- Hermione, eh Hermione!

- hola Brenda.

- hola, vas a desayunar?

- sí.

- genial! Voy contigo.

Las chicas empezaron a andar hacia el comedor hablando de sus siguientes clases.

Brenda era una chica de Ravenclaw con el pelo negro en preciosos y perfectos bucles hasta un poco más allá de la mitad de la espalda y con unos preciosos y extraños ojos con destellos morados.

- eh chicas, esperad!

Hermione se paró obligando a hacerlo también a Brenda.

- hola Dim, buenos días

- ah, tu… - dijo Brenda al verlo.

- yo también me alegro de verte Brenda…

Los tres chicos llegaron al comedor y se separaron. Hermione se fue a la mesa Griffindor y Dim y Brenda a la mesa Ravenclaw, esta última cuidándose de sentarse bien lejos de Dim.

- buenos días chicos! – saludó Hermione sentándose entre Ron y Ginny.

- por fin es viernes! – dijo la pelirroja muy animada.

Si, y este fin de semana es la primera visita a Hosmeade, me muero de ganas de verlo – dijo Conny con un tono soñador que a Ron le pareció muy dulce.

Hermione resopló.

- que pasa, no te alegras? – preguntó Harry.

- sería más alegre si no tuviera que cumplir mi castigo con el imbécil de Malfoy.

- vamos, solo son cuatro viernes durante un mes, no es para tanto – la intentó animar Ron.

- si tu lo dices – dijo la chica enfadada y cruzándose de brazos.

Los chicos se miraron sin saber que mas decir, produciéndose un silencio bastante incomodo. Hermione se dio cuenta de esto y se sintió mal.

- lo siento chicos, no quería tomarla con vosotros, perdón…

- no importa – sonrió Ginny cogiéndola de la mano.

- anda, vámonos ya a transformaciones – sugirió Ron.

Hermione bajo de su habitación ya sin el uniforme porque habían acabado las clases.

Vió a Dim en una de las mesas de la sala común rodeado de pergaminos, le recordaba mucho a ella misma.

- que tal Dim?

- hola Hermione – dijo este asomando la cabeza entre algunos libros – a dónde vas?

- al infierno… - susurró la chica.

- como?

- no nada. Que haces?

- estoy acabando la tarea para tener el fin de semana libre.

- si… yo tendré que hacerlo esta noche.

- puedo ayudarte, si quieres – se ofreció el chico

- gracias Dim. Hasta luego!

Hermione atravesó los pasillos rápidamente hacia el despacho del director pensando en que castigo tendría pensado para ella y Malfoy. Llegó a la estatua

- corazón de azúcar.

Mientras las escaleras rodaban iba pensando que después de todo no había tenido una mala semana, al menos no se había cruzado con ese estúpido oxigenado más que en las clases que compartían.

Llamó a la puerta y el director la hizo entrar.

- buenas tardes señorita Granger – dijo el anciano tranquilamente – el señor Malfoy llegara en cinco minutos. Le cite mas tarde para evitar… altercados en la puerta.

Hermione se sonrojó y miró al suelo algo avergonzada.

Toc-toc

- pase, señor Malfoy.

- buenas tardes profesor – dijo el rubio entrando y sentándose junto a Hermione.

Draco había estado evitando los ojos de esa chica durante toda la semana, no quería mirar sus ojos, ojos que ahora maldecía cada noche al acostarse. Porque su subconsciente le hacía ver cosas tan horribles? Porque le traicionaba así..?

- muy bien alumnos – llamó su atención el director – saben ya que deben cumplir un castigo, y más ustedes uno siendo prefecto – dijo mirando a Draco – y la otra premio anual – dijo dirigiéndose a Hermione que realmente se sentía avergonzada.

Era cierto, ella tenía que dar ejemplo. Draco simplemente seguía indiferente.

- está bien – continuó el director – hay un par de alumnos de primero castigados por el profesor Snape. Casualmente… - dijo con un tono de que para nada era casual – no podrá hacerse cargo de ellos, así que ustedes se ocuparan de los dos alumnos.

- disculpe profesor, y que es exactamente lo que debemos hacer? – preguntó Hermione.

