¡Perdón! Ya lo arreglé... Hehe.

Estoy nerviosa... ¡No sé cómo les parecerá este! Creo que también terminó siendo largo, pero en fin. ¡Perdón por no subir update ayer! Ya empecé clases y estoy algo desvelada u.u

¡Por favor déjenme review de este los que puedan! Como lo escribí no tan despierta, me gustaría saber qué opinan.

(P.d: Kam, me gustaría contestarte personalmente, pero creo que como eres guest no puedo :C. Sólo puedo decirte que continúes leyendo... las cosas no son lo que parecen ;3)

¡Muchas gracias por leer!

WhereIsTheBlack


3 DÍAS ANTES…

Draco Malfoy permanecía de pie con una expresión estupefacta en el rostro, como si le hubieran dado un buen golpe en la cara. Sus manos reposaban en el borde del pensadero, aferrándolo con fuerza para no desvanecer. El profesor Dumbledore estudiaba su reacción con cautela, casi con miedo de que el chico pudiera estallar en cualquier segundo. Dumbledore había anticipado esto, y sabía que debía darle unos segundos para que pudiera asimilar la situación.

-Draco, por favor toma asiento.-

Malfoy continuaba de pie con la mirada perdida. Su rostro reflejaba miedo, angustia, ira… pero sobretodo shock.

-Usted… ¿Usted vio lo que yo he visto?-

Dumbledore, solemnemente inclinó ligeramente la cabeza mirando al suelo, pero en seguida miró fijamente a Malfoy de nuevo.

-Lo he visto todo.-

Malfoy en seguida pasó una mano despeinando sus cabellos rubios, en signo de desesperación.

-¡¿Por qué me ha enseñado esto?! ¿Qué no se supone que los pensaderos sólo muestran el pasado? ¡Esto es una maldita farsa!- dijo mirándolo fijamente enfurecido, sin despegarse de su apoyo, aún incapaz de creer lo que su mente había experimentado.

-Me temo que todo lo que has visto, llegará a suceder.-

-¿De verdad cree usted… que yo… y esa sangre sucia…?-

-Draco.- intervino Dumbledore con severidad, haciendo que el chico guardara silencio. –Nadie elige su destino, es el destino el quien nos elige a nosotros. Tienes la oportunidad de hacer algo al respecto, Draco. Puedes cambiar el futuro, pero la decisión debe ser tuya, yo no puedo forzarte a que hagas nada en contra de tu voluntad.-

-¿Y qué si yo no quiero este destino? ¿Qué si no quiero hacer lo que usted me pide?-

-Entonces todo estará perdido.-


Al salir, Hermione dio gracias al cielo por estar en un lugar abierto. Las miradas y los secretos entre las chicas que estaban en el Comedor hacían que sintiera que le faltaba aire. Volvió los ojos a Alan, quién los tenía fijos en ella como si estuviera estudiando cada reacción que evocaba. Hermione sacudiendo un poco la cabeza aclaró la garganta y prosiguió.

-Bien, pues creo que debemos comenzar por las aulas y al final por los jardines.-

-Me parece perfecto.- dijo el chico.

Hermione y Alan recorrieron el castillo, con la morena mostrándole los pasillos, las aulas, los corredores e incluso algunos cuadros que colgaban de los muros. La compañía de Alan era placentera, ya que sólo hacía preguntas necesarias y conversaba de vez en cuando de otras cosas para hacer la situación menos pesada. Hermione tuvo que admitir que disfrutaba del tiempo con el chico… le agradaba que compartieran algunas cosas, como el gusto por la lectura y los paseos a la luz del sol, además de que pensaba que era algo gracioso.

Llegadas las doce del mediodía, ambos se dirigieron a su primera clase, que era Pociones. Hermione le advirtió a Alan de lo pesado que podía llegar a ser el profesor Snape, cosa que no le importó mucho al chico, pero lo tuvo en mente. Al entrar, Hermione se encontró con un alineamiento de los alumnos distinto que la dejó extrañada. Harry no compartía pupitre con Ron, sino con Parvati, y Ron permanecía solo. Justo cuando Hermione iba a preguntarle a alguno de los dos el porqué de este repentino cambio, se percató de que todos los alumnos que normalmente compartían pupitre estaban en un lugar diferente.

