Kuroshitsuji II © Yana Toboso

xxxHOLiC Rou © CLAMP

Advertencia: Esta es una historia secuela y crossover entre Kuroshitsuji II & xxxHOLiC

Aclaración: Las personalidades de los personajes pudieron ser modificadas para adaptarlas a la idea del autor. Violencia. Relación adulto-menor. Uso de OC.

Diálogos—

[Notas de Autor]

(notas del texto)

De antemano gracias por los reviews.

Black Bird

Una hermosa luna llena adornaba el manto nocturno cubierto de estrellas, el humo de una vieja pipa subía lentamente y desaparecía a lo lejos. El joven dueño de aquella pipa sostenía en su mano una invitación de boda, Doumeki Shizuka & Tsuyuri Kohane eran los nombres escritos en ella, la pareja prometida; justamente en ese momento el novio estaba a lado del azabache, su cara no expresaba emoción alguna, pero por dentro estaba hecho un huracán.

—No puedo creer que Kohane-chan dijera que si— se quejó tomando una bocanada de su pipa.

—¿Celoso?— exclamo el otro sin moverse de su lugar, la reacción no se hizo esperar, él arrugo la invitación al cerrar los puños con fuerza, su rostro estaba contraído y su labio inferior temblaba de ira.

—¡ESTÚPIDO!— explotó lanzándose sobre Doumeki intentando golpearlo pero su ataque fue detenido.

—Te amo— dijo de pronto mirándolo a los ojos.

—Cállate...— contestó con voz débil sin oponer a resistencia al agarre de su invitado.

Soltó un poco el agarre de sus muñecas, el bajo los brazos, cerca de ese grueso cuello, finalmente Doumeki lo soltó, el azabache rodeó completamente ese cuello con sus brazos, un suave abrazo, su cuerpo temblaba. Doumeki no podía ver la expresión en su rostro, el muchacho de anteojos estaba hecho un desastre, sus ojos se posaron en la arrugada invitación de su mano mientras que cenizas caían en la espalda de su invitado.

—Quema.. — se quejó Doumeki suavemente, sin separarse realmente del azabache.

—Lo siento...— exclamó Watanuki, Doumeki no pudo entender si la disculpa era por las cenizas o el abrazo. El joven rompió el contacto haciéndose a un lado, aún sostenía con fuerza la invitación.

—Es tarde... creo que deberías volver a casa— dijo distraídamente el azabache sin mirar a su invitado.

—Estoy en casa— replicó el joven tomando la pipa de su compañero para colocarla en su lugar con respeto (al dueño anterior), después tomo la arruinada invitación, encendió una cerilla y dejó que el fuego consumiera el papel, Watanuki quiso detener el fuego pero sólo logró que sus blancas manos se quemaran un poco.

—¿Qué has hecho?— reclamó Watanuki consternado, mirando las cenizas mezclarse con el aire. Doumeki no respondió a su pregunta con palabras sino con acciones, tomando esas largas manos para besarlas dónde el fuego hizo daño para finalmente cerrar la distancia con un apasionado beso que su amado correspondió de inmediato, un gesto desesperado.

—Una noche más, una noche más...—, ese pensamiento llenaba la cabeza de Watanuki, no era la primera vez que ellos intimaban, de hecho, la primera vez que lo hicieron fue un momento confuso, extraño pero que al mismo tiempo se sentía totalmente correcto, con el tiempo, su relación se afianzó, sin embargo el destino deparaba caminos totalmente distintos para ambos, pero en ese momento en que sus bocas se degustaban mutuamente con placer deseaba que su unión fuera eterna.

—Te lo suplico...— susurró entre dientes Watanuki, Doumeki sonrió, ese bello rostro lleno de deseo era lo único que necesitaba para entregarse por completo.

Doumeki sujetó al muchacho en sus brazos, para llevarlo a sus aposentos.

Con un nuevo beso, Doumeki dejó a las yemas de sus dedos reconocer cada rincón de ese cuerpo delgado, desde aquellos firmes hombros, deslizándose hacia su ceñida cintura, rozando con suavidad sus firmes caderas; Doumeki observó con satisfacción como crecía el bulto entre las piernas de Watanuki, el moreno colocó una mano firme por encima de su ropa provocando un gemido de placer a Watanuki, motivado por ese dulce sonido, Doumeki comenzó a masajear con más fuerza esa delicada zona, la respuesta fue inmediata, excitantes gemidos que provenían de aquellos delgados labios. Justo en medio de aquel placer, Doumeki sintió un rocé ajeno, una mano delgada pero decidida había capturado su hombría dejándolo indefenso; más que gemidos, Doumeki hacía sonidos guturales, dejaba que sus emociones se quedarán atoradas en su garganta sin dejar escapar su voz. Ambas manos expertas sobre el cuerpo ajeno hicieron su trabajo hasta que los dos llegaron al clímax.

