Disclaimer: Obviamente, todos los personajes –excepto unos pocos- pertenecen a Stephenie Meyer. Yo sólo echo a volar la imaginación, disfrutando con el universo que ella ha creado.

A/N: Muchísimas gracias por vuestros comentarios. Sin ellos yo seguiría equivocándome con los guiones de diálogo. Es una mala costumbre adquirida ya hace tiempo. Pero ya veis que lo he corregido. Seguid comentando.

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Capítulo Tres: "Siguiendo las Miguitas"

Pv Edward:

Emmet había estado intentando convencer a Carlisle para acompañarnos, pero mi padre no había dado su brazo a torcer. Pese a temer una reacción violenta por mi parte ante lo que pudiéramos averiguar, estimaba mucho más oportuno tenerle a mano. Si alguien se había llevado a Bella sin dejar rastro –pensamiento que me horrorizó-, podríamos necesitar una cadena de contactos por los cinco continentes. Movilizar a todos nuestros amigos, como la última vez.

Agradecí que Jasper quisiera conducir. Yo desde luego no estaba de humor para hacerlo. Una y otra vez, un único pensamiento se repetía en mi mente: esto no puede estar pasando.

Estacionamos el coche cerca de la tienda, y Alice entró decidida y con una seductora sonrisa en su rostro. Por supuesto, los pensamientos del vendedor se aceleraron en cuanto la vio.

- Disculpe, ayer tuve un pequeño percance y creo que usted podría ayudarme.- comenzó Alice con absoluta educación. Le susurré que siguiera así, que tenía tooda la atención del joven.- Estacioné mi auto al otro lado de la calle, enfrente de la librería, y me marché de tiendas. Algún… "energúmeno" me rayó la chapa de uno a otro costado.

- ¡Qué falta de…!

- He observado que tiene una cámara grabando la calle durante todo el día. La policía dice que si tuvieran una imagen podría intentar buscarlo… ¿Cree que podría echar un vistazo a las imágenes que grabó ayer por si aparece? Sé sobre qué hora pudo ocurrir…

- Señorita, si la policía viene con una orden…

- ¿Por favor?- pidió Alice casi con un puchero. A mi lado, Jasper pensaba: eso te suele funcionar.

- Puedo meterme en un buen lío, señorita…- protestaba el joven vendedor. Pero su protesta era muy débil.

- Sólo necesito una hora de imágenes, de seis a siete…- insistía Alice, sonriendo ahora con dulzura deslumbrante.

- Espere aquí.-contestó finalmente nuestra víctima. Ahí estaba el triunfo. Entró en la trastienda y localizó rápidamente el tramo de imágenes que necesitábamos.

- Psst, señorita…- llamó desde dentro. Asentí a mi hermana leyendo la mente del joven. Había claudicado totalmente. A través de la mente de Alice pude ver que había hecho una copia del segmento de película y estaba mostrándosela. Fase B.

- Disculpe, ¿hay alguien?- llamé desde el interior de la tienda. Era necesario que Alice se quedara sola en la trastienda. "No toque nada, enseguida vuelvo", le oí decir mientras se apresuraba para atenderme. Iluso.

- ¿Qué puedo ofrecerle, señor?- saludó amablemente el joven. En su mente, mi hermana sola en la trastienda.

- Pues, necesito una tarjeta de memoria para una cámara digital marca Sony, modelo…

- ¿Qué modelo, señor?

- Modelo… espere, espere, lo tengo en la punta de la lengua.- remoloneaba totalmente en mi papel. En la trastienda, Alice ya estaba grabando el segmento de película en un pendrive. Yo sólo tenía que hacerme el loco unos diez minutos más. Iba a disfrutar.

- ¿Qué modelo, señor?

- Pues en este momento, me he quedado en blanco. ¿Qué modelos hay?

- Infinidad, caballero.- respondió anonadado el vendedor. Sabía que no podía echarme con cajas destempladas y tampoco podía volver a la trastienda.- Veamos, ¿de cuántos megapixels es la cámara? ¿Qué funciones tiene?

- Mi esposa la compró hace un par de días, apenas he empezado a familiarizarme con ella… el modelo empieza por… estoy seguro de saberlo…

Alternaba mi mente entre la de Jasper, que disfrutaba como un enano, la de Alice, que estaba a punto de salir de la trastienda, y la del vendedor, que pensaba que había topado con el único hombre que ignoraba todo sobre la materia. Pobre, podría recitarle de principio a fin cada una de las funciones de mi cámara de fotos digital Sony DSRL A380L.

