Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
¡Disfruten!
—Entonces, ¿es oficial? — me preguntó Alice, dando un sorbo al té
—Sí, estoy muy contenta — le sonreí
—Me pone muy bien amiga, ¿Cuánto tiempo ya van?
—Casi dos meses. — reí sin poder creerlo
—¿Dos? Vaya… y ¿Qué harán?
—¿Con qué? — fruncí el ceño
—Cuando el verano acabe… — musitó
—No lo sé Alice, no pienso en eso. Pienso en lo que nos está pasando. — le respondí tajante, algo molesta
—Pero Bella, debes pensarlo. Todo termina, y lo suyo no dur…
—Basta — la corté enojada —, no acabará.
—Bien, disculpa por ser realista. — dijo con ironía
—Al, no quiero pelearme contigo. Es que, no quiero pensar en cosas tan negativas. — dije entrecerrando mis ojos
—Yo tampoco quiero pelear, lo que pasa es que… no quiero que sufras amiga.
—Gracias por preocuparte, en serio. — la abracé
Alice se fue de mi casa, después de tomar el té, que había sido bastante tensionado.
Por la noche debía ir a la casa de Edward, le llevaría un cuadro de regalo. Había pintado un paisaje hermoso, y una pareja de novios, a un lado. De la mano, abrazados, enamorados.
¿Podía el amor ser algo tan fuerte? Estaba tan enamorada de él, no quería separarme de Edward ni un segundo, si era por mí, podía pasarme todo el resto de mi vida a su lado.
Tomé mi bicicleta y partí hacia la casa de Edward, donde vivía con su padre Carlisle. Me había hablado un poco de él, era viudo, pero muy amable. Esme había fallecido cuando Edward era un niño, una historia triste, Edward debía contarme un poco más.
Llegando a la casa de Edward, pude divisarlo a él y a un hombre mayor, sentados en el porche.
A decir verdad, Edward vivía en una casita precaria, parecía una cabaña. Pero no me importaba, lo amaba, y no por sus cosas. Mientras me acercaba por detrás de los arbustos, escuché a Edward recitando un poema muy bonito.
—No me prometas castillos
ni me enseñes futuros,
sólo déjame disfrutar ahora
porque ahora es cuando te necesito… — recitó Edward y me acerqué por un costado
—Hola — murmuré acercándome
—Bella — Edward se puso de pie y me abrazó
—Es muy lindo — le dije observando el poema escrito en un papel que sostenía
—Gracias, ven… — me tomó de la mano y me acercó al señor — él es mi padre Carlisle, papá ella es Bella
—Un gusto — le di un beso en el cachete
—Tu eres la famosa Bella — me sonrió
—¿Famosa? — bromee
—Edward me habló mucho de ti…
—Espero que haya dicho cosas buenas — reí
—Me contó que eras bonita, pero se quedó corto — bromeó
—Gracias, eso es bueno — abracé a Edward —, cariño, te traje un cuadro. Le di el retrato y lo observó un rato
—Es muy lindo — me besó castamente
Entramos a la cabaña y colgó el cuadrito en una pared, me quedé a cenar, era un ambiente muy familiar.
Carlisle preparó unas hamburguesas caseras, riquísimas por cierto. Hablamos de temas triviales, de trabajo, y de todo un poco. Edward sólo lo tenía a Carlisle, era duro, no tenía a nadie más, ni tías ni primos. Ahora me tenía a mí.
—La he pasado de maravilla — reí despidiéndome de Carlisle
—Me alegro, te veo pronto.
Salimos al porche y Edward me acorraló contra el muro exterior. Me besó apasionadamente, los besos tímidos, habían sido reemplazados por unos interminables. Nos besábamos sin filtros, con ganas, entrelazando nuestras lenguas. Edward me había enseñado muchas cosas, yo no sabía besar muy bien, pero él me sabía llevar.
—Será mejor que me vaya — reí acomodando mi vestido
—Bien, te llevaré hasta tu casa.
Edward tenía un vehículo, una camioneta rastrojera, muy viejita. Condujo hasta la puerta de mi casa, y nos despedimos en la camioneta, con un beso extenso.
Su lengua jugueteó con la mía, se entrelazó, batallando sin parar.
—Debo irme — reí
—Un poco más — murmuró
Tomó mi rostro con ambas manos y me beso un rato más, lo mismo hice, su rostro era tan suave y peculiar. Su aliento, su saliva, se mezclaba con la mía. Era muy hermoso, una sensación intensa y especial. Lo amaba demasiado, era mi jodida debilidad.
—¡Ya! — exclamé tentada, acomodando mi vestido, se había subido un poco
—Bella, te amo — susurró en mis labios
—Yo también. — dije y seguí besándolo
No quería separarme ni un momento de él, quería sentirlo cerca. Bajó su mano por mi cintura y acarició mi pierna, suavemente. Necesitaba un poco más.
—Edward — me puse seria y lo miré fijamente —, quiero que me hagas el amor. — le dije tomando su mano
—¿Qué? ¿E-en serio?
