¿Quién dijo complicaciones?
Ma il mio mistero e chiuso in me
Il nome mio nessun saprà
{Mi misterio lo tengo escondido/mi nombre nadie sabrá}
(Nesun dorma, Turandot, Giacomo Puccini)
Methos acomodó sus largas extremidades en la poltrona favorita de Mix, por supuesto que se había adueñado de ella desde el primer día que llegó. El amplio asiento de cuero crudo y el respaldo semicircular de pesada madera acolchada se prolongaba hasta formar unos descansa-brazos que le sirvieron para doblarse contra ellos mientras acunaba un trago de whisky en las rocas sobre sus huesudas rodillas.
Paris 1982
Desde que tenía memoria había tenido la habilidad de acarrearse problemas encima sin siquiera darse cuenta. Más aún que, siguiendo las locas ideas de Darius y algunos de los ancianos, entre ellos Marcus Constantine, Ceirdwin, Amanda y otros, de tener un 'doble agente', se dejó convencer de introducirse en la organización secreta de los vigilantes. De esa manera podrían mantener un registro confiable de los inmortales existentes en ambos bandos e intervenir para poner a salvo la mayor cantidad de 'puros' que pudieran. La medida había sido considerada como necesaria para evitar la extinción de su raza.
Darius canalizó efectivamente la conveniencia de la aparente juventud de Methos y el hecho de que un par de años antes el viejo hubiera decidido realizar un postgrado en historia, decidido a actualizar sus acreditaciones académicas bajo el alias de Adam Pierson. Todo lo anterior unido a la habilidad camaleónica de Methos y a su capacidad de supervivencia lo hacían el candidato ideal.
Personalmente la perspectiva no le agradó en un principio. Tendría que acostumbrarse a vivir pobremente, con un raquítico sueldo que no podría pagar sus pequeños lujos. Después de todo, tras asolar poblaciones enteras y trabajar los primeros cuatro milenios para ganarse la vida, creía que ya era hora de un merecido descanso. Así que más resignado que convencido, comenzó a dar cátedras de historia como asistente, y poco a poco fue acomodándose a la falsa sensación de estabilidad que le proporcionaba una rutina.
La suposición de Darius resultó cierta. El brillante académico no pasó desapercibido para la organización de los vigilantes. Un par de años después, Vemas, el director de los cuarteles europeos en persona, atrajo al joven profesor inglés y Pierson se encontró sometido a un riguroso entrenamiento en la academia de Viena, iniciando la puesta en marcha del estratégico plan de Darius.
El dominio de lenguas muertas que el joven Pierson tenía, resultaba muy ventajoso para los vigilantes, ya que hacía años trabajaban en el 'Proyecto Methos' y gran parte de las crónicas encontradas atribuidas al elusivo inmortal, estaban escritas en jeroglíficos egipcios, arcaico arameo y griego antiguo. En cuanto Adam Pierson terminó su entrenamiento en 1984, fue puesto bajo el tutelaje de Don Salzer, haciéndose cargo de la traducción de las crónicas de Methos, reales o atribuidas. La misma organización no podía arriesgar su más valiosa adquisición en el trabajo de campo.
Llevaba 8 años transcurridos en la tranquila existencia de la organización cuando, no obstante el cuidadosamente guardado secreto de la existencia de la sociedad secreta, que en ese entonces muy pocos inmortales compartían, Connor descubrió a su propio vigilante, y contra-vigilándolo dio con los cuarteles, con Shakespeare's, Don Salzer y Adam Pierson, casi volando en pedacitos la fachada del Inmortal, viejo amigo suyo.
Tras algunas peripecias y unas cuantas borracheras de por medio, Methos convenció a Connor de no tomar represalia con la organización, después de todo sólo observaban y registraban sin intervenir. Podían ser considerados como mirones tecnológicos, prácticamente inofensivos. El hallazgo de Connor había sucedido un par de años antes de su coincidencia en la iglesia de Ste. Julièn.
