Trágica Reacción

Con vendas en los ojos

-Bien, Tomoyo Daidouji, te prohíbo pensar en Eriol Hiraguizawa. Vamos, vamos, vamos piensa en otra cosa. ¿En qué debo pensar? No debería pensar en nada, debería tomar atención al maestro, sí, tengo que prestar atención al pizarrón… Pero química es tan aburrida... Además podría decirle a Eriol, que después me enseñe ¡No! ¡Basta Tomoyo! Contrólate... ¿Que estará diciendo ahora el profesor? parece importante... Me pregunto si hará un examen de esta materia, espero que no. ¡Todo esto es tan aburrido!... ¿En que estará Eriol? Mmm.. Ya que demonios, aunque trate no puedo dejar de pensar en ese idiota ¡Quiero estar con Eriol...!

L a chica dejo caer la cabeza en la mesa con un sonoro ruido que solo avivo la atención del maestro que desde mucho ya se había fijado en Daidouji y sus morisquetas y de cómo parecía hacer de todo menos prestar atención a su clase. Para mas remate distraía a los demás.

-Señorita Tomoyo.

-Quiero estar con Eriol... Quiero estar con Eriol.

-¡Señorita Tomoyo!

- Pero Eriol no quiere estar conmigo, entonces que se vaya al demonio.

-¡Señorita Tomoyo!

-No es el único hombre, es mas hay hombres mucho mejores que Eriol... Maldición. Quiero estar con Eriol.

-¡Tomoyo Daidouji!

-¡¿Qué?

El profesor contuvo las ganas de gritarle y con su rostro todo colorado de irritación simplemente le indico con el brazo que saliera del salón.

Tomoyo con el arrepentimiento a cuesta, se levanto para salir, si se quedaba a disculparse solo empeoraría las cosas, salió de la manera más silenciosa y modesta posible una vez fuera del aula y con la puerta cerrada, el profesor pudo relajar sus músculos.

-¡Como puedo tener tan mala suerte! —resolló.

Se escucho desde afuera, provocando las carcajadas entre los alumnos. El rostro del maestro nuevamente se coloreo de un intenso rojo.

Cuando Eriol salió al exterior busco por todas partes a Tomoyo y la que encontró fue a Sakura sentada en una de las bancas cerca de las canchas vacías de tenis. Comenzó a acercarse a ella, sin dejar de mirar en los alrededores esperando encontrar a la morena por algún lado.

-Hola —saludo distraído.

Sakura despego sus ojos del libro.

-Tomoyo está castigada —dijo acomodándose los lentes.

-Otra vez... Me urge hablar con ella —se lamento Eriol.

-Bueno, ya sabes dónde está.

-¿Y esta vez porque la castigaron? —pregunto sentándose al lado de Sakura.

-Le grito al profesor —percibió la expresión alterada de Eriol y seguidamente explico— Fue sin querer, no se dio cuenta ya sabes cómo es... A sí que no te sientas culpable.

-No me siento culpable —contradijo esté.

-Oh, está bien —respondió sin interés y volvió a poner su atención a la lectura.

-¿Por qué? ¿Te ha dicho algo?

-Algo —afirmo.

-¿Qué cosa?

-Lo de Mitzuki y tú.

Eriol se rasco la cabeza y apoyo los codo en las rodillas, con la cabeza gacha y los ojos fijos en el suelo.

-Lo único que no quiero es perder su amistad —explico con tranquila desesperación es su voz.

Sakura suspiro dejando su libro de lado y contemplo a Eriol pacientemente, y veía que sus sentimientos eran sinceros; en su rostro se notaba el la pesadumbre y el remordimiento, casi los mismos reflejos cansados de Tomoyo.

-Deberías pensar en ella —comenzó a decir— Tomoyo se esfuerza mucho, más de lo que tú piensas. Ella hace a un lado sus sentimientos para anteponer los tuyos y su mayor preocupación es que tú no la veas como un fastidio.

-Pero si yo jamás la veo así; ¡Jamás la podría ver como un fastidio!

-Es lo que yo pienso —aclaro Sakura—. De todas formas ustedes dos no tienen caso.

-¿A qué te refieres?

-La única manera en que puedan resistir los sentimientos del otro es distanciándose.

