Para su alegria o desgracia, no lo se XD he decidido cortar el ultimo capitulo en dos, porque para ser sincera, esta muy largo, asi que subire la primera parte del capitulo ahora... Gracias a todos los que han agregado esta historia a sus favoritos y han enviado reviews... cuando el fic termine respondere todo :D

un beso, y aqui continua:

De ingleses depresivos y americanos arrogantes

Symmary: Para Arthur Kirkland, el era un martirio al que amaba. Para Alfred F. Jones, el era su pesadilla más grande y su persona más cercana. Porque no hay que entenderlos, simplemente dejarlos ser.

Ya eran mas allá de las nueve de la noche, cuando Arthur despertó de su aletargado estado y se dio cuenta de que la reunión había terminado. Se golpeo la cara con frustración ¿en que había estado pensando cuando decidió salir de esa habitación a pensar y a deprimirse? En eso precisamente, se respondió a si mismo mientras gruñía maldiciones contra el mundo y contra si mismo.

Se levanto con lentitud y se estiro. El cuello le dolía mucho, pero ello no era sorpresa, dado que había estado al menos dos horas con este último echado hacia atrás en una estúpida reflexión sin conclusión aparente.

No. No había respuesta para aquella reflexión; aunque la buscase intensamente, jamás la encontraría. Era solo un hecho: América estaba siempre presente en su pensamiento, en su vida cotidiana y en su corazón y eso, para su desgracia, era inevitable.

Había sido su hermano, pero no un hermano como sus hermanos reales (que claramente Inglaterra no deseaba recordar en ese preciso instante o volvería a caer en una depresión de magnitud equivalente a la que ya tenía encima), sino que había sido más que eso; lo había querido, lo había respetado, lo había alegrado y había iluminado su vida.

Realmente no podía imaginarse una vida alejado de todo aquello, aunque no fuesen más que pequeños recuerdos, y que ahora solo quedasen retazos de aquella existencia tan armoniosa en su mente.

Se encamino con paso lento hasta la sala de reuniones, rogando porque estuviese abierta. No era de su particular agrado salir de noche sin su abrigo, especialmente a esas alturas del invierno. La última vez que lo había hecho en su propio Londres, había acabado con pulmonía, y la reina le había regañado.

Para su alegría, la única de aquel día si era sincero, la puerta estaba entreabierta y aun había luz. Quizás Kiku o Ludwig o alguna otra nación trabajadora y responsable se había quedado de más afinando detalles y terminando los informes.

Pero jamás se espero ver a América, con un lápiz en la boca y los pies sobre la mesa, jugando con su móvil.

- ¿América? ¿Qué estás haciendo aquí? – le pregunto alterado, de TODAS las naciones que podía haberse encontrado, ¿porque tenía que ser justo EL? ¡Incluso Rusia o el sapo pervertido de Francia habrían estado mejor que él!

El aludido ladeo su cabeza y miro ceñudo al ingles.

- hey, no estás borracho… - dijo quitando los pies de la mesa y analizando al de orbes verdes.

- ¡¡claro que no estoy borracho!! ¿¡Que rayos te pasa!? – gruño ofendido. El no se emborrachaba en días de trabajo. Solo fines de semana y cuatros de julio.

- es que como te fuiste así de la nada… pues pensé que te habías ido a emborrachar y a hacer de tus espectáculos a algún bar y supuse que cuando volvieses por tus cosas estarías tan mal que tendría que llevarte de vuelta al hotel – respondió divertido el americano levantándose – como eres un viejo senil, no es sorpresa que no puedas aguantar el alcohol.

El Reino Unido de Gran Bretaña y el Norte de Irlanda bufo mas ofendido que antes, casi iracundo y profundamente herido, y de tres zancadas se acerco a la silla donde estaba su abrigo y su maleta y tomo ambos bruscamente. No tenía porque quedarse a escuchar eso. En el ánimo que estaba, al primer insulto iba a perder el control y eso no terminaba bien nunca.

América se sobresalto al ver la cara de dolor e ira que traía el ingles, realmente estaba raro ese día. Se mordió el labio, para evitar soltar alguna otra cosa hiriente, pero realmente solo se le ocurrían burlas. Arthur le encaro y le miro fijamente, con esos ojos verdes, penetrantes y firmes, asesinándolo.

- pues como ves, estoy bien, imbécil, así que si me lo permites me retiro. Hasta mañana – se despidió secamente y giro sobre sus talones, para salir de esa habitación antes de que el americano soltase cualquier otra cosa que lograse hacerlo molestar o entristecer aun más.

Aquella mirada no le sentó bien a América, ¿Qué había hecho para merecerla?

- ¡¡hey!! ¡No desquites tu enojo conmigo, viejo insoportable, que no es mi culpa que estés de mal humor! – protesto, aunque en su mente habría preferido omitir la parte de 'viejo insoportable'.

Arthur se detuvo. ¿Viejo insoportable? ¿¡VIEJO INSOPORTABLE!?

- TU, mocoso independizado y estúpido… ¡¡aquí el único insoportable eres tú!! – le encaro apretando aun más el agarre que tenía en su maleta, logrando que sus nudillos tomaran un color blanco, marcando la forma de sus huesos. Y para su humillación, sus ojos habían comenzado a humedecerse.

