III

Baño de Sangre

Alucard resquebrajo sus pulidos colmillos al verse rodeado de semejante manada de no muertos. Todos poderosos, todos unos verdaderos animales nocturnos. Apenas había comenzado su ronda nocturna fue llamado por cada uno de ellos a enfrentarle, él gustoso marchó. Ahí vio a Henry, sonriéndole con aquel gesto de locura, superior aún al suyo, observándole atentamente, tras él, muchos no muertos atentos a sus movimientos, esperando la orden (pues era seguro que alguien les dirigía) para atacarle.

Como se divertiría aquella noche.

El invierno había comenzado hace muy poco y las nevadas ya azotaban con regularidad en Hamburgo. Le gustaba esa perspectiva; la nieve cubierta de sangre, resultaba casi poético. Muy parecido a lo que siglos atrás viera en su nación. Henry se acercó entonces, caminando lentamente, con aire desenfadado y seguro.

— Nos volvemos a ver — dijo con tono casi alegre.

— Lo he notado… — contestó el vampiro sin dejar de reír — …me complace ver que has traído tus esbirros para ponerte a la altura — Henry sonrió.

— He admitido que contra ti nada soy… — ahora la mueca de Alucard era casi placentera — pero en algo te equivocas… Estos no son mis esbirros…

Entonces como aparecida de la nada, sobresalió una forma por encima de todas. Llevaba largo rato ahí, mas recién se percataba el vampiro de lo poderosa que era, había sido deliberado, fuera quien fuera le observaba hace rato, pero solo ahora mostraba su verdadero poder.

— Supongo, entonces, que vuestros son... – dijo Alucard desapareciendo de la vista de todos los presentes, para posarse tras esa energía con forma vampírica.

Era alto y de cabellos canos, no se mostró perturbado ante la presencia del vampiro, de miembros largos tenía un aspecto similar al de Alucard, aunque su tez estaba desfigurada por el tiempo, sus facciones no eran reconocibles con facilidad, su desordenado cabello le cubría parte del rostro y más difícil resultaba definir sus formas. Dio un largo suspiro y en el parecían contenidas muchas edades humanas, muchos conocimientos de todos los universos, muchas lenguas de las que incluso ya no se hablan, mucha energía pútrida y nueva. Él era todos los que ahí estaban, a él pertenecían pero resultaba indescifrable, para Alucard, cuánto.

— No... Puedo llamarlos míos Adrien, puesto que no me pertenecen, si te refieres, sin embargo a sí yo les cree, lo hice, pero los hijos no son de un padre pues este no rige sus vidas, quizás sea una conducta muy humana, mas mí no vida junto al último de ellos, ya no es más. Ya han tomado de mi todo lo que necesitaban — la voz parecía quejumbrosa pero no lo era, estaba en ella la sabiduría y el reproche. Le pareció que todos vieron lo mismo, pero que solo él comprendía.

Aquel ser no podía ser su rival, no sería capaz de darle muerte, no porque le faltaran fuerzas o valor para retarle sino porque no valía la pena destruir a semejante espécimen, si un vampiro, mereció alguna vez el respeto de Alucard, fue ese y nadie más.

— ¿Cómo conoces mi nombre? — preguntó intrigado, ya no estaba extasiado, no se vio amenazado y la masa de seres parecía a su vez respetar a aquel "anciano". Ya que ninguno se movió o mostró un aire hostil, con el cual le recibieran.

— Hace mucho oímos la historia de tu padre... y mandamos a nuestros ejércitos humanos en su caza, fuimos nosotros también, le destruimos como ser. Aunque no sabíamos de vuestra existencia, hasta que os hicisteis de Danae — el nombre resonó a solas en el cerebro del vampiro y como si hubiesen abierto una puerta nueva, recordó al ser que poseía ese nombre — ella se marchó con mi amo... y ahora es él quien me ha reclamado vuestra muerte y la del ser al cual llamas maestro — Entonces el tono del ser se volvió amenazante y vio Alucard lo que podrían hacerle a la muchacha.

Sin embargo ningún aire amenazador se vino a posar sobre él.

— No puedo permitir semejante actuar — sonrió Alucard retrocediendo con paso calmo y tranquilo.

— De eso... sabes muy bien podemos encargarnos — Alucard nuevamente rió complacido ante la idea de destruir a semejante manada de engendros.

