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El fin de semana transcurrió tranquilamente. El clima comenzaba a ponerse frío y el viento soplaba con algo de fuerza.

Tweek se mantenía en la comodidad de su habitación, envuelto en frazadas. Mientras, conversaba con Craig por teléfono.

El rubio había convencido a su enamorado para que no lo esperara fuera de la secundaria todos los días. Él podía ir a su casa y darle sus cuadernos para que se ponga al día. Pero, Tucker insistía. Al menos, el pelinegro no lo acompañaría por las mañanas. A Tweak le daba miedo que Craig se encontrara con Kenny y se armara una nueva pelea. Conocía muy bien a su pareja. En cuánto tuviera la oportunidad, Tucker le sacaría la mierda de nuevo a Mccormick.

Después de una cursi pelea por quien debía cortar primero el teléfono, Tweek se dispuso a ordenar sus cuadernos para el día siguiente, al igual que su ropa.

El rubio se sonrojó un poco al recordar las palabras morbosas de su compañero del colegio. Suspiró y buscó algo menos pegado. Quizás unos jeans rojos holgados y una camisa blanca le vendrían bien, junto a unas zapatillas simples negras.

Su closet había crecido considerablemente desde que se había vuelto buen amigo de Wendy y Bebe.

Dejó todo listo y se dispuso a dormir. No sin antes cerrar con seguro sus ventanas.

Los Gnomos habían dejado de ser un problema, gracias a que Craig siempre le decía que esos pequeños hombrecitos eran repelidos por el olor que dejaba Stripe siempre que venía.

Según el pelinegro, los gnomos tenían miedo de los cuyes. Esos pequeños roedores, poseedores de rayos láser.

Tweek rió al recordar eso. A veces, extrañaba que su cobayo-hijo durmiera con él. Incluso, a veces soñaba con dormir abrazado a su enamorado. Él siempre le transmitía mucha confianza y seguridad.

Se quedó dormido con una sonrisa. Pensando en lo feliz que era con su "familia".

Al día siguiente, el rubio despertó gritando. Asustado por una supuesta pesadilla. Buscó con desesperación su celular y llamó a Craig.

Timbró una, dos, tres, cuatro veces y no obtuvo respuesta.

El cafeinómano empezó a desesperarse. Llamó de nuevo, con la esperanza de ser contestado.

– ¿Aló? –un somnoliento peli negro contestaba el móvil.

– ¡Dios mío, Craig! ¿Todavía me amas, verdad? –gritó. Provocando que Craig tirará su celular de la sorpresa.

Tucker no lo dudó ni un segundo y salió corriendo en pijama hacía la casa de paranoico novio. Sin olvidarse de Stripe #4, quien siempre calmaba al rubio en esos momentos difíciles.

Hace muchos meses que Tweak había dejado de tener ataques de pánico. Lo cual llamó mucho la atención del matón de south park. Apodo heredado después de acabar con todo un grupo de jóvenes universitarios que habían puesto sus ojos en el rubio equivocado.

En cuánto abrió la puerta de la casa de sus suegros, sintió un peso extra que lo tumbaba al suelo.

El peli negro acariciaba con calma a su pequeño paranoico. Stripe salto de los brazos de su dueño hacía los de su otro amo. Lamiendo las lágrimas que salían en carrera de los ojos verdes de Tweek.

El oji azul cargó con cuidado al menor y lo llevó a su habitación. Eran a penas las 6 a.m. pero sabía que sus suegros ya no se encontraban en casa.

Recostó con cuidado al oji verde, quien se negó a soltar el brazo del mayor. El peli negro no tuvo de otra más que recostarse con su enamorado y su "hijo". Acarició la cabeza del menor en todo momento, mientras le daba palabras de calma y amor.

El rubio le había contado entre sollozos que soñó que él lo había abandonado porque lo había visto besándose con otro chico. Aunque no recordaba con quien. Claramente, mintió. Tweek recordaba el rostro de aquel sujeto. Pero, era mejor obviarlo o su novio mataría al pobre muchacho inocente.

Después de eso, en el sueño Craig reaccionaba muy violentamente hasta el punto de golpearlo y decirle la palabra que empieza con "P".

Tweek volvió a llorar, siendo consolado por su chico, quien juró jamás golpearlo y mucho menos dejarlo. Primero, mataba al tipejo que se atreviera a tocarlo y luego simplemente lo castigaba por serle infiel. El rubio sintió algo de miedo por los ojos afilados de su novio. Señal de que hablaba en serio.

Siendo las siete de la mañana, Tweek se sentía mucho mejor. Pero no quería ir al colegio.

–Cariño, todo va a estar bien ¿De acuerdo? Llamaré a Token para que te recoja –besó la frente del rubio, quien aún temblaba ligeramente.

–No… no lo sé, Craig… –hiso un puchero. Realmente no se sentía con fuerzas para ir a estudiar. –Es demasiada presión para mí… estaré solo –sus ojos empezaban a llenarse de lágrimas, de nuevo.