- ¡Sí!- gritó Alice saliendo de la trastienda.- En el minuto diez, ahí sale la imagen. Le diré a la policía que venga a comprobarlo. ¡Gracias, gracias!- explicaba dando saltitos de alegría.

- Mire, estoy pensando que voy a por la cámara y lo miro. ¡Qué memoria ésta!- anuncié derrotado. Salí de la tienda sin darle tiempo a protestar y oyendo a Alice soltar la puntilla.

- Si mi novio se entera de que no hay posibilidad de denuncia…

Uf, hermanita, eso escuece. En ese momento el dependiente estaba maldiciendo su escasa suerte con las mujeres. Si tan sólo supieras, chaval…

Alice encendió el portátil en cuanto estuvimos de vuelta en el coche. Yo hubiera preferido cruzar la calle e inspeccionar la librería, pero ella recomendó, con muy buen criterio que no presionáramos a la dependienta antes de saber si Bella estuvo allí.

- ¿Sospechará algo?- pregunté a mi hermana mientras ésta introducía las imágenes en el ordenador.

- No se atreverá a contárselo a nadie. Le despedirían.- anunció Alice mientras el portátil cargaba las imágenes en el disco duro.

- ¿De seis a siete?- preguntó Jasper.

- Alcánzame el bolso ¿quieres, Edward?- me pidió mientras abría el archivo. Lo pausó en cuanto apareció la imagen, para hurgar en su billetera.- Obviamente no, cielo. No voy a ser tan mala…

Rebuscó hasta encontrar el ticket de la compra en la boutique. Por supuesto. El ticket pondría la hora exacta en que Alice había pagado las prendas. Y acotaría aún más la búsqueda. Alice había pagado exactamente a las seis y media, de modo que comenzamos a ver la película sobre el minuto diez. Y en el minuto doce, ahí estaba ella. Bella llegaba apresurada a la librería y entraba al interior. Empecé a respirar entrecortado. Bella sí había entrado en la librería. Tendría unas palabras con la dependienta.

En el minuto veinte, una muchacha pelirroja salía de la librería, y sujetaba la puerta para que mi mujer la siguiera. Comencé a fabricar un nuevo gruñido, mientras las veía subir al interior de un taxi. Bella siempre por delante, conducida por aquella extraña.

Alice Pv:

Aquello iba de mal en peor. Rebobiné la imagen y la congelé para tener los datos suficientes, y descolgué mi móvil, mientras veía a Jasper tratando de calmar de nuevo a mi hermano. Tecleé sin esfuerzo el número de teléfono, que en alguna ocasión había marcado:

- ¿La compañía de taxis? Sí, tomé uno de sus taxis ayer sobre las seis y veinte de la tarde, el taxi llevaba el número 47, y creo que me dejé el bolso en su interior. Es un bolso de piel marrón, de marca… ¿Cómo dice?

- Dice que si es el que fue al aeropuerto, no volvió a la Central.- respondió mi hermano entre dientes.

- No puedo creerlo, eso es un poco extraño, ¿no cree?- le contesté a la persona que había al otro lado del hilo.- No, oiga, oiga… no es razón para que me insulte… Yo me puedo comprar otro bolso, pero usted ha perdido a un taxista…- ironicé empezando a enfadarme. Edward me arrebató el aparato de las manos y colgó la llamada.

- No me importa el taxista. Bella ha desaparecido acompañada de una completa extraña que la ha escoltado a un taxi ¡que las ha llevado al aeropuerto!- rugió furioso.- ¿Qué está pasando, Alice?

Estaba pasando exactamente lo que mi hermano acababa de relatar. Todo indicaba que Bella había subido a un taxi con una completa desconocida y juntas habían ido al aeropuerto. Comencé a teclear asustada.

- ¿Y ahora qué estás haciendo?- preguntó mi hermano intrigado, pero sin abandonar la tensión de su cuerpo.

- Sólo llevamos dos años aquí en Canadá. Bella únicamente conoce a los dependientes de las tiendas y a sus compañeros de facultad. De modo que vamos a comprobar si esa desconocida es una universitaria, como parece, o no.- expliqué abriendo el programa, y la página de la universidad.

- ¿Y cómo piensas hacer eso, Alice?- preguntó esta vez Jasper.

- Utilizando un programita que les copié a mis compañeros los frikis de la facultad. Los hackers.- aclaré con total naturalidad.- El software de reconocimiento de rostros es una realidad. Voy a copiar las fotos de los universitarios para compararlas con la de nuestra desconocida, mientras tú, cariño, nos llevas al aeropuerto.