No le parecía un trabajo tan duro cuidar de unos niños de primero…

- no se preocupe señorita Granger, únicamente asegurarse de que acaben toda su tarea y que aprendan lo que se perdieron en la clase de Snape – sonrió Dumbledore – pueden ir.

Los dos chicos se dirigieron a la biblioteca, que es donde Dumbledore les había dicho que esperaran a los dos estudiantes.

- pues tampoco es tan malo el castigo. – comentó Hermione.

- no me hables Granger.

- hablaba para mi Malfoy.

- ah vaya! Ahora resulta que estás loca! Lo que yo decía… - se burló Draco.

- cállate! – dijo Hermione perdiendo la paciencia.

Draco no iba a tolerar que esa chica le hablara así, no lo había hecho nadie nunca y no iba a empezar a hacerlo ella ahora, y menos ella!

Se acercó a ella y la cogió del brazo.

- nadie me habla así, te enteras Granger, y menos alguien que ni siquiera está a mi nivel – dijo apretando el brazo de la chica – solo eres una asquerosa sangre sucia. Apestas!

Diciendo esto la soltó de golpe y mirándola con asco se fue hacia la biblioteca de nuevo.

Hermione se quedó donde estaba, frotándose el brazo. Se sentía realmente mal. No debería importarle lo que le dijera ese… energúmeno. Pero le importaba. Alguna vez había llegado a pensar que hacía en ese mundo, había llegado a sentirse una intrusa.

No debería pensar así, y lo sabía. Pero todo tenía un límite y después de 7 años de continuos insultos ese límite se estaba acercando. Y cuando lo alcanzara no sabía cómo iba a reaccionar…

En momentos como esos es cuando le hacía falta alguien que la abrazara, que la consolara y le aconsejara, que le dijera que todo estaba bien, que no estaba sola. Es cuando sentía no estar enamorada…

Emprendió la marcha de nuevo a la biblioteca con la cabeza gacha.

Cuando llego estaba completamente vacía, cosa normal, y más normal aún un viernes por la tarde. Solo divisó una cabeza rubia en una mesa mirándose las manos.

No quería verle, no quería acercarse a él. El único problema es que tenía que cumplir el castigo.

Se dirigió hacia allí, cogió un libro cualquiera y se sentó frente a él abriendo el libro por un capitulo al azar, así se sentía menos incomoda.

Deseo que los niños no tardaran mucho en llegar. Odiaba estar a solas con Draco, y no porque le temiera ni mucho menos, solo que en esos momentos se sentía débil para enfrentarse a él.

Draco seguía observando sus manos. Había escuchado a Hermione entrar en la biblioteca y sentarse frente a él.

Levanto la vista y la miró a los ojos, tenía los parpados gachos al estar viendo el libro y sus pupilas se movían de un lado a otro siguiendo las líneas. De pronto se quedaron fijos en un punto, no tenía una expresión concentrada. Más bien… triste.

Pero no se arrepentía de nada de lo que le había dicho en el pasillo. Que sufriera, igual que él sufría cada noche al ver sus ojos.

Al menos de eso se iba a librar pronto, había decidido comprar una poción para dormir sin soñar ese mismo fin de semana en Hosmeade.

Draco resopló y Hermione levantó un momento la mirada para ver al chico molesto mirando a la puerta, la verdad es que esos chicos estaban tardando demasiado.

Pasaron como un cuarto de hora más en silencio, Hermione pasando paginas sin ver nada y Draco tamborileando con los dedos en la madera de la mesa.

Hermione ya estaba perdiendo los nervios cuando escuchó unos cuchicheos seguidos de unas risas al otro lado de la puerta de la biblioteca.

Obviamente Draco también lo escuchó porque se levantó apresuradamente y se dirigió hacia allí. Hermione solo observó desde su sitio.

- se puede saber qué hacéis ahí? – escuchó chillar a Draco – adentro ahora mismo!

Un niño y una niña entraron riendo descaradamente. Se quedaron quietos al llegar a Hermione.

- hola, soy Hermione – se presentó la chica.

- y que quieres, un premio? – dijo la niña.

