Capítulo 3
Faltaba poco para el amanecer y a esas horas no había nadie fuera de sus dormitorios, ni siquiera de la clase diurna, y para Zero era perfecto no tener que tratar con nadie.
El camino hacia su nueva residencia se le había hecho más corto de lo normal y sin darse cuenta estaba enfrente de una gran puerta idéntica a la que acababa de dejar. No esperaba que le recibiera nadie tan tarde así que simplemente entro.
Pero con "nadie" no podía estar más equivocado. Un grupo de vampiros le esperaba al otro lado.
—Tal vez sería mejor que volviera cuando acabe la fiesta de bienvenida —pensó dándose la vuelta hacia su vía de escape, viendo para su horror como se cerraba la puerta ante sus narices.
—Kiriyuu-kun nos alegra que hayas llegado— le saludó Ichijou con una radiante sonrisa.
Ese tipo le confundía, siempre era demasiado agradable para ser un vampiro y no parecía haber falsedad en su voz.
—¡Qué falta de respeto apareciendo tan tarde! —saltó Aidou desde el sofá irritado —. También dormimos, ¿sabes?
Si tuviera un club de anti-fans estaba seguro de que ese vampiro sería el presidente.
—Nadie te ha pedido que lo hicieras —replicó Zero pasando de él.
—¡Tú...!
Había deseado poder evitar esa situación pero era esperar demasiado. Sentía como todos le clavaban la mirada como si fuera alguna atracción de circo, expectantes de que pasaría a continuación. Pero decidió ignorarlos.
Miró a su alrededor, no era la primera vez que entraba a la sala común del dormitorio de la luna, pero seguía impresionándole como dos edificios que eran tan parecidos desde el exterior podían ser tan diferentes por dentro.
Muebles y cuadros caros, una gigantesca lámpara de araña en el techo, alfombras lujosas… incluso las paredes parecían tener colores más elegantes. Tenía más pinta de una mansión que de una residencia ordinaria de estudiantes.
—Kiriyuu-kun —escuchó Zero de una conocida voz que provenía de arriba de las escaleras.
Al menos todos los ojos ya no estaban clavados en él.
Kaname era el único que no llevaba el uniforme y parecía que se acababa de levantar. Vestía un pijama que dejaba entrever mejor su figura y lo hacía aún más atractivo.
—Creí que al final no vendrías —dijo mientras bajaba las escaleras lentamente.
Zero optó por ignorarle a él también, sino tenía la certeza de que la convivencia acabaría en ese mismo instante. Apostaba todo a que había dejado que se quedara solo con su séquito por pura diversión.
—¿Ahí caben todas tus cosas? —preguntó Rima con curiosidad acercándose un poco a él.
—Si —respondió cortante desconcertado por su pregunta.
Tenía poca ropa porque solo la usaba los fines de semana y era estúpido traer sus antiguos uniformes ya que no tendría oportunidad de usarlos nunca más. ¿Qué había de sorprendente en eso?
—Será mejor que vayamos a dormir todos, se está haciendo muy tarde —indicó el vicepresidente, pero nadie parecía dar muestras de moverse.
—Ah sí, tenemos un problema Kiriyuu-kun, todas las habitaciones están ocupadas y tendrás que compartir una —empezó a explicar Ichijou preocupado de su reacción.
Zero por fin comprendía que hacían aún todos ahí. Se había librado de compartir cuarto desde que entro en la academia por su condición pero ahora no encontraba ninguna excusa estando entre vampiros.
Volvió a respirar hondo, peor que eso no podría haber nada más.
—Kiriyuu-kun compartirá habitación conmigo, después de todo es mi responsabilidad que este aquí y hasta que no se integre solo dará complicaciones.
Y ahí estaba algo peor justo después de creer que nada más lo sería.
La conmoción no solo la estaba viviendo Zero, estaba plasmada en todos los presentes.
—¡Pero Kaname-sama…! —gritaron varios vampiros totalmente consternados.
—Prefiero morir —protesto Zero sin contenerse.
