Centripetal Force

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Summary: La relación de Victor y Yuuri se desarrolla, la fraternidad comienza a planear la fiesta de Halloween, y Victor se prepara para su primer examen de física.

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Fic escrito por: braveten

Traducido por: Lilaluux

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Capítulo 3: De Pequeñas Cosas

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Es viernes por la mañana, Victor planea sacar a pasear a Makkachin por el campus para encontrarse con Yurio. Es un día laboral en su escuela secundaria, y ya habían hecho planes ayer por la tarde.

Si no fuera porque…

Yuuri está durmiendo. Son las diez de la mañana, y él está durmiendo, Yuuri no tiene clases los viernes, Victor de eso está bastante seguro, así que está bien. Las reuniones del club de patinaje son los viernes, pero eso no es sino hasta más tarde. Victor no está seguro de por qué se encuentra parado torpemente en la mitad de su habitación, mirando por la ventana en lugar de irse, hasta que se le ocurre que quiere invitar a Yuuri. Quiere presentarle a Makkachin, quiere pasar más tiempo con él, quiere sentarse a su lado en el patio del campus.

Entonces escucha un ruido, alza la vista hacia la cama de Yuuri y ve al chico girándose de cara hacia él, con sus ojos suavemente cerrados y la luz del sol pincelándole las facciones y el pelo, haciéndolo brillar tenuemente. Luego otro ruido.

Oh, así que él habla en sueños.

Quizás Yuuri inconscientemente está intentando hacerlo pedazos.

(Porque, conscientemente, no parecer ser el tipo de persona que haría eso, ¿cierto? Él es simpático, amable y maravilloso, entonces no intentaría arruinar la vida de Victor. Pero luego están estas pequeñas peculiaridades, la forma en que él se toca su cabello o mueve sus labios o habla en sueños, ¡Por el amor de Dios! Y es ahí cuando Victor comienza a dudar de su carácter angelical. Pero quizás es un acto inconsciente. Eso ciertamente explicaría muchas cosas.)

Ya sea lo uno o lo otro, Victor cambia su peso de un pie al otro, evaluando sus opciones.

Podría simplemente irse o podría despertar a Yuuri y posiblemente lamentarlo, puesto que Yuuri no parece ser precisamente una persona mañanera. O podría esperar, lo cual molestaría a Yurio, pero lo valdría. Al final, decide esperar por quince minutos. Si Yuuri no se despierta en quince minutos, se irá.

Salvo que él continua hablando en sueños, y Victor se sienta en la silla de su escritorio, mirando una de las páginas de su texto de tailandés. Sus ojos escanean las palabras pero ninguna se le entran a la mente, se queda atascado repitiendo el mismo párrafo del texto una y otra vez. Ya ha tomado un baño, su cabello aún está ligeramente húmedo, así que se pasa los dedos por él, intentando que luzca medio decente.

Minutos después escucha un bostezo y se da la vuelta, mirando sobre su hombro. Al parecer Yuuri aún no está despierto, pero si a mitad de estarlo, su cuerpo cambia de posición y él rueda sobre su espalda, estira uno de sus brazos, con sus ojos todavía cerrados. Largas, y oscuras pestañas que contrastan contra su pálida piel, su lengua moja sus labios y su otra mano se alza para quitarse de encima el sueño de sus ojos.

–Buenos días –lo saluda Victor, feliz de verlo.

Yuuri vuelve a cambiar de posición, rueda hasta quedar sobre un lado, dándole la espalda a Victor esta vez. Se escucha un sonido ahogado el cual Victor asume fue un saludo. Y no precisamente uno entusiasta.

Victor mira su teléfono, ve que tiene tres mensajes de Yurio advirtiéndole de lo peligroso que es el abandonar a un adolecente de quince años en el campus de una universidad. Luego vuelve a mirar a Yuuri, sonriendo cuando ve al chico estirar los brazos y llevárselos a la cabeza esta vez. Escucha otro refunfuño, uno áspero que suena como un 'hora'.

–Son las diez –responde.

Yuuri gime.

–¿A qué hora te fuiste a la cama?

Yuuri no responde, lo cual es preocupante y esperado. Sin embargo, distraídamente su mano se mueve hacia donde está su teléfono. Yuuri tiene un cable de extensión extra-largo que llega desde la toma de corriente cerca del piso hasta la parte superior de la escalera de su cama, una idea que tuvo y de la que Victor, por supuesto, se ha burlado interminablemente.

Ahora lo entiende.

¿Debería siquiera molestarse con preguntarle a Yuuri ir con él al campus?

–¿Quieres café? –Victor le ofrece, ya que él mismo no es mucho de beber café, pero ha visto a Mila y a Sara usar la máquina de la cocina muchas veces.

–No, gracias. Sólo necesito… –sus palabras se apagan mientras de nuevo se remueve en la cama, enterrando su rostro en la almohada.

Definitivamente no es una persona mañanera.

Victor se balancea sobre sus talones, luego toma sus zapatos ubicados cerca de la puerta y se sienta en la silla de su escritorio para ponérselos. –Adiós Yuuri.

No hay respuesta, Victor se limita a sonreírle con afecto antes de irse.

Se encamina a la casa de Yakov en primer lugar. Yakov no está en casa, entonces Victor abre la puerta con su llave de repuesto y toma la correa de Makkachin, poniéndosela sólo hasta llegar al patio del campus. Rato después, encuentra a Yurio y le sonríe brillantemente, lo que ocasiona que su pequeño hermano le frunza el ceño. –Siento la demora.

–¿Dónde está el chico bicicleta? –cuestiona Yurio, buscando alrededor, como si esperara que Yuuri apareciera en cualquier momento– ¿Él es la razón de tu demora?

–Durmiendo y sí, lo iba a invitar pero está cansado –responde con pensar, quitándole la correa a Makkachin y viendo como su perro salía disparado brincando de un lado a otro entre el césped, olfateando. Unos cuantos estudiantes le sonríen con alegría y comienzan a acariciarlo, el perrito prácticamente se ahoga en atención, se echa en el suelo y rueda sobre su espalda.

Varios estudiantes llaman a Victor y él los saluda –algunos los reconoce por sus clases y a otros por diferentes eventos. Vuelve a volcar su atención en Yurio–. Vamos a permanecer como roommates. Por lo que va del semestre, al menos, si no es el año.

Yurio parece no estar seguro de como sentirse respecto a eso. –No me gusta que él tenga mi nombre.

–Pero el suyo no tiene la 'o' –señala Victor, confundido.

–Sabes que mi nombre real no es Yurio, ¿cierto?

Victor se lleva la mano detrás del cuello. –Cierto. Como sea, ¿Cómo te va en tu segundo año?

~•~ ~•~ ~•~

Yuuri es arrancado de la cama por Phichit.

(Literalmente.)

–Vístete, Katsuki –dice Phichit, caminando hacia su cómoda en la esquina de la habitación y tomando algunas ropas antes de lanzárselas. Yuuri las atrapa, a duras penas, y parpadea soñoliento. –Vamos, muévete, muero de hambre y sé que tú también.

