Niano niano... He aki el cap 3 =w= recien corregido... (son lass... doce menos cinco de la noxe... mañana hay instituto a las 8 am... m muero... =.=)
me gusta este cap XP aunke creo k es de los tontorrones tmb... cada cap consta de una unica escena 'utopica' o 'ideal', donde se vean a sirius y a remus en actitudes cotidianas pero con un toque moe ^^ a veces me embrollo mucho para mostrar este tipo de escenas... =_=U gomen!
han probado a leer fics con la dsi? o con cualquier dispositivo movil! los fics se hacen mas largos, y las faltas de ortograia no se resaltan tanto... ademas una nintendo o un movil es mas manejable que un portatil o un pc de sobremesa ÙwÚ desde aqui un saludo a los ke leen por la Dsi! (propiedad de nintendo etc etc)
V.V parece que de momento no hay muchos reviews... me seguire esforzando para verlos crecer paulatinamente! de verdad, son un gran apoyo para los escritores V^V son un reflejo de si alguien "ha estado ahí"...
(cuanto me he liado hoy O.o la falta de sueño...) sin mas dilacion, cap 3! XP
-¡Píllala, James!
Potter volvía a atrapar la nuez dorada con expresión triunfante en la cara. Desde abajo, en la hierba, las personas que habían ido a ver el entrenamiento le aplaudían.
Curvó el mango de su escoba en dirección al suelo para aproximarse a él. Una vez sobrevolaba el campo a una altura de dos metros, más o menos, se dejó caer para aterrizar grácilmente sobre los pies, causando suspiros de admiración en la mayoría de las féminas y en algún que otro varón.
- ¡Muy bien! ¡Si jugamos así en el partido, fijo que machacaremos a los gilipollas de Slytherin! -predecía Sirius. Él también se había bajado de su escoba y caminaba cansado pero feliz por la hierba.
Desde las gradas Peter y Remus observaban el juego junto a un par de personas más. El rubio gritaba y animaba chillando a sus dos ídolos, mientras que Remus analizaba sus jugadas mentalmente. De vez en cuando también volvía su vista a un libro que traía en su regazo, y lo ojeaba un poco.
- ¡Vamos, Remus! -animó Pettigrew al castaño para bajar al campo, a felicitar a sus exhaustos amigos. Los demás jugadores del equipo se dirigían hacia los vestuarios o a saludar a sus amigos.
Descendieron por las gradas hasta llegar con los dos Marauders restantes. Hicieron algunos comentarios sobre cómo les había salido el entrenamiento ("¡Tío, esa bludger casi me mata!", "¡Batí mi récord! Atrapé la snitch en tan sólo dos minutos con diez. ¡Fijo que Evans se quedó maravillada!").
Se metieron en el vestuario. Sirius fue a ducharse en lo que James se cambiaba, ya que éste último apenas había sudado. Remus y Peter los esperaron sentados en el banco de madera dispuesto en la zona de los cambiadores.
- Ah, estoy muerto. - James acababa de colocarse su uniforme y regresaba con Peter y Remus. - Sólo tengo ganas de ir a la habitación y sobar el resto de la tarde...-se quejó Potter mientras se sentaba con sus amigos, concretamente junto a Pettigrew.
- Normal, hoy te has esforzado mucho. -le aduló el rubio con una sonrisa boba en su cara.
- Más le vale a Sirius que no tardar...- Se recostó en la pared, acomodándose.
- Oye, James... ¿No era hoy cuando Evans hacía aquello con las demás chicas de Gryffindor? -le preguntó Peter.
- ¿Aquello...? - Le costaba recordar a qué se podría estar refiriendo Pete. Cuando cayó en la cuenta, se levantó de su sitio como si tuviera un resorte. - ¡Es verdad! ¡Un espectáculo muggle! ¡"Gimnasia ritmítica", creo que lo llaman! - Remus creyó ver cómo se le iluminaban los ojillos. Se abstubo de corregirle "Ritmítica". - ¡Tenemos que ir a verlo!