-¡No! Ni pensarlo —sacudió la mano vehemente .

-Ese es el problema —regaño Sakura con una mueca de enfado— Dependen demasiado el uno del otro y no hacen nada por remediarlo a pesar del daño que se hacen.

Pero la verdad era que a Eriol poco le importaba si era dependencia, necesidad o lo que fuera Tomoyo era su amiga, una parte indispensable en su vida y ni por un sólo segundo se alejaría de ella.

Ese ultimo pensamiento creo en él una extraña sensación de egoísmo.

-No seas egoísta. Tomoyo es mi mejor amiga, es molesto ver como ella sufre y tu nunca haces nada —manifestó Sakura como si le hubiera leído el pensamiento.

OO

Con la mayor rapidez posible sacaba una galleta del paquete que guardaba en el bolso, se inclino un poco hacia un lado evadiendo el estante frente a ella y vio que la anciana bibliotecaria aun no llegaba. Pero aun así no quería confiarse, si la veían comer, sería su ruina.

Estaba sola en la biblioteca cumpliendo un castigo bien ganado, ahora por su imprudencia tendría que hacer un informe completo sobre química orgánica y ni siquiera llevaba una frase completa. Sin embargo, ese no era el problema ya que él profesor apiadado, le había dado una semana de plazo, aun así, tendría que pasar todas sus horas libres rodeadas de libros. Ni que fuera una fantasía de Sakura.

Cuando sintió a alguien entrar trago rápidamente tomo, el lápiz y comenzó a fingir que escribía, pero cuando noto que era un estudiante más soltó un suspiro de alivio; vio, al atisbar una pierna enfundada en un pantalón desaparecer una mesa adelante de ella. Aunque no logro mirar mas allá por culpa del estante que dividía las mesas formando un pequeño cubículo personal. Cuando nuevamente comenzó a tirar de la boca abierta del envase, tomo una galleta que se detuvo al camino de su propia boca. Un fuerte sonido la arranco de su concentración.

-¿Que demo...?

Quien fuera, estaba escuchando música y aunque lo más probable era que estuviera con audífono por la distorsión del ruido, el sonido era demasiado fuerte en ese silencio y llamaría la atención de la bibliotecaria como lo había hecho con la de ella.

Tomoyo se levanto sigilosamente tratando de resguardase en su cubículo queriendo evitar la mirada reprobatoria de la anciana, aunque dudaba que si estuviera allí no se hubiera acercado ya atraída por el boche. Quiso ver, con una inexplicable curiosidad, quién era el personaje que se reventaba los tímpanos del oído. Acerco una silla cercana al estante frente la mesa y se paro de puntilla sobre ella. Atisbando sobre el mueble miro al intruso que se atrevió a romper el silencio de la biblioteca. Sus cejas se alzaron con sorpresa y soltó una exclamación de admiración.

Nuca lo había visto antes ni en los pasillo, ni afuera del instituto y alguien con la apariencia que él tenía, básicamente, no podía pasar desapercibido en ninguno de los dos lados.

Poseía una belleza y elegancia bastante peculiar para un adolescente que vestía con las mismas ropas del uniforme que los demás, tan normales y simples... Estaba sentado con un tobillo sobre la rodilla, con la cabeza levemente inclinada y sus ojos observando con desinterés el libro que sostenía sus manos, y ante esa imagen, todo lo demás quedaba invisible; no percibía una biblioteca, ni los libro tras su espalda su belleza era tan sublime que absorbió todo a su alrededor. Tenía el cabello largo y de color grisáceo claro, una piel blanca que parecía transparente, un rostro de facciones masculinas finas y armoniosas, perfectas. Y ojos de un exótico celeste plateado, y que una vez vistos jamás se olvidarían. Todo un conjunto que desembocaba en la apariencia de un ángel demasiado hermoso e irreal como para ser cierto.

Quiso enfocar mejor su vista, se apego un poco más al estante y poco a poco el libro que estaba a la altura de sus pechos fue cediendo hacia la orilla y callo del otro lado con un fuerte y resonante golpe. El desconocido y fijo sus ojos sobre ella, y por un segundo se vio traspasada por una fuerza que la dejo sin aliento. De un salto bajo de la silla y se cubrió el rostro con las manos, espero a que su corazón pasara el susto y por el costado del estante que daba al pasillo, se asomo y con rebuscada valentía se dirigió a él.