—¿Cómo te atreves…? — se escuchó de todavía más vampiros que antes.
—No tienes opción —afirmó Kaname sin importarle los demás.
Y bastaron esas palabras para que todos se rindieran, no le llevarían la contraria a Kaname. Por el contrario las miradas de odio que le lanzaban a Zero no hicieron más que incrementar. Todos ellos serían capaces de matarse entre sí por el honor de dormir en la misma habitación que Kaname. No se podían creer que alguien hablara así a un pura sangre, y menos un nivel D.
—Vamos —le apremió Kaname para que le siguiera.
Zero contemplo la posibilidad de negarse más pero no podía él solo contra una manada de vampiros que le miraban como si quisieran destruirle en cuanto se quedaran a solas. No tenía alternativa.
Recorrieron los pasillos sin dirigirse ni una palabra hasta que Kaname se detuvo ante una puerta del último piso.
—¿Piensas entrar o prefieres dormir en el pasillo? —preguntó Kaname sosteniendo la puerta.
Zero entro inconscientemente, aún le costaba asimilar su actual situación. Estaba cansado por no haber dormido apenas la noche anterior y quería creer que su mente le estaba jugando malas pasadas.
Jamás había entrado o pensado que entraría en la habitación de Kaname. Era el doble o el triple que la suya y tenía unas grandes cortinas que impedían que pasara la luz del sol. El estilo concordaba con el de la sala en la que había estado antes, igual de impresionante. Viéndola no le extrañaba que no hubiera ningún cuarto libre si todos eran tan grandes como ese. Incluso el sofá parecía muy confortable.
—Estás mucho más dócil de lo usual, puede que me aproveche de ti —susurro Kaname tomándolo por la barbilla.
Eso cogió totalmente desprevenido a Zero. Era la primera vez que estaban tan cerca y le miraba fijamente de un modo que le incomodaba.
¿Cómo podía haber bajado tanto la guardia?
—No me toques —replico apartándole de un manotazo. ¿Por qué el solo tocarle le hacía sentir tan raro? Toda la situación le ponía nervioso, seguramente nunca se habían quedado totalmente solos tampoco.
—¿Tienes miedo?
¿Qué pasaba? ¿Ahora había cambiado de opinión y quería matarlo? —trató de adivinar Zero para explicar su comportamiento.
—Estás totalmente rojo —añadió sin cambiar en absoluto su expresión.
El baño está por ahí —le indicó para que se cambiara de ropa—. Por hoy lo mejor será que durmamos.
Zero no respondió y decidió seguir sin más su oportunidad de escapar de él y de las confusas sensaciones que le embargaban.
Nada más entrar tiro el pijama a un lado y se dirigió desesperadamente al espejo. Kaname no mentía, tenía la cara roja como un tomate. ¿Qué puñetas le sucedía? ¡¿En lugar de defenderse se sonrojaba?!
Debe ser fiebre —se dijo intentando convencerse, pero ni siquiera se encontraba mal.
Consideró dormir en la bañera porque no tenía ni idea de cómo iba a enfrentar a Kaname después de eso, pero era demasiado estúpido como para llevarlo a cabo.
Se sentó en el suelo apoyándose en la puerta, esperaría a que Kaname se durmiera para ir hasta el sofá o al menos hasta que la piel volviera a su pálido natural.
Se sentía muy cansado y aunque no estaba en una posición de lo más cómoda empezó a notar como se le cerraban los ojos involuntariamente hasta que cayo totalmente dormido.
Después de una hora que Zero no saliera del baño Kaname empezó a pensar que le podría haber pasado algo y entro en él al ver que nadie le contestaba.
Le sorprendió encontrarse a Zero dormido ahí mismo, pero decidió no despertarlo. En cambio, lo cogió en brazos sin ninguna dificultad y lo llevo cuidadosamente hasta la cama.
A pesar de las palabras que lanzaba por su boca y las miradas de odio que le lanzaba, Kaname no podía evitar que le atrajera.
Se moría de ganas de hacerle suyo, quería oírle gritar su nombre y gemir hasta que se le fuera la voz. Y le costaba resistir clavarle los colmillos en ese mismo momento.
