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Luna llena

Bellatrix salió del despacho, con una sonrisa en el rostro. La información que Slughorn le había revelado había resultado ser muy útil, ahora sólo tenía que buscar la forma de volver a esa sala. Había un grupo, sí, de eso estaba más que segura. Y también que tanto Rodolphus como Lucius eran miembros. Y para eso no necesitaba confirmación de nadie, lo había visto con sus propios ojos. Y ella siempre lo recordaba todo.

De repente, al final del pasillo, vio a su hermana Narcissa hablando con Lucius Malfoy, quien estaba acuclillado delante de ella.

—Y dime, ¿qué tal tu primer día de clases? —tenía una sonrisa extraña dibujada en el rostro.

—Ha ido bien… —si Lucius estaba sonriente, Narcissa esbozaba una mirada preocupada. ¿Pero por qué estaba sola? ¿Y Andrómeda?

—¿Qué está pasando aquí? —Bella apareció al instante.

—Bella… Sólo estaba hablando con tu hermana, estaba aquí sola y…

—¿Dónde está Andrómeda, Cissy? ¿Por qué no te ha llevado a la Sala Común, como le ordené?

Cissy se encogió de hombros. Estaba visiblemente asustada. Bella se relajó y pasó un brazo por los hombros de su hermana, para reconfortarla.

—Nada más salir se fue con un chico de Hufflepuff. Yo me he quedado esperando a que salieses, pero Lucius apareció primero.

—Sólo estaba cuidando de ella. Es una Slytherin y yo soy prefecto…

—No sigas, Lucius. Cissy, ve al final del pasillo y espérame allí, pero donde pueda verte. Enseguida te llevaré a la Sala Común.

La niña obedeció, dejando a los dos mayores a solas.

—Bella, ¿no creerás que yo…?

—Lucius, te conozco muy bien… y también tus peculiares gustos. Y no es la primera vez que te acercas a niñas de primero. Hasta entonces me ha dado igual, tú eras el que sabía dónde se metía, pero mi hermana… —sonrió sarcástica — Esa es otra historia. Si vuelvo a verte a solas con ella, te arrepentirás.

—¿Qué me vas a hacer?

—Podría arrancarte los brazos y matarte a golpes con ellos, pero hay otras maneras —dejó al joven con la palabra en la boca. Antes de irse, se dio la vuelta —. Y por cierto, ya sé lo de tu grupito.

—No sé de qué me hablas.

—Deja de negarlo, Lucius. Slughorn me lo ha contado todo. Los Caballeros de Walpurgis. Quiero entrar.

—Los Caballeros no admiten a mujeres. ¿No ves que está implícito en nuestro título? Siempre ha sido así, desde su fundación.

—Al menos ya has admitido que ese grupo existe y que formas parte de él. Ya es hora de que os vayáis modernizando, ¿no crees? Te lo vuelvo a repetir: quiero entrar.

—No puedes —sonrió él con sorna.

Bellatrix puso los brazos en jarras.

—Entonces no me dejas más remedio. Quizás mañana tenga que hablar personalmente con McGonagall y Slughorn acerca de tu… perversa afición.

Miró hacia atrás, donde su hermana estaba esperando tranquilamente.

—No te atreverás… No tienes pruebas.

—No, pero… tengo recursos. ¿Y a quién crees que los profesores darán la razón? ¿Al adolescente hormonado o… a la dulce niña de once años que, con lágrimas en los ojos, confiesa que un prefecto de su Casa le ha violado?

—¿Cómo te atreves? —Lucius estaba indignado ante semejante desfachatez.

—Decídete, Lucius. Puedo ir ahora mismo, si así lo quieres. Slughorn sigue despierto, debe estar todavía poniéndose morado a fresas con chocolatre —el joven estaba callado, pensando en qué hacer —. Está bien, como quieras…

Caminó hasta la puerta mientras esbozaba un rostro desencajado por la pena.