— ¿Es un reto? — preguntó burlesco, entonces fue el ser quien desapareció de su vista y junto con él, muchos de la manada. Como si la voz resonara en su cabeza ordenó.

"Henry... me informaras lo que aquí ocurra"

Entonces el aire cambio, se hizo viciado y tenso, Alucard rió fuertemente.

— ¡En verdad has venido a complacerme anciano! — gritó al verse rodeado de al menos unos ocho vampiros. Henry se había posicionado en un tejado lo suficientemente lejos como para no participar en la comunal gresca que se avecinaba.

Alucard estaba más que excitado, aunque el resto se hubiera marchado, los restantes, presentaban un reto interesante, con solo mirarlos sabía que no debía de confiarse y eso le emocionaba aún más.

°~*OOO*~°

— ¿Que tal te llevabas con tu padre? — la pregunta de Lucian fue tan directa que Integra siquiera se dio el tiempo de pensarla.

— Creo... qué bien — contestó — me enseñaba — divago un poco —…muchas cosas — Se encontraba recostada Integra en una fina alfombra en el tercer piso de la biblioteca, descalza con los pies apoyados en el asiento de una silla observaba fijamente como Lucian ordenaba los libros en la estantería.

— Leí sobre tu padre — le dijo el muchacho dándole la espalda — Sobre su aporte para el imperio británico durante la segunda guerra — solo entonces Integra le puso atención, se levantó apoyando el cuerpo en sus codos.

— ¿Ah sí?... ¿Dónde lo leíste? — volteó entonces Lucian, apoyándose con cuidado en la escalera.

— Sale en la historia revisada del imperio británico — Integra le miró intrigada. Lucian río con tranquilidad mientras apoyaba los brazos en sus muslos — Incluso sale una foto de él cuándo su majestad le entregó una medalla por sus servicios... — Integra nuevamente se hecho hacia atrás cruzando los brazos tras su nuca.

— Según lo que Walter me contó, mi padre hizo una misión de espionaje... pero jamás me dio los detalles — Lucian fijó en ella su mirada, le agradaba sobremanera verla así, sonrío sin poder evitarlo y la muchacha le observo.

— ¿De qué te ríes?

— De ti... — Integra no supo cómo tomar eso.

— Oh... ¿Y en qué sentido te resulto graciosa? — La pregunta le tomó por sorpresa.

— Eh bueno... Es que tú eres Integra Hellsing, jamás cuando te observaba hubiera visto la posibilidad de verte como te veo ahora — Lucian no pudo reprimir el vago rubor que cubrió su rostro, generalmente no demostraba tan abiertamente su admiración por la muchacha, pero esas actitudes descuidadas de ella le habían cautivado, solo el mayordomo podía jactarse de conocerlas; aquel desmaraño para los modales que era Integra cuando se lo proponía, entendía Lucian que era esencialmente por el hecho de que ella confiaba en él. No le era desconocido que la chica se le había acercado por su inteligencia que era lo que finalmente le hacía sobresalir del resto.

— Oh... Walter me dice lo mismo, con estas actitudes difícilmente voy a convencer a la mesa redonda de confiar en mi — lo dijo con tono despectivo y ausente demostrando un sutil desprecio por semejantes comentarios a los cuales, finalmente, ya estaba acostumbrada.

— Quizás a él no le gusten — aventuró Lucian — a mí me encantan — finalizó mientras bajaba por la escalera, Integra abrió los ojos y le miró pero no recibió respuesta del muchacho quien colocaba la escalera en otro sector, el rubor también se hizo de ella, no solía socializar con mucha gente y en verdad consideraba un alivio el haberse topado con Lucian; Ingles, de clase y por sobre todo educado. También debía de agregarle su exquisita inteligencia, (para estar con ella, debía de tener). Le agradaba conversar con él y sentía que no debía darle respuestas de nada, pensaba que cuando finalmente cumpliera los dieciocho y Hellsing fuera legalmente de ella, le contrataría, no sabía en qué puesto pero lo haría.

Aun así no estaba acostumbrada a esa clase de halagos, no de él. Guardo silencio, no quiso decir nada para no arriesgar la situación y que a Lucian se le escapara otra frasecita, para ella, extraña. Entonces el muchacho, nuevamente bendito con su educación, le ahorro muchos problemas.