—Sí, quiero que me hagas el amor — murmuré
—Pero Bella…
—Sin peros, hoy no, pero habrá tiempo para nosotros. Un poco más. — le sonreí
Nos besamos unos minutos más, nos despedimos y me palmeó el trasero cuando bajaba.
Corrí hasta la puerta de entrada y antes de apoyar mi mano derecha en el picaporte, mi padre me sorprendió por un costado.
—Hija — me asustó sentado a un lado del porche, bebiendo whisky
—¡Carajo! — Maldije pegando un brinco — Ugh papá, discúlpame.
—Está bien cariño, discúlpame por asustarte. — rió
—Me pegué un buen susto — le sonreí tensionada
—¿Quién era ese? — frunció el ceño, señalando hacia la entrada de coches, con su whisky en la mano
—E-es un amigo…
—Por lo que pude ver, se llevan bastantes bien. — me sonrió
—¿Por qué lo dices? — le pregunté nerviosa
—Noté que es muy cariñoso contigo — fruncí mis labios, y bebió un poco de su trago —, quiero conocerlo.
—¿Conocerlo? — abrí mis ojos asombrada
—Sí, tráelo mañana, almorzaremos con unas personas importantes. Aprovecharé la ocasión, y lo conoceré. — me sonrió
—Está bien papá, me voy a dormir — me acerqué y le di un beso en el cachete —, te quiero.
Estaba entusiasmada, no podía creer que mi padre me había pedido conocer a Edward, era algo increíble. Seguramente se imaginaba que él era mi novio, porque… ¿Quién más se besa así con un amigo? Era la mujer más feliz del mundo, mi padre quería conocer a mi novio, y ni siquiera se lo había comentado. Por la mañana hablaría con Edward, aunque no estaba segura… ¿Aceptaría?
...
…
…
—Y bueno, mi padre quiere conocerte. — le dije a Edward, jugando con sus manos
—No estoy seguro Bella…
—Pero pipito, ¿Por qué no? — insistí
"Pipito" era un apodo cariñoso que le había dado a Edward, me parecía muy divertido y lindo.
—No creo que sea buena idea… pipita — él me decía Pipita
—Pero Edward, creo que es una oportunidad especial, quiero que los conozcas, en serio.
—¿Tú quieres?
—Sí.
—Está bien, si tú me lo pides, iré. — me besó acariciando mi cabello
Faltaba una hora para el almuerzo, así que acompañé a Edward a su casa, para que se cambiase.
—No tengo idea de qué usar… — murmuró revolviendo su ropero
—Me encanta ésta camisa — le dije tomando una camisa a cuadros, de una percha
—¿Te parece?
—Sí Pipito, me encanta, póntela con esos pantalones color beige. — le sonreí levantando su camiseta
—Está bien — rió alzándome
Nos besamos un rato y caímos a la cama, estaba encima de mi cuerpo, presionándome. Estaba algo nerviosa, ¿se vendría nuestra primera vez? Oh no, estaba nerviosa.
—E-espera — musité tratando de levantarme
—¿Qué ocurre? — me preguntó
—No quiero…
—Bella, no pasará ahora — me sonrió levantándose
¿Por qué tenía miedo? Quería que Edward me hiciese el amor, pero sentía temor a la vez, pero no de él, sino de lo que pudiese pasar. Eran temores tontos, pero importantes para mí.
Cuando Edward terminó de cambiarse, partimos en su camioneta rastrojera hacia mi casa de verano. Estaba algo nerviosa, pero seguramente, no más que él.
—Tú actúa natural, si te sientes incómodo, me lo dices. — le traté de dar calma, tomando su mano y avanzando por la sala. Todas las visitas, y mis padres, estaban en la parte trasera de la casa.
—Llegamos — sonreí saludando a las visitas, Edward saludó caballerosamente y educadamente a mis padres
—Pueden sentarse — le sonrió mi madre a Edward
Todo estaba yendo de maravilla, el ambiente era… tranquilo. No era muy familiar, porque no estábamos solos, había visitas, pero era cómodo.
Floriane sirvió ensalada de papas para todos, y una carne muy deliciosa. Se me hacía agua la boca, me encantaba la comida que preparaba Floriane, mi madre nunca cocinaba. En parte me parecía inútil, pero la amaba.
—¿Y tú de qué trabajas? — le preguntó uno de los muchachos de visita a Edward
—Bueno… yo trabajo en la herrería que está aquí cerca… — murmuró bebiendo un poco de vino que mi padre le había servido
—¿Se puede saber cuánto ganas? —insistió el tipo
—Claro, gano unos centavos… — me miró — Sé que no es mucho, pero no tengo muchos gastos. Alcanza para las pequeñas cosas, no necesito más. — dijo mirándome fijamente, era muy dulce y no mentía
—¿Centavos? — rió el tipo, burlándose
—Sí, lo suficiente para mí, no necesito y no quiero más. — Carajo, ¿Por qué les importaba tanto el dinero?
