¡Hola de nuevo! Aquí el primer capítulo de la historia. Por suerte es más largo que el prólogo de dos partes. Personalmente, pienso que este fin de semana fue muy productivo para mí, hablando en cuanto a historias porque si hablamos de estudios u otra cosa no hice nada :P, así que no tardaré mucho en publicar porque ya tengo algunos capítulos escritos.

Otra buena noticia, a partir de este capítulo las cosas comienzan a tener sentido y ya no será una historia tan al aire. Aquí, el primer capítulo.


¿Por qué mentiste?

Amu caminaba por las calles de París, en un descanso del ensayo del concierto de esta tarde. La ciudad era hermosa, tan llena de vida y con un encanto único.

- Incroyable- escuchó una voz aguda decir. Luego como alguien le tiraba de la remera- Avez-cheveux roses- le volvieron a decir.

Ella se dio vuelta, solo para encontrarse con una pequeña, de tres años talvez, de cabello azul oscuro, que casi parecía negro, y ojos color zafiro. Un dolor cruzó su corazón al ver esos ojos, le recordaban tanto a alguien.

La niña la miraba con una sonrisa enorme y con sus ojos brillando con alegría. Ella desearía saber francés, pero solo sabía unas cuantas palabras, y solo había entendido que ella había dicho increíble.

- Pardon, Je ne sais pas le français- le contestó. La niña perdió la sonrisa. Para luego recuperarla al instante.

- Eres japonesa ¿verdad?- le dijo en un japonés bastante bueno, aunque con los errores típicos de los niños de su edad.

- Si- le respondió, con una sonrisa.

- Sugoi- su sonrisa aumentó- Me gusta mucho tu pelo rosa- le comentó con inocencia- Hikari desearía tener el pelo como el tuyo. Es tan largo como el pelo de mami- le contó, y ella sonrió ante esta niña que le recordaba un poco a Ami- Pero, Hikari tiene el pelo de papi- siguió relatando.

- ¿Y no te gusta el pelo de tu papi?

- Me gusta, pero el pelo de papi es un color de varones. Y Hikari es mujer.

- ¿Y de que color es el pelo de tu mami? Ya me dijiste que era largo- le siguió hablando, le recordaba a su pequeña hermana que llevaba dos meses sin ver.

- El color de mami es…

- Julliete- llamó una voz grave- Où êtes-vous?

- ¡ C'est papa!- dijo ella con alegría- Venez voir, papa- dijo mirando a algo detrás de ella.

Amu no pudo ver a quien le hablaba, ya que justo cruzaban un montón de personas. ¿La niña estaba llamando a su padre? Eso es lo que ella había entendido con su escaso francés.

Una risa grave y melodiosa llegó a sus oídos, enviando un escalofrío por su columna. Eso era raro, nunca antes le había pasado. Bueno, solo una vez…

- Ok, je suis- el hombre apareció- ici, je suis- le dijo con una sonrisa a la niña, para luego levantar la vista hacia ella.

No sintió como su corazón se rompía mientras veía aquellos ojos zafiros, en aquel rostro que recordaba perfectamente. El hombre se paralizó al verla, con una expresión de infinita sorpresa. No me mires le rogó. Ella sentía como las lágrimas querían salir de sus ojos.

- Amu- dijo, aun en sorpresa. Ella cerró los ojos, era la misma voz con la que ella había soñado infinitas noches.

- Papi- dijo la niña- Mira, ella tiene cabello rosa. Es tan bonito ¿no crees? Y lo tiene tan largo como el cabello de mami. Hikari quiere tener el cabello así.

- Amu- la volvió a llamar, ignorando a…a…su hija.

Las lágrimas estaban afuera. Pero ella no podía dejar que él las viera, se tapó la cara y se dio la vuelta. Comenzó a alejarse, pero sintió una mano agarrarse a su brazo. No tenía que ver para saber de quien era.

- Suéltame- le ordenó.

- Amu, espera…- le dijo el hombre.

- Suéltame, Ikuto- soltó con lo último de su dignidad y logró liberarse de su agarre.

Sin siquiera voltear a verlo, se largo a correr muy lejos de allí. No le importaba si se perdía, era mucho mejor que quedarse allí. Con Ikuto….y con su hija.

Una hija. Y luego te preguntabas porque él no volvía. Él ya tiene una familia, ¿para qué iba a volver por una niña tonta como tú?

Por una vez, escuchó lo que su mente decía. Era toda la verdad, todo lo que se había negado a creer estos años. Y ahora recién se daba cuenta.

Tonta Amu, él nunca te amó. Acéptalo y aprende a vivir con ello. O muere.

