III
Promesa
( And with you it's like the first day of my life )
Suspiró y se sentó en la hierba junto a Jenny, la miró a los ojos inocentes y brillantes, y sonrió sin poder evitarlo. Era ese efecto que ella tenía en él, simplemente no podía impedir sentirse feliz cuando ella estaba a su lado.
Él nunca se imaginó que sería tan emotivo con alguien, y mucho menos que le gustaría serlo. Porque, lo cierto era que, le gustaba ser así con Jenny. Le gustaba enredar los dedos en sus cabellos y darle un casto beso sin razón más que la de amarla. Antes se hubiera considerado un tonto, pero ahora, la verdad, ya nada le importaba excepto poder ver la sonrisa de su novia una vez más.
—Jenny —dijo tras un largo silencio—, quiero que sepas que eres lo más especial que me ha sucedido en la vida, y no miento.
—Tú también eres lo mejor que me ha pasado, Billy —contestó dulcemente—. No sé cómo te conocí, ni por qué te hablé, ni nada, sólo sé que alguien allá arriba debe de adorarme mucho, como para darme el regalo de estar junto a ti.
—No, cielo, yo soy el que debe agradecer todos los días —murmuró y le dio un tierno beso—. Yo, yo quiero asegurarme de que esto no se pierda, Jenny. Quiero que esto perdure, yo…—se cortó antes de terminar, y sacó una cajita de terciopelo amarillo (porque era el color favorito de Jenny)—, yo quiero que me prometas que te convertirás en mi esposa, ¿quieres?
Los ojos de la chica se humedecieron y asintió, para luego lanzarse sobre él y abrazarlo.
—Sí quiero, sí, sí, sí. Sí quiero casarme contigo, Billy —dijo rápidamente, dando saltitos. Él rió y la detuvo de su emoción, a pesar de que él también quería saltar. Se levantó y le extendió la mano.
—Primero el anillo, después los saltos —murmuró antes de deslizar la pequeña piedra celeste en el dedo de su ahora prometida—. Ahora sí, saltemos.
La jaló del brazo y corrieron por el parque riendo, sólo disfrutando de la alegría del momento. Dieron vueltas por el pasto y se lanzaron en la fuente, nada importaba y todo era perfecto.
Esa noche Billy la llevó a su casa, aunque no quería despedirse de ella, y en el pórtico se besaron. Y supo a promesa.
Siempre estarían juntos.
