¡Ya queda poquito para el desenlace! Estos fics cortitos me salen con mucha facilidad y de verdad que amo escribirlos. No esperaba que un fic con una trama tan simple tuviera este recibimiento, ¡estoy muy feliz!

¡Gracias por los reviews tan bellos y hermosos de bellecoquelicot, Narzisseblume, x-VaneYaAckerman-x, Sofitkm, Luna de Acero, Toya 137, ElisaM2331, KatherineCV y PandPsicotikk! ¡Y a Patatapandicornio por ser tan dulce y darme su apoyo!

Shingeki no Kyojin no me pertenece.

Advertencias: EreRi.


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En un vano intento por calmar los dolorosos latidos de su corazón, observó cómo Farlan sonreía encantado y Levi ponía los ojos en blanco, pero aparentemente divertido por la reacción de su compañero. Eren, de pie a pocos metros del establecimiento, sostuvo la respiración por si al rubio le daba por besar a Levi y así formalizar su relación, pero no hizo nada.

Lleno de coraje no quiso interrumpirlos, tampoco estropearles ese momento tan especial. Levi se veía tan a gusto con Farlan… No tenía caso engañarse. Lo había perdido.

Se planteó pasar de largo, subirse a su moto e irse lejos de ahí. De todos modos, él ya no pintaba nada en ese lugar. Sin embargo, su figura no pasó desapercibida para Farlan que le llamó desde donde estaba.

Él no quería ir hasta ellos. Le dolía, no. Le quemaba la perspectiva de mirar a Levi a los ojos y saber que había encontrado el amor en otra persona. Pero poner una excusa barata y largarse sin más le haría quedar como un idiota. Después de todo, ¿no había esperado por horas a Levi solo para hablar con él?

No podía echarse atrás.

Haciendo de tripas corazón, regresó a su lado fingiendo su mejor sonrisa.

—Farlan, ¿te importa cubrirme el turno de limpieza? Este idiota no puede esperar a mañana para echarme un sermón —dijo Levi poniéndose en pie tras descansar cinco minutos.

—Vete anda. Mañana te haré fregar el suelo y limpiar todas las mesas —accedió Farlan guiñándole un ojo.

—No te olvides de lavar bien la freidora —replicó el moreno yendo a por sus cosas.

Farlan hizo una mueca. Nadie quería hacerse cargo de las freidoras, limpiarlas requería de mucho esfuerzo y tiempo.

Eren evitaba mirar a ese chico. Se habían quedado a solas dado que Levi había ido detrás a recoger sus pertenencias.

—¿Conoces a Levi desde hace mucho? —le preguntó curioso.

—Desde el instituto.

Trató de sonar relajado y creyó conseguirlo. Estar plantado frente al chico que se le había declarado a Levi no era fácil. Era más doloroso de lo que uno podía imaginar.

—Es bueno que una amistad perdure después de años —comentó Farlan.

—Sí, tienes razón.

Una amistad. Solo eso… Solo una amistad.

Quedaron en silencio y por suerte no se prolongó por demasiado tiempo. Levi salió cambiado de ropa y con su uniforme metido en la mochila que llevaba colgando en su hombro. Ahora su aspecto era un poco más digno, pensó para sus adentros, pero eso no quitaba el hecho de que Eren le hubiera visto con esa estúpida gorra y el logo del McDonald's bordado en su camisa.

Farlan se levantó por fin e intentó adoptar una actitud positiva pese a tener que limpiar el doble por la marcha de Levi.

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Eren le había dicho que tenía la moto aparcada en el parking de modo que no era necesario que bajara a pie. Levi lo agradeció, ese trabajo era muy esclavizado. Los dos salieron al exterior a tomar el aire, en una de las terrazas del centro comercial. Estando en la segunda planta, la corriente de aire era más agresiva.

Debían ser más de la una y Levi estaba por caerse dormido allí mismo. Pero teniendo en cuenta que Eren le había esperado él no sería menos. Mirándolo de perfil, percibió cierto abatimiento en su rostro. ¿Eren estaba triste? ¿Acaso eso era posible? ¿Su mentira no sería la culpable de ello, verdad? ¿Tanto le había afectado?