Cuando lo examino de manera más clara, se dio cuenta que realmente era una persona imponente en su forma delicada y angelical, era alguien que resultaba intimidante. Era un cuadro para ser adorado y venerado, le costaba creer que existiera algo más perfecto que ese rostro y ese cuerpo alto y que le hacía sudar las manos de emoción. Tenía un gesto un poco serio, observo Tomoyo, ni siquiera se había inmutado con su presencia. Sus rasgos seguían tan quietos, petrificados como un cuadro mismo.

-No deberías estar escuchando música con ese volumen acá... —se atrevió a comentar, alegre de que su voz sonara con normalidad.

-¿Por qué me hace daño? —la voz suave y profunda de ese sujeto le dio un escalofrío. Al parecer estaba acostumbrado consejos acústicos, lo cual no dejaba de ser cierto.

-No, porque te lo pueden quitar —respondió como si fuera lo más lógico. Miro el aparato musical que guardaba en sus manos y sonrió amigablemente— La bibliotecaria es muy quisquillosa y te aseguro que no te lo regresara en algún tiempo, diría años.

El chico no respondió, sólo hizo un ademán de que muy poco le interesaba. Ella estrecho los ojos, mas cautivada que antes.

-De seguro que allá afuera no te dejan ni un minuto tranquilo... —Tomoyo se cruzo de brazos— ¿Eres nuevo?

Yue la miro con curiosidad, pensado si lo hacía a propósito y con intención. Pero por lo que vio era una pregunta bastante estúpida y al parecer franca.

-Sí, soy nuevo —respondió con la esperanza de que se fuera pronto.

-En ese caso, me llamo Tomoyo Daidouji —se presento. Poco a poco su rostro se fue tornando serio al notar que el chico no le respondía con la misma cortesía y eso la decepciono— Ya veo, tú perteneces al grupo "Soy mucho mejor que tú. Trátame como un dios"

Aquellos fríos ojos de hielo la miraron con tedio, como si no fuera nada más que una cosa molesta. Pero ella no se dejo amilanar.

-Yue Tsukishiro —acabo por responder a lo que Tomoyo sonrió complacida.

-Bueno, Yue Tsukishiro, te recomiendo que te vayas a ese rincón —indicando el último cubículo formado por los estantes le sonrió traviesa— Es la sección Bibliográficas y nadie va, pero aun debes tener cuidado de no hacer ruido.

Dicho lo ultimo, se volvió para ir a su lugar con la idea fija adelantar en algo el dichoso informe.

A los segundo después Tsukishiro se dirigió donde le había indicado y al pasar por su lado alcanzo a escuchar el suave murmullo de un "Gracias".

-De nada, Yue —respondió divertida.

Ya decidida a comenzar a escribir otra línea otra vez oyó la puerta abrir y cerrarse, miro hacia la entrada para ver si era la bibliotecaria. Su corazón fue el primero en alertar a Eriol, quien tan rápido como reparo en ella fue en su búsqueda.

-Escúchame —Eriol se sentó en la silla frente a ella y como una bala disparada dijo— Te quiero pedir perdón.

Tomoyo levanto una ceja suspicazmente.

-Exactamente por qué me quieres pedir perdón.

-Por cómo me he comportado contigo, por cómo crees que te estoy remplazando con Kaho ¡Y te juro que no es así! —anidio tajantemente.

-Yo tampoco creo que sea así —le indicó Tomoyo dándole una mirada como si estuviera loco.

-Pero ya no sé cómo actuar. Por un lado estás tú, que me dices que no me preocupe de tus sentimientos, pero es algo que no puedo dejar de hacer, Tomoyo. Y cuando lo hago sientes que es una ofensa.

-Nunca ha sido mi intención.

-Y por otro lado estoy yo, quién piensa cada segundo que hacer para no herirte —Eriol le tomo las manos y se las apretó con suavidad— Moriría antes de hacerte algo que pudiera dañarte.