- Pues hace como...- Peter miró su reloj de pulsera. - Diez minutos que empezó...
- ¿Qué? ¡Mierda! ¡Encima lo hacen en el pabellón 4! ¡Tardaremos horas en llegar! - Su tono de voz cambió a uno exageradamente dramático. - ¡Sirius! ¡Por tu padre! ¡Termina de ducharte ya!
Remus se compadeció de su amigo al verlo lloriqueando de esa manera.
- No pasa nada. Yo esperaré por Sirius. Id a ver a Lily.
- ¿De verdad? ¡Muchas gracias, Remsie! -le agradeció.
- Pero espera...- Le entregó a James el libro que portaba. - Si la veis, ¿le podéis dar este libro? Le prometí que se lo iba a prestar...
- "Hechizos para mil y una ocasiones". - James leyó el título en voz alta. - ¡Cómo no, Remsie! ¡Y gracias! - Como una exalación agarró su mochila y a Peter de la manga y salió disparado por la puerta, gritando cosas por el camino del tipo: "¡Evans! ¡Espérame, que ya voy! ¡Wijijiji...!"
Remus no supo qué hacer con sus manos. Dio mentalmente las gracias a Lily, a sus amigas muggles y a que les gustase hacer coreografías. Aquella era otra gran oportunidad para estar cerca del chico que le quitaba el habla y la respiración, y, desde hacía un par de semanas, también el sueño.
Le gustaba compartir momentos a solas con Sirius. Se contentaba con eso, ya que nunca podría esperar a algo más. Volvió a lamentarse por el hecho de haber nacido hombre y que encima le hubiera tenido que morder un licántropo de niño...
Sí, si hubiera nacido de una manera totalmente distinta, podría haber tenido al menos una oportunidad con Sirius...
Black dejaba que el agua tibia resbalase por su bien formado torso. El agua comenzaba cayendo constantemente en su coronilla, para ir descendiendo suvemente por sus cabellos azabaches, perdiéndose luego por toda su piel, desde la fornida espalda hasta el plano y trabajado abdomen, llegando a morir en las torneadas piernas.
Pensó en su sueño de aquella noche. No, no había significado nada. Simplemente, no podía significar nada. Las imágenes de Remus susurrándole al oído con aquella voz tan profunda y sensual... Sus manos recorriendo toda su piel, buscando memorizar hasta el más mínimo centímetro expuesto... Aquellos sonrosaditos labios que le llamaban prácticamente a gritos, y a los que él no había podido resistirse...
Sí, el de la noche anterior había sido uno de los sueños más interesantes de toda su vida.
Apoyó sus manos en la pared de la ducha. ¿Por qué últimamente no podía sacarse a Remus de la cabeza? ¿Por qué ahora bajaba la mirada y hablaba menos cuando él andaba cerca? ¿Por qué el primer pensamiento que se le venía a la mente cuando se miraba al espejo cada mañana era "¿Le gustará a Remus esta camisa?"...?
Vale, reconocía que Remus tenía un cuerpo bonito y una cara linda, igual que él. Entonces por qué se sentía así? ¿De dónde provenían esas "mariposas" que revoloteaban sin descanso en su estómago cada vez que su mirada y la de Remus se cruzaban?
Aún con estos pensamientos cerró la llave del grifo. Salió de la ducha, con una toalla anudada a la cintura como única vestimenta. Cientos de cristalinas gotas de agua resbalaban por su piel, perdiéndose en el suelo al caer. Hacía un rato que no escuchaba ruido en la sala contigua, así que supuso que sus amigos se habrían ido ya. Por ello, no tuvo ningún reparo en salir de las duchas para ingresar en el vestuario tan fresco.
Mas cuando llegó al centro de la sala y se sentó en uno de los bancos centrales reparó en la presencia de alguien más en la estancia.
