Autor: Dee Spiegel
Fandom: Supernatural
Pareja: Dean/Castiel
Disclaimer: Supernatural ni sus personajes me pertenecen.
Palabras: 2, 598
Advertencias: Trata de temas de adicción. (Realmente no sé si eso es tan grave como para colocarlo en advertencias)
Comentario: Espero que todos hayan pasado muy bien estas fechas, navidad, lo que sea que festejen. En relación a la historia, realmente pensé en muchas posibilidades para este segundo capítulo. Escribir un Castiel humano no es tan sencillo como pensé en un inicio. Practicamente tienes que escribirle completamente un pasado.
Capítulo 2: Casi limpio
"Dad palabra al dolor:
el dolor que no habla,
gime en el corazón
hasta que lo rompe."
William Shakespeare
Primer acto. La escena se abre y un mini Castiel se mece en un columpio verde, en un parque lleno de niños. El ruido es incontrolable, lleno de risas y gritos de regocijo. Con los pies sobre el asiento, y las manos en las cadenas que lo sostienen, se impulsa hacia atrás y luego hacia adelante. El vaivén comienza y la velocidad incremente y Cas puede sentir el viento; instintivamente mira hacia el cielo, como queriéndolo alcanzar, dentro de su infantil mentecita…
Entonces el telón de la obra se cierra.
El segundo acto comienza completamente negro, no hay nada que ver, sólo gritos. Súplicas. "Detente", "no me lastimes", "ayúdenme", "no, por favor no". Más gritos, primero son de un niño, después de un preadolescente. Pero los gritos siempre imploran lo mismo. Ruegan porque sea lo que sea que los provoque, se detenga.
~.~
Castiel Newman despertó dando un terrible alarido. Sus ojos estaban al borde de las lágrimas y su cuerpo entero temblaba. Cubrió su cara con sus manos e intentó, en vano, calmar su respiración y el errático latir de su corazón.
Se quedó tumbado en la cama por lo menos diez minutos; afuera no había ninguna luz. Durmió periodos cortos, pero siempre despertaba de la misma forma. Errático, perlado de sudor, con las fibras de su ser incapaces de ser consoladas.
Toda clase de sentimientos comenzaban a llenarle el cerebro, sentimientos nada positivos. Se adueñaban de él, incapaz de dejarle recapacitar. La necesitaba. Era todo en lo que podía pensar.
Una especie de luz se le coló entre toda la nube negra de pesimismo. Balthazar. Con manos y pies temblorosos buscó su celular por todo el cuarto de motel. Lo encontró y presionó el número uno del marcador rápido. Exhalaba sobre la bocina del aparato como si hubiera corrido un maratón.
Después de lo que le pareció una eternidad, respondieron la llamada.
— ¿Cassie…? Son las… cuatro y veinte de la madrugada… ¿estás bien?
— No…
— ¿Qué ocurre? ¿Dónde estás?
— Estoy en… el motel…
— ¿Noche difícil?
— Balthazar… la necesito…
Hubo un corto silencio y después un suspiro del otro lado del teléfono.
— Castiel Newman, tranquilízate. No pienses en-
— Tuve una pesadilla — interrumpió al tiempo que se llevaba una mano a la cara.
— Todo está bien, Cassie. Tú puedes hacer esto. ¿Recuerdas? ¿Cuántos años han pasado, recuerdas?
— El… el otro día acudí a una reunión… — Castiel le interrumpió nuevamente, como si sólo estuviera pensando en voz alta para sí mismo —. No hablé mucho, yo sólo… fui por la ficha, ¿sabes? De alguna forma… me hace desistir de la idea…
— Eso está bien, continúa hablando, vamos.
— Tú habla, cuéntame algo…
— Ah… lo usual, ya sabes. Estoy en un pequeño hotel, la función terminó a las casi a las once de la noche. Había muchas mujeres en el bar, Cassie. Empiezo a creer que los saxofonistas tenemos un cierto encanto con las mujeres, en serio. Todas estaban gritando y chiflando y pidiendo más, no pude negarme… Además el dueño del hotel quedó encantado y estaremos por un par de semanas más. Ah, no te había dicho, pero hace un par de semanas conocí a esta chelista. Karla, es hermosa, hombre. Cabello negro chino, labios carnosos, piel de bebé y una cintura… — hubo un silencio y después se aclaró la garganta —. Am… la invité a cenar… pasamos una gran noche, ya sabes… Pero, ¿qué hay de ti? ¿Ya hiciste nuevos amigos en la ciudad?