Yuuri suelta un bostezo pero obedece, entrando al baño y cambiando sus ropas por una sudadera blanca y pantalones jeans. Cuando sale, Phichit lo toma por el brazo, y lo guía hacia la puerta. – ¿Ya estás despierto?

–Más o menos –responde Yuuri. Debe de admitir que está hambriento. El año pasado, era Phichit quien constantemente se aseguraba de que él nunca se saltara ninguna de las comida. Yuuri comprende que no por el hecho de que este año no son compañeros de habitación, él dejara de hacer aquello –y por eso, él está agradecido.

Toman sus bandejas y se dirigen hacia el patio para comer.

El patio es un terreno considerable con altos e imponentes bloques y edificios, con árboles rodeando el lugar. En el extremo de la cuadra, a la distancia, una perfecta vista de la biblioteca de Stammi Vicino, con su gran campanario. Hay una fuente en un pequeño pabellón a la mitad del campus, con caminos que se extienden desde todos los puntos cardinales.

Hay un común y no comprobado rumor en el campus el cual establece que si dos personas se sientan juntas al borde de la fuente en el momento en que las campanas suenan, los dos están destinados a casarse cuando se gradúen. Es estúpido e infantil, aunque es poco común ver a las personas sentadas allí a menos de que sean una pareja o algunos que planean serlo antes de la próxima hora.

Yuuri gime en respuesta al primer mordisco de su sándwich. –Muero de hambre –se percata.

Phichit asiente, tomando el suyo y empezando a devorarlo también, cuando de pronto, un castaño caniche derrapa hacia ellos, agitando su cola. Phichit le sonríe y palmea su cabecita. –Tú eres Makkachin, ¿cierto? ¿El perro del señor Feltsman?

Yuuri observa al caniche, la tristeza inicial ante el recuerdo de Vicchan rápidamente se torna en alegría cuando el perro se gira hacia él, mirándolo con brillantes ojos negro. Una sonrisa se filtra en el rostro de Yuuri y él se inclina para acariciar a Makkachin con afecto, luego busca alrededor –y sí, efectivamente…

Hay está Victor, sentado en el césped con su pequeño hermano, varias chicas lo rodean y hablan con él, estrechando sus libros hacia sí. Él aún no ha visto a Yuuri, y la sonrisa de Yuuri sólo crece, agachando su cabeza y esperando que Phichit no notara su reacción.

(Pero Phichit la nota.)

–Ve y dile hola –Phichit lo alienta antes de dar otro mordisco.

Yuuri se encoge de hombros. –Parece estar ocupado –Makkachin restriega su cara contra la pierna de Yuuri y éste ríe, se levanta de la silla y se pone de rodillas para poder acariciarlo detrás de las orejas.

–Yuuri, él te está mirando –un susurro a su izquierda le advierte.

Levanta la mirada hacia Phichit, luego se gira hacia Victor, y Victor está mirándolo, se pone de pie y sin lugar a dudas camina en su dirección, alejándose de aquellos con quien hablaba, alejándose de su pequeño hermano, el cual está mirando a Yuuri con suspicacia. –Has conocido a Makkachin –señala Victor felizmente cuando se encuentra lo suficientemente cerca.

Makkachin mira a su dueño pero continua sentado contra la pierna de Yuuri palmeando con sus patitas al muchacho para que le de atención. –Es adorable –señala Yuuri, luego le lanza a Victor una mirada provocadora–. ¿Hay reglas en contra de tenerlo en nuestro dormitorio?

–Lo he metido a hurtadillas a mi habitación por tres años –dice Victor, guiñándole un ojo, Yuuri siente como sus mejillas se calientan, y es ridículo, el que Victor pueda hacer algo tan simple, que tenga tanto poder sobre él, y para el colmo…

Phichit sonríe de oreja a oreja. –Deberías hacer que tu padre lo incluya como una política especial.

Victor se encoge de hombros. –No es una mala idea. Se lo hare saber –se pone de rodillas y acaricia a Makkachin en la cabeza, sus dedos rozan los de Yuuri, sus ojos se encuentran. El toque es magnético, por alguna razón –todo en la mente de Yuuri le dice que se aleje. Pero es como si su cuerpo estuviese protestando ante la orden de su cabeza, permaneciendo tan cerca de Victor como le es posible, tan cerca como le es permitido.

Entonces los ojos de Yuuri se dirigen hacia Yurio, hacia las personas que estaban con Victor. Una de las chicas está observándolos, y él aparta la mirada inmediatamente, mirando a Makkachin y alejando su mano. El perrito gimotea, restregando su rostro contra su pantorrilla hasta que Yuuri continúa con los afectos.

–Es un mimado –Victor explica.

Yuuri ríe, imaginando cuan mimado Makkachin debe de haberse vuelto por todos en la universidad. Lleno de gente dispuesta a brindarle su atención todos los días. –Al igual que Vicchan.

–¿Te gustaría comer con nosotros? –le ofrece Phichit.

Victor sonríe suavemente. –Seguro. ¿Yurio puede venir?

Phichit asiente, luego Victor se da la vuelta y camina hacia donde está su hermano. Makkachin lo sigue, fiel. Yuuri mira a Phichit con ojos bien abiertos. –No puedo creer que le preguntaras eso.

–Yo sé que tú quieres –le señala Phichit.

–Bueno, sí, pero de hecho acabas de invitar a Victor Nikiforov a comer con nosotros.

Phichit da otra mordida a su sándwich y dice con la boca llena. –Yuugi, tieneg que regordagr…

–¿Qué?

Phichit traga.

–Tienes que recordar, que él es el mismo chico con el que compartes dormitorio. No hay dos diferentes Victor.

(Pero los hay.)

(En su dormitorio, cuando están solos, Victor es mil veces menos intimidante. Menos egocéntrico –al menos, sólo un poco– y amable, y carismático. ¿Pero aquí? Ahora que está rodeado de cientos de personas quienes conocen su nombre, quienes se preguntaran por qué es que está sentado aquí almorzando con Katsuki Yuuri. Es diferente. Indudablemente diferente.)

Yuuri cambia de postura con incomodidad. –Supongo que tienes razón.

Un minuto después, Victor y Yurio están sentados con ellos, los otros amigos de Victor parecen haberse marchado. Victor se sienta ala lado de Yuuri, y Yurio al lado de Phichit. El rubio les dedica miradas raras. Entonces Victor se aclara la garganta, dándole a su hermano una mirada. –Yurio se preguntaba si uno de ustedes le podrían ayudar con su proyecto del carro con la ratonera el domingo.

–Por supuesto –dice Yuuri, sonriéndoles. Phichit también asiente.

Yurio mira molesto a Victor por el pedido. –Sólo necesito obtener una A para tener una nota decente en clases. De otra manera, no me importaría.

–Anotado –añade Phichit.