Se giró para comprobar quien era la persona que compartía en ese momento la habitación con él. El corazón le dio un vuelco impresionante al ver que era Remus, quien ni siquiera le miraba directamente, al fondo de la sala.
"Analicemos la situación. Estoy semidesnudo, con Remus, totalmente a solas..." -, pensó para sí mismo Black. Aquél pensamiento no hizo más que ponerle aún más de los nervios, si es que aquello era posible.
- Ah, Rems... ¿Y los otros dos? -, le preguntó con algo de corte por la situación en la que estaban.
- Em...Se fueron a buscar a Evans... Y yo... No sé, me pareció feo dejarte solo así que... me quedé a esperarte... -dijo también algo cortado. Aunque Sirius no se percató de esto, ya que Lupin había bajado un poco la cabeza y el flequillo le tapaba los ojos. La había bajado en parte por la vergüenza, en parte porque si continuaba mirando tan descaradamente al ojigris, éste no tardaría en darse cuenta de ello.
- Ah... Pues gracias. -le respondió escuetamente.
Sirius agarró la bolsa donde guardaba su uniforme y comenzó a vestirse despacio, de espaldas a Remus. La sola idea de saber que el pelicastaño podría estar mirándole le encendía, y bastante. Al saberse observado, inconscientemente sus movimientos se tornaron suaves y contoneantes, a la par que algo provocativos. Sirius no se cortaba un pelo a la hora de mover sus caderas para que le entrase bien el pantalón, o de arquear la espalda (de forma que su redondito y respingón culo era también resaltado) para colocarse la camisa. Todo esto realizado de manera que pareciese natural, y para nada intencionadamente.
Remus se comía con los ojos al pelinegro. Agradeció que se vistiese de espaldas a él, ya que así él podía observarle sin casi temor a ser sorprendido. En ocasiones bajaba su mirada, bien por prudencia o bien porque los gráciles movimientos de su amigo superaban su límite. Cuando a fuerza de mirar a sus pies y de contar hasta diez mentalmente lograba calmar su excitación un poco, continuaba con su tarea de observar cómo se vestía Sirius.
Una vez que acabó de colocarse sus prendas, Black se volteó hacia Remus. Éste tenía la cabeza agachada, mirando al piso. Entonces, ¿ni siquiera le había mirado? Joder, tanto contoneo para nada... Se pateó los huevos mentalmente. ¿Y qué coño le importaba a él si Remus le miraba o no? Los pensamientos que recientemente había tenido hacia él no significaban nada. Tendría que quitarse esas paranoias de la cabeza de una vez por todas.
Fue hasta donde su amigo con su mejor sonrisa en la cara, aunque dentro de sí tuviera un mar de confusiones. Y la situación del castaño no era mucho mejor...
- ¿Vamos? - Le tendió una mano al ojimiel. Éste le sonrió también, y la aceptó. La usó como apoyo para incorporarse del sitio y ponerse en pie.
- ¿Vamos ya a la habitación o a buscar a esos dos mendrugos? -inquirió Black.
- No sé, me da igual... -añadió Remus. Mentira: cuánto más tiempo a solas estuviese con Sirius, mejor para él (y peor para su corazón).
- Pues no sé, mejor si vamos primero a...- Agarró el pomo de la puerta de los vestuarios, que conducía a la salida. Mas por mucho que trató Sirius de abrirla, ésta no cedió. - ¿Eh? ¿Qué le pasa a esto?
Remus palideció un poco al darse cuenta.
- Sirius... ¿No dijo Dumbledore algo sobre esto a principios de curso? -le preguntó con algo de preocupación en la voz.
