Hola, éste es el nuevo cap, es casi el doble del largo del anterior, así que espero que no les sea aburrido.

Muchas gracias por sus reviews y sus follows, hacen que escribir valga la pena.

Los personajes le pertenecen a Ryan Murphy y a la cadena Fox, yo sólo juego con ellos.

Enjoy.


-Eres mía Rachel, ¡entiéndelo! –Mi cuerpo se sentía hervir, besaba sus labios y ella… ¡ella me correspondía!, con un rápido movimiento la llevé hasta los lavamanos subiéndola en ellos, ella rodeó mi cadera con sus piernas mientras besaba mi cuello. –Quinn… Podría hacer una lista de todo lo malo que estamos haciendo. –Mordí sus labios y ella suspiró, me abrí paso entre sus piernas, por debajo de su falda, al tocarla me di cuenta de lo húmeda que estaba; ella deseaba esto tanto como yo. –A partir de hoy… tú eres mi mujer. –Mordí su cuello y ella abrazó mi cuello levantándose, dándome la oportunidad de quitarle las pantis que deslicé por sus piernas hasta llegar a sus horribles zapatos que quité sacando por fin la innecesaria prenda; después regresé besando sus pies, pantorrillas, muslos, centrándome por fin en el perfecto centro que me llamaba, pasé mi mano por él, rosando levemente su clítoris provocando que ella se sonrojara violentamente y suspirar; comencé a saborearla, besarla, lamerla. Algunos dirían que la tomé como mía: se equivocan, ése día me entregué a ella en cuerpo y alma.

Rachel miraba a Quinn y no podía creer lo que pasaba, su temperatura aumentaba mientras ella presionaba la cabeza de la rubia contra su sexo, pronto los espasmos llegaron y se liberó, Quinn subió y la besó de nuevo.Quiero oírte decirlo.Rachel la miró a los ojos y dándole un casto beso. –Soy tuya, creo que siempre lo he sido, sólo que hasta hoy me di cuenta.

La ayudé a acomodarse la ropa y la bajé del lavamanos, nos tomamos de la mano y la llevé a su casa. –Me sorprende que Finnepto no te esperara. –Ella frunció el ceño, al parecer su conciencia la había alcanzado. – ¡O por Dios! Finn, me había olvidado completamente de él… No, él no va a perdonarnos. –De nuevo mi paciencia se estaba acabando, tendría que entrenar eso en "Tierra Alfa", al parecer toda esa meditación con mi madre no había servido de nada. –La verdad es Rach que el T-rex no me importa en lo absoluto. Me importas tú. –Rachel me sonrió y me dio un dulce beso, después entró a su casa y me fui de ahí, lo único que quería era acostarme en mi cama y pensar en mi dulce, dulce Rachel.

Me recosté y sentí como vibró mi celular –Hoy me hiciste muy dichosa, estoy orgullosa de decir que soy tuya, hoy, mañana y siempre. R. –Mi corazón dio un giro y me apresuré a contestar –Hoy encontré el valor para entregarme a ti, Rachel, te amo. –Mi pecho no podía aguantar más alegría, así que cerré los ojos esperando que el día siguiente fuera igual o mejor, en realidad sólo quería estar con Rachel.

-Hija, ésta será tu primer misión. –Abrí mis ojos, me encontraba en "Tierra Alfa", después de un año entrenando en este inhóspito lugar había desarrollado una gran capacidad respiratoria, mi cuerpo se fortaleció, ahora podía correr y ejercitarme sin siquiera cansarme ni forzar mi corazón. –Tu entrenamiento te ha hecho fuerte hija, casi tan fuerte como los guerreros espartanos, ¿sabes algo de ellos? –asentí aunque en realidad no recordaba muy bien la historia, recuerdo que en clase de historia al ver la invasión de Grecia por los Persas, Rachel llevó un lindo vestido amarillo, ese día interpretamos "Wallkin on sunshine/ Halo", se veía lindísima así que Grecia y Persia me dieron lo mismo. –Veo que tu conocimiento es nulo, muy bien te explicaré, Las Termópilas que significan puertas calientes eran el paso a Grecia por el norte entre las montañas y el mar, con casi 3 kilómetros de largo el ancho en alguno de sus puntos solo era de 15 metros y fue muy atinadamente el lugar escogido por los griegos para detener el avance de los persas que querían invadirlos.