Connor no estaba muy convencido, la perspectiva de ser observado continuamente le ponía de mal humor, pero tuvo que aceptarlo pues comprendió que de lo contrario tendría que matar a todos los que le asignaran y eso le daría más notoriedad. La organización estaría a salvo por el momento.
La malhadada hora en que Methos le reveló a Connor la existencia de la facción radical de los vigilantes y su Santuario llegó en momento muy inoportuno: cuando apenas comenzaba a trabajar con Salzer en el desarrollo de la base interactiva, que según el ambicioso proyecto de Adam Pierson, sacaría del oscurantismo a la organización para encaminarlos de lleno en las tecnologías de punta que serían las bases del nuevo milenio y de paso la conveniencia de mantener un ojo sobre ese grupo empeñado en acumular cabezas.
Un par de años después, la muerte de Darius a manos de los cazadores significó un duro golpe para los vigilantes, pues para ellos el buen sacerdote era el candidato ideal por su edad, experiencia y bondad, para ganar el premio. Para Methos representó una de las pérdidas más dolorosas que sufriera en milenios de existencia.
Por un tiempo consideró seriamente abandonar su fachada y exterminar de raíz a los cazadores. Pero Joe Dawson y Duncan MacLeod se ocuparon de Horton y sus secuaces. Y los antiguos lo presionaron para mantener la misión que le había encomendado Darius. Así que continuó su pacífica vida de erudito.
Sin embargo, Adam Pierson, conocedor de los arcanos de los Vigilantes y de los Inmortales, nunca imaginó las consecuencias de la promesa que le hiciera a Connor MacLeod sobre 'cuidar' a su pariente. Es más, ni siquiera pensaba cumplirla. Como Vigilante sabía que, muerto Darius, Duncan era el candidato favorito de la organización para ganar el 'Premio'. Incluso había conseguido hacer un par de francos y unas buenas rondas de cerveza gratis apostando a su favor cuando se presentaba un desafío, riendo interiormente ante la futilidad de colectar cabezas y la inutilidad de la famosa 'Reunión'. Y sabía que Duncan podía cuidarse solo. Así que ni siquiera consideró tener que 'cumplir' la promesa hecha a Connor, la idea de servir de escudo al Highlander chico no se le antojaba para nada.
"¿No pensabas cumplir tu promesa? -preguntó Connor boquiabierto, interrumpiendo la narración."
"No es un bebé Connor, y no NO PENSABA GUARDAR MI PROMESA -remarcó Methos mirándolo con resentimiento."
"Si eso es cierto, entonces... -comenzó Mix. Methos lo interrumpió, siguiendo su relato."
Entonces sucedió algo imprevisto. Kalas, un inmortal ansioso de poder, se interesó en la existencia de Methos, que corría como el Santo Grial entre los inmortales vivos: el Inmortal más viejo del mundo. Bajo el supuesto de que el poder de Methos le daría una ventaja mayor sobre Duncan MacLeod, decidió buscarlo. Poco después descubrió a su vigilante y obtuvo la información suficiente como para alimentar su curiosidad sobre el mito. Su ambición creció en forma desmesurada al saber que dentro de la organización existía un par de investigadores del evasivo y misterioso Inmortal. La pista lo llevó a Don Salzer y a Adam Pierson; aunque en ese momento no sabía que era Methos y por lo tanto su codiciada presa: El Inmortal más viejo del mundo, con el poder de cinco milenios y quién sabe cuantas cabezas acumuladas era algo deseable, no sólo para los 'puros' que desconocían sus orígenes, sino también para los otros, a quien Methos y Darius llamaban 'los transplantados'.
Su primera intención al descubrir la muerte de Salzer fue poner pies en polvorosa, Bora Bora se le hacía sumamente atrayente comparada con la molesta humedad del verano Parisino, y en 10 años que llevaba en la organización, pues le debían unos cuantos sabáticos.
