La historia como siempre jamás será mía; es de Melissa Marr. Los personajes jamás los podré poseer por que son de Stephenie Meyer, y solamente los pido prestado para adaptarlos. Siempre apoyen a las autoras comprando sus obras

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Capítulo 2: Ta Mantendré a Salvo

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Después de la escuela Rosalie se dirigió hacia fuera antes de que Isabella o Ángela tuvieran una posibilidad de alcanzarla. Ella había pasado su tiempo libre en la biblioteca leyendo más sobre la historia de los tatuajes, las antiguas tradiciones de marcar el cuerpo. Los motivos iban desde la adopción de símbolos sobre la naturaleza animal hasta la marca de acontecimientos de vida pasando por señales visuales para identificar criminales, esto la fascinaba. Más importante, esto la hacía vibrar.

Cuando ella entraba por la puerta de Agujas y Alfileres, el timbre sonó.

Sam echó un vistazo sobre su hombro.

-Tengo razón acerca de ti- dijo él. Mientras el hombre a su lado le hablaba, Sam distraídamente puso una mano sobre su pelo teñido blanco y azul.

Rosalie levantó una mano saludando y anduvo dejándolo atrás. Esta semana él se había dejado una diminuta perilla, dirigiendo la atención a su piercing. El piercing estaba bajo su labio inferior y le había llamado la atención la primera vez que Kate e Irina la trajeron a la tienda. Después de una semana, ella ya tenía su propio piercing (oculto bajo su blusa) y se había encontrado pasando el tiempo en el estudio.

Ella se sintió segura, allí lejos del instituto Obispo O.C., lejos del carácter desagradable de su padre borracho, lejos de cualquiera que Royce llevara a casa para compartir su droga semanal. En Agujas y Alfileres ella podía estar a salvo, tranquila, relajada, todas las cosas que no podía conseguir en otros sitios.

-Sí, siempre uso agujas nuevas- Sam repitió al cliente anticipado la cuestión. Mientras Rosalie anduvo alrededor de la tienda, ella escuchaba algunos de los comentarios de Sam que solo se oían en el silencio entre canciones: -Esterilizador… estéril como en un hospital.

La mirada fija del hombre iba a la deriva perezosamente sobre el destello de las paredes, pero él no estaba allí para comprar. Él estaba tenso, listo para largarse. Sus ojos estaban demasiado abiertos. Su postura era nerviosa: brazos doblados, el cuerpo cerrado en él mismo. A pesar del número de gente que iba a la tienda, sólo unos cuantos en realidad soltaban el dinero para el arte. Él no era uno de ellos.

-Tengo un par de preguntas- dijo ella a Sam.

Con una risa agradecida hacia ella, Sam se excusó con el hombre, diciéndole: -Si usted quiere mirar alrededor…

Rosalie caminó por la pared más alejada, donde ella hojeó las imágenes que podría comprar y ponerse como habían hecho tantas personas que les gustaba. Las flores y cruces, los modelos tribales y los diseños geométricos. Muchos eran hermosos, pero no importaba cuanto tiempo ella los mirara fijamente, no encontraba el correcto.

Los pequeños cuartos que se bifurcaban del espacio principal tenían otros estilos que eran menos atractivos: mujeres desnudas, figuras de esqueletos, personajes de dibujos, eslóganes y animales.

Sam pasó por detrás de ella, pero ella no se tensó, no sintió el impulso de girar para no ser arrinconada. Era Sam. Era seguro.

Él dijo: -No hay nada nuevo, Rose.

-Lo sé- ella tiró del póster que descansaba contra la pared. Una imagen era de una enredadera verde entrelazada alrededor de una mujer medio humana; parecía que estaba siendo estrangulada, pero reía como si se sintiera bien. Idiota. Rosalie tiró otra vez. Símbolos oscuros con traducciones debajo cubrieron la siguiente página. No es mi estilo.

Sam se rio, con una risa chillona de fumador, aunque él no fumara y asegurara que él nunca lo había hecho.

-Con tanto tiempo que has pasado mirando durante los pasados meses, ya lo habrías encontrado al día de hoy.

Rosalie se dio la vuelta y frunció el ceño hacia Sam.

-Pues diseña algo para mí. Estoy lista ahora, Sam. Quiero hacer esto.

A un lado, el supuesto cliente hizo una parada para mirar un par de los anillos de la vitrina.

