Abjudication
Lore-chan
3: Lista de Sospechosos
Si alguien hubiera querido ingresar a la sala de estar de Sora, simplemente, no habría podido.
La pelirroja era ordenada, siempre lo fue, durante sus años de estudio tanto en la primaria, secundaria, preparatoria y la universidad, era admirada por ello y sus cuadernos eran lo más solicitado cuando alguno de sus compañeros se enfermaba o faltaba a clases; pero cuando se trataba de su trabajo tenía una manía: necesitaba ver las cosas desde arriba. Ella era baja un escritorio no le servía, en cambio, el piso, sí, ¡Por supuesto que sí!
Tenía desparramado en orden, claro que así estaba, fotografías, listados de llamadas, direcciones, nombres, hojas varias y avanzaba a pies descalzos entre ellos anotando en su libreta todo lo que creía fuera de lugar.
—Necesito el notebook de ella – murmuró parándose sobre la imagen de un pelirrojo de ojos negros - ¿Cuándo demoraré en recuperar su teléfono desde el laboratorio de criminalística? Si se lo paso a Ryo, estoy segura que puedo recuperar tanto mensajes de audio y escritos… Si arregló su computador e Izumi es tan eficiente como creo que lo es, puede que haya borrado pruebas importantes – se inclinó y tomó la fotografía - ¿Fuiste tú?
Se amarró el cabello y continuó caminando, hablando con ella. Esa era otra de sus manías: conversaba con ella. Muchas veces se tuvo que disculpar con su compañero de oficina en el trabajo, ya que lo desconcentraba, todo lo contrario, para ella, Sora se concentraba mucho más si hablaba consigo.
—Taichi dijo que peleaban seguido, ¿por qué? ¿por qué dos amigos pelearían tan seguido?... A menos que tuvieran algo entre ellos y él no quisiera dejar a Hikari – entrecerró los ojos viéndolo a detalle – No se nota como alguien con mucha fuerza y es un par de centímetros más alto que ella. ¿Engañabas a Hikari con Mimi? – le preguntó a la foto. La miró por varios segundos hasta que la devolvió a su lugar y tomó la de Yamato Ishida – Si te llevabas tan mal con ella, ¿por qué la llamabas tan seguido?
Sora se rascó la cabeza y se dejó caer en el sillón tapándose la cara con el antebrazo. Ya iban a dar las tres de la madrugada y ella aún estaba allí, hablando sola, paseándose entre las pocas pruebas que tenía hasta el momento.
Estaba cansada... estaba…
.
La melodía de su teléfono la hizo despertar de golpe, miró a todos lados asustada, preguntándose irónicamente dónde estaba y el lugar no difería de los últimos cinco días. Ya comenzaba a hacerse costumbre el quedarse dormida en cualquier parte de su departamento que no fuera su cama.
Se levantó con un horrible dolor de espalda, vistiendo el mismo traje del día anterior. Agudizó el oído y luego de buscarlo entre los cojines, bajo el sofá e incluso dio vuelta su cartera, encontró su celular en la chaqueta que colgaba de una de las sillas del comedor.
—Takenouchi, Buenos… - le echó una ojeada a su reloj de pulsera y abrió los ojos asombrada al notar lo tarde que era – Buenas tardes.
—¡Sora! – la voz alegre de una de sus amigas la hizo sonreír – ¡te tengo excelentes noticias! Fue horriblemente difícil, hasta creí que tendría que hacer uso de mi cuerpo para que me dieran una respuesta positiva, es que el fiscal ese es tan creído, guapo como actor de Hollywood, pero tan creído… en fin, te hago el cuento corto y te alegro tu día: Yagami puede salir bajo fianza previo pago de 250.000 yenes, tengo los papeles en mi mano.
Sora abrió la boca y tuvo ganas de gritar.
—Te debo un almuerzo, una cena, un… Cualquier cosa que no sea muy cara porque ya sabes que estoy por mi cuenta – dijo la pelirroja atropellando las palabras unas tras otras y es que en verdad estaba tan feliz que su esfuerzo por demostrar que su "defendido" no era un peligro para sociedad, ni tampoco habían causales que indicasen que escaparía y que estaba colaborando activamente en todo. Además, ese fiscal, tal cual decía su amiga, era guapo como él solo, pero era el hombre más complicado y aterrador que existía – ¡Jun, eres la mejor, te adoro!
