Al dia siguiente, despertó con la noticia de que Aya había sido atacado por la colerina. Sintió miedo. Cualquier dia podría ser ella…

Haciendo sus tareas se cercioró de que Jorah no estaba en la jaula. Si es que volvía, no sabia a que hora seria. Estuvo nerviosa todo el dia.

Iba a caer la noche cuando se cruzó con el enano, que se acercó a ella.

-Tengo noticias para ti…- dijo. A Maerie le dio un brinco el corazón.

-¿Es Jorah? ¿Qué le ha pasado? No lo he visto en la jaula… Oh dios mio… ¿Está….?- la joven se puso pálida y nerviosa.

-Eh, cálmate… Si te esperaras a que acabara de hablar…- se pausó un rato. Maerie tuvo ganas de gritarle por su crueldad, pero esperó en silencio.- Ha ganado. Está vivo.-afirmó. Ella exhaló aire, aliviada.- Pero está herido. Parece grave. Lo tienen en la enfermería de los soldados.

-Oh dios mio…- su felicidad se evaporó. Quizás no hubiera muerto hoy, pero quizás solo hubiera alargado su vida en una agonía de unos días mas…- Debo verle…

-Quieta- el gnomo la agarró cuando ella se disponía a moverse.- No puedes ir allí. No puedes verle. Si te pillan sufrirás las consecuencias…-le advirtió. Maerie agachó la cabeza.

-Pero, si se muere… -resopló.- No puedo quedarme aquí sin mas. Tengo que verle. El querría que fuera.

-El no querría que te expusieras a tal peligro. Pero desde luego, yo no soy quien para impedírtelo.-el enano se miró las uñas como si nada.- A medianoche no suele haber nadie vigilando expresamente la tienda, pero eso no implica que algún otro soldado aparezca para echar un vistazo. Si de verdad estás dispuesta a ir, ese seria el mejor momento. Pero no te demores…- le aconsejó.

-Gracias. Lo haré.

Seria cerca de la medianoche cuando Maerie se levantó. Salió sin hacer ningún ruido para no despertar a ninguna de las esclavas con las que dormía y se dirigió a la enfermería. Había gente despierta y soldados que hacían guardia en algunas tiendas e intentó pasar lo mas desapercibida posible.

Cuando divisó la enfermería vió que el enano tenia razón y que no había nadie vigilándola, aunque eso no significara que no hubiera nadie dentro. Se asomó con cautela. La estancia no era muy grande y estaba a oscuras, y sólo divisó la silueta de alguien sobre una cama, asi que entró. Poco a poco sus ojos se acostumbraron a la penumbra y se acercó con miedo a la cama. Allí estaba Jorah dormido, pálido, con el pómulo roto de nuevo y el cuerpo tapado por una fina sábana empapada en sudor. A la altura de la pierna, sangre había traspasado la sabana. Maerie la levantó con cuidado y vió unos grandes vendajes alrededor del muslo, empapados en sangre. Entonces vió que el hombre no llevaba ropa interior y rápidamente soltó la sabana y se apartó de un brinco. Al soltarla rozó la pierna y el hombre se despertó de un quejido. La joven se acercó.

-Jorah… Oh, estás vivo…-le dijo mientras este abría los ojos pesadamente y volvía su cara hacia ella.

-Maerie… Que sorpresa…-dijo con un hilo de voz, sin apenas mover los labios.

-Que te ha ocurrido. ¿Tienes mas heridas a parte de la de la pierna?-preguntó preocupada.

-No lo sé. Solo recuerdo la herida de la pierna. Luego gané y luego… Me desmayé. Te aseguro que cuando sentí que me desmayaba… Pensé que estaba muriendo. Pensé que todo se acababa…-lo dijo tan flojo que la chica tuvo que acercarse para oírlo bien. Jorah cerró los ojos. Parecía que se había dormido. Pero luego los abrió.

-Sabia que ganarías. Y seguro que te curarás. Créeme-intentó animarla ella. El sonrió.

-Deberías… deberías…-intentó decir, le costaba, pero Maerie no le dejó.

-Shhh descansa, no te molesto mas. Solo quería…

De repente un soldado entró en la enfermería. Era el que el primer dia que Maerie lo vió estaba azotando a Jorah. En ese momento recordó su nombre: Plumzo.

-Sabia que mis ojos no me habían engañado, y que había visto a una putita entrar aquí…-dijo con una sonrisa maligna en los labios.

-Señor, solo me equivoqué de tienda, estaba medio dormida…-intentó excusarse ella.

-Claro, y te pones a hablar con el Oso.- se acercó a ella y la agarró de los pelos. Jorah intentó incorporarse pero apenas pudo moverse.

-Suéltala, suéltala por favor…-gimió. Plumzo sacó un puñal y lo puso en el cuello de la joven.

-¿Qué es lo que has dicho?-preguntó desafiante. Jorah se quedó en silencio.- Vámonos, bien mereces un castigo por no estar donde debías y mentirme…Y ni se te ocurra hacer un solo ruido.-tiró de ella y tuvo que aguantarse gritar. No pudo ver a Jorah. Salieron de la tienda. Tenia mucho miedo. Sabia que como poco se llevaría unos azotes. A rastras la llevó a la tienda donde el dormía. En la puerta había tres soldados mas jugando y bebiendo.

-¿Qué nos traes, Plumzo? ¿Una potrilla?-dijo uno de ellos poniéndose en seguida de pie.

-Es mia. No molestéis y puede que os la deje luego-dijo el hombre y de un empujón la metió en la tienda.- Quédate ahí.- le ordenó. Maerie no se movió. El soldado comenzó a desvestirse.- Que obediente eres. Bien sabes lo que te conviene…- Se desnudó y tumbó a la chica contra el suelo, levantó su falda y agarró sus muñecas .

-Por favor… Por favor, no lo haga. Tenga piedad.-suplicó ella. Eso le molestó.

-Demasiada piedad estoy teniendo. Mas vale que te calles o te tendré que tapar yo esa boca, puta-le dio un bofetón y Maerie se estuvo callada. Fue violada varias veces hasta que el hombre quedó profundamente dormido. Luego salió, con la suerte de que no había nadie en la puerta, y corrió todo lo rápido que pudo hasta su cama, donde lloró en silencio hasta quedarse dormida horas después.