—Espera —soltó él, de repente, antes de que la chica girase el picaporte de la puerta. Bella sonrió de manera triunfal —. Tú ganas. El 29 de septiembre es luna llena. Los Caballeros nos reuniremos ese día. Hasta entonces, ten paciencia y cumple tu palabra.

—Hasta el 29 entonces, Lucius —hizo una inclinación.

La joven dejó al prefecto atrás hasta reunirse con su hermana.

—Y ahora dime, ¿quién era ese con el que se ha ido Andrómeda?

La mano cruzó la cara de la joven Andrómeda Black, en mitad de la Sala Común de Slytherin.

—¡¿Cómo te atreves?! ¡Se lo diré a madre!

—¡Entonces ve y díselo, Andrómeda, pues lo haría una y mil veces más! ¡¿Cómo te atreves a dejar sola a Narcissa en mitad de la noche?!

—¡No le ha pasado nada! ¡Ya es mayor!

—¡Pero podría haberle pasado algo, estúpida! ¡Y es nuestro deber cuidar de ella!

Andrómeda no dijo nada. Varias lágrimas aparecieron en sus ojos al tiempo que se marchaba corriendo a su habitación. Por su parte, Bella echó un vistazo a los alumnos de Slytherin que habían observado la discusión.

—¡¿No tenéis nada mejor que hacer?!

Caminó hasta una de las butacas más alejadas de la chimenea. Entonces, Rodolphus apareció a su lado.

—Lucius me lo ha contado. Quítate esa idea de la cabeza, las mujeres no pueden entrar en los Caballeros de Walpurgis. Es la tradición.

—Pues vuestra tradición es una mierda machista, Rodolphus. Voy a ir, te guste o no. Lucius no me lo ha impedido, tú menos.

Rodolphus tomó aire y sacó pecho, ofendido. Bella acaba de insinuar algo que no le había gustado nada.

—¿Crees que estoy por debajo de él?

—Rodolphus, por favor… Los Malfoy tiene una mayor raigambre que los Lestrange, eso es perfectamente sabido por todos. ¿Por qué él es líder y tú no? Ah, sí, creo que porque se conocen ancestros muggles en tu árbol genealógico.

—Los Malfoy también los tienen —se defendió él.

—Los Malfoy son buenos jardineros. ¿No has visto todos esos arbustos con forma de pavos reales? Sublimes. Pero esto no es lo que nos atañe ahora. Voy a entrar en vuestro pequeño "club de lectura".

—No puedes.

—¿Y tú vas a impedírmelo? ¿Te ha dicho Lucius acaso que lo tengo comiendo de mi mano? Él ya ha decidido… Y el día 29 me tendrás allí… En primera fila.

Se levantó, dispuesta a irse a su habitación, pero Rodolphus le detuvo, agarrándola de un brazo. Acercó sus labios a su oído y susurró.

—A mí me importa una mierda si quieres unirte o no, Bellatrix. Pero a algunos miembros de los Caballeros no. Las mujeres tienen vetado el acceso, todos los saben y lo cumplen. Y algunos… algunos harán lo que sea para verlo cumplido. Así que ten cuidado.

Bellatrix se zafó de Rodolphus.

—Ninguno de esos idiotas me da miedo, ¿me oyes? Ninguno.

A la mañana siguiente, la advertencia de Rodolphus se había hecho realidad. Dos encapuchados la habían emboscado en el pasillo del tercer piso. Sin embargo, lo que ellos no esperaban era que Bellatrix estaría preparada. Al rato, los dos atacantes estaban en la Enfermería. De alguna manera, alguien, una tercera persona, se había asegurado de quitarles las capas. El ataque había sido atribuido a dos Gryffindors.

Por la noche, Bellatrix fue a ver a Lucius.

—Vas a convocar a los Caballeros, Lucius. Esta noche.

—Sólo nos reunimos cuando hay luna llena, Bellatrix, no antes. Es la…

—La tradición, me lo he imaginado. Pero ya que vais a incluir a una fémina en vuestras filas… podréis hacer también una excepción con eso.

—No lo haremos.

