Descendió lentamente del auto mientras observaba todo a su alrededor. En tan solo 45 minutos habían llegado al hotel donde Michie se hospedaba. Detrás de ella bajó Michie, que le veía sonriente aún sin creer que por fin había a su adorada hija. Sin embargo, Anna permanecía distante, no había articulado ni una sola palabra en todo el camino y eso le preocupaba a la mujer.
-Amor…-la rubia mujer colocó sus manos en los hombros de la chica, provocando que se sobresaltara-Nos quedaremos aquí solo esta noche. Mañana volveremos a nuestra casa, en Akita. ¿Te parece bien?
-Como sea-la itako mantenía la mirada baja para después dirigirse al interior del lugar. Michie suspiró…sería más difícil de lo que creía.
Ambas entraron al elevador, el cual se inundaba de un incómodo silencio. Michie deseaba habar, pero Anna se mantenía silente mientras desviaba mirada hacia la pared. La decisión de irse comenzaba a causarle estragos…extrañaba a Yoh, y lo extrañaba demasiado. Pero ahora tendría una nueva vida…una nueva vida sin él.
En cuestión de segundos habían llegado al octavo piso, en donde se encontraba la habitación que Michie rentaba. Anna caminó lentamente a través del pasillo, seguida de Michie. Llegaron a la habitación, Anna se sentó en el cómodo sofá que estaba casi al entrar mientras que su madre dejaba las maletas en el suelo, aun sin dejar de observar a su hija.
-Anna-la aludida volteó al escuchar la duce voz de la mujer-Me hiere verte así...eres mi hija, y te amo demasiado. Estos años que no te tuve fueron los peores de mi vida. Pero ahora estás aquí, y me esforzaré por que vuelvas a ser esa niña alegre que me arrebataron. A partir de hoy comienza nuestra nueva vida, así que prometo dar lo mejor de mí, y te pido que hagas lo mismo... ¿sí?
Anna le miraba sin saber qué responder, así que solo asintió, siendo inmediatamente abrazada por la rubia mujer.
O-O-O-O-O-O-O-O-O
-Yoh-Sama…-la chica de rosado cabello se asomaba tímidamente tras un árbol-Le he estado buscando por todas partes.
-¿Para qué? ¿Acaso hay algo más?-cuestionó tras limpiar las lágrimas que salían de sus ojos.
-Eso parece-respondió ella, desviando la mirada-Kino-Sama quiere vernos…-tragó saliva, sonrojándose al instante-…a ambos.
-De acuerdo-se puso de pie sin dar importancia a las palabras de Tamao, quien le veía aún sonrojada. No debía preocuparse por nada más, total… ¿qué era peor que saber que no volvería a ver a Anna?
Llegaron ante la anciana matriarca del clan Asakura en cuestión de minutos para después ponerse de rodillas frente a ella. Tamao fue la única en alzar la mirada, dirigiéndola hacia Yoh. Le hería mucho verlo así...y más sabiendo que no podía hacer nada por él.
-Me alegra que vinieran tan pronto-dijo la mujer dándole un sorbo a su té.
-¿Para qué nos has llamado, abuela?
-Verás…-ella suspiró, Yoh y Tamao observaban en silencio-A consecuencia de lo acontecido con Anna, me he visto en la necesidad de anular tu compromiso con ella.
-Eso ya lo sabía-Yoh desvió la mirada…recordarlo le dolía demasiado.
-Por tanto…-la anciana continuó, captando la atención de ambos jóvenes-…he tomado la decisión más conveniente para nuestra familia, así que, a partir de hoy, Tamao será tu prometida.
Las tajantes palabras de Kino impactaron a ambos. Tamao se sonrojó al instante mientras Yoh agachaba la mirada. La chica de cabello rosado sonrió automáticamente al mismo tiempo que sus ojos adquirían un intenso brillo. ¡Por Dios! Eso debía ser un sueño. ¡Si! Eso debía ser.
-¡Me rehúso!-Yoh tomó la palabra, poniéndose rápidamente de pie. Tamao le veía boquiabierta, la reacción de este la había lastimado.
-¿Pretendes ir en contra de las decisiones tomadas por el clan Asakura?-cuestionó la furiosa Kino, Yoh tragó saliva.
-Así es…No quiero otra prometida, no la necesito. ¡Tengo a Anna! ¡Mi Anna!
-Anna ya no está aquí, Yoh. Entiéndelo.
-No lo entiendo, y mucho menos lo acepto-el castaño le veía severamente al mismo tiempo que las lágrimas desbordaban de los ojos de Tamao-¡La traeré de vuelta! ¿Me oíste, abuela? La traeré, no importa lo que tenga que hacer…ella es la única con la que aceptaría casarme. Con nadie más.
-Yoh…Sama…-la pelirosa le veía sumamente entristecida. Aunque estaba consciente de que Yoh adoraba a Anna, no podía evitar sentirse destrozada con cada palabra que él decía. Yoh dio la media vuelta, ignorando por completo los gritos y amenazas de la anciana. Estaba decidido, y no se rendiría tan fácilmente. Recuperaría a Anna, sin importar lo que tuviera que dar a cambio.
O-O-O-O-O-O-O-O
-Hola, hola, hermanito-el joven de largos cabellos castaños aparecía detrás de Yoh, quien no le tomó importancia.
-Ahora no, Hao-el joven continuaba acomodando su ropa en una maleta.
-Estás así por Anna… ¿verdad?
-¿Cómo lo sabes?-cuestionó el menor e los gemelos dejando de lado su actividad para después ver a su hermano.
-¿Acaso no es obvio?-suspiró-¡Yo soy Dios! Lo sé todo, absolutamente todo, y sé que la abuela anuló tu compromiso con Anna.
-Ya debes estar feliz ¿no?-comenzó a empacar nuevamente, Hao sonrió.
-Es cierto que quise a Anna para mí-respondió-Pero ella te prefirió a ti, y debo aceptarlo. Así que no, no estoy feliz.
-Bueno… ¿qué haces aquí?
-Vengo a ayudarte-su respuesta hizo voltear automáticamente a Yoh-No me veas así, Yoh. Solo lo estoy haciendo por Anna.
-¿Por…Anna?
-Así es. Ella también sufre con esto, y créeme que no soporto verla sufrir.
-¿Y qué puedes hacer?
-Ya te dije que yo soy Dios…puedo hacer lo que quiera. Tú confía en mí, y verás que muy pronto Anna estará de vuelta. Además…
-Además… ¿qué?-interrumpió Yoh, Hao arqueó una ceja.
-Hay algo que ella aún no te ha dicho, y que por cierto, yo no te diré.
-¿Estás seguro de querer ayudarme?
-Confía en mí, hermanito tonto-Hao rodeó los hombros de su hermano con uno de sus brazos-Anna estará muy pronto contigo.
-De acuerdo-dijo Yoh, estrechando con poca seguridad la mano de su hermano mayor, sellándose así el trato.