— No realmente… — la imagen de Dean cruzó su mente, pero la desechó de inmediato. Era lo más cercano que tenía a un "amigo", y sin embargo en su mente no lo calificaba como tal. No había pasado mucho tiempo desde que llegó a la ciudad de todos modos.
— Oh, vamos. No me digas que todos los docentes de la escuela son ancianos cascarrabias o mujeres menopáusicas amargadas. ¿No hay alguna chica linda cerca? Prueba en la enfermería, o en la clase de gimnasia, o en taller de artes… tal vez tengas suerte. Me recuerda a aquella profesora de español que teníamos en preparatoria, ¿recuerdas? Si todas fueran así...
Castiel sonrió. Hablar con Balthazar siempre le resultaba benéfico en casos como esos. Luego de algunos minutos de conversación, en que Balthazar le contaba de cómo le había perseguido un perro callejero a media noche, no le sorprendió notar que había dejado de temblar considerablemente, y que ya no respiraba como un perro sediento.
— Gracias…
— Oh, ni lo menciones, hermano. — Balthazar sonrió también. Una genuina y cálida sonrisa —. Sólo tienes que marcar uno o dos botones y yo siempre estaré ahí cuando quieras.
— Lo sé.
— Todo mejorará, Cassie. Vas a ver que sí. Estoy justo aquí. Si sientes que es demasiado, sólo dilo e iré corriendo a donde estés.
— No… yo, quiero hacer esto. Tengo que hacerlo. No puedo estar dependiendo de ti siempre.
— No me importaría hacerlo. Tú y yo, en un asilo a los noventa años, tratando de recordar nuestros propios nombres.
La imagen mental que habían hecho era algo grotesca y miserable, pero eso fue lo que hizo reír a ambos. Aunque Balthazar y Castiel no estaban unidos por sangre, aún así eran hermanos. Eso era lo único que importaba.
~.~
Después de la amena conversación que Castiel tuvo con Balthazar, pudo dormir por lo menos un par de horas más. Después, muy a su pesar, tuvo que levantarse, bañarse, vestirse, peinarse, desayunar e ir a trabajar.
No… yo, quiero hacer esto. Tengo que hacerlo. No puedo estar dependiendo de ti siempre.
Decirlo, no era fácil para Castiel… pero si expresarse era todo un reto… llevarlo a cabo era una misión imposible. La última clase antes de su salida a comer había sido secuestrada por una doctora que les explicaba a los chicos acerca de métodos anticonceptivos. Lo mismo ocurría en algunos otros salones; el ojiazul decidió hacer algún papeleo en la sala de maestros antes de ir a comer.
Los problemas para dormir se veían reflejados bajo sus ojos, unas crecientes ojeras, un cansancio se reflejaba en todo su rostro, y una palidez ciertamente inusual.
— ¿Noche divertida?
Castiel apartó la vista de sus papeles. Frente a él, del otro lado de la mesita, se encontraba una mujer rubia, cabello largo, ojos preciosos de color verde, o azul, realmente no podía definirlo. Sonrió al recordar la conversación con Balthazar.
— Noche difícil — admitió Castiel.
— Rachel Brown, del departamento de psicología.
— Castiel Newman, profesor de historia — estrecharon las manos y Rachel acercó una silla y se sentó frente a Cas.
— Te había visto un par de veces, me da gusto por fin poder hablarte.
— Gracias. Me echaron de mi clase… les estaban dando una conferencia de… educación sexual o algo por el estilo.
— Ah, seguramente ya tienes todo eso cubierto — dio un sorbo a su taza de café humeante.
— Por supuesto — Castiel alzó las cejas y sonrió con evidente sarcasmo.
~.~
Castiel se encontraba sentado en una de las mesas del Roadhouse. Era un lugar respetable. Cas se lo imaginó como un lugar de mala muerte, pero la verdad es que era bonito. Era un restaurante pequeño, aunque no estaba a las afueras de la ciudad. Quizá en el tiempo que fue construido sí lo estaba, a juzgar por la construcción. El lugar se dividía en dos, la primera tenía una sección con mesas rectangulares, pegadas a la pared, un sillón en cada lado. Más hacia allá había un bar, que parecía estar siempre lleno.
Sus codos estaban apoyados en la mesa, su barbilla estaba apoyada en sus manos entrelazadas, los ojos semi-abiertos, su mente, a miles de kilómetros de allí. No había probado absolutamente nada de lo que aquella mesera joven y amistosa le había llevado.