Pero entonces Joe Dawson llamó. Methos trató de evocar la imagen del vigilante que era una leyenda en la organización. Alto, el cabello y barbas salpicadas de canas, caminando oscilatoriamente apoyado en su bastón. De ingenio agudo y ojos observadores, con un rostro en el que se leían fácilmente las apasionadas emociones, tanto, que era un verdadero placer para Adam Pierson descargarlo de unos cuantos francos cada vez que jugaban a las cartas. También era amigo de Don Salzer, su mentor y amigo ya por diez años.
Dawson le explicó el asunto de Kalas con MacLeod, la muerte de Fitzcairn y el objetivo que el ex monje tenía de localizar a Methos para hacerse de su quickening; y que como él era el único sobreviviente del 'Proyecto Methos', Duncan MacLeod iría a verlo, pues era de suprema prioridad que el escocés localizara antes al viejo. Joe le rogaba que se entrevistara con él.
Fue entonces cuando Methos supo que su suerte estaba echada. Duncan MacLeod estaba incluido en la ecuación de Kalas. No sólo era su supervivencia la que estaba en juego. Le debía la vida a Connor y amistad a Don Salzer. Y aunque su conciencia le dictaba lo contrario a su razón, por primera vez en casi 2 siglos, su conciencia ganó. Se quedó a esperar al escocés y cayó bajo el hechizo de su carisma y personalidad.
Hechizo, que no obstante no le sirvió de nada al enfrentarse con Kalas. Doscientos años sin pelear en serio, era demasiado tiempo, y casi quiso patearse por hacerle caso a Darius, cuando el obvio dominio superior de la espada por parte de Kalas, casi le separa la cabeza del cuerpo.
Methos sopesó la situación, meditando mientras flotaba panza arriba como rata mojada en el Sena: en su descuidado abandono del arte de la espada era prácticamente imposible que pudiera servir de escudo a Duncan, pero podía ganarse su confianza y de esa manera tal vez consiguiera influenciar hasta cierto punto al escocés. Duncan era aún demasiado joven e impulsivo para revelarle los secretos de su raza, y de cualquier manera, con Connor fuera del juego, el más joven de los MacLeod seguiría siendo el blanco favorito de otros inmortales.
Después de pelear un poco consigo mismo, decidió jugar una carta peligrosa. Desafiaría a Duncan a sabiendas de que perdería: le ofrecería su cabeza, contando con su nobleza, si resultaba, el Highlander aceptaría su amistad, si no... sería vida por vida y de esa manera pagaría la vieja deuda a Connor. Es lo que pensó al acercarse el escocés en la penumbra del puente.
"He he he -rió Connor en su acostumbrado tono gutural- sabía que podía contar contigo amigo."
"¡Vamos!... no es como si yo lo hubiera deseado así -protestó débilmente Methos."
Muy a su pesar, Connor recordó por qué estimaba al viejo cascarrabias.
Mix estaba contento de conocer de primera mano el primer contacto de dos de los inmortales más poderosos sobre la tierra, descontando a Connor. Methos lo había visitado dos veces durante su estancia junto al Highlander chico, pero la primera vez no quiso decir nada de esa extraña relación que lo ensombrecía por el continuo esfuerzo de mantener la imagen de Adam Pierson, que era, Methos estaba seguro, lo que le había atraído el aprecio de Duncan MacLeod. La segunda vez llegó casi desbaratado física y emocionalmente, hacía un par de años, pero tampoco había querido hablar de ello, lo único que le había dicho era que había recibido un quickening indeseado.
Methos continuó.
Como Methos esperaba, el obstinado pero noble Highlander chico se negó a tomar su cabeza, y no sólo eso, el muchacho se erigió en su protector. Y Methos quiso patearse nuevamente cuando este acto desinteresado y generoso del escocés lo enganchó en el Clan MacLeod. Bien, si no podía ser su escudo, al menos sería su escudero, pensó mientras decidía casi al mismo tiempo retomar nuevamente y esta vez en serio, el camino de la espada. No se engañaba, orbitar una estrella era peligroso, la fuerza gravitacional podía atraerte inevitablemente a tu propia destrucción. Pero a través de cinco mil años de existencia, también había aprendido miles de formas de acabar con los problemas.