—¿Por qué me mentiste? —preguntó Eren sujetando la barandilla con fuerza—. ¿No querías contarme la verdad? ¿Cuánto tiempo llevas trabajando allí?

Levi se mordió el labio. Todo apuntaba a que él era el responsable. Decidió responder su última pregunta.

—La próxima semana hará un mes.

—¿Por qué? —repitió el castaño.

La expresión de congoja le hizo sentir aún más culpable. Aunque no lo expresara en voz alta, Levi realmente admiraba a su amigo. Esa tenacidad, determinación y alegría que irradiaba con tanta facilidad… Siempre lograba contagiarlo y ver las cosas de otra manera.

—Entiéndelo, Eren. No quería que tuvieras esta imagen de mí.

—¿Qué imagen? —cuestionó desconcertado.

—La imagen de alguien que ha fracasado en la vida.

Ya está. Lo había reconocido abiertamente. Era un gran paso.

—¡Eso no es verdad! —exclamó Eren furioso.

Pese a la poca iluminación de la terraza, el más alto se plantó a pocos centímetros del rostro de Levi.

—Esa es la realidad —repuso esquivando esos orbes verdes.

—Yo no lo creo —rebatió con fervor.

Levi no se atrevía a mirarle a los ojos. Seguramente brillaban con intensidad, atravesándolo y dejándolo indefenso. Esa era una de sus cualidades. En secreto, se sentía fascinado por esos ojos que podían ver más allá. Le incomodaba y le deslumbraba al mismo tiempo.

—Mírate, Eren. Has triunfado porque eres valiente. Te arriesgaste y ganaste porque tienes talento y determinación. Yo, en cambio… no tengo nada de eso.

—Detente —pidió el castaño dolido—. No soporto oír cómo te menosprecias a ti mismo. Que estés pasando por una mala situación no significa que hayas fracasado en la vida. ¡Tienes tantas cualidades como yo, y más! Además… ahora tienes alguien a tu lado.

Esa confesión provocó algo dentro de él. Lentamente alzó los ojos y casi desfalleció por encontrarse con esa mirada llena de sentimientos. Una sensación desconocida se instaló en su pecho y al no saber identificarla, se puso nervioso.

—Basta, Eren. Esto está yendo demasiado lejos, siento haberte mentido pero no sigas.

Se dio la vuelta bruscamente, abrumado por los fuertes latidos de su corazón.

"Joder, me duele el pecho" —pensó Levi.

Eren quería protestar, replicarle cada una de las cosas que decía. Porque estaba seguro que él tenía razón. No por nada estaba perdidamente enamorado, pero luego se percató de algo importante.

Él ya no jugaba ningún papel. Ahora era el turno de Farlan, seguro lo escucharía a él. Rindiéndose, dio por terminada la discusión. Sin intercambiar palabras, se dirigieron al parking con el peor de los silencios rodeándoles. Levi preguntándose cuando desaparecería esa opresión en el pecho, y Eren uniendo los pedazos de su corazón que habían caído al suelo.

Bajando a la planta subterránea, accedieron al parking que a estas alturas estaba prácticamente vacío a excepción de cuatro vehículos. Levi reconoció sin problemas la moto de Eren, era más grande que él, seguramente con su altura no llegaría a tocar el suelo con los pies.

Recordó con añoranza los tiempos en que los dos se escapaban de la ciudad con una scooter de 125 y recorrían las ciudades vecinas; descubrían nuevos lugares y en más de una ocasión pasar noches enteras sin bajarse de la moto. Eren amaba conducir y Levi siempre le acompañaba.

El castaño debió de haberlo rememorado también pues se frotó la nuca, nervioso. Evitando mirarse, Eren abrió el sillín y sacó dos cascos; uno se lo entregó al moreno y tras ponerse el suyo, metió la llave. Levi se subió sin mucha dificultad e inconscientemente llevó sus manos a la cintura de su amigo para sostenerse.

Fue algo extraño. Aun con el paso de los años, esa costumbre no la había olvidado. Quiso retirarlas para no incomodarlo, pero si hacía eso igual lo empeoraba. Eren no dijo nada, se limitó a arrancar el motor.

