Title: Freedom's Wings
Rating: R light este capítulo. Sera NC-17 al final
Genre: Drama/Romance/Humor
Pairing: Dean/Castiel
Beta: taolee (miles de gracias a ella por hacerme de beta)
Spoilers: en algún momento de la sexta temporada, aunque puede que haya un poco de AU (un poco mucho… :P)
Warnings: lenguaje sucio, sexo M/M.
Word Count: ~ 2600 palabras este capítulo.
Summary: Una cacería lleva a Dean a descubrir un secreto que Castiel jamás le reveló. Su deseo por conseguir que Castiel confíe en él lo lleva al extremo de sus acciones al punto de casi perderlo…
Capitulo 3:
Habían pasado aproximadamente dos semanas desde la última vez que Dean había conseguido llevar a Castiel a una noche de bar, ellos dos solos. Desde entonces, apenas había tenido oportunidad de acercarse al ángel porque éste parecía muy ocupado, y al parecer las cosas en el cielo se estaban poniendo cada vez más difíciles.
Castiel los había visitado en dos oportunidades únicamente, por el corto período de apenas unos minutos cada vez. La primera porque Sam lo había llamado para consultarle sobre un caso que estaban investigando, y la segunda sólo para advertirles que Raphael estaba consiguiendo más aliados y que él y Baltazar tendrían que marcharse por unos días para buscar cualquier ayuda que pudieran conseguir.
A Dean se le hizo un nudo en el estómago sin poder distinguir qué le molestaba más. Que Cass se iría y no podría verle quién sabe por cuánto tiempo, o que se iba acompañado de Baltazar, de quién no le gustaba en absoluto la forma en que se dirigía a Castiel. Siempre llamándole Cassie, cariño o de alguna otra forma que lograba ponerle los nervios de punta.
Conforme pasaban los días, se sorprendió a sí mismo con pensamientos posesivos hacia el ángel. Con una notoria necesidad de verlo y sentirlo bajo su toque. Con el ferviente deseo de oírle gemir y suspirar a causa de sus caricias. Pero también con el furioso conocimiento de saberlo con alguien más. Más precisamente con Baltazar.
No estaba celoso. Él no era celoso. Jamás lo había sido. Nunca en su vida había tenido tal sentimiento. Por nadie. De ningún modo. En absoluto… Excepto ahora por Cass. ¡Mierda! ¡Estaba completamente celoso! Y eso lo perturbaba. Era una sensación de malestar indescriptible que lo aturdía hasta tal punto que terminaba golpeando cosas a su paso cada vez que su mente volvía al pensamiento de Castiel y su viaje con Baltazar. Sam lo miraba con desconcierto porque a veces hasta se encontraba hablándose a sí mismo, gruñendo y refunfuñando como un niño encaprichado.
Todo había comenzando como un juego, pero Dean no supo reconocer cuándo la diversión se había vuelto una necesidad al punto de sentirse vacío y miserable sin poder llenar el hueco que el ángel había dejado en su ausencia. En algún momento había pasado a transformarse en una necesidad sexual que no había sentido jamás en su vida. Su cuerpo le demandaba estar cerca del ángel.
No era como que llevase meses sin verle, apenas estaban a la mitad de la tercer semana y estaba casi desesperado. Podía notar por momentos que las manos le temblaban de la ansiedad mientras caminaba ido en sus pensamientos alrededor de la habitación, completamente ajeno a su entorno únicamente pensando en Castiel. En dónde estaría. En qué estaría haciendo. Con quién… no necesitaba preguntárselo; sabía muy bien la respuesta y eso lo irritaba más que nada.
Para colmo casi no habían tenido trabajo esos días, así que el tiempo libre que habían tenido lo había gastado en releer su libro solo para conseguir más pensamientos impuros sobre el ángel, sus alas, sus ojos, su espalda y en cada ocasión, había terminado encerrado en el baño atendiendo su furiosa erección mientras Sam le gritaba que saliese de una vez que también quería utilizar el baño.