Entrampar a Kalas cumplió dos objetivos: salvar el pellejo de Duncan, que en ese momento no estaba preparado ni mental ni físicamente para enfrentar a un espadachín de la talla de Kalas, por mucho que quisieran pensar lo contrario los miembros de su fan-club entre los Vigilantes; el otro fue cumplir, al menos parcialmente, su promesa al enclaustrado Connor. Terminado el juicio del ex monje, decidió tomarse un sabático, no sin antes pasar por Shakespeare's para limpiar concienzudamente la computadora de Don y destruir los respaldos.
Desafortunadamente, los imbéciles que contrató para matar a Kalas en prisión, fallaron miserablemente. Incluso uno de ellos, el más estúpido y demente de ellos, Nino, se unió a Kalas. Amanda, bendita sea, mientras Adam Pierson disfrutaba su largo sabático en Bora Bora, liberó a Kalas para hacerle un favor a MacLeod. Christine Salzer lo localizó apenas regresar a su departamento de París.
Después de dos años la viuda de Salzer decidió descubrir la existencia de los inmortales al mundo, así que una vez más tuvo que salir de su anonimato y regresó a París. Llamó a Joe, personificando a Adam Pierson. El vigilante no mencionó una palabra sobre su fachada, y entre ambos pareció establecerse un acuerdo tácito, Joe lo aceptaba como miembro de la organización brindándole su confianza y guardando su secreto. Christine Salzer descubrió un respaldo de la base interactiva amenazando con entregarla al Tribune, así que ambos emprendieron la campaña para recuperar la base de datos con un final desastroso, hasta que Duncan pudo deshacerse de Kalas.
Mix y Connor escuchaban la historia relatada por Methos entre risas y libaciones. Methos era un orador muy divertido, parodiando la delicada personalidad que se había inventado para Adam Pierson, los humores gaélicos de Duncan, el despiste de la traviesa Amanda, incluso los regaños que le acomodaba Joe, cuatro mil novecientos y pico de años menor que él. Consiguiendo con ello sumergirlos en el mágico mundo que era la vida alrededor de Duncan MacLeod.
La hora de la comida los sorprendió y pronto se encontraron nuevamente en el terreno sagrado del comedor. Methos continuó su narración, explicando su intervención en lo de Kristin Guilles, lo que arrancó una mueca de desagrado de los labios de Connor.
"A veces mi primo no piensa con la cabeza -exclamó Connor moviendo la cabeza con desagrado, consiguiendo una picaresca carcajada de sus compañeros."
"Richie solía decir que tenía que vivir hasta encontrar una sola inmortal a quien Duncan no se hubiera 'encamado' -completó Methos sonriendo con tristeza ante el recuerdo del quisquilloso y exuberante pelirrojo."
Otra carcajada, esta vez de Connor y Mix, acompañó el rudo comentario de Methos, él sólo movió la cabeza y continuó. Se brincó el asunto de Alexa. Explicó a grandes rasgos lo del asunto con la transferencia oscura de Duncan y su visita al manantial sagrado. Su lucha y breve coalición con Amanda por el cristal de Matusalén, sin hacer hincapié en el por qué de la búsqueda. Narró el obstinado acoso de Duncan para regresarle la memoria a Cochrane y su posterior arrepentimiento. Su allanamiento en la barcaza cuando su departamento se vendió, seguido por la aventura que casi le cuesta la cabeza con los Valicourt. El fallido intento de rescate de Joe en el juicio sumario que le entablaron los Vigilantes. La renuencia de Joe a ser atendido por el Dr. Pierson. El relajo que se armó con lo de Jacobo Galati. Su estancia en el Tíbet y su regreso para encontrar al falso Methos engatusando a Richie. Su impotencia para consolar a Duncan tras lo de Ingrid Henning.