Makkachin yace a su lado, extendido en el césped, con la cabeza reposada en una pata. Cuando Yuuri termina de comer, se levanta y lo acaricia, sonriendo cuando el perro se lanza sobre él, empujándolo con sus patas delanteras haciéndolo caer de bruces al suelo. Victor se pone de pie. –Makka, pórtate bien.

Yuuri ríe cuando su rostro es cubierto con besos mojados, intentando escabullirse. –Está bien –le asegura, sus dedos entrelazan el pelaje del perrito. En verdad que se parece bastante a Vicchan. Aquello calienta su corazón, trayéndole buenos recuerdos y no los tristes –Vicchan acurrucado en su cama, Vicchan lamiendo sus lágrimas después de un día difícil.

Estira su cuello para ver a Victor aproximarse a un árbol, inclinarse y recoger algo. De pronto, Makkachin detiene sus intentos de besar a Yuuri, mirando las manos de Victor en su lugar. Él está sosteniendo un palo.

Victor lo arroja, y el perro corre a toda velocidad. Yuuri al fin es capaz de sentarse para después pararse, viendo con adoración como Makkachin recoge el palo con su boca, orgulloso de sí mismo. Lo deja caer a los pies de Yuuri y éste vuelve a lanzarlo a través del patio. –Él ama eso –dice Victor, con manos en los bolsillos–. Es su juego favorito.

~•~ ~•~ ~•~

Un rato después, ambos se encuentran sentados sobre el césped, Makkachin con su cabeza sobre el regazo de Yuuri y dos de sus patas sobre su muslo. Victor no está sorprendido de que a Makkachin le guste Yuuri, aunque tiene que admitir que está ligeramente celoso de su propia mascota por conseguir estar tan cerca de Yuuri en tan sólo una hora de lo que Victor se las ha ingeniado para estar en dos semanas.

Phichit y Yurio están hablando sobre los planes para el proyecto del carro y la ratonera, Yuuri nota con diversión que Yurio de hecho, parece interesado, incluso si enfoca la mitad de su energía en intentar aparentar que no.

–Entonces, ¿Cuáles son tus planes para este fin de semana, Yuuri? –pregunta Victor, recostándose con la cabeza entre sus palmas. Gira su cabeza hacia él, con la luz del sol reflejándose en su cabello plateado y recalcando sus iris azules.

Se encoge de hombros. –No lo sé, nada en realidad.

–Ah. La respuesta correcta es, darme mis clases particulares de física.

Yuuri ríe y cambia de posición, con cuidado de no mover a Makkachin de donde está y no interrumpir su sueño. –¿No intentaras con una oferta mejor?

Victor suelta una risita. –Tienes razón. ¿Qué te parece esto? Si pasas tu fin de semana enseñándome, traeré a Makkachin para que se quede con nosotros.

–De acuerdo. Ya me tienes –responde Yuuri, recorriendo su mano a través de la espalda del caniche.

~•~ ~•~ ~•~

Victor tiene una reunión de la fraternidad el sábado a mediodía. Yuuri todavía sigue dormido.

Rueda fuera de su cama y se dirige al patio del campus, hacia su usual punto de reunión, con su mano acomodándose su cabello para darle algo de forma. Christophe lo saluda al llegar, y él toma asiento en la mesa entre JJ y Michele, a quien Victor recuerda por ser el hermano gemelo de Sara. Comienzan a discutir sobre los planes de su próxima fiesta de Halloween, la cual es una tradición anual en el campus.

–Necesitamos hacer algo diferente este año –JJ está diciendo, examinando sus uñas–. El año pasado fue aburrida.

Alguien sugiere el tema de un bosque embrujado.

Hay un acuerdo unánime. El año pasado, ellos trasformaron un edificio entero en una casa embrujada, pero la casa lucia más patética que embrujada después de que la decoraron. Un bosque, sin embargo –era más factible. Hay uno justo al lado del campus, bajando la colina con un pequeño claro que a su parecer, vendría perfecto.

Luego deciden quienes serán los jueces del concurso de disfraces, y Chris y Georgi son inmediatamente seleccionados. Se guiñan el uno al otro, y se ponen a planear el tema, las bases del concurso y cuáles serán los premios. Victor disfruta de las reuniones de la fraternidad –y de los eventos, por supuesto– pero no puede evitar el hecho de que sus pensamientos regresen a Yuuri.

¿Iría él a la fiesta de Halloween?

Para eso aún falta un mes, claro, pero no hay razón para no planearlo con anterioridad. Y Yuuri no parece ser el tipo al que le gustan las fiestas alocadas, pero entonces…

–¿En qué estás pensando? –le pregunta JJ.

Victor parpadea, aturdido. –En nadie.

JJ ríe, demasiado alto y por largo rato. –¿En nadie? ¿Quién es el chico afortunado, Victor? No creas que no he visto los rumores en Yik Yak.

–¿Rumores en Yik Yak? –pregunta confundido.

Los miembros de la fraternidad se quedan en silencio, algunos dándole tímidas sonrisas. Él saca su teléfono, y busca la poco usada aplicación, luego ingresa. Desliza y navega por un rato, luego ve un post del día anterior.

Los muslos de V-Nikiforov fueron vistos en el patio esta mañana.

(1d) (2 respuestas)

Él está con un chico. O.O

¿Victor ya no está soltero? Puedo abandonar mis esperanzas entonces.

¡Makkachin también está aquí!

(1d)

¿Quién es el chico?

(1d) (2 respuestas)

Ambos son compañeros de dormitorio

¡¿O sea que él no se está hospedando c/ Chris este año?!

Victor lee todos los comentarios, luego alza su mirada hacia JJ. –¿La gente ha estado posteando acerca de nosotros? ¿Cuándo comenzó esto?

–Ya sabes cómo es la gente –responde, ofreciéndole un encogimiento de hombros–. Pero tengo curiosidad. ¿Quién es él?

–Mi compañero de dormitorio –Victor responde lacónico.

JJ se inclina sobre su silla. –Deberías llevarlo a la fiesta.

–Bien, lo invitare –dice, porque aun cuando no le pida a Yuuri específicamente ir con él, de todas formas lo invitaría. Seria grosero el no hacerlo. Además, no es como si fuese un evento exclusivo. Las invitaciones son simples fachadas.

Un segundo después, deja de ser el centro de atención y en cambio se centran en la ubicación de la fiesta, el tiempo de preparación, los invitados, la comida.

~•~ ~•~ ~•~

Más tarde ese día, Victor entra a su dormitorio, donde Yuuri está sentado en su escritorio, con teléfono en mano y auriculares en los oídos, se voltea hacia el otro lado. Aparentemente, no ha escuchado la puerta abrirse, así que Victor aprovecha la oportunidad, cerrándola lo más silenciosamente posible y acercándose sigilosamente por detrás. Toma a Yuuri por los hombros y Yuuri salta violentamente, girándose y golpeándolo en el pecho con el respaldar de la silla.