- ¿Sobre esto...? - Las palabras dichas por el director dos meses atrás resonaron en su mente: "Y como medida preventiva ante las plagas de duendecillos, durante el mes de noviembre las puertas de las habitaciones públicas, tales como los escoberos, los vestuarios, baños y demás permanecerán cerradas con un hechizo de contención a partir de las nueve en punto de la noche, volviéndose a abrir a las ocho y media del día siguiente..." - Espera... ¿A qué coño se refería Dumbledore?
- Es por los duendecillos. ¿No te acuerdas de los años pasados? En noviembre es cuando más proliferan sus colonias...-le recordó. - Son tantos que se suelen meter en donde pueden, como baños, armarios y cosas así, para hacer travesuras a los humanos...
- Entonces, ¿estaremos aquí encerrados hasta mañana sólo porque Dumbledore tiene miedo de ir un día al váter y encontrarse con un duendecillo surfeando en su bañera? -preguntó retóricamente Sirius, visiblemente cabreado.
- Eso parece. - Por un lado, no le gustaba nada la idea de pasar la noche en un vestuario, y encima sin comer... Pero por otro, poder estar más tiempo con Sirius le parecía muy tentador.
- Ah, pero espera...- Se le iluminó la mirada. Fue corriendo hasta su mochila y la abrió. Rebuscó un poco en ella, para acabar frustrado y con Remus mirándolo interrogante. - Joder, puto James... El muy gilipollas se ha llevado mi mochila por error...
- ¿La mochila?
- Sí. Pensaba usar mi varita, o la suya en este caso, para reventar la cerradura... Pero parece que él no se la ha traído. - Miró a Lupin suplicante, como diciendo: "Dime que tú sí que te la has traído...". Como toda respuesta obtuvo una silenciosa negativa.
- Mierda...-despotricó Sirius. Escogió un sitio cómodo en el suelo, acolchado por su bolsa de deporte vacía y por la mochila de James, y se sentó. Remus dudó de si sentarse a su lado o no, pero al ver las indicaciones de Sirius dándole a entender que podía hacerlo, se sentó sin mayores preámbulos.
Aún les quedaba una larga noche por delante...
- … Y le digo: "¡Que tú a mí no me llamas delincuente, tío!", y le cerré la puerta en los morros.
Remus reía por la anécdota de Sirius. Llevaban hora y media de confinamiento, pero lo cierto era que se les había pasado volando. Los primeros diez minutos, insufribles, pero después se habían ido soltando y ahora las risas surgían de hasta lo menos pensado.
- Joder, qué tío más loco aquél... ¿Qué más te dijo? -le preguntó Remus.
- Nada, que si que me iba a abrir un expediente, que si no sabía con quien estaba hablando, que si me iba a cagar...-continuó narrando el pelinegro. Le gustaba hacer reír al castaño.
- ¿Y qué le dijiste?
- Le dije: "¡Que sí, coño, que me parece muy bien, pero ya te he dicho que yo ni siquiera estudio en este instituto tuyo, tío plasta!"
Ambos chicos volvieron a reírse con ganas. Remus comenzó a narrar una anécdota suya.
- Nah, yo una vez conocí a un tipo que a la mínima te...
No pudo terminar su frase, ya que un fuerte y atronador sonido resonó en toda la estancia. Remus se quedó completamente estático.
- ¿E-eso ha sido... un trueno? -preguntó con voz queda a su amigo.
- Sí, creo que sí. Joder, ha sonado muy cerca...- Aquel comentario intranquilizó aún más a Remus.
Pronto oyeron el caer de gotitas de agua repicando en el techo, que en poco tiempo fueron aumentando su intensidad hasta convertirse primero en un chispeo para acabar en lluvia moderada. Un agitado Remus se abrazó a sí mismo y se encogió donde estaba.
- Lo que faltaba, encima una tormenta...-se quejó el pelinegro. Otro trueno, algo más fuerte que el anterior resonó en el exterior.
Remus bajó la cabeza hasta ocultarla entre sus rodillas, las cuales tenía rodeadas con sus brazos. Sirius reparó en la extraña posición de su amigo.
