Nanao-chan y el noble

Caminaba tranquilamente por la calle, desde la sala de juntas de la Asociación de Mujeres Shinigami hasta el cuartel del Octavo Escuadrón, dónde le esperaba su eterna tarea de contención hacia su Capitán, que seguramente estaría protestando por su tardanza.

Pasaba por enfrente de la ostentosa mansión de los Kuchiki. Pensaba en cuán infelices que se veían, siempre con sus caras largas y serios. Y esos ojos tristes. Rukia siempre parecía estar sufriendo y el Capitán Kuchiki tenía esas miradas heladas que a veces daba la impresión de que estuviera casi muerto. Dio un suspiro largo y cansado mirando la bonita puerta blanca y siguió con su paso lento, abrazada, como siempre, a su libro. De pronto, sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

- ¿Qué es ese reiatsu? – dijo en un tono casi inaudible.

Otro escalofrío la hizo temblar y una sombra, a la velocidad de un rayo pasó por su derecha, arrebatándole sorpresivamente su amado libro gigante.

Sus ojos se abrieron por completo y su abrazo permanecía aún formado con sus temblorosos brazos. Sus antejos estaban ladeados y su clásico mechón de pelo sobre la frente estaba mal acomodado. Le temblaban levemente las rodillas y el corazón parecía salirse de su pecho.

- Mi… mi… mi… - tartamudeaba, mientras su cerebro no acababa de procesar lo que había pasado. Alguien había robado de sus propias manos su amado libro gris.

La gran puerta blanca que había pasado hacía un minuto se abrió lentamente, haciendo un chillido que le llegó hasta el cerebro. Un hombre elegante y alto, con su cabello negro y largo perfectamente peinado con su kenseikaan, la miró con esos mismos ojos tristes y fríos que hacía un instante ella había recordado.

Lo miró, devolviéndole aquella mirada vacía de sentimientos, casi suplicándole que se acercara, pero él, ignoró aquella mirada y siguió su camino, pasando por su costado, sin siquiera mirarla.

- Ca… Cap… - no podía aún articular palabra. Byakuya, sin dejar de caminar, la miró de reojo. - Capitán… - logró murmurar.

- ¿Qué le sucede, Teniente? – dijo con su voz fría de siempre y parándose en seco, sin voltear.

- Es… es que… me han robado… – Byakuya volteó a verla, con cara de preocupación.

- ¿Quién ha sido?

- No lo sé… No lo pude ver… y no reconocí su reiatsu… - estaba casi llorando, sólo pensaba en su preciado libro que ahora no estaba entre sus brazos. El noble se acercó y extendió su mano hacia la chica.

- Venga conmigo, Teniente – le dijo. No podía permitir que esa mujer recientemente atacada por un maleante, que suponía fuera el mismo que ocasionó la orden inquebrantable de custodiar todo el Seireitei por parte del Comandante General, se quedara sola, tirada en medio de la calle, en ese estado deplorable total. Él era un caballero noble y como tal no podía hacer caso omiso, esta vez, a lo que le sucedía a la chica.

Ella se levantó y lo miró fijo. ¿El capitán Kuchiki la había ayudado a levantarse y la estaba invitando a su casa? Definitivamente algo andaba mal y su Capitán la mataría por aquello. Pero no importaba, su libro estaba primero.

Los dos entraron en la mansión. Era imponente. Todo estaba en su sitio y ni una mota de polvo asomaba por ningún rincón, y eso que había muchos rincones. Las habitaciones eran solitarias y frías, tal como sus habitantes. Aunque la luz del sol entraba por las múltiples ventanas, la casa estaba sin luz.

Llegaron a un cuarto con una mesa bastante grande, con por lo menos 20 sillas alrededor. Él la acompañó hasta uno de esos lugares, del lado derecho de la cabecera de la mesa y la ayudó a sentarse, acomodándole la silla. Dio dos palmadas fuertes y una sirvienta muy prolijamente vestida acudió inmediatamente al lugar.

- Tráigale a la señorita un poco de té caliente, por favor – dijo sin mirarla, sentándose en la punta de la mesa.

- En seguida, mi señor – le contestó temerosa.

La actitud de Byakuya intimidaba a cualquiera, pero Nanao no sentía más que su propia angustia por la terrible pérdida que había sufrido. Apoyó sus manos transpiradas en sus muslos y suspiró varias veces. Baykuya la miraba, casi inspeccionándola.

- Teniente, ¿qué le robaron?

- Mi… mi… libro – y las lágrimas comenzaron a brotar. Byakuya arqueó una ceja. ¿Tanto alboroto por un libro?

- Me dijo que no sabe quién fue. ¿Usó shumpo?

- Probablemente – intentaba retener las lágrimas, pero su pecho estaba oprimido por la angustia.

- Bien – dijo secamente. En ese momento la criada trajo el té y lo sirvió. Los tres estaban en absoluto silencio. La chica se fue y Nanao y Byakuya tomaron sus té sin decir absolutamente nada.

Al rato, Nanao se levantó.

- ¿Qué sucede, Teniente?

- Me tengo que ir, mi Capitán me espera

- Muy bien, daré parte al Comandante de lo sucedido, probablemente la cite a declarar en las próximas horas

- Muchas gracias, Capitán Kuchiki – le dijo con una sonrisa y cerrando sus ojos. Se acomodó los lentes y se disponía a retirarse. Byakuya se paró y la siguió sigilosamente. Abrió la puerta con protocolo y ella salió primero.