Con un encogimiento incómodo, Sam dijo: -Ya te lo he dicho antes. Si quieres un trabajo de encargo, me traes una idea. Algo. No puedo diseñar sin referencias.nscripción/Traducción_ .com

El timbre sonó, el hombre se había ido.

-Entonces ayúdame a encontrar una idea. Por favor. Hace semanas que tienes el consentimiento paterno.

Ella no se echaba atrás esta vez. La adquisición de un tatuaje parecía lo correcto, como si ponérselo la ayudara a avanzar en su vida. Esto era su cuerpo, a pesar de las cosas que hayan sido hechas en él, y ella quiso tenerlo, poseerlo, para demostrárselo a ella misma. Ella sabía que no era mágico, pero la idea de escribir en ella su propia identidad pareció lo más cercano que podría estar de reclamar su vida. A veces hay poder en el acto; a veces hay fuerza en las palabras. Ella quería encontrar una imagen que representara aquellas cosas que ella sentía y grabarlo sobre su piel como la prueba tangible de su decisión de cambiar.

-¿Sam? Necesito esto. Tú me dijiste que me lo pensara. Lo he pensado. Necesito…- ella miró fijamente hacia fuera a la gente que pasaba por la calle, preguntándose si los hombres que… si ellos estuvieran ahí. Ella no los reconocería ya que Royce la había drogado antes de entregarla. Ella giró su mirada fija hacia atrás, a Sam y era incaracterísticamente embotada, diciéndole lo que no había podido decirle a Isabella antes -Necesito un cambio, Sam. Me ahogo aquí. Necesito algo, o no voy a soportarlo. Tal vez un tatuaje no es la respuesta correcta, pero ahora mismo es algo que puedo hacer… necesito esto. ¿Me ayudas?

Él hizo una pausa, en su cara se vio un gesto extraño.

-No persigas esto.

Kate e Irina pasaron alrededor de la esquina, ondeando, y vagaron hasta el estéreo. La canción cambió a algo más oscuro, con un bajo duro y una letra gruñida. El volumen se puso tan ruidoso que Rosalie podía sentir la percusión.

-¡Katei!- Sam frunció el ceño hacia su hermana.

-La tienda está vacía ahora.- Kate movió su cadera y lo miró fijamente, impenitente. Ella nunca se retraía, no importaba como de gruñón sonara Sam. Él nunca le haría daño, pensó. Él trataba a sus hermanas como si fueran las cosas más preciosas que alguna vez hubiese visto. Esta era una de las cosas que Rosalie encontraba confortables en él. Los tipos que trataban bien a su familia eran seguros y buenos tipos, su padre y su hermano, no tanto.

Sam miró fijamente a Rosalie durante varios segundos antes de decir.

-Soluciones rápidas no son lo que necesitas. Tu tiene que afrontar aquello de lo que huyes.

-Por favor, quiero esto- sentía las lágrimas abriéndose paso por sus ojos. Sam sospechaba demasiado, y ella no quería conversaciones.

Quería algo para lo que no tenía palabras -paz, entumecimiento, algo.

Ella lo miraba, tratando de averiguar qué decir para convencerlo, tratando de averiguar por qué no la ayudaba. Todo lo que podía decir era -Por favor, Sam.

Él miró a lo lejos y entonces hizo un movimiento para que ella lo siguiera. Dieron unos pasos por el vestíbulo hasta su oficina. Sam la abrió y la condujo dentro del diminuto cuarto.

Ella se paró una vez dentro, menos cómoda, pero todavía bien. El cuarto no era bastante grande para las cosas que había metido en él.

Un escritorio repleto, de madera oscura y dos archivadores ocupaban la pared trasera; un largo mostrador desordenado, lleno de instrumentos para artistas ocupaba la longitud de la pared derecha; la tercera pared tenía un mostrador que hacía juego con dos impresoras, un escáner, un proyector, y una serie de tarros si etiqueta.

Él sacó otra llave de su bolsillo y abrió un cajón del escritorio. No dijo nada, sin embargo, sacó un delgado libro marrón con unas palabras impresas en la portada. Luego se sentó en su silla y la miró hasta que ella se sintió como en una ejecución, como si todo lo que sabía sobre él se hubiera desvanecido y él se hubiera convertido en algo inseguro.

Este es Sam.

Se sentía avergonzada por su breve miedo. Sam era como el hermano mayor que ella debería haber tenido, un verdadero amigo.