Todo era un desastre sobre la cama, las ropas desarregladas, ese bello líquido blanquecino esparcido sobre sus prendas, Watanuki se sonrojó al ver el resultado de su pequeño encuentro, sabía que no iba ser el final pero estaba tan avergonzado como la primera vez.

—Lo.. lo siento— exclamó nervioso, rápidamente se apresuró a desvestir al moreno. —Lo lavaré de inmediato...— agregó aún intentando retirarle el saco, sin embargo, entre el forcejeo, un objeto extraño hizo aparición.

Era pequeño, ovalado, blanco, cubierto de un poco de la semilla, probablemente de ambos. Watanuki lo sostuvo en su mano, examinándolo, no había duda, ese objeto era un huevo. «Tampopo... »el recuerdo vino a él súbitamente.

Doumeki se quedó en silencio esperando una reacción de Watanuki pero al ver que nada sucedía, decidió hablar primero.

—Ella me lo dio... cómo pago por aquella ocasión— fue la única explicación que dio, una mueca de dolor apareció en el rostro del azabache, se sentía herido.

—¿Por qué nunca me lo mostraste?— replicó en voz baja Watanuki.

—Ella me lo dio para usarlo en el momento adecuado... —, miró el pequeño huevo y dio un gran suspiro, —creo que tenía que ver contigo, ella me dijo que de ese huevo no iba a nacer nada, y que siempre lo mantuviera conmigo—. Watanuki estaba cada vez más dolido.

—Entonces... haz llevado este huevo a todas partes y nunca lo mencionaste antes...— exclamó Watanuki sin poder creerlo, Doumeki asintió con la cabeza.

Watanuki, como el nuevo dueño de la tienda que concede deseos, sabía perfectamente cuál era el deseo más profundo que se encontraba escondido en el fondo del corazón de Doumeki, un deseo que no podía ser concedido por uno mismo, sino que necesitaba ser concedido por alguien más, por él, lo único que Doumeki deseaba más que nada era la libertad de Watanuki, una forma en que el azabache pudiera abandonar la jaula. Con esos pensamientos en mente, Watanuki tomo una resolución.

Voy a cumplir tu deseo— exclamó con una mirada firme, observando directamente esos ojos dorados. Doumeki ahora estaba consternado.

Desde hace tiempo, Watanuki era el único que limpiaba el Cuarto de Tesoros de Yuuko-san, con los años aprendió que ese lugar guardaba muchos secretos, más de los que pudiera imaginar, entre ellos estaba una colección de libros escritas por un hombre de nombre Li Clow Reed, colección que Watanuki leyó por completo y dónde descubrió un conjuro que le sería útil en estos momentos.

Watanuki salió al patio, un conjuro tan poderoso necesita mucho espacio, Doumeki lo siguió de cerca, semi arreglado, no sabía cómo interpretar muy bien la mirada del azabache. Doumeki no se acercó a Watanuki cuando lo vio parado en sobre césped en el patio, con aquel huevo en las manos.

—Voy a darte lo que deseas— exclamo Watanuki mientras el suelo comenzaba a brillar. La enorme cantidad de energía que comenzó a despedir llamó la atención de los otros ocupantes de la casa.

—¡WATANUKI!— gritaron las pequeñas Maru y Moro al unísono, Doumeki las detuvo de acercarse.

El joven azabache alzó sus manos frente a él, con el pequeño huevo, sus labios susurraron un conjuro que nadie escuchó, todo su cuerpo comenzó a elevarse con el brillo del círculo mágico, entonces sucedió lo inesperado, una gran masa de energía salió del cuerpo de Watanuki, poco a poco tomó forma, era la silueta de un ave, de pronto, volvió a hacer otra vez una figura sin forma para inmediatamente convertirse en dos aves, esas pequeñas aves cruzaron los cielos y se dirigieron hacia Watanuki y el huevo, otro brillo encegador cubrió la tienda, al final el pequeño huevo era el único que brillaba con tanta energía que comenzó a flotar, aquel brillo seguía desbordándose hasta tomar otra forma, la de un joven... Watanuki.