Ya desde hacía tiempo los persas tenían intenciones de conquistar a Grecia y es cuando aparece Jerjes decidido a no correr con la misma suerte de su padre Darío I, derrotado en la batalla de Maratón a mano de los griegos durante la Primera Guerra Médica. Jerjes forma un ejército para enfrentar a los griegos del cual algunos historiadores dicen que era entre 100 y 300 mil soldados, pero otros aseguran que si se suman los hombres que iban en la flota de barcos que seguían a los de a pie y que llevaban sus provisiones; los persas rozaban el millón de efectivos, de los cuales destacaban el grupo elite: los 10 mil inmortales.

Los espartanos eran un pueblo nacido por y para la guerra, practicaban la eugenesia y nada más al nacer, el niño espartano era examinado por una comisión de ancianos en el Pórtico, para determinar si era hermoso y bien formado; de no ser así se le consideraba una boca inútil y una carga para la ciudad. En consecuencia, se le conducía al Apótetas, lugar de abandono, al pie del monte Taigeto, donde se le arrojaba a un barranco, los que pasaban la prueba se les asignaban uno de los 9.000 lotes de tierra disponibles para los ciudadanos y lo confiaban a su familia para que lo criara, siempre con miras a endurecerlo y prepararlo para su futura vida de soldado. En pocas palabras efectuaban una selección natural lo que produjo que el soldado espartano fuese una máquina de matar casi perfecta.

El ejército griego estaba conformado por 300 hoplitas espartanos (a los que hay que sumar otros 600 ilotas, pues cada espartano llevaba dos siervos a su servicio), 500 de Tegea, otros 500 de Mantinea, 120 de Orcómeno y 1.000 hoplitas del resto de Arcadia: 400 de Corinto, 200 de Fliunte, 80 de Micenas, 700 tespios y 400 tebanos, además de 1.000 focenses y todos los locros y usaban la formación de la falange en total unos 3500.

Una sección del ejército persa muy temida eran los arqueros y cuando se le dijo a Leónidas que sus flechas cubrirían el sol y transformaron el día en noche este respondió: Mejor, lucharemos en la sombra. Cuando comenzó la batalla, fila tras fila los persas se estrellaron contra las lanzas y escudos espartanos sin que éstos cedieran un centímetro. De esta forma, a pesar de la grave desventaja numérica, Leónidas y sus hombres se opusieron a las oleadas de soldados enemigos con un número mínimo de bajas, mientras que las pérdidas de Jerjes —aunque minúsculas en proporción a sus fuerzas— supusieron un duro golpe para la moral de sus tropas.

La lucha se había prolongado varios días y Jerjes decidió mandar a sus 10 mil inmortales pensando que estos pondrían punto final a la batalla, cuentan que los inmortales lucharon como nunca lo habían hecho; pero poco pudieron hacer en contra de los escudos y lanzas de la falange y fueron derrotados. Con esto la moral del ejército persa estaba por los suelos y justo cuando estaban a punto de dar media vuelta y largarse apareció de entre los griegos un traidor: Efialtes, el cual ya cambio de una recompensa les indico a los persas un camino entre las montañas por el cual podrían llegar por la retaguardia a los hombres de Leónidas.

Cuando Leónidas se da cuenta de que serán atacados por dos frentes a la vez, sabe que todo está perdido y ordena la retirada de sus hombres a Atenas y que iniciaran la evacuación de la ciudad. Solo quedaron con él los 300 soldados de su guardia y mil griegos leales (los tespieos y los de Tebas) y tal fue tal el ímpetu con el que los espartanos lucharon que Jerjes decidió abatirlos de lejos con sus arqueros para no seguir perdiendo hombres. Leónidas fue alcanzado por una flecha y los últimos espartanos murieron intentando recuperar su cuerpo para que no cayera en manos enemigas, los persas habían obtenido la victoria; pero los griegos la gloria.