Nunca le había mostrado algo más que respeto.

Ella caminó hasta el escritorio y se sentó en él.

Él mantuvo su mirada y le preguntó:

-¿Qué estás buscando?

Ya habían hablado bastante para que ella supiera que no se refería al tipo de imagen, sino a lo que representaba. Un tatuaje no era solo algo en sí, sino su significado.

-Estar segura. No más miedo o dolor.- Ella no podía mirarlo cuando lo dijo, pero lo había dicho. Eso contaría para algo.

Sam dio la vuelta al libro, lo abrió por la mitad y lo puso en su regazo.

-Estos… Estos son los míos. Son especiales... Son como… los símbolos del cambio. Si lo que necesitas está aquí... sólo… ¿Hacerte alguno de estos se siente como lo que necesitas?

Las imágenes complicaban la página. Intrincados modelos celtas, ojos que miran detenidamente enredaderas espinosas, grotescos cuerpos con malas risas, animales demasiado irreales para mirarlos mucho tiempo, símbolos de los que sus se apartaron en cuanto les echó un vistazo. Estos te aturdían, te tentaban y te daban repulsa, pero una imagen puso sus nervios a flor de piel: unos ojos de tinta negra la miraban fijamente desde dentro de unos nudos trabajados, grises y negros, rodeados por alas que parecían sombras unidas, y en el medio había una estrella del caos. Ocho flechas puntiagudas lejos del centro; cuatro de estas eran más gruesas, como las líneas de una cruz claveteada.

Mío. El pensamiento, la necesidad, la reacción la dominaba. Su estómago le apretaba. Ella separó su mirada fija, y luego se forzó a no seguir mirando. Miró otros tatuajes, pero su atención volvía a aquella imagen como si se viera obligada. Aquel era el mío. Durante un momento, algún movimiento de luz hizo parecer como si uno de los ojos de la imagen le guiñara. Ella controló su dedo sobre la página, sintiendo la hoja lisa y plástica que lo cubría, imaginándose el sentir de aquellas alas abrigándola, dentadas y aterciopeladas a la vez. Ella alzó la vista hacia Sam.

-Éste. Necesito éste.

Una serie de extrañas expresiones cruzaron el semblante de Sam, como si no estuviese seguro de si estar sorprendido, contento, o aterrorizado. Él tomó el libro y lo cerró.

-¿Por qué no te lo piensas durante unos días?

-No.- Ella puso una mano sobre la muñeca de Sam.- Estoy segura. Estoy preparada, y esta imagen… Si la hubieras tenido sobre la pared, yo ya la tendría sobre mí.- Ella tembló, no gustándole la idea de que nadie más tuviera su tatuaje y era suyo. Ella lo sabía. -Por favor.

-Esto es un antiguo y único tatuaje. Si te lo pones, nadie más podrá, pero…- él miró fijamente la pared detrás de ella- Esto te cambiará, cambiará cosas.

-Todos los tatuajes cambian a la gente.- Ella trató de mantener su tono de voz, pero se sentía frustrada por su vacilación. Él había estado bloqueándola durante semanas. Este era su tatuaje perfecto y estaba a su alcance.

Evitando su mirada fija a toda costa, Sam deslizó el libro en su cajón.

-Aquellas cosas que buscabas… aquellos cambios… tienes que estar absolutamente segura de que es lo que quieres.

-Lo estoy- ella trató de conseguir que la mirara, inclinando su cara más cerca de él.

Kate metió su cabeza por la puerta.

-¿Ella eligió uno?

Sam la ignoró.

-Dime lo que pensaste cuando lo escogiste. ¿Había algún otro que… te llamara la atención?"

Rosalie sacudió su cabeza.

-No. Solamente este. Lo quiero. Pronto. Ahora.

Parecía como si ella mirara un banquete y comprendiera que nunca había comido, como un ansia que ella tenía que llenar inmediatamente.

Después de otra mirada larga, él la tiró dentro de sus brazos en un abrazo rápido.

-Pues hagámoslo.

Rosalie se dio la vuelta hacia Kate.

-Es perfecto. Es una estrella del caos y un nudo trabajado con estos ojos asombrosos y alas sombrías.

Kate hecho un vistazo hacia Sam. quien cabeceó, y luego ella silbó.

-Eres más fuerte de lo que pensé. Espera a que Irina se entere. Ella se marchó, gritando- ¿Irina? Adivina que escogió Rosalie.