Dejando atrás el parking el cielo nocturno se posó sobre sus cabezas. Hacía un frío de mil demonios y Levi lamentó no haber traído una chaqueta más gruesa, pero en el fondo le gustó revivir esa sensación de libertad. Para Eren, conducir era sinónimo de libertad, y él no podía estar más de acuerdo.

Indicándole la dirección, en poco menos de cinco minutos la moto se detuvo en lo alto de una cuesta, cerca de los bloques donde vivía. Levi se bajó y se quitó el casco.

—Gracias por traerme.

Eren también bajó y guardó el casco. Subiéndose de nuevo, estuvo a punto de irse dedicándole una seca despedida, pero ese dolor le estaba consumiendo. No el suyo propio, sino el de Levi.

—Yo no fui tan valiente como para confesarte mis sentimientos en persona. Fui un cobarde... pero en todo este tiempo no te he olvidado. Seguías en mis pensamientos como en el primer día. Yo... perdí mi oportunidad, o mejor dicho, nunca la tuve. Espero... Realmente espero que seas feliz. Ojalá que... Ojalá que os vaya bien. Te mereces ser feliz. Sonríe y vuelve a ser el de antes.

Levi parpadeó perplejo. ¿Qué…?

Antes de que pudiera siquiera pronunciar una palabra, Eren aceleró y se alejó calle abajo dejando tras de si el zumbido del motor.

¿Qué había sido eso? ¿Por qué había sonado tan melodramático? ¿Tanto la había cagado? Había sonado como una despedida definitiva…

Frotándose las sienes, el moreno juró que tenía dolor de cabeza. A esas horas su cerebro no rendía y su cuerpo solo pedía una cosa: dormir. Mañana si acaso esclarecería las dudas y haría un esfuerzo por entender el inusual comportamiento de su amigo.

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Levi esa noche soñó que le despedían del McDonald's porque no había suficientes hamburguesas para alimentar a todos los clientes. Se peleaba con la gerente y le gritaba que se disculpara con los que suministraban la comida.

El sueño cambió y apareció Eren montado en su moto junto con otra persona que no conocía. Su amigo le decía: "Vamos a dar un recorrido por la costa de la playa". Levi quería ir con él, pero Eren le miraba con lástima: "Ya tengo con quien ir. Puedes tomar el metro y seguirnos de cerca". Levi no daba crédito a lo que oía. ¡Le había buscado un sustituto! ¡A él!

Estaba disgustado, no… Colérico. ¿Cómo Eren podía hacerle eso?

Luego despertó en la penumbra de su habitación confuso y desorientado. No sabía qué hora era, pero atisbó débiles rayos de luz filtrándose por su ventana. Respirando pesadamente, se pasó una mano por el rostro. Qué sueño más estúpido…

Aún era temprano, y no madrugaba. Acomodándose en la almohada, se volvió a dormir esperando no soñar más cosas estúpidas, ignorando la punzante espina clavada en su corazón.

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Los días transcurrieron monótonos y aburridos. Su vida había tomado un nuevo rumbo, mejor que el anterior, desde luego, mas se sentía insatisfecho. Algo no estaba bien en su vida, y sospechaba quien era el causante. Eren no le había hablado en toda la semana, ni una llamada ni un mensaje. Nada.

Era tan desconcertante, que no sabía cómo actuar. ¿Debería hablar con él? ¿Hacer las paces? Pero, ¡¿por qué?! ¡Si no había hecho nada malo! No, ¿verdad? ¿Estaban peleados?

Su mente era un maldito caos.

Su único motivo de alegría fue cobrar a fin de mes. Con un sueldo de tres cifras en la cuenta y rozando casi los 1,000 dólares, Levi sacó del banco 400 para devolvérselos a Eren. Le citaría en algún sitio que no fuera el McDonald's y así también arreglar las cosas entre ellos.

Era domingo y cuando llegó al centro comercial cerca de las cinco y media de la tarde, pensó en la remota posibilidad de que Eren no quisiera verle.

¡No! ¡No! Estaba sacando conclusiones precipitadas. Quizás era producto de una paranoia y en realidad Eren no le había llamado porque estaba muy ocupado con la editorial u otras cosas. Y la despedida de aquella noche… Seguramente había sido un arrebato de ¿sinceridad? momentánea… Nada de qué preocuparse.