—Lo sé, lo sé… - dijo de forma distraída.
De todos sus años estudiando Leyes, la única amiga que había logrado hacer se llamaba Jun Motomiya, una chica de cabello rebelde, prácticas poco ortodoxas, pero de corazón gigante.
La chica trabajaba en una pequeña firma que resolvía asuntos legales financieros, tales como guiar a las personas frente a embargos, declararse en quiebra y demases.
Era aburrido, por lo que cuando su amiga pelirroja le contó en lo que estaba le rogó de rodillas – sí, lo hizo de rodillas – poder ayudarle, en lo que fuese, aunque fuera llevar papeles a la fiscalía para pedir la libertad bajo fianza del bombón suizo, como había sido nombrado por ella misma.
—Voy a llamar a Hikari Yagami para darle la noticia y más tarde tengo que ir al laboratorio de criminalística a revisar las pruebas que se recopilaron desde la escena.
—Oh, por favor… ¡déjame ir contigo!, lo más emocionante que hice hoy, bueno aparte de darte esta buena nueva, fue impedir que les quitaran sus cosas a unos abuelitos.
Sora rio.
—Una hora, afuera del edificio.
—¡Ahí estaré!
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Desparramó sobre la blanca mesa un celular cuya pantalla estaba rota y tenía una carcasa color rosa con brillantes y un colgante con la letra M junto con un pompón blanco que estaba manchado con sangre ya seca, Sora se estremeció cuando lo tocó a través de los guantes, había también una blusa blanca, zapatos de diseñador, un encendedor, un par de lentes oscuros de marca y un bolso pequeño, dentro del bolso estaban se encontraban los implementos básicos que una mujer lleva consigo, maquillaje, billetera con varias tarjetas de crédito y una fotografía que le llamó la atención. Era de esas fotografías que se sacan en esas cabinas de fotos instantáneas.
Mimi abrazaba a un chico de cabello azul y lentes y le besaba su mejilla, en la siguiente hacía morisquetas provocando que el hombre riera y en la última se besaban en los labios. Ella no parecía complicada, pero él estaba sonrojado.
Sacó de su propia cartera una carpeta y comparó esa imagen con la que días atrás le había mostrado a Taichi, la persona que aparecía en una esquina, borrosa, era la misma en ese juego de fotografías instantáneas.
—Joe Kido – dijo Sora entrecerrando los ojos.
—¿Quién es? ¿El novio? ¿amigo con derechos? – Jun a su lado parecía inquieta, quería saberlo todo.
—Según Yagami, es un ex novio, pero yo no guardaría fotografías de un ex novio en mi billetera. La habría sacado.
—Quizás olvidó hacerlo…
—O quizás nunca terminaron hasta ese día y por eso lloraba.
La pelirroja tomó el celular y lo trató de prender sin éxito. Lo miró por todos lados, notando que era un iphone y ella no tenía cargador para ese modelo, excepto…
—Jun, préstame tu cargador – después de todo no había sido mala idea llevarla.
La morena se lo pasó y Sora se acuclilló en una esquina para cargarlo. Cruzó los dedos y de pronto la pantalla se encendió. Su alegría duró hasta que éste le pidió clave de acceso.
—¡¿Por qué la gente ya no confía en otras?! – reclamó la Takenouchi tras dos intentos fallidos.
—¿Porque te asesinan? – la pregunta de Jun fue retórica y lo único que logró fue poner de peor humor a su amiga – Déjame verlo.
Jun se colocó junto a la pelirroja y lo miró por largos minutos, parecía que esperase a que el teléfono se desbloqueara por sí mismo.
—¿Era profesora de yoga? – consultó Jun con la mano en el mentón.
—Sí, instructora… eso dijo Yagami.
—¿Sabes lo que aman las personas que practican yoga y todo aquello?
—¿La comida sana, la naturaleza y la paz mundial?
Su amiga rio, le encantaba que a veces Sora fuera inocente y que ciertas cosas escaparan de sus manos.