–Te tengo –Victor ríe, ignorando el dolor en su torso y dando un paso hacia atrás.

El rostro de Yuuri está pálido, respira entrecortado, sus ojos están amplios pero relaja su postura cuando se da cuenta de que no hay una real amenaza. Con un rápido movimiento, se quita los auriculares de los oídos. –Nunca, nunca más vuelvas a hacer eso.

–Oh, Yuuri, eres tan adorable cuando estás asustado –dice arrastrando las palabras.

Su roommate se levanta, luciendo indeciso sobre qué hacer y por último decidiéndose por empujar a Victor –un empujón débil. –Y tú… tú eres…

Victor inclina su cabeza a un lado. –¿Soy?

–Molesto –decide Yuuri.

Victor se lame los labios, disfrutando de su proximidad, el pecho de Yuuri está a sólo milímetros del suyo. El chico tiene la cabeza inclinada hacia arriba así que fácilmente puede ver a Victor a los ojos. –¿Molesto? ¿Sólo soy molesto?

Yuuri traga grueso, incapaz de pensar en una buena respuesta y titubea, rompe el contacto visual y mira la pared en su lugar. –Otras cosas también. Pero no quiero ser obsceno delante de ti.

–Ambos somos adultos, Yuuri –dice Victor, sonando divertido.

Su roommate vuelve a sentarse en su silla, bajando su mirada hacia su teléfono.

Oh.

(Quizás esto ha sido menos divertido de lo que había pensado.)

Victor se acerca a él. –Yuuri, lo siento. No volveré asustarte de nuevo.

–Está bien –murmura Yuuri, con los labios apretados, y con palabras secas.

Auch.

Hay un remolino de culpa y dolor en el pecho de Victor –ha llevado esta broma demasiado lejos, obviamente. Ha herido los sentimientos de Yuuri. Y ahora sus ojos lucen abatidos, hay un tinte de consternación en ellos pero intenta cubrirlo. Victor deberá ser más cuidadoso, deberá pensar antes de hacer estas cosas, deberá considerar que…

Yuuri suelta un grito mientras toma a Victor por un lado, tomándolo por sorpresa con éxito, la espalda de Victor golpea la pared detrás suyo ante el sobresalto. –Te tengo –dice Yuuri, con desafío en su tono.

–Oh, tú pequeño… –empieza Victor, exhalando con alivio y temor.

Yuuri sonríe inocentemente, bloqueando su teléfono y guardándolo dentro de su bolsillo. –¿Qué? ¿No fue una respuesta ingeniosa?

–Te la devolveré –le jura–. Y tú no sabrás cuando.

–¿Sí? –se burla.

Victor da unos pasos hacia delante y le toma el rostro con una de sus manos, recorriendo con el pulgar el pómulo de Yuuri. Yuuri le sostiene la mirada seguro de sí mismo, pero sus pupilas se dilatan un poco, y Victor sonríe. –Te la devolveré y así podré ver esa adorable y aturdida expresión otra vez.

–No lo harás –le promete.

–¿No?

–Nope. Pero yo sí veré la tuya.

Victor lo acaricia con los dedos. –Oh, Yuuri, ¿tú piensas que soy adorable?

Yuuri titubea, tartamudeos se escapan de sus labios.

–Te tengo –señala Victor, alejando su mano.

–Claro que no –discrepa sin convicción.

Victor se dirige a su propio escritorio y se sienta. –¿Quieres hacer algo?

Una pausa mientras Yuuri gira su silla, con los talones presionando la parte inferior para detener el movimiento una vez que está de cara hacia Victor. –¿Cómo qué?

Como literalmente cualquier cosa, Victor piensa. Él estaría más que contento con tan sólo pasar su tarde del sábado sentado allí, en esa silla de su escritorio siempre y cuando Yuuri permanezca donde está. –Podríamos mirar una película.

–No tenemos un televisor.

Victor señala su laptop. –Pero tenemos esto –por supuesto, ellos podrían ir a la habitación de Mila y Sara y pedirles usar su televisor. Pero si Victor es honesto, prefiere mil veces mirar algo con Yuuri como única compañía. Es egoísta, quizás, pero no puede sentirse culpable de serlo.

Terminan sentados en la cama de Victor, apoyándose sobre las almohadas y así poder recostarse sobre ellas. La cama es demasiado pequeña como para que ambos puedan sentarse con comodidad. Yuuri reposa la laptop sobre su regazo, abriendo Netflix. –¿Qué película?

Después de echar un vistazo a las opciones, escogen una que ninguno de ellos ha visto pero por el título suena interesante. Victor no puede ignorar el diminuto espacio entre sus hombros, la manera en la que Yuuri ocasionalmente se mueve nervioso, intentando acomodarse. Ocasionalmente, él se encuentra a sí mismo dirigiendo su mirada hacia los labios del otro chico, hacia su cabello, hacia sus ojos, sólo para ser sorprendido en el acto. Cuando eso ocurre, pega sus ojos a la pantalla, como un sacerdote en celibato, y traga con dificultad.

(Aclara su garganta y repite el acto.)

–¿Estás soltero? –dice Victor sin pensar.

No está seguro de donde vino esa pregunta.

Pero él en verdad quiere saber.

Yuuri no detiene la película, ni siquiera voltea a mirarlo. –Um, sí.

Un titubeo.

–¿Y… y tú?

Victor está ligeramente sorprendido, lo mira. –Sí.

–Ok, eso es genial.

–¿Genial? –pregunta Victor.

Los ojos de Yuuri se mueven de la pantalla al suelo, como si intentara alejarse de Victor sin mover su cuerpo. –Sí... no sé… no genial de wow, que genial, sólo… ya sabes.

(No, no lo sabe. La verdad.)

Aun así, asiente de todas formas, apiadándose de él, regresa la vista a la película. Uno de los personajes está en un acalorado debate con otro sobre alguna trampa y en el cual Victor no presta la mínima atención. –¿Y eres gay?

Yuuri se estremece y tose audiblemente, lo que hace que Victor frunza el ceño y pause la película. –¿Qué tienes? –pregunta Victor cuando Yuuri cierra los ojos, con las mejillas teñidas de rojo.

–Nada –Yuuri se apresura a decir–. Pero, ¿acaso es…? ¿Por qué tú…?

Victor no comprende. –Supuse que, ya que seremos roommates, deberíamos intentar saber más el uno del otro. Para que conste, yo lo soy. Pero entiendo si no quieres decirme. No hay problema.

Yuuri no dice nada respecto a eso, se limita a mirar a la pantalla congelada de la laptop, con la cabeza gacha. –Um…

¿Cómo puede hacer esta situación menos incomoda? ¿Cómo apaciguar la tensión?

–Entonces, te contare sobre mis ex's –dice Victor–. Primero salí con un chico cuando tenía quince, creo. ¿O fue a los dieciséis? Bueno, como sea, no duro mucho. Me llevo a su habitación un día para mostrarme su colección de estampillas. Después salí con otro chico a los diecisiete, él era lindo, pero nosotros no… ¿Yuuri? –Victor frunce el ceño y detiene sus palabras porque Yuuri lo está viendo horrorizado.

