Bueno queridos lectores, después de tanto, taaaaaaaaanto tiempo, por fin les traemos el nuevo cap de esta historia que Nakasu Malakiel, en cooperación con su servidora, ha estado escribiendo. Una disculpa enorme y agradecimiento a todos por su infinita paciencia, tanto a Nakasu como a mí se nos habían cruzado varios asuntillos que nos habían impedido continuar la historia, pero por fin nos volvimos a poner de acuerdo y pues he aquí los resultados de este esfuerzo conjunto. En fin, no los entretengo más. Por mi parte es todo y disfruten la lectura.

DISCLAIMER: LOS PERSONAJES DE NARUTO SON PROPIEDAD EXCLUSIVA DE MASASHI KISHIMOTO. LOS PEDIMOS PRESTADOS SIN FINES DE LUCRO.


CAPITULO III

Pese a la tristeza que sentía por el shinobi, no podía darme el lujo de dejarme vencer por el desconsuelo. Tenía otras prioridades que atender. Sabrina recogió el cuchillo que el chico le lanzó antes de usar su último ataque y lo miró con un poco de interés, pero tras unos segundos lo tiró hacia un lado con exagerado desdén, antes de volverse hacia Yamato y ver que aún sostenía el pergamino donde el ninja había guardado el arma.

Me acerqué a mi capitán y miré el pergamino por un lado. Era un rollo de sellado completamente diferente a lo que hubiera visto antes. Todo era extraño, desde la letra hasta los signos y figuras. Miramos absortos el contenido, tratando de encontrarle algún parecido con nuestros propios pergaminos para que nos diera una pista de su funcionamiento.

Sentía que había algo familiar en todo esto que no había identificado. Quizás entre mis tantas pasadas a la biblioteca de Tsunade o los archivos prohibidos habría visto algo que estuviera allí, pero no terminaba de ubicarlo. Una tos fingida me obligó a apartar los ojos de él y fue entonces cuando vi a Sabrina frente a nosotros.

-¿Me darían ese rollo, por favor?- preguntó con aspereza, extendiendo la mano, exigiéndolo más que pidiéndolo. Al parecer aquí, los pergaminos son llamados simplemente rollos.

-Emm… Yo creo que no - le contestó mi senpai.

Sabrina se le quedó mirando como si no se creyese su respuesta. Aún tenía la mano extendida.

-¿Y se puede saber por qué rayos no?- insistió, claramente algo molesta, pero conteniendo la mayor parte de su rabia.

-Porque en mi tierra las armas de los guerreros caídos, o vuelven con sus familias o se las queda el enemigo que los derrotó. Nosotros somos los responsables de su muerte y yo preferiría dárselo a los Antares, si es que me los llego a encontrar de nuevo en condiciones menos… hostiles.

-Tal vez, pero estoy segura que los Argones estaremos muy agradecidos si nos entrega el pergamino. Incluso podríamos sentirnos más generosos teniéndolo con nosotros, mientras que los Antares los matarán a todos ustedes por haber tocado a uno de los suyos - lo atajó ella.

Yamato la miró fijamente por unos segundos, decidiendo qué hacer, pero al final sólo se lo guardó en el bolsillo.

-Si… Gladius, tú jefe, lo pide durante las negociaciones por los recursos, se los daré sin miramientos. Hasta se lo entregaré en una cajita de roble con lindos relieves. Pero no antes. Lo siento, pero una de nuestras costumbres es devolver el arma a la familia del guerrero o quedártela si quieres, siempre que tú lo hayas matado. Sólo haré la excepción si es por los recursos… — repuso mi compañero con cuidado.

Un tic nervioso apareció en el ojo derecho de Sabrina como consecuencia de su indignación, pero Yamato se limitó a darle la espalda.

-Pues empieza a construir la caja, extranjero. - Fue todo lo que dijo antes de empezar a caminar por donde habíamos llegado, dando por hecho que hacia allá se encontraba nuestra caravana.

Yamato recogió del suelo el cuchillo que Sabrina había lanzado antes a un lado, y lo miró con detenimiento antes de guardárselo también y empezar a caminar.

Caminamos por una hora para volver a la caravana bajo el intenso sol y sin una gota de agua. Yamato me ofreció de su cantimplora de nuevo, pero tras el bochornoso momento que pasé minutos antes preferí pasar. Mientras tanto Sabrina sacó de un "rollo", como ella le llama, una botella enorme llena de ese precioso líquido, y se puso a beber de ésta ante la fija y ansiosa mirada de cuatro pares de ojos suplicantes… los nuestros.