Encontró a Farlan e Isabel cogidos de la mano unos metros por delante y charlando animadamente. Por alguna razón, esa imagen le provocó… ¿envidia? Se río ante tal ocurrencia. Últimamente su cabeza no andaba demasiado bien.

Mantuvo las distancias, no queriendo irrumpir de improvisto. Ellos estaban juntos y él… bueno, él estaba solo. Pero sus planes se vieron truncados cuando Isabel se lanzó a los brazos de Farlan y de reojo distinguió a Levi a unos pasos por detrás suyo.

—¡Levi! —exclamó saludándole con el brazo alzado.

Farlan se volteó y aguardó para que su amigo les diera alcance. El moreno reprimió una mueca: no quería inmiscuirse en la felicidad de otros. Estaba muy bien solo.

Mentira.

Avanzando hacia ellos, trató de poner buena cara; o por lo menos la que solía tener la mayoría de veces.

—Contigo quería yo hablar —le dijo Farlan. Isabel contenía la risa y le lanzó una mirada cómplice a su novio.

La actitud de la pelirroja no le despertó curiosidad, pero sí la postura mitad seria mitad divertida que había adoptado Farlan.

—¿Conmigo? —inquirió sin comprender.

—Controla a tu amigo, porque el otro día se presentó en el McDonald's preguntando por mí —explicó el rubio—. Vino por la mañana y ese turno lo cubre Isabel.

—Yo me acerqué y le hice saber que éramos amigos —continuó Isabel aún colgada del brazo de Farlan—. Tenía prisa así que me dio un mensaje para él —frunciendo el ceño y sacando pecho, citó de memoria—. Si me entero que haces daño a Levi o cualquier cosa que le perjudique, iré a por ti. Trátalo como se merece.

—¿Qué?

—No me preocupa tanto la amenaza como el que haya estado a un paso de estropear mi relación con Isabel —comentó Farlan debatiéndose entre estar molesto o reírse de lo ridículo que resultaba todo.

—Pero ya todo se aclaró —añadió la pelirroja.

—Entre nosotros, por supuesto —puntualizó el rubio—. Eren sigue creyendo que tú y yo salimos juntos.

Levi cerró los ojos y soltó un largo suspiro. Ahora todo cobraba sentido.

—Y ahora es cuando nos dices quién es ese chico —dijo Isabel muy interesada.

Levi fingió no oírla.

—Se llama Eren y es amigo de Levi desde que iban al instituto —le susurró Farlan a su novia.

—¡Oh! Entiendo —expresó la chica cruzándose de brazos adoptando una postura reflexiva—. Y a ti, ¿te gusta ese chico?

Levi, quien se había adelantado a esos dos, se paró en seco al escuchar esa pregunta. La pareja aguardó expectante a que su compañero respondiera, pero este simplemente eludió la cuestión con desinterés.

—No digas tonterías.

Y siguió caminando sin esperar a Isabel y Farlan que murmuraban en voz baja sus hipótesis.

—Está mintiendo —musitó ella ocultando su boca con la mano pretendiendo contar un secreto.

Farlan asintió mientras se aguantaba la risa. Juntos se apresuraron a alcanzar a Levi y empezar el turno de tarde/noche.

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Lo peor que le pudo haber pasado es que Isabel supiera lo de Eren. Se la pasaba maldiciendo a Farlan y lanzándole miradas que auguraban una muerte lenta y dolorosa por ser el responsable de todo aquello. Durante seis horas tuvo que soportar la taladradora voz de Isabel calentándole la cabeza.

—¿Por qué no le das una oportunidad?

—Se veía tan dolido, debe estar sufriendo mucho.

—¡Tú eres el único que puede hacerle feliz!

Farlan intervino a tiempo antes de que Levi perdiera los estribos y se pusiera a gritar en mitad del McDonald's. Isabel no quedó conforme con el silencio de su compañero y al no recibir ni un triste monosílabo de su boca, se hartó y decidió aportar su granito de arena. Ideado el plan malvado, calló y se limitó a atender sin acosar más a Levi. Este respiró tranquilo, pero Farlan la conocía muy bien y sabía que algo se traía entre manos.

