Oscuridad

Había momentos en que Lucifer le dejaba tranquilo, como si le divirtiera que se relamiera las heridas y sintiera un poco de tranquilidad, algo que pronto arruinaría con nuevas y profundas torturas. Con formas nuevas de sentir dolor que realmente él nunca hubiera querido descubrir. Lo dejaba tirado en la oscuridad de la jaula, y se alejaba lo suficiente para que Sam se sintiera totalmente solo. Esos momentos, esa tranquilidad, era los momentos en que Sam recordaba su vida antes de la jaula. Las salidas en el Impala para cazar, dormir en ese asiento, comer en ese asiento, molestar a Dean… Dios, extrañaba tanto a ese idiota. En esos momentos siempre recordaba los brillantes ojos verdes de su hermano, su cabello claro y esa sonrisa estúpida en su estúpido rostro.

Hubiera dado lo que fuera por verlo.

Y comenzaba a llorar. Dolía tanto saber que eso había pasado hacía una eternidad para él, que jamás volvería a verle, que jamás volverían a pelear. Dolía más que la tortura de Lucifer, que los golpes, que ser despellejado, dolía tanto que rogaba por ser torturado.

Pero esa era su tortura, la oscuridad y lo que traía con ella.