–¿Con cuántas personas has salido? –pregunta despacio.

Victor piensa por un momento. –No lo sé. Define 'salir'.

Todo lo que él sabe es que nunca antes se ha sentido de esta manera con algunos de sus anteriores novios como se siente con respecto a Katsuki Yuuri. Excepto quizás con el Chico Boxers, pero esa es una historia aparte. Por alguna manera, cuando Victor recuerda aquella noche, siente como si estuviera engañando al misterioso chico por su enamoramiento por Yuuri. Lo cual es extraño, porque no era como si se hubiesen presentado debidamente, ni siquiera lo recordaba con claridad, pero aun así…

Yuuri no responde. En su lugar vuelve a mirar a la pantalla, y Victor capta la indirecta, continuando con la película.

~•~ ~•~ ~•~

–¿Él te preguntó si eras gay? –pregunta Phichit, luego suelta un silbido–. Wow, él sí que va directo al grano.

Yuuri suelta un gruñido, ocultando su rostro entre sus manos. –Y luego comenzó a contarme de sus ex–novios.

Phichit sonríe con ganas. –Esa información es jugosa. ¿Cuántos son?

–No lo sé. Un montón, creo.

–¿Y tú no le dijiste que a ti te gustan los chicos? –le pregunta con pesar–. Deberías mencionárselo de pasada. Como digamos, la próxima vez que los tres estemos juntos, sutilmente tú soltaras un cumplido por un chico que me esté mirando y yo te seguiré el juego. Ohh, apuesto que eso lo pondrá celoso. Será un doble ganar.

Yuuri sonríe. –No creo que él se ponga celoso si yo le hago un cumplido a otro chico.

–Ahí sí que no concuerdo contigo en lo absoluto. Él definitivamente es del tipo celoso. Te acapara por completo cada vez que estás alrededor de otras personas. ¿No te has dado cuenta? Como aquella vez en la biblioteca, yo estaba incómodamente sentado a un lado mientras se podía sentir la tensión sexual entre ustedes dos. Y luego en el patio, te apartó hacia el césped donde los dos podrían estar solos con Makkachin. Es como si hubiera heredado la peculiaridad de su perro de buscar atención. Oh, espera –añade Phichit, como si acabase de hacer un descubrimiento científico–, quizás es al revés. Quizás Makkachin la heredó de él.

–¿De verdad acabas de comparar a Victor Nikiforov con su perro?

Phichit luce ligeramente culpable. –Es que se parecen…

–Creo que estás sobreestimando sus sentimientos por mí –Yuuri discrepa–. Estoy bastante seguro que actúa así con todos. No olvides como es él.

–Por supuesto, es un coqueto, pero contigo coquetea. ¿Comprendes lo que te digo?

Yuuri no comprende.

–La fiesta de Halloween del Psi Omega Iota se aproxima –le recuerda Phichit–. Ya casi es octubre. Te puedo apostar a que te invitara.

La fiesta de Halloween es un icono en el campus.

Tragos, baile, y música a todo volumen –es el tipo de fiesta del que el profesorado no quiere saber qué sucederá. Yuuri nunca ha ido a una, aunque sí sabe que Phichit fue a la del año pasado y la disfrutó. No, las fiestas no era lo de Yuuri. Fue a la que hizo Psi Omega Iota al final de su año como novato, pero considerando el hecho de que no podía recordar nada de lo que sucedió, supuso que debía haber sido lo demasiado salvaje para su gusto. Así que no tiene la intención de repetir esa experiencia, no pronto.

Phichit tampoco recuerda mucho de esa noche. Algunas veces Yuuri cree tener breves destellos de recuerdos. Música, manos, el cuerpo de alguien muy cercano al suyo. Parpadea, volviendo a la realidad. –Pues si me invita, lo que sería muy normal. Es decir, somos roommates. No significaría nada.

–Pero quizás él te invite a ti –insta Phichit.

–Has estado haciendo esa cosa últimamente cada vez que repites la misma palabra pero usando diferente tono como si yo supiera a lo que te refieres –se lamenta Yuuri.

Phichit sonríe con ganas ante eso.

~•~ ~•~ ~•~

El domingo, Phichit, Yuuri y Victor se encuentran con Yurio fuera de Stammi Vicino. Él tiene el trabajo del carro y la ratonera entre sus manos, junto con las otras cosas que deberá usar. Madera, cordel, la ratonera, ruedas, y un poco de otras piezas. Hay un amplio camino de piedra fuera del camino de las multitudes en las que se reúnen, con unos pocos bancos diseminados alrededor. –¿Chicos, no podrian hacerlo por mí y ya? –se queja Yurio.

–¿Y donde está la integridad en eso? –cuestiona Phichit.

–No hay ninguna de todos modos –murmura el rubio, cruzando los brazos sobre el pecho–. Bien, acabemos con esto.

Un rato después, cuando Yuuri está trabajando con Yurio en atornillar las ruedas, Phichit se desliza al lado de Victor, sentándose junto a él. –Yuuri me contó que hablas tailandés.

Victor lo mira, se pregunta qué otras cosas le habrá contado Yuuri sobre él. Considera formular la pregunta, pero desiste después de pensarlo mejor. –Sí, es verdad.

Phichit sonríe, diciéndole algo en aquella lengua, a lo que Victor contesta. –Eso es genial –lo felicita–. Entonces, ¿Cuál es el tema del Psi Omega Iota para la fiesta de Halloween de este año?

Tiene sentido que Phichit hubiera asistido a las fiestas en el pasado sin que Victor se percatara de ello. Después de todo, normalmente asiste tanta gente que bien podría estar reunido todo el campus. Más nota que Yuuri levanta la mirada hacia ellos, con ojos enfocados directamente en Phichit, antes de volver su atención al proyecto. –Un bosque embrujado –dice Victor–. Pero todavía no se lo digas a nadie.

–Eso estará increíble.

–Tú y Yuuri deberían unirse a nuestro grupo –sugiere Victor–. Podríamos ir todos juntos.

Phichit sonríe. –Seguro. ¿Tú qué opinas, Yuuri?

Yuuri les sonríe. –Gracias, pero no sé si eso sea lo mío.

–Será divertido –Phichit insiste.

Él se encoge de hombros. –Ya veremos. Tal vez.

Y aquella tendrá que ser una respuesta suficiente.

Victor continúa hablando con Phichit en tailandés, sobre la fiesta, la fraternidad en general. Se siente bastante bien el haberse ganado la aprobación del amigo más cercano de Yuuri. Casi un privilegio. Después, sin embargo, las ruegas del carro están listas, y Phichit se marcha para ayudarles con la parte de la ratonera. Victor se encuentra a sí mismo cautivado por la explicación de Yuuri acerca de la física que hay detrás de todo aquello, del chasquido de la barra al activarse y de la fuerza que impulsa al carro hacia adelante.