- Yo quiero ir a la librería.- contestó Edward.- ¿Puedes imprimir esa foto?

- Puedo cargarla a un móvil. Pero seré yo la que entre. Tú puedes leer su mente desde el coche. Ahora no estás en condiciones de interrogar suavemente a nadie.

Como hubiera imaginado, la pista de la librería se diluía ahí. Por mucho que le enseñé la foto de la chica, la dependienta insistió en que Bella no había ido a recoger el libro. De hecho, el libro aún estaba allí. "Recoge el libro y vuelve al coche, Alice. Esa mujer no sabe nada" oí a mi hermano reconocer desde el coche. Pagué el libro y volví a su lado.

- Recuerda lo que te dije, Edward. No voy a parar. Ahora respira hondo y deja que me concentre para tardar lo menos posible en hacer esto.- pedí con suavidad. Cerró los ojos y se apretó el puente de la nariz, como hacía cuando necesitaba aclarar sus ideas. Después tecleó el número de Carlisle y comenzó a explicarle nuestras nuevas pesquisas. "Yo me encargaré de buscar al taxista desaparecido" oí que le decía a mi hermano. "¿Podéis enviarme una foto de esa muchacha para empezar a indagar sobre ella? ¿Es vampira?

- No tenemos una imagen lo suficientemente nítida, pero algo me dice que Alice podrá hacer algo al respecto.

Era cierto. Sólo sabíamos que era una desconocida, pero el video no nos hacía pensar que fuera vampira. En la librería quedaban trazas del aroma de un vampiro, pero yo nunca había sido buena rastreando y bien podía haber olido a Bella. De todos modos, sin serlo, entonces era una humana que se encontraba muy cómoda en presencia de vampiros, y de esas, tampoco habría muchas. "La familia de Tanya ya lo sabe. Ya he empezado a mover contactos. Ayudarán en todo lo que puedan. Enviadme esa foto en cuanto podáis".

Habíamos llegado al aeropuerto y el taxi 47 estaba delante de la puerta. Nos miramos alucinados. Jasper estacionó en el parking, cogimos nuestras bolsas y volvimos a inspeccionar el condenado vehículo. Cerrado. Había demasiada gente delante para intentar abrirlo. Pero no había nadie en su interior. Eso sí, el bolso de Bella descansaba en la alfombrilla de la parte trasera del vehículo. Sin tarjetas y sin documentación. Hubiera deseado que Emmet estuviera allí en ese momento. Desgraciadamente, tuve que guardarme en el bolso la manecilla de la puerta que Edward destrozó en un segundo.

- Edward –llamó Jasper cogiéndole el rostro con ambas manos. Mi hermano trataba de respirar hondo mientras le miraba a los ojos.- Está claro que aquí está pasando algo muy grave. Esa muchacha se ha llevado a Bella y la ha dejado totalmente incomunicada. Pero ya oíste a Carlisle. Todos nuestros amigos la están buscando. Y puedo asegurarte que los amigos de nuestros amigos también. Y Alice y yo vamos a seguirte hasta donde haga falta hasta que la encontremos, Edward. Pero tienes que mantener la cabeza fría.

Todos debíamos mantener la cabeza fría. Yo lo necesitaba para seguir tecleando, sentada sobre el suelo y copiando ya la mitad de las fotos que necesitaba. En cuanto Edward volvió a recuperar el aliento, noté la mano de Jasper reposar sobre mi hombro derecho, y mis dedos comenzaron a teclear más rápido.

- Vayamos al interior y busquemos un sitio más privado donde no tenga que cuidar la velocidad de mis manos.- sugerí susurrando.

Encontramos un área que estaba en obras. Perfecto. Si Edward necesitaba descargar, que rompiera un par de tablones. Improvisamos una mesa desde donde me resultara más cómodo terminar mi tarea, y Jasper ocupó el tiempo manteniendo a raya a mi hermano.

Cuando cayó la noche, oímos el grito.Edward fue el primero en salir corriendo y Jasper le siguió detrás, mientras yo cerraba el portátil de mala gana y lo metía en segundos a la mochila. Había visto de dónde provenía el grito de la limpiadora de noche, y no necesitaba correr tanto.

Encontré a mi hermano y a Jasper mirando a la pálida limpiadora, atendida por algunos viajeros que pasaban por el lugar y dos guardias de seguridad. El cadáver del taxista estaba en el interior del cuartito de la limpieza, en el interior de los baños. Le había caído encima a la pobre mujer al abrir la puerta. Miré a Edward, que nos indicó que nos alejáramos de allí.

