Tomo su mochila del asiento del copiloto y salio del auto, corriendo hacia la casa Denbrough. O al menos, la que fue alguna vez. Curiosa he impaciente toco el timbre esperando a que su tia Michaela, la nueva propietaria abriera. Pero en su lugar, un joven de cabello castaño, piel blanca y ojos grises le abrio sonriendo con socarroneria. Jade lo empujo al entrar y camino hacia la cocina, en donde su tia, cantaba alegremente mientras cocinaba.
Supuso que en esos años, la hermana de su madre, estaria contemplando un nuevo matrimonio, pero no fue asi. Will era un chico de 22 años, lo suficiente mayor como para independizarse, pero lo suficiente amargado, terco y socarron como para no hacerlo tras la muerte de su padre en la inundacion del 67. no tan fuerte como la del 57 pero lo suficientemente peligrosa como para acabar con algunas cuantas vidas. Durante un tiempo, Will, siendo un amor prohibido para una chica como ella y siendo de la misma familia no habia evitado una declaracion a sus diesiseis años, pero tras un horrible comentario y una burla hacia su persona habia sido un rechazo por demas, tragico. Su auto estima, ya en si en picada, habia terminado por estar en sepulcro. Y no es que Jade fuese fea. No, muchos la consideraban una de las chicas mas guapas de la universidad, pero para ella. Una chica con complejos demasiado grandes como para cubrirle la vista. Podria ser completamente falso. Al menos, a su punto de vista.
Michaela estiro sus brazos al verla, aun con la gran cuchara cubierta con chili en su mano izquierda y se acerco para abrazarla. Aquella mujer siempre habia sido muy positiva, aunque la situacion fuese la peor. Todo lo contrario a su madre, de quien, no estaba dispuesta a hablar en un largo tiempo.
— Debiste decirme que venias. Hubiese preparado tu comida favorita. — le dijo.
Jade se encogio de hombros y observo acusadoramente a Will. El le sonrio con burla y le resto importancia con un gesto en los hombros.
Su tia observo aquello y le dio una mirada amenazadora a Will con un claro mensaje de "Vuelve a hacer algo asi y no cenas en un mes" tipica entre las mujeres de la familia Wintwolf.
El pequeño Jonathan llego corriendo y se estrello contra sus piernas en un fuerte abrazo. Will lo aparto de ella con un gesto claramente molesto.
— No la molestes. —
— Te extrañe tia. — le dijo el pequeño de siete años.
Ella le sonrio y se agacho a su altura para abrazarlo de manera efusiva. Jonathan era aquel pequeño fruto de una mala relacion entre Will y una de las porristas de la universidad de Derry. Jon levanto efusivamente un curioso barquito de papel, de esos que se hacen con algunas paginas de periodico, recubierto con parafina. Ella le pregunto sobre el barquito de papel.
— Papa lo hizo, dice que puedo usarlo en la calle. ¿Me acompañas?. — Rogo.
Jade le sonrio y regreso su vista hacia los dos adultos en la cocina. Will desvio la mirada y bufo.
— Si tu tia quiere acompañarte. Puedes ir. —
Jon sonrio y salto alegre antes de correr escaleras arriba para buscar su impermeable.
— Tengo un impermeable verde en el armario. Usalo si quieres. — Dijo Will.
Camino hacia el sofa en la sala y encendio el televisor.
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— ¡No corras tan rapido o vas a caerte Jhonny! — Grito al niño a traves de la lluvia casi torrencial que comenzo a azotar las calles.
Y allí estaba Jonathan, persiguiendo su barco de papel por el lado izquierdo de Witcham Street. Corría deprisa, pero el agua le ganaba y el barquito estaba sacando ventaja. Oyó un rugido y vio cómo cincuenta metros más adelante, colina abajo, el agua de la cuneta se precipitaba en una boca de tormenta que aún continuaba abierta. Era un largo semicírculo abierto en el bordillo de la acera y mientras miraba, una rama desgarrada, con la corteza oscura y reluciente se hundió en aquellas fauces. Pendió por un momento y luego se deslizó hacia el interior. Hacia allí se encaminaba su barco.