- Oye, Rems... ¿Te encuentras bien? - Levantó su mano y la aproximó hacia el pelicastaño, acariciándole el hombro.
- S-sí... Yo...- Volvió a resonar otro trueno. - ¡Ay!
Se encogió aún más. Sirius se percató de ello. Sujetó a Remus con firmeza y lo acercó a su pecho.
- No te gustan las tormentas, ¿verdad? -le susurró. Le abrazó, rodeando su cuerpo, queriendo demostrarle que estaba ahí para él. Remus, atónito, se dejó abrazar sin hacer ningún movimiento.
¿Qué se suponía que debía decirle a Sirius? Sí, las tempestades no eran su gran pasión, precisamente. En muchas ocasiones, y desde que era pequeño, había tenido que pasar la noche solo, debido a su condición de licántropo. No ayudaba el hecho de que vivía en una zona bastante tormentosa de por sí. Al final había acabado por generar una fobia a los rayos y los truenos.
Aún bajo el amparo de Sirius, negó con la cabeza, contestando a su pregunta. El pelinegro comenzó a acariciarle la esplada, tranquilizador. No le gustaba ver temblar a Remus. Sentía que debía abrazarlo y protegerlo, por lo que no le soltó en ningún momento. Aspiró el aroma que desprendía el pelo del ojimiel. Olía bastante bien; una mezcla suave de cítricos. Muy... Muy de Remus.
Lupin se estremeció violentamente cuando un potente trueno invadió el cielo. Sirius se apresuró a estrecharle más en su abrazo.
- Shhh... No pasa nada, Remsie... Sólo es sonido...- Continuó acariciándole. Incluso le dio un pequeño beso en la cabeza, gesto que no pasó desapercibido para Remus. Las palabras y la cercanía de Sirius le hacían sentirse bastante mejor. Comenzó a mover tímidamente su mano por el brazo de Sirius, en lo que fuera un proyecto de caricias. Black sonrió ante esta tierna muestra de cariño. La idea de pasar toda la noche así con Remus ya no se le antojaba tan mala.
La tormenta aún tardó como treinta minutos más en disiparse por completo. Treinta minutos en los cuales los dos chicos no se separaron en ningún momento. Conforme el tiempo transcurrido entre trueno y trueno iba aumentando, disminuía el temor y la inquietud de Remus, quien empezó a concentrarse exclusivamente en las manos de Sirius deslizándose suavemente por su espalda.
- Mira... Parece que ya está parando...-le animó Sirius. Por extraño que le pareciese, le había gustado mucho tener a Remus entre sus brazos, sólo para él. Era una cercanía bastante distinta a la que tenía con Peter o James. Este tipo de cercanía le ponía nervioso pero le calmaba a la vez... Quería que Remus le mirase pero a la vez deseaba volverse invisible cada vez que el ojimiel levantaba su mirada hacia él...
¿Cuándo exactamente habían comenzado esas paranoias con Remus que se le cruzaban tanto por la mente? ¿Seguía siendo la misma amistad? ¿O se trataba de un nuevo sentimiento completamente distinto?
Lupin levantó la cabeza bruscamente del refugio que le proporcionaba el pecho y los brazos de Sirius. Observó la puerta con detenimiento.
- ¿Qué pasa, Rems? -inquirió el ojigris.
- Me ha parecido oír algo ahí fuera... - Remus se mostraba preocupado.
- Yo no he oído nada...-discrepó. - Habrá sido una rama rota movida por el viento...
Tuvo que tragarse sus palabras. Fuera de los vestuarios sí que se escuchaba algo. Por lo menos, ahora claramente.
- ¿L-lo has...? -dijo Remus en voz muy baja.
- Sí, ahora sí. -respondió de igual manera el pelinegro.
- Parecen... pasos...