— ¿Quieres ver la foto de tu padre? — Le dijo mientras sacaba un grueso volumen, con el cual ella se apresuró a secundarle. Una vez abierto el libro Lucian buscó y en pocos segundos pudo dar con las páginas que le interesaban. Ahí estaba el titular de un diario más el comentario adjunto de la noticia. Finalmente el revisionista haciendo gala de su poder investigativo, daba las verdaderas razones de semejante honor. Observó con atención la imagen Integra, su padre no se veía muy diferente de la última vez que le viera, antes de morir, después recordó que Walter le había hablado de lo mayor que este podía llegar a verse. Vio la fecha de la foto databa de 1947, su padre no tendría más de veinte años recién cumplidos pero lucía como un hombre de treinta.

"Quizás tenía muchas preocupaciones"

Entonces notó dos presencias más que no había visto en su primera observación, entre los presentes diferenció la postura de Walter en un joven muy apuesto, sonriendo con gracia aplaudía a su padre, había otro muchacho quien se veía casi un niño, Integra pudo reconocer la mirada de su tío Richard y no le dio más de doce o trece años; con aspecto sumiso, le costó creer que fuera él. Finalmente y tras de todos vio Integra una difusa figura; era una niña joven que todas luces le recordó a Alucard, esa sonrisa sardónica lo decía y aquella mirada llena de ironía. No se atrevió a suponer que quizás el vampiro estuviera ahí junto a su padre y a Walter.

Si bien fue su padre quien le indicó que buscara la ayuda del No muerto cuando estuviera en peligro, se le hacía difícil creer que Alucard estuviera tan involucrado en la vida de su "familia", le parecía que su padre era demasiado correcto como para mezclarse con semejante ser, alguien que hedía a muerte. No tardó mucho en aceptarlo, por más que le desagradara y aunque no lo admitiera ante nadie, Hellsing jamás sería lo que es, si no fuera por Alucard

"Finalmente es nuestro ángel de la guarda"

Y se guardó muy bien de reír ante tal pensamiento.

— ¿Esta de acá quién es? — preguntó Lucian, señalando a una mujer que salía en otra fotografía ya tomada en la década de los setenta junto a su padre. Integra leyó el comentario adjunto de la fotografía, la cual anunciaba el enlace entre Arthur Hellsing y Darriane Habeg, hija de un importante industrial Hindú. Integra se estremeció al ver la fotografía.

"¡Mi madre!"

— ¡Oh…! — exclamó Lucian después de haber leído el comentario —…ella es tu madre — Integra se alejó con tranquilidad del libro, fue por sus zapatos y los calzó con rapidez, Lucian solo le observó.

— ¿Ya te vas...? — Integra se arregló el cabello y asintió con naturalidad, no quiso que Lucian se diera cuenta de su perturbación.

— Si... debo de terminar un ensayo… ¿A qué hora nos vemos? — sintió que si no decía nada más Lucian sospecharía.

— Eh...hoy no puedo, debo de ir a la ciudad a buscar un encargo de mi padre.

— Oh…— el gesto de pesar fue tan bien actuado que Lucian se sintió agradablemente esperanzado, mas le resulto grato a Integra saber que no le vería el resto de la tarde – Hum... ¿Entonces nos vemos mañana? — Lucian asintió sonriendo, Integra se despidió con tranquilidad y procedió a retirarse.

Pero su pensamiento era un mar de caos, nunca había visto una foto de su madre, aunque Walter no se lo dijera, ni su padre intentara siquiera recordarlo Integra sabia porque todos guardaban silencio cuando por ella preguntaba, lo supo en cuanto sintió sus frías manos en su pequeño cuello, jamás había confiado en ella, y los vagos recuerdos que tenía simplemente le daban lo mismo.

"No pueden exigirme mucho… al fin de cuentas ella quiso matarme"

Aun así se vio algo molesta ante semejante sorpresa. No esperaba verla nunca más, había deseado no verla nunca jamás.

°~*OOO*~°

La noche estaba helada, había dejado hace algunos segundos atrás el bus que le había llevado al centro de la ciudad. Tenía Hamburgo, para el joven Lucian, la misma patología que las odiosas ciudades centrales, sufría de un exceso de ruido, molesto y desagradable. El, acostumbrado al silencio y a la calma se deleitaba en el ambiente de la escuela Luterana; esta representaba todo lo que para él era orden y nobleza, además, y esto quizás nadie lo notaba, aquel lugar influenciaba de muy buena manera en su desordenado y desgarbado hermano.

