Trabajo, trabajo.

Sin duda se sentía más aliviado, ya no tenía kilos de suciedad en el cuerpo. El dolor era apenas perceptible, la cama era bastante cómoda y se sentía muy cálido. Abrió los ojos con pesadez y...recordo su situación. Giró y miró el viejo techo.

Aunque se haya bañado con los más caros jabones y tuviera los mejores trajes dentro de su baúl, en ese catillo no era más que un sirviente. Un insignificante y vil sirviente. ¡Ah, su hermano se las pagaría! Si él no le hubiera metido en la cabeza a su padre esa estúpida idea, probablemente estaria en el territorio marítimo de algún exótico país...

Se oyeron unos débiles golpes en la puerta, trayéndolo de vuelta a la realidad.

-Adelante- dijo con voz somnolienta.

-Buenos días, príncipe.- saludo Sugelly entrando en la habitación.

-Buenos días, princesa.- respondió frotandose los ojos.

La chica soltó una leve carcajada.

-Espero haya dormido bien.

-Lo suficiente.

-Esta es su ropa- indicó acomodando el bulto en una orilla de la cama.

Hans se incorporó, dejando al descubierto su pecho desnudo. La mujer que tenía delante suyo no se parecía en nada a la fémina que recordaba. Llevaba el pelo recogido en un rápido pero agraciado moño, que no evitada que algunos cabellos rebeldes se salieran de su lugar; lo cubría con un pedazo pequeño de tela y su blanca piel estaba limpia de sudor y mugre. Su uniforme, de un azul algo apaco, estaba impecable, el delantal parecía haber sido hecho con tela de leche por su blancura, su cintura era apretada por un grueso listón de un azul más oscuro al resto, acentuando levemente sus curvas.

Pero al parecer no sólo la dama era objeto de atención, Hans la atrapó justo en el momento en que miraba discretamente su pecho. Él levanto una ceja, y contrario a lo que esperaba, ella le sonrió y no hubo ni un rastro de rubor.

-No se demore- le advirtió mientras caminaba hacia la salida. Cerró la puerta lentamente, dejándolo sólo.

-Que descarada- bufó saliendo de la cama.

Tomó la primera prenda del uniforme, una camisa bastante simple, e inicio a vestirse. Estuvo listo apenas unos segundos después, peinó distraídamente su pelo y se observó. Debía admitir que se veía bastante bien con esa ropa, lo único que descuadraba eran las botas: altas y elegantes. Tal vez a la chica se le olvidaron los zapatos. Hizo su cama, y salió de la habitación, se quedó pensando con la mirada al frente. ¿A dónde debía ir?

-Veo que le gusta acatar ordenes- oyó comentar a la melodiosa voz de Sugelly. Giró un poco y la encontro sentada a unos metros de la puerta. Se incorporó ágilmente y caminó unos pasos.

-Sigame, es hora del desayuno.- le ordenó.

-¿Qué hora es?- preguntó mientras empezaba a caminar.

-Pronto serán las cuatro de la mañana.

-Vaya- susurró.

-Sí, bueno ¿qué se le va a hacer?

Continuaron en silencio, la chica caminaba velozmente, pero a Hans no le era difícil seguirle el ritmo.

-Pensé que tomaría un baño- comentó por sobre el hombro la joven.

-Sólo me baño de noche.

El silencio volvió a hacer acto de presencia unos minutos, hasta que una idea loca inundó la pelirroja cabeza del mayordomo.

-Y, dígame- sintió unas ganas de reir anticipadas ante lo que iba a decir- ¿aprueba mi pecho?

No pudo ocultar la sonrisa maliciosa que se formó a causa de su impertinencia.

-Bastante agradable a la vista- respondió despreocupadamente la dama.

El ojiverde rió.

-Me alegra que le guste.

-Me alegra que le importe mi opinión.

-Resuelvame una duda ¿le parece perfecto?

-No hay nada perfecto.

El joven hizo una exclamacion de sorpresa.

-¿Cree que necesito mejorar algo?- preguntó con una fingida preocupación.

-¡Claro!- dijo ella girándose- permita que se le admire en silencio. Monsieur, no es de buena educación hacer este tipo de cuestionamientos a una jovencita ¿se da cuenta en la incómoda situación en que la pondría?- chasqueo la lengua.

-Es sólo una forma de hacerles pagar por curiosas- contraataco él sonriente.

-¡Pero que malvado es!- expresó ella con drama, llevándose una mano al pecho.

-Y ¿la cocina dónde esta?- preguntó para dar por finalizado el asunto.