Mi padre se interesó en la conversación y siguió hablando con los muchachos, mientras que mi madre habló con Edward.
—Entonces, Edward… ¿Qué puedes contarme de ti?
—No mucho, no soy una persona interesante. No tanto como usted… — le sonrió
—Vaya, y ¿Qué pasará entre ustedes cuando el verano acabe? — mi madre metió la pata
—Mamá — la miré con mala cara para que se callase
—¿No lo sabes? Cuando el verano acabe, nos iremos a la ciudad. — carajo
—Mamá, ya basta.
—No sabía que se irían tan pronto, pero nada cambiará señora. — por suerte Edward se lo tomaba muy bien
—¿Todo seguirá igual? Pff, el amor a distancia no funcionará niño.
—Creo que si funcionará, pero bueno, veremos que pasará.
Mi madre y su bocota, la odiaba, no toleraba sus comentarios con mala intención. Después de ese episodio tan incómodo, fuimos al lago con Edward.
—Soy el rey — rió lanzándose de bomba al agua
—Eres mi rey — me acerqué nadando hacia él
—Bella, cuando estoy contigo soy muy feliz.
—Yo también. — le di un beso en su nariz
—No me importa lo que tu madre diga, ¿lo sabes?
—Lo sé, pero parece que lo hace a propósito. Cuando el verano acabe, todo seguirá igual. — le dije enredando mis piernas en su cintura, por debajo del agua
—Esta noche quiero que vayamos a un lugar… — me sonrió
—¿A qué lugar? — le pregunté
—A la casa de la Colina…
—¿Y eso es…?
—Una casa muy bonita, quiero que… estemos juntos allí. — me acarició la mejilla
—Está bien, puedes pasarme a buscar por la noche, te estaré esperando. — lo besé
¿Qué pasaría allí? Estaba ansiosa y nerviosa, quería que llegase el momento, nuestro momento.
Salimos del lago y Edward se despidió de mis padres, amistosa y caballerosamente.
—Me parece un buen muchacho — me dijo mi padre, sirviéndose whisky, las visitas ya se habían ido
—Me alegra, es muy buena persona. — le sonreí sentándome en el sofá
—¿Crees que es el correcto para ti?
—Si papá, lo creo, es muy importante para mí.
Me gustaba la opinión de mi padre, no le parecía malo para mí, tan sólo le preocupaba lo que yo sentía. Cuando quería, era muy comprensible y atento. Me duché y esperé a que Edward me pasase a buscar en su camioneta rastrojera, estaba nerviosa. Me vestí con un vestido rojo pasión, y unas sandalias negras, muy bonita.
…
…
…
—¿A dónde vas cariño? — me preguntó Charlie, cuando iba de salida
—Saldré con Edward…
—Ten cuidado, vuelve temprano. — me besó en la mejilla
Esperé fuera unos cinco minutos, hasta que Edward me recogió.
—Hola nena — me besó —, te ves muy bonita.
—Gracias Pipito, ¿Cómo has estado? — le pregunté
—Bien, ansioso…
—Yo también he estado ansiosa. — reí
Edward condujo hasta la famosa casa de la Colina, estaba alejada del pueblo, no conocía esa ruta.
Era una gran casa abandonada, en su momento habrá sido una hermosa vivienda, pensé. Si alguien alguna vez decidiese comprarla, podría arreglarla y quedaría de maravilla.
Entramos de la mano, y analicé el lugar.
—Vaya — murmuré acercándome a un sofá muy bien cuidado
—Es lo único que se mantiene sano — rió sentándose
—Es muy amplio y suave — me senté a su lado y acaricié el sillón
Edward se acercó a mi cuerpo y estampó sus labios contra los míos, me recosté en el sofá.
Acaricié su cabello, dejándome llevar por la unión de nuestros labios, era sensacional. Lo haríamos, estaba segura de eso. Pero estaba aún más segura cuando sentí su mano levantar mi vestido.
—Edward… — jadee
—Creí que… — murmuró
—Sí, quiero eso… pero no sé qué hacer. — me sentía una idiota
—¿Me lo dices en serio? — me preguntó
—Sí, creo que para empezar deberíamos sacarnos la ropa. — dije frunciendo mis labios
—Bella, eso ya vendrá, debes dejarte llevar.
Estaba muy nerviosa, y sentía mucha vergüenza, Edward jamás me había visto desnuda. Y yo jamás había visto su cuerpo desnudo. ¿Él no sentía vergüenza? ¿Por qué no estaba nervioso?
Quería hacerlo con Edward, así que me armaría de valor y lo haría sin vergüenza.
Gracias por leer. ¿Qué les ha parecido este cap.? Edward y Bella lo harán, ¿Qué creen que pasará entre ellos? ¿Y con sus familias?
Sígueme en Twitter, Anbelcullen
Agrégame en Facebook, Anbel Cullen
Desde ya muchas gracias.
Anbel.