Cuando una gota de agua resbaló de los labios hasta el cuello de la Argon, Yamato tuvo que agarrarme con todas sus fuerzas para evitar que yo pasara por el momento más vergonzoso y lésbico de mi vida: mi persona lamiendo el cuello de Sabrina con desesperación.

Quizás ella se dio cuenta segundos después de las miradas que le echábamos por lo que guardó la cantimplora de nuevo y siguió como si nada.

Tras varios minutos intentando serenarme, usé el método de Yamato… pero aunque el agua no fuera potable me estaba costando toda mi fuerza de voluntad el no tragarla, así que tras un rato la volví a escupir y decidí distraerme con un nuevo tema de conversación, lo primero que se me vino a la mente.

-Hey Sabrina. Antes dijiste que ese Antar te iba a violar y vender. Cuando dijiste vender, te referías como esclava, ¿cierto? ¿Aún hay esclavitud en Aster?

Ella me miró como extrañada por unos segundos, como si no acabara de entender a lo que me refería, pero tras observar el cielo por un segundo me contestó con tranquilidad.

-Por supuesto. Lo hay en todo el mundo, hasta donde sé. Incluso supe que los feudales del continente elemental y otra gente rica de allí también tenían sus esclavos. Aquí en Aster la esclavitud existe muñeca, pero la manejamos de otra forma. Hay esclavos legales y esclavos ilegales.

Mi mirada curiosa e interesada le dio a entender a Sabrina que todavía quería escuchar al respecto, así que siguió hablando.

-En muchos países de Aster, no todos, la esclavitud antigua, esa en la que agarrabas a ciertas personas y las forzabas a servirte o les matabas, fue prohibida, pero aún se ve mucho ese tipo de esclavos en todos los países. En los lugares donde está prohibida se les llaman esclavos ilegales. Los esclavos legales son aceptados en todos los países de Aster, pero pueden ser o mucho más caros o no costar nada. Básicamente son esclavos que por su propia voluntad, se venden o se entregan a cualquier persona. Legalmente se anulan los derechos que le protegen de su amo, mientras que se comprometen a la obligación de servir en cualquier cosa que su dueño disponga.

Por lo que si matas al esclavo, siempre que no sea públicamente, no pasará nada, pero si alguien más le mata se considera como un homicidio, y la pena es mucho más fuerte que con una persona normal porque se cuenta como homicidio y destrucción a la propiedad privada al mismo tiempo. El trámite se tiene que hacer con papeles y legalmente frente a algún mandatario de poder del lugar donde te encuentres, y el pacto se sella con un embrujo… o jutsu de sellado, como ustedes le llaman, pero muy complejo, el cual garantiza que el esclavo otorga sus derechos por propia voluntad y le da al amo un sello de comando que le permite matarlo, paralizarlo, torturarlo o forzarlo a realizar acciones contra su voluntad si es que se resiste a obedecer.

-¿Y por qué alguien querría convertirse en el esclavo de otro?- pregunté indignada. - ¿Cómo es posible que alguien esté dispuesto a vender su libertad y ponerse bajo el poder de semejante atrocidad como ese sello de comando? No lo entiendo

-De hecho no es tan difícil como crees. La gente a veces necesita grandes sumas de dinero urgentemente o bien corren algún peligro tan grande que no les queda otra que sacrificar a los suyos para conseguir ayuda. Tal vez cuando acaben las negociaciones con Gladius algunos de ustedes nos pertenezcan legalmente.

-¡¿Cómo dices?- le grité rabiosa, ante tal sugerencia.

Ella sólo hizo un ademán con las manos para tranquilizarme.

-Lo siento, tú estás preguntando y yo contestando. Pero no tiene que ser así siempre que tengan algo que nos interese. Mas quiero que lo pienses objetivamente. – Me dijo antes de hacer una corta pausa.