—Escúchame, guapo. Dos de tus idiotas me han atacado esta mañana. O lo han intentado, porque ahora están en la Enfermería. Te lo voy a decir así. O me llevas a una reunión urgente de tu club de té y pastitas… o mañana todo el colegio sabrá de tu fama como violador de niñas. ¿Te queda claro?

Lucius frunció el ceño pero obedeció.

—Sígueme.

Salieron de la Sala Común y caminaron hasta el séptimo piso, donde apareció la puerta en mitad de la pared. Tras entrar, volvían a estar en la misma sala. Allí se encontraban el resto de los Caballeros, sentados alrededor de una mesa circular.

—Lucius, ¿por qué nos has llamado? —preguntó uno.

—He sido yo la que os ha reunido, inútiles —anunció Bellatrix.

—¡Esto es un escándalo! ¡Contraviene las normas y tradiciones de los Caballeros de Walpurgis!

—¡Cállate, Mulciber! Se ha ganado el estar aquí —confesó Lucius.

—Sí, Mulciber, cierra esa bocaza.

—¿Y qué ha hecho, si se puede saber? —quiso saber Mulciber.

—Ha dejado en la Enfermería a Crabbe y a Goyle —dijo Lucius.

Algunos hicieron gestos de aprobación, otros le restaron importancia. Estaban hablando de Crabbe y Goyle, por favor.

—Bueno, ya estás aquí. Ahora, ¿qué quieres saber?

Bellatrix se sentó en una de las sillas que había dispuestas alrededor de la mesa.

—¿Qué tal si empiezas… por el principio de los tiempos?

Lucius prefirió seguir de pie.

—Los Caballeros de Walpurgis fueron creados en 1942, aquí, en Hogwarts. Mientras el mundo muggle vivía una guerra, los magos permanecían ajenos a tales cuestiones. Y un joven, Tom Riddle, sentaba las bases para su futuro poder. Pero todo poder requiere de partidarios. Riddle lo sabía y, por ello, fundó este grupo. Los primeros Caballeros fueron familiares nuestros: padres, tíos, abuelos… Ahora nosotros continuamos con su noble tarea.

—En pocas palabras, sois la cantera de los mortífagos, ¿no es así? —Bellatrix sonreía con suficiencia.

—Es una manera de llamarnos, pero nosotros somos los Caballeros de Walpurgis, no lo olvides, mujer —dijo uno de los asistentes —. Nosotros somos quienes hacemos posible a los mortífagos —dijo orgulloso.

Bellatrix rió.

—¿En serio? ¿De verdad hacéis eso? ¿Creéis que un mago tenebroso va a confiar el grueso de sus filas a unos colegiales?

—Ten cuidado con lo que dices, Bellatrix —advirtió Lucius.

—No, Lucius, tened cuidado vosotros. O al menos ajusta bien el bozal a tus perros —contestó con desdén mientras miraba a todos los Caballeros —. No creo que vosotros hagáis posible a los mortífagos. Un mago tenebroso que se precie, que busque el poder, conseguirá más apoyos que simples familias de magos que puedan aportar su prole.

—¿Y cómo sabes tú eso? ¿Acaso has hablado con él? Bah, no sé por qué tenemos que escucharla, hermanos —dijo otro.

—Ocurre que soy una Black. Y mi familia financia de manera secreta a Voldemort y sus mortífagos. Ahí lo tenéis. A veces el dinero vale más que la simple devoción. Y por supuesto, mi familia tiene oídos. Dicen que Él está tanteando a los gigantes. Pero, eh, que lo que hacéis aquí no está nada mal. Simplemente… bajaos de la nube.

Lucius posó sus manos sobre la mesa. Estaba visiblemente enfadado.

—Ya tienes lo que querías. Ahora nos reuniremos en la próxima luna llena. Sin discusión.

—Un momento, un momento —Bella se levantó y enfrentó a Lucius —. Aún no he terminado. Este es tu último año, Lucius. Tienes que nombrar a un nuevo líder… ¿no es así?

—Efectivamente. ¿Y qué quieres decir con eso?

—Lo que quiero decir es que vuestro futuro líder... voy a ser yo.