-¿Ninguna mierda?- el chillido de Irina hizo a Sam cerrar los ojos.

Sacudiendo su cabeza, Rosalie dijo a Sam.

-Tú comprendes que eres extraño, aún para la gente que vive en la tienda de tatuajes.

En vez de reconocer su observación, Sam movió su pelo atrás tiernamente como hacía con sus propias hermanas.

-Necesitaré un par de días para conseguir la tinta adecuada para éste tatuaje. Tú puedes cambiar de parecer.

-No lo haré- ella sintió un impulso poco natural de ponerse a chillar como Kate. Pronto, ella lo tendría, el tatuaje perfecto- Hablemos del precio.

Emmett vio a Rosalie saliendo de Agujas y Alfileres. Cuando ella caminaba por la ciudad, se movía con sus hombros rectos, con paso estable.

Esto no estaba en concordancia con los miedos que sabía que ella ocultaba adentro. Hoy, su confianza parecía casi verdadera.

Él dio unos pasos más cerca, dejando la pared de ladrillo roja donde había estado apoyado mientras ella estaba en la tienda de tatuajes.

Cuando ella hizo una pausa para inspeccionar las sombras en la calle, Emmett pasó sus dedos sobre el pelo de ella que caía adelante sobre su mejilla. Su pelo, casi como el marrón madera de su propio pelo, no era bastante largo para atarlo detrás o bastante corto para quedarse atrás solo, era perfectamente atractivo.

Al igual que ella.

Sus dedos apenas rozaron su mejilla, no lo suficiente para que ella lo notara. Se inclinó más cerca para poder oler su piel. Antes del trabajo, ella olía a lavanda, no el perfume, sino el champú que ella utilizaba últimamente.

-¿Qué estás haciendo de nuevo a solas? Tú lo sabes mejor.

Ella no le contestó. Ella nunca lo haría: los mortales no podían ver a los elfos, no podían oírlos. La Reina Del Verano había insistido en mantener en secreto las Cortes élficas especialmente para los mortales.

Inicialmente, a petición del rey, Emmett tomó algunos de los turnos de guardia de Rosalie. Cuando ella no podía verlo, él podía caminar a su lado y hablarle como no podía cuando era visible para ella. La forma en que la chica mortal le miró como si fuera mejor de lo que nunca había sido, como si fuera atractivo, debido a lo que él era, no por su papel en la Corte del Verano, fue algo embriagador, demasiado, en verdad.

Si su reina no lo hubiera pedido, Emmett todavía querría mantener a Rosalie a salvo. Pero Isabella realmente lo ordenó. A diferencia de Rosalie, cuando Isabella había sido mortal, había visto la maldad del mundo élfico. Desde que se convirtió en Reina Del Verano ella había trabajado para encontrar un equilibrio con la igualmente nueva Reina del Invierno. Esto no le dejaba mucho tiempo para mantener a salvo a sus amigos mortales, pero realmente le dio el poder para ordenar a los elfos asegurar la seguridad de los mortales. Tal tarea normalmente no sería manejada por un consejero de la corte, pero Emmett había sido más cercano que un mero consejero para el Rey Del Verano durante siglos. Edward sugirió que Isabella se sentiría mejor sabiendo que la seguridad de sus amigos más cercanos estaba bajo la dirección de un elfo en el que ella confiaba.

Aunque esto fueron sólo unos pequeños cambios al principio, cada vez más, Emmett se tomó el deber suplementario de cuidar de ella. Él no lo había hecho con los demás, pero es que ellos no lo fascinaron como Rosalie.

Rosalie vacilaba entre vulnerable y valiente, feroz y asustada. Al principio, cuando él recogía a mortales como juguetes, ella habría sido irresistible, pero él era más fuerte ahora.

Mejor.

Él forzó a lo lejos su línea de pensamiento y miró el balanceo de las caderas de Rosalie mientras ella caminaba por las calles de Forks con un valor (locura) que era contraria a lo que él sabía de sus experiencias. Tal vez ella se iría a casa si la casa fuera un poco más segura. No lo era. Él lo había visto la primera vez que la había seguido, había oído a su padre borracho, su malvado hermano. Su casa podría parecer encantadora desde el exterior, pero era una mentira.

Como tanto de su vida.