- ¿Pasos? ¿Y qué persona en su sano juicio vendría hasta un lugar como este, a estas horas de la noche y con este tiempo? - Hacía un rato que había dejado de tronar, pero aún caían dos o tres gotitas, que repiqueteaban en el techo.
Ambos chicos quedaron congelados en el sitio. Las mismas palabras resonaban en sus mentes: "En su sano juicio..."
"Definamos la situación. Estoy atrapado con uno de mis mejores amigos en los vestuarios de quidditch, a las tantas de la noche, en medio de una tormenta en decadencia, sin varitas y con alguien desconocido deambulando por ahí fuera. Joder, y Malfoy presume de sus planes para el viernes noche...", pensaba Sirius para sí.
¿Qué se suponía que debían hacer ahora? ¿Actuar o esperar? Miró a Remus. Parecía bastante preocupado. Le apretó contra sí.
- Ey... Espera... ¿Y si es un profesor? -dijo Remus esperanzador.
- ¿Y qué coño hace un profesor aquí a estas horas? -contestó Sirius en un tono algo más realista.
- Tal vez...Vinieron a buscarnos... Porque no hemos ido a cenar ni a dormir.
- ¿Y cómo saben que estamos aquí? Si nos estuvieran buscando, habrían venido aquí en primer lugar... James y Peter lo hubieran dicho...
- ¿E-entonces...? - Remus levantó la mirada hacia Sirius. Éste se quedó pensando su próximo movimiento unos segundos.
- Ven aquí.
Se levantó en silencio, siendo imitado por Remus. Se colocó a un lado de la puerta, y el ojimiel lo hizo en el contrario. Escucharon moverse el pomo desde fuera, como si alguien quisiese entrar y le costase abrir la puerta.
- Cuando entre... Sea quien sea...- Su primera idea era la de abalanzarse contra quien entrase, pero la desechó pronto. Si en vez de Remus estuviera con James, no hubiera tenido ningún problema en liarse a hostias con quien hiciera falta. Pero no estaba con James. No podía ni quería arriesgarse a que dañasen a Remus. Se forzó a buscar otra alternativa. - Cuando entre... Esperaremos a que llegue hasta el centro de la habitación. Si nos quedamos aquí no nos verá. Entonces, saldremos nosotros muy despacio... Cuando estemos fuera... Corre. Corre como si la vida te fuera en ello y no te pares.
Remus abrió la boca para preguntar algo, pero reflexionó unos segundos y la cerró. Asintió a Sirius y volvió a pegarse contra la pared.
¡Clic!
La puerta había acabado cediendo. Vieron girar el pomo lentamente. Tanto Sirius como Remus sentían sus corazones martilleándoles los oídos de pura incertidumbre.
La puerta se abrió muy despacio. Ambos chicos contuvieron la respiración, tensos como cuerda de violín. "Esperaremos a que llegue hasta el centro de la habitación. Entonces, saldremos nosotros muy despacio..." Las palabras de Sirius resonaban en la mente de Remus. Estaba asustado, sí, pero iba a sacar fuerzas de flaqueza.
Las bisagras chirriaron de manera molesta. La puerta se fue abriendo hasta que se abrió del todo, ocultando a Remus tras ella. Sirius se otorgó una patada mental. No había caído en que al abrirse, la puerta atraparía a Remus contra la pared. ¿Qué iba a hacer? Ni de coña dejaría a Remus solo. Bien. Si tenía que liarse a hostias el solo, lo haría. Apretó el puño.
Los segundos transcurría, pero nadie ingresaba a la habitación. Sirius comenzaba a inquietarse. ¿Qué coño estaría pasando? ¿Por qué no entraba nadie si la puerta se encontraba totalmente abierta?
Sirius se separó un poco de la pared para mirar hacia el exterior. No había nadie fuera. ¿Entonces? ¿De quién eran los pasos que habían escuchado? ¿Y quién había abierto la puerta?
Fue hasta donde se encontraba Remus y le apuró para que saliera.