El ruido y ambiente hostil le recordaba demasiado a su hogar y con ello a lo que en ese lugar sufría el menor de los Wilbanks. La Escuela Luterana no daba crédito a los egoísmos y preferencias entre el profesorado, si bien un alumno podía ser más desagradable para algunos profesores, estos no mostraban bajo ninguna circunstancia ningún favoritismo hacia nadie, aunque lo tuvieran. Un ambiente de seria disciplina era lo que a Dante le hacía falta y ahí lo recibía con creces. También estaba la muchacha, de quien Lucian gustaba mucho; era seria y comprometida, inteligente y disciplinada. A su gusto un gran ejemplar de cómo las damas británicas debían de ser.

Aburrido de una sociedad en la cual las mujeres solo servían como muñecas de adorno, Integra representaba toda una nueva generación de nobles damas, que preferían instruirse antes de caer en la impertinetica moda del gusto y la estupidez. Conocía de la familia de ella más de lo que decía, sabia la historia de la muerte de su padre y había averiguado lo ocurrido con el supuesto fallecimiento "natural" de su tío.

Por orden de su majestad, el servicio secreto hizo correr el rumor de una supuesta sublevación de Hellsing, a manos de Richard, y que esta era finalmente la razón por la cual Integra había sido elegida para guiar a la casa, fuera de ello existía la versión a su vez oficial de la muerte de semejante noble, muerte natural, debido a una "hemorragia" interna, ambos rumores eran creíbles y los únicos a los cuales se les había dado importancia. Lucian manejaba toda esa información y le resultaba admirable que la muchacha fuera capaz de asumir tal responsabilidad a edad tan temprana, eso la hacía más llamativa a sus ojos y el comportamiento de ella aquella tarde le había dado más que una pequeña esperanza.

Entró al correo de la ciudad en busca del encargo enviado por su padre, junto a él una carta.

"Que extraño"

El patriarca de la familia no solía enviarle cartas a ninguno de los dos. Debería de romperla después para que Dante no la viera, el mensaje así decía.

Querido Lucian:

Conforme con vuestros resultados académicos, envía mis felicitaciones a tu hermano, por haber logrado semejante resultados. Me alegra saber que no se ha dedicado a solamente malgastar el dinero que les envío.

Más conforme aún quede al saber, por parte del sirviente de ella, quien al parecer figura como su apoderado, el que hallas entablado relaciones con la Srta. Hellsing.

Al leer esto Lucian se emocionó; "Entonces le ha hablado a Walter de mí"

Si eres inteligente… — continuó leyendo — …como yo lo creo, sabrás lo importante de concretar una buena relación con dicha Srta.

Este tipo de ideas Lucian las esperaba continuamente de su padre, siempre buscando una oportunidad para pertenecer a la nobleza.

De esa manera podrás ayudar mucho a tu padre, quien como sabes se desvive por ti y por tu hermano.

Me despido entonces, les he enviado un regalo a ambos, perteneció a Duncan Cornald, capitán de las armadas británicas a cargo de la defensa de Inglaterra, en el siglo XVI servidor de su majestad Elizabeth I…

El resto de la carta era sobre asuntos sin importancia como la historia y hazañas del personaje ya nombrado.

Una vez finalizaba y tal cual ello había pensado se deshizo de la misma arrojándola a la basura. Miró a su alrededor y con algo de pánico, el cual no supo de donde venía, notó lo sombrío que estaba lugar, había mucha gente para su gusto pero se tranquilizó al pensar lo extraño que le resultaban los Alemanes; todos altos y pálidos ellos no parecieron darle importancia y solo el que se veía más viejo en el lugar fijo en Lucian su mirada, este a su vez también llamaba la atención, aunque prefería obviar ese detalle de su apariencia y recogió su encargo.

De pronto, pues le aprecio haberlo soñado, se encontró solo en el lugar, ya no había nadie con él, la sala estaba vacía y solo unas pocas personas y el personal de atención se encontraban ahí parecía que nadie más había visto lo que él, así que simplemente intento dejar de pensar en ello. Un poco más alterado salió del lugar y observó la Avenida. Neuer Wall la vio demasiado transitada para su gusto. Sin embargo se encaminó tomando la Avenida Alsterarkaden para llegar a Bleichenbrücke, la cual le conducía más cerca del teatro Ohnsorg. Esquina en la cual pasaba directamente el autobús que lo llevaba a Winterhude.