-Lo sé —dijo conmovida ante la angustia de su amigo— Eriol, se todo lo que haces para no dañarme y entiendo la desesperación que debes sentir por mí. Pero quiero que entiendas que por sobre todas las cosas yo soy tú amiga, y siento que con todo esto, nuestra amistad no adquiere el verdadero sentido. Por la culpa de mis sentimientos tú no puedes confiarme todo, y eso es lo que me duele...

-Claro que te confió todo —rebatió sentido.

-Entonces quieres que te repita el nombre de Naoko.

-¿Que hay con ella? —abriendo excesivamente los parpados desvió la mirada con disimulo.

-Y lo de Airi.

-P... pero...

-También Mey —le soltó las manos y comenzó a hacer las cuentas con los dedos— Honoka, Misaki, Junko y...

-¡Ya! —Eriol tomo aire— ¿Como sabes de todas ellas?

-Vamos, creías que no me iba a enterar de todas esas chicas y el ridículo intento de mantenerlas ocultas —ironizo— Y además, porque la mayoría de ellas creyó prudente comentarme que estaban saliendo contigo… Ya sabes, para que así no me entrometiera.

Eriol mantuvo silencio por unos instantes.

-Me siento como un idiota —gruño.

-No te culpes, ese no fue el acto más honroso pero lo hiciste para cuidarme y te lo agradezco —él le sonrió superficialmente— Pero aun así me siento defraudada.

-Lo siento, se que debí contarte pero... Ponte en mi lugar —pidió—, es difícil para ambos.

La culpa se apodero de sí. Sabia, que su amigo se preocupaba tanto o más de ella. Era odioso, nada resultaba como querían, pero por lo menos la preocupación era sincera... Aspiro hondo y trago lentamente. Era difícil. Era un paso primordial, uno que les ayudaría a aceptar los hecho, Sakura se lo había dicho. Era lo único que le quedaba por hacer.

Aprovecho su último trozo de fortaleza y dijo.

-Sabes, creo que Kaho es una gran chica. —tomo aire— Se llevan muy bien, y la afinidad esevidente; se ve que se gustan mucho. Realmente mucho.

-¿Eso crees? —levanto las cejas.

-¿Acaso tu no? Es más, no sé porque aun no se han declarado.

-Creo que todavía es muy pronto, es grandiosa pero quiero conocerla mejor —Eriol le sonrió con ternura y tomo sus manos nuevamente— No tienes que actuar así.

Ella sacudió la cabeza.

-Ya te dije, por sobre todas las cosas yo soy tu amiga —ella quiso separar el contacto pero él hizo presión—... y si para eso tengo que asumir a Kaho lo haré. Jamas podría entrometerme entre ustedes.

-Eres una gran amiga, Tomoyo.

El corazón se le encogió dolorosamente, esperaba que aquel dolor no se hubiera visto reflejado en sus ojos pero no podía valerse de ello. Se recompuso lo mejor que le fue posible, pero mirar el rostro amable y preocupado de Eriol y saber que ella era la causa la entristeció profundamente, algo que iba mucho mas allá de las lagrimas o de la amargura. Lo amaba tanto.

-Será mejor que termine de hacer esto —dijo con la voz atorada. Separo por fin sus manos de las del chico y se contuvo de restregársela para hacer desaparecer el roce.

Él carraspeo y le dio una sonrisa que pretendía ser relajada.

-¿Quieres que te ayude? —preguntó.

-No es necesario ya estoy acabando —Eriol la miro desconfiado— En serio, ya estoy terminando.

Unos segundos quietos, se miraron; sin pretensiones algunas más que la de asumir lo hechos. Tomoyo aparto la mirada incapaz de seguir sosteniéndosela como si nada ocurriera, como si no se muriera de amor por dentro. Lo oyó tomar aire y exhalarlo pesadamente, era un suspiro cansino que le agrego una carga más sobre ella. Eriol se puso de pie y agrego con simulada naturalidad.

-Está bien, pero no dudes en llamarme si quieres ayuda — ofreció antes de irse.

Tomoyo lo vio desaparecer tras la puerta y suspiro aliviada. Súbitamente recordó que no estaba sola y se pregunto si era posible que hubieran oído su conversación, era lo más probable, pensó sin mucha importancia. Asomo su cabeza por el pasillo miro hacia atrás, donde se suponía que estaba el chico nuevo. Sólo lograba escuchar el estridente sonido de la música.