Hermione miró a Draco, que miraba a los niños enfadado. Se puso las manos en las caderas y contestó calmada:

- no, quiero que me digáis vuestros nombres.

- bueno, si te hace tanta ilusión saberlo… - volvió a hablar la niña – yo soy Nora y este es Kurt.

Hermione asintió satisfecha.

- y quien es el rubiales, tu novio? – habló por primera vez el niño.

- no!/nunca! – gritaron Hermione y Draco respectivamente.

Los niños les miraron con una sonrisa pícara en la cara.

- sabes Kurk – dijo Nora – yo creo que por eso ha salido tan enfadado, seguramente se estaban dando "besitos" cuando nosotros llegamos y les interrumpimos… - dijo con voz de marisabidilla.

Draco pareció que había llegado al límite de su paciencia.

- quienes os creeis para faltarme a mí al respeto- gritó – acaso no sabéis quién soy? Soy Draco Malfoy!

- otro que quiere un premio… - se quejó Kurt.

- se acabó – dijo Draco.

Cogió al niño del brazo y lo sentó de golpe en la silla, después repitió el mismo proceso con Nora sentándola justo al otro extremo.

En otro momento Hermione le habría echado en cara el modo de tratarles, pero esta vez no dijo nada, ya que esos niños necesitaban mano dura.

- sacad vuestras cosas! – rugió Draco.

A partir de ahí la tarde transcurrió más o menos con normalidad, Draco se ocupó de ayudar a Kurt y Hermione de Nora. Hasta que llegaron a pociones.

- y esto solo es pintura? – preguntó Nora metiendo el dedo en la poción y sacándolo pintado de color rojo.

- claro, acabáis de empezar, que esperabais, una poción del sueño? – dijo Hermione.

- cosa que seguramente tu no sabrás hacer, porque la pinta que tienes es de que te faltan unas cuantas horas de sueño… - dejo caer Kurt.

Hermione frunció el ceño y se cruzó de brazos.

- porque no eres más amable! – dijo Draco cogiendo al chico de los hombros y levantándolo de la silla bruscamente.

- oye no trates así a mi amigo – gritó Nora cogiendo la poción verde y lanzándosela a Draco a la túnica.

- pero tú que te crees que haces? – dijo Hermione, y sin pensar cogió la pintura azul y se la echo a Nora por la cabeza mientras esta gritaba.

Draco abrió la boca sorprendido. No esperaba ver a Granger hacer algo así y cuando Kurt le tiró la pintura roja a Hermione en la cara no pudo evitar reírse, por lo que recibió más pintura, esta vez a un lado de la cara.

Segundos después todo fue una lluvia de colores hasta que llego Filtch por el alboroto.

- creí haberles dicho que tenían que ayudar a los alumnos en su tarea – decía Dumbledore – no que montaran una guerra de pintura…

Draco se cruzó de brazos y miro a otro lado.

- disculpe profesor, pero esos chicos eran insoportables! – se quejó Hermione.

- tranquilícese señorita Granger. Olvidaremos este incidente por esta vez – concedió el anciano – ahora será mejor que vayan directamente a la ducha…

- allamandra! – dijo la contraseña hermione para cruzar la sala común como una bala directa a su habitación.

- Hermione – le llamó Dim – pero que…

Pero lo siguiente que escuchó fue un portazo.

Hermione se apoyó contra la puerta ya cerrada. Había sido un día horrible y aparte estaba llena de pintura de colores.

Se dirigió al baño y lleno de agua caliente la bañera, dispuesta a pasar al menos un rato de tranquilidad. Se metió en la espuma y cerró los ojos para tratar de calmarse.

Se sentía mal, sentía que nada estaba bien en ella, sentía que le faltaba algo…

Escucho los golpes de Dim en la puerta de su habitación, pero no contesto. No tenía ganas de hablar con nadie. En momentos como ese solo desearía hacerse pequeñita hasta desaparecer.

y aqui el capitulo 3. como la semana pasada no subi ninguno capitulo (estaba de puente) a final de semana subire el capitulo 4.

weno espero que os haya gustado y me lo comenteis.

besitoss