-Pero qué…-

-Señorita Granger, quítese del medio del pasillo y siéntese donde le corresponde.- la interrumpió Snape, que al parecer había regresado de recoger unas pócimas. Hermione miró a su alrededor con una expresión que pedía que alguien le explicara qué era lo que estaba sucediendo, pero nadie pareció darse cuenta de su plegaria.

-Yo… No…-

-Si no hubiera llegado tarde, Señorita Granger, no se hubiera perdido mi explicación. Cinco puntos menos para Gryffindor.-

Algunos de los Gryffindor hicieron pequeños sonidos de decepción. Hermione estaba petrificada. Nunca en su vida había llegado tarde a una clase, mucho menos a una de Pociones. Parecía como si una de sus peores pesadillas estuviera ocurriendo en ese preciso momento y la chica no sabía si desvanecer, llorar o salir corriendo del lugar.

-Disculpe profesor.- interrumpió Alan con falsa modestia y expresión seria, como si estuviera molesto, lo que hizo que Hermione rápidamente enfocara su atención en él. –Hermione sólo estaba mostrándome las instalaciones. Verá, soy nuevo, y la profesora McGonagall…-

-La profesora McGonagall no está encargada de esta clase. Ésta clase comienza a las doce en punto y ya son las doce y un cuarto. Así que siéntese, cállese, y no me haga perder mi maldito tiempo.-bramó Snape colérico.

Hermione observó cómo Alan trababa la quijada y apretaba sus puños en expresión de furia.

-¿Y dónde se supone que deba sentarme, profesor?- dijo furioso, añadiendo la última palabra con un tono de burla.

-Diez puntos menos para Gryffindor,- señaló Snape. –Tal vez sea nuevo aquí, Señor Blackwell, pero yo no tengo tolerancia para burlas estúpidas. Así que si no quiere ser enviado a la oficina del director con otros cincuenta puntos menos para los dos.- dijo ahora señalando a Hermione, -Tendrá más respeto, ¿Quedó claro?-

Hermione miró a Alan con expresión asustada, y él, al mirarla, enseguida relajó su compostura.

-Me quedó claro, Profesor.-

-Bien.- concluyó Snape con un chasquido de dientes. –Ahora, siéntense.-

Al observar que ninguno de los dos se movía, y se quedaban mirando con gesto de pregunta, Snape soltó un suspiro de frustración.

-Usted.- dijo señalando a Alan. –Se sentará con Weasley.- dijo señalando a Ron, quien tenía una mirada firme y un poco molesta. Alan cautelosamente se encaminó a donde estaba Ron y se sentó a su lado.

-Y usted.- Hermione volvió la cabeza hacia él con brusquedad. – Se sentará con el Señor Malfoy.-

Hermione sintió que toda la sangre se le iba a los pies al escuchar quién sería su nueva pareja de Pociones. Parecía como si el tiempo se hubiera detenido para que pudiera asimilar que tendría que compartir pupitre con su peor enemigo, el chico que la había llamado sangre sucia… el chico que la odiaba. Cautelosamente observó la expresión de Malfoy, esperando a que protestara al nuevo arreglo que se había hecho, pero el chico simplemente se quedó quieto, con furia en su rostro.

Sin dejar pasar más tiempo, se encaminó a la esquina superior de la habitación, donde se encontraba el rubio. Cuando llegó a su lado, Malfoy se apartó con brusquedad, como si ella tuviera algún tipo de enfermedad contagiosa, provocando que la chica se molestara y rodara los ojos.

-Bien, estos son sus nuevos asientos por el resto del año escolar.- anunció el profesor, evocando una multitud de sonidos en el aula, algunos de curiosidad y otros en signo de protesta y cuestionamiento.

-¡Silencio! No me importa su opinión ni tengo por qué aclarar sus dudas. Deben de elaborar un suero de relajación de quince mililitros para entregar al final de la clase. Gracias a la pequeña intervención de sus compañeros, tienen exactamente diecisiete minutos, y si no recibo su suero antes de que regrese, reprobarán el período.-

En cuanto salió Snape del aula, enseguida todos comenzaron a organizar ingredientes en silencio. El suero de relajación debía dejarse reposar por lo menos cinco minutos para tomar el color adecuado, por lo que ningún equipo tenía mucho tiempo.

Hermione comenzó a preparar algunas cosas según su libro de Brebajes y Pócimas, obteniendo y preparando los ingredientes necesarios, pero Malfoy seguía apartado de ella sin hacer nada, observándola con un asco como si ella tuviera la peste, pero atentamente.