El peli negro tomó aire. Qué más quisiera que quedarse y engreír a su amor, pero su padre lo había castigado y durante las horas que le correspondían las clases, lo ayudaría en el trabajo. Sabía que podía hablarle sobre el ataque de pánico de su rubio, pero no quería preocupar a sus padres ni a sus suegros. El ataque había sido más que todo por miedo a un tonto sueño que obviamente era solo eso, un sueño.

Convenció a su bebé de bañarse, mientras él llamaba del celular del rubio a su moreno amigo. Token contestó rápido, sorprendiéndose de la llamada del cafeinómano. Sin embargo, todas sus dudas se disiparon al escuchar la voz de su mejor amigo. Craig le pidió que recogiera a Tweek y lo llevará al colegio, además de no separarse de él por ningún motivo. De preferencia, lejos del gordo de Clyde.

El moreno no entendió del todo el pedido pero se comprometió a hacerlo. Pasaría por el oji verde a las siete y media para poder llegar a tiempo a clases. Craig agradeció la ayuda y colgó.

Se fijó como iba su novio en la ducha, pero recibió un jabonaso a cambio. A veces, odiaba que el rubio no quisiera que lo viera desnudo. Eran hombres. No vería nada nuevo en el cuerpo de su chico.

Se limpió la cara con su pijama y escuchó como el rubio le pedía que le pasara la ropa que estaba encima de su escritorio. El pelinegro obedeció y cogió las prendas. Las revisó y frunció el ceño.

Odiaba la amistad que había hecho con aquellas dos chicas. Por la culpa de esas dos, ahora Tweek vestía mejor. Obvio le encantaba eso. Pero le jodía que todo el mundo lo viera. Y más después del comentario pendejo de Kenneth.

La sangre le subió a la cabeza, quería gritarle al oji verde. Pero se contuvo. Miró a Stripe y se acercó a él en busca de sabia ayuda.

–Oh, Stripe… tu mami viste demasiado bien, pero debería hacerlo solo para nosotros dos, ¿verdad? –miró con atención al cobayo y frunció el ceño de nuevo. –No, stripe… No estoy siendo obsesionado… –se volteó para ingresar al baño, no sin antes respirar profundamente y evitar una pelea. –Aquí tienes, amor… –entró mirando a otro lado. Justo para el lado del espejo. Sonrió. Le gustaba el trasero de su enamorado. Las pocas veces que lo había podido tocar le parecieron mágicas. Eran demasiado apretables.

Observó cómo se ponía los bóxer que le había regalado apenas la semana pasada. A pesar de que negaba la existencia de los gnomos, no entendía porque desaparecían los interiores del oji verde.

El pantalón rojo debió quedarle holgado, pero al contrario le quedaba exacto. Frunció el ceño.

–Antes de que digas algo… juro que este pantalón me quedaba más grande –se sonrojó. No podía haber subido de peso, ¿verdad?

–Tweek… ¿Desde cuándo eres talla 28? –frunció ligeramente el ceño, mientras revisaba la etiqueta del pantalón.

El oji verde se removió incómodo. Le daba vergüenza ser tocado por su chico.

–Yo… ¿28? –se volteó sorprendido. Él siempre había sido talla 30 en pantalones. Tragó en seco. Las chicas le habían jugado una mala broma. Sabía que ellas insistían en vestirlo con ropa algo ajustada para marcar mejor su figura y traer loco a Craig; y de alguna manera lo lograba, pero para mal. –Debo haberme equivocado…–volteo su mirada. Evitando la oji azul.

Craig volvió a respirar hasta 20. No quería pelear, pero vaya que el rubio le daba motivos.

–No hay tiempo para que te cambies… –gruñó. –En cuánto regreses, te lo quitas y lo boto a la basura –ordenó.

El cafeinómano frunció el ceño y se volteo a encarar a su pareja. Quería, no, amaba a Craig. Pero no dejaría que le ordene de esa manera.

–Te me calmas –su mirada se volvió afilada. –Ya te dije que me equivoque, simplemente lo iré a cambiar al regresar del colegio –trató de sonar razonable.

El peli negro quiso responder, pero sabía que no ganaría nada. Con Tweek en estado karateca, era imposible ganar. Respiró por tercera vez, buscando la calma. Asintió con resignación y acarició la mejilla del contrario.

Tweek se dejó acariciar, dejándose envolver por el suave tacto de su novio.

Tucker acortó la distancia y depositó un beso casto sobre los labios del rubio. El oji verde se sonrojó y lo miró con deseo de más. El mayor no se hizo de rogar. Eran pocas las veces que su honey mostraba ese rostro de necesidad.

Atrapó los labios del contrario en un beso suave, pasando a uno más fuerte y llegando a uno salvaje. Metió su lengua hasta dónde su boca se lo permitiera. Mientras, sus manos tocaban la espalda desnuda hasta llegar a la retaguardia. Estrujó ambas nalgas y escuchó un suspiro ahogado entre el beso.