Cuando alcanzó este punto llegaba la hora de la cena y aún seguían en el comedor. Mix observó el cansado rostro de Methos pensando si dejarlo continuar o guardarlo para otro día. Podía percibir el entusiasmo de su amigo apagándose levemente. Y por su larga vida como Curandero, pudo percibir la angustia que exudaba cada poro de su piel y la vacilación que le producía abordar el siguiente pasaje de su vida.
- Methos -comenzó Mix conciliador- podemos continuar mañana.
- Estoy bien -repuso Methos medio cansado.
- Creo que no viejo -agregó Connor alarmado.
- Puedo seguir... -dijo Methos aunque poco convincente.
Tras el problema con Galati, Adam Pierson había renunciado a la organización. Tomando con ello una de las decisiones más importantes de los últimos años, pues perdería definitivamente el rastro de los inmortales que andaban de cacería. Constantine y los otros ancianos se opusieron, pero terminaron por aceptar cuando Methos les entregó su copia de la base interactiva de los vigilantes y un listado completo de passwords. Por otra parte tendría qué decidir a corto plazo cómo deshacerse de Adam Pierson. Pero ése fue el primero de los actos estúpidos que cometió.
A partir de ese momento pareció que las decisiones que tomaba eran siempre malas. Incluso llegó a pensar que se le estaban botando los tornillos cuando aceptó a nivel consciente que había hecho otra cosa estúpida: permanecer junto al Highlander chico, cuando lo más sensato era deshacerse del pellejo de Adam Pierson y abandonar la promesa hecha a Connor.
Participar en el concurso de televisión fue la siguiente en la lista de las cosas más estúpidas que podía haber hecho. En esa ocasión el mismo Duncan le dijo 'asno' en su muy personal estilo. Por supuesto que se lo merecía, ni siquiera refutó el hecho. Sin embargo desapareció de la escena en cuanto sintió el zumbido de Presencia de otro Inmortal. De lo que no se enteró al huir, fue de que esa Presencia pertenecía a Melvin Koren, último alias conocido de Kronos, y tampoco supo, al menos hasta tiempo después, que el día que abandonó al curioso Highlander afuera de la estación televisiva, Cassandra andaba de cacería.
- ¿La bruja? -preguntó Connor haciendo una mueca de desagrado y fingiendo escalofríos. Había conocido a Cassandra en Donan's Woods, Glenfinnan y había huido de ella como de la peste, en parte debido a las leyendas macabras que corrían sobre la bruja del bosque y en parte a que el único breve encuentro entre dos personalidades tan explosivas como él y ella le había dejado una inexplicable sensación de pánico inveterado que nunca había podido explicar y que no se había podido sacudir de encima.
- La misma -respondió Methos tragando rápidamente el bocado que estaba masticando.
- ¿Y qué tienes tú que ver con ella? -preguntó Connor mirándolo con sospecha.
- Es parte de mi historia como la Muerte -contestó Methos mirándolos de reojo.
- Cuando fuiste Jinete... ¿Qué no eran sólo cuatro? -preguntó sin comprender.
- Ella no era un jinete. Era mi esclava. Parte del serrallo -contestó Methos.
- ¿Tu esclava?... ¿Serrallo? ¡Maldición! -exclamó Connor casi escupiendo su bocado.
Ambos conocían la historia de Methos, al menos la parte correspondiente a los Jinetes. Todos los inmortales viejos, por regla general, cargaban un oscuro pasado a sus espaldas, ninguno era o había sido inmune a la violencia que rodeaba sus hábitats. Generalmente eran arrastrados en las fútiles guerras temporales de los mortales o la antigua y efímera lucha mortal por el dominio. Esclavizando o siendo esclavizados. Mix lo comprendía a la perfección, su propia historia personal en sus inicios había estado llena de violencia absurda en el nombre de sus dioses y Connor había participado en guerras ajenas.
- ¿Andaba cazándote? -preguntó Connor incrédulo.
