Hola, muchas gracias por los reviews, ya ando trabajando en el capitulo ocho, espero les guste el nuevo capítulo y espero sus opiniones :)

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Habían pasado ya tres semanas después de la llamada de Finn, Bonnibel había concedido lo que el rubio le había pedido, actuar como siempre, como si ese día no hubiera pasado pero a decir verdad era casi imposible pues Finn se notaba más desanimado y ausente en clases, aunque ella hacía lo posible por aminorar los daños que causo en él sin quererlo.

—Hola Finn, es Bonnibel, me preguntaba si querías ir a almorzar conmigo después de Microbiología ya que nos toca juntos… —Finn parecía evadirla y ella ya no sabía qué más hacer por no perder la amistad de Finn, inclusive lamentaba no poder sentir algo más por aquél niño que tanto la quería y apoyaba.

—Hola Bonnibel, pues hoy no entraré a clase de Micro, pero tal vez la próxima clase, ¿Vale?

—Finn, no nos vemos desde que fuimos a Ooo, creí que todo "seguiría igual", ¿Me estás evitando?

—No Bon, no lo hago, es sólo que… Ya quedé con Marceline. —Suspiró — Estaré en Rock & Beer, por si quieres venir, aunque sólo venden cerveza y snacks. —Si bien es cierto la estaba evitando, tampoco se atrevía a superarla por completo.

—Deberías entrar a clase, hoy iniciamos nuevo tema y tenemos la primera entrega del proyecto…

—Lo sé Bon, igual si vienes me mandas algún texto entonces. Adiós.

—Ok, te aviso… adiós.

Marceline se encontraba recostada en las áreas verdes de la exclusiva Universidad pagada por su padre fumando su habitual cigarrillo de medio día. Apenas había transcurrido medio semestre y ya había reprobado casi todas sus materias y aunque a veces la ansiedad la atacaba, nunca hacía nada, en la escuela tenía compañeros de farra, más no amigos, además si bien nunca sabía nada, al menos sabía que estudiar no quería. Aunque su casa estaba sola la mayoría del tiempo, no gozaba estar ahí, así que por lo general siempre andaba vagando con Finn y Jake. Vio su reloj y partió a la cita acordada con sus mejores amigos. En el camino un pensamiento permaneció en su mente, ¿Vería a Bonnibel?, Finn ya había reparado en contarle su situación nada prometedora con ella, siendo la razón de sus continuas borracheras durante las últimas semanas, pero ésta vez irían cerca de la universidad dónde ambos estudian, eso aumentaba la probabilidad de verla. Llego y ambos chicos ya estaban en el bar.

—Dicen que si Marcy llega temprano puedes pedir un deseo. —Dijo Jake dejando el tarro de cerveza en la mesa y saludando a la recién llegada con una sonrisa.

—Sabes que el tiempo me es irrelevante. — Se sentó en la circular mesa después de saludar a Finn y prosiguió a servirse del preciado licor. — ¡Agh cerveza clara! No aprenden a beber decentemente. —Alzando la mano llamo al mesero y pidió la primera cerveza oscura.

— Estoy saliendo de clase, ¿Sigues ahí? —Leyó Finn el texto de su celular, mientras intentaba contestar, Jake le arrebató aquél aparato, impidiéndole recuperarlo… ¡Vaya que era flexible! — ¡Dámelo Jake! —

— ¡Ay si! Me hago del rogar con la princesita — Se mofaba Jake en un tono agudo, como si en vez de Bonnibel intentará imitar un silbato para perros.

— ¡Basta Jake! DAMELO. —Dijo amenazador, pero su amigo omitiendo el enojo del rubio empezó a escribir cosas. —¡JACKE! —

Ante el grito desesperado de su amigo, Marceline decidió intervenir quitándole el teléfono a Jake, no sin antes echar un pequeño vistazo al screen del celular. Estoy saliendo de clase, ¿Sigues ahí? Leyó. —Calma niños, toma —extendiéndole el celular a Finn y volteándose hacía el bromista — Jake, si vuelves a portarte mal, te castigo sin alcohol un mes.

— ¡Pero mamá sólo estábamos jugando! —Resopló y abrazó su cerveza — Además ¡Él empezó! —
Tras una pequeña sonrisa, Marceline miro fijamente a Finn —

— ¿Ya no la estás evitando?

— Quisiera poder evitarla, pero no puedo, aunque ella también es quién no ha cortado el contacto. — Las palabras de Finn cambiaban dramáticamente en cuanto el tema "Bonnibel" se traía a colación. — No quiero que nos alejemos, pero por el momento ahorita necesito distancia.