Tweek se permitía jalar del cabello a su amante. Mientras enredaba sus piernas a la cintura contraria.

Craig guió a su novio hacia la cama, de dónde se pudo ver a Stripe saltar hasta refugiarse en su pequeña casita. Instalada para cuándo durmiera con "mamá".

Dejándose guiar por la lujuria. Tweak empezó a mover en círculos su cintura. Provocando gemidos ahogados. Craig sabía que si no aprovechaba esa oportunidad de hacer suyo a Tweekers, no habría otra chance hasta después de tiempo. Y lo decía con experiencia.

En cuánto se dispuso a sacarle el jean rojo, el timbre sonó.

El oji verde pareció volver de su trance y empujó a Craig con fuerza hasta hacerlo caer.

–Dios mío, Craig… tengo que ir al colegio –habló casi gritando. Tapándose el pecho descubierto, como si hubiera algo que ocultar.

Maldijo entre susurros y se levantó tratando de no gritarle a su rubio. Inmediatamente abrió la ventana para insultar al desgraciado que le había quitado la dicha de hacer suyo a su novio.

En cuánto lo vio, se contuvo. Rodó los ojos y le sacó el dedo medio.

Token no entendía porque ese recibimiento tan amable. El moreno rodó los ojos también. El solo había ido por petición de su amigo y así lo trataba. Bufó. Debía dejar de ser tan bueno.

Espero unos minutos a que la pareja lo atendiera.

Craig abrió la puerta y le tiró la mochila del rubio. El moreno alzó una ceja por la confusión.

–Yo siempre le llevo la mochila a Tweek –gruñó.

Token bufó. No era el sirviente de nadie. Quiso regresar la mochila, pero su mirada se perdió en los ojos verdes del novio de su mejor amigo.

–To-Token… no tienes que llevarla si no quieres –sonrió algo nervioso, estirando su mano para recibir su morral.

El oji negro negó rápidamente con la cabeza y acomodo su mochila y la de su amigo en su espalda. Craig alzó una ceja ante el raro comportamiento de su afroamericano amigo. El morocho saludó con un abrazo al blondo, provocando un tic frenético en el peli negro.

–Pero, ¿Qué carajos te pasa para tocar a MI NOVIO? –gruñó, separando de mala manera a la pareja de amigos.

Token sonrió y negó con la cabeza. Ni él mismo lo sabía. Simplemente, había visto a Tweek más bonito de lo usual. Porque, no podía negarlo, el rubio siempre le había parecido simpático pero un tanto problemático.

Tweak y Black trataron de calmar la ira de su compañero, pero era obvio que ardía en celos.

–Largo, yo llevaré a Tweek al colegio –habló con molestia, tratando de no gritar.

–Dios, Craig… –la mirada de Tweek se tornó decepcionada. Tucker pudo notarlo y trató de calmarse. Se volteó y conto hasta 20.

No debería estar malpensando el accionar de su mejor amigo. Pero, Token jamás había mostrado interés en su rubio. ¿O sí? Negó con la cabeza y trató de pensar en cosas positivas. Tweek necesitaba un aliado en el colegio para no sentirse solo y ese era Black. Regresó su vista a la de sus amigos y pidió disculpa por su arrebato.

El pecoso sonrió orgulloso de su novio y lo abrazó.

–Me encantas, Craig –besó la comisura de sus labios. –Prometo regresar temprano –depositó un beso en la mejilla de su peli negro y le pidió de vuelta su mochila al "violinista".

De mala gana, el morocho devolvió el morral. Extrañamente sintió algo arder en su pecho cuando vio besar al rubio a su mejor amigo. Jamás había sentido esa sensación antes. Siempre los veía cariñosos y juntos, pero ahora… dolía.

Dejando sus raros pensamientos de lado, chocó puños con Craig. Prometiendo cuidar de Tweek.

–Gracias… y recuerda, lejos de Clyde –torció los labios. –Ese idiota siempre abraza a mi Honey –gruñó.

El oji negro asintió con la cabeza. Prometiendo de nuevo proteger al blondo.

Tweek caminaba con calma y Black parecía nervioso. Volteaba de rato en rato, viendo como Craig los veía a la distancia. Suspiro. Quería entablar una conversación con su viejo amigo, pero las palabras no fluían. Y, rezó por no encontrarse con Clyde. Sabía que su castaño amigo tomaba la misma ruta que Tweak para ir al colegio. Ahora que lo pensaba bien, quizás era incluso apropósito. Puesto que su casa no quedaba cerca a la del rubio.

Caminaron en silencio hasta que pasaron por un parque. Y justo cuando Token se animó a empezar una conversación, apareció quien menos quería que se entrometiera.

–Adoro los tacos un lunes por la mañana –sonrió. Mientras terminaba el último bocado de un taco de pollo.

Tweek sonrió divertido por la aparición de su amigo.

Logrando sonrojar a Token y Clyde.


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