- No. A Kronos. Melvin Koren era Kronos -contestó Methos sin inmutarse- Cassandra descubrió que Kronos aún vivía y siguiéndolo tropezó algo así como accidentalmente conmigo... Kronos me localizó, me enterró un cuchillo en el pecho y me recordó nuestro pacto, nuestra hermandad. Momentáneamente acepté para librarme de él y cuando fui a localizar a Duncan para explicarle que me iba a desaparecer... encontré a Cassandra en el dojo. Se puso frenética. Mientras Duncan la distraía salí corriendo.
-Oh -exclamó apagadamente Connor- imagino que Duncan te dio un mal rato con eso. Lo lamento amigo.
La inesperada afirmación de Connor provocó una erupción de risa histérica en Methos. Connor levantó los ojos de su plato para ver al viejo secándose las lágrimas con una mano y agarrándose las costillas con la otra. Honestamente no entendía la razón del exabrupto. Así que cruzó los brazos sobre el pecho y esperó sombría y pacientemente a que el ataque de risa remitiera. Mix los miraba divertido, disfrutando lo extravagante de la situación.
- Es lo último que esperaba escuchar de un escocés y específicamente del Clan MacLeod -dijo Methos aún secándose las lágrimas y casi sin aliento.
- La vida aún te guarda sorpresas Miguel -contestó Connor con su sonrisa lobuna.
- Acabo de recibir una que casi me mata.
- Tendré que esforzarme más para evitar el 'casi' -gruñó Connor esbozando su torcida sonrisa mientras reanudaba el asalto sobre los platillos de la cena.
La inesperada aparición de Kronos en escena, seguido en fila por Cassandra, aparte de sacudir los cimientos de su maltrecha persona, consiguió que quisiera huir de la escena de sus desdichas. Pero el obstinado escocés lo acosó como los sabuesos a las liebres y le impidió huir, enfrentándolo con su equipado sentido de rectitud y justicia. En un último esfuerzo, en esa fatídica tarde junto a los muelles de Seacouver, Methos descubrió ante su mejor amigo su verdad, y le solicitó a Duncan lo único que le iba a pedir para él en toda su vida: aceptación. Y también supo que no la tendría. Lo que había hecho era demasiado terrible como para ser borrado.
- ¡Esas son pendejadas Miguel! -interrumpió Mix furibundo.
La exclamación lo sacó de balance. No por primera vez se recordó que la verdadera aceptación tenía que venir de su interior, no provenir de la persona de Duncan MacLeod. Y también se dio cuenta de que en realidad, el hecho de haber sobrevivido tantos milenios después de su 'negro pasado', indicaban que el conflicto y la culpa eran recientes. Apegarse a un código de honor ajeno no podía ser muy sabio.
- Y fue mucho pedir de Duncan -añadió Connor afirmando con la cabeza, mientras masticaba su delicioso pollo a las hierbas a dos carrillos.
Afirmación que volvió a desencadenar los jolgorios de Methos.
- Sí, fui un verdadero idiota... ya lo comprendí -contestó calmándose un poco- Tal vez es que me estaba midiendo con los parámetros de Mac -añadió alzando los hombros.
- Y esas son chingaderas. ¡Creo que el que ahora quiere matarte soy yo! ¿Me permites Connor? -repuso Mix completa e irracionalmente exasperado.
- Adelante. Estás en tu casa -contestó Connor desinteresado, comiendo como verdadero troglodita, olvidando completamente la existencia de cubiertos- y muévanse un poco para allá, no querrán ensuciar el comedor de Chabelita.
- Ya... ya, ya entendí. ¿Me permiten continuar? -preguntó Methos moviendo la cabeza con incredulidad.