—El signo del "om", muchas se lo tatúan incluso… es uno de los mantras más sagrados – tecleó la palabra "om" seguido se "mantra" formando: omantra y la pantalla se desbloqueó.
Sora ahogó el segundo grito del día y abrazó a Jun casi ahorcándola.
—Sabía que tenías que venir, ¡lo sabía!
Se fue a las llamadas y habían varias recibidas y tal cual como se mostraba e la hoja que tenía, Yamato la había llamado varias veces, Joe la llamó dos veces y Taichi tres. Ella marcó a Koushirou más de cinco veces antes de llamar a Taichi a eso de las ocho y media de la noche.
—Yagami dijo que había llegado a su departamento pasadas las nueve, que lo despertó… pero aquí indican que hablaron, la llamada duró poco más de diez segundos.
—Yo puedo decir mucho en diez segundos – comentó Motomiya.
—Tú puedes decir millones de cosas en uno, Jun.
Se sentaron en el suelo, cada una a un lado del enchufe. Siguieron a los mensajes, muchos de alumnos preguntando horarios, cobros, otros sin importancia de compra de materiales para aeroyoga – ni idea que sería eso, pero llegaría a investigar – hasta que se topó con los que a su parecer importaban. El último era un mensaje de voz para Koushirou.
Miró a Jun que con la mirada la instó a darle play.
"Kou', te he estado llamando, por favor, necesito hablar contigo. No puedes estar molesto para siempre. Esto es importante… en verdad es importante"
La voz de Mimi sonaba suplicante, como si en cualquier momento rompiera a llorar.
—¿No sientes un poco "creepy" escuchar la voz de alguien que está muerto? – preguntó Jun sacudiéndose en un escalofrío.
Sora no la tomó en cuenta, leía la conversación que antecedía al audio y muchas cosas no tenían sentido entre sí. Hablaban de algo y luego pasaba a otro tema… era como sí…
—Borraron conversaciones, esto no está completo. Aquí – le apunta la pantalla – ella le pregunta cuándo puede arreglar su computador e Izumi contesta que el sábado vaya a dejarle su computador, Mimi indica que no puede ese día que estará en Chiba de ahí todo salta al cumpleaños de Hikari, él pregunta algo, pero ella contesta algo que no tiene nada que ver… Alguien borró cosas…
Cerró la conversación y continuó con la siguiente.
—Yamato Ishida… - susurró Sora dándole play a un audio.
"Te iré a buscar a la estación a las doce, trata de ser puntual"
Por la voz, en verdad, estaba molesto de tener que ir a buscarla, tal cual como indicó Yagami en el interrogatorio. Pero si era así, ¿por qué la llamaba tanto?
Dio play al siguiente.
"Dejaste las llaves del departamento de Taichi en el mío. ¿Te las llevo o las pasas a buscar más tarde?"
Mimi se oía enojada, no tenía nada que ver con la voz suave del audio anterior.
Sora leyó la conversación entre ambos y al igual que con la de Izumi, se encontró con varias incongruencias, varios mensajes borrados.
¿Fue Mimi quién las borró? ¿Fue otra persona? ¿Quién? ¿Por qué las borraría?
"Hola… Sé que prometimos no hablarnos, menos después de lo que sucedió en mi departamento, pero… ¿Podemos vernos hoy?"
—¿Quién es ese? – inquirió Jun estirando el cuello – Tiene bonita voz.
—Es Joe Kido – miró la mesa frente a ella recordando las fotos – Y ¿si no terminaron en buenos términos?
—O Tal vez, nunca terminaron… - acotó su amiga.
"Mi-chan, ¿pasó algo? Me dejaste preocupada, ¿Por qué te fuiste de mi cumpleaños tan repente? ¿Fue por lo que dijo Koushirou?"
—Hikari Yagami…
"Lo lamento, pero me pusieron una reunión a última hora. Por favor no te enojes, le pedí a Yamato que te pasara a buscar. Traten de no matarse entre los dos, es un viaje de solo treinta minutos"
—Taichi Yagami…
"No, Mimi. Deja de decir tonterías… a veces siento que no eres mi amiga…"
—Koushirou Izumi…
"Me arrepiento, cada momento que pasa, me arrepiento…"
—Yamato Ishida…
"No me puedes decir eso, sabes que todo fue un mal entendido. No te alejes, conversemos"
—Joe Kido…
"¡Feliz cumpleaños, Hikari-chan! ¡Te quiero mucho, demasiado! Estaré ahí en punto para celebrar como se debe. Taichi me pasará a buscar, espero no hayas invitado a Joe, por favor, dime que no lo invitaste, suficiente tengo con Yamato. ¿Koushirou sigue queriendo matarme?"