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Tenía que encontrar a Amu, tenía que hacerlo. Ella se había ido corriendo y no le había dado tiempo a que él se explique.

Le tenía que explicar de Hikari, explicar que ella…

- Ikuto- lo llamó alguien- ¿Qué haces aquí?

- Marcel- saludó a su amigo- Necesito que me ayudes. La cantante japonesa se presenta aquí hoy ¿verdad?

- Si, es una presentación de una sola noche.

- Necesito verla- le aclaró- ¿Me dirás en que camarín estará?

- ¿Para qué quieres verla?- él no contestó nada, no queriendo despejar aquella cuestión. Marcel se le quedó observando- Vamos, dilo.

- Verás…ella…Hikari…- no sabía como explicarse.

- ¿Hikari?- preguntó extrañado.

- Juliette, mi hija. Ese es su otro nombre.

- Ah, ya entiendo. Ella es una fan ¿no? Y tú de seguro quieres un autógrafo- sonrió- Eres un muy buen padre, tu hija tiene suerte de tenerte.

- Ah…si. ¿Me dirás donde estará?

- Claro, todo por la pequeña Juliette. Ella estará en…

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- Señorita Amu, ¿visitará Francia en su siguiente gira?

- ¿Algunas palabras que decir a sus fans?

- ¿Es cierto el rumor de un romance?

- ¿Algo que decir del hombre que siempre la acompaña? ¿Su pareja? ¿Familia? ¿Un posible compañero en un dúo?

- Sus fans estaban sorprendidos por el repertorio del concierto, lleno de canciones de amor. ¿No tiene nada que decirles?

Preguntas, preguntas, y más preguntas. Así eran los reporteros.

Ella estaba acostumbrada, y no le molestaba. Pero, esta vez, simplemente quería alejarse de ellos lo más posible. Tomó aire, aceleró el paso y rogó por llegar rápido a su camerino. Al llegar allí, entró y les cerró la puerta a los reporteros, no sin antes excusarse debido al cansancio. Ellos parecieron creerle y no insistieron, algo que ella agradeció. Suspiró y apoyó la cabeza contra la puerta, con la mente hecha un lío.

Simplemente, no podía pensar racionalmente desde…no, no quería pensar en aquello. Dolía, y mucho.

La pregunta de aquel reportero hizo que pusiera una mueca. Tenía razón, todas las canciones del concierto eran canciones de amor y eso ella lo había decidido sobre la marcha. Todo debido a que lo único en lo que ella podía pensar en esos momentos, era en la persona que había inspirado algunas de aquellas canciones.

Ikuto. Su rostro apuesto, sus ojos profundos y su sonrisa ligera, pero que le llegaba a lo más profundo de su alma. Eso era en lo único que pensaba.

En eso, y en…

- Amu- esa era la voz de Ikuto.

- ¿Por qué no puedo dejar de pensar en ti?- dijo sobre su aliento- Ahora hasta me imagino escuchar tu voz.

- Amu- alguien le rozó la mano y ahí ella supo que no se lo estaba imaginando.

- ¿Ikuto?- estaba sorprendida- ¿Qué haces aquí?- le interrogó, mientras lo examinaba de pies a cabeza.

- Vine a hablar contigo- se acercó un paso y ella se alejó uno- Te tengo que explicar sobre Hikari, ella…

- No- susurró y se pegó a la puerta, en un vano intento de fusionarse con esta para no oír lo que él quería decirle- No quiero oírlo- admitió.

- Amu, no es lo que piensas- replicó él y eso fue la gota que rebalsó el vaso.

- ¿Qué no es lo que pienso?- le contestó enojada- ¿No pudiste usar otro cliché?- avanzó un paso con decisión, producto de la rabia- ¿Qué tal el "no eres tú, soy yo"? Ah, no, espera. No puedes usar ese porque nunca fuimos nada ¿no? Nunca volviste como para que fuéramos "algo".

- Amu, escúchame.

- ¿Para que? ¿Para que necesito explicaciones? Si nunca fuimos nada, si nunca te importé. Si solo fui una niña tonta que se enamoró de quien no debía- lo tomó de la camisa- Si…solo…solo- las lágrimas bañaban sus ojos- si solo te esperé esperanzadoramente todos esos años, creyendo en tu regreso. Confiando en que volverías y podríamos ser felices juntos. Pero fui una ilusa, tú ya conseguiste tu felicidad junto a tu esposa e hija. Y yo…

- Amu- Ikuto la abrazó, y ella no tenía fuerzas para resistírsele- Escucha, no estoy casado y Hikari…

- Te dije que no quiero oírlo- se lamentó, sus manos se volvieron puños- ¿No entiendes que duele?- le dio pequeños golpes, queriendo descargarse- Duele mucho…mucho.