-Eso no debería interesarle mucho, nuestro destino es por aquí.- indicó retomando la marcha, permitiendose sonreir al fin.

Rápidamente llegaron a lo que parecía ser un comedor comunitario. Apenas entraron, Sugelly se perdió entre la poca multitud, abandonandolo a su suerte.

-¡Muchacho! ¡por aquí!- lo llamó Gerda desde la distancia. Suspiró con cierto alivio y caminó en dirección hacia la señora.

-Apresúrate a comer, la reina ya va a despertar y tú deberías estar listo para atenderla. Después de ella, a la princesa...pero ahí no habrá demasiados problemas, nunca se levanta temprano. Tal vez incluso alcances a almorzar antes.- le informó apresuradamente.

La comida tenía buen sabor, incluso iba a comer doble ración, de no haber sido porque se le hacia tarde.

-En el almuerzo podrás comer cuánto quieras- le prometió Gerda empujándolo hacia la salida.

Casi le pedía que volará para llegar a tiempo a la recámara de la reina.

-...no tendrás problemas con el agua de su baño, siempre es fría.- le comunicaba- su guardarropa es exactamente igual, así que no importa cuál vestido elijas...deben enseñarte a peinarla

-¿No se encarga de eso su doncella?

-Esas pobres muchachas también tienen vacaciones, y tú serás su remplazo.

Su nariz se arrugó involuntariamente, ese si era el colmo. ¿Qué él peinará a dos mujeres? Y además ¿qué esas mujeres fueran Elsa y Anna?

Le sería verdaderamente humillante soportar eso por dieciocho malditos meses.

-Toca suavemente, no tiene el sueño pesado- le indicó la señora deteniendose frente a una enorme puerta.

Hans acercó su mano y dio unos golpecitos.

-¿Majestad?- llamó- es hora de levantarse.

Dio otro par de golpes.

-¿Sí?- respondió somnolienta Elsa.

-Es hora de levantarse- le dijo una voz extraña.

-¿Quién es?- preguntó un poco más atenta.

-Soy yo majestad, Hans.

-¿Hans?

¿Hans Westergard? ¿Qué estaba él...? Los recuerdos vinieron rápidamente a su cabeza.

-Adelante- dijo levantándose.

El pelirrojo entró titubeante, le clavó la mirada y no se la despegó por algunos segundos.

Elsa se dio cuenta de su estado, tenía todo el pelo revuelto y estaba en ropa de dormir. Un intenso rubor cubrió inmediatamente sus mejillas de porcelana.

-Buenos días- saludo con la mirada baja, no podía mirarlo a la cara.

-Buenos días, majestad.

El silencio reino en el lugar, involuntariamente Elsa ocasionó un leve descendo en la temperatura.

-Voy...- el chico parpadeo un par de veces- voy a prepararle el baño.

Caminó rápidamente, entró al cuarto de baño y poco le falto para azotar la puerta.

Ese pequeño momento de tensión también le resulto incómodo. Puede que fuera todo un conquistador, pero jamás aprendería cómo actuar frente a una mujer tímida en situaciones comprometedoras (aunque aquella no lo fuera del todo) y menos si ella mostraba su incomodidad congelando todo.

Y Elsa...se llevó una mano al pecho e intento tranquilizarse. Él era un hombre, sí, pero era parte de su trabajo, no tenía nada de comprometedor o inmoral.

Inconscientemente jalo un poco hacia abajo el dobladillo de su traje para dormir.

-Su baño esta listo, majestad.- comunico el mayordomo minutos después.

-Gracias- susurró encaminándose al baño, esquivando al muchacho y entrando con rapidez. En cuánto estuvo dentro, puso el seguro.

Esperó unos segundos hasta estar segura de oírlo en movimiento. Le sería imposible acostumbrarse a esa situación.

Se despojo de su ropa, deshizo la destrozada trenza y entró en el agua, enfriandola al instante. Percibió el olor tan característico, al parecer ese hombre sabia como preparar un agua con olor.

Se permitió algunos momentos para relajarse, antes de empezar con la rutina de baño.

Estuvo lista unos minutos después, secó su cuerpo y se hizo un vestido. Lo que menos quería era ser protagonista de una escena más embarazosa con el ex-principe.

Pero al salir se encontró con la habitación vacía. Un vestido, en conjunto con los zapatos, estaban perfectamente acomodados sobre la cama (que ya estaba hecha). Suspiro. Bueno, al menos se evito el mal trago de volver a verlo.

No debemos olvidar que la historia se desarrolla en 1800 y tanto, por ello es que el que Hansi viera a Elsa así les resultó incómodo. Era casi como verla desnuda xD