- Tú sola tal vez puedas abandonar el desierto para mañana en la mañana si te digo hacia dónde ir, pero una caravana completa lo tiene más difícil pues no pueden simplemente saltar de duna en duna. Les tomará, al menos, tres días más salir de aquí con un guía que conozca la zona y otro día más para encontrar una fuente de agua potable lo suficientemente grande para abastecerlos a todos, y no te olvides que aquí los recursos valen su peso en oro, por lo que no les saldrá barato.
En el hipotético caso de que no nos interese nada de lo que tienen, tendrán que dejar hombres en su lugar si no quieren morir en el desierto. Si algunos de sus guerreros entrenados se venden como esclavos legales conseguirían los recursos suficientes para salir de aquí y hasta un guía. Sin ellos no saldrán de él pronto. Piénsalo: unos pocos hombres por la supervivencia de todos ustedes no es un mal precio, ¿o sí?.

-Por supuesto que no. Konoha no abandonará a más hombres bajo ninguna circunstancia. De algún modo nos las arreglaremos - repliqué irritada.

Con cada minuto que la escuchaba la odiaba más y más, pero eso no era lo peor. Danzou no tendría ningún reparo en vendernos como ganado.

-¿En serio?- me dijo con una sonrisita que me sacaba de quicio- ¿Y qué tal si fueras tú únicamente? Tú por la supervivencia de toda tu caravana.

Me paré en seco, mirándola con los ojos abiertos de sorpresa. Mi primer impulso fue matarla a golpes pero al instante aparecen en mi mente el resto de la caravana. Todos están sufriendo hambre y sobre todo sed. No hay manera en que duren otros cuatro días en el desierto… pero… si yo pudiera salvarlos…

-Una mujer, hábil curandera con habilidades de combate ya sería de gran valor para los Argones. Ahora si le sumamos que vienes desde el continente elemental, eres bella, ojos verdes y un color de pelo inusual, seguro que valdrás una fortuna como esclava legal, cinco veces más que cualquier otro de ustedes, o quizás más.

Me quedé sin palabras, no sabía ni qué pensar.

-¡Sakura!- llamó mi Taichou. - Más te vale que no lo estés considerando. Eres muy importante para nosotros también. No tenemos muchos ninjas médicos como para soltar a la mejor. Y tampoco pienso abandonar a ninguno aquí. Ya encontraremos la forma de pagarles, además debe de haber alguna fuente de agua en el desierto. Si ellos tienen una, debe de haber más.

-Claro- aceptó Sabrina, - hay fuentes de recursos si sabes dónde buscar. Pero ninguna es fácil de encontrar y la mayoría no es capaz de saciar las necesidades de una persona en el desierto, ya no hablemos de una gran caravana perdida. Las únicas fuentes "cercanas" capaces de eso son las de los Antares y las nuestras, pero ambas se reabastecen lentamente por lo que ambos tenemos que administrarlas con sabiduría y no suena muy sabio la idea de compartirla, menos con un número tan grande como seguro será el suyo, así que les sugiero estar listos para ofrecer lo que sea.

-Prefiero no tenerlo en cuenta señorita. - contestó Yamato- Mejor dinos qué otras cosas le pueden interesar a tu pueblo, además de la gente.

- Pues monedas de oro, plata, joyas preciosas, joyas mágicas, recursos, armas encantadas, comida…- Se detuvo de pronto para lanzarme una mirada significativa, antes de decir - Sexo…

-¡SHANNARO!- Eso fue todo. Al instante me lancé sobre Sabrina dispuesta a golpearla hasta cansarme, pero Yamato me agarró por los hombros evitando un asesinato.

-Venga.- continuó Sabrina- Trata de entender. Yo también paso problemas por eso. Es muy difícil ser una mujer guerrera por aquí. Estamos en mitad del desierto y hay pocas mujeres en mi fuerte. La moral de los hombres baja ante el ardiente sol, se desesperan y frustran al punto que serían capaces de vivir sin sueldo por un par de meses con tal de poder disfrutar a alguna mujer una sola noche. Si todas las mujeres en tu caravana estuvieran dispuestas a darles un "servicio especial" a nuestros hombres a cambio de dinero quizás al siguiente día podrían tener suficiente para pagar sus recursos.

-¿¡Pero cómo diablos puedes sugerir eso?- Le grité enfurecida- ¡Somos mujeres, muchas guerreras, no vulgares prostitutas! ¡Suéltame Taichou, la voy a convertir en una mancha en la arena! ¡Suéltame!-

Y después de eso y muchas maldiciones más que ni siquiera sabía que conocía, seguimos caminando, conmigo echando humo por todos lados y maldiciendo a Aster desde lo más profundo de mi ser. Hasta se me había olvidado lo sedienta que estaba.