—Y por eso la invitaste, ¡Vaya distancia!

— Me invitó a almorzar y no quise que creyera que me estaba negando o que no la quiero ver y pues… ¡Tú qué sabes Jake! —

— Aaah… la eterna Friendzone. Bueno, igual y tu nerd no viene. Digo, ya que no bebe tal vez prefiera ser el alma de la fiesta salvaje en la biblioteca o en la feria de ciencias… — Dijo Marceline viendo con complicidad a un Jake completamente serio y mirando al horizonte.

—Igual es más productivo que perder el tiempo alcoholizándose. —Replicó una indignada pero linda voz a espaldas de Marceline. — Pero no te preocupes, sólo vine a dejarle esto a Finn. No quiero interrumpir ni aburrirlos en su desagradable hábito. —Después de entregarle unas hojas a Finn, la pelirrosa se dispuso a salir del bar, siendo detenida por Marceline.

—Oye perdón, era sólo una broma y no pretendía ofenderte… ni que la escucharas.

—Entonces deberías de cuidar tus palabras y no juzgar antes de conocer por completo a alguien, ¿No crees?, adiós chicos.

— ¡Vaya! Relájate un poco, necesitas una dosis de humor, yo que tú me quedaba. — Y bajando un poco la voz — Además, creo que se lo debes — Susurró señalando discretamente a Finn.

No sabía en qué momento había accedido, pero ya llevaba horas con ellos, Marceline tenía cierto don para convencer a las personas fácilmente y aunque no frecuentaba bares pues le aburrían una barbaridad, no había notado que prácticamente la noche ya había alcanzado a todo Londres, las bromas y conversaciones de Jake y Marceline consumieron las horas a un momento que le pareció efímero. Y aunque al principio Finn estaba algo retraído, el licor empezó a hacer su efecto y poco a poco se integraba en el amenizado encuentro.

—Hey Jake, me acompañas al auto—Le dijo Marceline a Jake tras un codazo en las costillas que hicieron a Jake derramar su cerveza.

— ¡No la tires Jake! Te toca la otra ronda —Exigió Finn seguido de una pequeña rechifla.

— ¿Piensan pedir más? Ya no están muy en su juicio que digamos. — Y es que a parte de las horas, la cantidad de cerveza que estaban bebiendo era abismal.

— Claro que vamos a pedir más, pero tú ten cuidado, se te va a subir la glucosa y el ácido cítrico con tanto jugo. — Tras la carcajada burlona, Jake se paro y se dispusieron a salir al auto.

—Ja, ja, ja… Hilarante — Dijo la pelirrosa con sarcasmo y al ver que la iban a dejar sola con Finn pregunto con cierto pánico en su voz — Ah… ¡¿A dónde van?!

—Necesito algo del auto y Jake sacará su chamarra.

—Pero mi chama… ¡Auch! — Otro certero codazo por parte de Marceline se hizo presente en las costillas de Jake, quien al mirar a su gran amiga notó que debía seguir el juego. — Como dije mi chamarra está en su auto, no tardamos.

Los chicos salieron del bar en dirección al auto, mientras Jake seguía sobándose las cotillas, Marceline sacó una bolsa de la guantera.

—Pegas muy fuerte… ¿Ya podemos entrar? Mi cerveza se va a entibiar.

—El punto era dejarlos solos tonto, entraremos después de un rato. —Explicó la pelinegra mientras cerraba el auto.

— ¡¿Y qué haremos en ese rato?! No quiero aburrirme, estaba más padre adentro mejor vayamos ¡Auch! — Se quejo después de que Marceline le golpeara la nuca. — ¿Y eso por qué?

—Me dijiste aburrida, además ¿Crees que sólo estaremos aquí viendo los autos pasar? Traje algo para pasar el rato… —Y una vez explicado el punto, le extendió un cigarro, pero no un cigarro normal, uno totalmente blanco y sin filtro — Let's get high my friend.

La pelirrosa estaba algo incomodada al estar sola con un Finn bastante sentimental y ebrio, aquellos dos se salieron con toda la deliberación de dejarlos solos, ¿Para qué?, se preguntaba. No tenía idea de qué decir o qué hacer y la excusa de ir al baño ya la había gastado inútilmente pensando que al regresar Marceline y Jacke ya estarían de nuevo en la mesa y podría ahorrarse el incómodo momento, cosa que no paso.

—Tendrías que ir al baño por un buen rato, Mar y Jacke han de estar "volando" en éste momento —Expresó Finn con un dejo de desilusión.