—Mimi Tachikawa… - Sora suspiró dejando el teléfono en el suelo y caminó hasta la mesa. Sacó su libreta de notas y anotó cuatro nombres – Uno de ellos lo hizo – giró donde su amiga que la miraba con una sonrisa, conocía la cara que ponía la pelirroja cuando algo la emocionaba –Voy a pedir una orden para requisar su computador, llevaré el celular donde Ryo para que recupere todo lo que borraron. Estoy segura… uno de ellos fue.
Jun se levantó y se acercó a la lista y la leyó en voz alta.
—Joe Kido, Yamato Ishida, Koushirou Izumi, Hikari… ¿Hikari Yagami? ¿No es ella la hermana? – la morena no entendía mucho.
—¿Cuántas veces el culpable no es el que expele más inocencia? Además, ella tenía llaves del departamento de su hermano.
—¿Qué razones tendría…?
—Eso es lo que tengo que averiguar – ella sonrió – les enviaré citaciones para interrogarlos.
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Sora no quiso bajarse de su auto, pero desde la distancia vio que Hikari abría los brazos, feliz, al ver a su hermano que bajaba las escaleras de la salida de la cárcel de Fuchu, al lado de la castaña estaba Yamato Ishida que le golpeó la espalda con fuerza, el último en saludarlo fue Koushirou Izumi.
La Takenouchi encontró muy raro que no estuviese Joe Kido, después de todo, era el doctor del Yagami y si vivía en el departamento de al frente, algún lazo de amistad se debió haber formado entre ambos.
El cuarteto se fue, pero ella se quedó, al menos, veinte minutos más en su auto, pensando.
Cuando, finalmente, decidió irse, le echó un vistazo a la bolsa transparente que tenía a su lado con todas las pertenencias de Mimi Tachikawa…
—Creo que el regalo de cumpleaños de mi papá este año, será gigantesco – se dijo a si misma con seriedad a medida que avanzaba.
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La pelirroja apagó todas las luces de su departamento, estaba un poco mareada de todas las veces que había oído todos los audios del celular de la castaña, hasta se había aprendido de memoria un par de mensajes.
Se bebió un vaso de agua completo cuando al terminárselo, se golpeó la frente por ser tan inteligente para algunas cosas y tan despistada para otras.
Corrió hasta el salón y tomó el celular rosado. Lo desbloqueó para irse directo a las fotos del mismo. Se había concentrado tanto en los audios, en los mensajes y llamadas que olvidó por completo las fotografías.
Habían muchas con Joe Kido, tantas como con Taichi en diferentes lugares, otras practicando yoga, en posiciones que Sora en su vida podría hacer, de todas formas las encontró interesantes, muchas, demasiadas selfies y tuvo que reconocer que era muy bonita y con un cuerpo bien trabajado, habían un par con Hikari y Koushirou y dos que le llamaron bastante la atención: la primera, una tomada en un auto y Yamato sonreía mientras manejaba y la segunda, Koushirou aparecía durmiendo en una cama, la fotografía se había sacado de perfil.
De todas formas, y a pesar de encontrar que las fotos eran muchas, sintió que faltaban.
—Quizás también borraron fotografías – murmuró mientras se dirigía a la puerta ya que el timbre había sonado.
Escondió el teléfono en el bolsillo de su chaqueta en cuanto vio quien estaba tras la puerta, él sin mediar palabras, la abrazó con fuerza provocando que el rostro de Sora se tornara de un rojo muy parecido al de su cabello.
—Gracias, en verdad, muchas gracias – dijo Taichi Yagami en su oído y a Sora algo se le revolvió en el estómago.
No supo si era el perfume, la fuerza del abrazo o, simplemente, que nunca había recibido un agradecimiento así.
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Nos leemos!
