Tema: #22 - Dinero
Disclaimer: Soy culpable de olvidarme de decirlo en los dos últimos capítulos, pero la verdad es que Kingdom Hearts no es mío. Si lo fuera, los Final Mix tendrían cuando menos una versión en inglés… pero nooo, Square-Enix nunca me dejará jugar Re-CoM porque está hecho de maldad T.T
Notas: En primer lugar, muchísimas gracias a todos aquellos que me han dado su apoyo; sus reviews no sólo me conmueven sino que me permiten escribir notas de autor con la certeza de que no estoy hablando sola y por tanto dando la idea de que estoy mal de la cabeza :'D. En segundo lugar, cabe aclarar que estos temas no siguen ningún orden determinado y los fics no tienen mucha relación entre sí, a no ser que mencione lo contrario; lamento cualquier confusión que pueda haber causado. Y, finalmente, esta ficlet en particular toma lugar después de KHII, pero sólo menciona cosas generales y no tiene ningún spoiler puntual, me parece. Nuevamente me disculpo por las confusiones.
El dinero nunca ha sido muy importante para Sora, no realmente, porque las cosas buenas en su vida –cosas como la risa de Kairi, las historias de su madre y las carreras con Riku frente al mar- nunca le han costado más que una sonrisa y cariño que, de cualquier modo, hubiera estado feliz de regalar.
Esto, sin embargo, no quiere decir que no sea conciente de las diferencias entre la humilde casa que comparte con su madre y la pequeña mansión de Riku o la residencia del gobernador de la isla. Es sólo que estas cosas no parecen realmente importantes mientras corre a encontrarse con sus amigos al otro lado de la puerta; cuando Kairi lo saluda con suavidad y Riku pone una mano afectuosa sobre su cabeza.
El dinero no hacía diferencia en aquellos días en los que él y Riku exploraban juntos su lugar secreto y luchaban con monstruos imaginarios en la oscuridad; no tuvo importancia cuando monstruos reales amenazaron con devorar su hogar y no jugó parte en su búsqueda a través de los mundos ni ayudó a traer a sus amigos de vuelta.
Es por eso que Sora sabe que en esos días en los que Riku parece perdido, contemplando el atardecer como si su corazón aún se encontrara cientos de mundos lejos de casa, ninguna palabra y ningún objeto, por más hermoso y caro que este sea, pueden sacar a su amigo de su sopor. Sólo necesita poner una mano sobre su brazo, sentarse a su lado y disfrutar junto a él de la brisa, pues sabe que pronto ese sueño acabará; pronto podrá ver de nuevo a los ojos de Riku y encontrar calor y compañía.
Sora no comprende el valor del dinero, pero ha dedicado su vida a proteger el valor de una sonrisa.