Llegamos por fin, hasta la caravana y tras decirles a los nativos de Suna que podían volver a sus puestos, pasamos a la carreta principal donde Danzou aguardaba preocupado. Sabrina se quedó atrás, a una prudente distancia de lo que quedaba de las aldeas ninja del continente Elemental.

Al llegar frente a él, vi a mis tres acompañantes - Yamato y los otros dos hombres de Suna, agacharse con una rodilla y un puño tocando el suelo, inclinando sus cabezas ante el tuerto decrépito de Danzou. Yo tuve que imitarles, aunque odiaba tanto hacer ese gesto que hubiese preferido no salir jamás del continente. No me sentiría cómoda ni aunque estuviera dirigido a mi Tsunade-sensei, la cual nunca me pidió inclinarme en su presencia. Y para colmo de males, de entre todas las personas de este mundo, tenía que hacerlo frente a Danzou.

- ¿Y bien?- preguntó el anciano, que después de la destrucción de Konoha había quedado al mando de los supervivientes.

-Señor- contesté mordiéndome la lengua internamente por tener que llamarlo así - tras el avistamiento de los exploradores nuestro grupo fue a investigar y encontramos dos sujetos; eran un hombre persiguiendo a una mujer. Al parecer el primero, un chico, es de un grupo llamado "Antar" y la segunda de un grupo llamado "Argon".

Entonces Yamato continuó el relato antes de que yo siguiese hablando.

-Se encontraban en una lucha que terminó cuando el chico Antar murió. - Miré a mi capitán y éste sólo me dio a entender con la mirada que me callase. – Después de hablar con la chica ésta nos dijo que quizás podamos negociar con su líder, Gladius, para obtener los recursos que necesitamos.

- No quiere que vayamos todos, así que pide que mandemos sólo a unas cuantas personas para las negociaciones. – agregué.

-Dicen que están interesados en oro, plata, joyas, recursos, comida y unas cosas llamadas armas encantadas y objetos mágicos - prosiguió Yamato omitiendo intencionalmente lo de los esclavos y el sexo.

"Objetos mágicos" pensé. "Si ellos consideran a los jutsus hechizos, entonces el chakra es la magia para ellos."

Entonces recordé el collar de Naruto. Aquél que Yamato usó para revertir las cuatro colas. Debe de haber objetos similares en Aster y por alguna razón los consideran muy valiosos, aunque no sirvan para sellar bijuus.

Danzou guardó silencio meditando su decisión. Sus arrugas se marcaron aún más sobre su rostro, dándole el aspecto de un árbol infinitamente antiguo. Finalmente, pareció considerar que las críticas condiciones de su gente sobrepasaban todas las precauciones que debíamos tomar. A esas alturas, o confiábamos ciegamente o perecíamos en ese inmundo desierto.

- Está bien. Vayan ustedes ya que algo de confianza les habrá tomado. Mandaré también a Sai para que lleve a cabo las negociaciones.

-Señor, sí señor. - dijimos al unísono.

-Señor- hablé de pronto- antes de irme necesito notificarle que la batalla que presenciamos era de nivel ninja. Usaban jutsus comparables a los de nuestros mejores Jounin, así como técnicas que nunca había visto. Sus capacidades físicas parecen excepcionales y cuando menos el Antar, tenía la voluntad de pelear hasta la muerte para cumplir su misión.

Danzou me miró no muy sorprendido, pero molesto y preocupado. Nuestra caravana vino hasta aquí buscando crear una nueva aldea Ninja, la cual se hiciera lo suficientemente fuerte para soportar el ataque de Akatsuki y que un día pudiésemos volver a reclamar nuestras tierras perdidas. Pero si ya existía una competencia local entonces lo tendríamos difícil, pues la gente confiaría en los guerreros que ya conocían antes que en una nueva aldea shinobi. Además, si esos grupos tenían un nivel similar al nuestro, podrían decidir atacarnos para evitar que les robásemos clientes, y en nuestro estado sería imposible que pudiésemos ganar una guerra frente a cualquiera de ellos. Seguramente hasta el grupo, o "villa ninja", o como sea que les llamen aquí, más pequeño podría aniquilarnos.