Cada vez le costaba menos conseguir ponerse duro, era como si el solo pensamiento de Cass hiciese efervescencia en su sangre, porque instantáneamente podía sentir el abultamiento en su entrepierna. Pero también le estaba costando cada vez más trabajo satisfacerse. Incluso en varias ocasiones había terminado desistiendo luego de incontables minutos, absolutamente frustrado por no poder alcanzar el orgasmo y la fricción comenzaba a dolerle.
Es que se estaba quedando sin ideas. Ya se había imaginado tomando a Castiel en todas las posiciones y lugares posibles, e incluso contrario a lo que jamás se hubiese imaginado, había empezado a variar de posiciones al punto de encontrarse en varias oportunidades imaginándose debajo del cuerpo del ángel, rogándole por que fuera más rápido, más duro. La primera vez que se lo había imaginado, se había corrido casi instantáneamente luego de un par de sacudidas, porque la imagen de Castiel erguido sobre su cuerpo bamboleándose en cada embestida, sus ojos entornados y los labios entreabiertos en el placer lo habían arrasado. No hubiese podido evitar el orgasmo aunque hubiese querido porque la forma en que se corrió arqueando la espalda espasmódicamente para terminar echado en el suelo del baño sollozando lo devastó. ¿Qué has hecho conmigo Cass?
Una semana más tarde, él y Sam se encontraban cazando un hombre lobo que llevaba semanas aterrorizando una pequeña ciudad. Para los ojos de Dean, no era más que un pueblucho pálido y desairado. Habían tenido que esperar seis días a que fuera luna llena para poder cazar al monstruo sin error.
Las cosas se habían puesto cada vez peor para Dean en aquellos días. Apenas si dormía por las noches e incluso Sam había notado que hasta comía menos. Había perdido también un poco de peso, y Dean sospecha que el exceso de "ejercicio nocturno" lo estaba demoliendo. Había estado a punto de llamar al ángel en varias oportunidades, pero se abstuvo al darse cuenta que le faltaban excusas para llamarlo de su deber y lo que menos quería en ese momento era conseguir que Castiel se enfadase con él. Aunque la tentación de verlo era realmente fuerte.
Sam incluso le había preguntado si prefería quedarse en la habitación del hotel mientras él hacía las rondas nocturnas porque el cansancio ya se le notaba en los ojos y su mirada estaba sombría, apagada.
Por supuesto había terminado ladrándole a su hermano diciéndole que nada ocurría con él y que no se metiera en sus asuntos, antes de terminar de armar su bolso y salir junto a Sam de la habitación en busca del hombre lobo, que según la investigación y los datos que había logrado reunir, se escondía en una alcantarilla del parque principal justo al lado de la biblioteca.
El lugar era el correcto, no hizo falta mucho para darse cuenta que el pequeño agujero había sido convertido en una especie de guarida. El hombre lobo estaba allí agazapado como esperándoles, erguido en sus patas traseras. Tal vez así fuera, ya que era probable que se hubiese enterado que había dos personas investigando los asesinatos, aparentemente causados por algún animal salvaje.
En cuanto dieron un paso dentro, el monstruo se arrojó sobre ellos, golpeando a Sam contra la pared y arrojando a Dean fuera del lugar. Aturdido por el dolor no logró reaccionar a tiempo para levantarse del suelo. De pronto oyó muy cerca de él el disparo de un arma y un aullido de dolor que reconoció como el del hombre lobo.
Apenas había logrado ponerse de pie cuando vio al monstruo dos metros frente a él. Tenía el hombro herido porque se lo sostenía ensangrentado, sus ojos rabiosos lo miraban con furia inyectados en sangre, y entre sus colmillos podía distinguir el vapor de su aliento escapándose entre gruñidos. Estaba a punto de atacarlo. Lo supo en cuanto lo vio alzarse y luego echar su cuerpo atrás como tomando fuerzas.