— ¿Volando? ¿A dónde? —Dijo algo confundida la pelirrosa. Finn le hizo un ademan con la mano simulando llevarse algo a la boca, cosa que la chica siguió sin entender. Finn adivinando en su rostro que seguía sin entender cosa alguna dijo:

—Olvídalo, el punto es que tardarán un poco… —Tras esto ninguno de los dos supo que decir, se quedaron en silencio con el bullicio y música del lugar de fondo. Finn sólo miraba su tarro y seguía bebiendo, tras unos minutos así, Bonnibel fue quien rompió el silencio.

— Sabes que te quiero, ¿Cierto? —Dijo sin dejar de mirar la mesa.

—No de la forma que yo quisiera, pero si, sé que me quieres. —Tomó de nuevo el tarro y dio un gran trago terminando con el amargo líquido en él.

— Desafortunadamente, no podemos gobernar nuestros sentimientos y aunque lo intentara no creo poder sentir algo a parte de amistad, no quiero perderte Finn.

—No lo harás Bon, aunque tampoco lo quisiera creo que siempre estaré contigo. — Tras esto, la chica le dio un tierno abrazo —Sé que he andado raro, pero necesito un poco de espacio para no seguir arruinando las cosas.

—No las estás arruinando Finn, pronto pasará y encontrarás una chica que te ame y te haga feliz

—Tras sus palabras Finn le sonrió, se dieron otro abrazo, ella sintió la respiración del rubio profunda, temió por un momento que estuviera llorando en su hombro, pero sorpresivamente, el chico estaba dormido. Tras recargarlo bien en el asiento, intentó despertarlo con unas suaves palmadas en el cachete pero nada, no sabía si sólo estaba dormido o si tenía algo, empezaba a cundir el pánico en su cuerpo cuando afortunadamente llegaron, por fin, los dos astutos ausentes.

— Marceline, ¡Finn no reacciona! — Dijo ya asustada. La pelinegra se quedó mirando la escena algo distraída.

— ¿Eh?... —Aunque parecía bastante claro todo, Marceline no entendió.

— ¡Que Finn se desmayó!... ¡¿Me están haciendo caso al menos?! — Dijo ya una neurótica Bonnibel.

—Oh si, este… ¡Finn! Despierta… — Se acercó al rubio, le abrió los ojos y después se volteó hacía la pelirrosa. — No tiene pulso, creo que ya no hay nada que hacer…

— ¡¿Qué?! Hay que llevarlo al hospital, tenemos que hacerle primeros auxilios, ¡ALGO! No puede…

—Mientras el ataque de histeria y miedo atacaba a Bonnibel, Marceline y Jacke no aguantaron más la risa y explotaron en sonoras carcajadas. Bonnibel entendió la broma y fuera de calmarse hizo que toda esa preocupación se tornara en un enojo que nunca antes había sentido. — ¡¿Es que a caso están dementes?! No pueden bromear así tan a la ligera con algo tan serio, ¿Qué demonios les pasa? — Su tono rosado de piel se había teñido en un rojo intenso.

—Tranquila… sólo fue una broma, el está bien, sólo un poco ebrio. —Explicó aún con el ataque de risa y con un gran ronquido de Finn, haciendo que ambos chicos rieran aún más.

—Idiotas. —Tomó su bolso y camino con paso firme hacia la salida. Toda la tarde dónde la había pasado bien había quedado arruinada por la pelinegra, de hecho, sólo la había visto dos veces y en ambas la rockera había tenido el mal gusto de arruinar el momento, pero esto no tenía limite, Marceline estaba en el primer lugar en su lista de personas desagradables. Seguía caminando hacía la parada de la ruta que la dejaría en su departamento aún molesta. Tomó asiento en la banca de espera, pero un auto se detuvo justo en la parada, el piloto apagó el motor de su Maverick y bajo del clásico auto.

— A penas te conozco de dos ocasiones y ya te he pedido perdón como mil veces — Dijo mientras se recargaba en el cofre de su auto y cruzaba los brazos. —No es nada personal, es sólo que mi sentido de la empatía se perdió hace mucho tiempo.

—Eso es algo que no me importa, ¿Dónde está Finn? —Contestó cortante la chica, mientras que una señora mayor a su lado las miraba entreteniéndose con la escena.

—Probablemente soñando contigo en la parte de atrás— dijo señalando con la vista.

— ¿Siempre eres así de desagradable?

—Si te dieras el tiempo de conocerme, verías que no. Que puedo llegar a ser peor —De nuevo la risa se apoderó de la drogada chica. —Es, peligroso que andes sola, Finn me matará si te dejo ir en el transporte así que sube te llevo a tu casa.