- Le han partido el cuello. Los guardias creen que la muerte ha sido instantánea, pero el cadáver está pálido, y están asustados. Llamarán a un juez para que levante el cadáver, y a una ambulancia.- nos informó.

- Los guardias van a estar ocupados. Sería el momento perfecto para visitar el cuarto de vigilancia y ver las cintas de las cámaras.- sugerí de pronto.

- Sería buena idea si tuviéramos el código para abrir la garita.- se quejó Jasper. Edward sonrió de forma sombría.

- Habla por ti. Quédate por aquí por si tienes que dormir a alguno de los vigilantes, y trata de ver el cadáver. Alice y yo vamos a piratear unas cámaras de vigilancia.- contestó cogiendo mi mano.

- ¿Has leído la mente del vigilante mientras corríais hacia los baños?- pregunté sabiendo ya la respuesta.

- Precisamente. Llevo todo el día intentando calmarme y deseando ver esas cintas. Sabía que necesitábamos ese código, y el incidente con el taxista me lo ha dado.- aclaró Edward.

Sabía también dónde estaba el cuarto de vigilancia. Llegamos, comprobamos que nadie ni nada se advertía de nuestro allanamiento, y Edward tecleó el código. Tuve que respirar hondo cuando ví todos aquellos monitores, hasta encontrar el servidor central. Agradecí poder hacerlo a velocidad vampírica.

- Tuvieron que llegar al aeropuerto sobre las siete de la tarde.- repasaba en voz alta.- Todo está digitalizado y almacenado en carpetas. Sólo tengo que localizar las correspondientes a estas horas y grabarlas en un dvd.- le explicaba a Edward mientras tecleaba velozmente para localizar los archivos. No, me lamenté de repente. Si quería abarcar todas esas horas, evidentemente iba a tener que volcar los datos en mi ordenador, ya que estos ocupaban varios gigas.- ¿Despejado?

- No oigo a nadie y Jasper no ha llamado.- confirmó Edward.

Suspiré aliviada. Saqué el portátil de la mochila y el cable que necesitaba y lo conecté a la torre central, comenzando la copia de los archivos. Esperaba que no tardara más de treinta minutos en el proceso. El servidor era potente y mi portátil no era un cachivache sin valor. El móvil de Edward comenzó a vibrar. Aún quedaban diez minutos para que todo se grabara. Me tensé hasta que oí la voz de Jasper afirmar: "supongo que ya lo intuías, pero buscamos a una vampira pelirroja. El cadáver no tiene una gota de sangre". "Los guardias aún están aquí". "La mordedura está en el tobillo, ha lamido la herida para que pase desapercibida".

Por eso el cadáver estaba tan lívido, y no azulado. La mano de Edward que no sostenía el teléfono estaba firmemente contraída en un puño. Estaba segura de que se estaba clavando las uñas en la carne.

- Edward, podemos irnos, si no hay moros en la costa. Ya he terminado de copiar los archivos.- afirmé desconectando el cable y guardando el portátil de nuevo en la mochila.- Edward… tenemos que irnos.

Pero Edward no se movía. Cogí su mano y le arrastré en silencio hasta la puerta de la garita. Mi hermano tecleó de nuevo el código, por lo que imaginé que no había ninguna mente que él pudiera leer en las inmediaciones y le saqué de allí cogida de su mano. Volví hasta donde había estado copiando las imágenes, y le dejé una perdida a Jasper para que dejara su puesto. Cuando llegó al área en remodelación, Edward aún no había movido un músculo, y yo había empezado a cotejar las fotos de los universitarios con la de nuestra desconocida. Aunque sabiendo ya que era vampira, prácticamente era ridículo. Si hubiera habido otra vampira en la universidad, la abríamos olido. Era prácticamente imposible que no nos hubiéramos cruzado con ella. Aún así, Edward parecía totalmente abstraído por la pantalla de mi portátil, de modo que dejé que el proceso continuara.

- Seguramente, registrarán el aeropuerto en las siguientes horas. Así que deberíamos movernos de aquí.- aconsejó Jasper.- Si nos encuentran merodeando por aquí no les va a hacer mucha gracia.

- Estoy de acuerdo. Tú intenta mover a Edward y nos vamos al coche. Tenemos varias horas de un total de sesenta cámaras de seguridad que visionar.- informé con un ápice de derrota en la voz. Iba a ser muy arduo, hasta para tres vampiros.