Mil pensamientos le cruzaron por la mente en ese momento, debatiéndose entre cuál era la mejor opción de escape. Sus años de entrenamiento como cazador, todo su instinto instándole a correr. En otro momento podría haber llamado a Cass para pedirle ayuda. Cass. Ayuda… vio a la criatura avanzando hacia él, y en una milésima de segundo tomó la más estúpida decisión de su vida. Se dejó atacar por el hombre lobo que se arrojó sobre su cuerpo como si fuera un trapo aplastándolo contra el suelo, sus garras clavándose en su pecho. Un grito de horror, un jadeo y por último un disparo antes de sentir el nauseabundo aliento de la criatura sobre su rostro. Podía oír a lo lejos la voz de Sam gritándole mientras quitaba el peso del cuerpo ya muerto a un lado. Sam había llegado a tiempo para matar a la criatura, pero las heridas que le había producido eran profundas y en los lugares donde las garras habían abierto la piel la sangre se le escapaba a borbotones.
Comenzaba a sentir que el cansancio le ganaba, pero no podía dejar de luchar por mantenerse despierto. Podía escuchar la voz de Sam preguntándole qué había pasado, y por qué no había corrido. O intentado defenderse al menos. Entre lamentos, Dean lo oyó llamar a Castiel rogándole por ayuda, y algo dentro del cazador se removió golpeándolo con la fuerza de un huracán. Era la comprensión de lo que había pasado. Inconscientemente, o tal vez no, se había dejado atacar por la criatura para poder ver a Cass. La urgencia de tenerlo cerca lo había llevado a arriesgar su vida. Porque sabía que Sam lo llamaría si algo le ocurría y que el ángel aparecería enseguida como cada vez que lo necesitaban. Y sólo cuando sintió el viento agitarse a su alrededor como cada vez que Castiel se hacía presente, se dejó llevar por la inconsciencia.
De lo primero que fue consciente fue de estar acostado en una cama. Por lo tanto estaba vivo. De lo segundo fue del silencio a su alrededor. No había abierto los parpados, pero podía darse cuenta que estaba oscuro a su alrededor ya que no podía percibir ninguna clase de luz. Era raro, ya que el asunto con el hombre lobo había sido casi antes del amanecer y si no recordaba mal, había sentido la presencia del ángel antes de desmayarse. Y era obvio que habían pasado varias horas desde entonces. ¿Por qué sería que Cass no lo había curado de inmediato? Tal pensamiento lo asustó de pronto. ¿Estaría enfadado con él por llamarle? ¿Se habría dado cuenta de su estupidez?
Decidió que lo mejor era abrir los ojos de una vez y afrontar las cosas. Estaba oscuro, como había pensado. Sus ojos tardaron unos segundos en acostumbrarse a la oscuridad antes de comenzar a percibir pequeños detalles dentro de la habitación. Estaba de lado y desde su posición podía ver a Sam durmiendo en la cama de al lado. Mecánicamente se giró para encontrarse con los ojos de Castiel que lo miraban desde las penumbras. Era raro cómo en la oscuridad era capaz de distinguir el fulgor de los ojos del ángel mirándolo con absoluta profundidad.
— ¿Cass…? —preguntó tentativamente, porque el ángel continuaba mirándolo deliberadamente desde su posición en la silla unos dos metros más allá de su cama, sin haberse movido siquiera. Castiel no le respondió, y un nudo se formó en su estómago—. Cass, ¿qué ocurre?
Algo como un quejido se escapó de los labios del ángel cuando se puso de pie para acercarse a Dean. Entonces lo vio. A través de la poca luz que se filtraba por la ventana de la habitación, Dean pudo ver en el rostro de Castiel la sombra de varias magulladuras y golpes. Incluso había un corte en su labio. Y en sus ojos, el cazador pudo distinguir un deje de tristeza.
—Lo siento, Dean… —murmuró el ángel deteniéndose apenas a unas pulgadas de la cama de Dean.
— ¿Qué? ¿Por qué?
—Lo siento que estés así por mi culpa, Dean, no pude estar allí para ti.
— ¿De qué estás hablando, Cass? Esto no es ni remotamente tu culpa.
—Tal vez no… pero no debí desaparecer por tanto tiempo. Supongo que no quisiste llamarme para no molestarme, Dean, pero… debes entender que tú eres importante también. No debí dejarlos solos. Si Sam no me hubiese llamado a tiempo, no hubiese podido salvarte.