- Amu, yo…

- ¿Amu? ¿Estás bien?- preguntó su representante del otro lado de la puerta- Me dijeron que corriste a los reporteros porque estabas cansada, y eso es raro. ¿Te sientes bien?

Ella se separó de Ikuto, tomó aire y compuso su expresión. Abriendo la puerta lo suficiente pero sin que se viera a Ikuto en el interior, atendió a su representante que la miraba con una mirada preocupada.

- Un ligero cansancio nada más. Debe ser un poco de jet lag, nada más- contestó con una sonrisa- Pero estoy bien ahora, ¿ellos siguen en el edificio?

- Si- su representante la seguía examinando.

- Entonces los atenderé ahora, que estoy mejor. Ve a avisarles y espérenme en el recibidor.

- Está bien. En diez estás allí- comenzó a irse y luego volvió- Y avísame si sucede cualquier cosa Si te sientes mal cancelamos todo al instante.

- Estaré bien- le aseguró. Su representante dirigió la mirada al interior del camerino y luego la volvió a ella.

- Solo cuídate ¿ok?- le dijo antes de irse definitivamente.

Ella cerró y se preguntó si había alcanzado a ver lo que ella le estaba ocultando. Esa frase le hacía pensar que talvez sí. Solo cuídate ¿ok? Un ligero sonrojo cubrió su rostro ante lo que podía significar esa expresión. Un sonrojo que se desvaneció cuando recordó que lo único que ella tenía que cuidar de Ikuto era su ya muy maltratado corazón.

- Me tengo que ir- le avisó a Ikuto.

- Amu, tenemos que hablar.

- No me interesa nada de lo que tengas que decirme.

- Amu, por favor, escúchame. Déjame explicarte como fueron las cosas.

- No quiero- él la miró directamente y le tomó las manos. Su tacto quemaba, y ella se soltó- Esta bien- se resignó- Veme más tarde en el hotel que me alojo.

Se fue de allí, atendió a los reporteros y luego se dirigió a su hotel. A pesar de que era el último lugar al que quería ir. Su infierno llegó más temprano que tarde.

- Está bien, escucho. ¿De qué quieres hablar?- le dijo mientras entraba en su habitación, con él siguiéndole los pasos.

- De nosotros- le contestó, cerrando la puerta.

- Nunca hubo un nosotros- le cortó- Si eso era todo, puedes irte- le señaló la puerta.

- ¿Por qué te niegas a escucharme?- le preguntó él, ya enojado- ¿Es que no sabes que…

- ¿Saber qué? ¿Qué necesito saber?- se acercó y se colocó frente a él, desafiante- Lo entiendo todo perfectamente. Te fuiste, me dijiste que volverías y no lo hiciste. Y ahora sé porque, tú ya hiciste una vida aquí. Tienes una hija. No tendría sentido que volvieras por una niña como yo. A pesar de que…- sus manos, por voluntad propia, se aferraron a la camisa de él de nuevo- a pesar de que…a pesar de que te amaba- le gritó, con lágrimas en los ojos- Que te amaba y no quería que te alejes de mí- se aferró aún más fuerte a él- a pesar de que lo habría dado todo por ti.

Levantó su rostro y unió sus labios, aún llorando.

No me rechaces. Aunque sea por este momento, aunque sea una mentira, hazme sentir que me amas. Hazme creer que no fui una tonta por esperarte.

Más lágrimas cayeron de sus ojos. Ese ruego de su corazón, esas palabras llenas de tristeza, llenaban su mente. Solo hazme sentir amada fue lo que pensó.

Ikuto enrolló sus brazos alrededor de su cintura y profundizó el beso. Todo su cuerpo se estremeció ante lo bien que se sentía aquello. Ella enredó sus dedos en el sedoso cabello de él y aprovechó para acercar más su rostro al de ella.

Pronto, cuando el aire comenzó a faltarles, los labios de él bajaron a su cuello y dejaban besos húmedos sobre él. Besos que marcaban su camino hasta su clavícula, y que hicieron que soltara un pequeño suspiro de placer. Sus labios volvieron a unirse en un apasionado beso y su placer aumentó.

La sorpresa la inundó por unos segundos cuando se encontró en su cama y con Ikuto sobre ella, pero la olvidó cuando los besos de Ikuto la volvieron a hacer suspirar de placer. Sus manos se dirigieron a la camisa de él y jugaron con los botones de esta, desabrochándolos uno a uno. Cuando todos estuvieron abiertos, con sus palmas recorrió el torneado pecho de Ikuto y sus nervios temblaron ante la delicia que era la piel de Ikuto, sus músculos que sentía tensarse bajo su toque.