Ya sin resistencia los persas llegan a Atenas y la devastan, pero los días que fueron retenidos por los griegos en las Termópilas les permitió a estos evacuar la ciudad junto con una flota de barcos de guerra y refugiarse en Samalia. Jerjes decidido a no darle respiro a los griegos se encamina a Samalia con sus barcos, pero se lleva una desagradable sorpresa; los pesados y poco maniobrables barcos persas no fueron rivales para los mas maniobrables y ligeros barcos griegos y Jerjes tuvo que retirarse no sin dejar a 80.000 hombres al mando de un coronel para que terminara la campaña, pero unos meses más tarde 8.000 espartanos y 30.000 aliados griegos derrotan a los persas en Platea y ese mismo día la flota persa es prácticamente destruida en Micala.

Sin la resistencia de Leónidas en las Termópilas nunca los griegos hubieran podido evacuar Atenas, nunca se habrían dado las batallas de Salamina, Platea y Micala, Grecia habría sido conquistada por Persia, la cuna de la civilización occidental habría desaparecido y nuestro mundo sería muy distinto a como lo conocemos hoy en día.

Si Grecia hubiera sido vencida, Persia hubiera ocupado toda Europa, pues Roma aún era una pequeña y anónima ciudad en Italia. Alejandro de Macedonia no hubiera sido más que un vasallo de un imperio universal y Roma jamás hubiera podido forjar su Imperio. Sin el Imperio Romano el Cristianismo no se hubiera podido extender como lo hizo, y Jesús de Nazaret no hubiera sido más que un iluminado, como tantos otros que hubo en la Palestina de entonces, del que no tendríamos noticia alguna.

Europa, tal y como es hoy, y su cultura, la más avanzada sobre la Tierra, no existirían, porque no hubieran tenido ni la oportunidad de nacer, y las ideas de libertad que surgieron en Grecia, hubieran sido ahogadas en un baño de sangre, para quien sabe si poder volver a renacer no se sabe cuándo ni dónde.

-Mi mirada impaciente hizo que mi madre apresurara su relato, aunque estaba fascinada por el enfrentamiento espartano, no sabía cómo entraba yo en esto. –Tu misión es enfrentar a Jerjes en Micala, el espíritu de tu hermano Leónidas será el primero en entrar en ti, debes comandar a los 38000 hombres, y derrotar a los persas, pero antes debes encontrar el fragmento del alma de Rachel, de sobra que te diga que si fallas en rescatar el fragmento tu amada morirá.

Un rayo de luz me envolvió, transportándome aun lugar completamente desconocido para mí, una especie de fuerza me golpeó el pecho y la cabeza, de repente pude ver por completo la batalla de las Termópilas como si hubiera estado ahí, supe de inmediato que era el alma de Leónidas entrando en mí. Desperté el cielo se tornó azul claro, con tonalidades en naranja, al parecer estaba amaneciendo, al abrir mis ojos pude ver unas sábanas de algodón muy fino, y una vista bellísima, una habitación muy amplia, a lado de la cama se encontraba un respaldo donde descansaba una especie de capa roja (diría yo que era más una manta delgada de lana), una falda / taparrabos de cuero, y lo que tenía forma de un sostén, pero de algún metal, debajo de la cama unas sandalias y eso era todo, me los coloqué. Una vez despierta por completo, pude ver una vasija con agua donde enjuagué mi rostro, mi piel estaba bronceada, cómo sí todo el tiempo estuviera bajo del rayo del sol desnuda, porque no había un pedazo sin broncear; mi cabello era largo y rizado, acomodado en una trenza ancha que nacía desde mi frente uniéndose con muchas pequeñas trenzas. Una voz interrumpió mi reconocimiento de la habitación. –Ama, el batallón está esperando órdenes, recuerde que ésta es nuestra última noche en Esparta antes de partir a Micala. –Mi boca traicionó a mi confundida mente diciendo –Diles a los Espartanos que los veo abajo, salimos de inmediato, Jerjes pagará por haber dado fin a mi querido hermano. –De nuevo el soldado me dirigió la palabra –Ama, una última pregunta, los persas se llevaron a las sacerdotisas del templo de Ares, ¿las rescataremos u oramos por sus muertes? –Mi mente de inmediato supo que Jerjes tenía a Rachel. –ése animal no tendrá el placer de poseer a ninguna espartana, separa a los mejores 10 soldados, Leónidas detuvo a Persia con 300 yo mataré a Jerjes con sólo 3.