- Sirius... ¿Dónde...? ¿Quién...? -le preguntó con extrañeza.
- Ni idea. Aquí no hay nadie...
- ¡Coño! ¡Estábais aquí!
A Sirius y a Remus poco faltó para que se les parase el corazón del susto. Una voz extrañamente familiar había sonado muy cerca de ellos. Curiosamente cerca.
- ¿T-tú? ¿Aquí? -pudo articular Sirius.
- Joder, tíos, me teníais preocupado...
James dejó que la capa invisible resbalase por sus hombros hasta caer al suelo con un sonido leve. Tenía su varita en una mano y su mochila, la cual había ido a cojer del fondo de la habitación con la capa aún puesta. Miraba a sus dos amigos con una mezcla de extrañeza y diversión.
- Y bueno, ¿qué seguís haciendo aquí? -les preguntó. Ante este comentario Sirius se acercó a él y le dio un capón en la cabeza.
- ¡Idiota! ¡Joder, tío, pensábamos que eras un psicópata o algo! -gritó el ojigris fuera de sí.
Una vez se hubo calmado Sirius, procedieron a explicarle a un confundido James cómo habían llegado a verse en aquella situación, aunque omitiendo, claro está, "ciertos detalles" ocurridos aquella noche.
- ¿Pensábais que yo era un asesino o algo así? - James volvía a hacer gala de otro de sus ataques de risa. - ¡Wajajajaja...! ¡Asesinos! ¡En Hogwarts! ¡Venga ya!
Después de otro capón por parte de Sirius, James les contó lo que había ido a hacer allí.
- Pues nada, que llego a mi habitación después de ver el baile de Evans (precioso, por cierto), y veo que la mochila que tengo es la de Sirius. "Ya vendrá a traérmela", me dije. Pero no vinisteis a cenar, ni a dormir, así que me preocupé. Cuando creí que os había esperado lo suficiente, me harté y vine hasta aquí con la capa.
- Ah... Joder, tío, no sé que hubiésemos hecho si no llegas a...-comenzó Sirius. - Un momento...-se detuvo. - ¿Cómo sabías que aún estaríamos aquí?
- No lo sabía. -, dijo James con una sonrisa.
- ¿Entonces...? - Sirius iba atando cabos en su mente. - ¡A tí nosotros te importábamos una mierda! ¡Tú has venido aquí a ver si por casualidad estaba tu puta mochila!
- Pues sí, algo así ha sido...- Remus avecinaba peligro sobre James.
- Pero, ¿tan urgente era para tí la mochila? -le preguntó.
- ¿Urgente? ¡Vital, diría yo! - Rebuscó en ella, para acabar sacando algo. Eran las fotos de Lily haciendo tareas cotidianas. - ¡Mirad! ¡Las fotos de Evan! ¡Las llego a perder y me da un ataque!
- Las fotos de...- Una pequeña venita de ira apareció en la frente de Sirius.
Después de darle otro capón a James y a la voz de: "Joder, vámonos ya de aquí", los tres chicos desaparecieron por la puerta, comenzando a avanzar por los terrenos exteriores hacia el castillo.
Mientras caminaban bajo la capa, esquivando charcos de la reciente lluvia, Remus reparó en el atuendo de James.
- ¿Aún sigues con el uniforme de jugar al quidditch, James?
- ¿Qué? Ah, esto. - James se miró los brazos y las piernas. - No he podido cambiarme. No os lo vais a creer, pero hay unos duendecillos súper extraños en los armarios y en los baños...¡No nos dejan cojer la ropa ni ducharnos! Putos bichejos... -se quejó visblemente molesto.
Sirius y Remus intercambiaron una mirada de complicidad y sonrieron.
Tardaron un rato en llegar al dormitorio, pero a Sirius y a Remus, que llevaron sus manos entrelazadas durante todo el transcurso del trayecto, se les hizo relativamente corto.