- Eso debe ser un error. Seguramente viste una ilusión causado por el sol o porque eres médica y no una ninja real. Tu nivel de combate debe ser tan bajo que la batalla de unos simples guerreros te pareció de alto nivel - dijo Danzou haciendo crecer con sus palabras una gran vena en mi frente.

-¡SHAANARO!- gritó mi inner en mi mente. -¡¿Cómo se atreve? ¡Soy la estudiante de la Sannin Tsunade, una de los tres más poderosos ninjas que tuvo Konoha! ¡He peleado contra miembros de Akatsuki! ¿Y dice que no soy una ninja real? ¡Voy a golpear su senil cabeza a ver si así le reseteo las neuronas!

Realmente era una lástima que esas… interesantes ideas que pasaban por mi mente en esos instantes no pudieran ser comunicadas y en su lugar tuviera que dejarlo seguir hablando.

- Es imposible que en Aster haya guerreros siquiera comparables a los Ninjas del continente Elemental. Pues el ninjutsu empezó en él con el Sabio de los Seis Caminos. En Aster no debe de haber jutsus o, en el mejor de los casos, son de lo más básicos - replicó encogiéndose de hombros el muy creído.
De todos modos, no comenten nada acerca del nivel que dices que tienen esos cavernícolas - continuó Danzou. - Lo último que necesitamos es que la gente se empiece a preocupar por estupideces suyas.

Tenía unas tremendas ganas de pararme y estrangularlo hasta que se pusiera morado. Seguro que ese color le quedaría mejor que a Ino. Pero no tuve más que quedarme en mi lugar apretando los dientes y escuchando a mi capitán decir:

-Sí, señor. Con su permiso, nos marchamos.- Hizo una reverencia antes de levantarse y jalarme aparte. Luego caminamos unos cientos de metros en dirección a Sabrina, pero me detuve en una duna.

- ¿Ya estamos lo suficientemente lejos?- le pregunté a mi capitán. Éste miró a los lados asegurándose de que la duna nos tapara lo suficiente antes de darme la chispa que me faltaba para estallar con una simple palabra.

-Sí- dijo antes de saltar lejos de mí.

Yo hice unos sellos y al instante tuve la figura de Danzou delante de mí, a la cual golpeé sin pensarlo ni un segundo.

-¡SHAANARO!- dije, lanzando mis puños a la ilusión que creé, mandándole a volar lejos, pero ésta como si fuera atraída hacia mí por gravedad volvió y la empecé a golpear salvajemente estampándola contra el suelo, haciéndole llaves como la rompenueces hasta que sus piernas se separaron de su cuerpo, pero no se desperdiciaron pues las usé como garrotes contra el resto de su cuerpo. Después de dos minutos aún no me sentía totalmente desahogada pero supuse que debía dejarlo antes de que alguien se diese cuenta. Entonces disipé el genjutsu que yo misma invoqué.

-La gente de Konoha sí que es rara - Escuché repentinamente. La voz de Sabrina me llegó desde lo alto, justo sobre la duna donde se encontraba. Al parecer nos había visto acercarnos y como estábamos tardando mucho se había acercado a ver.

- Siento que hayas visto eso… - le contesté toda acalorada - pero mi jefe es un imbécil.

-Ya, ya. Lo de siempre- contestó, aún con una ceja arqueada.

Salí de mi escondite y Yamato volvió a mi lado para comentar:

- Espere un poco más Sabrina-san. Nuestro jefe mandó a alguien más para que hiciera de negociador. Estará aquí dentro de poco.

- Pues que se apure - contestó ella sin interés. Seguramente estaba deseosa de volver a su base cuanto antes. Lanzó una mirada hacia la caravana estudiándola hasta que de pronto volteó a verme.

- Oigan. Dada su situación ya me imaginaba que las negociaciones serían como quitarle un dulce a un niño… pero no me esperaba que fuera tan literal - dijo con una sonrisa burlona señalando a los "Negociadores" que se aproximaban.

Yamato y yo nos volvimos simultáneamente hacia donde ella señalaba e inmediatamente una gran y cálida sonrisa se dibujó en mi rostro al ver a tres pequeñas figuras acercándose hacia nosotros con velocidad y cierta torpeza, por la arena. Era un niño de unos diez años y unas gemelas de seis que corrían con una enorme sonrisa.

- ¡Mamá!- gritaron todos al mismo tiempo mientras se abalanzaban a mis brazos.