Él miró hacia abajo a los zapatos sin tacón que ella calzaba, sus gemelos desnudos, sus largas piernas. El imprevisto temprano comienzo del verano este año, después de los años de frío opresivo llevaba a los mortales a exponer más piel. Mirando a Rosalie, Emmett no se quejaba.

-Al menos llevas zapatos decentes esta noche. Yo no podía creer que fueras a trabajar con aquellas pequeñas cosas finas la otra noche.- Él sacudió su cabeza.- Eran bonitos, aunque, realmente solo me gustó la vislumbre de tus tobillos.

Ella se dirigió al restaurante, donde pondría su risa falsa y coquetearía con los clientes. Él la dejaría en la puerta; entonces esperaría fuera, mirando los cuerpos que entraran o salieran, asegurándose que no buscaban herirla. Esto era la rutina.

A veces él se imaginaba como serían las cosas si ella realmente pudiera conocerlo, que lo viera como realmente era. ¿Se ensancharían sus ojos por el miedo si ella viera el grado de sus cicatrices? ¿Se arrugaría su cara en la repugnancia si ella supiera las cosas horribles que él había hecho antes de pertenecer a la Corte Del Verano? ¿Preguntaría ella por qué él mantenía su pelo rapado? ¿Y si ella preguntara, podría él contestar cualquiera de sus preguntas?

-¿Huirías de mí?- él preguntó en voz baja, odiando el hecho de que su corazón se apresuró al pensar en la persecución de una muchacha mortal.

Rosalie hizo una pausa cuando un grupo de jóvenes silbaron desde su coche. Uno de ellos tenía su cuerpo fuera de la ventana, mostrando su vulgaridad como si esto lo convirtiera en hombre. Emmett dudó que ella pudiera oír sus palabras: la música en su coche estaba demasiado alta para competir con sus meras voces. Las palabras reales no eran necesarias para conocer la amenaza. Rosalie se puso tensa.

El coche se fue lejos, la música retumbante desapareció como truenos en una tormenta que pasa.

Él susurró en su oído.

-Ellos son solo niños, Rosalie. Vámonos. ¿Dónde está esa primavera en tus pasos?

Su suspiro era suficientemente suave para que él lo hubiera omitido si no hubiera estado de pie muy cerca. Un poco de tensión se alivió en sus hombros, pero la mirada desdibujada se quedó su cara. Nunca pareció desaparecer. Su maquillaje no ocultó las sombras bajo sus ojos. Sus mangas largas no ocultar los moretones púrpura que su hermano enojado le hizo el otro día.

Si yo pudiera intervenir…

Pero él no podría, no en su vida, no en su casa. Le prohibieron esto.

Todo lo que él podría hacer era ofrecerle sus palabras, palabras que ella no podía oír. Él aun así dijo:

-Yo pararía a cualquiera para tener una sonrisa tuya, si me lo permitieran.

Distraídamente, ella puso una mano en su espalda y echó un vistazo en dirección a Agujas y Alfileres. Ella sonrió, la misma sonrisa que tenía cuando dejó la sala de tatuajes.

-Aaaa, tu finalmente has decidido decorar esa bonita piel. ¿Cuál será? ¿Flores? ¿Sol?- Él dejó su mirada fija en su columna vertebral.

Ella hizo una pausa; habían alcanzado el restaurante. Sus hombros se hundieron otra vez.

Él quería consolarla, pero en cambio sólo podría darle todas las noches una promesa.

-Esperaré exactamente aquí.

Él deseó que le contestara, que dijera que lo buscaría después del trabajo, pero ella no lo haría.

Y es mejor este camino. Él lo sabía, pero no le gustaba. Él había sido parte de la Corte De Verano bastante tiempo para que su camino original fuera casi olvidado, pero mirando a Rosalie, viendo su espíritu, su pasión… Al principio, cuando había sido un elfo solitario, cuando tenía otro nombre, no hubiera vacilado.

-Estoy de acuerdo con Isabella. Quiero que estés segura- susurró en su oído. Su suave pelo ondeaba contra su cara. -Te mantendré a salvo, de ellos y de mí.

XOXOXOXOXOXOXOXOXOXOXO

¿Qué les pareció? ¿Qué creen que pasará con el tatuaje?

Perdón por la tardanza pero anduve comprando un carro, y anduve buscando el mejor. Después de que lo compre me fui de vacaciones y por eso no he podido subir el capítulo, pero aquí esta, disfrútenlo.