En sus diez minutos de descanso, los dos chicos, como era costumbre ya, cenaban en una mesa platicando sobre el trabajo y comiendo una ensalada cada uno y alitas de pollo. Isabel se escabulló sin que nadie se diese cuenta. Abriendo la puerta trasera donde los empleados guardaban sus pertenencias, rebuscó en la mochila de Levi y en su chaqueta. Encontró lo que buscaba en uno de los bolsillos: su móvil.

Lo hacía por su bien. Ella era la Celestina que unía a dos enamorados para que se amaran libremente. Descubrió su patrón de bloqueo un día en que comían juntos, pero jamás pensó utilizarlo para cotillear su móvil. En todo caso, lo usaría para ayudarlo.

Era para una buena causa.

Deslizando su dedo dibujando una "L" sobre la pantalla, entró en WhatsApp y bajando los contactos rápidamente, localizó el de Eren muy por debajo. Accediendo a la conversación, leyó los últimos mensajes enviados.

"Ya tienes el borrador. Reenvíamelo cuando lo hayas revisado" —17:50pm.

"Ok" —17:52pm.

De eso hacía más de una semana. Ahora era su turno.

"¿Puedes venir a recogerme? Necesito hablar contigo" —20:03pm.

Esperó al doble check para asegurarse que lo había recibido y sonriendo, vio cómo el check se tornaba azul en menos de un minuto. Eren estaba escribiendo…

"¿Qué ocurre?" —20:03pm.

Isabel se arriesgó.

"Necesito verte" —20:04pm.

Se mirase por donde se mirase, era una súplica y esperaba de corazón que Eren accediera a venir.

"Ok. Estaré allí a las 12 menos diez" —20:04pm.

¡Sí! ¡Lo había hecho! Alzando el puño en señal de victoria, guardó el móvil en el bolsillo de la chaqueta y salió de allí. Su próximo objetivo era salir con vida cuando Levi descubriese su pequeño acto de maldad.

Con una bandeja en la mano cogió una hamburguesa y nuggets con salsa barbacoa. Uniéndose a la mesa con Farlan y Levi, intentó inútilmente disimular su felicidad. Se estaba jugando la vida, pero, ¿qué más daba? ¡El amor era lo más importante!

Después de cenar volvieron a la carga. Levi no estaba tan cansado como otros días; los domingos solía haber poca gente y más tarde de las doce no venía nadie. Con suerte, llegaría a casa antes de la una. Ajeno al inesperado rumbo que tomaría sin saberlo, esa misma noche.

A dos minutos de las doce menos diez, Isabel se mordía las uñas, nerviosa. Estaban ya limpiando y en todo ese tiempo había estado planeando su plan de escape. Farlan le mirara raro, y no era para menos, la pobre chica miraba cada cinco segundos por fuera del local estrujando entre sus manos el paño húmedo que utilizaba para limpiar las mesas.

Después de sufrir unos tres minutos agonizantes, Eren apareció sorprendiendo a Levi y Farlan que barrían el suelo distraídos.

—¿Eren? —dijo el moreno atónito.

—Hola —saludó con una sonrisa—, parece que no me salvo de andar preocupado por ti.

Levi frunció el ceño desconcertado.

—¿Qué haces aquí?

—Me enviaste un mensaje pidiendo verme —respondió frotándose la nuca. Gesto que hacía cuando estaba nervioso.

—¡Hora de irse, Farlan! —exclamó Isabel cargando con el bolso y los abrigos. Lanzándole el suyo a su novio, este quedó perplejo—. ¡Algún día me lo agradecerás! —le gritó a Levi mientras tomaba de la mano a Farlan y salía disparada como un rayo.

Escucharon las quejas del rubio, pero pronto el silencio se instaló entre ellos.

Levi no daba crédito. ¿Isabel le había preparado una cita con Eren a sus espaldas? El castaño percibió el cabreo de su amigo, y más o menos entendió la situación. Esa chica era el diablo encarnado.

—Si te sientes incómodo… me voy.

—No, está bien. De todos modos, quería hablar contigo —admitió Levi entre avergonzado y furioso—. ¿Por qué no…? ¿Por qué no damos una vuelta con tu moto?

A Eren esa propuesta le cogió desprevenido, pero ni loco iba a negarse.

—Claro, ¿por qué no?

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