—¡No! -chilló horrorizado. Forzó el paso y, por un momento, pareció que iba a alcanzarlo. Pero resbaló y cayó despatarrado con un grito de dolor. Desde su nueva perspectiva, a la altura del pavimento, vio que el barco giraba en redondo dos veces, atrapado en otro remolino, antes de desaparecer. — ¡Papa va a matarme! —volvió a chillar, golpeando el pavimento con el puño. Eso también le dolió, y se echó a sollozar. ¡Qué manera tan estúpida de perder el barco! Se dirigió hacia la boca de tormenta y allí se dejó caer de rodillas, para mirar el interior. El agua hacía un ruido hueco al caer en la oscuridad. Ese sonido le dio escalofríos.
Jade lo vio una calle atras. A lo lejos, y una extraña sensación le sacudio el pecho, diciéndole que corriera hacia Jhonny.
—¡Eh! —exclamó de pronto, y retrocedió.
Allí adentro había unos ojos amarillos, casi anaranjados. "Es un animal -pensó-; eso es todo: un animal; a lo mejor un gato que quedó atrapado..." De todos modos, estaba por echar a correr a causa del espanto que le produjeron aquellos ojos amarillos y brillantes. Sintió la áspera superficie del pavimento bajo los dedos y el agua fría que corría alrededor. Se vio a sí mismo levantándose y retrocediendo. Y fue entonces cuando una voz, una voz razonable y bastante simpática, le habló desde dentro de la boca de tormenta: — Hola, Jhonny.
Jade apresuro el paso, apesadumbrada por la sensación que le recorría como llamarada intensa. Era una clase de aviso. Pero de detuvo unos cuantos pasos cuando escucho aquella voz antes de llegar por completo hacia Jonathan.
Frente a Jonathan, en la boca de tormenta había un payaso. La luz era suficiente para que estuviese seguro de lo que veía. Era un payaso, como en el circo o en la tele. Parecía una mezcla de bozo y Clarabell, el que hablaba haciendo sonar su bocina en Howdy Doody, lo recordaba con claridad, pues su padre le habia mostrado las grabaciones de aquel viejo programa. Búfalo Bob era el único que entendía a Clarabell, y eso siempre hacía reír a Jonathan. La cara del payaso metido en la boca de tormenta era blanca; tenía cómicos mechones de pelo rojo a cada lado de la calva, rebeldes que por momentos brillaban en anaranjado y una gran sonrisa de payaso pintada alrededor de la boca que seguia un rojo camino partiendo sus mejillas y el centro de sus ojos, terminando en la frente. Por un momento penso en Ronald Mcdonal antes que en Bozo o en Clarabell. El payaso sostenía en una mano un manojo de globos rojos, muy brillantes y con una inscripcion que no sabia leer por completo, pero tenian un corazón, como tentadora fruta madura. En la otra, el barquito de papel.
— ¿Quieres tu barquito, Jhonny?— Sonrio el payaso.
Y Jade reacciono.
— No te acerques a el. — Sentencio.
El payaso levanto la vista y se sorprendio curiosamente al ver de nueva cuenta a aquella mujer tan extraña que lo habia ayudado con anterioridad. Y como si de un recuerdo fugaz se tratara. La muerte de Georgie Denbrough se colo por su pensamiento. Era gracioso, asi que solo solto una horripilante carcajada antes de desaparecer atraves del diluvio.
Jonathan retrocedio aturdido. Callendo de nuevo sobre su trasero. Con el impermeable celeste completamente empapado por dentro.
— ¿Quien era? — pregunto.
Jade lo levanto del suelo y lo cargo como si de un bebe se tratara.
— Es el hombre del costal. Ese que se alimenta de los niños cuando salen solos a jugar o no duermen cuando deberian. Se transforma en cosas amigables y cuando te descuidas...—
Jonathan comprendió, que de no haber sido por la prima de su padre, a quien cariñosamente llamaba tia. Estaria siendo devorado por un aterrador monstruo.