Todo marchaba como tal como lo había planeado, había logrado conjurar a un ser mágico, no era de la misma naturaleza que Maru o Moro, sería un ser capaz de abandonar la tienda y hacer feliz a las personas que les importaba, sin embargo justo en el momento que abrió un poco los ojos para observar su creación, un sentimiento surgió en su pecho, su mirada se desvió un poco hacía las personas que lo observaban, Maru, Moro, Mokona, incluso Mugetsu pero más importante, Doumeki, con la poca energía que aún tenía, levantó un poco su mano hacia su ser querido, entonces ocurrió... un nuevo cambio, algo inesperado, el cuerpo del "otro" Watanuki comenzó a transformarse, unas bellas alas salieron de su espalda, cubriéndolo en un capullo, cuando estás alas se abrieron de nuevo, ese ser ya no era un adulto, ahora era un pequeño bebé, las alas se transformaron en un manto. El brillo mágico disminuyó, el círculo mágico a su vez se desvanecía, dejando libres a las dos personas involucradas, Watanuki cayó de pie, con el bebé en brazos, pero debido a su peso y su debilidad, se dejo caer sobre sus rodillas, sin embargo no chocó contra el suelo, debido a que Maru y Moro lo sostuvieron justo a tiempo.

—Gracias... Maru... Moro... —susurró con una sonrisa, las niñas sacudieron sus cabezas, su rostros estaban cubiertos de lágrimas.

—Él es muy bonito— dijo Mokona subiéndose a su hombro, mirando el rostro del pequeño, —... ¡felicidades, ahora eres Wata-kaachan!— se burló un poco, el bebé balbuceó un poco y sonrió.

Doumeki fue el último en acercarse, no dijo nada, tampoco su rostro mostraba emoción alguna, reemplazo a Maru y Moro en sostener a Watanuki, luego miro fijamente al nuevo miembro de la tienda, fue testigo de su creación y aún no daba crédito de su existencia, con una de sus manos, acarició el rostro de ese niño, sus mejillas eran algo regordetas, de nuevo, el bebé sonrió ante el tacto, Doumeki retiró su mano sin embargo la pequeña sujeto sus dedos con fuerza, es increíble como cuánta fuerza puede contener un cuerpo tan pequeño.

Es tuyo— susurró Watanuki cerca de su rostro, entonces se desmayó.

Doumeki transportó con mucho cuidado a Watanuki y al bebé a su cuarto, asistido por Maru y Moro. Mugetsu se quedó vigilando a ambos, mientras él se dirigía a la sala, ahí lo esperaba Mokona con una botella de sake sin abrir, Maru y Moro aparecieron por detrás con un vaso cada una, sus lágrimas estaban secas, ahora sonreían mucho, lucían muy contentas. Doumeki tomo asiento, en definitiva esta era una de las noches más largas que haya vivido, abrió la botella de sake y sirvió un poco para ambos.

—¡A la salud de los nuevos padres!— exclamó suavemente Mokona justo antes de beber un gran sorbo.

«Un hijo... ¿en verdad eso es ese pequeño?» se preguntó Doumeki en silencio.

Watanuki despertó después de un tiempo, sus ropas fueron cambiadas, y junto a él estaba ese pequeño nuevo ser con vida, durmiendo plácidamente, sonrió con tristeza, las cosas se habían salido de control por culpa suya, sin embargo su tristeza no duró lo suficiente debido al rostro de ese niño, por alguna razón, ese pequeña cara lo hacía feliz, sin preocuparse de nada, Watanuki alzó su mano, con su dedo índice pinchó un poco las mejillas del pequeño.

—¡Watanuki, no!— dijo Maru entrando a la habitación.

—¡No, Watanuki!— agregó Moro detrás de ella.

—¡No debes pinchar el rostro del bebé así!— regañaron al unísono las niñas. Watanuki se rió.

—Lo siento, perdón... — dijo aún riéndose, —es sólo que sus mejillas son tan regordetas que no pude resistirme— explicó el azabache alegre.

—¡Wata-kaachan!— gritó Mokona entrando a la habitación. Watanuki dejó de reír.

—¿A quién llamas "Wata-kaachan"?— preguntó algo molesto, Mokona se acercó a él.

—Tú le diste la vida, así que eso te convierte básicamente en su madre— explicó Mokona colocándose a lado del bebé.

—¡Te equivocas! ¡Esto no debería ser así! ¡Yo...!— gritaba Watanuki confundido, enojado.

—Oi.. Baja la voz, vas a despertarlo— interrumpió Mokona, el bebé fruncía el ceño. —Realmente se parece a ti...— exclamó al mirar el gesto en su pequeño rostro.

—Eso es porque él debería ser...— dijo Watanuki con un semblante triste.