-¡Sakura, espera! —Tomoyo llamo a la par que iba saliendo de la biblioteca. Se acerco a ella en un trote corto y rápido.

-¿Ya terminaste? —pregunto mientras se encaminaban por el pasillo.

-Claro que no... Ya quisieras. Pero no te preocupes, porque tendrás la oportunidad de ayudarme.

-Que suerte —dijo con sarcasmo.

-No te preocupes —recalco con una sonrisa— que después te recompensare invitándote a donde tú quieras.

-Luego te daré unos apuntes y te ayudare a ordenarlos... —suspiro pacientemente.

-¡Eres grandiosa! —exclamo la chica, Sakura rodeo los ojos se acomodo los lentes— Ahora que lo recuerdo Eriol te buscaba con urgencia.

-Ya hablo conmigo —dijo apagando de inmediato su expresión animada.

-¿Y qué paso? —inquirió Sakura

-Nada, lo mismo de siempre, me pidió perdón porque creyó hacerme daño; yo le dije que no había nada que perdonar... Y ya sabes, lo usual, tan amigos como siempre.

-Ó sea todo sigue igual.

-No lo creo que sea tan así. Puede que no sea tan malo —recapacito.

-¿Por qué lo dices?

-No lo sé a ciencia cierta, pero digamos que mi dignidad y autoestima tratan de brindarme un poco de positivismo.

-Me alegra oír eso —dijo entrelazando un brazo con el de ella dedicándole una sonrisa.

Tomoyo le respondió de igual manera, pero repentinamente se apego más a ella en un tono confidente.

-Por cierto, hoy me tope en la biblioteca con un chico muy extraño nunca lo había visto —decía en voz baja—. Es algo desagradable y un tanto intrigante a la vez, pero tiene un aura que dice, aléjense... No parece normal, ¿Lo ha visto?

-Probablemente te refieras a Yue Tsukishiro —adivinó.

-¿Eh?... ¿Cómo lo sabes?

-Tomoyo —expreso con paciencia—, él se presento hoy en clase y por supuesto tú no lo recuerdas porque tu mente navegaba en cualquier otra parte. Tienes serios problemas de atención.

-Sí recuerdo, algo —dijo pensativa— Con razón me miro como si estuviera loca al preguntarle su nombre, debió haberme reconocido como compañera.

-Es lo más seguro. Y por favor presta atención a las clases —rogo entrando al salón. Tomoyo asintió obedientemente y cada una fue en su lugar correspondiente.

Creyó Tomoyo, por el silencio ensordecedor, que se trata de la presencia del maestro sin embargo al alzar su mirada vio que era Yue Tsukishiro quien ingresaba al salón enmudeciendo a todos a su paso, creando ese estado colectivo de curiosa admiración. Todas y todos lo miraban sin disimulo o vergüenza alguna, atentos y expectante, a Tomoyo la hizo pensar que en cualquier momento extendería sus alas dejando al descubierto su identidad, sonrió para sus adentro. Todos parecían exagerar, y era obvio que el chico no estaba complacido por toda esa atención que recibía.

Se sorprendió verlo sentarse tras de ella y sorprendió mucho mas al darse cuenta que ella misma no le había quitado los ojos descarados de encima, guardando el mismo silencio reverencial que los demás.

Volteo lentamente y ahí estaba él, examinándola con una fijeza admirable. No sabía porque, pero esa aura un tanto tétrica y majestuosa que le rodeaba y toda esa imagen dura y severa, por alguna extraña razón a Tomoyo le causo gracia. Y solamente le respondió con una sonrisa como si de un niño se tratara. Entonces Yue alzo una ceja interrogante.

OO

-Creo que no le agrado —admitió Kaho mientras seguía con los ojos los rápidos movimientos la raqueta .

-Ella... me dijo... que... si le agradabas —respondió con voz entrecortada sin detener los golpes— No hagas caso —corrió al lado contrario—, Tomoyo es una persona bastante... particular —corrió a la otra esquina y asesto otro golpe a la pelota—... con sus amistades.