- De nuevo le agradezco su hospitalidad, Capitán

- No tiene por qué – Nanao sonrió, después de todo, aquella frialdad de Byakuya parecía ser sólo una máscara.

- ¿Qué sucedió, Capitán Kyoraku? – dijo por tercera vez el Comandante General, que ya estaba exasperándose.

- Es que… ella y él… ¡No! – lloraba desconsoladamente, tirado en el suelo. Renji y Rangiku se miraban y contenían la risa a más no poder.

- Capitán – dijo con énfasis el viejo.

- Nanao estaba saliendo de la casa de Byakuya… ¡No! ¡No puede estar pasando esto! – todos se miraron desconcertados.

Por suerte para Renji, el "castigo" no fue más que una llamada de atención en la lista de "vigilantes" del viejo Yamamoto y una jornada de menos horas de custodia. Realmente estaba aliviado. En cuanto a Kyoraku, bueno, él estuvo llorando un tiempo más hasta que Rangiku logró convencerlo de que seguramente no había pasado nada entre ellos. Primero tenía que averiguar qué pasó realmente. Él sólo la había visto salir de la mansión, pero no había escuchado nada.

Renji salió de la oficina del Comandante y vio con sorpresa los ojos asesinos de Kira y Hisagi acechándolo como fieras a su presa.

- Hola chico – rió nervioso – ¿Qué sucede? – dijo incómodamente.

- ¡Que qué sucede! ¡Idiota! – gritó Shuhei.

- ¿Me vas a decir que no sabes lo que sucede? – le dijo Kira, que estaba un poco más calmado, mientras sostenía por el brazo al Teniente del Noveno Escuadrón.

- No. ¿Qué pasa? – Renji realmente se estaba poniendo nervioso.

- ¡Esto! – le dijo Hisagi, arrojándole la revista por la cabeza. Renji la tomó y vio la foto que antes les había mostrado el viejo. Se echó a reír.

- ¡¿De qué te ríes? ¡MALDITO IMBÉCIL!

- Es que no pueden creer esto. ¡Chicos, por favor!

- ¡Yo creo lo que veo! ¡Y ahí estás tú mirando desnuda a Matsumoto!

- Todo es un gran malentendido

Shuhei se logró soltar del agarre de Kira y se tiró sobre el pobre Renji. Le dio unos cuantos puñetazos en el estómago y uno muy certero en la cara, que lo arrojó al piso.

- ¿Qué te pasa? – le dijo Renji, muy confundido.

- ¡Tu! ¡Abusaste de ella! ¡Traidor!

Y así, el pobre de Renji recibió los golpes de su vida por no haber hecho nada, jurando mentalmente que mataría al que publicó esa maldita fotografía en esa maldita nueva sección en la maldita publicación de los comunicados del Seireitei.

Una semana después, todo el mundo se había enterado de aquel episodio en el décimo escuadrón y miraban con malos ojos a Renji, al Capitán Histugaia y ni hablar de la pobre Rangiku, que no quería salir de su oficina. Estaba deshecha por lo que se decía y sobre todo porque le faltaba su preciada cadenita.

Kyoraku habló con Nanao y ella, "cordialmente", le hizo entender que no había sucedido nada con Byakuya y que si hubiera pasado, de todas maneras, a él no le tenía por qué importar.

Hisagi estaba envolviendo nuevamente las revistas para repartirlas. Otra vez, una de ellas cae al suelo y queda abierta en la famosa página rosada de Chismes…

"Esta semana, dos grandes noticias atraviesan nuestro Seireitei…"

Abrió los ojos y se sentó. Tenía que ser broma… ¿A quién se le ocurría autorizar aquella aberración de la naturaleza? ¿Quién permitía que saliera esa sección en esa maldita revista? Siguió leyendo.

"Nanao-chan y el noble (título debajo de una foto en dónde salía Nanao con una gran sonrisa dirigida a Byakuya, que estaba serio como siempre, ambos parados frente a la mansión Kuchiki)

Se los encontró juntos en varias oportunidades y ya casi es un hecho. La señorita Teniente Nanao Ise está saliendo con el Noble Capitán Byakuya Kuchiki"

Menos mal que se había sentado. Entonces eso era lo que le pasaba al Capitán Kyoraku aquel día. Suspiró fuerte y puso sus ojos en blanco. Luego, siguió con la otra noticia.

"¡Ultimo momento! Ichigo Kurosaki, el shinigami sustituto, abusador de princesas nobles"

Ahora sí que no entraba en ninguna cabeza lo que estaba leyendo. ¿Kurosaki, abusador?

"Se encontró a Ichigo Kurosaki a solas en la noche con la señorita Rukia Kuchiki en una situación más que embarazosa."

Miró más abajo y una foto algo oscura estaba allí, impúdica. En ella se veía a Rukia y a Ichigo besándose. Pero, la mano del chico estaba muy cerca, por no decir "en", el trasero de la shinigami… ¿Qué estaba pasando?

Además de todas esas noticias seguramente mentirosas, ¿quién está detrás? ¿Quién era el que está tomando las fotos? ¿Quién publicaba autorizadamente en la revista? Y ¿quién era el ladrón? ¿Tendrián relación las tres cosas?

Hisagi arrojó la revista sobre la mesa, dejó caer sus brazos a los lados y se estiró sobre la silla, tirando su cabeza hacia atrás. ¿Qué podría ser peor? Un trueno movió el suelo y comenzó a llover. Una gota certera, cayó sobre uno de sus ojos.

- ¡Genial! Ahora también tenemos una gotera en nuestro techo…