No supo en que parte se perdió o donde extravío el camino. Buscó una y otra vez las calles, mas notó que aunque lo quisiera parecía perdido en un laberinto, pues una y otra vez se topó con la misma señalización y llegando siempre a la intersección entre Alsterarkaden y Bleichenbrücke.

Se acercó a un teléfono público pero este no funcionaba ¿Qué ocurría en aquel lugar? Una espesa niebla que le recordó a su lejano hogar nubló todo, de pronto como si fueran ruidos de otra época, escucho gritos y risas, gemidos y el inolvidable aire de una sangrienta batalla, que cerca, muy cerca a su pesar, se perpetuaba, había además extrañas luces iluminando ese lugar, pero eran tan tenebres como el ambiente que no sabía si acercarse o no, le pareció una estupidez, creer lo que estaba pensando. Todo era extraño, sí, pero no irreal. La sola sensación de creer, que en verdad una batalla se perpetuaba cerca le pareció ridícula y bajo ese pensamiento se dirigió a ella.

No lo esperaba en lo absoluto, era mucho de peor de cuanto imaginara, ahí en un perdido callejón de la molesta Hamburgo una demoníaca y a la vez desigual batalla se cernía ante sus ojos. Eran cómo diablos enloquecidos danzando ante la inminente muerte de otro, parecía sin embargo que este no se iba solo, rápidamente el cerebro de Lucian, lo absorbió todo y llegó a la conclusión más acertada que vio en aquel momento; aquella bestia amarrada y de blancos y largos cabellos había destruido a cinco de los que le atacaban, tres habían logrado inmovilizarse, aun así este parecía reír ante la situación se mostraba excitado y para nada atemorizado.

¿En qué clase de pesadilla se había metido, cuando iba a despertar?

Entonces todo se hizo claro, al menos eso creyó él, como impulsado por una voluntad anexa y ajena a la propia, él se adentraba en la batalla, en ayuda de aquel ser, al cual torturaban, una gran sombra negra que parecía salir del suelo le tenía atrapado, mientras que las otras bestias, parecían buscar dentro del vampiro algo.

"Apresúrate esto me está quemando"

Sin más tomo una gran arma, muy pesada para él, pero la cual manejaba sin problemas, apuntó y con una certeza que jamás había conocido disparó a la cabeza de uno de ellos, esta cayó reventada y hecha cenizas.

Lucian poco y nada entendía solo obedecía y a esto se le agregaba una tranquilidad y placer insospechados. Con más calma de la que se necesita en semejante situación, tomó la cabeza del primer caído, mientras Alucard se las arreglaba con el resto y vació el cargador de Cassul en esta. Luego se apartó con aún mayor tranquilidad y vio ante sí aparecer a Cromwell, quién veloz y letal devoro uno a uno los cuerpos incluso aquellos ya destruidos, Lucian cayó en un hondo estupor y no supo nada más de nada.

°~*OOO*~°

Cuando despertó, se vio solo. Ya era de día y como si fuera un ebrio todo se le hacía borroso y poco claro, nada recordaba de cómo había llegado ahí, vio entonces la caja que su padre le enviara y recordó porque estaba en la ciudad. Se extrañó sin embargo de verse lleno de un viscoso líquido que a su gusto era sangre pútrida, lo olió y vomito. Aun así nada pudo recordar, por unos momentos temió el haber sido víctima de algún ladrón, violador o psicópata que pudo haberlo intoxicado con alguna sustancia, pero no le parecía factible, tenía encima todos sus enseres valiosos, así como el dinero. Tiritando de frío le pareció que lo mejor sería ir a un hospital a constatar que nada hubiera "ingresado" a su cuerpo sin su consentimiento.

Obviamente no lo sabía y si se lo hubieran tratado de explicar habría estallado en carcajadas. Alucard lo había utilizado a su gusto y reía al ver al muchacho, bañado en sangre de vampiro. Recordó, mientras le observaba, el placer que notó en aquel joven rostro, cuando sin oponer ni la más mínima resistencia dio muerte al vampiro más poderoso de aquella traicionera manada.