-¿Puede que este celosa? —aventuro a decir.

Eriol se detuvo con la respiración agitada y enjuago su transpiración en su brazo.

-Lo dudo —mintió Eriol. Sin esperar otra pregunta reanudo su rutina de tiros.

-¿Que tan amigos son ustedes? —interrogo alzando un poco la voz.

-Desde... la infancia.

-Debe ser lindo tener una amistad como la de ustedes —cavilo unos instantes— ¿Ella te gusta? —Eriol falló el tiro.

Esa pregunta lo había tomado desprevenido y sintió terror de que malinterpretara su relación de amistad con Tomoyo. Se detuvo nuevamente esta vez para mirarla a la cara.

-¿Por qué lo preguntas? —dijo jadeante.

-Lógica.

-¿Lógica? —repitió con incredulidad.

-Cuando los veo juntos parecen tan unidos como si los dos fueran uno. No dejan entrar a nadie más en su circulo y son sus gestos, sus claves, como se comunican con los ojos. Eriol, me parece que no es sólo una mera amistad —su tono languideció levemente.

-Es porque somos muy unidos y nos cuidamos mutuamente —explico pasando distraídamente los dedos por las cuerdas de la raqueta—. Entre nosotros no hay más que amistad, casi hermanos.

-¿Ella nunca te ha gustado entonces? —inquirió siguiendo el movimiento de los dedos de Eriol.

-No...—se sintió profundamente incomodo, pero agrego— Pero para mí ella es indispensable.

-Ya veo —Kaho dio un lento suspiro y algo en ella pareció perder fuerza.

-No es nada de eso —manifestó Eriol con una suave sonrisa en los labios, caminando hacia ella se acuclillo quedando casi a su altura, había cierta picardía en su mirada cuando hablo— Mis sentimiento ya son de alguien más... y Kaho, sería un milagro si todavía no te has dado cuenta aun. Sé que puedo ocultar bastante mis emociones, pero no tengo intenciones de hacerlo contigo.

Kaho sonrojada y todo, se mostro visiblemente satisfecha con la respuesta y no rehuyó su mirada ni su cercanía.

Eriol presintió el momento, si se acercaba un poco más la podría besar, si se inclinaba un poco hacia adelante y aproximaba su boca y la posaba sobre la de ella estaba seguro de que le corresponderían sin miramiento alguno. Un beso, un ansiado beso... Se quedo estático. Hubo algo que le impidió moverse mas allá de los limites, algo que no le dejo actuar con la libertad necesaria. Su mente se fue a blanco y tuvo la sensación de que un beso, de pronto, sería demasiado. Como un idiota se alejo lentamente, sustituyendo las expectativa de la chica por una mirada confusa.

-Bueno, será mejor que termine el entrenamiento —dijo después de un largo silencio.

-Sí, yo te espero —contesto casi ajena a cualquier intención o pensamiento de él.

Eriol volvió a la cancha, flexiono las rodillas, apretó firme la raqueta y espero el primer saque. Era muy pronto, le gustaba y mucho, pero era muy pronto. Sabía que dar el paso y tener una relación con Kaho era también asumir, en cierto modo, un distanciamiento con Tomoyo, no quería eso y sin embargo, sabía que ocurriría tarde o temprano. Kaho no sería una chica que pudiera ocultar para no dañar a nadie, que podría dejar de lado para ir tras su mejor amiga cuando esta lo llamase o a la cual tendría que justificarse por su infinita falta de compromiso. No, sus prioridades tendrían que cambiar, Kaho era distinta, tenía que serlo.

Sakura tenía razón dependían demasiado del otro, no era bueno, pero era inevitable.

OO

Estaba sentada sobre su cama avanzando un informe que cada vez se tornaba más tedioso. No quería pensar en Eriol y al menos la química ayudaba con algo éxito. Se pudo concentrar finalmente y ya llevaba una buena parte escrita; apurada por los apuntes e información que le dio Sakura, se dedico sin pausa alguna a ocupar su tiempo útilmente. Y aun así era extraño no estar con Eriol como otra tarde cualquiera, verlo entrenar, rogando porque no se tardara mucho, esperarlo hasta el final. Caminar sola de la escuela a la casa era inusual y muy triste.