Methos recorrió con menos aprensión lo sucedido: Después de descargar su furia con el volante del Jimmy, deambuló por las calles de Seacouver casi hasta terminarse la gasolina. Sabía que Duncan pelearía con Kronos, y que Cassandra estaría presente. Había hecho un pacto con el diablo, pero una vez más, Methos intentaría ganarle a sus demonios. Así que hizo una parada en un supermercado, se armó con varias latas de gasolina, y se dirigió a la fábrica abandonada. Poner fuera de circulación a Cassandra y arrojarla al río fue lo primero que hizo. Con calculada frialdad regó gasolina por todos lados, calculando por el sonido del entrechocar de espadas el punto exacto en el que el incendio provocaría la explosión que truncaría la lucha.
Era demasiada suerte que Kronos no lo descubriera. Así que, en lugar de seguir los dictados de la razón, procuró alejar al Jinete de la existencia de Duncan. Ofreciéndole, aparentemente a cambio de conservar su cabeza sobre los hombros, la ubicación de los otros dos jinetes. Eso más que nada conseguiría apartar temporalmente a Kronos de su objetivo inicial: Duncan MacLeod; atrayendo con esa promesa la ambición de poder que poseía a Kronos y contando entre sus cálculos el odio inveterado de Cassandra. Así que Methos, el consumado estratega, consiguió lo que se proponía. Jugando su doble papel dejó pistas suficientes para que Duncan pudiera rastrear sus pasos fácilmente.
La parte difícil fue conseguir que Kronos secuestrara a Cassandra, y enviara a Silas y Caspian tras MacLeod, Methos sabía que al menos uno de los jinetes caería ante la katana de Duncan. Había deslizado 'descuidadamente' en su entrevista con el escocés la pieza de información que faltaba para que ubicara la base de submarinos abandonada en Bordeaux.
Y la parte delicada del plan era ser capaz de conservar su propia cabeza y engañar una vez más a Cassandra diciéndole que Duncan había muerto para que Kronos no descubriera ese mismo plan. El regreso de Silas descargó temporalmente su atribulada conciencia. Él apreciaba a Silas, el enorme hombre-oso lo había ayudado cuando fue capturado por Kronos y su desorganizada pandilla de atracadores, echando voluntariamente sobre sus regordetes y fornidos hombros el deber personal de curar sus heridas, cuidarlo y alimentarlo. Y Methos quería creer que había una leve esperanza de rescatar a Silas.
La llegada de Duncan MacLeod a la base de Bordeaux no lo extrañó. Tampoco permitió que las palabras de recriminación del sentimental escocés lo perturbaran. Fríamente se dirigió a la jaula que contenía a Cassandra y retó a Silas, lo más duro fue deshacerse metódicamente de los recuerdos tiernos de la época que había compartido con él y desconocerlo abiertamente. La mirada Incrédula y profundamente traicionada de Silas viviría en su corazón por el resto de su existencia. Hizo una pausa, dejando pasar el dolor penosamente actual que atravesaba su pecho al recordar la triste manera en que se despidió de otra de las personas más queridas de su larga vida.
Dolido por la traición que había cometido, atado a la promesa de Connor y a la amistad incondicional que le había otorgado a Duncan MacLeod y fragmentado en pequeños pedazos, recibió el quickening de su hermano mientras sollozaba desconsoladamente.
- ¿Por eso huiste de Duncan? ¿Quiso matarte porque lo manipulaste? -preguntó Connor consternado.
- ¡No!, eso fue hace unos cinco años. Lo que te estoy... les estoy contando -corrigió levantándose de la silla con inquietud, comenzando a alejarse de la mesa- es para que comprendan la razón de que esté aquí. En la base hubo un doble quickening, algo pasó... algo raro. Mac y yo nunca lo hemos hablado directamente pero algo salió mal... fue como si...
Methos nunca llegó a completar la frase. La pesada mesa colonial comenzó a vibrar y un penetrante olor a ozono inundó sus olfatos. Mix abrió los ojos horrorizado, comprendiendo súbitamente lo que pasaba.
- ¡Terreno sagrado! -gritó dirigiéndose hacia Methos y apartando su silla del camino, pero ya Connor estaba en acción.