- Mis pequeños… cómo los quiero - les susurré a todos, besando sus frentes uno a uno.

- Estábamos preocupados - sollozó el mayor, echando sus manitas alrededor de mi cuello.

- ¡Oh no!… saben que nada me podría apartar de ustedes. Siempre que tenga que irme, les prometo que regresaré a su lado - les dije en tono tranquilizador.

- Pero ya no te irás nunca más, ¿verdad?- preguntó una de las niñas. Su carita angustiada me partió el corazón.

- Ahora debo ir con unos señores que nos van a dar comida y agua ¿sí? No voy a tardar mucho, se los prometo - les expliqué cariñosamente. Las dos chiquillas rompieron a llorar desconsoladamente, haciéndome sentir como el ser más despreciable de este mundo, pero el crío rápidamente las abrazó y con una expresión determinada que nunca le había visto, asintió dirigiéndose a mí.

- Está bien mamá, no te preocupes, yo las cuidaré. - Fue todo lo que dijo antes de llevarse a las pequeñas llorosas.

Se me llenaron los ojos de lágrimas, al adivinar en sus ojos la misma confianza que siempre irradiaban los de Naruto. Esa mirada que yo conocía tan bien, digna de un guerrero. Mi niño se estaba convirtiendo en un hombre ante las adversidades de nuestra situación. Y eso me llenó de un orgullo indescriptible. Con la mano les dije adiós y volteé a ver a mis acompañantes adultos.

- ¿Son tuyos? - preguntó la mujer señalando a los chiquillos con la mirada.

- Sí - contesté con la frente en alto. No tenía por qué explicarle la triste historia de esos angelitos y cómo habían llegado, por obra del destino, hasta mi cuidado. Ella asintió, sin hacer ningún otro comentario.

- ¿Y su padre? - indagó ella repentinamente. Por alguna razón, el rostro de Naruto se me vino a la mente y contesté, vacilante.

- Él… tuvo que irse antes de que… nuestra aldea fuese destruida.

- ¿Y qué? ¿No se preocupa por su familia? Debería haber vuelto con ustedes - observó con cierta dureza. Volví la cabeza hacia Yamato, pero él me miró avergonzado sin saber qué decir.

- No sabe dónde estamos… ni que Konoha ya no existe - respondí en un murmullo.

Ella asintió con la cabeza sin agregar nada más. La corta conversación me desanimó bastante y a juzgar por el permanente silencio de mi compañero, a él también.

De pronto sentí una mano sobre mi hombro. Era Yamato.

-No te preocupes, sé que un día nuestros caminos se volverán a encontrar. Por el momento sólo esperemos que Naruto esté bien.

Miré a mi capitán y le sonreí

-Gracias Capitán. Tiene razón, ese idiota no puede vivir demasiado tiempo sin el Ramen de Ichiraku. En cualquier momento volverá y se enterará de todo, entonces nos buscará.

Yamato soltó una ligera carcajada.

- Sí. Con lo tonto y obstinado que es, seguro que cruza el océano nadando para llegar hasta aquí.

Una gota bajó por mi gran frente mientras miraba a mi capitán con una sonrisa. Él había tratado de hacerlo sonar como una broma, pero yo veía a Naruto muy capaz de intentarlo.

Entonces Sabrina también rió.

- Pues será una pena, porque no será el primero. Escuché historias de un tonto rubio de ojos azules que lo intentó hace unos años.

Al instante mi cabeza y la de mi taichou se volvieron a verla con los ojos en blanco por la sorpresa.

-¿Qué? No me dirán que hablamos de la misma persona ¿o sí?- preguntó Sabrina.


Sé que es un poco cortito, pero la idea era dejarlos reflexionando en esa última escena y pues... meter un poco de intriga, para qué negarlo. En fin, les comento que el próx. capítulo ya está en marcha, tenemos una parte terminada y pues Nakasu y yo tenemos planeado postearla este fin de semana o el próx. miércoles a más tardar.

Una última cosa: queremos agradecer a fern25 por haber sido nuestra lectora beta y pulir los últimos detalles para que este cap. llegue a ustedes lo mejor posible. Esperamos que siga accediendo a revisar nuestra historia.

De corazón agradecemos sus comentarios, y créanme cuando les digo que es lo más bonito de escribir una historia =)