Se supone que tendrá que correr seis metros, así que Victor toma la cinta métrica y coloca un pie en el lugar donde el carro debería parar. Eso es todo lo útil que puede ser en esta situación. Phichit le instruye a Yurio como deber de enrollar el cordel y luego el carro está en movimiento, deteniéndose unos pocos metros antes de lo planeado. Hacen algunos ajustes e intentan de nuevo, y muy pronto todo sale perfecto.

–Mi profesor no creerá que yo hice esto –dice Yurio mientras lo sostiene con delicadeza, como temiendo que en cualquier momento se colapse.

–Nosotros sólo te ayudamos –le recuerda Phichit–. Así que está bien.

Una pausa, y Victor le da a su hermano una mirada afilada.

Un murmullo sale de los labios de Yurio.

Yuuri levanta la vista hacia el sonido. –¿Qué?

–Dije que gracias.

~•~ ~•~ ~•~

Victor compra una lata de Silly String*.

Planea vengarse de Yuuri con eso.

Una mañana, se despierta para encontrar a Yuuri durmiendo plácidamente, uno de sus brazos cae fuera de la cama. Sus nuevas gafas al borde de su nariz –la misma montura que tenían las anteriores. Le sientan bien. Son azules, no son ni muy anchas ni muy pequeñas. Debió haberse quedado dormido haciendo algo anoche.

Victor agarra la lata de uno de los cajones de su escritorio y quita la tapa. La serpentina en aerosol es azul, ya se puede imaginar el gran desastre que será a la hora de limpiarlo. Es perfecto. Pero se acobarda en el último segundo cuando ve las suaves facciones de Yuuri, una pequeña sonrisa baila en los labios de su compañero. Quizás está soñando con algo. Victor se reprende a sí mismo por su falta de audacia cuando vuelve a colocar la lata dentro del cajón.

~•~ ~•~ ~•~

Esa noche, sin embargo, cuando Yuuri se está bañando, Victor se prepara.

Apunta directo a la puerta del baño, se sienta arriba en su cama para que Yuuri no sea capaz de alcanzarlo, y espera. La tensión es fuerte, retiene la respiración cuando escucha el flujo del agua cerrarse y el ahora-familiar canto detenerse. Aprieta más la lata entre sus manos, luego tiene una idea y agarra su teléfono, poniendo el modo video y dejándolo sobre su escritorio para un ángulo perfecto.

Apenas lo suficientemente rápido, regresa a su cama cuando Yuuri desliza la puerta.

Ya lo tiene.

Victor rocía la pegajosa serpentina sin piedad, Yuuri grita y con rapidez regresa al baño, estampando la puerta. –¡Victor! ¡Esto nunca va a salir de mi cabello! –se queja desde el otro lado de la puerta.

–Hiciste esa cara –Victor recalca, riendo.

Luego la puerta vuelve a abrirse, y Victor vuelve a rociar a Yuuri quien prácticamente salta hacia su cama, abordándolo y tirando la lata fuera de sus manos.

–¡Mancharas mi cama! –Victor hace un mohín, luego se da cuenta –al mismo tiempo que Yuuri– que Yuuri tiene una de sus muñecas inmovilizada, que tiene sus piernas a cada lado de las de Victor, y que sus rostros están a tan sólo unos milímetros. Tiene rastro de serpentina cubriendo su cabello y la parte superior de su camiseta, Victor no puede evitar reír ante la vista–. Te ves ridículo.

Yuuri se quita de encima y baja de la cama, y muy tarde Victor se da cuenta de lo que está por suceder. Yuuri toma la lata y apunta hacia Victor, desviándose de él y rociando más en la cama. Probablemente a propósito. Luego se trepa en los primeros peldaños para tener mayor ventaja en su puntería, y Victor cubre sus ojos con una mano, y con la otra buscando a Yuuri a ciegas. –Ahora, tú hiciste esa cara –se burla Yuuri con deleite.

Demasiado pronto, la serpentina se acaba, y la habitación luce como si un tornado de hilos pegajoso hubiera acabado de pasar.

–Tú limpiaras este desastre –lo acusa Yuuri.

–No soy el único que ensució la habitación –protesta Victor, quitándose una buena cantidad de hilo pegajoso y poniéndolo sobre la cabeza de Yuuri, causando que éste gritara e intentara esquivarlo.

–Pero fue tu idea.

–¿Y adivina qué? –pregunta Victor.

–¿Qué?

–Valió completamente la pena.

Yuuri pretende molestarse, empujando a Victor por los hombros, pero Victor no cae ante eso, en su lugar toma su teléfono de su escritorio y deja de grabar. Yuuri frunce el ceño, moviéndose detrás de él para mirar. –¿Me grabaste?

Victor busca a través del video, luego lo pausa. –Ahí. Ahí está esa cara.

Le saca un screenshot y Yuuri se precipita a quitarle el teléfono. –Tú definitivamente no guardaras una foto así.

–La usare como mi imagen de fondo –bromea Victor, tomando el teléfono de vuelta y quitándole restos de serpentina del hombro de Yuuri, arrojándolo al cesto de basura de su escritorio.

Él lucia imposiblemente atractivo, cabello desarreglado y todavía húmedo a causa del baño. Estaba usando pantalones de chándal con una remera gris que Victor supone ya quedo estropeada, pero que a Yuuri parece no importarle. Yuuri vuelve a arrebatarle el teléfono y corre a toda velocidad hacia el baño, trancando la puerta. –Voy a borrar el video –le informa a Victor a través de la madera que los separa.

–No. Yuuri, no puedes –dice haciendo morritos–. No lo hagas, Yuuri.

–Demasiado tarde. Ya se eliminó.

Victor suspira dramáticamente, recostándose en contra de la puerta del baño. –Que tragedia. Bueno, supongo que tendremos que hacer esto otra vez en algún momento.

Yuuri abre la puerta un minuto después, permaneciendo de pie delante del espejo del baño para quitarse los restos del Silly String del cabello. –Creo que necesitare tomar otro baño gracias a ti.

–Yo necesito uno también –dice Victor, parándose detrás de él y haciendo una mueca de disgusto al ver su cabello plateado ahora con reflejos azules. Yuuri suelta una risita ante su expresión, moviéndose hacia atrás y accidentalmente chocando su espalda con el hombro de Victor. Tomando ventaja de la situación, Victor envuelve un brazo alrededor de la cintura del otro chico, sosteniéndolo con fuerza, comienza a quitarse hilo tras hilo de serpentina y se las pone a Yuuri en su lugar. Yuuri se mueve contra su agarre, intentando soltarse.

–Me has puestos algunas en mi boca –se queja mientras tose.