Estaba seguro que nunca había deseado a nadie hasta hacerle perder la razón. Había algo en Zero que le fascinaba desde que le vio por primera vez.
…
Zero estaba abrazado fuertemente a Kaname mientras dormía, hacía mucho tiempo que no estaba tan a gusto e ignoraba que las clases diurnas estaban más próximas de lo que le desearía.
—Kiriyuu-kun —oyó medio dormido como alguien le susurraba al oído.
—Hmmm.
Zero no tenía ningunas ganas de levantarse y enterró su cabeza más aún en los brazos de Kaname.
—No deberías llegar tarde en tu primer día de clase.
Esa voz le resultaba demasiado conocida y cuando finalmente despertó no tenía ninguna de duda de quien se trataba.
—¿QUÉ…? —gritó Zero horrorizado.
—¡¿Qué puñetas haces en mi cama?!
—Hace apenas unos minutos no parecía importarte lo más mínimo —replicó Kaname divertido de su reacción.
—Mierda —murmuro Zero recordando—. Ni estaba en su cama ni en su habitación. ¿Pero cómo puñetas acababa en la cama de Kaname? Y lo peor de todo, como podía acabar durmiendo en los brazos de su peor enemigo. Había algo que no debía funcionar bien en su cabeza.
Quería que la tierra se lo tragara.
¿Ahora qué haría? ¿Qué tipo de cazador era?
Zero no podía dejar de torturarse y no se dio cuenta de que Kaname se había ido a por los uniformes.
—Aquí tienes —dijo mientras se lo lanzaba.
—¿Qué se supone…? —empezó agarrándolo, pero se detuvo cuando vio a Kaname empezar a desvestirse —. ¡¿Qué haces desnudándote?!
—Es mi habitación, y los dos somos hombres —contestó sin darle importancia.
Zero no comprendía a ese tipo pero lo que más le aterrorizaba es que no podía quitar su vista de él. Verlo sin camiseta le hacía sonrojarse y eso le espantaba.
Quería guardar la poca dignidad que le quedaba y se apresuró a ir a cambiarse al baño.
No permitiría que lo viera así otra vez.
…
Cuando regresó a la habitación Kaname ya no estaba ahí cosa que agradeció bastante. Se le hacía muy raro llevar el uniforme blanco, era como admitir que era un vampiro, y eso le costaba más que nada.
Lo único que no le disgustaba de su traslado era tener un horario nocturno, que no le despertara la odiosa luz del sol era una gran ventaja. Podía aguantarla pero le molestaba mucho que le diera en los ojos. Y se sentía bastante cansado siempre por culpa de eso.
Zero podía ver desde la ventana como las estudiantes esperaban impacientes la hora de entrada de la clase diurna en el colegio.
Decidió contar hasta diez antes de atreverse a bajar cuando sus compañeros empezaron a ir hacia las clases. A diferencia de lo que estaba acostumbrado hacían menos ruido que un muerto.
Tenían un aspecto gélido y odiosamente deslumbrante.
—Vamos haced caso a vuestro director, ¡no podeís estar aquí! —intentaba tanto como podía el director Cross, con Yuki todavía mal y Zero cambiando de clase él tenía que controlar la seguridad de la academia. Faena bastante complicada.
—¿Eeeeeeeeeeeeeeeeeh….? —exclamaron casi todas al ver salir por la puerta a Zero.
—¿Por qué está Zero ahí? —recriminaron al director enfadadas.
—¡Yo también quiero!
—¡Y yo!
—¡No es justo…!
—Llevo enviando solicitudes de admisión desde que entré —protestaron muchas.
Zero se veía todavía más atractivo con esa ropa pero su actitud no había cambiado para nada y enviaba un aura asesina que les ponía los pelos de punta.
—¡Zero-kun ayuda a otousan…! —suplicó el director Cross pero Zero simplemente paso de largo ignorando a todas ellas como si no existieran.
—¡Qué hijo más frio…! —lloró el director, él no pondría escapar tan fácilmente.
