Disclaimer: Rumiko Takahashi dijo en una de sus entrevistas, que lo que no sabía era si dejar a Kagome es su época o regresarla, pero que a pesar de todo, estaba consciente de que ella sufriría mucho porque lo amaba y nuca lo olvidaría. La pieza clave de esa entrevista está en que también dijo que: Kagome nunca saldría del corazón ni la mente del solitario hanjū…InuYasha.


Locura: Chapter 3.


—¡¿Qué?! —Estaba riendo de manera incrédula—, es la idea más estúpida que he escuchado en toda mi vida. No.

InuYasha caminó detrás de su hermana mayor, casi con desespero. Se estaba humillando.

—Kikyō, por favor. —Rogó el chico. La aludida volvió a negar, de ninguna manera iba a hacer eso—, mira, hazlo por una causa noble, deja de ser así. —La chica seguía caminando a su habitación—. Es un pequeño favor.

Taishō giró a ver a su hermano con una expresión desesperada, pidiéndole una cosa fuera de lo normal y algo que ella no podía hacer. Pero esque verlo de esa manera y tan "rebajado"... ¿Qué tenía que hacer? Rodó los ojos.


—¿Cómo lo ves? —Inquirió pensativa, retocándole.

InuYasha encaró una ceja tratando de no estallar en risas. De verdad, que su hermana era un ángel. Pero bien, era mejor concentrarse en su cometido y dejar de pensar estupideces. Miró a su mejor amigo gruñir ante la imagen y decidió salir. Agradeció a su hermana.

Ella les dijo que tengan cuidado.


Se internaron a paso lento al llegar a la gran unidad. Estacionaron el auto y se bajaron de él. Comenzaron a caminar de manera suave, mirando por en medio de los arbustos: todo estaba en calma. InuYasha decidió que era momento para entrar de una maldita vez.

Miroku se negó.

—¿Quieres que entre así? ¿Estás loco? —Taishō rodó los ojos—, me van a…

—¿Quieres saber por qué Sango te rechazó o no? —El muchacho asintió—, entonces deja de ser gallina y camina.

Salieron de ese lugar y se metieron por uno de los grandes ventanales. InuYasha comenzó a buscar un lugar en donde dijera vestuario, para adentrarse, mientras que Miroku rogaba que nadie lo viera. Si algo así pasaba, mataría al tonto de InuYasha. Y de eso estaba más que seguro.

Taishō llegó a una encrucijada, entonces, se asomó despacio por esta.

—¿Y por qué no tú? —Inquirió Miroku, totalmente molesto, mirando a todas partes.

—Porque ninguna mujer tiene ojos dorados —InuYasha seguía mirando hacia donde ir—, pero sí azules. —Giró para ver a su amigo y evitó una carcajada—, ya deja de quejarte y actúa. —Esta vez se vio molesto.

Miroku rodó los ojos. De pronto se oyeron chiflidos vulgares, de unos estudiantes (al parecer, de la misma unidad) cerca de ellos.

—Oye preciosa, ¿qué haces esta noche? —Preguntó uno de ellos, antes de pasar cerca de los jóvenes—. Estás muy linda, nunca te había visto en la clase. ¿De dónde eres?

Miroku sintió morir y enrojeció cuando oyó eso. Llamó a su amigo en voz baja. No lo tenían que descubrir.

—¡Qué belleza de mujer! —Dijo otro, tocando automática el trasero de la dama.

Esta vez Takeda, se quedó de piedra.

—Oye, baboso —se adelantó InuYasha, dando un golpe en la mano al atrevido—: deja en paz a mi hermana. —Definitivamente, Miroku iba a matar a su amigo.

Los jóvenes le fulminaron con la mirada. Ignoraron a Taishō para gritar: "¡Te veo después, preciosa!". Desaparecieron al fin del pasillo. Miroku iba a gritar, iba a fusilar y por sobre todo: iba a matar a un burlón InuYasha que quería no estallar en risas. Nunca, nunca en la vida imaginó ver al famoso mujeriego de su amigo vestido de bailarina de ballet.

Iba a morir, pronto.

—Maldición, por fin. —Masculló por lo bajo, abriendo una puerta.

—InuYasha, no vivirás por mucho. —Gruñó Miroku, entrando con su amigo. Jamás se olvidaría de esa ofensa hacia su orgullo y masculinidad. ¡Jamás!