Victor se ríe de él, y sólo un segundo después se da cuenta de cuan peligrosa es esta situación –la espalda de Yuuri se restriega contra el pecho de Victor. Su corazón salta en un latido mientras el detiene su broma, mirando a su reflejo en el espejo. Es casi doloroso, cuan terriblemente quiere a Yuuri. Cuan intensamente desea permanecer así, quiere que eso sea algo mucho más que platónico. No quiere arruinar ese momento, no quiere arruinar su amistad, pero…

(Victor siempre se emociona, se excita cuando comienza a aprender un nuevo idioma, emocionado por los matices de la pronunciación y formación de fonemas. Comienza a creer que Katsuki Yuuri es eso, un nuevo idioma. Uno lleno de complejidades.)

–¿Piensas soltarme en algún momento? –pregunta Yuuri, sonando sin aliento.

–Hmm, no lo sé. ¿Quieres que lo haga?

Yuuri parece no saber qué responder a eso, agacha su cabeza. –Deberías saber que me vengare por esto.

Victor sonríe radiante. –No esperaría menos de ti. Sólo no arruines mi ropa.

-¿Cómo tú arruinaste la mía?

–Si quieres te compro una nueva remera. Porque esta lo valió cada centavo.

Yuuri se gira entre su agarre, con su rostro quedando a tan sólo unos centímetros del de Victor. Victor busca en sus ojos, y ve el desafió en ellos, una confianza recién descubierta que nunca antes había visto. Es intimidante pero atractivo, y Victor no rompe el contacto visual, mantiene una mano sobre la pequeña espalda de Yuuri y la otra sobre su brazo. –Sólo espera, Nikiforov –le reta.

Victor puede asegurar que él está intentando parecer serio, pero ambos rompen a reír al mismo tiempo, con restos de serpentina regados por el suelo del baño. –Será una pesadilla limpiar todo esto –dice Victor, removiendo la mano de espalda de Yuuri y mirando a su alrededor.

–Como ya dije, esto es tu culpa –repite Yuuri.

Victor suspira mientras se agacha, tomando entre sus manos un bollo de serpentina pegajosa. –Supongo que tienes razón.

~•~ ~•~ ~•~

Una semana pasa, y ya es principios de octubre.

Mañana Victor tiene su primer examen oficial de física.

–Lo harás bien –le promete Yuuri, ofreciéndole una cálida sonrisa que hace a su ser estremecer pero que no tiene poder para tranquilizarlo en cuanto a sus habilidades científicas se refiere.

Victor cambia de posición en su silla, mirando sus notas por quinta vez. Nunca ha sido alguien que se preocupara de sus notas, para el gran fastidio de Yakov. Pero ahora, sería lindo hacerlo bien en esta clase. En primer lugar, el fallar dañaría su GPA*. En segundo lugar, tendría que reportarle a Yuuri sobre sus malas notas y por ende ver la mirada de decepción cruzar su rostro. Y de suceder así, aquello destrozaría a Victor.

(Al principio, él se insiste a sí mismo de que su motivo para tener éxito se debe más a la primera razón que a la última. Pero cada vez que Yuuri le da esa expresión de orgullo después de responder correctamente una pregunta, aquella afirmación se torna menos cierta.)

Victor se trepa hacia la cama de Yuuri en silencio, sentándose a los pies de la misma con sus notas en su regazo. Yuuri teclea algo en su laptop antes de cerrarla, mirándolo con preocupación. –Has mejorado mucho –le recuerda con tranquilidad.

–¿Te importaría repasar todo conmigo una vez más? –le suplica.

Yuuri asiente y se mueve para sentarse a su lado, con los pies colgando fuera de la cama. –Muy bien, ¿Cuál es la fuerza que actúa sobre un carro en movimiento?

Victor lo sabe. Pero está, y la vez no, disfrutando de la completa atención de Yuuri. Deja caer su cabeza sobre el hombro de su compañero. –No lo sé. ¿Me lo recuerdas?

El coqueteo sólo ha empeorado durante toda la semana.

De hecho, Victor está básicamente a punto de explotar.

Son por las pequeñas cosas. Yuuri tocándole el brazo cuando quiere que le preste atención en algo. Yuuri rozando su hombro contra el suyo. Yuuri jugueteando con el cabello de Victor cuando intentó jugarle una broma a lo que Victor abrió ampliamente los ojos. Sus defensas se han debilitado, y él no está seguro de cuando sucedió, pero la delgada línea entre el interés platónico y el romántico se ha borrado al tal punto de ya no existir.

(Al menos, eso es lo que Victor cree.)

(En cuanto a lo que Yuuri piense, no tiene idea. No tiene idea en lo absoluto.)

(Lo que es frustrante. Injustamente molesto, porque no está seguro de si está sobre-pensando las cosas.)

(Victor no es alguien que sobre piensa las cosas.)

(Por otra parte, él no es alguien de ser muchas cosas, más Yuuri sí. Yuuri parecer estar cambiando cada vez que Victor cree conocer todo acerca de él.)

–Ok, tengo una idea –dice Yuuri, alejándose de Victor, para desesperación de éste.

Victor hace morritos. –¿Cuál idea?

–Probemos esto –sugiere, luciendo ligeramente nervioso. Se acomoda hasta quedar con las piernas cruzadas sobre la cama. Victor sigue su ejemplo, y entonces quedan frente a frente, con las rodillas casi rozándose. Yuuri se inclina hacia delante y coloca sus palmas sobre los hombros de Victor, presionando hacia abajo– ¿Qué fuerza es esta?

–Pues… eres tú, empujándome –Victor responde despacio, preguntándose si la pregunta es algún tipo de engaño, y preguntándose cómo se supone que pueda pensar con claridad cuando las manos de Yuuri lo están tocando de esa manera.

Yuuri sacude la cabeza. –No, pretende que no soy yo.

–Oh, ¿Gravedad?

Sonríe. –Exacto. La gravedad. Y ahora ¿cuál es esta? –coloca sus manos por debajo de los antebrazos de Victor y los levanta ligeramente–. Tú eres el carro, ¿de acuerdo?

(Él es el carro. Esto es absolutamente ridículo.)

(Pero Yuuri lo está tocando. Así que está conforme con ello.)

–¿La fuerza de reacción de la carretera? –adivina.

Yuuri sonríe orgulloso –el corazón de Victor hace un flip en su pecho–. Muy bien, ahora imagina que te mueves así –se señala a sí mismo–. ¿Qué fuerza es esa? –empuja ligeramente los hombros de Victor en dirección contraria.

Victor lo empuja de regreso, y Yuuri ríe. –¿Fricción?

–Bien. ¿Pero también podría ser…?

–La resistencia del aire –finaliza Victor. Su recompensa es otro asentimiento de aprobación.

Luego hay una pausa.

–¿No vas hacer la última? –pregunta Victor.

Yuuri enarca una ceja, con recelo. –Entonces las conoces.

Victor empuja a Yuuri y éste queda tendido sobre la cama, haciéndolo reír. –La fuerza del motor que impulsa al carro hacia delante –dice Victor–. Esa es la fuerza de la que te olvidaste 'especialista en física'.

–La recordaba, sólo que no iba tirar de ti para que quedaras encima de mí –declara Yuuri.