—Pero lo hizo, y llegaste a tiempo como siempre, Cass… —Dean se sintió horriblemente culpable, pero tener a Cass a su lado lo reconfortaba de maneras inimaginables—. Nada de esto es tu culpa, ¿entiendes? —Aprovechó la oportunidad para jalar a Castiel por la manga de la gabardina haciéndose a un lado, hasta hacerlo sentarse en la cama junto a él—. Siempre estás ahí para nosotros, Cass, para mí.
Cass dejó escapar un lamento bajo cuando Dean ajustó el agarre en su hombro que lo sobresaltó. Entonces recordó las magulladuras en su rostro. —Cass ¿qué fue lo que te pasó? ¿Por qué estas herido?
Castiel lo miró a los ojos y desvió la vista con vergüenza. —Todo fue en vano… pasamos días buscando ayuda en distintas partes del mundo, pero a nadie parece importarle lo que está ocurriendo… lo que va a ocurrir si Raphael gana la guerra. Nos hemos visto varias veces en problemas con sus seguidores. Justo antes de oír la llamada de Sam, peleábamos contra algunos de ellos… Estoy muy cansado, Dean. Utilicé mucha energía en la batalla, y apenas si pude curarte. Solo conseguí sanar los cortes más profundos, pero no pude volverte a la conciencia.
— ¿Y tú? ¿Por qué no te has curado?
—No pude, Dean, todavía no he recuperado toda mi fuerza. Algunas horas más de descanso me ayudaran a reponerme. Ya decidimos con Baltazar no continuar con la búsqueda, no podemos seguir perdiendo tiempo en vano y además…
—Además ¿qué? —lo instó a continuar el cazador apoyando una mano en su hombro cuando vio que su amigo desviaba la mirada.
—No quiero estar lejos de ustedes, Dean. Mira lo que te ocurrió por mi ausencia… de haber estado allí para ayudarlos, para ayudarte, nada de esto habría ocurrido.
A Dean se le revolvió el estómago de pensar qué pasaría si el ángel descubriera la verdadera razón de por qué se encontraba en ese estado, si supiera cuál era el motivo de su estupidez. No pudo evitar sentirse culpable, por la noticia de que Cass dejaría su viaje para permanecer más tiempo a su lado. Era todo lo que había estado esperando oír.
No supo cómo fue que su cuerpo reaccionó sin pensarlo, pero cuando sus ojos cruzaron la mirada con el azul penetrante de los orbes de Castiel, cuya mirada era triste y desolada, sus manos actuaron involuntariamente deslizándose de los hombros del ángel a su espalda, estrechándolo en un profundo abrazo. Sus manos se ajustaron firmes a la espalda del ángel, justo en ese punto donde tantos suspiros habían conseguido, aprovechando la posición para enterrar su nariz en el cuello del ángel.
Había pasado tanto tiempo deseando esto, tantas semanas. Su sacrificio había costado caro, pero había valido la pena; Castiel le devolvió el abrazo tímidamente relajándose en sus brazos y Dean sintió que no quería estar en ningún lado más que allí abrazado a Cass.
—Te extrañé…—soltó sin pensarlo. Su voz apenas un murmullo tibio contra la garganta expuesta de su amigo—. Sabía…sabía que vendrías… que no me abandonarías —agregó aferrándose aún más al abrazo. Dean estaban tan sumido en el momento, que no sintió el cuerpo del ángel tensarse. Sam le había dicho cuando llegó para ayudarlos lo que había ocurrido. Dean no se había defendido. Había permanecido frente a la criatura sin moverse. Sam había dicho que no sabía por qué, que no lo entendía. Pero Cass sí. Sabía por qué, aunque tampoco lo entendía. Se alejó del agarre de Dean, empujándolo suavemente por el pecho. Cuando sus miradas se cruzaron, Dean supo que Castiel lo sabía.
— Dean… —dejó escapar en un gemido ronco. Su voz era una mezcla de furia y tristeza—. ¿Cómo pudiste hacerte eso? ¿A Sam, a mí…?
Nota de la autora: muchas gracias a todos los que me dejaron mensaje aquí, o me mandaron un privado. Me encanta que me escriban, porque obviamente me entusiasma para continuar escribiendo. Siempre es bueno saber que hay gente que disfruta del trabajo de uno, y que se hayan tomado el tiempo para hacérmelo saber me da muchos ánimos.
¡Muchas Gracias!