En cuanto dio un paso dentro de la clase volvió a notar que era el centro de atención. Era el último en llegar y buscó el sitio más alejado de Kaname que encontró.
Estaba cerca de un vampiro pelirrojo del que no se acordaba del nombre, pero parecía pasar tanto de la clase como de él, así que no podía estar más conforme. Y la verdad era que todos parecían menos violentos que la noche anterior, incluso Aidou-senpai, que parecía concentrado dibujando garabatos y despotricando a saber que en voz baja.
En la clase diurna no se separaban por edad a los vampiros así que aunque algunos eran más mayores Zero tenía que resignarse a estar con todos ellos.
—Con que aquí tenemos a Kiriyuu Zero, me preguntaba cómo podía a ver resistido un vampiro entre humanos todo este tiempo —dijo el que sería uno de sus profesores el resto del año.
Zero se arrepintió al instante de haberse quejado de los suyos tanto, en comparación no eran nada con este. Era un viejo vampiro con un aspecto tan escalofriante como su voz.
—Tal vez un cazador vampiro pueda aportar cosas interesantes a la clase —añadió antes de empezar con la lección.
No aprendían ni matemáticas ni nada que hubiese dado antes en las clases normales. Todo estaba relacionado con la sangre, como comportarse con los humanos…y por encima de todo sobre las pastillas sustitutas de las mordeduras.
Un verdadero sufrimiento para Zero.
Todos prestaban más o menos atención a excepción de Kaname que estaba leyendo un libro como si nada, después de todo no le llamarían la atención a un pura sangre.
Para Zero la "jerarquía vampírica" apestaba. Todos los vampiros parecían tener una adoración enfermiza por los pura sangre, que demostraban en mayor o menor medida. Era como si fueran reyes o algo así.
Después estaban la nobleza vampírica, vampiros normales…y por debajo de todo estaban los vampiros convertidos como él, humanos condenados a ser algo que no deseaban.
Kaname noto que le estaba observando desde hacía rato y Zero desvió la mirada en cuanto sus ojos se encontraron.
Se avergonzaba de sí mismo, ¿esa adoración enfermiza también le podía estar afectando a él? Era patético.
…
Zero pasó los siguientes días evitando e ignorando a Kaname. Visitaba a Yuki, no se saltaba clases para evitar problemas con el "jefe de dormitorios" e incluso socializaba con algunos vampiros como Kain o Ichijou. Después de las clases se iba directo a dormir al sofá.
Y de ese modo se las había arreglado para que no se dirigieran ni una palabra a pesar de compartir habitación.
—Yuki, ¿por qué estás aquí? —preguntó al verle de pie frente a la mesa del director.
—Pues claro que tengo que estar aquí, los dos somos prefectos ¿recuerdas?
Zero había ido a su despacho porque iban hablar de su nueva situación, era una realidad que no iba a poder encargarse de ese trabajo estando en la otra clase.
—¿No tendrías que descansar? —replicó Zero.
—Estoy harta de hacerlo, me encuentro perfectamente bien. Es muy aburrido estar todo el día en la cama —protestó Yuki—. Mañana voy a volver a las clases.
—¿Y el director? —preguntó Zero rindiéndose.
—Está hablando con Kaname-senpai —respondió Yuki sin notar como eso le afectaba.
—¿Eso significa…? —empezó cuando la puerta se abrió y entraron Kaname y el director.
Ahí tenía su respuesta. Quería salir de ahí como fuera.
—¡Kaname-senpai! —saludó Yuki con alegría.
—Yuki, Zero, habéis venido muy temprano. ¿Echabais de menos a otou…?
—Volveré más tarde —le interrumpió Zero.
—¿Eh? ¡Espera! Tenemos que hablar del sustituto—intentó el director.
Zero se detuvo cuando estaba a unos palmos de la puerta.
—¿Sustituto? —preguntó Yuki sorprendida.
—Zero ya no puede ser un prefecto —dijo suspirando el director Cross—. Es una pena, pero ya sé quién puede ocupar su puesto.