–¿Cómo? ¿Así? –pregunta, encerrando a Yuuri entre sus piernas y mirándolo fijamente.

Yuuri parpadea, sorprendido. –Um, sí… justo así.

Victor permanece cernido sobre él con una de sus manos apoyada en la cama. Mueve su mano libre hacia el cabello de Yuuri, apartando un mechón de pelo de sus ojos. –¿Estás diciendo que no completaras toda tu lección? Pensé que te preocupabas por mis calificaciones, Yuuri. Que te importaba mi GPA.

Hay una pausa cuando Yuuri toma un suave respiro, Victor puede ver la manera en que él se inclina hacia su toque, puede ver como sus labios se abren ligeramente. Su cabello es suave al tacto y sus nuevas gafas están un tanto torcidas sobre su nariz. Se pregunta cómo fue que no se fijó en Yuuri antes, si estaban en la misma universidad, porque ahora no puede imaginarse el no fijarse en él, no puede imaginarse el ignorar esa encantadora sonrisa y esa adorable risa, el sonido de su voz.

Se pregunta si ellos siquiera interactuaron en el pasado, encontrándose con el otro en la biblioteca en un encuentro poco memorable. Quizás a lo mejor había visto a Yuuri platicando con Mila en una ocasión y pensó que no era nada importante. Es una vergüenza que su primer encuentro, su encuentro real hubiera sucedido en el tercer año de Victor en la universidad, que hubiera sucedido en una noche oscura con un accidente de patineta de por medio. Si tan sólo lo hubiera conocido antes, bajo circunstancias diferentes.

(Se pregunta cuan diferente hubiera sido su relación, se pregunta si él y Yuuri hubieran sido siquiera amigos de no ser por esta locura del intercambio de dormitorios.)

Victor también abre los labios, una respuesta inconsciente, y ve como las pupilas de Yuuri se dilatan ante la acción, como entrando en un trance. Victor retiene la respiración, la sangre se le sube hasta las orejas. Para su sorpresa, es Yuuri quien se mueve primero, levantando muy ligeramente su cabeza, el sutil movimiento es una invitación tan obvia. Victor se da cuenta de que su mano todavía está tocando el cabello de Yuuri, así que lo acomoda con suavidad, moviendo algunos mechones detrás de su oreja. Victor ya no recuerda cómo moverse, ya no recuerda como exhalar, pero él…

La puerta se abre, dos pares de ojos se vuelcan hacia ella.

Victor la había cerrado, ¿no es así? ¿De verdad la puerta había sido cerrada?

Un resquicio, recuerda, rebobinando en su memoria. Dejo un resquicio abierto.

–Hey, Yuuri, pensé en pasar para ver si…

Phichit se congela en el vano de la puerta, y el tiempo se ralentiza. Tiene un libro en su mano, el cual Victor ve como hace un ruido sordo al caer, aterrizando con las páginas abiertas. Los ojos de Phichit se ensanchan, y un instante después sus pies están otra vez en movimiento, el libro se queda en el suelo cuando él se precipita a salir, cerrando la puerta violentamente a su detrás.

Victor traga grueso. Sus ojos regresan a Yuuri, quien está todo rojo, ya levantándose. Victor se mueve, bajándose de la cama y dirigiéndose a su lado de la habitación, observando a Yuuri con cuidado, esperando ver lo que hará.

Yuuri se aclara la garganta, tirando del cuello de su remera. –Iré a… iré a ver qué es lo que quiere. Y a darle su libro.

Victor asiente, y ve como su roommate prácticamente sale corriendo a toda velocidad.

Se lleva los dedos al puente de su nariz.

Por supuesto que tenía que dejar la estúpida puerta abierta.

Por supuesto.

(Para su maldita suerte.)

~•~ ~•~ ~•~

Yuuri está hecho un lío.

–Lo siento tanto –continua repitiendo Phichit, tocando su brazo–. Lo siento tanto, tanto, tanto.

–No te preocupes –responde Yuuri, respirando profundamente.

¿Qué fue lo que estuvo a punto de suceder?

(¿En verdad Victor estuvo a punto de besarlo?)

No, no. Eso es imposible. Él debería sacar cualquier posibilidad como esa fuera de su mente y en este instante, porque eso nunca sucederá. Jamás. Porque él es Victor, y Yuuri es Yuuri, y así es como es. Así de simple. Simple lógica matemática. Ha estado ayudando a Victor con la física, y Victor es una persona bastante quisquillosa, y Yuuri está más que bien con ello, porque son amigos. Simple como eso.

Phichit toma su libro de las manos de Yuuri, hundiéndose en una de las sillas en el pequeño espacio de su piso. Por fortuna, el lugar está vacío, dándole a los dos algo de privacidad. –Debería haber tocado –dice Phichit–. Es sólo que vi que la puerta estaba semi abierta y…

–No estaba sucediendo nada –dice Yuuri.

Phichit parpadea y mueve la cabeza, confundido. –No estaba… ¿no estaba sucediendo nada? Yuuri, sentí que accidentalmente estaba viendo… –empieza, mirando alrededor con nerviosismo. Para asegurarse que no hubiera nadie.

Yuuri no quiere saber lo que dirá. –Mira, él ha estado, nosotros hemos estado… tenemos una extraña relación. Pero no es como tú crees –cierra los ojos, derrotado, queriendo que Phichit comprenda–. No es así para él.

Porque eso es exactamente a lo que se refiere.

Sí, él había estado viendo sus burlas amistosas como coqueteo durante las últimas semanas, pero tenía muy claro en su mente que Victor veía todo aquello como simples bromas inocentes. Lo que está bien, ¿Qué es una broma entre compañeros de dormitorio? Es perfectamente normal, y Yuuri no debería sentirse molesto con él por eso, no debería odiarlo. De hecho, está comenzando a considerar a Victor un buen amigo, y espera que para Victor sea igual.

Tenía que llegar a un acuerdo respecto a su relación, era esencial.

–Oh, Yuuri –dice Phichit simplemente, estrechando sus ojos con afecto, como intentando descubrir que hacer–. Andando, vamos a cenar. No hablaremos de él si no quieres. En su lugar, hablaremos de patinaje.

Algunas veces daba miedo el hecho de que Phichit sabía exactamente qué decir.

~•~ ~•~ ~•~

–Creo que él es la persona más hermosa que alguna vez he conocido –anuncia un Victor soñador, recostando su cabeza sobre la almohada de Chris y doblando sus manos sobre su estómago.

Christophe ríe. –Estoy feliz por ti. Eres un maldito exagerado. Pero estoy feliz por ti.


Aclaraciones de la traductora:

*Silly String: Serpentina pegajosa en aerosol. Muy útil para bromas y juegos.

*GPA: (Grade Point Average) Termino utilizado muchas instituciones académicas. Es el promedio de calificaciones, el cual indica el rendimiento de todas las clases. Un alto promedio, ayuda a obtener becas.