Ikuto la imitó, quitándole la remera que traía puesta con una extrema lentitud y rozando su cuerpo con sus ásperas manos, provocando en ella pequeños escalofríos. La mirada caliente y llena de deseo que le dirigió, terminó de acallar las dudas en su mente. Lo único que escuchaba era los murmullos de placer que ella soltaba ante los besos que el colocaba sobre cualquier parte de piel que alcanzaba.

Con su nariz, levantó su sostén y comenzó a jugar con uno de sus erectos pezones, ella comenzó a gemir suavemente. Cuando sintió que ya no podía más, él dejo ese pezón y se dirigió al otro, una de sus manos aun jugando con el que había dejado. Su otra mano bajó por su estomago y se perdió debajo de su pollera, más allá de la ropa interior que traía. Comenzó a rozar la superficie juguetonamente, mandando escalofríos de placer a su cuerpo, y cuando un dedo comenzó a penetrarla, ella simplemente no pudo evitar el gemido intenso que salió de su garganta. Ella cerró los ojos ante las sensaciones que él le estaba provocando.

Ikuto siguió torturándola, brindándole a su cuerpo más placer del que ella alguna vez había sentido. Pronto otro dedo acompañó al que ya estaba adentro, aumentando su placer y un tercero hizo su camino, provocando que ella arqueara su espalda de placer.

- Por…por favor- suplicó, sin saber bien que era lo que suplicaba.

Él le dio una sonrisa burlona y seductora, entonces se deshizo de la ropa de ella, el pantalón de él perdiéndose junto con las otras cosas. Cuando él se acercó de manera predatoria, volviéndose a colocar sobre ella, pudo ver a aquella erección que luchaba contra la tela de su bóxer. Se le hizo agua la boca.

Su mano se extendió hasta tocar la tela del bóxer, pudo sentir la carne palpitante y caliente que se hallaba debajo de esta. Volvió a tomarlo en su mano, sorprendida que ella fuera capaz de provocar en él esa reacción. Era dura, y con cada toque parecía endurecerse aún más. El gemido de Ikuto, que casi parecía un gruñido, la sacó de sus reflexiones. Los labios calientes de él se volvieron a apoderar de los suyos y ella soltó lo que traía en la mano.

Cuando volvieron a separarse por falta de aire, el rostro de Ikuto bajó peligrosamente a través de su cuerpo. Él no lo iba a hacer ¿o si?

- N…Ah- no tuvo tiempo de quejarse cuando la lengua de Ikuto entró en su cavidad, provocando que lanzara un gemido

Tampoco pudo quejarse cuando su lengua siguió entrando y saliendo de ella, simulando la penetración. No podía quejarse, ya que se había olvidado de lo que iba a quejarse.

Ella sintió como aquella fina cuerda que tensaba todo su cuerpo se rompía, liberando su cuerpo y provocando que gritara del placer. También como algo caliente rozaba sus muslos. No quiso ver, pero de todas formas echó un vistazo. Encontrándose con un Ikuto tomando en su boca los jugos que salían de ella y dándole pequeños besos a sus muslos. Esa imagen solo provocó que ella sintiera más calor en la parte baja de su vientre, debido a lo excitante que era.

Cuando su orgasmo terminó, Ikuto aún seguía penetrándola con la lengua y ahora, para su mayor tortura, dirigía sus manos a sus pechos. Estrujándolos, acariciándolos y aplastando sus sensibles pezones con sus manos, provocando que viera millones de estrellas debido al placer.

Justo cuando pensó que no daba más, Ikuto presionó su clítoris entre sus labios y simultáneamente pellizcó con delicadeza sus pezones, provocando que Amu encontrara un nuevo limite. Su segundo orgasmo hizo aparición e Ikuto se incorporó, para sacarse el bóxer, dejando a la vista su miembro erecto.

Ciega de placer como estaba, ella no tuvo miedo sobre si él sería demasiado grande para ella, o si dolería, solo pensaba en cuanto deseaba tenerlo dentro de ella. Como leyéndole la mente, él se colocó frente a su entrada y la penetró con lentitud.

Cuando ella se quejó de dolor, él se paró de mover y esperó a que su cuerpo se acostumbrara a tenerlo dentro. Pronto el dolor se fue y ella le dio la señal de continuar. La besó con ternura y comenzó a moverse dentro de ella.