—...¿Tú?— interrumpió Mokona, Watanuki asintió. —Te arriesgaste mucho con ese conjuro,... dividir tu alma— dijo la criaturita con un tono serio.

—Ellos merecen ser felices— replicó Watanuki aún con un semblante triste.

—Tú también... — dijo Mokona igual de triste.

—¡Lo sé, lo sé! ¡Pero... !— gritó Watanuki provocando que el bebé finalmente se despertará llorando. —¡Ah!... No, no, pequeño, no llores— dijo Watanuki tratando de calmarlo con su tacto, sosteniéndolo en sus brazos. —¡No logró entender qué salió mal! La primera vez funcionó a la perfección... — se quejaba Watanuki, el bebé lloraba con más fuerza.

—Wata-kaachan, debes tranquilizarte, tú mejor que nadie debes saber que "él" es sensible a tus emociones, y viceversa— explicó Mokona, Watanuki intentó hacer caso a esa sugerencia pero en su estado era imposible.

—Es sólo... es sólo... ¿qué se supone que va a hacer él con un bebé?— concluyó Watanuki mirando al pequeño que seguía llorando.

—Criarlo... criarlo con un hijo— exclamó Doumeki desde la puerta de la habitación, Mokona salió dejándolos solos.

Doumeki se acercó a la cama, con un pequeño roce de su mano, el bebé se tranquilizo, de hecho no fue el único, Watanuki también logró calmarse con tan sólo escuchar la voz de Doumeki. El joven azabache deposito al bebé sobre la cama de nuevo, entre las almohadas que había preparado para que durmiera plácidamente. Doumeki tomo asiento al otro lado de la cama.

—No quiero un sustituto— habló de pronto Doumeki mirando fijamente a Watanuki. —Si realmente él es mío... voy a criarlo como un hijo... tuyo y mío, estoy segura que ella estará de acuerdo— agregó, Watanuki sonrió.

—Las cosas se salieron de control, ¿verdad?— exclamó Watanuki mirando a su bebé.

—Si, un poco... — contestó Doumeki acariciando el cabello del pequeño. —¿Estarás bien sin él?— preguntó de pronto.

—Cada deseo tiene un precio... además, no es como si de verdad lo hubiese dado a luz— dijo Watanuki, un poco burlón.

Doumeki sonrió satisfecho, se acercó a Watanuki con cuidado y le robó un beso, uno menos apasionado que los anteriores pero cargado de emociones, su gesto de amor fue interrumpido por Mugetsu, que comenzó a darle pequeños golpecitos en la espalda a Doumeki, de pronto aparecieron, Maru y Moro seguidas de Mokona, todos sonrientes y felices.

—¡Doumeki, no!— dijo Maru.

—¡No, Watanuki!— agregó Moro.

Okaachan, Otoosan, no deben de hacer cosas pervertidas frente al bebé— remató Mokona, todos al pie de la cama.

—¿Eh? ¿Cosas pervertidas?, además ¿quién es mamá y quién papá?— regañó Watanuki, las niñas rieron.

—¿Cuál es su nombre?— preguntó Mokona ignorando a Watanuki.

El joven azabache se tomo un momento de reflexión para responder, a pesar de que ese pequeño poseía la mitad de su alma, en realidad no era él, su propio deseo lo traicionó, justo cuando miraba a Doumeki durante el encantamiento, el verdadero amor en su corazón cambió el curso del conjuro, ahora no tenía un clon suyo como lo planeó originalmente, ni siquiera se parecía un poco a la primera vez que uso aquel hechizo, sino que tenia a un nuevo ser vivo, una pequeña persona que merecía la oportunidad de crear su propio corazón.

—...Tsubasa— declaró finalmente Watanuki, acariciando el rostro del pequeño.

Watanuki Tsubasa... — corrigió Doumeki uniéndose a las caricias, el bebé sonrió satisfecho.

—¡Bienvenido Tsubasa!— exclamaron Maru, Moro y Mokona al unísono, Mugetsu hizo lo suyo rodeando al bebé suavemente.

La nueva familia disfrutó del resto de la noche, todos durmieron en la misma cama. Doumeki y Watanuki entrelazaron sus manos por debajo del cuerpo de su bebé, Mugetsu seguía enredando al pequeño, brindándole protección, Mokona durmió justo sobre la cabeza de Watanuki, mientras que Maru y Moro se acomodaron en las piernas de Doumeki y Watanuki respectivamente. Un nuevo día se acercaba, y aunque el jardín lucía hermoso bajo los rayos del sol, ellos siguieron durmiendo. Una última noche juntos, sin esperar realmente un mañana, juntos... siempre juntos.

FIN