Bien, eso era todo. Por fin salían de la agotadora clase de ballet de ese día, directamente a los vestíbulos. Ya irían luego a hacer las pesadas tareas. Sango y Kagome estaban rendidas, solo querían descansar.

Ya dentro, tenían planeado conversar un poco. Fueron despacio hasta su lugar, esperando que las demás se cambiaran y así no ser interrumpidas, porque hablarían de algo muy serio. Sango abrió la puerta del departamento, cerciorándose de que no había nadie que pudiera escucharlas y entonces, entró sigilosa seguida por Higurashi.

Aspiró hondo, tomando en cuenta la nueva idea de su mejor amiga.

—Bien, Kagome, creo que debemos hablar. —Sukida estaba estúpidamente nerviosa, y sudaba más de lo normal—, lo que hemos decidido hoy en la tarde, ¿es en serio?

—Sí, Sango. —Kagome estaba incómoda ante la situación, aunque fuera algo que las dos compartieran, sabía que no era lo mejor del mundo y aceptarlo, mucho menos.

—De acuerdo, entonces…—Frunció el ceño, al escuchar un sonido tras la puerta—, Kagome, tú…

¡Pum!

Detrás de la puerta se dejaron ver en el piso a un InuYasha vestido de maestro de "Kung Fu", y a un Miroku de bailarina de ballet, muy parecido a ellas.

Abrieron la boca sorprendidas y a la vez enojadas.

—¡¿Nos han estado espiando?! —Gritaron al unísono, las afectadas.

—¡No! —Se levantó Miroku, de golpe para negar—, fue idea de InuYasha, lo juro. —El aludido se levantó molesto.

—Keh. —Taishō no tuvo mucho que agregar. La vergüenza lo estaba matando, junto a su sonrojo.

Kagome y Sango, comenzaron a convulsionar. Se taparon la boca y volvieron a mirar de arriba abajo a Miroku. Trataban de calmarse, en serio lo hacían. Mientras, Takeda frunció el ceño algo enojado, ¿qué les pasaba? Y lo más importante ¿qué tanto lo miraban?

—¿Qué les pasa? ¿Tengo monos en la cara, o qué?

—No, es que… Pues-no, no-es… No es nada. —Ya las chicas no pudieron más: estallaron en una risa frenética a la que luego de unos segundos, se les unió InuYasha.

No pasó mucho para que se diera cuenta. Tal vez era su traje de bailarina rosa, o su peluca color marrón. Tal vez eran sus sandalias de mariposas o sus pestañas falsas que lo hacían lucir como una nena; tampoco sabía si era por su tenue maquillaje y rubor, o por las medias panti de flores, que traía en las masculinas piernas.

Las chicas se agarraban el vientre tratando de no morir en la risa. El observar al "gran-mujeriego-soy-muy-machote" en esas fachas, y vestido como una de sus grandes conquistas.

—Que linda te vez "Mirokita-chan" —Apodó Kagom,e tratando en serio de no morir. Se secó una lagrimilla.

El muchacho gruñó, avergonzado. Esa se las iba a pagar InuYasha, caras…muy caras.

Continuará…


Hahahahahahahaha, ok, he muerto con este capítulo, se me venía ocurriendo hace mucho y lo hice xP.

SangoSarait: Hola nena linda, muchas gracias por tu review, es un honor y pues ¿es en serio? Es la primera vez que me dejas un review 77

Araianawh0a: Oh, mi reina, gracias por dejar review.

Dead-End-00: Eres más fiel que yo con el anime xD, gracias por el review corazón espero este te haya gustado.

Camony: Prometiste siempre estar alerta y te admiro por estarlo reina, muñeca, gracias por el review y me choca que no tengas cuenta para contactarte directamente.

Sweetpeachpie: Mami, muchas gracias por unirte y dejar review, es un honor, igual, ya ves que no es Yuri y muchas gracias por decir que está graciosos y atrapante, ¿sabes?, el humor no es lo mío pero estoy aprendiendo ¿qué dices? xD gracias por leerme.

Aky9110: see, tienes razón princesa, se va a poner bueno :3 gracias por dejar review.

Y gracias a todos por leer, nos leemos prontico en "La culpa es de la cama", os espera muchas sorpresas y será que llegamos a los 100 reviews en esa historia, xD