Rachel y Castiel habían acordado desayunar juntos la próxima semana, puesto que ese día era viernes. Era una mujer simpática y atractiva, Castiel lo admitía. Pero no es como si se interesara en ella. No de esa forma, al menos.
A decir verdad, Castiel no se importaba ni miraba a nadie de esa manera. No desde que-
— ¡CAS!
Alguien golpeó fuertemente en la mesa del ojiazul. Saltó como un resorte, sus manos hicieron lo que quisieron, tirando el refresco de lata en dirección a él. Pareció escuchar algo más caerse, pero no estaba seguro. Se levantó como un rayo al sentir el líquido empapándolo, y escuchó una risa socarrona de una voz inconfundible: Dean.
Todos en el Harvelle's Roadhouse miraron la escena. Dean era incapaz de dejar de reír, poco le faltaba para agarrarse el estómago y Castiel frunció el ceño.
— Oh, oh — Dean trataba de recobrar la compostura —. Lo siento, no pude resistirme. Debiste ver tu cara… fue épico.
Castiel estaba tenso, y mojado. Apretó los labios, negó en silencio con la cabeza y se dirigió al baño para limpiarse. Dean lo miró incrédulo, esperaba por lo menos un insulto, un golpe, mínimo una palabra. Después se giró a ver a la mesera, que había visto la escena.
— ¿Qué? ¿Por qué me ves así Joanna Beth?
— Eres un idiota, Dean Winchester — Jo desvió la mirada y se acercó para retirar el plato de la mesa donde estaba Castiel, y limpiar el agua que había en el suelo y parte del asiento.
~.~
El agua del grifo del baño caía sin ser interrumpida. Castiel apretaba fuertemente los extremos del lavabo, recargándose completamente. Había comenzado a temblar y respirar agitadamente. El sonido seco, estruendoso e improvisto, del golpe de Dean en la mesa le había hecho más que devolver su mente a su cuerpo. Le había recordado ciertas cosas desagradables que salían a relucir a la superficie de su memoria en raras ocasiones.
"¡Detente!, ¡por favor!"
Los gritos, las inútiles súplicas. La voz que nadie escuchó, gritando, aterrado. Castiel comenzaba a ver todo a su alrededor muy tenue, el ruido del agua corriendo seguía ahí.
"¡No!" "¡No me lastimes!"
— Hey — Dean entró a los baños y miró a Castiel, tenía el rostro agachado, no podía ver su expresión. No hubo respuesta, parecía que se había congelado en aquel sitio —. Cas, planeta Tierra llamando a Castiel — posó su mano derecha en el hombro izquierdo de éste, pero de inmediato Castiel se apartó bruscamente, rehuyendo el contacto.
El ojiazul miraba aterrado a Dean directamente a los ojos, pero no dijo una palabra.
— ¿Te ocurre algo? Tienes una cara de mierda…
— ¿Siempre eres así de imbécil? — espetó en una voz más grave que de costumbre.
El agua del grifo seguía corriendo. Castiel volvió en sí, tomó papel y comenzó a limpiarse la camisa blanca y el saco negro. Era una mancha horrible, el refresco era de cola; así que comenzaba a sentirse pegajoso. Estaba irritado, si pensaba que su día no había podido ser peor, Dean Winchester había aparecido en escena para confirmarle que sí, su día podía empeorar, y mucho.
Dean no dijo nada, era obvio que alguien no estaba de humor para usar sarcasmo. En realidad no esperaba que su broma funcionara con tanta perfección, pero no creyó que el otro estuviera en otra galaxia.
Cas salió del baño sin decir ninguna palabra, prácticamente pasó de largo junto a Dean.
Cuando se dirigió a su mesa, vio que la habían secado y su plato había sido retirado. Volvió la vista instintivamente a la joven mesera de cabellera rubia.
— Están preparándote otra hamburguesa, la otra estaba… un poco aguada. — le dirigió una mirada asesina a Dean que salía del baño sin enterarse del diálogo.
— Gracias… — miró el gafete que tenía la chica en su camisa — Jo.
Ella sonrió y se dirigió a la cocina. Castiel se sentó en su sitio. Dean no dejó de mirar a Castiel como si tuviera rayos láser en sus ojos; se sentó en una pequeña barra, donde comían otros dos clientes.
— ¡Jo, una cerveza para mí! — gritó Dean.