Ok, esa reacción América no la había esperando. Se esperaba un rostro molesto, con sus típicos ojos blancos y posiblemente un intento de golpe. Jamás se habría esperado que los ojos se le humedeciesen.

Odiaba ver a Arthur llorar. Era algo que había descubierto cuando se independizo. Verle tan indefenso, derrotado y destrozado había calado hondo en su alma y se había jurado a si mismo jamás volver a herirlo de esa forma. Y ahora nuevamente estaba frente a él, mirándolo llorar.

- Inglaterra ¿estás bien? ¿Qué te pasa? No es normal que te pongas así por uno o dos insultos… ¿te estás poniendo nenaza? – ok, si antes Alfred había querido cortarse la lengua, en ese preciso instante estaba buscando dentro de su abrigo algo con que hacerlo.

El ingles se seco los ojos y trato de normalizar su respiración.

- vete al infierno – siseo lleno de veneno – déjame en paz, ¡tu mera existencia me molesta! – grito golpeando la mesa con la palma de su mano – tu estúpido idiota independizado, ¿Quién te crees que eres para tratarme a mi así? ¡¡Lamento el maldito día en que te encontré!! ¡¡Debí haber dejado que Francis se encargase de ti!! ¡¡Al menos así tendría ALGO de tranquilidad!!

Alfred detuvo su respiración por un instante ¿Qué era eso que acababa de escuchar? Inglaterra… ¿estaba arrepentido de haberlo encontrado? ¿Arrepentido de haber pasado tiempo con él? ¿Con EL? ¿Con el héroe América? Apretó la mandíbula y frunció el entrecejo.

- ¡¡pues yo me arrepiento de que hayas sido tu quien me encontrase!! ¡¡Hubiera sido mucho más COOL que alguien genial como Kiku me encontrase!! ¡¡No un vejestorio aburrido y amante del té como tú!! ¡¡Al menos no habría tenido que soportar tu locura y tus estupideces sobre fantasmas y hadas durante toda mi infancia!!

- ¡¡las hadas son reales!! ¡¡Y en casa de Kiku también hay criaturas!! Que tú seas un insensible y un cretino y que esa sea la razón por la que aquellas criaturas no quieran aparecer frente a ti no significa que no existan

- oh vamos Arthur, ¡admite que estás loco! – realmente Alfred quería recuperar el verdadero hilo de la conversación, pero no encontraba forma de calmar al encolerizado noble ingles y hacerle decir que eso lo que lo tenía tan mal.

El ingles se detuvo, agotado. Realmente América lo había herido esta vez, y muy profundo ¿tanto lo detestaba el americano? ¿Por eso se había independizado? ¿Por qué lo odiaba? Ya no podía retener mucho más las lágrimas, así que la única opción que le quedaba era irse. No iba a llorar frente a ese niñato insolente y arrogante. No merecía verlas después de todo lo que le había dicho.

Para su desgracia, sus lágrimas comenzaron a correr por su rostro antes de que pudiese voltearse e irse corriendo.

El mundo de Alfred se detuvo en ese preciso instante, cuando la primera lagrima salió de los ojos de su hermano, su amigo, su persona más preciada… y por primera vez se detuvo a pensar en que había dicho y quiso que alguien le pateara, o le golpeara… o cualquier cosa que evitase que se sintiese tan… tan… tan anti-heroico.

Arthur, no dispuesto a quedarse UN segundo más ahí, giro sobre sus talones y salió a toda velocidad por la puerta, golpeándose contra el marco. Pero eso no lo iba a detener, tenía que irse y mantenerse sereno, por el bien de su orgullo y por el bien de su ya maltrecho corazón. Si alguien le hubiese pegado un tiro ahí mismo, le habría estado agradecido en el mas allá. Cualquier cosa era mejor que aquella situación, pero al menos el martirio con patas no parecía estar siguiéndolo. Otra pequeña parte de él murió, notando la indiferencia del menor hacia su persona.

Se detuvo frente al elevador y recargo su cabeza contra el frio mármol del pilar. El elevador no tardo mucho en llegar, y el anciano Inglaterra levanto su cabeza y se dispuso a entrar.

Pero para su sorpresa, un camión pareció chocar contra su menuda anatomía y le hizo darse de bruces contra el espejo al interior de aquella poco espaciosa estancia. Unos fuertes brazos le abrazaron, evitando que moviese los brazos, y una cabeza se hundió en su hombro.

- ¿¿A-A-AMÉRICA?? ¿¿Qué diablos te pasa, mocoso bruto?? ¡¡Suéltame!! – le grito, olvidando momentáneamente todo su dolor y tristeza anteriores.

El menor, pero visiblemente más corpulento y alto, solo lo atrajo más hacia sí, si es que eso era posible. El mayor trato de zafarse, pero realmente le era difícil desde esa posición; eso y que el idiota americano era un monstruo.

- maldita sea Arthur… eres tan llorica… - se quejo el americano en tono suave, mientras volteaba a de cabello rubio oscuro.

Arthur apretó la mandíbula y trato de empujar al más alto.

- ¿Quién te crees moco-…?

Le habían cortado. Le habían cortado con un beso. Un beso…

¿¡UN BESO!?