avives la discordia entre todo lo que está pasando y tú como Sacerdotisa deberías tener fe de que todo se solucionara quizás de la mejor manera posible. Ahora niña ve con tu nodriza y así en la noche me acompañaras para así no sentirme tan solo dentro de todo.
Y Filia le observó y se dio cuenta de que su rostro denotaba mucho más cansancio que los años previos. Sin decir más palabras, sonrió casi con lástima y regalando al anciano un beso en su mejilla y se alejó de él, mientras éste le veía con ojos perdidos.
Notas de mi ^^
Sí, creo que me merezco un buen reto por no haber publicado nada de nada hace tanto tiempo, y más cuando prometí terminar pronto esta historia, pero creo que se me ha hecho muy poco el tiempo que tengo actualmente para poder escribir Sin embargo, nunca está de más aprovechar cuando salta un poco de imaginación a la mente.
Y bueno aquí ya el 3er capítulo de Odio… creo que va quedando bastante bien pero se vienen más sorpresas aún. Espero continúen leyendo y dejando sus reviews, ya que eso es lo que nos anima a seguir escribiendo nuestras sandeces ^^
Atte. Angel Natsumi