Castiel tamborileaba con sus dedos en la mesa, volviendo a ignorar completamente el mundo exterior. El celular comenzó a vibrar dentro del bolsillo de su pantalón.
— ¿Sí? — contestó irritado.
Dean se giró instintivamente y miró con curiosidad la escena.
— Sí, estoy mejor ahora… Sí, pude dormir un par de horas más… — su ceño se frunció, Dean se comportaba como si mirara una película en el cine —. ¿Qué hay con el motel? Sí, ese es su nombre. Por supuesto que lo escuché… bueno, en realidad ocurrió en el cuarto de al lado — Castiel alejó su celular del oído e hizo una mueca —. ¡Estoy BIEN, Balthazar!... ¡Porque no es importante! — alejó de nuevo el celular, Dean sólo podía escuchar un ruido agudo salir de la bocina; alguien estaba gritándole a Cas —. ¡No! ¡No puedo mudarme!... ¡Porque es barato…! Está cerca… ¡No tengo dinero, ¿de acuerdo? ¡No, está bien! ¡Porque es TU dinero! Balthazar… No quiero hablar de — Castiel calló abruptamente, su ceño se fruncía más, mostrándose más y más enojado —. ¿Balthazar? ¡Púdrete! Estoy cansado, terminé de hablar, ¡no me importa! ¡Ja! ¡Métete tú uno también entonces! — colgó, dejó caer el celular en la mesa, cruzó los brazos sobre su pecho y trató de calmar su enojo.
~.~
Jo se acercó con una charola a la mesa, dejó en ésta la hamburguesa recién hecha, y otro vaso de agua. Se dirigía a dejar la cerveza de Dean en la barra, pero éste se incorporó y se sentó en el sillón contrario a donde estaba Castiel. Jo depositó la cerveza en la mesa y se fue sin decir una palabra.
Castiel se limitó a decir gracias en voz baja, y comenzó a comer sin prestar atención al ojiverde.
— ¿Problemas maritales? — preguntó Dean con una sonrisa mientras levantaba la cerveza.
— Púdrete tú también — contestó Cas dando un sorbo al refresco, y mirando a Dean como si quisiera incinerarlo con la mirada.
Dean desvió la mirada, incómodo. Castiel apartó la mirada también, para dirigirla a algo que quería evitar desde un inicio: la cerveza. Botella de vidrio, posiblemente setecientos cincuenta mililitros, color oscura, pequeñas gotas de agua en su exterior debido a la diferencia de temperatura entre la botella y el ambiente... cerveza fría, refrescante, el líquido pasando por su garganta, emanando una especie de calor a su paso… su miraba iba de Dean, a la cerveza, de vuelta a su comida. Dean, cerveza, comida. Comida, Dean, cerveza. Cerveza, Dean, cerveza. Cerveza, cerveza, cerveza.
Castiel tragó saliva, tenía que salir de ahí, YA. Se levantó bruscamente, Dean lo miró intrigado.
— Mejor me voy ahora — tomó la carpeta que siempre llevaba a sus clases de encima de la mesa, buscó en su cartera y dejó un par de dólares al lado de su plato — Si no quiero llegar tarde, tengo que regresar al motel a cambiarme, y después regresar a la escuela.
— Espe… ¡Cas! ¡Hey, espera! — Dean se levantó apresurado y vio cómo Castiel salía a una velocidad próxima a estar corriendo.
— ¡Dean! ¡Ya está tu orden! — Jo pasó por encima del mostrador una bolsa de plástico.
Dean la tomó bruscamente y salió rápidamente del Roadhouse. Al salir miró hacia todos lados pero no pudo ver a Castiel por ningún lado. Avanzó un poco pero no, no le veía por ninguna acera. Al girarse hacia el Roadhouse, en su cara se formó una genuina sonrisa.
Se acercó a Castiel, que estaba cabizbajo recargado en la pared de la entrada al Roadhouse.
— Mi auto está en la calle de al lado. Vamos, te llevaré de vuelta al motel.
Castiel sólo asintió con la cabeza, y siguió a Dean como un niño que ha sido regañado. Estaba muy cansado y confundido como para negarse.
Muchas gracias por leer, espero que les haya gustado.
Personalmente, Rachel y Balthazar en la serie me parecieron personajes muy curiosos, así que decidí introducirlos. Rachel por supuesto no dura mucho en la serie... pero me agradó. Lo mismo con Balthazar.
Trataré de actualizar lo más rápido que pueda, pero desde ya gracias por la paciencia y los reviews : ).