-Malfoy, ¿vas a moverte o no? No puedo hacerlo todo yo sola y nos quedan menos de doce minutos.- dijo encarándolo con severidad.

-No me digas que hacer, maldita sangre sucia.- dijo enfurecido, atravesándose para arrebatarle el libro y accidentalmente romper uno de los frascos con los ingredientes.

-¡Mira lo que has hecho!-

-¡Ha sido culpa tuya!-

-¿Cómo ha sido culpa mía? ¡Fuiste tú quien se atravesó!

-¡Me diste asco y me desconcentraste, maldita puta!-

-¡¿Qué dijiste?!-

-¡Lo que has oído!-

Hermione, colocó las manos en sus oídos en una fracción de segundo, desesperada. Después las pasó por su cabello intentando contener la calma mientras que Malfoy le reprochaba su sangre y su proveniencia con un odio y una malicia que despertó la curiosidad de algunos en el aula. Con lágrimas en los ojos de cólera y ansiedad, hizo lo imperdonable: Sujetó a Malfoy con ambas manos por el cuello de la túnica, y jalándolo a pocos centímetros de su rostro le susurró entre dientes de una manera hizo que el rubio se sorprendiera, y mucho.

-Escúchame bien, Draco Malfoy,- dijo con lágrimas cayendo rápidamente por su rostro, y con ojos que mostraban una impotencia reprimida.-Te odio. Te odio con toda mi alma, pero ahora no puedo concentrarme en eso porque no quiero reprobar el período, ¿me escuchaste? Te odio desde el día que nos conocimos y te odiaré por el resto de mis días. Y sé que tú me odias también, así que trabaja para salir de esto más pronto o quítate de mi puto camino.- dijo dándole un leve, pero fuerte empujón y volviendo a componer el suero.

Malfoy se quedó quieto, con una expresión de asombro indescribible. Observó cómo las lágrimas caían del rostro de Hermione y su rostro palideció, como si dentro de sí, sintiera algo que nunca había sentido jamás, algo que hizo que sintiera poder borrar las lágrimas de su rostro. Pero antes de que pudiera reaccionar, alguien lo sujetó por la túnica y lo estrelló contra el muro.

-¡Alan, ¿qué demonios estás haciendo?!- gritó Hermione horrorizada.

-Escúchame bien, pedazo de escoria.- dijo Alan azotando a Malfoy contra el muro con más fuerza. -No quiero volver a oír que la llames de esa forma, ¡¿me escuchaste?!-

-Alan, basta ya.- bramó Harry sujetándolo y apartándolo de Malfoy.

Alan se soltó de los brazos de Harry, pero antes de que pudiera añadir algo más, sintió que una fuerza inimaginable le partió el rostro, haciendo que cayera al suelo con estruendo. Malfoy se posaba sobre él, con los puños cerrados, y con una rabia que casi no podía controlar. Alan se reincorporó y en seguida le dio un derechazo, causando que Malfoy también cayera al suelo.

-¡¿Qué demonios es lo que sucede aquí?!- rugió Snape azotando la puerta.

Todos se quedaron quietos, excepto Hermione, cuyas lágrimas no cesaban de caer ante la pesadilla que estaba ocurriendo. Snape, al ver a Alan posicionado a un lado de Malfoy, con la cara ensangrentada y los puños apretados, se compuso.

-Ciento cincuenta puntos menos para Gryffindor. Señor Blackwell, preséntese a la oficina del director.-

-¡Pero profesor, fue Malfoy quien empezó!- intervino Ron con las orejas coloradas.

Snape, ignorándolo, añadió: -Señor Malfoy, preséntese en mi oficina.-

Ambos chicos se miraron con odio, y uno tras otro, se dirigieron a la puerta, Alan tocándose la mandíbula y Malfoy cojeando ligeramente. En cuanto salieron, Snape se volvió al resto de la clase con expresión severa.

-Pueden retirarse.- Y sin avisar, salió azotando la puerta con brusquedad.

Todos los presentes permanecieron en donde se encontraban, mirando a Hermione. La chica continuaba llorando, sin saber cómo comportarse o cómo reaccionar.

Instintivamente, Harry acercó su mano a su espalda, pero ella se estremeció y se alejó de él.

-Hermione…-

La chica no pudo escuchar más antes de salir corriendo por la puerta.


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