— He viajado más tarde y no me ha pasado nada, además es mucho más inseguro ir contigo completamente ebria. Así que gracias, pero prefiero el autobús además no estoy sola —Dijo rechazando la oferta y señalando a la anciana que estaba ahí.

— Uy qué digna… Señora, ¿Usted a dónde va? —Pregunto a la anciana que estaba en la parada. Bonnibel se desconcertó, inclusive la señora — No soy secuestradora, pero ya que Bonnibel no quiere ir tal vez usted si —

—Voy a la 43 esquina con la 52 —Contestó un tanto confundida aquella anciana. —Pero el autobús ya no tarda hija, gracias.

—Suba yo la llevo — Y sorpresivamente, la anciana hizo caso al ofrecimiento de Marceline. La pelirrosa no sabía a qué dimensión había viajado, ¿Es que a acaso a Marceline le atraían las abuelas? La pelinegra le abrió la puerta a la señora quién se sentó a lado de un profundamente dormido Finn, después de cerrar la puerta volteó a ver a Bonnibel —Ahora si estás sola, esperaremos a que subas al auto… No querrás que la señora llegue tarde ¿Cierto? —Dijo con una sonrisa burlona.

El don de Marceline volvió a aparecer, se sentó a lado de la anciana y Marceline arranco. Aunque al parecer iba ebria manejaba lo suficientemente bien para que Finn no se despertara, la señora no muriera de algún infarto y para que ninguna de las patrullas encontradas la parara a revisión.

— ¿Huele a marihuana? —Preguntó una desconcertada anciana. Jacke y Marceline rieron confirmando las sospechas de la señora. Bonnibel recordó lo que le había dicho Finn de que volaban, o algo así, entonces comprendió que ambos chicos no sólo estaban ebrios, sino también drogados.

— ¡Por Dios están drogados!... ¡Oríllate me voy a bajar! — Dijo al tiempo que se incorporaba en una posición más tensa.

—Demasiado tarde Bonnie, ya estás dentro.

—No me digas Bonnie y detente de una buena vez —La pelinegra no tenía intención alguna de parar el auto — Marceline es en serio, además ¿Te das cuenta que viene una señora con nosotros?...

—Por supuesto que lo sé, ¡Sólo cálmate! — Y cuando Bonnibel iba a seguir replicando la señora interrumpió la discusión:

— ¿Saben? Esto me recuerda mis viejos tiempos, hace muchos siglos de la última vez que la probé… ¿Podrían regalarme un poco? —Bonnibel no podía creer lo que estaba pasando, tal vez si había viajado a alguna bizarra dimensión y con el simple afán de llegar a su departamento esperando dormir y despertar al otro día en el mundo normal, se fue en completo silencio todo el camino. La pelinegra llevó a su destino a la ahora drogada anciana y el próximo destino más cercano era la casa de Finn y Jacke. Entre ambas chicas ayudaron a subir a Finn mientras Jacke a penas lograba seguirles el paso. Una vez puestos a salvo Bonnibel se dio cuenta que ahora iría sola con ella, cosa que quería evitar a toda forma.

—Sabes ya me has dejado cerca, tomaré un taxi y llegaré a casa. Gracias igual…

— Ya deja de lloriquear y sube de una vez, no me importa si no hablas, o me ignoras, pero no seas tonta, son casi las 3am como para hacerte la orgullosa y andar por ahí —Encendió un cigarro tras esto y mediante el mando abrió los seguros del auto. Bonnibel dudo unos momentos, pero lo cierto era que si, ya era tarde, el taxi le cobraría por lo menos un 50% más y aparte la inseguridad que presentaba el hecho de andar sola. Sin una mejor alternativa, se subió al auto. Fueron 20 minutos muy incómodos y de silencio entre ellas, afortunadamente la piloto puso algo de música para que el fondo fuera más ameno.
La pelinegra por lo general conducía muy rápido hasta triplicando el límite de velocidad, pero en ese momento inclusive manejaba por debajo del máximo, su talento natural para caerle mal a las personas no había fallado con Bonnibel, lo sabía, también sabía que probablemente nunca la volvería a ver, por tanto quería que ese momento con la hermosa chica durará lo más posible. Bonnibel le dio la última indicación para llegar a su edificio. Se orillo en frente de dicho lugar.

—Gracias Marceline, ve con cuidado, adiós. —Dijo en un tono cortante, más por cortesía que sinceridad, se volteo para abrir la puerta pero ésta aún tenía el seguro — Marceline no puedo salir, quita el seguro — Y en ese momento, no supo cómo o por qué, los labios de la pelinegra tocaron los suyos.