Sintió una punzada en el cuello, soltó el lápiz y se masajeo la nuca. El teléfono sonó y con pereza se acero para tomarlo.

-¿Quien habla? —pregunto desanimada.

-Tomoyo, soy yo —se escucho del otro lado.

-Eriol —dijo irguiendo la espalda alertada— ¿Pasa algo?

-No, nada. Quiero hablar contigo —oyó desde la otra línea.

Las ventanas de ambas habitaciones, la de Eriol y Tomoyo, quedaban una frente a la otra con una vista distanciada tan solo por el ancho de la calle. La chica se incorporo y gateo sobre la cama, descorrió la cortina y vio a Eriol saludándola con la mano desde su propia ventana.

-Creí que estarías con Kaho —dijo.

-No, hace un rato que llegue... No estaba de ánimos hoy.

-Apuesto a que es porque me extrañabas —bromeo Tomoyo.

-No cabe duda —la observa a través de la ventanal— Me quede algunos minutos antes de irme y luego acompañe a Kaho a su casa.

-¿Por qué nunca haces eso cuando estás conmigo? —reclamo con fingido enojo.

-¿Acompañarte a tu casa? Acaso no lo hago siempre —Tomoyo bufo y él rió.

-Sabes de lo que me recordaba hoy —pregunto repentinamente— Todas esas cosa que hicimos cuando niños.

Sucesivamente muchos recuerdos del pasos inundaron la cabeza de Tomoyo y acto seguido comenzó a reír cuando escenas graciosas, ridículas y absurdas se proyectaban en su mente. Tantos recuerdos, casi toda una vida juntos les valía su buena cantidad de travesuras compartidas en la infancia. Como amigos, como hermanos, como únicos.

-Te refieres a la vez que jugamos a la peluquería y nuestras madres casi les da un infarto cuando nos ven llenos de pelones —ambos rieron— Casi quedamos calvos.

-También cuando quisimos decorar mi habitación, como un pantano —aporto Eriol.

-¡Querían matarnos por eso! Había lodo por todas partes en tu casa ¡Dios, tu pieza era un barrial! Las paredes, el suelo, tu cama...

-Al menos la redecoraron.

-Porque no les quedo otra —Tomoyo acertó a decir.

-Esa vez que nos perdimos, siguiendo a un heladero...

-Esa fue tu culpa —acuso con una risa entretenida—, yo no quería ir.

-Y cuando hicimos llamadas a larga distancia a otros países para aprender a hablar otros idiomas

-Cada vez que hablamos de eso... Nos miran con odio —Tomoyo volvió a reír— Nunca me he atrevido a preguntar por la cuenta.

-Pero la que más me gusta recordar, aunque no estuve ahí para presenciarlo...

-No lo digas —exclamo.

-A los seis años, era invierno —comenzó a relatar con toda intención— ese día llovía; yo enferme y estaba un tanto grave.

-No me...—Tomoyo comenzó a sentir vergüenza y calor en sus mejillas— ¡Es un recuerdo reprimido!

-Y tú querías estar igual de enferma que yo para así no dejarme solo, siempre tan noble. Capaz de salir...

-Salir a correr desnuda por el patio de mi casa —finalizo con bochorno.

-Me hubiera gustado ver eso.

-Lo más gracioso no era yo corriendo desnuda, era mamá tratando de alcanzarme —anidio.

Eriol rió.

-Y frustrante después de todo nunca enferme, ni siquiera agarre un refriado.

El cariño y nostalgia de esos tiempos donde todo parecía ser más fácil, les llego a ambos como un torrente de emociones tan potente que tuvieron que guardar silencio uno segundo en memoria de esas travesuras pasadas.

-Hemos pasado muchas cosas juntos —dijo él.

-Sí, así es. Creo que podríamos estar días recordando todas las cosas que hicimos —observo la lejana sonrisa de su amigo.

-Es verdad —murmuro.

Tiempos en que su amor no era impedimento, tiempos en que mirar el rostro de su amigo le producía solo una secreta satisfacción, pero ahora... Ahora, después de todo, simplemente no podía.