Al comienzo se encontraban en un vaivén lento, como tímido, luego los cuerpos de ambos les exigieron más y ambos se vieron envueltos en un vaivén casi frenético, con el único fin de aumentar la fricción entre sus cuerpos. Las envestidas de Ikuto eran fuertes y muchas veces ella había sentido que la punta del miembro de él llegaba hasta la altura de su ombligo. Así de poderoso era el placer que él la hacía sentir.

- I…Ikuto- gritó de placer, sintiendo como estaba cerca de tener otro orgasmo.

Él pareció notar que ella estaba cerca del borde y aumentó aún más la velocidad de las envestidas. El tercer orgasmo de la noche le llegó, y poco después Ikuto alcanzó el suyo, viniéndose dentro de ella.

Cuando se retiró de ella, se acercó y la abrazó con dulzura, para luego darle un tierno beso en los labios, que hizo que ella se sonrojara.

- Te amo, Amu- le dijo mientras la miraba con cariño.

Aquellas palabras hicieron acelerar su ya acelerado corazón y ella estaba a punto de contestarle cuando una voz sonó en su cabeza. "Papi" "Hikari desearía tener el pelo como el tuyo. Es tan largo como el pelo de mami" "Pero, Hikari tiene el pelo de papi" las palabras de aquella niña inundaban su cabeza, causándole sufrimiento.

Miró a Ikuto, su corazón destrozado sufriendo ante su imagen. Se separó de él y se levantó de la cama.

- No me digas eso- le ordenó, mientras recogía las ropas de él del suelo.

- ¿Por qué no? Es la verdad, yo te amo- le replicó.

- ¡Que no lo digas!- él se acercó e intentó abrazarla- ¡No me toques!- le ordenó y lo empujó lejos de ella- No me toques, no quiero que me toques- se abrazó a si misma- Vete, no quiero verte- se dirigió al baño y se encerró allí.

- Amu- la llamó- Amu, ábreme. Amu, por favor.

- ¡Que te vayas! No quiero verte- le gritó- Y no vuelvas a decir que me amas, sé que es una mentira. ¡Vete que no quiero verte nunca más!

Luego de eso, Ikuto no volvió a decir nada más, pero ella escuchaba como él recogía sus ropas y se vestía de nuevo. Pensó que él volvería a insistir, pero simplemente se fue de allí.

Cuando estuvo segura que él se había ido, se abrazó fuerte a si misma y se sentó con la espalda apoyada contra la puerta del baño.

- No digas…- las lágrimas bañaban sus ojos- No digas que me amas. Porque no podré evitar decirte que yo también te amo…aun ahora, te amo.

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No supo cuando se durmió en aquel piso de baño, cansada de llorar, pero era de día cuando escuchó golpes en su puerta.

- Amu ¿Amu? ¿Estás aquí? Se supone que deberías estar en el aeropuerto a esta hora. ¿Qué pasó? ¿Estás bien?

Ella se levantó del baño, se colocó una bata y fue a abrir la puerta.

- ¿Qué paso?- preguntó Souta, entrando en la habitación- ¿Estás…- se paró en cuanto vio la cama- ¿Qué es esa sangre?

Ella no resistió más y simplemente lo abrazó, escondiendo su rostro en su pecho.

- Solo quiero olvidar- lloró contra el pecho de Souta, él la abrazó fuerte- Ayúdame a olvidar- suplicó.


Ese es el final del capítulo uno. Y, sinceramente, no sé que decirles.

Primero, me disculpo por el lemon mediocre que publiqué, ya sé que no soy buena en eso. Simplemente me resulta algo incómodo escribir sobre eso, y si lo hago, me suele tomar horas hacer una misera escena, debido a que nunca encuentro la continuidad en estas situaciones.

Y no lo publiqué porque sí, lo hice porque era necesario para la historia. Ya que Amu se la pasaba diciendo te odio, no te quiero cerca, tuve que hacer que sus acciones dijeran la verdad, que dijeran te amo y no quiero que te alejes de mí. Por eso me vi en la necesidad de escribir lemon

Segundo, aclaración de los dos OC que agregué a la historia. Hikari, tres años, cabello azul oscuro y ojos zafiro. Su madre es francesa y su padre, como ya sabemos, es japonés. Souta, veinticuatro años, cabello y ojos color arena. Japonés y acompaña a Amu durante sus giras.

Ah, y me olvidaba de aclarar. Amu tiene veintiuno e Ikuto tiene veintiséis

Tercero, me disculpo si alguna de las palabras o frases en francés están mal escritas. No sé francés y utilicé el traductor de google u.u

Bueno, eso fue todo. Espero que no lo hayan odiado, ignoren toda la cuestión del lemon, y que me digan que les pareció la historia hasta ahora. Nos vemos en el próximo capítulo :)