Con una velocidad inusitada Connor giró hacia Methos y lo levantó en vilo cargándolo sobre el hombro, emprendiendo una loca carrera hasta fuera de la casa, depositándolo en el suelo y alejándose una docena de metros. Connor se detuvo jadeando junto a Mix, que acababa de llegar patinando a la salida del vestíbulo, jalando aire desesperadamente mientras presenciaba la contranatural escena.
Methos ESTABA recibiendo un quickening. Descargas invisibles azotaban su cuerpo inmisericordemente provocando aparatosas extensiones de sus extremidades y arqueando su columna imposiblemente mientras sus gritos eran ahogados por el estruendo de una extraña marea de guijarros y polvo que partía del suelo y lo envolvía en una resaca espumosa que vapuleaba sin cesar su cuerpo. El relinchar aterrorizado de los caballos y sus coceaduras en las caballerizas se unían al ruido rasposo que generaba la fricción de la tierra. Unos minutos después todo había pasado. Methos yacía doblado sobre sí mismo gimiendo ahogadamente, completamente empolvado y arañado por los pedruscos incorporados al 'oleaje', su nariz sangraba profusamente y largas cortaduras purpúreas aparecían esparcidas en sus muslos, brazos y estómago, manchando la ya sucia camisa y ennegreciendo el azul marino de sus vaqueros.
- ¡Maldición Connor! -gruñó Methos jadeando, incapaz de mover otra cosa que los labios- ¿No me podías haber echado en el pasto?
Connor no contestó, ni siquiera registró las palabras, aterrado como se sentía por el sangriento espectáculo que presentaba su amigo. Lo primero era lo primero. Se arrodilló junto a él seguido por Mix, entrambos lo levantaron y lo condujeron casi en vilo hacia su habitación. Lo depositaron en la cama. Mix se apresuró al cuarto de baño, llenando la tina con agua caliente y añadiendo lentamente agua fría hasta conseguir la temperatura adecuada. Regresó al lado de los dos inmortales y sonrió al ver que Methos se debatía débilmente con Connor sin dejarse desnudar. Pero la terquedad escocesa pudo más que sus desmayados intentos de preservar su virtud. También tuvo que hacer de tripas corazón y permitir que lo acarrearan hasta la bañera.
- Soy perfectamente capaz de bañarme solo -miró amenazadoramente a ambos, sosteniendo la cabeza a duras penas por encima del agua, los brazos montados a ambos lados de la bañera.
- ¿Decías que soy cabeza dura? -preguntó Connor con sorna- si te dejamos en el estado en el que estás, seguramente te ahogarás. Es sencillo ¿Recuerdas?... quickening, mugre, baño.
- Me niego.
- De acuerdo... -dijo Mix dirigiéndose al pasillo- ¡Luluuuu! -gritó Mix a todo pulmón, luego regresó- ella te...
- ¡Espera! ¡Ella NO VA a bañarme! ¡De ninguna manera!
Mix arqueó las cejas interrogativamente.
- De acuerdo.
Mix se remangó los puños de la camisa, echando shampoo en las manos y comenzó a enjabonar la dura cabeza de Methos.
- Cierra los ojos y disfrútalo viejo. Va a pasar mucho tiempo antes de que seas atendido tan solícitamente -gruñó Connor retirándose dispuesto a recoger el desastre y a cambiar la ropa de cama.
Tan sólo para encontrarse con la enérgica y eficaz belleza de Lulú dirigiendo un callado batallón de sirvientes. Un rápido vistazo le indicó a Connor que su ayuda ya no era necesaria. La ropa de Methos había sido removida del piso, la cama estaba siendo cambiada y el piso trapeado rápidamente, el olor de la sangre había desaparecido casi completamente entre baldes de agua y jabón sobre el enlosado de cantera lisa.
Connor miró boquiabierto a Lulú que le hizo un guiño y le sonrió. Se dirigió a su habitación para cambiar sus propias ropas. Era evidente que en este lugar estaban acostumbrados a lidiar con el tipo de inconvenientes que la inmortalidad traía consigo.