-Eriol, aun tengo que hacer otras cosas antes de dormir, será mejor que hablemos mañana en la escuela...—explico acelerada como cada vez que se justificaba o cuando la ansiedad que le provocaba Eriol le era insoportable.

-Mañana nos iremos juntos —anuncio, haciendo caso omiso del esfuerzo de Tomoyo por dejarle.

-¿No te irás con Kaho? —pregunto con cierto anhelo.

-No quedémonos en nada así que me iré contigo —respondió, matando en seguida las mariposas que revolotearon por un segundo en el estomago de Tomoyo.

-En ese caso no será mejor que le des una sorpresa y la vayas a buscar sencillamente.

-¿Tú crees? —Eriol sintió como ella trataba de poner distancia con una absurdo desenfado.

-No es la gran cosa pero de seguro Kaho se sentiría alagada.

-Puedes que tengas razón.

-Estoy segura de que la tengo —reafirmo ella.

-Aunque cualquiera diría, que escapas de mi —trato de decirlo en un tono de broma pero la sequedad de su voz le delato— ¿Por qué lo haces?

-Porque es lo mejor para mí. Eriol, no me preguntes, no me digas nada… Sólo hazme caso —pido sensatamente aunque deseaba gritarle que la dejara en paz, que no siguiera enamorándola.

-Está bien, no diré nada... Por ahora —le advirtió.

Eriol se equivoco al pensar que ya habían quedado claro y conformes con la plática que sostuvieron en la biblioteca, pero estaba cansado, honestamente ya no quería lidiar con esa clase de asuntos, si eso significaba que Tomoyo la pasaría mal.

-Ah... ¿Eriol? Te quería decir una última cosa.

-¿Qué?

-Te amo.

-Dijiste —trago saliva molesto, frunció el ceño y sintió que Tomoyo jugaba con él— Que no hablaríamos…

-Juro —le interrumpió de inmediato trémula— Que jamás volverás a escuchar esas palabras salir de mi boca...— Eriol vio como ella levantaba su mano y apegaba la palma al vidrio de la ventana en símbolo de aquel juramento— No quería dejarte perder la oportunidad de oírlo por última vez. Es verdad Eriol... no jugare sobre esto nunca más —sentencio Tomoyo con atisbo de burla y melancolía, sin embargo, con la suficiente seriedad como para que tomara enserio cada palabra y gesto.

Una extraña sensación invadió a Eriol cuando la escucho, algo cortándose de cuajo dentro de él, acabando finalmente; Un tanto desorientado colgó el teléfono para después no mover un musculo. En vez de alivianarse la opresión en su pecho se volvió más pesada, y presente. No tenía idea que era ese "algo" pero después de despedirse Tomoyo, aquel raro sentimiento no lo abandono, más bien parecía querer hacerse presente en cada parte de su cuerpo. ¿Culpa? No, ya conocía la culpa, pero lo otro, no sabía que era... Era un rastro inentendible que habían dejado esa última confesión.

Eriol decidió ignorarlo, no había nada más que pudiese hacer o quisiese hacer a al respecto. Era la simple ilusión de perderla y podía ser compresivo consigo mismo en ese aspecto... De todas formas jamás pasaría, ellos serian los mismos amigos de siempre, por siempre ¿Entonces porque no se sentía tan seguro?

COTINUARA...


No les da rabia que Eriol no sea capaz de ver mas alla de sus narices..!.. pero si eso ocurriera no habia historia… jejje, pero les dire que Eriol la pasara mal, y aquí se viene todo el poder de… "nunca se sabe lo que tienes hasta que lo pierdes" XD

Corta participacion de Yue.. pero ya habra mas de el…. Me gusta la simplicidad con la que se esta dando la hitoria…

un agradecimiento a- kamille, Dami, LMUndime, ezme, Shami, Estelanna, Arisa, haruko . que son quien sigue la historia y se toman el tiempo de escribirme.. :) gracias!

bueno para el prox cap..., Tomoyo y Yue se veran obligados a compartir una labor, Shaoran conosera la verdadera personalidad de Sakura... y lo mas importante la relacion de esos dos amigos pareciera ir en decaida...

Espero sus Rw, y les cuento que para quien lee mi A tus ordenes, ya saldra el prox capitulos...

bueno... cuidense

bye